Y por fin pude descorchar el Sauvignon Blanc de Boyacá…
septiembre 12th, 2011¡Boyacense! Entre exclamaciones y preguntas a gritos, los compañeros de fin de semana de sol y vinos no podían creer que la botella dispuesta al descorche era colombiana y menos proveniente de Villa de Leyva.
Si en la cava tenemos chileno, argentino, español, ¿para qué invertirle tiempo y sentidos a un producto nacional (y más que por criollo, por lejano a los países de tradición y calidad en vinos)?, fue en resumen lo que quisieron decir.
Esa región aparece con merecimiento en el mapa de gran gastronomía y vida nocturna colombianas, pero de ahí a descorchar uno de sus vinos… Mis compañeros dudaban.
Y me salió la que ya se convierte en frase de batalla: en vinos, por mal que le vaya a uno, todo es aprendizaje. Si la botella encierra calidad, habremos ampliado el menú de lo que nos gusta. Y si sale mal, descartamos y listo.
A favor también estaba la medalla de plata obtenida meses atrás por esta viña, la Ain Karim, y su enólogo Mauricio Camacho con su Sauvignon Blanc en el Concurso Mundial de Bruselas. No era pues cualquier botella.
Sacacorchos adentro. Tres, cuatro giros. Tirar. Servir. Listo, el vino estaba en copa. ¿El color? Bien. Cada vez me ocupo menos del color, porque las gamas a comparación de aromas y gustos son escasas. Voy con los grandes conocedores que en las catas dejan la fase de análisis visual para lo último, como el menos importante.
¿El olfato? Já! sorpresa: es un Sauvignon Blanc que tiene aromas a Sauvignon Blanc. Créanme, no siempre se logra. Toques de maracuyá, notas de ají, recuerdos minerales. Bien, bien.
¿El gusto? En este punto, los años, para ganancia de las plantas y también a favor de la experiencia de Camacho y su equipo, podrán dar más juego. Lo sentí bajo en acidez, corriendo el riesgo de tener en mi memoria los buenos blancos chilenos y entonces esperar un resultado idéntico.
Como sea, el punto de partida, apenas en la segunda cosecha, para mí, es muy gratificante. Porque, volvamos, es un vino co-lom-bia-no, vino fino del trópico, lejos de la mezcla poder económico, tradición, herencia, escuela, mercado, que suman las potencias.
¿Y qué dijeron los otros comensales? Entre un “más o menos” y un “sí, aprobado”, es decir, notas altas a comparación del punto de partida.










