¿Quiere ver cómo cambia una vida con los cuidados humanos? En la foto superior aparece Dulce después de un mes en la casa de Sergio, el humano que la rescató mientras mendigaba comida en la calle. La de abajo es ella cuando no tenía nombre ni posibilidades de sobrevivir. Pero Dulce no tiene nadie que la llame por su nombre, ni un amo que le acaricie el pelo que apenas está estrenando. Esta es la historia de una luchadora que busca una segunda oportunidad:
“El día 10 de diciembre me encontraba en el sector de Mayorca, bajaba del trabajo y me disponía a tomar el metro. Cuando vi una perrita pequeña que estaba mendigando un pedacito de pan en el paradero de los buses de Caldas. Bajé de la escalera del metro, compré un pan, pedí un vaso de agua y fui a donde ella con la esperanza de que no huyera. Me tomó tiempo pero logré que se tomara el agua. Nadie se veía responsable de la perrita, así que tomé un taxi y me encaminé a la Veterinaria La 30.
Allá ya me conocen y me colaboraron con ella. Tenía sarna, anemia, pulgas, garrapatas y una posible erliquia, que descartaron con un hemograma. La bautizamos Dulce por su actitud dócil y agradecida y la llevé a mi casa. La presenté con Fernanda y con Yano, mis otros dos perros y todo iba bien: Nanda y Dulce empezaron a dormir juntas, salíamos a pasear, a jugar y todo parecía ir bien, hasta se curó de la sarna y le salió pelo en las partes donde su piel estaba negra.
Hasta la semana del 24 de diciembre, cuando por razones que desconozco se pelearon Fernanda y Dulce. Desde ese día mi vida se transformó en un infierno: debo ponerles bozal cuando están en áreas comunes, encerrarme con Fernanda en la pieza para evitar riñas y pues yo no vivo solo, vivo con mi madre quien ha sido muy diligente con todo respecto a las perras. Pero ya temo por la vida de Dulce, no se pueden dejar solas y no me parece justo salir de Fernanda quien ya lleva más tiempo con nosotros. Además también tengo miedo por Nandita, está muy deprimida y me da miedo que se enferme.
Lo que hice lo hice con todo el corazón, solo quería salvar la vida de la perrita, tal vez pequé por ingenuo o ignorante al no saber tratar con este tipo de situaciones. Yo pensé que todo iba a salir bien y que Dulce se iba a quedar con nosotros. Ahora lo que quiero es que Dulce encuentre una casa donde la quieran como la quiero yo.”
Dulce se encuentra acogida temporalmente en la Fundación Bienestar Animal. Si quieren ver esos ojos llenos de esperanza y alegrarse la vida, contacten con el teléfono 260 03 08, la página de Facebook aquí, o en correo fb_animal@yahoo.com.