
¡Aún huelo a humo!
Cuando se pasa cerca a una quema de leña o se hace junto al fogón de leña donde se cocina un sancocho decembrino, la substancia de nuestro ser queda totalmente impregnada del olor de humo de leña. Anoche hubo una virtual fogata y ¡Aún huelo a humo!
Anoche recibí una fiesta sorpresa. Estuve engañado alrededor de un mes y yo, ingenuo, me comí todo el montaje que mi esposa preparó de manera impecable y espectacular. Anoche, fue el lanzamiento personal del libro El Coleccionista de cartas y fue una cálida y acogedora reunión de amigos. La presentación estuvo a cargo de la docente e investigadora, Lucía Victoria Torres, Comunicadora Social y Periodista, y de Carlos Mario Guisao, de igual profesión; ambos amigos personales. La presencia del Editor General de la Editorial UPB completó la mesa donde se revelaron las intimidades del libro y de algunas cartas.
Pero el presente texto no es para dar a conocer esta noticia, página personal de mi diario; sino, para exaltar la labor amorosa de mi esposa Diana, quien me ha dejado aún con el perfume de esa espectacular y conmovedora noche del 9 de mayo. Si el colectivo popular trae a la palabra el 3 de mayo y su famoso aguacero, yo traeré por siempre aquel 9 de mayo y su cálida noche.
Por múltiples razones, mi esposa Diana tomó el liderazgo de crear un lanzamiento para el libro, y para ello, se montó en la labor de inteligencia de escarbar entre mis amigos, ver cómo localizarlos e invitarlos y permearlos de picardía ante lo que se configuraba como una sorpresa: “No le cuenten nada que él no sabe”, solicitaba perentoriamente. Contarles todas las peripecias que tuvo qué hacer y todos los engaños a los que fui sometido reunirían aquí varios párrafos, así que me da miedo contar tanta vaina personal que quizás no les interese, pero permítanme hacerle este sencillo agradecimiento a su ser.
Alrededor de 80 personas respondieron a la efectiva convocatoria de Diana, mi esposa y Jacobo, a cuyo nombre estaba la invitación. Si algunos de mis amigos no recibieron llamado, fue porque le quedó difícil levantar el dato de contacto. Diana, Amor, gracias eternas por semejante regalo, por tu esfuerzo, dedicación y amor. Con razón tanta gentete admira, creételo. Y a quienes trabajaron cómplices contigo, ¡gracias!
¡Aún huelo a humo! Aún tengo en mi cabeza el encanto de una noche inolvidable. Perdón a los lectores por este texto tan íntimo, pero es mi homenaje a mi esposa.

