¿Cómo vivir el dolor del otro? (Salgar)

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Creo que tal cosa no existe, pues, el dolor, ese que tanto evitamos hasta la muerte los humanos, solo se vive en carne propia. Decir un “Lo siento” no se acerca mucho a la vivencia del otro. ¿Así que cómo acercarse a la vivencia social, al sentimiento colectivo o a la solidaridad misma? Tengo mi propia metodología.

Es la media noche y el día siguiente ya no es tal, es hoy. Tu cerebro racional duerme mientras los sueños te envían mensajes de no sé dónde. Te volteas de un lado a otro para relajar los músculos y todo es plácido, olor a cobija, a hogar, a paz. De un momento a otro comienza una pesadilla, un caos inexplicable comienza y no sabes cómo despertar, sientes que vuelas pero esta vez es sobre pantano o peor, dentro del pantano; es más, no vuelas, eres parte de él. No sabes qué pensar, no hay tiempo, fuiste despertado violentamente, intentas respirar y no puedes, a veces tienes unos pocos segundos de aire mientras todo acaba de llenarse de lodo y piensas que parece real, no es el sueño, parece real y, el hogar que invitaba a la calma se torna más oscuro cuando piensas en el otro cuarto: ¡Los niños! Los niños dormían el descanso de sus juegos, pilatunas y deberes ¡Y con derecho lo hacían!

Cada uno en su posición inexplicable sobre la cama, en contorciones propias de los púberes. ¿Qué será de ellos? La madre intenta llamarlos, es imposible, el lodo entra por la boca del que quiera gritar en esta noche oscura y pantanosa y no hay forma de caminar para rescatarlos. Así que el corazón se hace lodo con el lodo en una impotencia fundida que es peor que la muerte ¡No poder salvar la propia descendencia! No poder entregar la vida por ellos porque la muerte te tiene abrazado. Pareces salir de tu casa en el peor sueño de todos, solo que este no lo es, es pesadilla viva y colectiva. Luego, tus pies se enredan en lo que parece ser un muro. Hay unas cuerdas, tus pies lo sienten. Algo te golpea y tú golpeas algo, das vueltas, pareces respirar mejor pero los jadeos para sobrevivir no son suficientes para respirar una tragedia. Tus hijos están perdidos en otro muro o en la corriente misma. Das diez o quince vueltas más y ya todo es silencio…

Luego, por horas, los noticieros se llenan de la misma programación: una tragedia más que nos hace igual de vulnerables. El dinero no sirve, los cargos políticos, los logros académicos. Por momentos, la esperanza pierde significado. La prole se ha ido en masa de lodo y quién sabe dónde duermen ahora. La naturaleza es más fuerte que nuestros egos. Solo le basta respirar para dejarnos sin aire.

Es mi manera de poder acercarme al dolor de una tragedia, usando mi familia para valorar o cuantificar la pérdida. Que el Amor, acoja a todas las almas que se despegaron de sus cuerpos. Amén.

Atravesar el umbral del miedo

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Para qué tomar café, si no sirve para estar con el otro o con nuestros propios pensamientos…

Mucho se habla de los cuarentas y sí, tienen razón: somos medibles y constatables; parece que pensamos en lo mismo, y claro, por eso las ciencias sociales existen. Algunos buscamos un nuevo rumbo, un nuevo hacer, un nuevo desarrollo para nuestras mentes. Hay quienes les ha tocado fácil la vida –Que ella, la vida, nos libre de envidiarlos-, hay quienes todo lo tienen –Y tienen derecho-, pero a quienes venimos dominando nuestra mente, ego, pensamientos; a quienes invertimos esfuerzo por entendernos y recuperar la memoria del quiénes somos, los cuarentas se nos presentan como un estadio para establecer la ruta definitiva de nuestra mente (hacer y pensar).

Muchos ocultan sus miedos o se hacen los desentendidos de ellos y está bien que permanezcan en la intimidad de hogares y en el ser mismo; nos da pena decir que queremos un trasteo de nuestras emociones, vocaciones, hacer o de responsabilidades. Nos queremos “mudar”, quizás mutar; hay ocasiones cortas en que nos queremos largar del plano físico pero, de inmediato, aterrizamos, nos incorporamos de nuevo y abrimos los ojos solo para saber que ahí seguimos y que, de nosotros depende, darle ese nuevo rumbo a la vida.

¿Y el miedo? ¿el fracaso? Tal cosa no existe, solo hay experiencias, momentos, aprendizajes, percepción del tiempo… Eso tratamos de hacer varios que hemos llegado a esta estación “temporal”, transitoria: atravesar el umbral del miedo; pelear con nosotros mismos para ponernos de pie de nuevo, vivir, sentir, inyectarnos de la adrenalina que significa vivir donde lo único  importante es el tipo de relacionamiento con el otro, es decir, el amor. Los demás párrafos de esta reflexión incipiente le corresponde escribirlos a usted.

El arriero, colonizador de sabores

Como un lienzo, se me antoja ver este mural que nos deja ver algo de un arriero que, por fortuna, también es caficultor. Para protección, se prestó del sombrero de otra región, pues, en el campo, todo sirve, todo es útil, no hay uniformes porque todo es práctico. No son estampas prediseñadas, sino, que es la realidad misma que se refleja en un muro. Del café, solo decir que este hombre representa la tarea bien hecha: recolectar solo los granos que han llegado a su madurez, ya que el azúcar de la fruta está en buen punto, apropiado para, luego y después de un buen proceso, darnos una taza limpia de defectos. Bienaventurado el hombre del campo porque nos estimula con su cosecha cada día.

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Que no me alcance la desesperanza

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Qué hacer cuando la esperanza ha desfallecido y no apuestas por una mejor consciencia colectiva, solo, vivir tu vida lo mejor posible. A veces pienso en el surrealismo de la primera mitad del siglo veinte y creo que nuestra “realidad” colombiana no se aleja de esas imágenes fantásticas, oníricas, ilógicas y, en algunos casos, angustiantes.

La poesía, el cine, la plástica, entre otras manifestaciones, tuvieron su espacio en este movimiento; pero cuando veo, sin querer, noticieros, titulares y párrafos de prensa, se configuran en mi mente imágenes surrealistas que nada tienen qué ver con el “realismo mágico”.

Una mujer, matrona, yace recostada en la vía pública. Del bosque enmarañado de su monte de venus aparecen cientos de motociclistas salvajes, serpentinos, esquivando camionetas conducidas por fierros explosivos, bajo un cielo contaminado de las críticas sin sustento que son proyectadas desde las cuentas de Facebook y Twitter de cada ciudadano. Sobre su pecho, hay un rifi rafe con las tetas de obesa mujer, pedazos de piel con glándula adherida, son arrancados con ansiedad por contratos cuyo adn fue manipulado. Sobre su cabeza, algunos seres gritan voces inentendibles, como lenguaje babélico, parecido al sentido de las promesas. Las células de la mujer reñían con sus pares, se devoraban, desgarraban su núcleo entre ellas mismas.

Pero, miro desde mi balcón y parece que el statu quo es rítmico, apacible, aunque con algo de ruido; pero vuelvo a las noticias de lo que sucede entre el reino animal humano y vuelve la desesperanza a vestirme. En Facebook, los cambios de bando son ágiles, la lectura y su consecuente crítica es rapaz. Hoy se montan héroes y mañana guillotinan su cabeza. Hoy no comemos carne por moda o convicción y mañana roemos hasta el último hueso de algún comodín humano. Ayer proclamamos héroes y hoy los hacemos memes de desesperanza.

Nos matamos entre pares, nos devoramos sin llegar hasta el hartazgo, señalamos y disparamos con el dedo y creemos que un solo hombre en cada escenario tiene la solución; delegamos la responsabilidad en otro que sea más visible y le culpamos por el fétido olor. Elegimos, para poder lavarnos las manos. Elegimos esperanzados en que un mesías nos regrese la vista en un país enfermo de ceguera.

¿Creo en el hombre? Creo que la velocidad que llevamos nos impide detenernos a pensar en nuestra responsabilidad, deber, derecho a la felicidad pero no a cualquier precio. Es triste ver cómo mi hijo cierra la ventana del auto cuando pasamos por ciertos lugares: “…es que por aquí atracaron a…”, “…allí fue donde sacaron ese revólver”, “…Cierren, que allí es donde viven los de la calle”. Preferiría volver al momento de su percepción cuando, asomado por la misma ventana y su cabello moviéndose con apuro, preguntó: “¿De qué color es el viento?”.

De quienes quedamos cuando otro se va…

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A propósito de la partida de Juan David Arango, periodista y humano, pensaba en que no me sorprenden ciertos hechos en la vida. ¿No te sorprende? No me sorprende porque el referente de mi vida no es Facebook, es decir, ese álbum social que solo muestra que todo está bien, que todos son felices, que solo hay playa, sol y mar; éxitos, logros y aumentos; viajes, bronceados y regresos.

La verdadera vida o la más completa está en la intimidad innegociable del hogar y en los miedos que nuestra sombra hace florecer. 

En la intimidad del hogar, porque nadie se entera de las humillaciones que genera un desempleo o una ausencia temporal de ingresos para pagar cobros que no tienen conmiseración: servicios, colegios, arriendos y comida. En la intimidad del hogar, porque nadie sale a gritar a los vientos los conflictos, desatenciones y crisis que florecen allí dentro. En la intimidad del hogar, porque conozco personas que tuvieron altos cargos, humillados en casa con brazos caídos sin tener con qué sostener un escaparate de lujos y ego.

En la intimidad de nuestra sombra, porque nunca decimos la verdad o solo revelamos parte de ella ante los demás ¡y es lógico! es la intimidad.Pocos revelan su morbo, manía, obsesión, neurosis; su iliquidez, su soledad, depresión. Aunque muchas eces nos es fácil descubrir o interpretar la neurosis personal o colectiva en este álbum de máscaras. En este mundo digital solo se revela la vida impar, el ser incompleto. El ser pleno, se atesora para la casa y para el silencio de nuestro inconsciente.

Conozco a muchos, y he sido uno más con ellos, cuando nos encerramos en crisis personales que no son compartidas sino por un minúsculo grupo de familiares y amigos.
¿Saben quién, de sus cercanos amigos (ni siquiera familiares), ha necesitado un mercado básico? ¿Saben quién está gritando atención con trinos y “Likes”? ¿Saben qué piensa ese que musita canciones en una estación del Metro?

Da susto que la muerte nos tenga que recordar que somos iguales: polvo. (…y espíritu, alma, vida, lucha, resiliencia…)

La gruta donde reposa el sabio

Una gruta, una casa de muñecas, una casa, un hogar, la montaña, el planeta. Dentro, alguien que nos espera, una madre, un sabio, nosotros mismos, el Sí Mismo, el ser.

La película “Náufrago”, bien lo ilustra: una necesidad inmensa de socializar, de tener con quién conversar; una necesidad espiritual de conectarse a la numinosidad de la existencia ante la carencia de sentirnos satisfechos con los actuales valores del mundo. Un pelota, animada, humanizada, se convierte en la ausencia de la soledad y somos nosostros quienes le damos el poder de la vida a la pelota, quienes le nombramos Wilson.

Interesante escena, si esta foto fuera la ilustración de un sueño: una lámpara apagada porque la luz del día todo lo llena, una madre, virgen además y poderosa según el imaginario, un reloj que marca un momento, una llave, una escoba y un recogedor de basura, y la tal, recogida.

Esta gruta ha sido hecha por quien hace las veces de cuidador de carros en una zona de El Poblado, cerca al Parque Lleras; es su altar, su gruta, su casa.

El mundo vacío

Sus uñas estaban sucias, no por descuido, sino por causa de su trabajo en el campo; pero esa mañana no tenía que trabajar y decidió visitar al amor de su vida, el ensueño de cada mañana. Jairo, esperaba la mototaxi que lo llevaría al encuentro de su sueño amado. Esperó por horas que pasara algún transporte alternativo, algún humano que pasara en cicla, algún cochero, algo ¡cualquier cosa!

Comenzó a comprender que estaba solo en el mundo, que su tal amada era eso: un sueño. Entendió que sus manos estaban sucias de escarbar en la tierra en la búsqueda de vivientes, si quiera animales del orden mayor. Reconoció que solo era una idea, que él, era solo una materialización de una idea, la de él mismo, energía síquica concentrada.

Al recordar que no era nada sin alguien, su cuerpo comenzó a trasparentarse y la ropa que lo cubría a arrugarse colapsando allí en la banca que quizás él mismo haya creado en el mundo de las ideas en otro tiempo. Desapareció. Jairo era solo una concatenación de letras.

Elijo la Vida

  • Unos, se matan por religión. Elijo la Vida.
  • Unos, se matan por el resultado de un partido de fútbol. Elijo la Vida.
  • Unos, matan por cinco centavos. Elijo la Vida.
  • Unos, odian a través de Facebook. Elijo la Vida.
  • Unos, matan con sus palabras. Elijo la Vida.

Grafiti en Jardín, Antioquia.

Macanas, otro rincón para el café (Jardín)

Antioquia, y específicamente el Suroeste, están siendo más conscientes de ofrecer lo propio en cuestión de café. Creo que es imperdonable que los municipios cafeteros no conozcan el sabor de su tierra por medio de sus frutos, en este caso, de su grano tostado. Ahora, los caficultores, están reconociendo que una de las salidas a los problemas económicos ligados al tema, es el de mejorar su producto cuidando cada paso de la cadena productiva y vendiendo directamente su producto como café de origen, creando marcas propias (Que no siempre es la solución) o generando valor agregado en tiendas propias o de Cooperativas.

Este “rincón”, me lo encontré en Jardín, suroeste de Antioquia, en el marco de la plaza principal. Un bello lugar decorado con especial atención en los detalles y siguiendo una armonía de color y materiales. El diseño gráfico de las etiquetas de las bolsas de su producto, son un valor especial que distingue cada edición especial y hacen de todos los elementos un sistema visual muy atractivo.

Del café, un perfil de taza brillante en acidez, almendrado y buen sabor residual. La gran debilidad está en la ausencia de máquina espresso ya que no se puede contar con la pequeña “máquina de espresso” que no llega a los 4 bares de presión, lo que la convierte en otra cafetera más de goteo; lo que lleva a una mala extracción del producto y la pérdida en ganancias. Creo que en casos como este, lo mejor sería tener otras alternativas económicas como los métodos de filtrado o la Prensa Francesa. De todas maneras hay café para llevar…