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La posibilidad del cambio

Miércoles, abril 4th, 2012

Yo creo que el cambio es posible siempre y cuando sea consciente del desapego al círculo vicioso para poder trascender y vencer la inmanencia.

Lo curioso del asunto es que cuando lo miramos psicológicamente, como terapeutas  gestálticos, nos encontramos con la famosa “Teoría Paradójica del Cambio”; que dice que: “…cuanto más intento ser, quién no soy… más permanezco igual. (Beisser, 1970).

Como seres humanos nos enfocamos en lo que “debo ser”, “debo hacer” o “los demás esperan que haga” y al mismo tiempo nos resistimos a estos deberías. Entonces frente a estas dicotomías es muy importante identificar las dos polaridades: Por un lado. ¿Quién soy? y por otro ¿Quien no soy? Por ello es adecuado preguntarnos con frecuencia, qué es lo que estoy experimentando o sintiendo en cada momento, para darme cuenta, aquí y ahora, de quién está actuando: El Yo, o el No Yo.

Así mismo, en terapia Gestáltica conocemos dos axiomas que dicen: “Lo que es, es” y otro que sostiene que: “una cosa conduce a otra” (Polster y Polster, 1973).

En este orden de ideas, si lo que es… es, entonces esto quiere decir que es importante permitirme ver las cosas como son,desde una postura fenomenológica, en otras palabras no engañarme, no mentirme, para poder iniciar un proceso de cambio si es posible.

A nivel terapéutico, dice Gary Yontef  en el libro Proceso y Diálogo en Psicoterapia Gestáltica, que el instrumento de cambio es precisamente la relación con un terapeuta, que de una manera responsable, respetuosa y técnica se fundamenta en quién es él verdaderamente (se conoce) y por lo tanto acepta y comprende al paciente. Creo que aquí está el secreto… aceptarse. Si ese otro me acepta, ¿por qué no puedo hacer lo mismo, conmigo?

El darse cuenta de lo “que es” conduce a un cambio espontáneo. Y lo más productivo es el descubrimiento de que: “Puedo’ estar con alguien, sin manipular, ni ser manipulado”.

Para el cambio, este trabajo de darse cuenta, puede comenzar en cualquier momento en el que  estemos dispuestos,  si tenemos la capacidad de darnos cuenta y nos permitirnos conectarnos con el todo. El proceso que sobreviene conduce a cambios en todo el campo, por supuesto si nos damos permiso de fluir en la transformación.

Se trata de iniciar una completa investigación conmigo mismo, pues a mayor profundidad en la búsqueda, más intensa la reorganización y por ende el inicio de la transformación.

Es importante reconocer que algunos cambios sólo pueden apreciarse años más tarde.

¿Quién soy? o ¿qué soy?

Miércoles, marzo 9th, 2011

Yo creo que en materia del yo y del ego, la confusión surge a partir de la manera cómo se plantea la pregunta. Es decir, la respuesta depende de sí pregunto: ¿Quién soy? o ¿Qué soy?

De todas maneras y para completar el cuadro, el conflicto se hace mayor si pretendo establecer la diferencia entre el ego y el yo. Y Si veo al Yo como una resonancia neuronal en la perspectiva del científico colombiano Rodolfo Llinás, entonces las ideas psicológicas del ego y las espirituales del yo, tendríamos que replantearlas.

En una entrevista concedida a la publicación Número, el Doctor Llinás, al ser interrogado con respecto al mito del yo, respondió: Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos; donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos. El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente.

Entonces, frente a la pregunta: ¿Cómo puede ser el «yo» un estado funcional del cerebro? el neurólogo Llinás, responde: Los pensamientos, las emociones, la conciencia de sí mismos o el «yo» son estados funcionales del cerebro. La simultaneidad de la actividad neuronal (es decir, la sincronía entre esta danza de grupos de neuronas) es la raíz neurobiológica de la cognición, o sea, de nuestra capacidad de conocer.

Lo que llamamos «yo» o autoconciencia, termina diciendo, es una de tantas danzas neuronales o estados funcionales del cerebro. Hay otros estados funcionales que no generan conciencia: estar anestesiado, drogado, borracho, «enlagunado», en crisis epiléptica o dormido sin soñar.

En fin, yo creo que al leer las respuestas del doctor Rodolfo Llinás, surgen nuevas inquietudes sobretodo con respecto al ser consciente y el estar consciente. Es decir, la naturaleza de lo humano se consolida en la palabra y en la capacidad de simbolizar a partir de ella. Pues lo que tiene sentido, existe como una creación de la palabra y por lo tanto “existimos” como consecuencia de la creación misma. Sugiero leer la obra maestra de Michael Ende, la Historia Interminable, para comprender este nexo.

Si digo: soy persona, soy un ciudadano, soy amoroso, soy creativo, esto es una construcción de la palabra nada más, si no está avalado por la acción misma que estoy nombrando. No se trata de decirlo, se trata de hacerlo. Entonces el grupo humano, al ver la acción o la conducta, nombra y por lo tanto aparece la expresión: el es o ella es.

Si me pregunto entonces ¿quién soy? o ¿qué soy?, también debo comprender que mi existencia depende del tiempo y del espacio que me corresponden vivir. Y que además el solo hecho de saber para qué vivo, le da sentido a mi existencia. Pues al tomar las palabras de Federico Nietzsche: “quien tiene algo porque vivir, es capaz de soportar cualquier como”; comprendemos que esto da los motivos para ser y estar.

Así lo importante es responderse la pregunta: ¿para qué soy? como una manera operativa de estar en el mundo.

Inventarios de fin de año

Martes, diciembre 7th, 2010

Yo creo que en esta temporada de cierre de labores, es bueno hacer balance de las realizaciones y logros, en materia de crecimiento personal. Y propongo que iniciemos el inventario en torno a nuestra autoestima.

Además creo que, lo más importante es aceptarnos como somos. Reconociendo por supuesto nuestras limitaciones y trabajando intensamente para superarlas y de esta forma facilitar la convivencia con los semejantes. Aunque a veces dejamos de ser nosotros mismos para darle gusto a los demás y pienso que de alguna forma eso significa comprar aprobación a muy alto precio.

También autoestima es defendernos de ataques y chantajes emocionales, incluso de nosotros mismos. Pues entendemos por autoestima, el cuidado, aprecio y respeto por nuestra propia persona, desde el punto de vista, corporal, espiritual, social e intelectual.

Precisamente revisando autores y textos sobre el tema, encontré este clásico de la Doctora Virginia Satir que nos puede ayudar en el proceso reflexivo, en torno a la valoración de nuestro yo.

“Yo soy Yo
en todo el mundo no hay nadie como yo.
Hay personas que tienen algo en común conmigo,
pero nadie es exactamente como yo.
Por lo tanto,
todo lo que surge de mí
es verdaderamente mío
porque yo solo lo escogí.
Soy dueño de todo lo que me concierne:
de mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace;
de mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas:
de mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que contemplan;
de mis sentimientos, sean los que sean,
ira, gozo, frustración, amor, desilusión, excitación;
de mi boca y todas las palabras que de ella salen,
corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas;
de mi voz fuerte o suave
y de todas mis acciones, ya sean para otros o para mí mismo.
Soy dueño de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.
Soy dueño de todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.
Como soy dueño de todo mi yo,
puedo llegar a conocerme íntimamente.
Al hacerlo, puedo amarme y ser afectuoso conmigo
en todo lo que me forma.
Puedo así hacer posible
que todo lo que soy, trabaje para mi mejor provecho.
Sé que hay aspectos de mí mismo que me embrollan,
y otros aspectos que no conozco.
Más mientras siga siendo afectuoso y amoroso conmigo mismo,
valiente y esperanzado,
puedo buscar las soluciones a los embrollos
y los medios para llegar a conocerme mejor.
Sea cual sea mi imagen visual y auditiva,
diga lo que diga, haga lo que haga,
piense lo que piense y sienta lo que sienta
en un instante del tiempo,
ése soy yo.
Esto es real y refleja dónde estoy
en ese instante del tiempo.
Más tarde,
cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva,
qué dije y qué hice, qué pensé y qué sentí,
quizá resulte que algunas piezas no encajen.
Puedo descartar lo que no encaja
y conservar lo que demostró que sí encaja
e inventar algo nuevo en vez de lo que descarté.
Puedo ver, oír, pensar, decir y hacer.
Tengo las herramientas para sobrevivir,
para estar cerca de otros,
para ser productivo,
y para encontrar el sentido y el orden del mundo
formado por la gente y las cosas que me rodean.
Soy dueño de mí mismo
y por ello puedo construirme.
Yo soy yo y estoy bien como soy”


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