Yo creo que la intensidad del deseo es proporcional a la claridad de la meta. Es decir, cuando desde el fondo del corazón deseamos algo y tenemos claro lo que queremos, vamos creando oportunidades para lograr nuestros objetivos.
Sin embargo la cosa no es tan sencilla. No basta con desear; se necesita trabajar, intensa, amorosa y creativamente por lo que queremos. Las cosas no “caen” del cielo si no se ha construido el respetivo merecimiento. Si no se ha sembrado la semilla adecuada para el crecimiento de nuestros sueños.
Yo creo en los sueños. Creo en el poder de los sueños. Creo que la vida tiene sentido cuando nos proponemos metas e ilusiones. Cuando hemos visualizado nuestro objetivo y lo creemos real. Cuando desde la fe nos anticipamos y declaramos que ya existe, que ya es.
Creo en el campo de todas las posibilidades. Creo que la palabra decreta y creo que el pensamiento es poderoso cuando se proyecta no solo desde la creatividad, sino en la materialización de consecuencias concretas; pues creo que la palabra tiene poder cuando se convierte en acción.
Este es el motivo, el para qué, el sentido que mueve mi vida. Si no, de lo contrario, levantarme cada mañana sería una experiencia vacía, pues ¿para qué un nuevo día?
Creo que siempre hay un nuevo amanecer; creo en la esperanza de una puerta que se abre; en la posibilidad de una mano que se tiende cuando la necesitamos. Y principalmente creo que teniendo metas, cada día se llena de motivos para vivir.
Yo creo que la belleza y el atractivo sexual de la mujer no sólo están en su espíritu, que se refleja en su propio cuerpo, sino en la mente de cada perceptor.
Por muchos siglos y dependiendo de la época, la belleza va cambiando según las condiciones de la cultura y las necesidades psicológicas y eróticas del momento. Sin embargo, la preocupación por la belleza al convertirse en un negocio, hace que perdamos las dimensiones de la dignidad y el respeto por el mismo cuerpo de la mujer, al “cosificarlo”. Ahora es una cosa que se vende, comercia, negocia.
Es el momento de hacer un alto en el camino para volver a la normalidad de los cuerpos normales; con desfiles de moda normales, propagandas y avisos publicitarios normales, para gente comun y corriente.
Invito a que hagamos una campaña entre todos los hombres del mundo, para que descubramos el tesoro al interior de la mujer… para darle su papel protagónico, en vez de quedarnos en exteriores pasajeros y de fachada.
Definitivamente me gusta la mujer inteligente, que cuando hace el amor, lo vive desde el corazón, sintiendo con su alma, a pesar de tener sus senos mutilados por un cáncer por ejemplo. En estos casos una cirugía reconstructiva tiene mis aplausos.
O en el evento de sufrir lesiones en la cara o en el cuerpo que desfiguran, nuevamente la plástica hace arte en sus cuerpos.
Me cuestiona, cuando obsesionados por la perfección, exageramos la nota buscando la respuesta en el bisturí.
Por más diestro que sea un cirujano, debo reconocer que la verdadera belleza de la mujer está en su alma.
Las ayudas cosméticas son muy importantes y sostienen la autoestima, pero vacías si no hay corazón.
En la Universidad de San Buenaventura de Medellín, tuve la fortuna de estudiar etología. Y recuerdo como Konrand Lorenz , Niko Tinbergen y Max von Frisch a través de sus textos, me mostraban el maravilloso mundo de la conducta animal. Este video asombroso, podría compararse con cualquier manifestación humana en grupos sociales:
Es curioso que la mayor parte del tiempo la pasemos pensando.
El pensamiento es productivo cuando como resultado del mismo, se obtiene un producto.
Sin embargo hay pensamientos tan insulsos y pueriles que mas bien vale la pena no pensarlos y mucho menos gastar precioso tiempo en ellos.
La vida es tan corta que no tiene sentido invertir energía, angustias, dudas, páginas, tinta o superautopistas informáticas en asuntos de tan poca monta como por ejemplo: ¿estará ella o él, pensando en mí? ¿cuánto va a durar lo nuestro?, ¿me amas?; Sobre todo, cuando la respuesta es obvia, dura y contundente:…pues, en verdad, tengo la certeza de que me necesitas… y te necesito.
Yo que creo que es bueno, de vez en cuando, dejarme interrogar por algún video, por ejemplo este, y sentir que sí es posible lograr nuestras metas y sueños…el secreto está en trabajar amorosa, creativa y decididamente por lo que quiero.
En estos días estaba releyendo a Fernando Savater y me reencontré con su afirmación en torno a la mentira, cuando dice que “…la mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra- y todos necesitamos hablar para vivir en sociedad-.”
Creo que el problema no está tanto en el acto de mentir, actividad creativa de algunos, como en el proceso de creerme yo mismo la mentira, y lograr que otros también sean víctimas de ella.
Entonces la realidad no existe si no mas bien como la percepción filtrada de lo que mis deseos o temores me permiten ver. Es decir veo, lo que me permito ver. Oigo lo que me conviene oír y deshecho lo que siento inaceptable.
También es cierto que algunas mentiras son necesarias y hasta obligatorias.
Pero, ¿qué sucede cuando no soy capaz de enfrentar la realidad?
Definitivamente, no estamos preparados para la verdad absoluta, ya que para poder vivir, se hace urgente una especie de anestésico que nos tamice la realidad por lo cruel y despidada.
La fenomenología enseña a ver las cosas como son… sin embargo, quién o qué asegura que ¿las cosas son lo que son?
¿Es real la realidad?, al estilo de Paul Watzlawick, o ¿es una construcción hipotética, desde mi subjetividad?
Yo creo que me sigo diciendo mentiras, para poder continuar en el camino de la vida, con la esperanza de que tu me amas, cuando en realidad te amas.