Posts Tagged ‘soledad’



Ser feliz en una relación

Sábado, julio 9th, 2011

Yo creo que continuamente nos preguntamos: ¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?  Y algunos autores como Neale Donald Walsch intentan responder a este interrogante, a través de su texto Conversaciones con Dios, en su primera parte.

Según Walsch, hay una manera de ser feliz en las relaciones; y consiste en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que les hemos designado. Pues según su argumento las relaciones son una prueba constante para crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de nosotros mismos.

Sostiene el autor que cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que se quiere), es porque se habían iniciado por una razón equivocada. Es decir, las relaciones cambian -más a menudo de lo esperado- cuando se han iniciado por razones que no son beneficiosas o que de alguna forma no conducen a su supervivencia.

La mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas. El verdadero objetivo de una relación es decidir qué parte de mí mismo quiero ver “expuesto”; y no qué parte de la otra persona puedo capturar, conservar y controlar.

Entonces el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, no dio la medida de tu expectativa.

Y para enfrentar dicha presión, la otra persona busca recuperar su auténtico yo,  actuando de acuerdo con su verdadera identidad,  y es cuando dices que tu pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendes su conducta.

De otro lado creemos que la tarea del otro es completarnos. Pero el objetivo de una relación de pareja,  no es tener a otro para que te complete; sino disfrutar de la compañía del otro para tener la oportunidad de compartir tu completitud.

Yo creo que lo fundamental en una relación de pareja es permitir que el otro sea él mismo.

Si dejamos que cada uno se preocupe de sí mismo, de su esencia, de lo que hace, tiene y siente; de lo que quiere y pide, y por supuesto obtiene; de lo que busca, crea y experimenta… entonces las relaciones servirían para construir un compromiso de crecimiento personal mutuo, donde exista la libertad de ser auténtico, sin máscaras ni escondites.

Sin embargo nuestra lucha se centra en controlar al otro para que no se vaya. Pues tenemos miedo del engaño, la desilusión, el abandono y la soledad. Si tengo claro que no necesito al otro y permito que cada quien haga lo que necesita hacer para realizarse, entonces estoy amando realmente, porque, insisto, amar es dejar ser.

Definitivamente, antes de establecer una relación con otro, primero hay que fortalecer la relación consigo mismo, ya que es fundamental honrarnos, cuidarnos, amarnos, valorarnos, para no buscar esa estimación, en el afuera, en cabeza y conducta de otros.

La felicidad en una relación de pareja entonces se fundamenta en la capacidad de ser uno mismo y permitir que el otro sea. Más que en el control obsesivo de lo que hace, piensa, motiva y decide el otro. Dicho esto, la pregunta no es: ¿me amas? Sino más bien, te amo porque me permites ser yo mismo…entonces: ¿me dejas ser yo mismo?

Hola soledad

Martes, febrero 16th, 2010

Yo creo que le tenemos miedo a la soledad y es porque no la conocemos realmente.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos desde el silencio delator de la palabra interior. Y en la mayoría de los casos le huimos.

La soledad, es el sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor y a problemas de comunicación. Debido a que, durante los estados de soledad, la incomunicación es absoluta y se opone al hombre como ser social. Sabemos que la función humana más básica es comunicarse con los demás y que en las comunidades primitivas, la soledad era un fenómeno poco frecuente, pues el destierro se consideraba el castigo supremo. 

En las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo. La inadecuada comunicación puede provocar algunas enfermedades de tipo emocional y requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una de las causas más frecuente de estos problemas emocionales, es la incapacidad para establecer sanas relaciones personales. Entonces la soledad permanente, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial, pues como base de este tipo de problemas, está la baja intensidad o debilidad para relacionarse. 

La soledad está asociada con el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez. Como resultado de especiales estados anímicos o situaciones vitales como la depresión o baja autoestima. También como consecuencia de situaciones de desempleo o por problemas psíquicos durante la pubertad. Los trastornos de relación se inician, sobre todo, durante la primera etapa educativa.

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La soledad del terapeuta

Lunes, noviembre 23rd, 2009

Yo creo que el terapeuta afronta la más dura de las soledades. Y con razón, si tenemos en cuenta la pregunta… ¿y a mí, quién me escucha?

En Colombia, la Ley 1090 de 2006, establece el 20 de noviembre como día oficial nacional del Psicólogo y así, tal vez no exista una razón para elegir ser psicólogo…como lo expresa muy bien una colega, quien tuvo la gentileza de enviarme estas reflexiones en un precioso mail, a propósito de la celebración, este pasado 20 de noviembre.

Al texto original le he agregado algunas ideas mías y por lo tanto se convierte en un trabajo enriquecido con la participación de todos. Espero entonces invitar a la reflexión a partir de estos enunciados.

Somos muchos los que hemos abrazado esta profesión, buscando de alguna manera exorcizar nuestras propias sombras y fantasmas.

Pues, ser psicólogo, implica pasar horas de escucha frente al sufrimiento de quienes consultan y conectarse con lo más profundo del ser humano.  Siendo capaces de vislumbrar más allá de lo evidente y a menudo sentir impotencia al no poder lograr la toma de conciencia de nuestros pacientes.

Significa enfrentarse a insospechadas resistencias, así como disentir teóricamente con otros colegas hasta el punto de generar “irreconciliables” diferencias…y, al mismo tiempo, ser blanco de incomprensiones.

Ser psicólogo también representa el estar preparado para innovar y en forma simultánea asumir el riesgo de hacerlo…y de otro lado, aceptar el desafío de basarse en los grandes maestros de la historia de la psicología, cuidándose de tener una visión crítica sobre sus teorías.

Quiere decir, caminar por fangosos terrenos de una teoría que se actualiza permanentemente…y que nunca se termina de escribir.

Nuestro oficio nos pone frente a la difícil posición de demostrar que la psicología es ciencia…y también arte.

La nuestra no es una profesión más; quien acude a nosotros, lo hace buscando una respuesta a sus interrogantes…y una salida para su sufrimiento.

A veces, hasta podemos ser puestos en el lugar de culpables…por el hecho de haber ayudado a “ver”, o por mostrar lo que el otro no quiere ver.

La idea es ir abriendo caminos para incrementar la calidad de vida, incluso allí donde los demás han desfallecido.

¿Qué motiva al psicólogo?…algunos amigos…unos buenos maestros…unos amables discípulos y tal vez un deseo mesiánico de salvar el mundo.

Pareciera que la profesión no tiene mucho para ofrecer…sin embargo de vez en cuando nos alimenta alguna persona que ha recobrado el sentido vital y ahora sabe responder el “para qué” o tiene la capacidad de darse cuenta y ser más responsable con su vida.

Y al final esta sensación de soledad…terapéutica porque nuevamente surge la pregunta de ¿quién escucha al terapeuta?



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