Yo creo que hay valores que no pueden perderse. Y dentro de esos valiosos imperdibles, se encuentra el valor del compromiso, que comprende a muchos otros valores.
Si se trata de la fidelidad, ahí tenemos el mejor ejemplo para el compromiso. En otras palabras, se trata de ser fiel al compromiso. Aunque en algunos círculos se entiende la fidelidad desde el punto de vista sexual, en el fondo lo que significa básicamente, es respetar el compromiso. Si con la pareja se llegó a un acuerdo tácito o explícito en relación con la exclusividad, estaríamos faltando a ese compromiso en particular. Y no estamos hablando solo de los cuerpos o de lo que se hace con ellos, sino del respeto por la intimidad, la comunicación y la vida en particular que se va construyendo con el otro. Pues el compromiso no puede perderse en la enfermedad, la pobreza, o la tristeza como se promete en el rito matrimonial, pues el otro tiene la esperanza y el compromiso de acompañar en todo momento.
Por eso ser fiel a la palabra, implica honrar los compromisos. Si se quedó con alguien en cumplir una cita a determinada hora, lo correcto es ser puntual y cumplirle. Porque esa persona creyó en tu palabra y en tu actuación.
Así la fidelidad y el compromiso se complementan de manera especial cuando se trata de prometer un acto futuro.
Quien se compromete, adquiere un compromiso y no solo para con otro, sino para consigo mismo. Pues se trata de controlar la conducta para no fallar.
Cuando el otro es un niño, con más razón hay que cumplirle para que no pierda la fe en la palabra de sus mayores y pueda, cuando sea grande, llevar el mismo ejemplo y testimonio de vida, pues cumple su palabra.
Esto quiere decir que el respeto, la fidelidad y la responsabilidad hacen parte del valor de los valores, en mi concepto, el compromiso.
Para educar un niño en los valores, el ejemplo de sus mayores es fundamental… ¿qué estamos haciendo para auto-monitorear nuestra conducta?
Yo creo que se necesita un desastre mundial para que tomemos cartas en el asunto.
En 1992, esta niña canadiense, frente a los delegados en la O.N.U., hizo una declaración conmovedora. Sin embargo, tantos años después seguimos lo mismo.
Nos hemos vuelto depredadores y nuestra forma de consumo ha dañado el equilibrio del planeta.
Mirando el futuro, encuentro un panorama desolador para las nuevas generaciones. Y es nuestra obligación hacer algo en el presente.
Creo que es posible vivir bien, sin necesidad de consumir y producir tanta basura. Y al mismo tiempo creo que nuestra labor inicia con nuestros hijos pequeños y el cambio en nuestro estilo de vida. Todo comienza en casa cuando enseñamos con el ejemplo.
Hoy el mundo habla de crisis. Y desde la psicología sabemos que es un problema de conducta,pensamiento y sobre todo, hábitos y estilos de vida.
Puede ser un aprendizaje interesante…caminar más y utilizar menos los automóviles. No solo por aquello de la contaminación, sino porque nos ahorramos dinero y mejoramos nuestra estado físico y al mismo tiempo, nos regalamos momentos de placer, para nosotros mismos.
Los ejemplos son muchos….
Definitivamente, todos somos resposables de nuestra casa… el planeta.
Yo creo que la familia puede construir cuatro escudos protectores que le permitan proteger y al mismo tiempo acompañar el proceso de crecimiento y madurez de cada uno de sus miembros.
La doctora Virginia Satir en su libro: Relaciones humanas en el núcleo familiar, sostiene la importancia de la comunicación, la autoestima, las normas y los valores como constitutivos de la estructura familiar.
El primer escudo es la comunicación afectiva y efectiva. Definitivamente la comunicación es el pilar fundamental de cualquier convivencia. Facilita procesos de diálogo en la solución de conflictos y en la construcción de puentes afectivos. Enseña el respeto por la palabra y la opinión del otro y crea oportunidades de cambio a través del libre fluir y planteamiento de ópticas en diferentes vías. En la diversidad de puntos de vista, está la riqueza.
El segundo escudo procura mostrar como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto son los mejores protectores de la persona.Según las investigaciones, se observa como aquellos miembros de la familia con niveles altos de estima, eficacia, concepto e imagen superan con mayor facilidad los obstáculos del diario vivir y se encuentran mejor preparados para enfrentar las amenazas del medio familiar y social.
El tercer escudo es el manejo adecuado de normas, reglas, disciplinas y límites. En el manejo de la norma es importante partir de la realidad evolutiva de cada miembro del grupo familiar. Unificar el manejo de la norma si hay varias figuras de autoridad y generar un clima de serenidad y bajo en ansiedad para evitar castigos desproporcionados o cargados de ira contenida. Y lanzar la propuesta de la Experiencia Emocional Correctiva al estilo de Franz Alexander, como una alternativa útil para el manejo de la autoridad desde la ternura.
El cuarto escudo es la formación en valores al interior de la familia. El ejemplo es la mejor manera de enseñar valores y la manera más honesta de encarnar aquello que para la familia es lo más valioso o preciado. Decía Theodore Roosevelt. “…educar mental y no moralmente un niño, es educar un peligro para la sociedad”
En este orden de ideas, una familia que educa en valores enseña, con su testimonio a cada uno de sus miembros, la importancia del respeto, la responsabilidad, el compromiso, la justicia, la fraternidad y el amor.
Desde la psicología, padre es aquel hombre quien, alimenta, educa, acompaña, brinda afecto, protección, ejemplo, a un niño o una niña. Esto significa que el abuelo, el tío, el hermano mayor, el novio de la mamá etc, se convierte en un modelo significativo para el niño y por lo tanto adquiere la función de padre.
Ser padre es una función, un proceso y un aprendizaje; por lo tanto, el hecho de aportar la semilla, no nos convierte automáticamente en padres. Se necesita algo más, que depende de nuestra vocación de servicio, que por supuesto nace del amor incondicional. Difícil palabra para quienes, su egoísmo, les impide entregarse concientemente, a esta tarea tan importante.
Los padres perdemos mucho tiempo ganando dinero. Propongo entonces, que al menos un día a la semana, en nuestra agenda, separemos un buen rato para la junta más importante de nuestras vidas: encontrarnos con nuestros hijos, para verlos crecer, madurar y volar.