Jueves, mayo 7th, 2009
Yo creo que ser persona es algo valioso.
Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.
¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.
Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos. Como si los niños fueran los padres de sus padres.
Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa. O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.
Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.
Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.
Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.
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Martes, septiembre 2nd, 2008
Yo creo que la familia puede construir cuatro escudos protectores que le permitan proteger y al mismo tiempo acompañar el proceso de crecimiento y madurez de cada uno de sus miembros.
La doctora Virginia Satir en su libro: Relaciones humanas en el núcleo familiar, sostiene la importancia de la comunicación, la autoestima, las normas y los valores como constitutivos de la estructura familiar.
El primer escudo es la comunicación afectiva y efectiva. Definitivamente la comunicación es el pilar fundamental de cualquier convivencia. Facilita procesos de diálogo en la solución de conflictos y en la construcción de puentes afectivos. Enseña el respeto por la palabra y la opinión del otro y crea oportunidades de cambio a través del libre fluir y planteamiento de ópticas en diferentes vías. En la diversidad de puntos de vista, está la riqueza.
El segundo escudo procura mostrar como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto son los mejores protectores de la persona. Según las investigaciones, se observa como aquellos miembros de la familia con niveles altos de estima, eficacia, concepto e imagen superan con mayor facilidad los obstáculos del diario vivir y se encuentran mejor preparados para enfrentar las amenazas del medio familiar y social.
El tercer escudo es el manejo adecuado de normas, reglas, disciplinas y límites. En el manejo de la norma es importante partir de la realidad evolutiva de cada miembro del grupo familiar. Unificar el manejo de la norma si hay varias figuras de autoridad y generar un clima de serenidad y bajo en ansiedad para evitar castigos desproporcionados o cargados de ira contenida. Y lanzar la propuesta de la Experiencia Emocional Correctiva al estilo de Franz Alexander, como una alternativa útil para el manejo de la autoridad desde la ternura.
El cuarto escudo es la formación en valores al interior de la familia. El ejemplo es la mejor manera de enseñar valores y la manera más honesta de encarnar aquello que para la familia es lo más valioso o preciado. Decía Theodore Roosevelt. “…educar mental y no moralmente un niño, es educar un peligro para la sociedad”
En este orden de ideas, una familia que educa en valores enseña, con su testimonio a cada uno de sus miembros, la importancia del respeto, la responsabilidad, el compromiso, la justicia, la fraternidad y el amor.
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Lunes, julio 21st, 2008
Yo creo que las palabras matan, así como tienen el poder de dar vida…Mi propuesta es que aprendamos a acariciar con las palabras, no sólo las verbales, sino también, las gestuales y corporales.
Las palabras tienen un enorme poder. Tanto así que, con palabras terapéuticas es posible sanar a una persona, en tanto que con palabras agresivas, insultantes o mal intencionadas podemos lastimar, herir y sugestionar negativamente a los seres con quienes vivimos y/o trabajamos.
De otro lado, se ha comprobado el importante papel que juega la sugestión en nuestras propias vidas al lograr procesos de curación a partir de expresiones positivas expresadas por el propio enfermo, sus familiares o amigos más cercanos.
Las palabras y expresiones de un jefe pueden ser mortales para sus colaboradores si se expresan en momentos emotivos sin que medie la razón o el entendimiento.
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