Archivo de ‘Comunicación’



Mente poderosa

Viernes, febrero 8th, 2013

Yo creo que la mente es poderosa. Creo que la sugestión obra y que no sabemos manejar nuestros pensamientos.

Planteado así, es urgente entonces iniciar un curso acelerado de control del pensamiento. Nada tan peligroso como dejar suelta a la imaginación…esa “loca” que se sale con las suyas cuando no le indicamos un norte.

Cuando la imaginación va al garete, es posible toparse con sorpresas incómodas. Pues al perder el control sobre el pensamiento, este va jugando con las múltiples combinaciones que su creatividad le permite y entonces, monta escenarios tan fantásticos, que podemos caer en su trampa y terminar creyendo que aquello, en lo que hemos pensado, se pueda convertir en realidad.

Con la mente podemos crear salud o enfermedad. Nada tan complejo como el pensamiento del hipocondríaco a quien le basta un mínimo estímulo para disparar un trastorno que pueda despistar al más despierto de los médicos y de esta forma comprobar que se va a morir, a pesar de la incredulidad de los galenos.

O qué decir del celotípico, que ve enemigos para la exclusividad de su amor, pues considera que la infidelidad está a la vuelta de la esquina y cualquier momento es propicio para vivir escenas de pasión, hasta con los sujetos menos provocativos. El otro, siempre será sospechoso, debido a la certeza que le invade, por supuesto desde su fantasía, del hecho de que su pareja va a ser infiel.

El pensamiento puede con todo, si va de la mano de la sugestión. Cuántas personas se han enfermado gravemente, a consecuencia de una palabras, comentarios u órdenes sugestivas provenientes de una autoridad espiritual o en el peor de los casos de “brujos lingüísticos” que tienen en el poder de la palabra, la capacidad para enfermar al paciente, para hacerlo depender de por vida y de esta forma tenerlo bajo control, para obtener beneficios incluso de tipo económico.

Así mismo, creo en el poder de la mente para construir cosas buenas. Atraer salud, prosperidad y felicidad. Y generar cambios significativos en nuestras vidas, afectivas, laborales, profesionales y económicas.

Creo que la mente es poderosa cuando se tiene fe.

Creo que la mente se fortalece cuando nuestros pensamientos se concentran en un proceso, proyecto, idea, o concepto. Como creo que es posible crear salud, cuando el pensamiento está enfocado en ese propósito. O si no véanse los casos de personas que frente a todo pronóstico, superan enfermedades complejas.

Creo que el pensamiento tenaz logra grandes empresas y es capaz de superar las dificultades al abrir, en forma creativa, el campo de todas las posibilidades.

Definitivamente creo que en los colegios y universidades debería existir un curso para aprender a controlar el pensamiento, para enseñar a focalizar la mente a través de pensamientos productivos.

De todas maneras, quienes practican técnicas de meditación ya tienen ventaja.

¿Existe la obesidad mental?

Miércoles, octubre 31st, 2012

Yo creo que en estas épocas post-modernas, estamos inundados de información y a manera de “tentaciones”, estas “golosinas y grasas” informáticas van engordando nuestra mente.

No podemos desconocer que hace algunos años, éramos inconscientes de nuestra ignorancia, pero ahora es tiempo de despertar la conciencia para de esta forma decantar la información que consumimos día a día.

La manera como nos presentan la información, seduce y atrapa, entonces un titular bien diseñado se torna provocativo y nos obliga a leer lo que a la final no deja ser un simple comentario callejero que desata un mar de pensamientos y por supuestos malos entendidos. Lo problemático del asunto es que “atascamos” nuestras mentes indefensas con temas que se quedan sin procesar, y todo esto va causando una especie de “obesidad mental”, debido a que el cerebro queda “relleno” de información innecesaria, por lo superflua

Paradójicamente y de otro lado, aparecen consejos, trucos y estrategias para hacer frente a las montañas de información que consumimos cada día. Leemos acerca de la gestión del tiempo, la autogestión, la gestión del correo electrónico y cómo superar la dilación, pero hacemos caso omiso de todas estas recomendaciones y seguimos el camino del “atragantamiento informático”, gracias esa enorme industria que nos incrementa la “necesidad” de información.

Yo creo que la solución no es tan simple como parece y se vuelve compleja por la presión misma del medio que te obliga a estar informado.

No basta con decir no, frente a la avalancha de información. Se requiere generar un sinnúmero de estrategias, incluyendo las del autocontrol, para no recibir la montaña de boletines por correo electrónico,  los RSS sin importancia, los “trinos” tontos y sin profundidad  y la actualización del grupo de amigos en el Facebook . Lo mismo que crear la disciplina de desconectarnos del “dispositivo inteligente” para no a estar de guardia, veinticuatro horas, al pié del teléfono móvil.

En definitiva yo creo que nos hemos vuelto adictos a la información, por la descarga hormonal que ofrece este estilo de vida acelerado, que solo proporciona información de bajo nivel creando una experiencia vacía, sin profundidad intelectual, ni emocional.

Estamos perdiendo tiempo valioso, pegados de las páginas de internet, que no aportan realmente al sagrado arte de vivir.

Lo paradójico de este acelere es que la información no va a ninguna parte; pues se queda para la posteridad en el ciberespacio. Estará allí siempre y cuando la necesites en el futuro…entonces ¿cuál es el afán? Yo creo que tiene que ver con la vanidad de ser el primero en estar enterado.

Sabemos de los beneficios físicos y mentales de decir no a los excesos; incluso si optamos por ignorarlos. Beneficios similares se pueden obtener gracias una dieta de adecuada información, como por ejemplo, seleccionar la más alta calidad de información “nutriente” para el cerebro y el alma.

Ser exigente, evitando la basura informática, al buscar información profunda, confiable y llena de contenido nutritivo.

Ahora, yo creo que la familia y la escuela, tenemos responsabilidad en esto.

Si hacemos un análisis general del contenido de la “dieta mental” de nuestros jóvenes encontraremos que está compuesta por dibujos animados, video-juegos, telenovelas, realities, videos musicales, programas de televisión y páginas de internet cargadas de información sin filtro.

Si no tenemos claro que los escándalos “venden” y  alimentan las revistas y los noticieros, seguiremos consumiendo dicha información, que debido a la inmediatez de la “chiva”, con frecuencia, carece de investigación profunda.

Yo creo que algunos sectores de los medios de información dejaron de informar, para seducir audiencias. Mientras tanto la familia va perdiendo su protagonismo, desplazada por la tecnología de los juegos de video y el computador. Los niños se atacan y se amenazan por las redes sociales o vía chat gracias a su aprendizaje en los juegos de video, las películas y la televisión, y la pareja matrimonial pierde su prestigio, seguridad y estabilidad, por las publicaciones en facebook y demás redes sociales que precipitan separaciones de pareja, como lo han demostrado estudios recientes.

Todo esto nos indica que la psicología de la humanidad,  se está enfermando por ese “vacío ciberespacial” que genera ansiedad por estar conectado.

Yo creo que es el momento de hacer un alto en el camino, para desconectarnos por un instante y recuperar nuestra vida intima y personal, pues nos estamos volviendo “obesos mentales” por nuestro afán de ser superficialmente, cibersociales.

¿Te gusta tu nombre?

Miércoles, agosto 8th, 2012

Yo creo que algunos de nosotros, tenemos la ventaja de sentir gusto por el nombre que llevamos. Pero conozco más de uno que se encuentra bastante molesto con la decisión que tomaron por él. Es un problema psicológico real cuando afecta incluso la identidad de la persona. Surge entonces la pregunta: ¿qué hacer, cuando nuestro nombre no nos gusta?

Aunque parezca curioso, no es raro encontrar este tipo de quejas, no solo frente a un psicólogo, sino frente al notario mismo y por supuesto a la Registraduría del Estado Civil. Más de un ciudadano no está contento con el nombre que porta.

El nombre tiene la importancia de la identidad y por ello, es fundamental para los padres y maestros, saber cómo enfrentar el descontento de sus hijos y alumnos al llevar un nombre que en algunos casos, no tiene tocayo o en otros, no coincide con la expectativa que tiene el niño. El nombre puede afectar su autoestima y hasta su autoeficacia.

De otro lado, en algunos niños encontramos la posibilidad de cambiar el nombre, como un juego, pues determinan, que a partir de la fecha, ya no se llamarán Federico, sino Andrés, como una manera de identificarse con un personaje en particular o porque, con ese nuevo nombre, puede ensayar nuevas conductas y darse cierto permisos, que por supuesto con su nombre original, no pueden. Muy parecido a lo que ocurre en el teatro, cuando encarnamos determinado personaje.

Pero más allá de la identidad y la personalidad que puede dar un nombre, observemos el juego del deseo de quien bautiza o nombra a un hijo. De alguna manera el nombre no le pertenece a ese niño, sino que más bien representa el deseo de quien lo bautiza. En este acto no interviene la voluntad del niño; diríamos entonces que es una victima y/o beneficiario de quien decidió por él.

¿Entonces cómo ayudar a un niño a aceptar y a querer su nombre?

En un primer lugar, tomar conciencia de lo que significa bautizar un hijo.  Pues va a llevar ese nombre durante toda la vida y esto repercutirá en su autoestima y en la aceptación en el grupo social. En segundo lugar, y aunque parece obvia la respuesta, el nombre tiene que ver con el llamado amoroso y el uso placentero del mismo, por parte de sus padres y de las personas claves de su entorno. Tercero: el tono tiene demasiada importancia y hasta los diminutivos se tornan parte del conflicto. No es lo mismo decir Ana, que Anita; Como no es lo mismo utilizar el nombre completo, sobre todo cuando se trata de castigar o regañar.

Lo mismo ocurre cuando el nombre compuesto se parte y la persona termina adoptando la identidad de uno de sus nombres; entonces responde con mayor facilidad a aquel al cual se acostumbró o lo acostumbraron. ¿Soy Juan o soy Carlos?

En definitiva, la mejor manera de ayudar a un hijo, cuando le disgusta la manera como se llama, es mostrarle el significado que su nombre tiene y la importancia de destacarse en un grupo social, por lo diferente del mismo. No al azar en el mundo público y político, el secreto está en llamarse diferente, o si no Virgilio, Belisario y Baltasar pasarían desapercibidos.

¿Donar o no donar?

Jueves, julio 19th, 2012

Yo creo que en algún momento de nuestras vidas, nos encontraremos frente al dilema de la donación de órganos para salvar la vida de algún ser querido.

Son muchas las historias de seres humanos,  quienes al necesitar con urgencia un trasplante, se han salvado gracias a la decisión de otras personas que se ha ofrecido como donantes. Sin embargo no es común escuchar lo que ocurre realmente al interior de la persona donante y de sus familias, cuando se deciden por esta opción.

La decisión de ser donante, no es fácil de tomar, más aún cuando la misma familia se opone y existen mitos y temores alrededor de este asunto, ya por el desconocimiento sobre el tema de la muerte o por el temor a las consecuencias emocionales, familiares, morales y/o espirituales.

Desde el punto de vista psicológico, donar un órgano además de significar un acto de generosidad práctica, revive el dilema moral y emocional de la pregunta: ¿por qué no  servir a alguien más, para  ayudarle a prolongar su vida?

De otro lado también representa la manera de quedarse en la tierra, pues “no muero del todo”, porque sigo viviendo en el cuerpo de otro; esto cuando se trata de donaciones en el momento de morir del donador.

La negativa de morir y “quedarse” y al mismo tiempo la necesidad de ser útil o hacer un acto de generosidad, incluso después de muerto, son muy simbólicas y tiene mucho peso a la hora de tomar la decisión de ser donante.

En una investigación realizada por la psicóloga clínica Silvia Natenson evaluando las características psicológicas que intervienen en el acto de la donación de órganos entre seres vivos encontró por ejemplo que los donantes de riñón lo hacían por amor filial 91%, amor a sí mismos 66.7%, mandatos paternos 67.7%, necesidad de protagonismo 41.7%. Dar segunda vida 50%, ideales 50%, obligación moral 50%, altruismo 50%, aceptación familiar 30%, dependencia y control 25%, ejercicio de la libertad 25%, culpabilidad 16%, e interés económico 0%. Esto significa que el abordaje psicológico se hace obligatorio antes de practicar la donación, tanto para quien dona como para quien recibe y por supuesto para las familias de los interesados.

Casi nadie está preparado para donar un órgano mientras está vivo. El cuento es otro cuando se trata de donarlo, al momento de morir, pues se tiene la vida misma, para asimilar dicho acto, ya que la decisión se tomó con plena conciencia y conocimiento de cómo se va a proceder, cuando suceda el propio fallecimiento.

Así mismo, investigadores como Pérez San Gregorio y Domínguez Roldán, entre otros, sugieren que al momento de tomar la decisión, intervienen otros factores como las variables de tipo social como la edad, el sexo, el nivel cultural, el nivel económico, la topología familiar, el concepto y temor de la muerte, la religión que se practica, la relación que se tenga con el cuerpo y la autoestima.  Así como factores como el autocontrol, la personalidad, aspectos psicopatológicos y motivaciones, la escala de valores, y la falta de información proveniente del personal médico y hospitalario.

Por esto es por lo que, tomar la decisión no es fácil y los familiares y donantes oscilan tanto entre donar o no donar.

En estos casos siempre es bueno contar con asesoría psicológica profesional y por supuesto espiritual.

Cómo dar una mala noticia

Jueves, julio 5th, 2012

Yo creo que una de las cosas más difíciles en la vida es resolver el dilema de cómo dar y/o recibir una mala noticia, sobre todo cuando se trata de diagnósticos graves o de una enfermedad terminal, e incluso cuando cómo pacientes, no deseamos que nuestra familia se entere.

El momento en el laboratorio puede ser muy estresante si negamos la verdad de la enfermedad o la muerte. Y el primer mecanismo de defensa consiste en negar la crueldad del dictamen. Entonces, pedimos cambio de laboratorio o de médico tratante, con la esperanza de encontrar una versión diferente para nuestro estado.

Realmente no es fácil recibir una noticia de este tipo, cuando está en juego nuestra vida  y por supuesto nuestro futuro; pues ninguno de nosotros está preparado para este encuentro con la enfermedad y con la muerte.

Por más preparativos que se realicen, cuando llega el momento de enfrentar el diagnóstico, todas nuestras estructuras mentales y emocionales se debilitan.

Entonces el primer paso consiste en dialogar con los más cercanos y con frecuencia, acerca del tema de la muerte y del acto de morir de los miembros del grupo familiar. Esto significa al menos tomar conciencia de la posibilidad de la muerte como algo que hace parte del inventario de la vida y que puede llegar en cualquier momento y cuando menos lo esperamos.

Segundo, “vivir para morir mañana”. Es decir, tener un proyecto de vida que permita vivir de manera organizada, para lograr al momento del desenlace final, que los asuntos pendientes sean más bien pocos o mejor: controlables.

Tercero, el intento de ocultarle a la familia la proximidad de la muerte o el comienzo de un largo periodo de enfermedad, es tiempo perdido, porque tarde o temprano se van a enterar de la situación por el paulatino deterioro de la salud o por la frecuencia con la que se visitan los médicos y los costos de los tratamientos que pronto van a afectar la economía familiar.

Cuarto. Por ello es importante tener algún tipo de seguro que cubra estos eventos dolorosos y normales de la vida.

Y Quinto practicar el arte de tomar decisiones y resolver problemas, porque es la manera de acondicionar nuestro pensamiento y nuestra emoción para enfrentar situaciones límites como estas de la enfermedad o la muerte.

Una buena comunicación con la familia siempre es más recomendable que la soledad,  porque en compañía se soporta mejor este tipo de noticias, que estando solo y angustiado. La pena, el dolor y el miedo se encaran mejor en medio de los abrazos y el apoyo de familiares y amigos.

Entonces la mejor manera, creo yo, de dar y recibir una mala noticia comienza con la certeza de que puede ocurrir, porque estamos en el campo de todas las posibilidades. Es decir, de nada sirve la negación de la realidad, empezando con la aceptación por parte de  nosotros mismos. Sin embargo es claro que no todos estamos preparados para dar y/o recibir malas noticias. Y no tenemos las palabras precisas, claras y especificas para hablar de la muerte propia o de un ser querido.

En el grupo médico además, creo que falta una buena dosis de preparación lingüística y psicológica para dar este tipo de información fatal. Así, se nos olvida que quien va a recibir la noticia, nunca espera la muerte y al menos no la acepta como algo natural y obligatorio.

Preparar el terreno, ser dulce y cariñoso así como comprensivo e incluso tolerante con la reacción del otro son elementos necesarios para dar una mala noticia.

En estos casos es importante ser empático directo y compasivo, así como transmitir seguridad y asertividad, cuidando por supuesto el vocabulario y los tiempos verbales y finalmente infundiendo esperanza.

La idea es ser amable, proporcionando incluso proximidad física, como tomar una mano, si es necesario e invertir  tiempo en explicar y en comprender.

Recordemos que la persona a la que se le da una noticia adversa, puede estar en choque, y puede que en ese momento no comprenda bien la situación, por ello es fundamental tener paciencia y conversar luego más tarde si es necesario.

En resumen procuremos ser honestos con nuestras explicaciones, el nivel de conocimiento de la situación y sobre todo con las expectativas que generemos.

¿A quién quieres más?

Martes, junio 5th, 2012

Yo creo que a propósito de la celebracion de los días del padre y de la madre, en los hijos se genera una competencia por agradar a sus progenitores en estas fechas especiales. Pero lo más curioso, es encontrar esa misma competencia entre los padres por obtener el amor de los hijos. Y con frecuencia escuchamos su angustia cuando le preguntan al niño a quien de los dos quieren más: ¿si a la mamá o al papá?

Esto, de alguna manera, demuestra la inseguridad misma en la relación que se establece con los hijos, pues no se trata de ganarse el amor de ellos, sino más bien, llenarlos de nuestro amor… por supuesto sin esperar que ello signifique que uno de los dos, padre o madre salgan ganadores.

También deja ver, la aparente rivalidad por medio de la cual, se pretende demostrar cuál de los padres es el mejor, por el tipo de afiliación, nexo o cercanía con el niño, desconociendo que el amor es fluctuante y que va mutando dependiendo de la edad y de las necesidades que tiene el menor. Es decir, habrá momentos en donde la madre se hace indispensable y otros donde el papá es el protagonista.

Así, no tiene sentido hacer la pregunta, además porque el niño siente culpa, primero, porque no tiene respuesta y segundo, porque no quiere defraudar a ninguno de los dos,menos generar polémica familiar. De otro lado los amores que se sienten son muy distintos y cada uno, padre o madre cumplen una función diferente en relación con el niño.

Entonces, sería bueno no hacer esta pregunta y más bien dedicarnos a nuestra labor de padres sin esperar reconocimiento y mucho menos “pagos” afectivos por parte de nuestros hijos. Pues las consecuencias psicológicas y emocionales pueden ser fuente de angustias, si se utilizan estos tipos de “chantajes emocionales”.

Si ya ha ocurrido y quiere enmendar el error, entonces abrace a su hijo y simplemente reitere que lo más importante es el amor que usted siente por él o por ella y que nada en el mundo hará cambiar ese sentimiento. Y enseñe que el amor que se siente por el padre, es diferente del amor que se siente por la madre y que cada amor es importante, profundo y verdadero y que se puede querer a ambos sin ninguna preferencia y que a futuro no se va volver a repetir la pregunta porque ambos papás, están seguros del amor que el niño siente por sus padres.

¿Qué digo? es diferente a ¿Cómo lo digo?, para la comunicación efectiva.

Viernes, abril 20th, 2012

Yo creo que cuando se trata de aprender a escuchar a otra persona, ocupan papeles  importantes dos aspectos distintos pero complementarios. De un lado está lo que el otro dice y del otro la manera cómo lo dice. Entonces de acuerdo con esta dicotomía, son dos las preguntas fundamentales que se nos plantean, al comprender la esencia de la comunicación entre dos seres humanos: ¿Qué es lo que dice el otro? y por supuesto, ¿Cómo lo dice?

De esta forma, aparece un nuevo protagonista en este proceso: el silencio; absolutamente obligatorio para poder escuchar. Y no se trata solo del silencio lingúistico, cuando cerramos los labios y ningún tipo de sonido sale de ellos; me refiero al silencio mental, más importante y decisivo a la hora de captar con lujo de detalles, lo que está tratando de decir mi interlocutor sin distorsionar su discurso.

Es aquí, cuando otro personaje interviene en esta obra: el lenguaje corporal, que añade el toque mágico a este encuentro. Sabemos que una imagen vale más que mil palabras y que entonces lo expresado en forma oral, se enriquece e incluso se transforma, con la participación del cuerpo. Así nuestra capacidad de escucha no se limita a los oidos o al silencio obligatorio, del que ya hemos hablado, sino a a nuestra capacidad para ver y comprender el mensaje cifrado que lanza con el cuerpo y en doble línea, quien se está expresando. Por que puede ocurrir que quien habla, tenga una intención al querer decir algo, pero su mensaje cambiar, gracias a la manera cómo lo dice corporalmente.

Por todo esto, escuchar es un arte y una habilidad que debe cultivarse, para poder distinguir el contenido del proceso; porque a veces nos quedamos en el discurso y no en sus efectos. Y quedamos presos en la forma y no en la esencia de los diálogos. En fin tanto lo que se dice y el cómo se dice…son complementarios.



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