Archivo de ‘Vida social’



El difícil arte de tomar decisiones.

Martes, mayo 7th, 2013

Yo creo que la tarea humana más compleja y difícil, es aquella relacionada con la toma de decisiones. Debido a que, según la decisión tomada, es posible cambiar el rumbo de nuestras vidas. Una decisión tomada a tiempo, tiene la virtud de la oportunidad, en tanto que si no lo hacemos en su debido momento… el Universo se encarga de tomar la decisión por nosotros.

De otro lado una decisión bien tomada supone el control y conocimiento de varios factores, entre ellos el personal; es decir el conocimiento de quien toma la decisión. Darse cuenta de qué estoy haciendo, cómo lo estoy haciendo y para qué lo estoy haciendo, es fundamental a la hora de tomar decisiones. Así como el conocimiento del entorno, el ambiente y las personas involucradas.

Entonces ¿Por qué es tan difícil tomar una decisión?

En primer lugar porque nos atemoriza el factor tiempo, en relación con la permanencia. “Hay decisiones para toda la vida”… dice la sabiduría popular y en ese sentido nos asusta la idea de la falta de reversa, si algo sale mal, con la decisión.

Segundo porque no queremos equivocarnos. El orgullo, la falta de humildad o la búsqueda de la perfección, se convierten en obstáculos al momento de tomar decisiones. No existen resultados perfectos…a menos que se tenga la capacidad de leer el futuro, y la idea en el fondo, con la vida, es jugar con el riesgo de la incertidumbre, pues para algunos, eso le da sabor a la existencia.

Tercero, porque nuestra decisión también afectará a otras personas, y ello puede generar sentimientos encontrados como la culpa y además porque nos convierte en blanco de críticas y eso preocupa a quienes viven del qué dirán. Sobre todo, si nos pasamos la vida comprando aprobación.

Y cuarto, es importante diferenciar la decisión tomada desde la emoción versus la decisión tomada desde la razón.

En muchas decisiones, la lógica debe imperar… pero en el mundo de los humanos la emoción gana la partida y nos lleva a tomar decisiones locas, atrevidas y contra todo pronóstico… como en el amor. “Pues el corazón tiene razones que la cabeza no entiende”.

Ahora lo que realmente interesa no es la decisión como tal, sino sus consecuencias. Esto significa que toda decisión debe tomarse desde varios puntos de vista y criterios, teniendo en cuenta posibles modelos que reflejen efectos futuros.

Además es gracias a la equivocación como aprendemos…pero también sabemos que hay errores fatales que no permiten la posibilidad de futuro.

Cambiar de opinión es de sabios, en virtud a que con el tiempo, vamos descubriendo nuevos elementos que nos ayudan a tomar nuevas y mejores decisiones.

Lo malo de tener éxito

Martes, marzo 19th, 2013

Yo creo que tener éxito tiene sus cosas positivas, pero al mismo tiempo, si se mira bien, puede llevarnos a la inercia y de esta forma a la falta de inventiva.

Hace pocos días, en una reunión de trabajo, escuché a uno de los jefes pronunciar esta reflexión profunda y sincera: -¡el éxito es lo peor!-Entonces desde la sabiduría que le dan los años, miró a cada uno de los asistentes con una sonrisa de satisfacción y terminó diciendo: -porque nos quita la creatividad-.

Me quedé conmovido por la solemnidad de aquel momento y pensé en lo trascendental de este comentario.  Y durante toda la semana medité en la importancia de las derrotas.

Yo creo que gracias a la adversidad, se hace posible el pensamiento creativo. Y que debido, precisamente a las situaciones de crisis, el ser humano crece en medio de los problemas y los fracasos. Cada día trae su afán, y en el balance de lo positivo y negativo, podemos capitalizar para nuestro crecimiento.

El conflicto surge, cuando nos instalamos en nuestra zona de confort y creemos que todo está dado y cumplido; entonces una especie de pereza creativa nos invade y nos anestesia todos los mecanismos de lucha y nos quedamos quietos, merced a la parálisis paradigmática. Así, cambiar se hace necesario, pero la rutina como un nuevo enemigo, nos señala el camino acostumbrado de lo fácil…sin esfuerzo. Nos aferramos a nuestros triunfos del pasado, sin descubrir que las razones de dichos éxitos pertenecen al ayer y que los logros del mañana necesitan nuevos instrumentos y estrategias.

El coraje y la pasión se recuperan cuando se enfrenta una situación límite, que nos obliga a ser creativos y que nos impulsa a recuperar lo perdido, debido a la insatisfacción.

Por eso yo creo que no es bueno dormirse en los laureles del éxito, y más bien quedar insatisfechos,  para exorcizar el demonio de la mediocridad que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos.

Un alto en el camino

Martes, noviembre 27th, 2012

Yo creo que de vez en cuando es necesario hacer un alto en el camino para descansar y si es posible, también para meditar.

Sin embargo, en tiempo de vacaciones sacamos pocos momentos para la reflexión y el análisis; pues nos dedicamos a las actividades frenéticas y comerciales de comprar regalos y elementos para las fiestas de fin de año. O nos sumergimos en el mundo placentero y corporal de la alimentación lipídica, aumentando así los niveles de colesterol con el firme propósito, pero culposo, de retornarlos a sus medidas normales; además de ingerir bebidas embriagantes, de manera obsesiva, como si se sospechara que los manantiales de alcohol se fueran a agotar en corto tiempo; dejando de lado la importancia de hallar en las vacaciones, un descanso para el cuerpo y una maravillosa oportunidad para encontrarse consigo mismo.

Entonces para  muchos, este “tiempo de descanso”, se convierte en una maratón física y emocional, obteniendo como resultado un cansancio mayor y la solicitud expresa del cuerpo, de unas vacaciones urgentes, para descansar de las mismas vacaciones.

De otro lado, la vacancia y el tiempo libre, también deben planearse, más aún cuando se realizan en familia, dado que es importante darles gusto a todos y cada uno de los miembros de la misma, debido a que por sus diferentes edades, tienen expectativas distintas.

Así planteado, el objetivo del descanso de las actividades académicas y laborales se ve alterado por la avalancha de ruido, merced a las detonaciones y a la música característica y los abusos de quienes pasados de licor, pretenden que los demás soporten sus eufóricas manifestaciones etílicas, ofendidos porque no les seguimos el ritmo.

Yo creo que festejar es importante y que agradecer por un año de trabajos y alegrías, consecuencia de los logros cumplidos, es bueno… pero es importante reconocer, que también como todo, tiene un límite.

Es fundamental, darle tiempo y espacio a la reflexión, a la calma y a la meditación para hacer un alto en el camino y evaluar de una manera juiciosa, a guisa de balance, qué se logró durante el año y qué correctivos son necesarios, para el que comienza.

Los excesos en gastos de tipo económico y los abusos en materia de alimentos y bebidas, pueden ser manejados y controlados, para realmente darle un descanso al bolsillo, que grandes compromisos tiene, a partir de enero.

O será que toda esta parafernalia navideña, es una máscara desesperada, que busca anestesiar nuestros dolores y sufrimientos; procurando por unos días en medio de bailes, piscinas, fincas y asados, inducir una amnesia, para hacernos creer en paraísos ficticios.

Decía Cicerón: “…ni aún deseándolo o ansiándolo se nos ha dado el poder de gozar de tiempo libre…” y siguiendo su pensamiento, yo creo que tenemos problemas en la administración no sólo del tiempo, sino del dinero.

Que entonces, en estas vacaciones por un momento, hagamos un alto en el camino, para reflexionar, hacer la pausa y encontrarle sentido al descanso.

¿Existe la obesidad mental?

Miércoles, octubre 31st, 2012

Yo creo que en estas épocas post-modernas, estamos inundados de información y a manera de “tentaciones”, estas “golosinas y grasas” informáticas van engordando nuestra mente.

No podemos desconocer que hace algunos años, éramos inconscientes de nuestra ignorancia, pero ahora es tiempo de despertar la conciencia para de esta forma decantar la información que consumimos día a día.

La manera como nos presentan la información, seduce y atrapa, entonces un titular bien diseñado se torna provocativo y nos obliga a leer lo que a la final no deja ser un simple comentario callejero que desata un mar de pensamientos y por supuestos malos entendidos. Lo problemático del asunto es que “atascamos” nuestras mentes indefensas con temas que se quedan sin procesar, y todo esto va causando una especie de “obesidad mental”, debido a que el cerebro queda “relleno” de información innecesaria, por lo superflua

Paradójicamente y de otro lado, aparecen consejos, trucos y estrategias para hacer frente a las montañas de información que consumimos cada día. Leemos acerca de la gestión del tiempo, la autogestión, la gestión del correo electrónico y cómo superar la dilación, pero hacemos caso omiso de todas estas recomendaciones y seguimos el camino del “atragantamiento informático”, gracias esa enorme industria que nos incrementa la “necesidad” de información.

Yo creo que la solución no es tan simple como parece y se vuelve compleja por la presión misma del medio que te obliga a estar informado.

No basta con decir no, frente a la avalancha de información. Se requiere generar un sinnúmero de estrategias, incluyendo las del autocontrol, para no recibir la montaña de boletines por correo electrónico,  los RSS sin importancia, los “trinos” tontos y sin profundidad  y la actualización del grupo de amigos en el Facebook . Lo mismo que crear la disciplina de desconectarnos del “dispositivo inteligente” para no a estar de guardia, veinticuatro horas, al pié del teléfono móvil.

En definitiva yo creo que nos hemos vuelto adictos a la información, por la descarga hormonal que ofrece este estilo de vida acelerado, que solo proporciona información de bajo nivel creando una experiencia vacía, sin profundidad intelectual, ni emocional.

Estamos perdiendo tiempo valioso, pegados de las páginas de internet, que no aportan realmente al sagrado arte de vivir.

Lo paradójico de este acelere es que la información no va a ninguna parte; pues se queda para la posteridad en el ciberespacio. Estará allí siempre y cuando la necesites en el futuro…entonces ¿cuál es el afán? Yo creo que tiene que ver con la vanidad de ser el primero en estar enterado.

Sabemos de los beneficios físicos y mentales de decir no a los excesos; incluso si optamos por ignorarlos. Beneficios similares se pueden obtener gracias una dieta de adecuada información, como por ejemplo, seleccionar la más alta calidad de información “nutriente” para el cerebro y el alma.

Ser exigente, evitando la basura informática, al buscar información profunda, confiable y llena de contenido nutritivo.

Ahora, yo creo que la familia y la escuela, tenemos responsabilidad en esto.

Si hacemos un análisis general del contenido de la “dieta mental” de nuestros jóvenes encontraremos que está compuesta por dibujos animados, video-juegos, telenovelas, realities, videos musicales, programas de televisión y páginas de internet cargadas de información sin filtro.

Si no tenemos claro que los escándalos “venden” y  alimentan las revistas y los noticieros, seguiremos consumiendo dicha información, que debido a la inmediatez de la “chiva”, con frecuencia, carece de investigación profunda.

Yo creo que algunos sectores de los medios de información dejaron de informar, para seducir audiencias. Mientras tanto la familia va perdiendo su protagonismo, desplazada por la tecnología de los juegos de video y el computador. Los niños se atacan y se amenazan por las redes sociales o vía chat gracias a su aprendizaje en los juegos de video, las películas y la televisión, y la pareja matrimonial pierde su prestigio, seguridad y estabilidad, por las publicaciones en facebook y demás redes sociales que precipitan separaciones de pareja, como lo han demostrado estudios recientes.

Todo esto nos indica que la psicología de la humanidad,  se está enfermando por ese “vacío ciberespacial” que genera ansiedad por estar conectado.

Yo creo que es el momento de hacer un alto en el camino, para desconectarnos por un instante y recuperar nuestra vida intima y personal, pues nos estamos volviendo “obesos mentales” por nuestro afán de ser superficialmente, cibersociales.

Ámame cuando menos lo merezca…

Martes, septiembre 25th, 2012

Yo creo que nada de lo que sucede, sucede porque si. En cada situación de la vida nos enfrentamos con elementos significativos, que toman importancia, sólo cuando nos detenemos a observarlos. Nada sucede al azar, cada evento, cada situación tiene una razón, aunque oculta para algunos, que tiene como objetivo ayudarnos a aprender, y por supuesto a re-descubrir nuestra misión en la tierra.

Yo creo que se resucita, cuando al tocar fondo, el impulso del golpe nos hace salir a flote. Al bajar a los infiernos de nuestros fantasmas y temores, y encontrarnos cara a cara con la realidad de nuestros miedos, surge de entre la bruma de las tinieblas, la luz esperanzadora de la nueva oportunidad, de la puerta que se abre, de la ventana generosa que muestra un nuevo amanecer. Sin embargo,  para ello se requiere un tipo de mirada especial.

Creo que la vida está llena de experiencias buenas y dolorosas y que a veces nos toma por sorpresa y sentimos que no estamos preparados para la confrontación. Pero precisamente de eso se trata: entender que cada alma tiene marcado su destino y que frente a la circunstancias adversas, la calma, la creatividad, la esperanza, la fe y la recursividad son nuestras aliadas certeras, para salir adelante.

Creo que cuando se trata de compartir con otros seres humanos, puedo afirmar que nada me asombra de su naturaleza, pues todo, en el campo de todas las posibilidades, puede suceder y es nuestra tarea, observar sin juzgar, pues soy parte de los demás y el otro de alguna forma es mi espejo.

Así, yo creo que por malas que sean las conductas de los demás y que, adicionalmente algunas de ellas nos hagan daño, es cuando más amor y perdón necesitamos prodigar a esos agresores y por supuesto a nosotros mismos.

El proverbio chino: “ámame ahora, cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito” muestra claramente la importancia de abrazar la fragilidad de la naturaleza humana, pues al sentirnos culpables, asustados o poco merecedores, es cuando más necesitamos del amor incondicional de nuestros seres queridos y de su abrazo sincero y reconfortante, para recobrar la fé perdida en nosotros mismos y de esta forma, vivir la resurrección.

¿Te gusta tu nombre?

Miércoles, agosto 8th, 2012

Yo creo que algunos de nosotros, tenemos la ventaja de sentir gusto por el nombre que llevamos. Pero conozco más de uno que se encuentra bastante molesto con la decisión que tomaron por él. Es un problema psicológico real cuando afecta incluso la identidad de la persona. Surge entonces la pregunta: ¿qué hacer, cuando nuestro nombre no nos gusta?

Aunque parezca curioso, no es raro encontrar este tipo de quejas, no solo frente a un psicólogo, sino frente al notario mismo y por supuesto a la Registraduría del Estado Civil. Más de un ciudadano no está contento con el nombre que porta.

El nombre tiene la importancia de la identidad y por ello, es fundamental para los padres y maestros, saber cómo enfrentar el descontento de sus hijos y alumnos al llevar un nombre que en algunos casos, no tiene tocayo o en otros, no coincide con la expectativa que tiene el niño. El nombre puede afectar su autoestima y hasta su autoeficacia.

De otro lado, en algunos niños encontramos la posibilidad de cambiar el nombre, como un juego, pues determinan, que a partir de la fecha, ya no se llamarán Federico, sino Andrés, como una manera de identificarse con un personaje en particular o porque, con ese nuevo nombre, puede ensayar nuevas conductas y darse cierto permisos, que por supuesto con su nombre original, no pueden. Muy parecido a lo que ocurre en el teatro, cuando encarnamos determinado personaje.

Pero más allá de la identidad y la personalidad que puede dar un nombre, observemos el juego del deseo de quien bautiza o nombra a un hijo. De alguna manera el nombre no le pertenece a ese niño, sino que más bien representa el deseo de quien lo bautiza. En este acto no interviene la voluntad del niño; diríamos entonces que es una victima y/o beneficiario de quien decidió por él.

¿Entonces cómo ayudar a un niño a aceptar y a querer su nombre?

En un primer lugar, tomar conciencia de lo que significa bautizar un hijo.  Pues va a llevar ese nombre durante toda la vida y esto repercutirá en su autoestima y en la aceptación en el grupo social. En segundo lugar, y aunque parece obvia la respuesta, el nombre tiene que ver con el llamado amoroso y el uso placentero del mismo, por parte de sus padres y de las personas claves de su entorno. Tercero: el tono tiene demasiada importancia y hasta los diminutivos se tornan parte del conflicto. No es lo mismo decir Ana, que Anita; Como no es lo mismo utilizar el nombre completo, sobre todo cuando se trata de castigar o regañar.

Lo mismo ocurre cuando el nombre compuesto se parte y la persona termina adoptando la identidad de uno de sus nombres; entonces responde con mayor facilidad a aquel al cual se acostumbró o lo acostumbraron. ¿Soy Juan o soy Carlos?

En definitiva, la mejor manera de ayudar a un hijo, cuando le disgusta la manera como se llama, es mostrarle el significado que su nombre tiene y la importancia de destacarse en un grupo social, por lo diferente del mismo. No al azar en el mundo público y político, el secreto está en llamarse diferente, o si no Virgilio, Belisario y Baltasar pasarían desapercibidos.

¿Donar o no donar?

Jueves, julio 19th, 2012

Yo creo que en algún momento de nuestras vidas, nos encontraremos frente al dilema de la donación de órganos para salvar la vida de algún ser querido.

Son muchas las historias de seres humanos,  quienes al necesitar con urgencia un trasplante, se han salvado gracias a la decisión de otras personas que se ha ofrecido como donantes. Sin embargo no es común escuchar lo que ocurre realmente al interior de la persona donante y de sus familias, cuando se deciden por esta opción.

La decisión de ser donante, no es fácil de tomar, más aún cuando la misma familia se opone y existen mitos y temores alrededor de este asunto, ya por el desconocimiento sobre el tema de la muerte o por el temor a las consecuencias emocionales, familiares, morales y/o espirituales.

Desde el punto de vista psicológico, donar un órgano además de significar un acto de generosidad práctica, revive el dilema moral y emocional de la pregunta: ¿por qué no  servir a alguien más, para  ayudarle a prolongar su vida?

De otro lado también representa la manera de quedarse en la tierra, pues “no muero del todo”, porque sigo viviendo en el cuerpo de otro; esto cuando se trata de donaciones en el momento de morir del donador.

La negativa de morir y “quedarse” y al mismo tiempo la necesidad de ser útil o hacer un acto de generosidad, incluso después de muerto, son muy simbólicas y tiene mucho peso a la hora de tomar la decisión de ser donante.

En una investigación realizada por la psicóloga clínica Silvia Natenson evaluando las características psicológicas que intervienen en el acto de la donación de órganos entre seres vivos encontró por ejemplo que los donantes de riñón lo hacían por amor filial 91%, amor a sí mismos 66.7%, mandatos paternos 67.7%, necesidad de protagonismo 41.7%. Dar segunda vida 50%, ideales 50%, obligación moral 50%, altruismo 50%, aceptación familiar 30%, dependencia y control 25%, ejercicio de la libertad 25%, culpabilidad 16%, e interés económico 0%. Esto significa que el abordaje psicológico se hace obligatorio antes de practicar la donación, tanto para quien dona como para quien recibe y por supuesto para las familias de los interesados.

Casi nadie está preparado para donar un órgano mientras está vivo. El cuento es otro cuando se trata de donarlo, al momento de morir, pues se tiene la vida misma, para asimilar dicho acto, ya que la decisión se tomó con plena conciencia y conocimiento de cómo se va a proceder, cuando suceda el propio fallecimiento.

Así mismo, investigadores como Pérez San Gregorio y Domínguez Roldán, entre otros, sugieren que al momento de tomar la decisión, intervienen otros factores como las variables de tipo social como la edad, el sexo, el nivel cultural, el nivel económico, la topología familiar, el concepto y temor de la muerte, la religión que se practica, la relación que se tenga con el cuerpo y la autoestima.  Así como factores como el autocontrol, la personalidad, aspectos psicopatológicos y motivaciones, la escala de valores, y la falta de información proveniente del personal médico y hospitalario.

Por esto es por lo que, tomar la decisión no es fácil y los familiares y donantes oscilan tanto entre donar o no donar.

En estos casos siempre es bueno contar con asesoría psicológica profesional y por supuesto espiritual.



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