Miran el cielo con distintos ojos

12:29 pm Publicaciones El Colombiano

En la región y el país proliferan las religiones. La libertad de cultos está consagrada en la Constitución Nacional de 1991. Minoritarias, con sus creencias bien definidas, las comunidades que las integran están convencidas todas de su veracidad, aunque a los practicantes de las religiones mayoritarias no convencerían sus doctrinas.

Algunos de los numerosos cultos que conviven bajo el mismo cielo, aunque mirándolo de manera diferente cada una, se exhiben en estas páginas. Si bien no alcanzaríamos a agotar sus vastas estructuras y doctrinas, presentamos algunos aspectos de sus creencias y de su vida cotidiana.

***

 

Itinerario de un hijo de Krishna

Krishna Pramana, antes Sergio, se levanta todos los días a las 3:00 de la madrugada. No es campesino. Su lugar de habitación está en pleno corazón de Medellín. Es un fervoroso vaishnavista, director del Centro Govindas, y debe alabar a Krishna desde temprano; pedirle sabiduría. A esa hora, Boyacá con Carabobo no es el hervidero que es en el día, sino quieto y oscuro. Acaso vaga sin rumbo uno que otro drogo por esas calles, y los gamines duermen con un ojo cerrado y el otro abierto, como es debido.

Krishna Pramana es director de Govindas, en Medellín. Foto: Jaime Pérez

Pramana se baña con agua fría y viste su dothi y su kurta, como les dicen al pantalón y a la camisa, ambos color azafrán; saluda a los otros quince religiosos que viven allí y, como ellos, se postra ante el altar y se entrega a la meditación: canta.

Hasta hace dos años y medio, cuando era Sergio, era estudiante de música de Eafit. Desde entonces sus amigos ya veían su inquietud espiritual, que no había llevado aún sus pasos al estudio de la filosofía védica. Nació en Medellín, en un hogar católico, pero se sentía vacío. Incluso, deprimido. No sabía qué le pasaba. Llegó al centro Govindas a practicar yoga y, allí, en ese sitio que también es templo, encontró más respuestas que jamás en la vida y, casi sin darse cuenta, resultó quedándose.

Hoy, con menos de 25 años de edad, es el director del lugar, como una suerte de papá que está pendiente de las realizaciones espirituales y presto a resolver las inquietudes de hombres y mujeres que, en muchos casos, son mayores que él. En casa respetan sus búsquedas y creencias. A veces, su mamá y sus hermanos llegan al centro a escuchar alguna conferencia. Por influencia suya, ella es vegetariana. Esas ideas de que los humanos no debemos causar dolor a otro ser vivo para obtener la proteína y de que la carne entra en el cuerpo humano y, en ese recorrido extenso por el intestino grueso alcanza a podrirse y, a la larga, causar cáncer, la convencieron.

Entre los vaishnavistas, mal llamados harekrishnas, hay cuatro órdenes monásticas: Brahma Caria, compuesta por estudiantes célibes que se dedican por completo al desarrollo espiritual; Grihastra, por aquellas personas que optan por llevar una vida familiar, para levantar hijos en la sabiduría védica; Brahma Prasta, por esas que tienen hijos grandes y ya quieren separarse un poco del hogar para dedicarle cada vez más tiempo a la vida espiritual, peregrinando por los templos, y Sanyasi, los renunciantes, que deciden liberarse de los apegos materiales, como las mujeres y las drogas.
Pramana hace parte del primer grupo.

Sacerdote vaishnavista. Foto: Jaime Pérez

Después de esa primera meditación, ve cerrar el altar a las 5:00 de la mañana y a esa hora, como los demás habitantes del centro, busca un lugar en el amplio salón del tercer piso, por cuya vidriera se ve el atrio de la iglesia de la Veracruz, y “comienzo la hora de las yapas”. Su canto es música conocida en todo el mundo.

Hare Krishna Hare Krishna
Hare Krishna Hare Hare
Hare Krishna Hare Rama
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare.

Este mantra o maha mantra, como él y los demás integrantes de su credo la llaman, quiere decir, palabras más, palabras menos: “oh, mi Señor, déjame ser instrumento de tu amor”. Es sánscrito el idioma en que basan su credo; es muy musical.

Como vashnavista, tiene la obligación de repetir 1.728 veces al día ese canto completo y es preciso empezar temprano. Son 16 rondas de su yapa, una camándula de 108 cuentas alargadas, que mantienen todos los de su credo en una bolsita de tela que les cuelga al cinto.

Asiste luego a una clase sobre el Bhagavatam, “que da herramientas para la autorrealización”.

Cuando abren el altar, a las 8:00, trata de adelantar otras yapas, para ir sumando cantos a esa empinada cifra.

Solo accede a tomar el prashada, “el alimento ofrecido a Dios”, a las 8:30. Está constituido por vegetales, pan, granola, fruta o arroz con vegetales y néctar.

A partir de ese momento queda a disposición de los proyectos del centro y listo para atender a los visitantes.

Afuera, en ese cruce de calles y en el atrio de la Veracruz, la agitación empieza. Se instalan las prostitutas de breves trajes y los vendedores ambulantes; se forman tumultos de transeúntes que van y vienen; y se elevan en el aire los olores del esmog, así como los rugidos de los motores de mil autos y los ruidos de sus frenos y sus bocinas. Adentro, el centro Govindas también comienza a llenarse de gente. Devotos o visitantes aficionados a la filosofía védica colman el espacio. Cantan, hablan. Los primeros con sus vestimentas uniformes que significan el desapego a las cosas materiales, “que mantenemos ajenos a la vanidad de las modas y las marcas”, y con sus cabezas rapadas, salvo por una colita en el occipital “que se llama sika, la cual da a entender que uno sigue a un maestro”.

De vez en cuando oye el sonido aflautado de una caracola y siente que se intensifica el olor de aromas orientales. Ese instrumento es sonado de vez en cuando por un sacerdote que da vueltas alrededor del altar. “Es para limpiar el eter”, es decir, el ambiente, que se va llenando de impuresas.

El almuerzo, a las 2:00, también llamado prashada, es ensalada, un vegetal que puede ser papa, coliflor, yuca o zanahoria cocidas, arroz, a veces sopa y néctar.

A las cuatro asiste a una clase de Rupá Goswami, nombre de un escritor y gurú de la India que vivió entre los siglos XV y XVI y transmite las enseñanzas del señor de Chaitanya, una de las encarnaciones de Vishnu, cuya imagen está en el altar. Son lecciones encaminadas a conseguir el control de los sentidos y de los impulsos del cuerpo. La líbido y otros apetitos de la carne que “nos distraen del camino”.

700 personas profesan el vaishnavismo en Medellín. Foto: Jaime Pérez

Es raro que no salga a las calles con los demás, a las 5:00 de la tarde, a hacer el Harinam: a cantarle a Krishna, el ladrón de corazones. “Es un deber nuestro hacer limpieza del ambiente de la ciudad con nuestros cantos y difundir las enseñanzas védicas”. Es también la oportunidad para invitar a la gente a que acuda al centro a escuchar alguna conferencia.

A su regreso abren nuevamente el altar para hacer diversos cantos, antes de empezar la clase sobre el Bhagavad Gita. A esa hora son las conferencias abiertas al público, en las que hablan sobre el karma, la meditación, el yoga y las filosofías de la India. La prashada que sirven a esta hora, no antes de las 7:30, es para todos, propios y extraños, sin cobrarles un solo peso.

A Krishna Pramana le pueden dar las 10:00 revisando correos, estudiando su maestría de musicoterapia y, si le han faltado cantos del maha mantra, terminarlos antes de acostarse.

“Nosotros observamos cuatro principios: el vegetarianismo, la negación al sexo ilícito, a los juegos de azar y a intoxicar el cuerpo con sustancias como el alcohol o las drogas. Sin embargo, por ignorancia, algunas personas que nos ven y oyen en las calles, nos preguntan a veces si estamos drogados”.

***

 

“Sin Allah, nadie es nada”

Haga lo que haga, Arif suspende sus labores a la hora de la oración. En un aeropuerto, en un centro comercial, en una vía pública. Así la gente mire con rareza a ese hombre de túnica, descalzo y postrado, hablando o cantando algunas frases en árabe. Por eso no es raro que ahora que llegamos a visitarlo en su almacén de alfombras, pleno mediodía, nos digan que está encerrado en la mezquita.

Mohamed Arif. Foto Julio César Herrera

Esta es un cuarto de tres por tres metros, separado de la tienda, cuyas paredes están decoradas con pendones en los que se leen oraciones escritas en árabe y español, y con un retablo blanco conformado por cinco relojes, uno para cada una de las plegarias del día; el suelo está aislado con varios tapetes rectangulares, puestos de forma diagonal con respecto a la puerta de entrada, porque no siguen la geometría del cuarto sino que están situados en dirección a La Meca, y el techo, una loza plana, sostiene una larga lámpara de tubos de neón.

Mohamed Arif ya está descalzo, en medio de la mezquita. Tiene un gorro blanco en la cabeza. El de oración, Hoy, extrañamente, no viste su túnica, como le indica el Corán, tercer libro que rige a los de su credo, el islámico —los otros dos son los que conforman los dos testamentos de la Biblia—, y el que les indica, como un manual, los asuntos grandes y pequeños de la existencia: cómo debe ser la vida de familia, las relaciones de padres e hijos, la sexualidad, el vestido, el baño, la comida… Con las manos en los oídos, canta en voz alta los tres llamados que preceden la oración. “Allah jo akbar” y otras frases con las cuales quiere decir: “Allah es grande. Yo soy testigo de que hay un solo Dios. Yo soy testigo de que Mohamed es mensajero de Dios. Que vengan para la oración. Vengan para la salvación. Vengan para el éxito. Allah es grande y es el único para adorar”.

De cuanto sale de sus labios en adelante no se oye más que el siseo de quien reza articulando las palabras, pero sin emitir sonido. Lo vemos arrodillarse, postrarse por momentos con la frente contra la alfombra, ponerse de pie. Con los ojos cerrados y las manos unidas casi todo el tiempo.

300 musulmanes hay en Medellín. La mayor parte, conversos. Foto: Julio César Herrera

Media hora después, termina la oración. Se calza, se quita el gorro y sale al almacén. Nos sentamos en una sala cercana a la puerta de la calle. Dice que suele reunirse con otras personas de su credo a rezar, porque la oración en conjunto vale más que la individual, como le tocó hacer hoy.

Comenta que llegó a Colombia siguiendo los pasos de su hermano, Nawaz, quien fue cónsul de Pakistán y estableció primero el negocio de los tapetes en la isla de San Andrés. Cuando, en el Gobierno de César Gaviria, se impulsó la apertura económica, pudo abrir almacenes en otras ciudades, entre ellas Medellín, donde Arif ha permanecido.

Cuenta que los hombres musulmanes llevan la barba con orgullo, porque todos los profetas que ellos reconocen, Adán, Abrahán, Noé, Moisés, David, Jesucristo, Mohamed (Mahoma) tuvieron barba. Es lo que distingue a los hombres de las mujeres, como la melena distingue a los leones de las leonas. Que cuando Adán pidió a Dios que le diera un poco más de elegancia, Él dijo: “hagámosle barba”.

Arif asegura que jamás ha tomado licor porque el Corán lo prohibe, lo mismo que venderlo u ofrecerlo. Que los mismos musulmanes sacrifican los animales que comen, porque es preciso hacerlo en nombre de Allah —Bismila ji-Allah ja akbar—, y degollándolo; no de otra manera.

“Los primeros tres años de mi estadía en Colombia, no pude comer carne. No sabía dónde conseguir los animales vivos. Luego aprendí que en las plazas de mercado venden pollos y que en algunas fincas venden reses o corderos”. Son solidarios entre los amigos. Los domigos, uno de ellos sacrifica 20 pollos, el otro un cordero, el tercero una res, y reparte carne entre los demás, para algunos días.

Los viernes es el día dedicado a Allah. Tienen establecido que hasta el mediodía descansan y van a la mezquita comunitaria, la de Belén, a escuchar la palabra del maulana o líder espiritual, el libanés Ahmad Dazuki, “un verdadero sabio, a quien quiero mucho”. No es una misa; es una charla. Después del almuerzo, van a trabajar.

Arif cuenta que además de admiración a Allah, las oraciones también tienen un espacio de súplica, para pedir lo que necesita. Que él todo, todo se lo pide a Allah: hasta los cordones de sus zapatos, si le hacen falta. “Porque sin Él, nadie es nada”.

***

 

La plegaria de los hijos de Israel

El rabino Paul Heller Pop llega antes de las 7:00 de la mañana a la sinagoga. Viste su talit por encima de su traje de ejecutivo y corona su cabeza con el kipá o solideo. “Solideo quiere decir solo Dios”. Así, queda listo para esperar a los integrantes de su comunidad, que llegan de diversos sitios de la ciudad a realizar la oración. Rezarán la plegaria de las 18 bendiciones.

Unas 150 familias de religión judía hay en el Valle de Aburrá. 50 están en Bello. Foto: Julio César Herrera

Adonai, abre mis labios, y mi boca dirá Tu alabanza.

Ese sitio de culto es un salón habilitado para unas 50 personas, pero no siempre se llena porque la gente debe trabajar y está sujeta a horarios. Se ve colmado más que todo en la celebración del Sabbat, para la cual se reúnen el viernes después de las seis de la tarde o cuando haya al menos tres estrellas en el firmamento, y más aun en las celebraciones del Ion Kipur o Día del Perdón, y el Januca…

Bendito eres Tú, Adonai nuestro Dios y Dios de nuestros padres, Dios de Avraham, Dios de Itzjak y Dios de Iaacov, el Dios Grande, poderoso y temible, Dios ensalzado, que otorga generosas bondades, que lo crea todo, que recuerda la devoción de los Patriarcas, y que, por amor, trae un salvador a los hijos de sus hijos(…)

Estamos en el año 5773, explica el rabino. Son los años contados a partir de la creación de Adán y Eva, los primeros seres humanos que poblaron la Tierra, según la Torá, que es el mismo libro del Pentateuco. Adán y Eva aparecieron en el Paraíso cuando tenían unos veinte años de edad.

Rey, [Tú eres] ayudante, salvador y escudo. Bendito eres Tú Adonai, Escudo de Avraham.
Tú eres poderoso eternamente, Adonai; Tú resucitas a los difuntos; eres poderoso para salvar.

“La sinagoga también se ve colmada en el Rosh Hashaná”, el primer día del año judío. Es el Día del Juicio, pero no del Jucio Final. El actual año judío comenzó al atardecer del 16 de septiembre de 2012 y finalizará el 4 de septiembre de 2013.

Él sustenta a los vivientes con amorosa bondad, resucita a los difuntos con inmensa misericordia, sostiene a los que están cayendo, cura a los enfermos, libera a los atados y cumple Su promesa hacia los que duermen en el polvo (…)

A las 7:00, una decena de hombres mayores llega a la sinagoga para la oración. Como el rabino, cada uno de ellos cubre su traje de calle con el talit y su cabeza con el solideo.

Mientras el religioso se sitúa en una plataforma ubicada en la mitad del recinto, ellos se sientan en cómodos sillones que hay a los lados, abren la tapa de un pequeño mueble situado frente a cada asiento y al cual llaman púlpito y extraen el libro de oraciones. El rabino no les habla de frente. Él, como los demás, miran el sitio donde está guardado el Arca de la Alianza, en dirección a Jerusalén.

Tú eres fidedigno en [que harás] resucitar a los difuntos. Bendito eres Tú Adonai, que resucita a los difuntos.

En esas ocasiones en que el recinto se llena, el rabino no se sitúa en medio de la multitud, sino junto al Arca.

Foto: Julio César Herrera

Unas cien familias

En su oficina, las paredes están colmadas de libros santos. Son ejemplares de lujo, algunos de ellos con letras doradas en lengua hebrea en el lomo. Volúmenes que el religioso permanece estudiando, leyendo, obviamente, de derecha a izquierda. Sentado tras un escritorio de madera, el rabino Paul Heller Pop cuenta que las primeras llegadas masivas de judíos a Colombia sucedieron hace unos 81 años, después de la Primera Guerra Mundial. Que muy pronto se integraron a la cultura de Medellín, en la que congeniaron por la vocación de negociantes que comparten.

Recógenos desde los cuatro rincones del mundo a nuestra tierra. Bendito eres Tú Adonai, que reúne a los dispersos de Su pueblo Israel.

Hasta principios del decenio de 1980 tuvieron la sinagoga en la Plaza de Zea, a la que acudían más de doscientas familias. En las intempestivas explosiones de bombas y en las balaceras de la guerra del Cartel de Medellín, murieron algunos de quienes habían migrado de Europa y Asia a nuestra ciudad. Por miedo, al menos la mitad de esas familias se fue del país.

Haz sonar el gran shofar para nuestra libertad; iza un estandarte para reunir a nuestros exilados, y recógenos desde los cuatro rincones del mundo a nuestra tierra. Bendito eres Tú Adonai, que reúne a los dispersos de Su pueblo Israel.

El rabino Paul Heller Pop siempre ha pertenecido a la religión judía. De padres alemanes y bautizados en esa fe, pero poco practicantes, nació en Bogotá y allá vivió mucho tiempo. Estudió odontología. Y tuvo su consultorio en la capital hasta que llegó la Ley 100 y con ella el fin de los consultorios particulares. Él decidió entregarse a la devoción por completo. Cursó los cuatro años básicos de seminario y los cinco de especialización, estudios que se centran en la Torá —el Pentateuco o los cinco libros de Moisés—, que constituye la ley escrita, y el Talmud, que es la oral, especialmente las oraciones y plegarias.

Que no haya esperanza para los delatores, y que todos los herejes y todos los malvados perezcan instantáneamente; que todos los enemigos de Tu pueblo sean rápidamente extirpados; y que desarraigues, rompas, tritures y subyugues el reinado de la iniquidad rápidamente en nuestros días. Bendito eres Tú Adonai, que quebranta a los enemigos y subyuga a los inicuos.

Rabino Paul Heller Pop. Foto Julio César Herrera

“Los mandamientos que trajo consigo Moisés escritos en las tablas, después de su segundo ascenso al Monte Sinaí, fueron 613”.

En ese predio donde están su oficina y la sinagoga —aledaña a Casa Martínez, el negocio de eventos y banquetes, cuyo local es propiedad de los judíos y de cuyo alquiler se sostiene esta comunidad—, hay un baño de inmersión para la purificación de las mujeres después de la menstruación. “Un baño de esta índole se surte con agua natural; no del acueducto. En este caso es de la lluvia —explica el líder espiritual—. Después de la purificación, lo que sigue entre hombre y mujer es como una luna de miel, que se prolonga por unos doce días”.

Haz que el vástago de David, Tu servidor, florezca rápidamente, e incrementa su poder mediante Tu salvación, pues a Tu salvación ansiamos todo el día.

“Los judíos de Medellín somos de la rama conservadora”. Hay otras dos ramas, la ortodoxa y la reformista. Ninguno de ellos ha sufrido discriminación en Medellín. Y si en ciertos momentos de la historia de la humanidad, algunos los han rechazado sindicándolos de haber matado a Jesucristo, eso ya pasó. Especialmente, desde que el Papa Juan Pablo II “nos llamó a los judíos hermanos mayores”. Los judíos no esperan la venida del Mesías, porque “Dios es uno y no se puede hacer hombre”.

¿Es la suya una religión triste? Le pregunto. “No —me contesta casi sin pensar—. Precisamente uno de nuestros mandatos es el de servir a Dios con alegría. Nuestra función es consolar y hacer ver que hay que sobreponerse con sabiduría al dolor y las cosas que ocurren, aunque no las entendamos. Nos ocurren tragedias, les digo, pero pasar por este mundo es poco a comparación de la eternidad, del infinito, donde todo será bienestar. Más que esperar la resurrección, esperamos la vida eterna.

Dios mío, cuida mi boca del mal y mis labios de proferir engaño. Haz que mi alma permanezca en silencio frente a los que me maldicen; que mi alma sea para todos cual polvo (…)

***

 

Los seguidores de Elohim

Con todo lo que se habla de los raelianos, que entienden la ciencia como su religión, uno, cuando va a encontrarse con ellos, cree que hallará, no digo científicos, pero sí personas inquietas por el conocimiento. Seguidores de textos de divulgación científica. Pero no hay tal. Son personas como usted y como yo, que abandonaron sus creencias iniciales, católicas las más de ellas como es de esperarse en nuestro medio, y aceptan como ciertas unas verdades que ellos mismos no han sometido ni pueden someter al método científico: observación, experimentación y comprobación: que los seres humanos y todas las criaturas vivientes de la Tierra son producto de experimentos de extraterrestres a quienes llaman Elohim.

Grupo de raelisnos en el sitio de reuniones y de meditación, en su finca de San Vicente, Antioquia. Foto: Julio César Herrera

En una finca de San Vicente, en el Oriente antioqueño, media docena de personas nos esperan. No están desnudos, como muchos apostarían. Una mujer viste una camiseta con el letrero: «Diseño inteligente. Dios no existe». Y sobre su pecho cuelga una medalla de dos triángulos entrelazados formando una estrella, lo mismo que algunos de los demás. A unos 50 metros de la casa hay una extraña construcción de forma circular, de unos setenta metros de diámetro, con algunos largueros y travesaños en el techo, pero sin tejado. “¿Será ese, acaso, el ovniódromo del que hablan? ¿Habrán aterrizado ya en él algunas naves espaciales?”, se pregunta uno.

En una de las paredes de una vieja casa blanqueada con cal, hay un letrero: «Considera todas las cosas naturales como un arte y cada arte como una cosa natural»: Rael.

Rael es el nombre nuevo de Claude Vorilhon, francés nacido en 1946, exeditor de una pequeña revista de automovilismo, deporte que él también practicaba. Él contó y sus seguidores lo repiten, que fue abducido dos veces —1973 y 1975— por alienígenas, quienes lo llevaron a un planeta distante y desconocido, y le revelaron que los seres humanos y todas las formas de vida en la Tierra son producto de experimentos de extraterrestres de la civilización de los Elohim.

30 raelianos activos hay en Antioquia. Simpatizantes, unos 300. Foto: Julio César Herrera

“Esa medalla simboliza el infinito y el bienestar —explica Óscar Orozco, el Guía Regional, quien también la porta. Él es un comerciante independiente, esposo de Berta. Ambos decidieron donar al movimiento raeliano una de sus fincas, en la que conservan su casa de habitación.— Lo que es arriba es abajo y lo que es abajo es arriba. —Óscar dirige nuestros pasos hacia una sección de la estancia que tiene la puerta cerrada. Mientras la abre, dice:— tenemos la suerte de contar con la presencia de nuestro amado Guía Nacional”.

Las personas que había fuera de la casa, entran conmigo. En el interior, un hombre vestido de blanco de pies a cabeza, con una indumentaria que recuerda un kimono, y con la medalla, está sentado en una silla de mimbre que lo hace ver como en un trono.

“Soy Alan Rojas —dice—. Explica que la medalla se llama esvástica, pero no menciona que esta, la esvástica, está en el centro de la Estrella de David, formada por los dos triángulos. Simbolo adoptado por el automovilista para identificar a los de su movimiento.

El Guía Nacional, un comercializador de productos, me hace prometer que en el artículo no llamaré secta al raelianismo.

Una chica vestida de azul, cuenta que su nombre es Diana Sánchez, pero que en el grupo le dicen Natasha. Es estudiante de inglés y desde hace cinco años es raeliana, atraída por la armonía y el mensaje.

Berta cuenta que lleva ocho años en el movimiento. Que comenzó en Cartagena, al lado de Óscar, su compañero, siguiendo las enseñanzas de “un muchacho que nos hablaba sobre cosas raras, que íbamos comparando con la Biblia. Siempre he sido rebelde; desde niña. Nunca me puse de rodillas en misa y no quise ni siquiera casarme jamás. No veía la razón de nada”.

Teodulio Henao, un anciano que lleva trece meses en el credo, dice que siempre lo han atraído los extraterrestres. “Espiritualmente me hacía falta algo y aquí lo encontré”.

Óscar cuenta que antes de ser raeliano fue gnóstico, testigo de Jeová y taoísta. Como raeliano, fue Guía Regional de Bolívar.

Y Alan, por su parte, dice que fundó el raelianismo en Colombia hace 23 años. Antes de eso, anduvo por varios grupos, como Óscar; hasta anduvo con los “Hare Krishna”.

“Inicié en Bogotá, solo. Era duro salir en Semana Santa, pararme a un lado de la procesión con una pancarta en la que se leía: «Despierta. Dios no existe». Los policías me acosaban y trataban de obligarme a quitar el letrero porque, según decían, estaba ofendiendo a la multitud. ‘¿Y no creen que ellos también me están ofendiendo a mí?’, les preguntaba”.

Alan ha adelantado mil batallas contra el Estado, “todas perdidas”. Una, para que la Policía quitara de su escudo las palabras «Dios y Patria», con el argumento de que debe cuidar a todos por igual a la población, no solo a quienes reconocen la existencia de Dios. Después, la Constitución Nacional, la cual también invoca la «protección de Dios». Y en los colegios donde estudian sus hijos, “para que no les enseñen religión o para que se las enseñen todas”…

Para ser raeliano es preciso redactar un acta de apostasía, en la que expresamente y con firma, manifiesten la intención de renunciar a la religión que se ha tenido y enviarla a la Arquidiósesis o a la autoridad de cada iglesia.

El hombre de la silla de mimbre se sumerge en un monólogo en el que cuenta que ellos, los raelianos, rechazan las teorías creacionista y evolucionista.

Sostienen, eso sí, que los textos bíblicos, especialmente los del Antiguo Testamento, aluden a esos seres extraterrestres que, reitera, crearon las formas de vida terrestre. “En la Biblia, en ninguna parte aparece la palabra Dios —asegura el Guía Nacional—. Dice Elohim, que en hebreo quiere decir «aquellos que vinieron de los cielos», pero fue traducida como Dios”.
Responsabilidad, no violencia, respeto absoluto de la vida y tolerancia son los “mandamientos” o deberes de los raelianos.

“Claro que yo sigo abierto —dice al final de su exposición, en la que también explica una ‘revolucionaria’ plataforma política, que incluye la geniocracia o el poder para los genios y la que las empresas licoreras se encarguen de costear su “desastre social”—. Si ahora alguien llegara con una explicación mucho más convincente sobre el origen del hombre y de la vida que la raeliana, le diría: ‘estoy para servirle’”.

Después de esto salimos al campo. Nos dirigimos a la extraña construcción circular, también de paredes blancas.

En el camino, Óscar, el Guía Regional, revela que ellos evitan el alcohol. Pero afirma que las personas tienen total libertad para hacer de su cuerpo lo que deseen. Permiten la homosexualidad, el sexo extramatrimonial, la poligamia y la poliandría. “Usted puede ser polígamo, siempre y cuando nadie salga lastimado. Es decir, si una de las mujeres no está conforme, debe disolver la relación con ella para que no haya sufrimiento. El propósito de nuestra estancia en la Tierra es ser felices”.

Cuenta que a veces están desnudos en la finca y eso les ha costado llamadas a la Alcaldía, porque los vecinos ponen el grito en el cielo, pero no pasa de una charla con el Alcalde, porque no están haciendo nada ilícito.

“No, no es un ovniódromo —explica Óscar, el Guía Regional, al llegar al edificio, decorado con fotografías de sus actividades—. Es nuestro lugar de reuniones y de meditación sensual”.

La meditación sensual, que realizan los domingos a las 10:30, consiste en la estimulación de los sentidos, que son los receptores que conectan a los seres con el infinito. Rael les enseña a despojarse de las inhibiciones judeocristianas del pecado. Permite al ser humano descubrir su cuerpo y en particular aprender a utilizarlo para disfrutar de sonidos, colores, olores, gustos, caricias y, especialmente, una sexualidad sentida con todos los sentidos que tenemos, para poder experimentar un orgasmo cósmico, infinito y absoluto, que ilumina la mente enlazando a la persona que lo consigue con los universos de los que está compuesto y los que integra.

Alan Rojas, guía nacional. Foto: Julio César Herrera

“La meditación sensual puede ser dirigida o personal. Puede ser en silencio para llegar al vacío. En un viaje mental —cuenta el Guía Nacional—, hacemos ejercicios de respiración, cerramos los ojos y nos concentramos en el dedo gordo, en la pierna y así en cada parte de nuestro cuerpo; luego en el entorno, y finalmente en el infinito”.

Berta cuenta que durante tres días de abril próximo harán la Convención de la Alegría, abierta al público, en la que dictarán conferencias, enseñarán meditación sensual y harán dinámicas de risa, arte y baile. Habrá acceso a la piscina y a montar a caballo.

El único que ha tenido contacto con los Elohim es Rael. “Tal vez haya seguido teniéndolo en forma telepática”, dice Alan Rojas. Los raelianos de San Vicente jamás han visto una nave espacial. Estos, como los otros 50.000 raelianos del mundo tienen como principal propósito construir una embajada extraterrestre para recibir a los Elohim, aunque, hasta el momento, ningún país ha decidido cederles el territorio que requieren. A propósito: la construcción circular es una réplica de ese edificio que planean construir en alguna parte del mundo para recibir a “los creadores”.

Comentar

Su comentario

Puede usar: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Nota: Los comentarios pueden ser moderados por el autor.