Hay que contagiar pasión: Ernesto McCausland

2:58 pm Publicaciones El Colombiano

(Nota publicada en El Colombiano, en 2004)

El cronista barranquillero busca los temas confiando en sus corazonadas. 

Febrero escarlata se basa en una ola de uxoricidios.

 

Como Ernesto McCausland tiene ahora esposa, dos hijas y un perro, sufre en los viajes largos más que antes, y espera con ansia la hora del regreso. Aunque asegura que de todos modos los disfruta bastante.

Eso dijo la tarde en que vino a Medellín y aprovechó para asomar su interminable humanidad por EL COLOMBIANO y hablar un poco de su novela Febrero escarlata, y de otras cosas del periodismo y de la vida.

De su novela, la historia de más de una docena de asesinatos ocurridos en Barranquilla en el mes más corto de hace 21 años, contó que si bien ese tema parte de unos hechos reales, la considera una obra de ficción y que, por tanto, cabalga en terrenos más decididamente literarios que periodísticos.

Los uxoricidios en efecto sucedieron, pero él llenó de detalles ficticios algunos vacíos que había en ellos -”al fin y al cabo, en las investigaciones de los crímenes pasionales nunca se llega al fondo”- y tomó prestados algunos otros casos.

Mejor dicho, se dio las libertades del escritor, que el periodista no hubiera tenido.

El personaje principal está presente en todas las escenas del libro. Se llama Capeto Cervantes. Es un periodista de noticias y crónicas judiciales de un periódico llamado El Notición.

En ese ser reúne el autor a varios de los clásicos reporteros de esa apasionante pero no siempre bien querida área del periodismo, como Guillermo Franco Fonseca, Felipe González Toledo y, en el caso de Medellín, Mario Atehortúa. Es más, hasta el propio McCausland Soho se ve representado en Capeto Cervantes, porque él se desempeñó como periodista judicial para El Heraldo y, de hecho, le correspondió cubrir los crímenes que son objeto de su historia.

Ese personaje es un homenaje a esos reporteros “que se sumergen en las aguas del periodismo puro. Esos que tienen que dar la mayor cantidad de respuestas al lector, a diferencia de los demás periodistas, que si omiten algunas, la cosa no resulta tan grave ni tan notoria. Los que tienen que ser rigurosos, precisos en sus datos. No pueden equivocarse ni en el número de la calle en que sucedió un homicidio, porque alteraría la escena del crimen. Los que tienen que decirle al policía que les enseñe la cédula del sujeto para poder leer con sus propios ojos y no errar en ningún detalle. Los que tienen en la precisión hasta su seguridad, porque por una equivocación reciben llamadas amenazantes o, en otros casos, demandas; en fin, los reporteros de la crónica roja”.

Técnica
Y a pesar de que hubiera tenido en suerte cubrir esos hechos, el cronista de Caracol no recurrió a sus libretas de apuntes y ni siquiera leyó las noticias o las crónicas que escribió sobre ellos.

“No sé, no me interesaba. Quería hacerlo así, como los recordaba. Y menos se me ocurrió ampliarlos, ni pensé en indagar más sobre los casos. Ahí me hubiera quedado por lo menos diez años enfrascado en esa investigación y yo quería escribir una novela”.

La novela está escrita en tercera persona y en pasado simple, como suelen escribirse las crónicas judiciales.

Ernesto citó a Fernando Vallejo, escritor a quien admira, para explicar que el narrador de Febrero escarlata no es como los que el antioqueño critica, es decir, como un dios que puede hasta meterse en las mentes de los personajes para saber lo qué piensan.

Esos narradores omnipresentes y todopoderosos, dice, restan verosimilitud a las creaciones literarias, porque los hace inhumanos.

McCausland resuelve esta situación con un narrador que puede semejarse más bien a un amigo íntimo de Capeto, que puede estar a su lado todo el tiempo viendo las cosas que él ve, oyendo las que él oye, sintiendo lo que él siente.

Prepara otra novela
Ernesto McCausland ha dicho en todas partes que ésta es su primera novela. Pero aclaremos, ¿es la primera que escribe o la primera que publica?

“Hace tiempos intenté escribir una novela. Iba por la mitad, pero la abandoné. Me pregunté después por qué… La razón, me respondí, era que no la sentía. Y uno no puede escribir lo que no siente. Uno tiene que contagiar pasión con las crónicas que escribe y generarla cuando escribe una novela. La novela es un género que implica más compromiso por parte del autor”.

Por estos días, Ernesto considera la idea de escribir otra novela. Ya tiene el tema. Es una historia basada en un hecho criminal ocurrido en Medellín. El asesinato de un ser cercano a quien adoró en la vida.

En cuanto a sus crónicas, McCausland dijo que por ahora está feliz en la radio. Con las posibilidades que ésta ofrece.

***

 

Cómo elabora una crónica radial
Ernesto McCausland contó cómo suele hacer su labor de cronista radial.
“Primero pienso en una historia que quiera atacar con toda mi alma. Para esto me dejo llevar, casi siempre, de una corazonada. A veces, claro, ésta falla y hay que abortar, pero por lo general funciona.
En la entrevista actúa el sentido común. Y como casi siempre uno está de afán, pienso más en la calidad que en la cantidad de tiempo que tengo con el personaje.
Al escribir, pienso en un lead fuerte, luego en una estructura lógica y, por último, una frase como dardo”.

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