Julio Erazo: el juglar del gran Magdalena sigue creando
abril 16, 2013 General 4 ComentariosEl cantautor radicado en Guamal, Magdalena, es compositor de numerosas canciones conocidas: Adonai, Hace un mes, El bailador y el tango Lejos de ti.
A mediados del siglo XX, en los pueblos costeños de la ribera del Magdalena en los que Julio Erazo se movía, teniendo como eje a Guamal, no había luz eléctrica. De modo que, al morir el Sol, él tomaba unos mechones para iluminarse mientras componía canciones.
Una noche, viendo cómo se formaban nubarrones y comenzaba a serenar, el recuerdo de su novia lejana, Elides Martínez, lo entristecía. Tomó su cuaderno y empezó a escribir:

Elides Martínez, su esposa, ha sido la musa que ha inspirado varias de las canciones de Julio Erazo.
Hoy que la lluvia
entristeciendo está la noche,
que las nubes en derroche
tristemente veo pasar
viene a mi mente
la que lejos de mi lado,
el cruel destino ha posado
solo por verme llorar…
Y así nació uno de los tangos más conocidos en Argentina y Colombia: Lejos de ti.
Sentado en una mecedora en un corredor interior de su casa guamalera —casa grande, con pozo de agua ya en desuso, sin molinete—, al lado de su esposa Elides, quien recuesta un taburete de cuero a la pared para estar junto a él, el cantautor cuenta su vida mientras comparte con nosotros una jarra de chicha de maíz helada que corta la sed.
¿Pero un tango, salir del ingenio de un hombre costeño? ¿De la misma pluma alegre que escribió La pata pelá, Compae Chemo, Hace un mes, Adonai, y Yo conozco a Claudia? Este compositor, nacido en Barranquilla el 5 de marzo de 1929 y criado en Guamal, oía a su mamá, Carmen Cuevas Villarry, cantar tangos de Gardel, mientras lavaba ropa, pilaba maíz o lo amasaba en la batea. “Así que, cuando me dio por componer este tema, yo tenía ese lenguaje en mi cabeza”. Por otra parte, su padre, José Ignacio Erazo París, era un pastuso que se desempeñó como periodista en Panamá, Bucaramanga y Barranquilla. Y esa mezcla cultural, andina y costeña, hizo de él un compositor versátil: de su inspiración han salido merengues, puyas, sones, cumbias, paseos, boleros, bambucos, pasillos.
Así comenzó la cuestión
“Cuando nos conocimos, en 1948 –dice Elides-, él era profesor de la escuela de niños de Buenavista; yo estudiaba en la de niñas. Él me veía, pero yo no lo veía a él”.
Con una guitarra en su regazo, Julio recuerda cuando piropeaba a la niña, “oye, amorcito, quiero hablar contigo”, pero ella nada le decía.
“En noviembre de ese año, antes de irse con su papá para su casa lejana, me dejó un papelito con una amiga, en el que me decía que aceptaba mis amores. Me dejó picao y en esas vacaciones me dediqué a parrandear con mis amigos”. Fue en ese tiempo cuando comenzó a componer canciones y su papá le compró una guitarra en Bucaramanga.
Y sus cantos le han servido para enamorar muchachas o, al menos, para rendirle homenaje a su hermosura, como Rosalbita; otros, para exaltar atributos de la cultura costeña, como La puya guamalera; los hay también para aludir a temas cotidianos, como El caballo pechichón, y hasta para tratar temas personales, como Compae Chemo.
Cuando salía de enseñar, se sentaba “sabroso bajo una sombra, al lado de la escuela,” a ver llegar la noche y a componer. Un día se le acercó una “señora de edad”, a quien los muchachos no llamaban por su nombre, Claudia, sino que le ponían sobrenombres, Candela o Bombariaca, y ella moría de rabia. Tenía marido: un policía llamado Bernabé. Ella le contó su tristeza: Bernabé se había ido de pronto y la había dejado sola. “Yo le dije: ‘déjate de eso, que él tiene que buscarte’”. Cuando terminó de echarle el cuento, se fue. Julio quedó mirándola alejarse y vio que esa mujer tenía un caminar bonito. Y se puso a cantar con su guitarra:

350 es una cifra corta para contar las composiciones de Julio Erazo. La mayor parte de ellas han sido grabadas.
Yo conozco a Claudia,
yo conozco a Claudia
por su modo de caminar.
Mueve la cintura,
mueve la cabeza,
mueve la cadera
como si fuera a bailar.
Y las canciones que iba componiendo se las cantaba primero a su madre, quien le decía: “¿y tú por qué no haces lo posible por grabar un disco?”. Animado por estas palabras, viajó a Barranquilla en busca de una casa disquera que se interesara en grabarlas. Llegó a la Tropical, pero allí, sin oírlo, le hicieron dar media vuelta con un comentario destemplado: “aquí no necesitamos canciones”. Fue a la Atlantic. Dos hombres, un tal Buitrago, “pero no Guillermo”, y Jaime Cabrera, le dijeron: “qué clase de música tienes”. Él respondió: “paseos, merengues, cumbias”. “Es que estamos hasta aquí de Guillermo Buitrago”. Julio se aplicó en puntear La puya guamalera y, mientras lo escuchaban, veía a los hombres intercambiar gestos aprobatorios. “¿Qué más tienes?”. Les cantó Yo conozco a Claudia. Y ellos seguían mirándose estupefactos. “Ensáyate bien esos dos numeritos para el sábado a las 10 de la mañana”. Julio andaba con Juan Madrid, guitarrista, y Luis Mosquera, guacharaquero. Les enseñó los coros. Grabaron un disco de 78 revoluciones por minuto con un solo micrófono.
Al final “nos dieron no sé cuánto, como 25 pesos a cada uno, cuando el pasaje en bus urbano valía 10 centavos. Era noviembre de 1950. Y así fue como comenzó la cuestión”.

20 canciones inéditas, “sin grabar, tengo ahorita mismo”, porque el cantautor costeño no para de componer. En Guamal, Magdalena, lleva una vida tranquila. Fotos: Juan Antonio Sánchez.
El amor de Elides
La cuestión: una vida de artista reconocido. Giras con sus grupos, Julio Erazo y los Guamaleros y Julio Erazo y sus Chimilas. Composiciones sin tregua. Sus canciones recorrían Colombia en su garganta o en la de otros, o viajaban a Argentina u otros países. Pocos años después, Toño Fuentes lo invitó a grabar con su disquera y a integrar Los Corraleros de Majagual. “Me entrevisté con Manuel Cervantes, el director de Los Corraleros. Le dije: ‘vamos al estudio’. Allí le fui dictando la música de Hace un mes. Era 1956”. Después de una etapa con el grupo, Julio volvió a cantar con sus propios conjuntos, hasta el decenio del ochenta.
“Sírvanse más chichita –convida Elides-. Ahí está la jarra, sobre la mesa”.
Uno de los clásicos de la música vallenata es el Compae Chemo. “Eso fue que le prometí a Anselmo Montes que iría a la fiesta de cumpleaños de su hija Asunción”. Pero no fue. La fiesta de fin de año en Guamal fue grande, recuerda Erazo. Se emborrachó tanto que el primero, antes de subirse a la chalupa en Buenavista para acudir a la cita, entró en casa de Alirio Jiménez, quien vendía trago, a desenguayabar. Se encontró con amigos y Alirio les dio una botella de licor, preparó sancocho de bocachico y puso en el tocadiscos algunas rancheras que a Julio le gustaban mucho y así, de unos pocos tragos terminó embriagándose otra vez y no pudo ir a la fiesta.
Tengo pena con compadre Chemo
tengo pena porque yo no fui
a la fiesta de su dos de enero
y con tanto que le prometí…
“Y cómo no se iba a enojar, si era como la tercera vez que le incumplías –interviene Elides-. Acuérdate”.
Elides dice que después de Lejos de ti, Julio y ella demoraron para casarse. Él andaba en sus giras y enamorando mujeres, hasta que un día, en 1957, ella se quejó ante su mamá de la indecisión de él para el matrimonio. ¡Ajustó siete meses sin escribirle! “Hasta que se acordó de mí”. Y se casaron. A ella, su madre le dio un consejo, viéndola inquieta por esa condición de hombre enamorado que tenía Julio: “el hogar lo hace la mujer. Ella es la que consiente al hombre. Y de ahí vienen las composiciones”. “Y sí, con amor, todo lo soporté. Con amor, una no ve la falla y todo lo cree”, dice Elides.
Fin
“Viajar, conocer personajes… todo queda en la mente de uno y, en cualquier momento, surgen en las canciones”.
Julio Erazo
SIEMPRE CREANDO
Julio Erazo no deja de componer canciones. Fue hasta su mesa de noche y trajo una hoja de cuaderno. En letra muy pequeña que a veces a él mismo le cuesta leer, tiene escrita una canción nueva:
Eso era antes
Yo me acuerdo que antes
en las noches de luna
yo paseaba en mi pueblo
sin tragedia ninguna.
Pero eso era antes
Pero eso era antes
Pero eso era antes, señores,
Sin tragedia ninguna.
Pero ahora te agarran.
Pero ahora te atracan.
Te llenan de sonrisas
Y hasta te dan burundanga.
Yo me acuerdo que antes
con mil pesos comía
con mi abuela y mi abuelo
con mi madre y mi tía.
Pero eso era antes
Pero eso era antes
Pero eso era antes, señores,
Con mil pesos comía.
Los mil pesos ahora
no te sirven de nada.
Un pan con gaseosa
y hasta una empanada.
Las alumnas de antes
muy tranquilas andaban.
Del colegio a su casa
felices caminaban.
Pero eso era antes,
Pero eso era antes
Pero eso era antes, señores,
Felices caminaban.
Pero ahora las siguen,
Parecen guardaespaldas.
Si ellas se descuidan
de pronto
les pellizcan la nalga.
Mi abuelito gozó
con muchachas queridas,
pero nunca sufrió
de una peste maligna.
Pero eso era antes
Pero eso era antes
Pero eso era antes, señores,
No había pestes de sida.
Los hogares de antes
estudiaban la Biblia.
Había mucho respeto,
se quería la familia.
Ay, estudiaban la Biblia
Estudiaban la Biblia
Pero eso era antes, señores
Estudiaban la Biblia.
Ahora está la parranda
y la gran diversión
y hasta los chiquiticos
pegados de la televisión.

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