Madonna, en ocho atuendos

Madonna es tan única, tan icónica, tan imitada... Y eso, simplemente, la hace el mito viviente que es hoy y que tuvimos el privilegio de ver hace una semana. ¿Cómo lo logra? Cuando consigue que sus canciones, sus gestos, sus estilismos, su vestuario y su ser mismo, trasciendan el paso del tiempo y mantengan su relevancia, tres décadas después. Como el increíble corsé de Jean Paul Gaultier. Unas formas que hoy siguen siendo reconocidas como parte del universo Madonna, y que tanto ella como el diseñador francés han reinventado con el paso del tiempo. ¡Bravo Madonna!

 

¡Renovarlo con un cambio de peinado!

 

Así la veíamos en 1985, en Seattle, en The Virgin Tour. Permanecen en su estilo, los labios muy rojos y los guantes sin punteras. Solo que ahora son firmados por Chanel.

 

Así se veía Madonna, eufórica y fascinante, en su primer tour. 1985

 

Los iconos, como ella, se transforman, se reinventan, cuentan historias con los cambios de atuendo, de color de pelo, de maquillaje, interpretan a diferentes personajes. Con aire de geisha, en la ceremonia de los premios Grammy en 1999.

 

Así la veiamos en 2008, en el tour Sticky & Sweet. Presume de su tonificada figura. Vuelve a confiar en Gaultier para su vestuario, en el que se vieron muchas prendas de cuero, botas altas y bodies.

 

El cuerpo es el otro gran instrumento de Madonna. Con él seduce, protesta, encanta. Lo viste, lo desnuda, lo toca, lo ofrece al público. Se sabe amada, se sabe polémica, se sabe única. Y cada prenda cumple una función dentro de su espectáculo. Este brasier tipo arnés lo lució bajo un atuendo masculino de camisa blanca y pantalón de raya tiza, antes con corbata negra delgada.

 

El negro predominó en el vestuario de la Reina del Pop para su gira MDNA. El animal print lo vimos en este brasier y en el forro del abrigo trench que lució al salir a cantar en compañía de su guitarra bajo la lluvia. Las prendas, casi siempre, muy ajustadas, como el pantalón y la chaqueta tipo torero que ciñe sus pechos.

Ahí está la reina. Con sus bailarines-monjes. Todos con botines de la misma altura. Uno de los momentos más fascinantes de su concierto.

 

Se atreve, se arriesga y ocupa universos que parece que no le pertenecen. Como el de las porristas, que, cómo no, le rinden homenaje, con el fuerte estribillo de MDNA.

 

Negro, de pies a cabeza, cuero y lazos que recuerdan los tiempos sensuales del corsé. La imagen es del concierto de Nueva York, donde invitó al rapero surcoreano PSY a interpretar Gangnam Style.