Crónica del tránsito por inmigración en Eldorado
Miércoles, septiembre 7th, 2011Si la llegada de su vuelo internacional al aeropuerto Eldorado de Bogotá es a las ocho de la noche entre semana, tenga en cuenta que la salida de la Terminal podría ser desde las 10 de la noche en adelante por la demora en inmigración.
Después de cuatro horas de vuelo, la felicidad de sentirme en casa duró los tres minutos que se demoró el avión en tocar la pista del principal aeropuerto de Colombia y cuando la asistente de vuelo anunciaba que la hora local eran las 8:35 de la noche.
Cuando el avión se detuvo por la zona de tránsito y el capitán nos comunicó que no había plataformas disponibles, por lo que hay que esperar hasta nueva orden, la dicha comienza a convertirse en preocupación cuando se comienza a pensar en lo que será el proceso de inmigración.
15 minutos después cuando ya me encontraba en tierra, inició la carrera para adelantar a los pasajeros de mi vuelo y así tratar de salir más rápido, pero todo es en vano cuando se llega a la entrada de inmigración y la fila llega hasta cerca del acceso.
A medida que comienza a moverse la única fila, comienzo a notar que hay otros tres vuelos más que llegaron al mismo tiempo. Pasa el tiempo y las caras de los pasajeros se torna cada vez más larga. El consuelo es que uno no se está quieto más de un minuto. Se avanza de a dos pasos, pero se avanza.
Otro consuelo es que a medida que uno se mueve de un lado para otro, logra identificar que la fila preferencial (mujeres embarazadas, niños y miembros de la tercera edad) se mueve al mismo ritmo que la general y que por una extraña razón o solidaridad a la tripulación de los vuelos tampoco los atienden rápido.
Luego de 50 minutos de identificar caras, contar los 23 cubículos del DAS y los 4 para atender a la fila preferencial se logra salir de inmigración. Con la maleta mareada de tanto dar vueltas por la banda del equipaje, la salida por fin está a la vista. Pero antes está una nueva fila que es la de los scanners de la Dian, pero bueno son solo 10 minutos más.
Al respirar el frío aire capitalino, llegó a la última fila del día: la del taxi. Esta se demora unos 15 minutos más y finalmente cuando abordé el vehículo amarillo la locutora de la radio indicaba que eran las 10:05 de la noche.
En ese momento caí en cuenta que menos mal no había tenido que agendar un compromiso, porque tranquilamente habría dicho que por tarde llegaría a las 9:30, pero evidentemente no lo hubiera cumplido. Creo que uno como colombiano puede hasta llegar a resignarse a la forma como funciona el sistema, pero no alcanzo a imaginar la opinión que queda en los turistas extranjeros, que van y vienen al país y se dan cuenta que este asunto no mejora.