Somos fatalistas y malagradecidos.
A continuación reproduzco una conversación telefónica entre marido y mujer.
- Hola, ¿cómo estás? – le pregunta a la esposa.
- Ahí, regularcito como siempre, con este dolorcito que nunca se me quita.
- ¿Y con quién estás? –
- ¡Pues con quien voy a estar! Con mi mamá y mis hijos – le responde, molesta.
- Eh, pero vos si quiera estás con ellos. Yo en cambio en esta soledad de hotel, lejos de mi país. ¿Y cómo anda todo por allá?
- Bien, pero una llovedeeeera- le contesta de mala gana
- Ah, pero gracias a Dios no te estás mojando ¡estás bajo techo!
- ¿Y qué estás haciendo ahora?
- ¡Pues barriendo este caserón, qué más hago!
- Eh, pero qué dicha, vos siquiera tenés caserón. Mirá tanta gente sin tierra y sin nada en donde caer muerto!
- ¿Y mañana qué vas a hacer?
- ¿Mañana? Será ir a mercar ¡Qué pereza!
- ¿Sabés qué? Dale esos $500.000 a la señora del semáforo, seguramente estará feliz de mercar hoy en un supermercado.
Y así sigue la llamada por un minuto más, cuando uno ya no aguanta tanto pesimismo y mejor cuelga. Y todo ese negativismo y toda esa pereza mental, y toda esa forma de pensar, se le va metiendo a nuestros niños por los poros, – tal como escuché hoy a través de la ventana de mi casa:
“Ay, no, no, hoy no ha sido mi día ¡No, no!”. Decía un culicagado de escasos cuatro o cinco años, tal vez.
A mi modo de ver, ese inconsciente colectivo es el que definitivamente no nos deja pelechar. Juzguen ustedes.

Hombre Ramiro, Jaime Uribe y yo somos llaverías y de las mejores…Lo que pasa es que al entorno hay que echarle O (oxígeno).-
respecto a lo del “benjeficio de la duda”, claro que hay que darlo pero cuando esta existe, pero cuando no hay duda…¿Para qué darlo?
Moraleja: Pensar antes de escribir y hablar.
Un abrazo,