Stand de un grupo de preescolar en la Feria CT+I

Stand de un grupo de preescolar en la Feria CT+I

Haga el siguiente ejercicio: cierre los ojos y vuelva en el tiempo cuanto sea necesario para llegar al momento en que usted conoció las llamadas ferias de la ciencia, probablemente fue en su época de colegio, así que recuerde con calma y recorra el espacio, piense en lo que ve, visualice uno a uno los proyectos que usted o algunos de sus compañeros presentaba con orgullo y gracia. A continuación haga una lista con cada uno de ellos y métalos en una bolsa. Cuando le sea posible reúna algunos amigos de más o menos su edad y como en un juego de bingo lea cada uno en voz alta, verá como encajan a la perfección en la tabla de más de uno de los participantes.

En mi regresión llegué al año 1994. Mientras en el mundo se descubría una partícula subatómica, le daban nobel de paz a Yasir Arafat, morían personajes como  Kurt Cobain o Andrés Escobar, y nacían otros como Justin Bieber -tiene que haber de todo en el mundo-, en mi colegio se presentaban los megaproyectos: volcán en erupción, bazuca casera y camándula eléctrica. Quise cotejar mi experiencia con algunos amigos para saber si fui la única niña que vivió en el país del nunca jamás hagas algo interesante y me encontré con las ferias de antaño como un lugar común donde el método poco o nada importaba, los procesos de indagación parecían inexistentes y el análisis era apenas visible. No se contaba con un informe escrito que diera cuenta del trabajo realizado y que permitiera evaluar los fundamentos y el impacto de lo que se hacía, pero podían leerse entre líneas objetivos generales como adquirir una buena nota en ciencias y algunos específicos que se debatían entre responder a la confianza de los padres y ceder ante las presiones del profesor que aseguraba tener un radar para detectar niños con potencial. Era común encontrar cosas como la revisión de métodos anticonceptivos, el extintor casero, el sistema solar en icopor, la pila de limón, la germinación del frijol y otros un poco más avanzados como un brazo hidráulico, la granja integral y reducción de cabezas de pollo, donde intuitivamente se replicaban recetas de libros o ferias de años anteriores. Sí, yo fui una de las del volcán y puedo asegurar que lo que más disfrutaba eran los “algos” que devorábamos como zombies, mientras hacíamos la maqueta en la casa de un amiguito adinerado.

Niños y jóvenes incubando ideas

No se puede negar que siempre han existido casos excepcionales en los que surge una idea interesante e innovadora, gracias a esa genialidad que viene de fábrica con los niños y a la que poco le importa el contexto histórico. Desde hace 5 o 6 años, dicha particularidad se ha venido transformando en tendencia, muchos estudiantes de la ciudad de Medellín le apuestan a la investigación como caballito de batalla, generan preguntas, visualizan problemáticas y emprenden el camino en búsqueda de respuestas o al menos de más preguntas que les sirven de excusa para crecer de manera integral. Sabemos que el ser humano, como le sucede con la natación, nace con habilidades investigativas que se olvidan conforme avanza por las diferentes etapas de la educación tradicional y es por esto que iniciativas como la del programa Ondas de Colciencias, la Universidad de los Niños, Pequeños Científicos y Ciencia en la Escuela, le apuestan a la investigación como estrategia de aprendizaje brindando herramientas y espacios que propicien otras formas de acceder al conocimiento.

Pues bien, cada año cuando tengo el placer de ver a cientos de estos niños y jóvenes en las diferentes ferias de la ciudad, con sus caritas pintadas, vestidos llamativos, stands coloridos, prototipos y hasta dulces para lograr que el público se lleve algo más que conocimiento, reflexiono sobre el lugar que se les da en la sociedad, la manera como pueden llegar a ser subestimados y en como me hubiese gustado aprender a investigar en el colegio. A la vez, adquiero más razones para decirle a los que desdeñan de la juventud actual y dicen que “todo tiempo pasado fue mejor” que los niños y jóvenes no son culpables de las problemáticas sociales y que sus acusaciones rancias, sesgadas y carentes de argumentos solo empeoran la situación.

Creciendo y divulgando

Estos pequeños divulgadores de la ciencia cuyo estímulo principal radica en seducir a las personas con sus proyectos, no saben que también le otorgan a las ferias la validación como espacios que promueven la apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación, concepto que aunque hace parte de una política publica nacional, paradójicamente pocos entienden y aplican. Puedo decir que conozco más de los temas que investigan los jóvenes en la ciudad que de lo que se hace en centros de investigación como la SIU de la Universidad de Antioquia y demás universidades líderes, en cuyos espacios de socialización, el lenguaje y los medios para comunicar las investigaciones resultan casi siempre en un juego en donde la mayor probabilidad de salir herido la tiene el espectador, al no comprender y reafirmar la ciencia como algo exclusivo de unos pocos. Que bueno sería ver a algún investigador principal explicándole a una abuelita que solo hizo hasta segundo de primaria sobre lo que trata su investigación, con la misma habilidad que lo hacen los niños y jóvenes investigadores de nuestras instituciones.

La feria de la ciencia pasó de ser el escenario y fin último de experimentos sacados del libro de química o física, para convertirse no sólo en la plataforma de grandes ideas sino en el reflejo de aprendizajes significativos que no culminan con la obtención de resultados; por el contrario plantea las bases de una estructura de pensamiento dinámico, crítico y libre, en la que los niños y jóvenes pueden elegir ser no solo adaptables a los cambios, sino generadores de soluciones y responsables de las dinámicas culturales que de allí se deriven.

Ahora podríamos preguntarnos ¿qué pasará con estos niños y jóvenes cuando sean adultos? ¿recordarán la validación, que sin saberlo, dan a la ciencia como derecho de todos? ¿continuarán aportando desde sus saberes para cerrar cada vez más la brecha entre ciencia y sociedad? mi hipótesis es que sí y estoy ansiosa por probarla.