Sobre el fin del mundo en cuatro cubos – Marcela Quiroz Luna

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

Me regalé el tiempo para leer en unos cuantos días El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. El último libro que he comprado de Haruki Murakami. Intuyo, porque no lo he investigado aun, que fue éste un ‘ensayo’ para 1Q84. Por el ejercicio estructural y narrativo paralelo lo parecería sin duda y sin embargo, hay algo en este ‘primer libro’ (si puedo seguir con mi teoría historiográfica) que parece tener una edad más ‘madura’ que la que pretende aparentar 1Q84. No alcanzo a precisar aun en qué consiste, pero me gustaría pensar que lo podré decir en no muchas palabras, o bien, en las que se necesiten para configurar una imagen como la que el protagonista destina como la manera más certera de describir la forma de cantar de Bob Dylan “como un niño detrás de una ventana viendo llover”. De esto no sabría; no soy fan de Dylan. Pero la convicción con la que el habitante del fin del mundo y del despiadado país de las maravillas encuentra más certeza en esa sola frase que en las 500 páginas anteriores, me deja confiar.

El libro, cuyo universo narrativo es más o menos simple, aun si simbólicamente mucho más certero, comparado con 1Q84, deja flotando entre los ojos una especie de bruma compuesta de muchas pequeñas (no menores) preguntas. Pero entre ellas, o quizá configurada por todas ellas hay una sola que se queda emanando una luz tenue pero incansable –como la que se dice emana del cráneo de un unicornio– una vez que se ha dado vuelta a la última página. ¿he creado el mundo que quiero?

Lejos de los posibles alcances milenaristas, ecologistas o humanitarios que pudiera hacer interactuar esta interrogante, la realidad es que la pregunta pega muy cerca de casa. No se trata de un mundo extendido al que apela la pregunta, sino a ese mundo muy íntimo que se hace uno al pasar del tiempo, la suma de años, mucho esfuerzo, algunos sólidos recuerdos entre una bien ejercitada capacidad de olvido y generalmente, una buena dosis de sufrimiento. Ese entorno cotidiano en el que se vive hecho de costumbres y hábitos a veces ya deshabitados; acciones idiosincráticas todavía distanciables de la sola necedad; pequeños e inconfesados placeres; diálogos que, por complicidad, a veces precisan ya no ser emitidos; convivencias precisas, acaso demasiado breves y esporádicas; actitudes predispuestas –aun si enlazadas por un ansia todavía infantil por aprender algo, lo que sea, que quepa dentro del espacio que de vez en cuando habita la sorpresa para iluminar un día que ya nunca podría haber sido otro; y una creciente lista de responsabilidades cumplidas por la tenacidad de un ejercicio de disciplina acuñado con la certeza de que sí hay algo que puede hacerse para seguir adelante, con mayor o menor entusiasmo, pero flotando de infalibilidad.

Ese mundo individual, selectivo, diseñado, privado de y abrigado por, es el que despliega Murakami en un juego de estados y ‘lugares’ de conciencia. Ese mundo es el que nos hace recuperar de entre sus/nuestras propias murallas construidas para observarle desde arriba y decidir si la cartografía en la que nos hemos colocado es la que queremos habitar.

Hace un par de semanas me encontré con una obra de Francisco Tropa en la exposición el instinto olvidado curada por el fundador de la Galerie Jocelyn Wolff (París); que la galería Labor recibió como primera parte de un intercambio de moradas. La ‘escultura’ de Tropa (posiblemente mejor definida como una instalación y sin embargo, por alguna razón insisto en recuperar su apuesta corporal-formal de origen más tradicionalista), Quad, es también la huella de un proceso definido por el artista a ser ejecutado cada vez que se monta para exhibición la pieza. Cuatro cubos de concreto sobre una plataforma de madera pintada de negro mate descansan en sitios predeterminados entre granos de arena. El curador me platicaba que la pieza inicia con los cuatro cubos formados en línea sobre una mitad de la plataforma siguiendo el sentido más largo de su extensión. Así, uno a uno se van ‘rodando’ una, dos y tres veces, variando su dirección y cantidad de alejamiento de su posición original. En cada uno de estos movimientos, se debe esparcir sobre ellos arena, de tal forma que sus estados o estadías de pasaje queden marcados en la plataforma como contornos granulados pero precisos por acumulación ante la intransigencia de sus bordes cuando estáticos.

Sobre la plataforma que resta casi a nivel de piso, se ve entonces el final del proceso que creó la obra in situ, permitiendo al espectador formar parte de una temporalidad que no hubo de cierto compartido, pero que puede recrear en retrospectiva adivinando en reverso los movimientos de cada uno de los pesados, aun si relativamente pequeños, cubos colados de concreto.

Frente a ella, los restos de lo habitable son tan evidentes como los momentos de los grandes cambios; esos que hacen o deshacen una vida. Como una especie de condensado tablero de ajedrez, con escasas pero fundacionales posibilidades de movimiento, los cuerpos cúbicos señalan por oposición los lugares que antes tuvieron a un lado de esos otros que pudieron haber tenido; de haber destinando otra tirada de dados, otro camino y fortuna, otro despliegue espacial y estético. Dejan imaginar las otras posibles combinaciones, variables pero finitas, conforme afirman con la certeza de lo pasado, de lo ‘ya jugado’, el recorrer efectivo del peso de sus cuerpos en el esfuerzo y precisión implicada en cada movimiento.

La claridad de vista por decisión, enlazamiento y tiempo que ofrece esa plataforma como escenario de procesos de habitabilidad y condiciones de movilidad, deja ver, como al final del libro de Murakami, lo que hemos construido con lo que tenemos y lo que hemos perdido. Dependiendo de cuanto y cómo queramos o podamos sopesar lo perdido ante lo ganado, lo liberado o lo descubierto, es que encontraremos mayor claridad en los bordes de una u otra posición-en-trayecto de cada uno de los cuatro cuerpos. Como si fueran oportunidades decisivas o etapas centrales en el andar de una vida, los espacios recorridos, dejados, marcados o ignorados por los cubos confiesan (no sin un pudor sumamente seductor) el estado exacto de su estar. Sin juicios, sin justificaciones, sin acompañamientos ni explicaciones sucintas o superfluas, el pasaje que sus cuerpos han dejado en huella destina las razones de su actual ubicación. Como si sugiriéndonos que, si tenemos la lucidez y honestidad necesaria para observarlo en la desplegable visibilidad que depara la luz del día, podremos trazar el mapa de nuestro propio andar, aun cuando parecíamos caminar entre pozos abatidos de oscuridad y sombras colgadas de olvido; aun cuando exhaustos, con el agua al cuello, el cuerpo expuesto y la voz enmudecida. La obra de Tropa nos confirma con elegante y brutal sencillez que el mapa de lo que hemos construido por mundo puede darnos respuestas si nos atrevemos a hacerle verdaderas preguntas.

Fuente: http://salonkritik.net

Casa en Goleen, el espacio modulado como arte. El énfasis en las cualidades de los materiales y los efectos de la luz. Níall McLaughlin Architects

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Sitio existente. El sitio está ubicado en un área de belleza natural excepcional. Vistas al mar y paisajes agrestes aún exuberante se combinan con rápidos cambios de los cielos y los azules profundos del mar. El sitio se encuentra frente al mar en el este. La casa existente se estableció entre una empinada pared rocosa al norte y una pequeña corriente hacia el sur. La carretera de acceso a la casa está a través del acantilado desde el oeste. Al este se encuentra un césped largo de suave pendiente hacia el mar y se extiende hacia la costa rocosa.

Entorno. Fuera de los límites del desarrollo local y situado justo debajo de una de las calles más pintorescas de Europa, el carácter de las vistas y el paisaje que se ven desde el terreno alrededor de la casa y el mar, tenía que ser mantenido. La guía de diseño local propuso formas tradicionales o vernáculas como aceptables, pero estaba claro que los diseños de excepcional calidad con énfasis en la diversidad que ofrece la eficiencia energética en el diseño serían reconocidos.

Diseño. La casa está formada por una serie de pabellones lineales que se establecen paralelos a la casa original. Los pabellones dimiten de la caída de 1.6m del sitio creando un camino sinuoso a través de la entrada por el oeste con el espacio habitable y con vistas al mar, al este. La forma de la casa existente influenció el diseño de las nuevas estructuras y su cresta se utilizó como un punto de referencia que define la altura de los nuevos volúmenes. Una serie de cubiertas inclinadas se tambalean a través del sitio creando focos de espacio semi-cerrados que forman patios. Al final de la jornada con una gran terraza revela unas vistas espectaculares de los acantilados, el mar y las islas del oeste de Cork. Los dormitorios de huéspedes se encuentran en la casa de campo renovado. Los visitantes pasan a través de un enlace de vidrio en el primero de los edificios de piedra caliza, la primera de las cuales tiene capacidad para el dormitorio principal y cuarto de baño.

El segundo pabellón de piedra caliza contiene el comedor y la cocina. El pabellón final se divide en dos partes, una para la sala de estar y el otro un estudio independiente, con acceso a través de puertas de piedra y un pequeño puente sobre las piscinas en cascada.

  

Fuente: http://www.plataformaarquitectura.cl

¿Es público el arte público?* – Jaime Cuenca

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“Arte público” es una de esas expresiones que quieren decir más de lo que realmente dicen. Parece haberse encontrado en ella la demarcación perfecta para realizar uno de los viejos sueños del arte moderno: prescindir de las instituciones artísticas y dirigirse directamente al receptor. Evitando museos y galerías parece que la obra de arte puede ahorrarse la negociación con una densa red de compromisos políticos y económicos y trasladar su mensaje puro, no enturbiado, al centro mismo de la vida social. El artista recuperaría así la eficacia práctica que le hurtaban las instituciones y tendría al alcance de la mano la transformación de la sociedad por medios estéticos. El arte moderno se abandona periódicamente a esta ensoñación venerable desde hace algo más de un siglo, y la expresión “arte público” parece permitírselo hoy con singular eficacia; quizá porque en ella resuena el eco de su origen etimológico en el populus latino (pueblo).

No es mi intención negar la pertinencia histórica de muchas de las actuales propuestas de arte público: al contrario, considero que exploran una vía imprescindible que el arte de hoy no podría ignorar sin culpa. Lo que pretendo es alertar de la necesidad de discutir el concepto mismo, distinguiendo entre lo que quiere decir y lo que dice. Lo que con él quiere decirse tiene mucho que ver con la ensoñación que se ha descrito y es demasiado ingenuo; lo que con él se dice no está nada claro y es demasiado poco. Esta vaguedad semántica del concepto permite que muchas propuestas artísticas cumplan sin esfuerzo los difusos requisitos que este enuncia y puedan así legitimarse por virtud del sueño al que señala. Sólo sometiendo al concepto a una discusión seria pueden separarse las propuestas valiosas de aquellas que encubren sus carencias mediante esta turbia estrategia de legitimación. Es en esta necesaria tarea donde se enmarca el simposio “Going Public – Telling it as it is?”, celebrado en Bilbao (España) entre los días 22 y 24 del pasado mes de marzo.

El simposio, organizado por la ENPAP – European Network of Public Art Producers y coordinado por consonni, articuló un conjunto de diversos dispositivos artísticos aunados por la intención de reflexionar acerca del storytelling como forma de producción y recepción de obras de arte público. Esta reflexión se llevó a cabo por medio de unas conferencias performativas a cargo de varios artistas, pero también a través de propuestas que reclamaban para sí mismas la condición de arte público. Se trató de un ejercicio reflexivo desde la práctica; algo muy coherente, teniendo en cuenta que la ENPAP está constituida por seis organizaciones que pueden concebirse como productoras de arte público: BAC-Baltic Art Center (Visby, Suecia), consonni (Bilbao, España), Mossutställningar (Estocolmo, Suecia), Situations (Bristol, Reino Unido), SKOR-Foundation for Art and Public Domain (Ámsterdam, Países Bajos) y Vector Association (Iasi, Rumanía).

El primer día del simposio tuvieron lugar varias intervenciones artísticas en los medios, así como en distintos puntos de la ciudad. Martha Rosler y Phil Collins intervinieron en dos periódicos locales (El Correo y Berria), mientras que la televisión vasca emitió la película ElectroClass de María Ruido, producida por consonni. Por otro lado, el proyecto We could have had it all, de Itziar Barrio, pudo verse en el Teatro Arriaga y la plaza adyacente durante buena parte del día, y se hicieron dos pases de Boom, una performance ideada por Alex Reynolds para el escaparate de un videoclub en desuso. La presencia de estas propuestas en el simposio remite a una intención de definir el arte público de modo deíctico, esto es, señalando casos concretos. Habrán de tenerse en cuenta para comprobar la validez de los diversos ensayos de definición que vayan surgiendo. Antes siquiera de entrar a comentar el contenido concreto de estas intervenciones hay algo que salta a la vista, y es que todas se realizaron fuera de las instituciones tradicionales del mundo del arte. Podría afirmarse que es su sola localización la que las convierte en arte público, pero esta forma de caracterizar el concepto no está exenta de problemas. Señalaré dos.

En primer lugar, aun admitiendo que resulte útil referirse de modo unitario al arte que se localiza fuera de la red de museos y galerías, no está claro en qué sentido puede llamarse “público”. En cuanto opuesto a “privado”, “público” designa habitualmente una forma de propiedad. Aquí, sin embargo, esta referencia no hace sino enturbiar las cosas. Muchas de las obras expuestas en museos pertenecen al Estado y son por tanto de propiedad pública, sin que por ello sean descritas como arte público. En cuanto a las obras que se presentaron en el simposio, la cuestión misma de su propiedad parece fuera de lugar: ¿cómo podría alguien poseer el proyecto de Itziar Barrio o la propuesta de Alex Reynolds? De cualquier modo que esto se hiciera posible, está claro que hoy por hoy no hay ninguna administración pública que pueda considerarse dueña de tales obras. Otra opción sería preguntarse en términos marxistas por la propiedad, no de las obras mismas, sino de sus medios de producción. Estos fueron provistos por consonni en cuanto productora de las dos intervenciones mencionadas. Pues bien, tampoco aquí puede hablarse de propiedad pública, ya que jurídicamente consonni es una asociación sin ánimo de lucro de titularidad privada. La financiación sí provenía en buena parte de la administración pública, aunque no por completo: empresas privadas como El Correo o Berria colaboraron económicamente con el simposio renunciando a cobrar el espacio utilizado en sus diarios por Martha Rosler y Phil Collins.

Con todo, cuando se habla de “arte público” no parece pensarse tanto en la producción o en la financiación de la obra, sino en su localización: “arte público” sería el arte que se hace en el espacio público. Esta supuesta definición, claro, no hace sino ensanchar el problema, pues ¿qué significa realmente “espacio público”? Si lo entendiéramos como aquel espacio que no pertenece a ningún particular nos veríamos obligados a concluir que una de las propuestas del simposio no era arte público, ya que la performance ideada por Alex Reynolds tuvo lugar en un local comercial en desuso cedido temporalmente por su propietario. Estaríamos ante el mismo problema si entendiéramos, de modo aún más trivial, que “espacio público” es sinónimo de “espacio al aire libre”. No queda más opción que asumir que, en este contexto, “público” significa “fuera de una galería o de un museo”. Esto puede aceptarse por respetar una convención extendida, pero desde luego no hay ningún motivo claro que justifique un uso tan impropio del término.

El segundo problema que se presenta en este punto es que no todo el arte localizado fuera de las instituciones artísticas tradicionales puede incluirse dentro de lo que se entiende habitualmente como arte público. El ejemplo más claro es el del monumento. En efecto, los monumentos que llenan nuestras ciudades son obras de arte y se yerguen fuera de museos y galerías, al aire libre y en suelo de titularidad pública. Pese a reunir todos estos requisitos, los monumentos no son arte público en el sentido contemporáneo que aquí interesa. Si algo no hacen las organizaciones que integran la ENPAP es precisamente erigir monumentos. Más aún, cabe decir que buena parte de sus propuestas se caracterizan por ser conscientemente anti-monumentales. En la lectura inicial del simposio, Claire Doherty (Situations) afirma que las organizaciones involucradas tienden a desechar la producción de obras permanentes y fijas y a propiciar la organización de programas continuados que evolucionen en el tiempo (tales como series de encargos y residencias, por ejemplo). Aunque Doherty apunta a motivos de producción más bien incidentales, creo que esta tendencia revela algo más importante acerca de lo que se entiende por arte público.

Desde siempre, los poderes establecidos han hecho erigir monumentos en los que ponían el arte al servicio de su propia legitimación. Levantando monumentos en los lugares más prominentes del paisaje urbano lograban capitalizarlo en su beneficio por medios estéticos. No es hasta comienzos del XX cuando algunos artistas comienzan a sentirse incómodos con esta situación y a retar las formas clásicas de la escultura monumental: deformando la figura primero y dando luego el paso a la abstracción. Parecía que la escultura se resistiría así a su uso instrumental por parte de los poderes públicos; nada más lejos de la realidad, sin embargo. La escultura abstracta o de cualquier otro tipo se insertó sin problemas en la lógica del monumento y siguió funcionando con la misma eficacia. No hace falta una estatua del poderoso para que este se beneficie de una apropiación del paisaje urbano por medios estéticos, el mero énfasis aurático de una obra abstracta, privado de contenido, aporta hoy el prestigio suficiente al gobierno que la instala o el banco que la paga. La escultura pública, en fin, ha perdido en buena parte la capacidad de resistirse a estos procesos de capitalización del espacio común: o bien se somete a los mismos o bien deviene mobiliario urbano. Así, cuando la ENPAP afirma no reconocerse en la lógica del monumento, está contribuyendo a delinear con mayor exactitud lo que debe entenderse por arte público. Por esta vía quizá sea posible hacer decir al concepto algo más de lo que actualmente dice, así como moderar las ambiciones de lo que quiere decir. Pero hace falta un paso más para entender adónde conduce esto.

Decía arriba que no todo el arte que se localiza fuera de las instituciones artísticas tradicionales es arte público en el sentido que aquí importa. Los monumentos, por ejemplo, no se incluyen en esta categoría. Pues bien, es importante caer en la cuenta de que hay otro vasto conjunto de propuestas artísticas que caen fuera del concepto. Se trata de todas aquellas que se sirven de medios estéticos para maximizar un beneficio económico privado a partir del espacio urbano común. Esto puede suceder de varias maneras: los medios estéticos pueden convertirse en recurso publicitario para incrementar las ventas de un producto o servicio, o bien pueden contribuir al aumento del valor del suelo en el seno de una operación de regeneración urbanística, o bien manifestarse en la forma de un evento cultural que atraiga el turismo. En cualquiera de estos casos el arte sirve como un medio para “marketizar” el espacio común, es decir, convertirlo en una mercancía de cuyo intercambio se obtiene beneficio económico. En esta lógica, las propuestas artísticas deben contribuir a agilizar el flujo de consumidores hacia los centros de consumo o el de visitantes hacia los destinos turísticos o el de habitantes pudientes hacia un barrio recientemente regenerado, y deben incrementar por tanto, con estos flujos, la generación de réditos económicos para los inversores. Cuando una manifestación artística de cualquier tipo se subordina a estas intenciones –u otras similares–pasa a funcionar como un lubricante exótico de los dispositivos productores de capital. Esto tiene un nombre, y no es “arte público” sino marketing. Es evidente que las organizaciones que conforman la ENPAP no conciben su trabajo como marketing. Baste con recordar que, según Claire Doherty, el arte público debe estar comprometido con una agitación crítica del lugar y la comunidad en que se produce.

En definitiva, como se ha visto, la localización “espacio público” (entendida como “fuera de una galería o de un museo”) no basta para delimitar el arte público; hay al menos otras dos manifestaciones estéticas que la comparten: los monumentos y ciertas formas de marketing. Estas dos lógicas de intervención en el “espacio público” funcionan, en el fondo, de un modo muy similar: se apropian de lo común por medios estéticos para la producción de un capital político o económico. Usando la oportuna distinción que proponen Hardt y Negri, el marketing trabajaría para la esfera de lo privado y el monumento para la esfera de lo público, mientras que el arte que aquí se trata de delimitar se ocuparía de la categoría restante, la de lo común. Aparece así a las claras la engañosa carga que acompaña al adjetivo “público”. Se olvida que lo público refiere a una forma de propiedad tanto como lo privado y que, si bien la propiedad pública pertenece formalmente a todos, no deja de ser a menudo patrimonializada por los representantes de la ciudadanía. Son ellos quienes se benefician a título personal del prestigio que produce la lógica del monumento y lo convierten en capital político. En cuanto al marketing, claro está, busca por definición la producción de capital económico. En ambos casos se parte de algo común –el paisaje urbano, las relaciones sociales de un barrio o un lenguaje artístico, por ejemplo– que es apropiado por unos pocos en su beneficio. En estos tiempos en que los europeos ven cómo sus representantes desmantelan el Estado del bienestar, salta a la vista el entusiasmo con que lo público colabora en la apropiación de lo común por parte de particulares. “Público”, entonces, no debe ser el adjetivo para un arte que se oponga a las lógicas del monumento y del marketing. Éste será un arte de lo común.

Importan poco las etiquetas, en cualquier caso, mientras la intención sea clara. Pese al equívoco en el nombre, no cabe duda de que el arte al que se refiere la ENPAP, el que producen las organizaciones que la componen, es un arte que pretende resistir, en su propio terreno, las estrategias de apropiación de lo común. Creo que esta idea subyace a los ensayos de definición que se escucharon en Bilbao y, mejor aún, se ve encarnada en la práctica a través de los dos principales proyectos que marcaron el comienzo del simposio, el día 22 de marzo. De hecho, pueden verse en las propuestas de Itziar Barrio (We could have had it all) y de Alex Reynolds (Boom) sendas respuestas desde el arte de lo común a las otras dos lógicas de intervención estética: la del monumento y la del marketing. Itziar Barrio realizó una instalación audiovisual para el Teatro Arriaga y la plaza frente al teatro, partiendo de dos referentes en principio tan distintos como el movimiento de Occupy Wall Street y la cantante Adele. De esta le interesan sobre todo los momentos catárticos que logra en el público cuando tiende el micrófono hacia él, incitándole a cantar; del movimiento Occupy Wall Street toma la idea del people’s mic, que consiste en la repetición coral de las palabras del orador, dirigida a sortear la prohibición de dispositivos de ampliación del sonido. En los dos referentes del proyecto encontramos la presencia de una voz de lo común, que logra expresarse resistiendo los impedimentos políticos y el papel pasivo al que le empuja la industria del entretenimiento. La forma misma de la instalación recreaba una asamblea en la plaza, precisamente allí donde la lógica del monumento trata de ejercer su papel apropiador. Itziar Barrio es aquí consciente y voluntariamente anti-monumental. El proyecto entero puede entenderse, entonces, como una forma de resistencia estética frente a la capitalización política de la voz común por parte de unos pocos.

La propuesta de Alex Reynolds, por su parte, tenía lugar en el escaparate de un videoclub en desuso. En él se situaban tres foleys, esto es, profesionales que recrean sonidos para el cine. Con la ayuda de un extraño conjunto de utensilios, los foleys replicaban en el interior del local el sonido de las acciones que veían a través del escaparate. De este modo, el flujo de atención invertía su sentido habitual: por una vez era el interior lo que se interesaba por el exterior. Se responde así a ese tipo de acciones de marketing micro que, cada vez con mayor frecuencia, se sirven de medios artísticos (como DJs, actores, etc.) para tratar de reanimar la atención de un público urbano sobre estimulado e incitarle a comprar. La atención aquí se vuelca sobre los paseantes, que se convierten en efímeras estrellas de cine: sus acciones cotidianas, delimitadas por la pantalla formada por la luna del escaparate, aparecen como dignas, por sí mismas, de un trabajo de postproducción de sonido. La vida común de la ciudad recobra así su propia dignidad y es puesta en valor frente a las estrategias por las que el marketing trata de apropiarse de ella para sus propios fines.

Como se ve, la ENPAP no podía haber elegido mejor manera de abrir un simposio dedicado a la reflexión sobre el arte público. Las propuestas de Reynolds y Barrio no sólo encarnan a la perfección lo que el concepto puede decir (si se le somete a crítica), sino que contribuyen también a atemperar las ingenuas ambiciones de lo que suele querer decirse con él. Por el mero hecho de realizarse fuera de las instituciones artísticas tradicionales, el arte no se carga de inmediato de una mágica eficacia social. Creerlo así es no entender en absoluto la relación que artista y receptor están llamados a entablar a través de la obra. Si hay, de hecho, algunas formas de intervención estética cargadas de cierta mágica eficacia, estas serían la lógica del monumento y la del marketing. Lo que debe tratar de hacer un arte de lo común es precisamente arruinar esa magia, detener un automatismo de la conciencia estética que nos va expropiando de lo que es de todos. Un arte que abrace este empeño no será espectacular ni arrojará resultados inmediatos, pero es hoy más imprescindible que nunca.

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*A propósito del simposio “Going Public – Telling it as it is?” fue publicado originalmente en LatinArt, lo republicamos aquí, porque coincide con una serie de reflexiones que han llegado a la redacción sobre el tema.

Tomado de: http://salonkritik.net/10-11/2012/11/es_publico_el_arte_publico_jai.php#more

(in)digna mirada. Por: Marcela Quiroz

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En 1985, Jorge Luis Borges relataba en una conferencia algunas experiencias sobre su único viaje a Japón. Sin más, afirmaba haberse sentido en todo momento como un bárbaro injerto en una cultura milenaria y honorable. Guiado por una compañera de viaje de memoria joven y ojos certeros, Borges comparaba su personal estado físico ante tal emprendimiento transatlántico de esta forma: “en cambio yo, viejos ojos ciegos; mi memoria es pobre” –evidencias irreversibles que con un resto de resolución confesaba haber enfrentado así: (a pesar de ello) “traté de no ser indigno de aquel viaje.”

De sobra se sabe que Borges vivió sus últimos años escribiendo desde una mirada ciega; sin embargo, no es frecuente entre sus escritos el enfrentamiento con esa condición de ‘indignidad’ que esta frase devela como íntima duda de pertinencia ante la invitación a conocer un país cuya visibilidad le permanecería ajena.

Sobre lo indigno y la ceguera atravesados por la palabra que entre ellos se excusa[1] andaremos a tientas siguiendo, por un momento más, a Borges en aquellas memorias: “Yo pude conversar con un monje de un monasterio budista. Este muchacho, de unos treinta años, había estado dos veces en el Nirvana; me dijo que él no podía explicármelo, y yo le entendí. Toda palabra presupone una experiencia compartida. Si yo digo “amarillo”, se entiende que el interlocutor ha visto el color amarillo. Si no lo ha visto, la palabra es inútil. Bien, él no podía explicarme nada porque yo no había alcanzado el Nirvana.”[2]

Sobre la imposibilidad de la palabra para asignar lo invisto y exponer su potencia compartible también hablaremos, intentando, en este caso, comprender cómo sucedería, si tal, la indignidad de la palabra que desconoce; carece de; ha olvidado; o acaso, ha decidido perder su referente, y con ello, su lazo con el mundo.

Retengamos mientras tanto esa afirmación entonces comprendida en silencio por un hombre ciego frente a un monje: ‘toda palabra presupone una experiencia compartida.’[3]

Desde hace 17 años, el artista chino Song Dong escribe un diario de agua sobre una laja de piedra que casi de inmediato hace desparecer por absorción sus trazos. La escritura del diario trazada de invisibilidad destina en el no-dejar-de-sí, sólo el recuerdo del gesto en el cuerpo y su registro fugado en una serie de cuatro fotografías. La impermanencia escritural de su ser en desaparición dispone de una función poco usual a la mirada, pidiéndole no que exija de la superficie escrita la emergencia y soporte de un significado legible, sino la disposición para distenderse en estado de coexistencia táctil sobre la imagen como duración, más allá de la huella de los caracteres trazados de caducidad. La escritura que desaparece pide, conforme se absorbe, que la dejemos ir; como si nos diera permiso, lugar y dignidad en el actuar para no-verla. Como si –siguiendo en reverso la presuposición de Borges– fuera esa la experiencia compartida que la palabra quiere entregarnos en esta obra: su desaparición.

 

 

 

 

Se podría hablar aquí también de un carácter indigno e incierto, como si las memorias confesadas del artista carecieran de la dignidad suficiente para permanecer, y que por ello se entregara a la velocidad y contundencia de su absorción. Sabiendo que a pesar de capturar el acto en cuatro fotografías, sucederá primero la desaparición del signo antes de la completud del significado, de tal temporalidad fugaz que del artista restará intocada la (in)dignidad en (in)transcendencia de sus secretos.[4] [Esta hipótesis podría sin mucho esfuerzo sostenerse cuando se comprende el valor que social y culturalmente se ha destinado históricamente en la cultura china a la grafía y aquello verdaderamente digno de permanecer como palabra escrita para recordarse y durar como testimonio y legado. Cuando por otro lado, debemos recordar que la enseñanza taoista finca la verdad del actuar, de la existencia, en el gesto (aparentemente) inútil, ‘ineficaz’, aquel que no deja huella ni resulta conducente a una acción de ‘mayor importancia’.[5]]

En cualquier caso, si volvemos a Borges escribiendo en memoria de un antes de la mirada, podríamos casi estar seguros de que el escritor encontraría sentido en el reiterado gesto del artista chino por confirmar ese residuo de palabra incompartible que anida en el cuerpo. Ni la escritura de Dong es para leerse, ni el Nirvana es para ser narrado. Sería igualmente inútil intentarlo en ambos casos, perdería sentido el gesto mismo por semejar analogías con las huellas de un lenguaje de estancia insuficiente.

**Esto lo entiende Borges viajero cuando es dejado sin palabras o descubierto de ellas como si de (re)aparecer el lenguaje y sus significados compartibles le pudieran cubrir como un manto; un manto digno para portar la ceguera. Sin manto (el del lenguaje), el cuerpo es incapaz de portar narrativamente la experiencia. El monje sabe que de nada serviría intentar decirse para osar ‘acercar’ en palabras el Nirvana, pues serían palabras ciegas. Todo conocedor de la sabiduría del dao, sabe que de ello, de la vía, no se habla.

Borges escribe sobre lo que no ha visto con palabras que asumen su eficacia en la duración de su inexistencia. Enuncia así su forma de comprender lo intransmisible a la palabra de lo que tantos filósofos occidentales han hablado también (Roland Barthes y Jacques Derrida entre ellos[6]). Intransmisibilidad que ahora nos ofrece un estado de convivencia entre lo que las imágenes fotográficas de Song Dong captan en comprobación de lo invisible.

** El gesto del cuerpo que escribe un diario con agua precisa de una relación distinta entre el ser y la palabra de la que creemos o solemos disponer y dar por entendido. Sobre esta obra y su empeñada impermanencia he reflexionado ya muchos años; sin embargo, nunca había pensado en esta pieza desde el lazo de una relación de (in)dignidad entre la palabra(escritura) y la vista(mirada).

Pienso entonces que en la escritura del diario de agua sucede algo parecido a este intento de dignidad que Borges pretendía asumir; releyendo su afirmación parecería esconderse en ella algún resto de asumida futilidad inexplicable a sus anfitriones.

Las fotografías con que Song Dong registra uno de los muchos días de su proceso escritural acuoso intentan comportar un registro digno y duradero de un empeño íntimo y  seguramente también inútil (*como la mirada táctil del escritor sobre algún paisaje cuyo silencio anuncia el tenor indescriptible de sus bordes) buscando la forma de dejar un registro de experiencia compartible sobre aquello de otra forma incomunicable –*ya sea el decir íntimo de uno, o la impresión invisible del otro.

Me pregunto si ¿dejar por escrito aquella duda sobre la dignidad deseada por Borges, comparte en sustancia la humanidad de la confesión (in)visible del artista que hace por dignificar en obra su íntimo hacer de años habituado? Ambos hombres declaran a su modo la conciencia precisa y clara sobre el cuerpo (in)visible de su acción. Apelando a la súplica, al suplicio, al suplir de lo que, a pesar del tiempo, logra restar y queda como memoria de una palabra de aquello que –a pesar de ellos– pudo haber sido visto.

Preveo que aún estas palabras no se han detenido lo suficiente sobre eso que pretendo ver como (in)dignidad trazada entre estos hombres y sus obras, invocando entender sus refugios sin imagen en la palabra y sin palabra en la imagen.

Intentemos asirnos de la duración (in)digna de una palabra que se desvanece como la de una mirada que a pesar suyo no ve. Ambas confinadas a ser-sin-registro.

Si partimos del entender semántico de la palabra derivable entre su condición adjetiva y el obligado ser-sujeto hacia el que busco lanzarle: indigno/(in)dignidad tendríamos que traer a nosotros, a la escucha y al cuerpo, un afluente de sentimientos relacionados con la insuficiencia que sobre uno o sobre el otro se vienen encima para dejar sobre sí su estigma como marca indeleble. Tendríamos que habérnosla con la falta de mérito o derecho; con la insuficiencia de razones laudatorias; incluso con la ira que hace fruir la indignidad en indignación.

Pero posiblemente, entre las definiciones de sentido que comportan una fertilidad más en consonancia con nuestro comprender, hayamos de recurrir a aquellas que hablan de la indisposición y la incapacidad. Hemos de dejar en claro (entre su necesario enturbamiento) que los motivos para tal indisposición e incapacidad con que se relaciona el ‘ser indigno’ pueden ser tan variados como dudosos, pero en general apuntan a aquello que desde su estado de preparación para el viaje, condensaba ya Borges en tanto condición en-desventaja-asumida pero soportable (y en ello su durabilidad como capacidad de supervivencia); esta (in)dignidad tendería a verse entonces como un estado extensivo al resto de la experiencia vital y sus derivas reflexivas.

Como si a sabiendas del no-ver y su indisoluble capa de (in)dignidad el cuerpo asumiera desde la palabra un estado irresuelto frente a lo visible; irresuelto e insoluble. La dignidad que buscaba así la no-mirada de Borges frente al viaje aparentaría carecer de la solubilidad con que las palabras de (in)digna permanencia del artista chino solventarían su injustificada duración. Pero, establezcamos aquí la vertebralidad de la diferencia entre la ‘indisposición’ y la ‘incapacidad’. Hagámoslo pensando en un tercer momento de existencia entre un hombre y su invidencia –sea de imagen o de palabra.

En otro tiempo y contexto, pero negociando desde su lugar esas formas de estar entre la imagen y la palabra, el fotógrafo mexicano Gerardo Nigenda, retrataba desde su ceguera un espacio arquitectónico completamente borroso. Como sabiendo de antemano que esa mirada –la de los ojos y la cámara– no es la única, ni es necesariamente fiable, quizá tampoco digna[7] –entre la indisposición y la incapacidad que hemos ya llamado a ver para escuchar su distancia.


Resulta así, como varios de ustedes deben ya conocer la que fuera su costumbre de relación punzada con la imagen, que sobre la fotografía impresa –siendo esta precisa imagen a cuya memoria nos asiremos: la del patio del Centro Fotográfico Álvarez Bravo– Nigenda perforó en Braille una descripción perfectamente narrada del espacio que su cámara, como sus ojos juntos no-vieron(sino recorrieron); espacio que fotográficamente ambos, cuerpo e imagen, no-nos comparten(sino en evocación). Quizá, de verlo, el resultado por entero borroso de la toma fotográfica le pudiera parecer por entero inexcusable a algún otro fotógrafo o espectador que esperara en literalidad lo que Nigenda promete: enseñar en comprobación visible cómo es ese pequeño y cálido patio interior del CFAB en Oaxaca. Al contrario sucede, inmersos en la incapacidad descriptible de la imagen, nos encontramos como Nigenda a un lado de quien debe haber servido entonces como guía o acompañante para confirmarle en voz los contornos, dimensiones y colores de ese espacio, escuchando (en nuestro caso leyendo) la vívida narración de un encuadre arquitectónico habitado, que como imprecisión visual, ha sido literalmente inscrito sobre la imagen; seguramente conciente del (in)digno contenido descriptivo que la fotografía ‘sola’ nos ofrecería frente a su experiencia. Resultando que lo que la foto no nos dejará ver; la palabra en su narración penetrada nos hace tocar, para afirmar desde el interior de nuestro cuerpo una disposición para conocer lo que hubiéramos exigido ver. Quizá es que desde el principio no entendimos la promesa de Nigenda: no habría de mostrarnos como es, sino cómo se ve.

Se leen así sobre la superficie de la imagen las punciones de su descripción: Pilares de color blanco. La pared tiene una enredadera color verde y las flores son moradas. La unión entre pilares está compuesta de plantas y macetas de color también verde. Las plantas son cactáceas en su mayoría. En el fondo se ve el vigilante, don Tino, y al fondo la entrada principal. El piso del primer patio es de cantera verde. La toma se realizó desde la parte posterior hacia el frente, por lo que se muestra la entrada. Gerardo Nigenda. Primer patio CFAB

Pero Nigenda supo, seguramente desde el instante previo al disparo de la cámara, que aún de haber apresado una imagen de apariencia ‘perfecta’ (es decir en un sentido formal tradicional en cuanto a información tonal, juego de profundidades y contornos nítidos) restaría indecible lo que a él le interesaba compartir (en tanto convivencia durable) de un espacio. Sería insuficiente cualquier fotografía, o incluso un grupo de ellas, para condensar la familiaridad en la experiencia corporal que la narración punzada remite. Nigenda hace evidente en esta compenetración escritural sobre la superficie de luz impresa que reconoce con todo el cuerpo, la incapacidad de la fotografía para develar en la más plena (in)dignidad lo que a él le interesa entregarnos no como obra, sino como experiencia.

En perfecta resonancia y fe sobre la afirmación de Borges –‘toda palabra presupone una experiencia compartida’– Nigenda destina al lenguaje como marca legible la reinstauración de la dignidad en la imagen –en tanto don, capacidad y disposición. Una vez leída su descripción (que incluso enturbia aún más la superficie de lo visible retratado) el espectador lo entiende todo, sabe, reconoce, asume y agradece con vista borrosa, que ahí, en ese cuadro, sobre esas palabras que habría de saber leer con la punta de los dedos; de ese espacio que quizá nunca ha habitado, ya todo le ha sido dado; quien observa la imagen de Nigenda comprende que aún sin probarse digno de ello (dispuesto o capaz de recibirlo) le ha sido dado el don indecible del mirar que sobrepasa su designio –aquel del que un monje japonés la hablara en silencio a Borges.

En un gesto aparentemente contrario al de Song Dong, Gerardo Nigenda inscribe en la permanencia de la punción sígnica lo que no confía en destinar a los contornos (im)precisos de una fotografía no-filiada. Uno y otro, Dong y Nigenda, despliegan entre la imagen y la escritura un sentido particular de lo que ‘pueden decirse’ la una a la otra; ponen a prueba los sentidos y alcances de la mirada que guarda silencio y aquella que también ha aprendido a leer lo que no ve; distancian las posibilidades legibles de la escritura tanto como los destinos visibles de la imagen fotográfica. Entre ellos, cuestionamos nuestra propia dignidad sobre lo que (sabemos o no) recibir del mundo y sus contornos visibles o enunciables. Entre ellos, como si tuviéramos también que prepararnos mentalmente para un viaje en el que nos pre-visualizamos como salvajes enceguecidos, las obras de Song Dong y Gerardo Nigenda nos obligan a cuestionar lo que usualmente le pedimos a la mirada que cree saber distinguir sin prejuicio entre imagen y palabra. Recordando que entre los huecos de nuestras expectativas y las heridas de nuestras inseguridades, existe la posibilidad de convertir nuestra fragilidad en una experiencia compartida de cegueras desmontables.

Antes de concluir, recordemos a Roland Barthes hablando sobre la relación entre el arte y la escritura para sugerir un discurso que pudiera hacerse de ello sobre los linderos del goce; hablar del discurso estético, sugería Barthes, dándole a esa categoría una ligera torsión para alejarla de su fondo idealista y en cambio acercarla al cuerpo, a la deriva.[8] Hacerlo, atreverse a disparar una cámara estando ciego; asumirse en fortaleza y dignidad para viajar a un país ‘invisible’; enunciar por años el tiempo del alma sólo para constatar la propia transitoriedad; son formas asumidas en respuesta activa a esa propuesta lanzada por Barthes sobre la posibilidad de ‘recuperar’ el discurso estético.[9] Alejarse del idealismo del viajero convocado en plena lucidez; ausentarse del impulso por legarse en la escritura; fotografiar un espacio sobre el entendido de su sensación dimensionada exclusivamente por el cuerpo propio, es suponer que entre estas vías no sólo se habita la disposición y capacidad de asumir el goce de la experiencia derivada, imperfecta, incompleta e (in)digna; sino que las señas visibles de nuestra propia indisposición saben traspasar, atravesar, perforar y proyectarse dándonos (al tiempo inasignable del don) la silenciosa calma retribuida del decirse hacia otras duraciones –invisibles, inenarrables o desaparecidas– desde el reconocer de la propia insuficiencia –mediática, narrativa, corporal– compartida y complementariamente (in)digna.

Recuperar la conciencia de la debilidad que somos, sugería Derrida, es la única manera de dar lugar al acontecer. Si somos incapaces de reconocernos al amparo y en resguardo de las imágenes y las palabras que (re)creamos en tanto residuos de aquello que nos sucede y en su durar destina nuestro acontecimiento, no habitará en ellas la fuerza que nos permita dar a leer, dar a ver, nuestro existir siempre incompleto y siempre en busca de reconocerse olvidado en el decir del otro que mira sobre nosotros lo que somos incapaces de ver.

Imágenes: Song Dong. Writing Time with Water. 1995 – a la fecha. 4 fotografías a color. Gerardo Nigenda. Primer patio del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. 1999. Plata/gelatina.


[1] Hablar aquí de una palabra que ‘se excusa’, es traer sobre el discurso esa palabra que intenta disculparse de su indignidad anunciada o padecida como condición de antemano explicada al otro, puesta frente a el, ofrendada en extracción. [2] Jorge Luis Borges. “Mi experiencia con el Japón” – conferencia pronunciada el 8 de julio de 1985 en la sala Promúsica en Buenos Aires, Argentina. http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2010/09/jorge-luis-borges-mi-experiencia-con-el.html [3] No dejemos de notar que en ese momento entre-dos sobre la certeza de imposibilidad compartible del lenguaje para decir lo que uno demanda del otro, sucede ese otro tiempo de la palabra, cuando silente, reconoce su estar-en-reconocimiento; más allá de su ser reconocido o reconocible. [4] El despliegue semántico y sintáctico entrecomillando el prefijo negativo (in) al que recurro al recorrer de este ensayo, se insiste para reiterar la condición no sólo dual o reversible de la palabra, sino injerta de su propio significado contrario; ya que al discurrir de la escritura estos conceptos van evaluando su propio acontecer y pertinencia dentro de sus propios confines. Entrecomillar el prefijo (in) lo encasilla y como unidad variable, le reitera aislado y aislable; no destinado por derecho dado a una cierta cualidad sustantiva o adjetivada sino en una determinada condición de colindancia que no le permite sino horadar dentro de sí, si ha de penetrar el sentido de la palabra a la que decide anteceder. Suspendido en este estado de colindancia diferencial sostiene en promesa su potencial endógeno sobre la palabra en la que ha de consumirse. [5] Al respecto se sugiere la lectura del Tratado de la eficacia y el Elogio de lo insípido de François Jullien, ambos editados por Siruela. [6] Entre otras figuras, Barthes avista esa intransmisibilidad de la palabra una especie de mirada al fondo del lenguaje, ligada a la tradición, pero aún, inasignable en nombre y consistencia. Derrida hablaría, entre otras cosas, de un resto, esa restance que no es cuerpo ni es escritura, pero que permanece en la letra sin destinatario preciso, pero cierto. Recordemos entre ellos la posibilidad de hablar de aquello que aún intransmisible, es ‘recibible’ en la escritura (distinción atendida no a profundidad por el propio Barthes en su ‘autobiografía’ como estado de existencia entre el texto y el lector, entre sus más conocidas categorías de lo ‘legible’ y lo ‘escribible’). Al respecto ver: Barthes, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes. Caracas: Monte Ávila Editores. 1992. (1975) p 129. [7] Pensando aquí la ‘dignidad’ en tanto estado de correspondencia entre términos que equivaldrían su valor o merecimiento de asignación; digamos por ejemplo, entre el espacio retratado y su imagen; entre la mirada humana y la de la cámara, etc. [8] Ibid. p 94. [9] Propuesta lanzada con un cierto descuido entre los muchos y variados apartados que componen Roland Barthes par Roland Barthes, ¿como si inseguro de la propia dignidad de la apuesta?

Fuente: http://falladecortante.blogspot.com/

Este sábado 28 de abril a las 10.30 am inicia el Gran Homenaje a John Cage, Maestro del azar planeado. Lugar: AUDITORIUM MAXIMUM – COLEGIO ALEMÁN DEUTSCHE SCHULE – MEDELLÍN. Entrad libre.

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas 1 Comentario

Es interés nuestro compartirles el gran proyecto que lidera el Centro Cultural Auditorium Maximum con el apoyo de otras importantes instituciones de la ciudad.

Haz click en el siguiente link para escuchar la invitación

014 JOHN CAGE HOMENAJE

Antioquia y Medellín tienen un nuevo centro para la música, el arte y la ciencia: El Auditorium Maximum es el complejo arquitectónico construido por el Colegio Alemán Deutsche Schule – Medellín como parte de su proyección educativa y cultural. Un centro que comprende una Sala de Conciertos con 602 sillas, una Escuela de Música y un Forum de Exposiciones para el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas.

Las características estéticas, arquitectónicas y técnicas de nuestro Centro de Cultura son factores diferenciales dentro de la escena cultural, turística y de entretenimiento en Medellín, además su ubicación en un bosque de reserva natural implica sensorialmente al visitante en el escenario más bello recientemente construido en Colombia.

Dentro de la celebración del centenario de nacimiento de John Cage, máxima figura de la Generación Beat, el Auditorium Maximum lidera un gran evento de ciudad al que se unieron otras entidades culturales de la ciudad: EPM, ITM, EAFIT, , EXPLORA, MUSEO EL CASTILLO, MUSEO DE ARTE MODERNO -MAMM, BELLAS ARTES, COMFENALCO, CASA TRES PATIOS, LA BOCA DEL LOBO, OPCIÓN HOT, PERIÓDICO EL MUNDO, METRO DE MEDELLÍN entre otras tantas instituciones. Se desarrollará un programa que incluye: conciertos, conferencias, exposiciones de artes visuales, lecturas para difundir el pensamiento filosófico de Cage y acciones performáticas que incluirán teatro y nuevos medios.

John Cage, Maestro del azar planeado tiene como objetivo revisar la obra de Cage desde la interdisciplinariedad del arte, la ciencia y la técnología.

QUIÉN ES JOHN CAGE: Pionero de la música aleatoria, de la música electrónica y del uso no estándar de instrumentos musicales, Cage fue una de las figuras principales del avant garde de posguerra. Los críticos le han aplaudido como uno de los compositores estadounidenses más influyentes del siglo XX. Fue decisivo en el desarrollo de la danza moderna, principalmente a través de su asociación el coreógrafo Merce Cunningham. ) Si Duchamp se ha revelado como la figura fundamental de principios-mediados del siglo XX, el trabajo de Cage aparece actualmente como un paradigma indispensable de finales del siglo XX y principios del XXI.

 “Compongo música con agua de la jarra, una pipa de hierro, una llamada a las gallinas, una botella de vino, un mezclador eléctrico, un silbato, una regadera, cubos de hielo, dos platillos, un pez mecánico, una llamada de codorniz, un pato de goma, una grabadora, un florero, un sifón, cinco radios, una bañera y un gran piano.” J. Cage.

Abre sus puertas para el arte contemporáneo el Centro Cultural Auditorium Maximum

 Un artista que unió las artes, la ciencia y la tecnología

1912-1992. Compositor, instrumentista, filósofo, teórico musical, poeta, artista y pintor estadounidense

“No a la América Prediseñada”. John Cage

“No entiendo por qué la gente se asusta de las nuevas ideas. A mí me asustan las viejas”. John Cage

 “El arte no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento por muchos.” John Cage

  • Un artista que levanta su voz frente a una sociedad norteamericana barrida por la depresión económica, la segunda guerra mundial y la amenaza de la bomba atómica.
  • Pionero de la música aleatoria, de la música electrónica y del uso no estándar de instrumentos musicales.
  • El artista perteneció a la Beat Generation junto a Allen Ginsberg, Roberth Motherwel, Willem de Kooning, Jack Kerouac y William Borroughs quienes optaron por una actitud que se despojase de todas las falsas moralidades y mostrara al hombre desnudo y sincero.
  • Rechazaron todas las posturas políticas por considerarlas intrínsecamente opresivas.
  • Caracterizados por el ascetismo frente a una sociedad básicamente materialista. 

 

El Colegio Alemán Deutsche Schule – Medellín entrega a la sociedad colombiana el Centro Cultural Auditorium Maximum, un espacio para las artes, la ciencia y le tecnología

  • Con un homenaje al maestro John Cage, el artista moderno más influyente en los años 40 y 50, perteneciente a la Generación Beat, el Auditorium Maximum realizará actividades artísticas y académicas en Medellín, el Área Metropolitana y Antioquia.

Colombia presenciará un hito histórico: el Auditorium Maximum. El Colegio Alemán Deutsche Schule – Medellín entrega a la sociedad un complejo cultural catalogado por los expertos y de forma unánime, como uno de los más importantes escenarios del país, de perfección acústica, técnica impecable, espesor sensorial y aporte estético.

Ubicado en medio de un bosque de reserva, diseñado por el arquitecto Juan Fernando Forero, y con una extensión de 884 metros cuadrados; el Centro Cultural Auditorium Maximum, comprende una sala de conciertos con 602 sillas, una Escuela de Música y un Forum Expositivo para el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas.

Con un homenaje a John Cage, una de las figuras más importantes del arte moderno y contemporáneo, el Maximum abrirá sus puertas al país y al mundo, para compartir la obra del maestro del azar planeado. Cage ha sido reconocido no solo por sus innovaciones en el campo de la música sino también como pensador, escritor y filósofo. Un artista que cambió la historia del arte y compuso insólitas obras que incluyeron acciones como preparar y cortar vegetales, introducirlos a una licuadora, y luego beber el jugo (0’0”), o en la que un músico con cronómetro en mano espera cuatro minutos treinta y tres segundos sin tocar una sola nota de sus instrumentos(“4: 33″).

2012 será un año Maximum, con una vasta e incluyente programación, desde este próximo 28 de abril, a las 10.30 a.m. cuando este escenario abra sus puertas para el arte y con la denominada Escuela de Visitantes, coordinada por el artista Wolfgang G. Tirado, se inicie una serie de talleres de sensibilización, conciertos y actividades académicas. Estos talleres buscan dar a conocer la obra del Maestro John Cage y tendrá entrada  gratuita a cada uno de los talleres.

La conferencia y acto inaugural contarán con la participación de Lucrecia Piedrahita, Directora/Curadora del homenaje a Cage; del arquitecto Óscar Muñoz y con la intervención musical de la Orquesta Sinfónica de Eafit y el chelista Juan Pablo Valencia interpretando una obra de la  joven compositora Natalia Valencia.

La Escuela de visitantes extenderá sus actividades hasta el 18 de agosto, con talleres abiertos a la comunidad, y en escenarios como Parque Explora, el Instituto Tecnológico Metropolitano –ITM-, el Museo de Arte Moderno de Medellín –MAMM-, Unicentro, la Fundación Universitaria Bellas Artes Medellín –FUBA-, y Comfenalco.

El Homenaje al maestro del azar planeado, John Cage, incluirá además el Encuentro Músicas – sonidos que rompen el corazón con la participación, por primera vez en Colombia, de la gran pianista china Margaret Leng Tan; So Percussion, destacado cuarteto neoyorkino; la Orquesta Sinfónica de Eafit, Percanto, Periscopio y Vocalik. Así mismo, acompañarán a este encuentro artístico una seria de actividades académicas bajo el nombre: Laboratorio de pensamiento; y la muestra de artes plásticas: Esta sala es un John Cage – una curaduría de Lucrecia Piedrahita.

Medellín, Antioquia y el Área Metropolitana son Maximum.

Prensa:

Marco Madrigal: Cel: 300 689 46 35

marcomadrigalg@gmail.com

Jacobo Franco: Cel: 300 614 66 01

jacobofrancoceballos@gmail.com

Colegio Alemán / Deutsche Schule Medellín

Carrera 61Nro. 34-62 Itagüí, Colombia

Tel. (+574) 2818811 Ext. 235

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ENCUENTRO ACADÉMICO 

Contaremos con: doctor Jorge Wagensberg –físico y director científico de la Caixa Forum de Madrid, Anna María Guasch, teórica y crítica de la Universidad de Barcelona, Miguel Ángel Hernández. Director del CENDEAC- de Murcia, Marcela Quiroz, doctora en Teoría Crítica de México, Graciela Speranza, Académica y pedagoga argentina. Y estará el grupo de invitados nacionales: Lucrecia Piedrahita, Jaime Cerón, Jorge Echavarría, Hernán Méndez, Pablo Montoya, Alejandro Echeverri…

ENCUENTRO DE MÚSICAS 

CONCIERTOS Y PRÁCTICAS MUSICALES

PRESENCIA DE LA GRAN PIANISTA CHINA, MARGARET LENG

Para el mes de septiembre nos visitará la maestra Margaret Leng, pianista china de primer nivel mundial. Con ella se tendrá un gran concierto de gala.

El programa de música cuenta con el apoyo del maestro Andrés Posada- Decano de Música de la Universidad Eafit, así mismo estará la maestra Cecilia Espinosa, el chelista Juan Pablo Valencia, el Cuarteto 5 y  otros grupos de música de las universidades de la ciudad.  

EXPOSICIÓN DE ARTE

La curaduría es responsabilidad de Lucrecia Piedrahita y la muestra se hará en estas fechas: 13 de septiembre a cierre de octubre.

Invitados: Gabriel Botero, Alexandra Mccormik, Leyla Cárdenas, Carlos Bonil, Clemencia Echeverri, Anibal Vallejo, Mónica Naranjo, John Jader bedoya, Alejandro Tobón, Adriana Salazar, Angélica María Zorrilla, Edwin Monsalve, César del Valle, Catalina Jaramillo, Nadir Figueroa,  Pablo Guzmán, Johan Barrios, Mario Vélez, Andrés Layos, Mauricio Carmona, Juan Ricardo Mejía, Johana Bojanini, Marcela Cárdenas, Juan Fernando Ospina, Alejandro Gracía, Fredy Alzate, Juan Esteban Sandoval, Anna María Botero, Pilar Aparicio, Hugo Cárdenas, Attis, entre otros artistas.

 MEMORIAS

Publicaremos el libro impreso de alta factura que además contendrá una multimedia con todo el desarrollo de la exposición de artes visuales, talleres de sensibilización, conciertos, participación ciudadana, videoclips, análisis formal, testimonios…

FECHAS DE CELEBRACIÓN:

Desde el mes de abril comenzaremos talleres de sensibilización en la ciudad y la actividad central del homenaje se tendrá en el mes de septiembre y parte de octubre.

 Inscríbete en los mails:

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culturadeautor@gmail.com

Mayores informes:

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A propósito de mi Maestría en Teoría Crítica, en Ciudad de México, les comparto este interesante texto. Sobre 17 (en) obra* – Marcela Quiroz Luna

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

Hace poco regresé de Ciudad de México donde asistía a mi segundo año de Maestría en Teoría Crítica. Allí tuve la oportunidad de conocer personalmente a Marcela Quiroz, ya doctorada en Teoría Crítica y a quien invité al Homenaje que preparo desde el AUDITORIUM MAXIMUM para John Cage. 

Les comparto este interesante artículo y bello manejo de la escritura, autoría de esta destacada crítica y curadora que presentó en nuestro período de Coloquio en el D.F. 

*Ponencia presentada por Marcela Quiroz Luna en el marco del XII coloquio de 17, Instituto de Estudios Críticos  Casa Refugio Ciltlatépetl | México DF, enero 2012 |  imágenes: cortesía del artista

“…y si, para que algo pase, hiciera yo una promesa?” Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso

 La sola intención por pensar en 17 como se aproxima uno a una obra, supondría, por principio, colocar en el arte una importante apuesta de esperanza. Esa misma esperanza por la que Theodor W. Adorno –a pesar de creer, en alguna devastada medida, que efectivamente después de Auschwitz era ya imposible escribir poesía– continuó, sin embargo, escribiendo sobre los acordes fundantes de Beethoven y las palabras desiertas de Celan.

Intuyo así que aquella urgencia –acaso aún más íntima que ‘institucional’– que me entregó en las manos Benjamín Mayer una tarde hace no muchos jueves, apelaba a esa misma y precisa esperanza –radical hasta la médula– que finca en el arte su último y definitivo bastión. Esa tarde, a diez años de historia del 17, Instituto de Estudios Críticos, su fundador hablaba (utilizando conceptos derivados del mundo de la música, respondiendo a su formación/pasión como jazzista) [hablaba] de la necesidad de reconocer ese acorde compartido que, aún cuando silencioso o ensordecido, anima el encuentro entre una obra y su creador. Ese acorde que él mismo hace más de una década concibió como una ‘máquina productora de silencio’ consumada en el tenderse de sí como lazo social.[1] Una máquina –nunca solo individual– ejercitándose en la aventura inter e intra-disciplinar preocupada (es decir, de antemano ocupada por atender ese lugar-en-escucha al cuerpo del otro, el par); preocupada por poner en marcha una discursividad situada al cruce de los caminos académico, cultural y psicoanalítico.

Para iniciar, entendamos al creador no sólo como aquel que ‘factura’ sino también aquel que recibe la obra –y en este sentido es co-partícipe de su creación. Ello nos permitirá entender la obra de arte sobre una temporalidad potenciada ad infinitum que, como ciertos textos ‘escribibles’ –siguiendo a Roland Barthes– conforman y confirman su existencia en activo solamente si acontecen al encuentro con su lector. Así, para seguir las intenciones argumentales de este escrito, entendámonos también como (co)creadores de la obra que hoy es 17; es decir, en tanto nuestra presencia entre sus apuestas ha dejado ya su huella al tiempo del intercambio intelectual y por tanto nos destina creadores-en-compañía, colindancia, confidencia, confabulación y complicidad.

Volvamos así a la búsqueda de ese acorde que con esclarecida intuición me remitió a una suerte de ‘aura’ (siguiendo a Walter Benjamin) detrás de las palabras de Benjamín Mayer conforme ansiaba explicar(me)(se) la naturaleza del encuentro que incansablemente busca ofrecer 17, fincando sus anhelos en la experiencia de compenetración profunda que sucede dentro de quien dispone no sólo su tiempo sino por completo su cuerpo para recibir una obra de arte. Diez años después de fundado 17, quienes lo hemos ido conformando sabemos bien que no es sino en la apuesta radical que involucra la entrega del cuerpo entero, ‘dónde’, cómo y cuando sucede en potencia su ‘obrar virtual’. Ante la propuesta que habría de germinar en estas letras, comprendí que sobre los ejemplos, anécdotas, memorias y planes que entonces me compartía Benjamín, lo que en realidad me entregó esa tarde para poder contar (en cuento y entre cifras) el valor de 17, fue el ‘aura’ de un tiempo creativo (des)andado una y mil veces. Escuchándolo comprendí que el aura que emana la historia temporal de 17, precisa ante todo de cuerpos (como historias) a los cuales enamorar y hacerse en ellos como un juego de variables infinitas que hoy afirmaremos convoca a 17 (en) obra.

Empecemos entonces por detenernos en la textura y tonalidad del ‘aura’ que 17 y sus cuerpos han ido tejiendo como lazos interconectados y ya para siempre dependientes de su obrar en interacción. De imaginarse en vista cenital, 17 sucedería hoy a sus diez años como la mítica Ersilia narrada por Italo Calvino. Esa ciudad tendida de hilos entre casas, plazas, calles y edificios señalando con su tendido los múltiples lazos afectivos, familiares, sociales y laborales que constituían la esencia de la ciudad. Cuando esta compleja telaraña de tantas relaciones intercambiadas resultaba inoperante por saturada, los habitantes de Ersilia tenían que mudarse de tanto en tanto, dejando tras de sí sobre la extensión del territorio ya abandonado, sólo un tendido de hilos entrecruzados que contenía, para quien supiera leerlo y distinguir por ancho y color, todas las historias simbolizadas entre hilos que habían tejido las décadas sumadas sobre una ciudad. Sin embargo, en este tiempo virtual haya que aceptar que la partida de hilos sucede de otra forma, pendiente de una ajena materialidad que más se acerca, como he sugerido de inicio, a una suerte de aura devenida del despliegue tecnológico que desde una ‘plataforma’ (también, a su manera territorial) nos conecta entre interfases. Así será que para entender el tiempo en que se ha constituido el tendido de relaciones entre las que circula aquella primer promesa enunciada (aún si a sus adentros) por Benjamín Mayer, hemos de perseguir la cadencia que de ella emana intuyendo que entre sus residuos se devela quizá con la misma intensidad ese tiempo de intercambio como origen prometido.

Siendo el ‘aura’ un concepto puesto en el mapa de la teoría de la imagen fotográfica por Walter Benjamin a mediados de la década de 1930, desde entonces su condensar por virtud impreciso ha sido en realidad vagamente entendido, si bien extensamente citado. Por ello propongo invertir(nos) en tiempo-común para precisar, participando de ese mismo ánimo esperanzado que le insufló, los contornos de sus valles al recorrer de la presente ponencia.

Se recordará que la primer mención que el autor de Los Pasajes hiciera del término ‘aura’ sucedió –no, como suele pensarse en el multicitado ensayo de La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica (1935), sino unos meses antes entre las memorias nostálgicas de la Pequeña historia de la fotografía (1934). Fue ahí (y con ese ánimo) donde Benjamin habló por vez primera de la ‘irrepetible aparición de una lejanía por cercana que ésta pueda estar’;[2] aquella que conseguían apresar tan sólo algunas imágenes fotográficas, en su mayoría, aquellas creadas durante los albores de la técnica. Más adelante, el autor –acaso también incómodo ante la aparente imprecisión de su (in)definición del ‘ser’ del aura– habría de intentar otros varios señuelos para explicar al lector qué era aquello que, frente a un puñado de imágenes, le hacía efectivamente ‘participar’ de un cierto ‘estado’ o condición de afección. Iremos visitando algunas de sus de-signadas (im)precisiones sobre el ánimo y los sentires del cuerpo al transcurrir de estas palabras.

Por principio, sea importante resaltar que aquello que Benjamin buscaba describir del ‘aura’ consistía en realidad en un estado perceptivo extendido y sostenido sólo y si frente a una pequeña (y entonces aún aparentemente estática) ventana fragmentada del mundo. Un ‘aura’, afirmaba Benjamin en 1934, “que daba seguridad y plenitud a la mirada que la penetraba”[3] (refiriéndose al penetrar del espectador entregado a la imagen). De esta condición compartida, copartícipe, co-creada y fragmentaria desde, dentro y sobre la que era dable para enlazar una mirada penetrante hasta esa ‘lejanía’ que en ciertas fotografías parecía brindarnos la posibilidad de co-presencia con el espacio y tiempo retratados, es de donde hemos de derivar lo que considero el origen de la posibilidad de responder al llamado de Benjamín Mayer para intentar explicar cómo es que se puede entender, describir y penetrar 17, en tanto obra aurática.

 

Estamos entonces frente a una lejanía que de cerca nos enamora apresada entre los confines (en potencia infinitos) de una ventana tendida –horadada y extraída– del continuo que damos por entender como realidad. [Esa misma ventana que hoy ha derivado en un formato digital y que entre usuarios ‘críticos’, llamamos plataformas y foros de diálogo en seminario.] Para participar del mundo que esa ‘ventana’ despliega o repliega, dependemos, al menos, de un momento de coexistencia-en-compenetración. De otra forma no supondrá para nosotros, como entonces el resto de las imágenes fotográficas para Benjamin, sino una planimetría desauratizada, carente de contenido, enlazamiento y potencia.

Es así que supongo necesario aceptar y asumir –para poder afirmar con Benjamin– nuestra esperanza en la existencia todavía de algo por lo menos semejante a ese ‘pasaje’[4] o estancia-de-tránsito (transición o trance) que llamó ‘aura’. Una suerte de ‘pasaje aurático’ que resultaría imposible de recorrer sino desde un estado en disposición fundante.

Resulte pertinente hablar entonces del tiempo habitable al que da lugar el ‘aura’ de la obra de arte si en su estar sucede la experiencia compartible entre la pieza y el espectador. Este tiempo que se construye o se distiende sobre una ‘irrepetible lejanía por cercana que pueda estar’ pervive de características empañadas por un cierto nublamiento. Sostengo que ante esa mirada compuesta de tiempo que frente a la obra permite habitarla-en-aura se anticipa una textura nublada pues en ella, irremediablemente, se condensa lo lejano respondiendo a un fenómeno físico/óptico pertinentemente llamado: ‘círculos de confusión’.

La óptica nos dice que debemos a esos ‘círculos de confusión’ y sus efectos el recorrido brumoso antepuesto al cuerpo que acepta co-existir en la temporalidad que destina al aura. Para entender sin excedida complejidad lo que a nuestros intereses significan esos ‘círculos de confusión’ digamos que cuando los rayos luminosos que desde los cuerpos lejanos rebotan hasta encontrarse con la retina, éstos recorren una distancia considerable antes de volver a unirse como cuerpos concretos o formas reconocibles dentro del ojo/cerebro de aquel que hace por ver. Pecando de una cierta laxitud científica, pensemos que durante ese espacio-recorrido sucede una cierta ‘turbación’ que se materializa en la creación de miles de pequeños círculos imprecisos que – quizá a pesar de sus propias intenciones o anhelos– no logran ser sino contornos confusos. La causa está en que estos puntos de luz reflejada no sostienen la nitidez-en-cercanía con la que fueron emitidos por los cuerpos de origen, siendo que en el recorrer de esa ‘lejanía-en-proximidad’ que constituye el aura, han padecido de un estado de imprecisión vibrado-por-separación [me imagino, algo parecido a esa llamada ‘angustia de separación’ (separation-anxiety)]; configurando así los bordes de los cuerpos como texturas difusas. Personalmente me gusta creer que lo que origina esa vibración que texturiza los contornos –y al hacerlo nos da a entender que aquellos cuerpos menos nítidos en sus perfiles se encuentran más lejos de lo que hubiera dar a la mano– tiene que ver con el amor; como también con el reconocer de la singularidad en su compleja y clara potencia.

Sigamos entonces sobre la textura de los contornos. En sus fragmentos de un discurso amoroso Roland Barthes afirmaba que, por lo general, el discurso amoroso ‘es una envoltura lisa que se ciñe a la imagen, un guante muy suave en torno al ser amado.’ Nitidez superficial tan frágil como el reflejo de Narciso, y así, advirtiera Barthes, cuando se altera la imagen con la que se ha decidido representar al amado, sucede ‘una conmoción [que] trastoca [incluso] el propio lenguaje’[5].

Haya que esclarecer entonces que no es sino al enturbamiento del amor sobre el influjo del deseo, cuando el aura hace su aparición entre el sujeto y su deseante. Antes de este momento en el que se lucha con todo el cuerpo por el ‘acercamiento de lo lejano’, esa imagen, LA imagen del amado existe por completo desentendida de los riesgos visuales y verbales que traerán consigo los círculos de confusión y la cadencia impronunciable de nuestro deseo.

Es posible que todos los aquí presentes sepamos bien qué poco dura, por lo general y por fortuna, esa imagen nítida del amor idealizado –a distancia de aquella que sostendremos como realidad compartible en lo cotidiano. De mantenerse esa cubierta lisa y suave que recubre ‘lo adorado’ terminaría quizá por alisarnos también hasta hacernos carecer de palabra.

He ahí la verdadera amenaza cifrada por ese otro amante de las fotografías auráticas, Roland Barthes, quien encuentra los efectos más potentes del desamor en el terreno de la escritura. ‘Reflujo de la imagen’ le llama a este nublamiento del lenguaje; considerando que, antes de este instante turbulento, la imagen del amado existía de forma tan precisa y perfecta que no cabía lugar ni tiempo para derivar desde ella hacia otros pasajes o texturas. Pero –y he ahí su condena– ese exceso de precisión cancelaba también y de tajo, nuestra posibilidad distendida para acercarnos a ella y permanecer recorriendo sobre la bruma de sus contornos, los misterios que entre inclemencias comporta la habitabilidad del tiempo; ante una imagen tan absolutamente nítida de palabras, no hay posibilidad de respirar con ella, el aura.

Empiecen a condensarse las razones por las que a diez años de ese primer enamoramiento de círculos confusos que debió haber aquejado al fundador de este Instituto, hoy podemos ver en 17 los contornos tan (im)precisos como desbordados de una obra que sabe jugar sus distancias para acercar enamorados.

Sin embargo, también sabemos (o gustamos creer) que no todo en el amor es confusión, ni embelesamiento; o al menos, no lo es todo el tiempo. Sería más apropiado decir que en la economía del amor se juega con un par de dados sin marcas fijas ni ciertas y que, en cambio, lo que pretende darse a quien se quiere entregar en prenda, es tiempo (sí, posiblemente sea ese tiempo respirado del aura). Pero ya nos ha advertido Jacques Derrida sobre esta pretensión: “El tiempo, en todo caso, no da a ver nada. Es, como poco, el elemento de la invisibilidad misma. Sustrae todo lo que se podría dar a ver. Él mismo se sustrae a la visibilidad. No se puede sino ser ciego al tiempo, a la desaparición esencial del tiempo y eso que, en cierto modo, no hay nada que aparezca que no exija y tome tiempo.”[6] Confirmando la invisibilidad o –visibilidad en extracción– del tiempo entre las condiciones derridianas para hacer venir aquello que puede ser dado, parecería impensable intentar hacerse del 17 sino siguiendo los perfiles ciegos de aquella promesa lanzada como germen de acontecimiento (pace Barthes), como el aura también compuesta de una ‘trama particular de espacio y tiempo’.[7]

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El jueves 22 de septiembre, eres invitado especial a la inauguración para todo el público del Centro Cultural de Alemania – Auditorium Maximum – Cultura de Autor. Un espacio del Colegio Alemán Deustche Schule Medellín.

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

  

   

El jueves 22 de septiembre, eres invitado especial a la inauguración para todo el público del Centro Cultural de Alemania – Auditorium Maximum – Cultura de Autor. Un espacio del Colegio Alemán Deustche Schule Medellín.

El Concierto N. 2  estará a cargo de la Joven Sinfónica de Colombia, bajo la dirección del Maestro Carlos Erazo Charry. Música de Rossini, Mozart, Beethoven.

Todos están invitados y la entrada es gratuita. Debes reclamar tu boleta en los puestos de TUBOLETA: Almacenes Exito, Prodiscos en Unicentro, Entreteinment Store – El Tesoro, y el mismo jueves 22 de septiembre en las taquillas del Auditorium Maximum, después de las 6 pm.

El concierto será a las 7,30 de la noche por lo que les solicitamos revisen el plano de llegada al Maximum que está ubicado en el Campus del Colegio Alemán Deustche Schule, contiguo al Parque Acuático Ditarires – Itagüí.

Los interesados en separar boletas pueden también escribir al mail: auditorium@colegioalemanmedellin.edu.co

o comunicarse al 2 81 88 11. Ext. 230.

Será una noche realmente espacial para conocer este imponente centro de cultura que el Colegio Alemán Deutsche Schule entrega a todo el Valle de Aburrá. Un espacio para la música, las prácticas artísticas contemporáneas y la ciencia. Te esperamos!!!

AUDITORIUM MAXIMUM – CULTURA DE AUTOR

UN ESPACIO PARA LA MÚSICA, EL ARTE

 Y LA CIENCIA

COLEGIO ALEMÁN – DEUTSCHE SCHULE

El Sur tiene un nuevo centro para la música, el arte y la cultura: El Auditorium Maximum es el complejo construido por el Colegio Alemán – Deutsche Schule como parte de su proyección educativa y cultural. Un centro que comprende una Sala de Conciertos con 602 sillas, una Escuela de Música y un Forum Expositivo para el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas.

El centro cultural adjunto de 884 metros cuadrados será escenario de importantes eventos de escala nacional e internacional y dará cuenta del desarrollo cultural que reclama el sur del Área Metropolitana para así contribuir positivamente al desarrollo social.

El Auditorium Maximum es el espacio para escuchar y vivir los grandes conciertos de la música clásica y contemporánea, es el laboratorio de pensamiento para las nuevas generaciones, es el espacio expositivo para artistas jóvenes y de trayectoria, es la plataforma autónoma  e interdisciplinar de opinión, construcción, formación y debate en torno a las prácticas educativas y culturales.

Principios

●     El ser humano es lo primero

●     Producir obras con alma

●     Planear con visión global

●     Ser consecuentes con la realidad local

 

Portafolio de Servicios

Regulares

●     Conciertos de temporada

●     Conciertos didácticos

●     Concursos, convocatorias, festivales y encuentros de música

●     Clases magistrales

●     Estrenos

●     Maestros Directores anfitriones

●     Solistas vocales e instrumentales invitados

●     Programas de formación artística

●     Conciertos acústicos – unplugged

Especiales

Alquiler del Auditorium Maximum y el Forum Expositivo como

●     Salas de conciertos

●     Lugar de conferencias

●     Seminarios

●     Presentaciones artísticas

●     Exposiciones de arte

●     Sala de ensayos para Rock (con capacidad para  albergar 10 personas).

●     Lecturas y eventos

●     Cursos de apreciación musical y artística

●     Interpretación de la obra de arte

●     Conferencias Culturales con

○     artistas

○     músicos destacados

○     académicos

○     intelectuales

○     científicos

○     arquitectos

○     historiadores

○     …

 

Características del Auditorium Maximum

●     Oficina de Dirección

●     Sala VIP

●     Sala de reuniones

●     Estudio de grabación de Audio y Video

●     Dos camerinos

●     Tres espacios independientes de uso múltiple (cubículos para ensayos musicales o camerinos dependiendo de la magnitud o necesidades particulares del evento)

●     Depósitos para instrumentos de orquesta

●     Cuartos técnicos (aire acondicionado, eléctrico, seguridad, depósito)

●     Parqueaderos

Profesionales

●     Consultoría en prácticas culturales

●     Gestión integral del patrimonio cultural: Asesoría, Curaduría, Avalúo

●     Conservación, Preservación y  Restauración

●     Asesoría en diseño y presentación de proyectos culturales, artísticos y curatoriales 

●     Desarrollo y gestión de proyectos culturales y educativos

●     Asesoría en inversión cultural

●     Asesoría en expresión de responsabilidad social mediante la cultura. Selección de personas, organizaciones y espacios apropiados para mecenazgo

●     Curaduría de exposiciones

●     Visitas comentadas

●     Artes escénicas

●     Danza contemporánea

●     Workshops

●     Cine Foros

●     Tienda Boutique de la Cultura

 

Vinculación y contactos

El Auditorium Maximum – Cultura de Autor ofrece acompañamiento y participación activa:

●     Membresía

●     Amigos del Auditorium

●     Página web

●     Comunidad Online

Maximum, Colección de arte

Con el interés de fomentar el desarrollo de las prácticas artísticas el Auditorium Maximum, Cultura de Autor avanza en la consolidación de la colección de arte a través de la mirada de los artistas sobre el entorno de bosque natural que rodea el espacio. La colección se iniciará con una taxonomía de bosque que propone el artista Edwin Monsalve. La pieza central de arte acompañará el diseño de cada concierto de gala permitiéndole al público adquirir la obra y conformar así su propia colección.

AUDITORIUM MAXIMUM, CULTURA DE AUTOR

Hans Steinhäuser. Presidente Junta Directiva

Dominique Sheuten: Rector Colegio Alemán / Deutsche Schule

 

 

Lucrecia Piedrahita Orrego. Directora / Curadora Auditorium Maximum

Alejandro Castillo Escobar. Asistente de dirección Auditorium Maximum

Colegio Alemán / Deutsche Schule Medellín
Carrera 61 No. 34-62
Itagüí, Colombia
Tel.  (+574) 2818811 Ext. 230 – 235

Fax: (+574) 3726311
Email: auditorium@colegioalemanmedellin.edu.co

www.colegioalemanmedellin.edu.co

www.auditoriumaximum.edu.co

 

Colegio Alemán – Deutsche Schule

En 1968 y como resultado del esfuerzo de un grupo de padres de familia alemanes y colombianos, encabezados por el señor Horst Müller, nace el Colegio Alemán de Medellín – – Deutsche Schule, en una pequeña casa donde cerca de veintidós niños recibieron, a comienzos de 1969, sus primeras orientaciones académicas.

En la actualidad el Colegio Alemán – Deutsche Schule se encuentra ubicado junto al Parque Ditaires, en Itagüí, en un terreno de 78.000 metros cuadrados, donado por doña Dita Zur Nieden de Echavarría. La planta física diseñada por el Arquitecto austríaco, Sr. Fetekefoeldi, brinda todas las posibilidades de convivencia armónica con la naturaleza.

Los resultados obtenidos en las pruebas estatales por las diferentes promociones y el reconocimiento con el premio Andrés Bello por su alto nivel académico en 1983 y 1985, ubican al Colegio Alemán – Deutsche Schule en los primeros lugares en Antioquia y un destacado espacio a nivel nacional.

Desde el año 2009, luego de la autorización por parte de la Organización del Bachillerato Internacional (IBO), el Colegio imparte el Programa del Diploma, calificación altamente reconocida para obtener el ingreso a las universidades en todo el mundo.

Con mas de 40 años de existencia, el Colegio Alemán – Deutsche Schule se destaca hoy por enseñar con calidad, excelencia y profesionalismo, gracias a la ayuda permanente del Gobierno Alemán, la Corporación Colegio Alemán y la voluntad del personal docente, estudiantes, Asociación de Padres de Familia ASOPACAL, y la Asociación de Ex Alumnos ASODECAL.

Ahora la apuesta del Colegio es consolidar la Escuela de Música a través de la educación de alta calidad para sus estudiantes, la formación de públicos con los conciertos didácticos y para lograrlo, entregan a la ciudad, el Auditorium Maximum, Cultura de Autor, un espacio para vivir la música, el arte y la ciencia.

 

Preferiría no hacerlo / Ignacio Uriarte. Por Marcela Quiroz

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

Intenté sin éxito ser más muebles, pero ni eso me fue concedido.

Así que he sido toda mi vida un solo mueble, lo cual,

después de todo,

no es poco si pensamos que lo demás es silencio.”

Clément Cadou citado por Georges Perec

citado por Enrique Vila-Matas en Bartleby y compañía

Para escribir intento elegir días de cuerpo ligero y ánimo dispuesto, sin embargo hoy ‘preferiría no hacerlo’. Parece más pertinente, incluso necesario, estar corporalmente cansado y emocionalmente renuente para hablar de esta exposición –sin duda, en su estar modesto, la propuesta expositiva más interesante que se expone en la Ciudad de México este verano. Preferiría no hacerlo del artista (germano-español) Ignacio Uriarte se exhibe desde el mes de julio en la Casa del Lago pespunteada por la elocuente curaduría de Materia de Dibujo a cargo de Caroline Montenat.

La muestra se organiza en 3 salas y un pequeño vestíbulo en el que un ‘guardia’ de atuendo informal parece hacer lo que Bartleby sentado en un silla no muy cómoda de frente a la cédula introductoria, como si ignorándola. En ella se nos explica que el artista en turno viene del mundo oficinista habiendo sido formado como administrador de empresas. También se tienden atinadamente sus relaciones con la lapidaria frase del personaje, también oficinista, de Herman Melville que titula la muestra.

Conviene empezar el recorrido por la sala más pequeña donde se ordenan 3 proyectores sobre los muros con 3 animaciones. Una de ellas –cuyo audio invade tenuemente la sala entre tecleos de lo que parece una vieja máquina de escribir– resulta especialmente atinada para ajustar el tono de la obra del artista seleccionada para esta muestra. La obra vorwärts rückwärts (2005) juega con las letras que avanzan de izquierda a derecha a izquierda sobre un renglón invisible (de)formando una y dos palabras que pudieran ser todas, infinitas, y a la vez ninguna si hubiera de quedarse estática la composición. Resulta casi ‘visible’ el acontecimiento de la diferancia (différance) derridiano, en el diferir se inscribe la diferencia. Y a la vez, en el ritmo secuenciado del tecleo invocado se asume de golpe y cada vez más profundo, ese tedio infinito que empantana los motivos recorriendo una espiral imperfecta sobre el muro contrario. Todo. Nada. En medio resta el gesto queriendo restar el tiempo.

En la siguiente sala sobresale el optimismo confinado de un horizonte azul-casi-Klein que semeja una alborada entre un despliegue de hojas de papel Bond a muro jugando con los límites de su geometría para distender las posibilidades de su encierro. (Rotación 1. 2011) Primer atisbo del tenor que tímidamente parece germinar en la obra de Uriarte, una suerte de poesía mínima, esencial, urgida desde el estar vencido.

 A un lado tres monócromos Bic (Bic Monochromes. 2005) junto a los que descansa un par de audífonos como prometiendo ‘completar’ la experiencia del tríptico. De ellos emana el trazo continuado de una pluma que va y viene animada por un instinto que poco y nada tiene que ver con la vista final. De nuevo se inscribe en salvamento el gesto que dice el habitar del cuerpo sobre sus ‘resultados’. Escuchándole deviene casi innecesario seguir viendo las obras y se cimbra una ranura por la que el cuerpo logra fugarse. Sucede entre la imagen y el audio lo que Husserl distanciara entre la palabra escrita y la voz enunciada. Cuando se escucha la pieza dibujada de Uriarte el trazo pierde importancia como materialidad para convertirse en gestualidad pura condensándonos con ella en lo que el teórico llamara un estado de ‘auto-afección pura’ en el enunciar de la voz al cuerpo. Habría que repensarse si estas piezas debieran mantenerse juntas cuando expuestas o si es que en contigüidad, entre ellas anulan su potencia a-distancia fenomenológica.

 

Finalmente, en la sala de mayores dimensiones se agrupa una inteligente selección de las obras de Uriarte realizadas entre 2004-2011. Sobre uno de los muros se distiende otra clase de horizonte. De nuevo en una secuencia de hojas Bond dos dobleces sugieren el pliegue de un estar duplicado. (Two Folds. 2008) Cruzados por el centro de la hoja que como piedra clave conduce y contiene la carga de fuerzas hacia sus lados, los dos dobleces se intersectan y continúan en fuga hacia sus extremos sobre la diagonal opuesta de las mismas hojas. Este gesto casi intrascendente que deja sobre el papel su marca asimila con especial elocuencia los gestos conceptuales en rastro corporal de los años 60 y 70. Denotando una corporeidad constreñida entre los gestos codificados del entorno administrado, pero que aun alberga la capacidad de imaginar otro destino.

Este mismo impulso es el que explora la pieza central de la exposición. Sobre un tablón de madera como mesa improvisada se distiende un pequeño mar de oquedades de papel (The A-4 Cycle. 2009). Enrolladas sobre sus cantos, un contenido universo de hojas Bond membretadas provenientes de distintas firmas presenta un acomodo sutilmente voluptuoso que sigue las variaciones del blanco del papel blanco –a veces más azulado, otras amarilleando– los recorridos que cenitalmente se adivinan entre los rollos de papel ofrecen un inesperado encuentro de potencia poética que anima la generalidad desde el rasgo más común de sus caracteres.

Anticipando este paisaje horizontal que parece esperarnos en recompensa al fondo de la sala, algunas otras piezas retienen el tiempo que acumulan; exploraciones perspicaces sobre las posibilidades del hacer dibujo y escultura con elementos mínimos. Haya que terminar (y reempezar) el recorrido con All my days (Todos mis días. 2004). Hoja doble-carta impresa en computadora con un listado de fechas en tipografía milimétrica que contiene anotados todos los días de vida del autor desde su fecha de nacimiento 13-Jul-73. El espaciamiento entre fechas consecutivas es igualmente mínimo aun cuando equivalente y sin embargo, entre las cifras anotadas por columnas y renglones sucede una especie de oleaje, acaso inconsecuente, que entretiene la vista como si queriendo asegurarle que sobre la intrascendencia aparente de ese mínimo listado, existe sí, el movimiento de una vida.

PREFERIRÍA NO HACERLO | IGNACIO URIARTE

Curaduría: Materia de Dibujo

Casa del Lago | Ciudad de México

julio-septiembre 2011

*imágenes: Mónica Quiroz / Ignacio Uriarte

http://falladecortante.blogspot.com/

La curadora mexicana Paulina Cornejo estará este viernes 15 y sábado 16 de julio en Medellín.

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

Obra de la artista Pilar Aparicio. 2011

 

Obra de la artista Pilar Aparicio. 2011

Como todos saben estamos en el desarrollo del Diploma en Museología, Museografía y Estudios Curatoriales de la Universidad Santo Tomás. La imagen del Diploma está acompañada de la obra de la artista bogotana Pilar Aparicio quien con su trabajo serio subraya el valor de la pintura para el arte contemporáneo.

Su obra da cuenta de una revisión atenta al estatuto de la imagen y el gesto de caracter que otorga identidad a su pintura se transforma en actos gramáticos que denotan una indomable persistencia por ahondar en las profundidades del alma.     

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INVITACIÓN OFICIAL

En nombre de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás, queremos invitarlo (a) a las conferencias que dictará la curadora Paulina Cornejo quien está vinculada a uno de los más importantes museos de arte contemporáneo de Latinoamérica. La Curadora forma parte del equipo de docentes invitados al Diplomado en Museología, Museografía y Estudios Curatoriales, que actualmente se desarrolla en la ciudad, bajo la dirección de la Museóloga Lucrecia Piedrahita.

Semana 4. Julio 15 y 16

Ponente: Paulina Cornejo. Curadora de arte.   México, DF. Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM. MUAC.Es Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona. Del año 2003 al 2007 se desempeñó como Subdirectora de Curaduría e Investigación del Museo Muros en Cuernavaca, en donde estuvo a cargo de la Colección de Arte Mexicano Moderno y Contemporáneo de Jacques y Natasha Gelman, así como de la organización de exposiciones y actividades temporales. Desde el año 2006 realiza investigación sobre las políticas culturales implementadas en México y otros países de Centro y Sudamérica orientadas a la profesionalización de prácticas como la curaduría, la investigación y la crítica de arte, con el objetivo de conformar una plataforma de diálogo que permita establecer un diagnóstico preciso y sugerir mecanismos encaminados al desarrollo y estímulo de estas actividades. Desde el año 2008 trabaja como curadora asociada del proyecto RESIDUAL: intervenciones artísticas en la ciudad, un proyecto realizado en colaboración de la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM y el Goethe-Institut México que busca sensibilizar a la ciudadanía en torno a la responsabilidad compartida que conlleva el manejo de residuos, así como contribuir a regenerar el sentido de pertenencia y la recuperación de los espacios públicos. Ha sido colaboradora para diversas publicaciones especializadas en arte, y es profesora invitada en los seminarios de curaduría y de arte público impartidos a través de la Escuela Nacional de Artes Plásticas en la Academia de San Carlos.

Reflexionar sobre el papel actual de las instituciones culturales en relación a la ciudad, los habitantes y el espacio público.

 

DEL MONUMENTO A LAS PRÁCTICAS ARTÍSTICAS COLABORATIVAS.

 

Arte público ¿qué es y qué se entiende por arte público? Genealogía: monumento, “placemaking”, arte para sitio específico (site-specific art), arte en espacios públicos (art in public places), arte como espacio público (art as public spaces), arte del interés público (art in the public interest), nuevo género de arte público (new genere public art), aproximaciones basadas en procesos (process based approach), arte público basado en la comunidad (community based public art)…

Teorías: Nicolás Bourriaud, Paulo Freire, Joseph Beuys, Suzanne Lacy, Mikhail Bathkin, Mary Jane Jacob, Siah Armajani, Doris Sommer…

Se discutirá el significado de arte público y se analizará la evolución de las distintas manifestaciones que han surgido dentro del ámbito público, así como algunas definiciones que se han acuñado y teorías que han influenciado estas prácticas contemporáneas.

EL ARTE PÚBLICO COMO HERRAMIENTA DE VINCULACIÓN, COMUNICACIÓN Y PARTICIPACIÓN SOCIAL

El artista como agente de transformación social: arte como catalizador

¿Prácticas artísticas o acción social?

.Plataforma de vinculación y comunicación

.Efectividad ¿cómo se puede evaluar un proyecto artístico en el ámbito público?, ¿qué criterios determinan su éxito o fracaso?

.Estudio de casos – se mostrarán y revisarán proyectos de artistas como Krzysztof Wodiczko, Marjetica Potrc, Raúl Cárdenas / Torolab, Mierle Laderman Ukeless, Agnes Denes, Mel Chin, Julio Castro / Learning Site, Rirkrit Tiravanija, Alfredo Jaar, Rick Lowe, Mark Dion, Wochenklausur, así como el proyecto INSITE.

Se buscará generar un diálogo en torno a la función social del arte y del artista en el ámbito público, así como la pertinencia de su incidencia. Se reflexionará sobre los límites existentes entre las prácticas sociales y artísticas, a la par que se mostrarán y revisarán algunos proyectos. Se discutirán cuáles deben ser los parámetros para evaluar un proyecto en espacio público.

LA INSTITUCIÓN Y LA CIUDAD

.El papel de la institución en la construcción de memoria y sentido de identidad ciudadana

.El desplazamiento de la institución a la ciudad y su posibilidad de incidir localmente a través de proyectos artísticos en espacios públicos

.El contexto urbano como centro expositivo

.Casos: Programa de exposiciones en espacios públicos, Post-it City, Culture in Action, Archivo INSITE, One Degree Celcius (Torolab)

Se discutirá la función de las instituciones culturales con respecto a la ciudad, la pertinencia de su vinculación y los mecanismos que podrían estrechar distancias entre ellas. Se reflexionará sobre las situaciones, contextos o problemáticas que deben o no ser parte de esta relación, así como las posibilidades de incidir favorablemente mediante proyectos artísticos y documentales.

REALIZACIÓN DE UN PROYECTO DE ARTE PÚBLICO: CASO RESIDUAL / INTERVENCIONES ARTÍSITCAS EN LA CIUDAD

 

.El papel del curador

.Investigación, marco teórico y justificación del proyecto

.Objetivos

.Delimitación de espacios y contextos

.Selección / Invitación de artistas

.Búsqueda de socios estratégicos

.Presupuesto y obtención de recursos (económicos, humanos, materiales) / Sostenibilidad de los proyectos

.Vinculación (institucional, comunitaria, académica…)

.Producción

.Difusión y comunicación

.Herramientas de apoyo y documentación: blog, página web, catálogo. Actividades paralelas.

.Replicabilidad o posibilidad de permanencia una vez finalizada la muestra ¿es sostenible pensar en proyectos a largo plazo?

Se planteará el caso de Residual y se analizarán las etapas del proyecto con el fin de dotar a los asistentes de una visión más amplia sobre las implicaciones del artista, curador, comunidades e instituciones participantes en el desarrollo de este tipo de propuestas.

JULIO 15. (VIERNES) Lugar: Universidad Santo Tomás – Auditorio Mariano Garnica.

JULIO 16. (SABADO)Lugar: Museo de Arte Moderno de Medellín. MAMM Sede Ciudad del Rio.

Datos de Interés:

UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS MEDELLÍN.

DIRECCIÓN:Carrera 82 # 77 BB 27

TELÉFONOS: 234 10 34 ext. 107-114-116-214

RUTAS DE BUSES: Picacho 289, 253, 288, 254, 252 Barrio Robledo.

MAILS: comunicacion@ustamed.edu.co,

decanaturaarquitectura@ustamed.edu.co,

andresfgrajalesvera@hotmail.com, lucreciapiedrahita@gmail.com .

PÁGINA WEB: www.ustamed.edu.co

Para cancelar la sesión o el fin de semana, usted puede acercarse directamente a las instalaciones de la Universidad de Lunes a Viernes de 8:00 a 1:00 pm y de 2:00 a 6:00 pm, sábados de 8:00 am a 11:00 am, en el departamento de Contabilidad de la Universidad, para mayor comodidad puede consignar el valor en:

CTA AHORROS BANCOLOMBIA

No. 1083-2521806

CTA AHORROS DAVIVIENDA

No. 0370-70129178

A nombre del Diplomado en Museología, Museografía y Estudios Curatoriales de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás Medellín.

Si lo hace por este medio favor enviar la siguiente información: Nombre completo, dirección, teléfono y/o celular y número de cedula de ciudadanía.Al FAX 2341034 ext.201, o enviar la información escaneada al email auxiliarcontable2@ustamed.edu.co ó andresfgrajalesvera@hotmail.com :  

Esperamos contar con su presencia!!!

 

Ya tenemos los estudiantes inscritos y se prolongan las preinscripciones para el público que lo ha solicitado. Hasta el miércoles de la semana próxima -22 de junio- para el Diploma interdisciplinar en Museología, Museografía y Estudios Curatoriales. Matrícula: 13 de junio – 23 de junio. Inicio de clase: 24 de junio. Una invitación de la Universidad Santo Tomás, a través de su Facultad de Arquitectura.

Arte y curaduría, La Historia del Arte todos los dias, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas 4 Comentarios

Obra de la artista Pilar Aparicio. 2011

La Universidad Santo Tomás, a través de su Facultad de Arquitectura, abre Diploma en Museología, Museografía y Estudios Curatoriales.

El Diplomado desarrolla un proceso que vincula el discurso teórico y su aplicación práctica mediante estrategias de investigación, debate, maquetación y proyectación, soportadas en tres grandes núcleos o cuerpos conceptuales que se desarrollan de manera paralela, bajo una acción interdisciplinar: Núcleo de Pensamiento / Núcleo de Proceso / Núcleo de Acción.

Contará, dentro de su grupo docente, con destacados curadores, museólogos, museógrafos, críticos de arte y arquitectos del orden nacional e internacional.

La dirección del Diploma está  a cargo de Lucrecia Piedrahita Orrego. Museóloga / Curadora de arte / Especialista en Política y Periodismo (Eafit. UPB) / Candidata a Magíster en Pensamiento Estético Contemporáneo (México, D.F).

REQUISITOS

Es importante presentar la siguiente documentación:

1. Currículum vitae, constancia de estudios y un dossier de su producción personal o profesional.
2. Carta en la que exponga los motivos de su interés en el diplomado (máximo una cuartilla).

INFORMACION GENERAL

E MAIL:  direccioncomunicaciones@ustamed.edu.co
 

lucreciapiedrahita@gmail.com

Web: www.ustamed.edu.co

Teléfonos: 234 10 34. Ext 114

3113157067

DURACIÓN: 120 HORAS

HORARIO: VIERNES: 5.00 PM – 9.00 PM

SÁBADO:  8.00 AM – 12.00 PM  

PREINSCRIPCIONES: 1 DE JUNIO – 22 DE JUNIO

PUBLICACIÓN DE RESULTADOS: 22 DE JUNIO

MATRÍCULA: 13 DE JUNIO – 23 DE JUNIO

INICIO DE CLASE: 24 DE JUNIO

CIERRE DE CLASES: 1 DE OCTUBRE

VALOR DEL DIPLOMADO: $ 1.750.000

COSTO POR FIN DE SEMANA: $ 150.000

PROCESO DE SELECCIÓN E INSCRIPCIÓN

Las solicitudes de inscripción podrán presentarse en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás, directamente, por internet o correo postal, y serán evaluadas por un Comité asignado para tal fin. Los resultados se publicarán en la página web de la Universidad, y se notificará a cada seleccionado vía mail. En el caso de ser seleccionado, el interesado podrá realizar los trámites de inscripción y pago correspondiente en la cuenta número de la Universidad Santo Tomás:

Ahorros Bancolombia 1083 252 18 06

Ahorros Davivienda 0370 7012 9178

Favor enviar consignación al teléfono : 2 34 10 34 Ext. 201

INVITADOS NACIONALES E INTERNACIONALES

CURADORA PAULINA CORNEJO. MÉXICO, D.F / ARQ. BEATRIZ JARAMILLO. MEDELLIN / CURADORA MARIA BELÉN SAEZ DE IBARRA. BOGOTÁ /  MUSEÓLOGA ISABEL GARCÍA. MADRID, ESPAÑA / ARQ. MIGUEL MESA.  MEDELLIN / CRITICO LUCAS OSPINA. BOGOTÁ / ARTISTA GLORIA POSADA. BOGOTÁ / ARTISTA LUIS FERNANDO PELÁEZ. MEDELLIN /  CURADOR FÉLIX ÁNGEL. USA / ARQ. FERNANDO VIVIESCAS. BOGOTÁ / CRÍTICA DOMINIQUE RODRÍGUEZ. BOGOTÁ. / ABOGADA YOLANDA ÁLVAREZ. MEDELLIN / ARTISTA WOLFGANG GUARIN. MEDELLIN / HISTORIADORA CATALINA PÉREZ. MEDELLIN / HISTORIADORA TAMARA DIAZ. VENEZUELA / CURADORA MARIANGELA MÉNDEZ. BOGOTÁ / LUGAR A DUDAS. CALI / MUSEO DE ANTIOQUIA / MAMM / MUSEO EL CASTILLO / LA DOBLE ELLE / CASA TRES PATIOS. 

JUSTIFICACIÓN

El Diplomado entiende la museología, la museografía y los estudios curatoriales como prácticas del saber creativo, y enfatiza en los conceptos de espacio, tiempo, lugar, imagen, comunicación, sentido de la obra de arte y nuevos medios.

A partir de esta concepción, tiene como propósito fundamental ofrecer los elementos necesarios para que el estudiante comprenda los diversos momentos que conforman la museología, la museografía y las prácticas curatoriales mediante el examen de conceptos tales como colectividad, función pública, conservación, difusión, gestión del patrimonio y administración cultural. Así mismo ofrece las herramientas para desarrollar el modelo de guión museológico – museográfico y la organización esquemática de una exposición: investigación, preparación, producción y posproducción.

Al final de los cursos, el estudiante habrá adquirido las competencias teórico-metodológicas necesarias para analizar los elementos que conforman el patrimonio y su función comunicativa, y podrá proponer un tema–problema, en el plano museológico/museográfico/curatorial, para avanzar sobre modelos con posibilidad de aplicación en nuestro entorno: museos, galerías, casas–taller, centros itinerantes del arte, espacios web, bibliotecas, archivos, centros de documentación, administración de colecciones, talleres de artistas, laboratorios de creación, periódicos, revistas, industrias multimedia, empresas culturales e instituciones patrimoniales…, todos espacios de aplicación profesional del graduado.

Este Diplomado enriquece el desarrollo profesional y humanístico de los estudiantes al  entrecruzar campos investigativos como la arquitectura, la historia del arte, la comunicación, la economía, la etnografía, la historia, la filosofía, la antropología, la ciencia, las tecnologías y el diseño, entre otros.

DIRIGIDO A

Arquitectos, historiadores, agentes culturales, historiadores del arte, artistas, comunicadores, periodistas culturales, diseñadores, personal de centros de documentación –archivos, bibliotecas–, investigadores, productores audiovisuales, fotógrafos, profesionales multimedia, profesionales involucrados en la creación y producción de contenidos interactivos y, en general, a todas las personas interesadas en adquirir una visión integral de la museología, la museografía y los estudios curatoriales contemporáneos.

HABILIDADES PROFESIONALES DEL GRADUADO Y ESPACIOS EN LOS QUE PUEDE DESEMPEÑARSE

. Conoce los conceptos, principios y herramientas de la museología y la museografía para implementarlos en proyectos y sistemas específicos. 

. Entiende los museos y centros culturales como espacios de educación para el desarrollo.

. Aplica las herramientas de la museología, la museografía y las prácticas curatoriales a proyectos en centros culturales, industrias multimediales y procesos de creación personal.

. Adquiere bases teóricas y prácticas en los tres campos del saber del diplomado para actuar de manera crítica y propositiva en la resolución de problemas que vinculan la imagen, el espacio y los procesos de investigación.    

. Argumenta, analiza y reflexiona sobre los elementos conceptuales y formales vinculados a las prácticas artísticas contemporáneas.

. Formula y ejecuta proyectos de investigación curatorial.

. Participa de prácticas museográficas en algunos museos y espacios experimentales de la ciudad. 

 

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