Murió José Luis Brea. Teórico del arte y pensador de vanguardia

Mirada Crítica Sin Comentarios

José Luis Brea fue sin duda un referente de altísima estatura académica para el mundo del arte. Murió el día 2 de septiembre.

Tuve el gusto de invitarlo por primera vez a Medellín, dentro del marco de LA NUEVA BIENAL DE ARTES PLÁSTICAS.

Les comparto su último texto publicado en SALONKRITIK.

José Luis Brea Profesor Titular de Estética y Teoría del Arte Contemporáneo de la Universidad Carlos III de Madrid.

Fue director de las revistas Estudios Visuales y ::salonKritik::. Crítico de arte independiente, colaboró con diversas revistas nacionales e internacionales. Director de las colección Estudios Visuales de la editorial AKA.

Entre sus libros más recientes destacan: Las 3 eras de la imagen. Imagen-materia, film, e-image, ed. AKAL, Madrid, 2010; cultura_RAM. mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica, PREMIO DE ENSAYO EUSEBI COLOMER DE LA FUNDACIÓN EPSON, Gedisa, Barcelona, 2007. Noli me legere. El enfoque retórico y el primado de la alegoría en el arte contemporáneo, CENDEAC, Murcia, 2007. Estudios Visuales. La epistemología de la visualidad en la era de la globalización, (ed.) AKAL, Madrid, 2005. El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. Premio Espais a la Crítica de Arte. CENDEAC, Murcia, 2003. SEGUNDA EDICION. La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales. Editorial Centro de Arte de Salamanca, Salamanca, 2002.

Entre sus exposiciones destacan: Economías identitarias en la era del capitalismo informacional, Sala Verónicas, Murcia, 2004. La Conquista de la Ubicuidad, Centro Parraga (Murcia), CAAM (Canarias), KM (SanSebastian), 2003-4. <no+tv>, exposición online organizada para el festival de Navarra, Pamplona, 2000. Last (no) exit: net, exposición online organizada para Vid@rte (México) y Ciber@rt, Valencia, 1999.

Fue miembro de la Comisión de arte de la Fundación Telefónica y de la Comisión de Humanidades de la FECYT, para la que coordino el Libro Blanco de la intersección Arte Ciencia y Tecnología en España. Ha sido corresponsal para España de las revistas ARTFORUM y Flash ART, y editor regional de RHIZOME. Dirigió el I Congreso Internacional de Estudios Visuales celebrado en Madrid durante ARCO’04 y del Encuentro Internacional de Estudios Visuales celebrado bajo el título de Geopolíticas de la imagen en las sociedades del conocimiento en ARCO 2006. Fue Decano de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, director del web site de arte aleph y de las revistas arts.zin y Acción Paralela. Dirigió el servicio de Exposiciones del Ministerio de Cultura entre 1985 y 1988 . En 1992 fue asesor de artes plásticas del Pabellón de España en la Expo’92 y dirigió las Salas del Arenal.

Además de los mencionados, ha publicado otros libros y organizado otras exposiciones.

Los Últimos Días – José Luis Brea

¿Acaso no nos resulta intolerable ya ese encasquillamiento de una cultura que se ha embobado de sí misma en la imaginación enfermiza de su final, en la letánica intuición de su agonía?

Sin duda, sin duda. Pero entonces, nada de apocalipsis -ni apocalipsis-ahora, ni apocalipsis futuro-, nada de -como certeramente ha reclamado Derrida- moribundias. Ni plagas ni pestes, ni signos en los cielos o presentimientos agónicos que -a baja intensidad- persigan electrizar nuestra piel: negativa a todo discurso catastrofista o postrimero, a todo expresionismo agorero de finales -perpetuamente aplazados.

En su lugar, sólo la proclamada pasión de un trastorno radical, la voluntad decidida de una transformación rotunda.

Nada de profecías -sino sólo una antiprofecía: los últimos días. Nada de diagnósticos -sino revolución ahora, apropiación de destino, ganancia definitiva de la vida y el mundo.

Activismo, ejercicio radical de la pasión de otredad, abandono inmediato y decidido de un estado de la vida intolerable, improlongable, …

Los últimos días: sólo la pasión del tránsito, del salto al vacío, a un más alla sin dibujo … Y el adiós a promesas y consuelos, a nostalgias y embadurnes, a bálsamos y tibiedades. La vida no habita más la vida. Es pues preciso, todavía, decir: “nosotros los póstumos, nosotros los más efímeros”.

Pero sólo para trazar el rastro de nuestro paso fugaz. Nuestros son los últimos días -pues sólo nosotros hemos aprendido a querer los finales, sólo en nosotros ellos se quieren al mismo tiempo pasajeros y eternos, fugaces y plenos. Allí donde la vida no consiente más ser estafada: los últimos días.

El tiempo-ahora.

Irreversiblemente, y para siempre.

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Estremecedor. Estremecedor el trabajo que un siglo se ha tomado en el experimento más radical que la humanidad ha conocido: el de su superación -tal vez, el de su mero llegar a ser algo digno de ese nombre.

Aterradora la oscilación de los nombres que ese experimento ha cobrado, en un vaivén de tentativas embriagador, insostenible. De un extremo a otro, Occidente entregado a la fiebre exploradora de sus límites -en todas direcciones. Sin solución de continuidad, un frenético encabalgarse de experimentos contradictorios, incompatibles.

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Todavía más terrorífico el rastro de sus abandonos, la estela de residuos que de los sucesivos naufragios va quedando. Única y muda memoria que, por contrafigura, hace subir la capacidad de olvido de un pueblo que se entrega a sus aventuras con fervorosa vehemencia -pero con no menor ligereza se desprende de ellas, como si nunca hubieran sucedido, como si, ciertamente, “aquí no hubiera pasado nada”.

Mudas piedras derrumbadas, ciegas calles sin salida, dónde está la memoria de aquel fragor de banderas, la efervescencia de aquellos entusiasmos callejeros, la electricidad que cada grito de libertad exhalado por millares de gargantas ha hecho correr, como la sangre, a raudales, hacia ninguna parte.

Sueños desvanecidos, memorias vanas, qué queda ahora de aquellos entusiasmos sino la más tibia conmiseración, el arrepentimiento más lúgubre, la más penosa expiación quizás. Un torpe silencio enmudecido que pareciera pretender hacerse perdonar el haber apostado a límite, el haberlo intentado todo. Y la cínica entronización de la indiferencia, de la medianía, de esta feroz nueva barbarie del “nuevo orden”, de la tremenda pobreza que, además, soporta silenciada toda la sublevación que en los corazones salvajes despertara otrora su contemplación.

Y ahora, esa tenue pátina equilibrada que borra todo horizonte de riesgo, que liquida toda tentación transformadora en nombre de una razonabilidad mermada, como si la oferta de lo que hay, del mundo escindido, colmara toda expectativa legítima, como si de pronto lo ilegítimo fuera reclamar algo más, un más allá, un final -y, en él, un comienzo.

Y es entonces entre terrores entre lo que tenemos que elegir: el de soñar contra el de aceptar la villanía de lo real en su insuficiencia, el de experimentar en los límites contra el que nos produce el recuerdo terrible de las formas totalitarias de consolidación edificante en que la puesta en escena de tal soñar, tantas veces, ha desembocado.

Pero en esto se nota que amamos nuestro siglo, su profunda histeria: antes nos entregamos al vértigo de la inagotabilidad de sus sueños imposibles -explorándolos precisamente allí donde no se pretenden resolutivos, salvíficos- que cederíamos a la tentación de contentarnos con el tibio bienestar que de su renuncia y apartamiento se suceden.

Pues en ello, en estos últimos días, el silencioso fragor del sufrimiento sigue golpeando nuestros oídos por debajo de la conspiración de silencio que pretende cerrar el mundo en la modulación de un orden aparente. Pues a ese orden le sabemos cruel, aún más sanguinario y terrible en su implacable realidad que podría serlo cualquier experimento en el legítimo ejercicio del intento de revocarlo. De tal lado estamos. Y sí: mísero aquél proyecto que olvide que está aún muy lejos el horizonte que le legitima. Aquél remoto horizonte en que conoceríamos “la dicha que, semejante al sol de la tarde, hará don incesante de su riqueza inagotable para verterla en el mar, y que, como él, no se sentirá plenamente rico sino cuando el más pobre pescador reme con remos de oro. Esa dicha divina se llamaría entonces: humanidad[1]

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El arte, pues, contra la vida. Contra esa forma domesticada de vida que repugna en su insuficiencia, en su escisión. Es decir: el arte a favor de la vida, más allá de su separación: incluso contra el propio arte, como separado de la vida. El arte, entonces, como verdadero dispositivo político, antropológico -el arte como función teológica.

Inseparable de su origen sagrado, de su destino trágico -en su ateismo radical, en su orfandad absoluta. Inseparable de la escena del trastorno que habría de arrastrar en catarsis al sujeto hacia el vértigo de la conciencia de su insuficiencia constitutiva, la de la vida misma tal y como le es entregada -raptada: insuficiencia del pensamiento reducido a la conciencia, del mundo de las cosas reducido a su mercado, de la historia reducida al falsario inventario de las ruines hazañas fabuladas por los presuntos vencedores.

Pero, sobre todo, insuficiencia del arte reducido a repertorio inocuo de las formas y sus variaciones, insuficiencia de un arte que se arrinconaría como forma depotenciada del pensamiento, desplazado a una extraterritorialidad inefectiva. Desde ella, en el acontecimiento a bajo nivel de la forma tecnológica de su desaparición simulada –acontecimiento epocal que nos ocupa- nuestro arte light no tiene otra fuerza que la de legitimar la luz crepuscular de lo real con el esbozo de una zona de sombra –a cuyo vértigo verdadero ni siquiera posee la fuerza de convocar.

Allí, el arte pierde toda fuerza de trastorno, al sólo servicio del mercado -de la cohesión social en torno a su forma irrealizada, de consolidación del consenso en los alrededores del más insulso nihilismo. Los dioses abandonan, aburridos, el mundo, sí. Pero no es el arte la espada flamígera que decreta su expulsión, para hacer de cada uno de nosotros el ángel implacable que la ejecuta –reabsorbiendo los poderes tanto tiempo expropiados-, sino el consuelo de un mundo ya evacuado de toda expresión de fuerza, tan intrascendente y vano que -de no ser por la suposición de profundidad con que la perpetuación del supuesto de potenciales en que el arte nos entrampa todavía- cualquiera de nosotros, en ejercicio de plena e impecable lucidez, sin duda preferiría olímpicamente abandonar.

¿Habríamos de aceptar ese destino gris del arte en una especie de “fin de la historia” en que toda su aventura quedara desarmada, bajo la forma disminuida de su simulada desaparición, y reducida al mero juego de las variaciones de la forma, que sólo adornan el farsante progreso con que la técnica escribe su arrollador e insensato paso por el mundo -en esta hora extendida de la pecaminosidad consumada?

Pero no: contra la ficción inmovilista del fin de la historia -contra su anuncio de una perpetuidad pacificada de la crueldad liberal que exime al mundo de toda aventura vinculada a la voluntad de su transformación rotunda- la ficción potenciadora de los últimos días. Como guillotina siempre elevada en el aire de la historia -hecha naturaleza. Convirtiendo el más legítimo de los nihilismos no en argumento de pasividad o conformismo, sino en resorte de la más fiera querencia de transformación, venganza contra el adormecimiento que se apropia, cada día, en cada palabra o gesto, de la más profunda riqueza que debería alentar nuestro existir.

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Nuestra cita es hoy a las 5 de la tarde en EAFIT. El Bicentenario y la Gaitana.

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Los espero a todos hoy miércoles a las 5 de la tarde, en el Auditorio 38-125 de Eafit. 5 de la tarde, es nuestra cita.
Llega La Gaitana.
Conversatorio con el Presidente Belisario Betancur y los doctores Juan Luis Mejía y Oscar Almario García.
Este miércoles 12 de mayo a las 5 de la tarde en la Universidad Eafit, auditorio 38 – 125. Entrada Libre.
Celebración dentro del marco del Bicentenario

Pasaporte al Arte 37/ Martes 23 de marzo/ 6 p.m.

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Pasaporte al Arte 37/ Martes 23 de marzo/ 6 p.m.
 
Debate/ 13 Salón Regional de Artistas – Zona Centro Occidente
Invitados al panel/ Adriana Ríos, Carlos Uribe, Lucrecia Piedrahita y Whady Flórez
También estarán presentes en el debate varios de los artistas que participan  en las curadurías Inversiones y Micro/Macro.
Con el interés de generar espacios de opinión y revisar experiencias fundamentales en las prácticas artísticas regionales,  el Departamento de Educación y Cultura  del MAMM invita a curadores, artistas y espectadores  a intercambiar ideas entorno a los modelos del Salón Regional  y  su proyección al Salón Nacional,  en el marco de las curadurías Inversiones y Micro/Macro.

2 de diciembre, inauguración de la exposición: Memoria Decapitada. Estéticas del desarraigo

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El próximo 2 de diciembre se inaugura mi proyecto curatorial La Memoria Decapitada. Estéticas del Desarraigo. Será en el Claustro de San Agustín, en Bogotá a las 12 del día. Están todos muy invitados. La muestra estará abierta hasta el 2 de marzo de 2010. 

Recoger lo que la imaginación acumula

1999. Estudiar la ciudad. Recorrer la ciudad. “Según datos de organizaciones no gubernamentales que trabajan en los asentamientos, cada día llegan a Medellín entre 10 y 15 familias y se diseminan –de acuerdo a declaraciones de Planeación Municipal de Medellín– en todos los sectores donde hay barrios de invasión. Así, el Plan de Ordenamiento Territorial clasificó, para 1999, 52 asentamientos en los que los desplazados por la violencia se cruzan con las familias pobres residentes de antiguo que aprovechan la oportunidad para mezclarse con los desplazados y recibir así el tratamiento de víctimas de la violencia.”.

1999 – 2009. En Colombia, la guerra por el territorio y la violencia ha dejado, en los últimos treinta años, miles de colombianos deambulando por trochas, caminos y carreteras; cientos de familias que, en caravana, se dirigen a las cabeceras municipales buscando un refugio y queriendo mezclarse con la población para salvar sus vidas.

Por invitación del Vicerector de la Universidad Nacional, doctor Fernando Montenegro, se presenta la investigación: La memoria decapitada. Desplazamiento forzado en Colombia. Los componentes museográficos dan cuenta del fenómeno del desplazamiento en Colombia a través de fotografías, textos, dibujos, cartografías físicas y digitales, soporte audiovisual y la construcción colectiva del Catálogo de Voces y el Sobre Nómada, elementos diseñados  para el ejercicio curatorial que permitió la vinculación activa de intelectuales de diversas áreas, artistas, docentes y público abierto.

Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respete las leyes.

Memoria Decapitada, un formato investigativo de exposición que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa  para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria.

El documento que se entrega a ustedes amplía las miradas al desplazamiento y permite un diálogo cultural de múltiples aristas.

Mis agradecimientos sinceros para cada una de las personas que han participado en la investigación. A los intelectuales de altísima estatura académica y humana que asumieron con entusiasmo escribir para el Catálogo de Voces, a otras tantas personalidades con las que intercambié criterios y crucé miradas, a la Universidad Nacional de Colombia, a María Belén Sáez de Ibarra, a los artistas, curadores y el público que se motivó a dar su opinión, a detenerse en una imagen que le conectaba con recuerdos, estéticas sin razón y sin orden o tal vez con razón y con orden.

… En medio del drama del desplazado siempre habrá un espacio anclado, radicado, es la casa, el espacio de todos los tiempos.

Lucrecia Piedrahita Orrego
Museóloga
Medellín, noviembre 2009

Imágenes transitadas. Candida Höfer habla con Lucrecia Piedrahita

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Imágenes transitadas. Candida Höfer en Medellín

Por: Lucrecia Piedrahíta Orrego. Museóloga. Especialista en Periodismo Urbano y en Estudios Políticos.  Es becaria de Curaduría del Lipac -Universidad de Buenos Aires-, Argentina.

Entrevista publicada en Generación, del Periódico El Colombiano 

Candida Höfer es invitada al proyecto curatorial -Memoria Decapitada-, de Lucrecia Piedrahita, a través del catálogo de voces que conforman la muestra que estará de noviembre 2009 a marzo de 2010 en el Claustro de San Agustín en Bogotá. A propósito una conversación con la artista.

Candida Höfer es una de los cinco notables fotógrafos alemanes, integrantes de la denominada Escuela de Düsseldorf. Con un alto sentido de la estética, dominio del espacio y poseedora de una refinada capacidad abstractiva, Höfer es referente obligado del arte contemporáneo. Es la artista que ha fotografiado bibliotecas, palacios, teatros, museos, oficinas, iglesias, universidades, recintos deportivos y zoológicos. Formada en la disciplina cinematográfica junto a Ole John, especializándose, a partir de 1976, en fotografía con Bernd y Hilla Becher, actualmente está considerada como una de las figuras más representativas, junto a Thomas Struth, Andreas Gursky, y Thomas Ruff, de la Nueva Escuela de Fotografía Alemana, surgida a finales de los ochentas. Candida Höfer es nuestra invitada a Medellín, este lunes 14 de septiembre para hablar de su propuesta plástica.

Desde los años sesentas los artistas experimentan con una nueva condición del espacio. No construyen obras en él o para él sino que hacen espacio. En este sentido, la obra de Candida Höfer no se limita al lugar sino que encuentra los equilibrios propios del mismo y sus sistemas de equivalencia formal en su propio hacerse en el espacio. Cuando nos detenemos en la narrativa fotográfica que constituye la obra de la artista alemana es necesario comprender las relaciones que establecemos con las imágenes. En este sentido el filósofo francés Jacques Ranciere afirma: “En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa (…) una imagen no es un icono que está ahí, un dato visual, una unidad visual. No es un cuadro ni un plano (…) la imagen es siempre una relación, un desvío, una separación entre una función de significación y una función de mostración, pero también una separación entre dos imágenes, entre la mostrada y otras que serían posibles. La imagen siempre es plural. La vida de las imágenes se hace con otras imágenes (…) Una imagen está muerta si está dada y se interrumpe. La imagen es siempre un intervalo o una expansión. Metamorfosis, desestabilización, trasformación.” 

En Candida Höfer sus fotografías son imágenes, formas de escribir un pasaje continuo de tiempo, de espacio, de recordar lo vivido y anticiparse a la utopía. Son estructuras de enorme actualidad cargadas de fuerza en donde reinterpreta la arquitectura como -un objeto- sin abandonar su propia naturaleza y manteniendo en el espectador la idea de vivir una experiencia. Su obra reconfigura una forma espacial manteniendo intacta la originalidad de las proporciones. El ojo recorre el espacio y evidencia el lugar a través de un descentramiento que permite la movilidad de la mirada. Su obra son coordenadas de lugar, ubicaciones aunadas por la luz natural que le confiere una identidad inalterada al espacio fotografiado en donde se da la yuxtaposición de varios niveles temporales, la mezcla de distintas épocas, la conjunción de períodos y la discontinuidad estilística-, como sostiene la artista.

¿Qué significa el espacio en el trabajo de Cándida Höfer?

Los espacios me confrontan a la manera de las personas, tienen carácter, tienen historia, tienen una profesión, tienen una responsabilidad. Aún así tienen su propia personalidad. Muchos son similares y sin embargo, a pesar de ellos, tienen diferencias. Nunca cesan de intrigarme.                 

¿Cómo definiría “el poder” de la fotografía en el arte contemporáneo?

Yo tiendo a pensar que lo que ha sucedido es que – finalmente, después de un largo tiempo – la fotografía se ha incluido en lo que consideramos arte. Y ahora, puesto  que ya no existe la barrera artificial del medio, puede competir (y fallar) más libremente con otros medios. Es tal vez simplemente esta liberación la que aún se ve como “poder”…

¿Donde comienza el arte? ¿En que punto de su trabajo se da cuenta de que lo que está forjando es una obra de arte?

Estas son quizás palabras demasiado grandes. Yo solo quiero hacer fotos y ser razonablemente feliz cuando la imagen final está ante mí. Esto puede suceder cuando la imagen final contiene un balance de luz, color y forma que refleja algo de la personalidad que había  encontrado cuando vi por primera vez el espacio.           

¿Cómo explica la capacidad de comunicación que tiene una imagen?

Generalmente dudo al responder esto – por ejemplo, aunque trabajo con fotografía, profeso un gran respeto por el poder de la palabra – más específicamente con relación a mi propio trabajo. Yo tiendo a pensar que hay una fuerza seductora en una imagen para crear un espacio. Por supuesto es una fuerza seductora que no está en la imagen, está en nosotros mismos. Es una fuerza seductora que sin embargo debe ser utilizada cuidadosamente.

La obra de Candida Höfer reconecta mapas mentales de espacios vividos, habitados, imaginados. Su obra traza signos irrepetibles de luz y sombra, ceremonias de tránsito y un discurso visual donde nos ofrece la experiencia afectiva de estar fuera del lugar como fuerza reguladora de su posición estética. Su propuesta entiende el espacio como un proyecto antropológico y como lugar de la cultura material y espiritual que va de lo público a lo privado. Su fotografía es un potente indicador de memoria que restituye la poética intrínseca del valor de los espacios como capital simbólico de la humanidad.

Exposiciones en: Alemania, Corea, Noruega. Estados Unidos, Italia, Bélgica, Suiza, Portugal, Irlanda, Francia, México, Holanda, Inglaterra. Dinamarca, Austria, España, Rusia, Argentina…

La mesura simbólica. Cajas de luz. Juan Ricardo Mejía

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A propósito de la exposición del arquitecto Juan Riacrdo Mejía en la Galería Alonso Garcés, en Bogotá. Inauguración, Sábado 19 de septiembre, 11 am.  

La mesura simbólica
Cajas de luz
Por: Lucrecia Piedrahíta. Museóloga

La síntesis formal de elementos geométricos simples, la redefinición del espacio y las zonas intermedias expandidas por la luz configuran estructuras polimórficas dotadas de ritmos y de juegos de llenos y vacios que definen una trama topográfica en donde el ojo marca el territorio y la mirada lo expande. Estas prácticas son las que exhiben las -Cajas de luz-, objetos de mesura simbólica que constituyen la propuesta plástica del arquitecto Juan Ricardo Mejía. Objetos e imágenes que son en sí mismos una instalación proyectada en el espacio, que es a su vez materia, material y medio para proponer sus estructuras. En palabras del crítico de arte Boris Groys, “la instalación demuestra ser una determinada selección, una determinada concatenación de opciones, una determinada lógica de inclusiones y exclusiones.”

Y es precisamente en ese devenir de inclusiones y exclusiones desde donde la obra de Juan Ricardo Mejía aporta elementos valiosos al objeto escultórico con connotaciones minimalistas, en su énfasis en el equilibrio compositivo y en las relaciones entre arte, arquitectura y diseño. El arquitecto hace uso de las alternancias de los pliegues de la luz y la sombra para definir espacios intersticiales filtrados por la inmaterialidad y acotados por la geometría y el orden.  Estas interfaces físicas y abstractas son posibles de ser transformadas, adoptadas, mutadas y otorgan una impronta estética a las fricciones espaciales para rosar los limites del lenguaje pictórico sin abandonar la concepción arquitectónica. -Cajas de luz- son estructuras moduladas que asumen las perspectivas y los cortes sobre la planimetría del papel como trazas con acentos intencionales, direccionados, que abandonan el azar para reconstruir un nuevo plano, unas coordenadas con un status visual determinado y una reserva autónoma para las prácticas artísticas.
 

Candida Höfer, una estrella del arte está en Medellín

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Candida Höfer, una estrella del arte está en Medellín
Por: Lucrecia Piedrahíta Orrego. Museóloga. Especialista en Periodismo Urbano y en Estudios Políticos.  Es becaria de Curaduría del Lipac -Universidad de Buenos Aires-, Argentina.

Candida Höfer es invitada al proyecto curatorial -Memoria Decapitada-, de Lucrecia Piedrahita, a través del catálogo de voces que conforman la muestra que estará de noviembre 2009 a marzo de 2010 en el Claustro de San Agustín en Bogotá.

La obra de Candida Höfer reconecta mapas mentales de espacios vividos, habitados, imaginados. Su obra traza signos irrepetibles de luz y sombra, ceremonias de tránsito y un discurso visual donde nos ofrece la experiencia afectiva de estar fuera del lugar como fuerza reguladora de su posición estética. Su propuesta entiende el espacio como un proyecto antropológico y como lugar de la cultura material y espiritual que va de lo público a lo privado. Su fotografía es un potente indicador de memoria que restituye la poética intrínseca del valor de los espacios como capital simbólico de la humanidad.

La artista hablará sobre su obra en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. Están todos muy invitados hoy lunes 14 de septiembre a las 6 de la tarde en el Auditorio Gerardo Molina. Esta será una ocasión única para conversar con una de las figuras más sobresalientes. La entrada a la conferencia no tiene costo.

Pensar a Caravaggio, el pintor maldito (última Parte)

La Historia del Arte todos los dias Sin Comentarios

Robert Hughes nos dice: … “sin su sentido de los cuerpos humildes y vulgares envueltos en la oscuridad, pero transfigurados por la luz sacramental ¿qué hubiera hecho Rembrandt? Caravaggio fue una de las bisagras de la historia del arte: había arte antes de él, y después de él, pero ya no era lo mismo”.

En los tiempos del pintor Barroco, Caravaggio, sucede algo novedoso en la pintura y la escultura: no se admiten formas dictadas por las leyes lógicas sino que sus reglas nacen de la vida, así la importancia que tiene la línea la tiene la luz, se juega con la profundidad y con la decoración. 
 
El Barroco lo que hace es ofrecernos una orgía de espacio y de luz. Se inicia en Roma, la ciudad Barroca por excelencia en donde en los siglos XVI y XVII la escena política y social tiene como protagonistas a las familias de los papas, como los Borghese, los Barberini, los Colonna, y los Orsini.
 
Ese es el tiempo del pintor caravaggio, un artista de temperamento fuerte y violento que marcó para siempre su destino. El artista fue acusado de difamación por injurias, fue arrestado por portar armas, por lesionar a un notario de Roma, y por asesinar a una persona. A partir de ese momento Caravaggio sería un fugitivo y un artista atormentado. Tiene que escapar de la pena capital que iba a recaer sobre él, entonces se refugió de inmediato en Nápoles y en esta ciudad pinta “La cena de Emaus” y “La virgen del Rosario”, pero el pintor siempre estaba atormentado y veía enemigos que fueran a vengarse por lo sucedido en Roma.
 
 
Robert Hughes, el crítico de arte afirma: “Por encima de todo, trajo a la figura humana un renovado sentido del diseño… en cierta manera, la búsqueda de Caravaggio por conseguir la fuerza y la legibilidad se invirtió a si misma. Exageró tanto la batalla entre la luz y la oscuridad que llegó a un punto en el que sus últimos trabajos resultan difíciles de interpretar; sus formas se volvieron inquietas y temblorosas. Por aquel entonces, esa confusión había adquirido su propia integridad expresiva, como la escritura de un pintor poseído cada vez más por la muerta. El sentimiento de mortalidad de Caravaggio era lo que sus imitadores encontraban más difícil de copiar”.         
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Pensar a Caravaggio, el pintor maldito (III Parte)

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Robert Hughes, critico de arte, señala que Caravaggio era “un observador minucioso del lenguaje corporal: de cómo se movía la gente, se dejaba caer, se sentaba, señalaba o se encogía de hombros. Como se retorcían de dolor o como yacían los muertos”.           
 
Miguel Ángel Merisi, conocido como Caravaggio, nos enseñó a ver y a observar con detenimiento todos los elementos presentes en una composición y a entender cada una de las constituyentes de la imagen. Cuando se observa una pintura de Caravaggio necesariamente hay que detenerse en los contrastes de luz y sombra, en el diseño, el manejo exquisito del color, en los vestidos, en los tapices, las frutas, además los objetos de vidrio, el tratamiento de los metales…
 
Siglo XVI y XVII, período Barroco, son la apología de la persona humana, ya que supone un elogio, una defensa o una justificación de la persona, y en esos tiempos la estructura del ser, se ahoga al tratar de discernir sobre los principios de moralidad que marcaban la época. Es así como todo ese sentir personal se traduce en un cambio radical de sociedad. Cuando se habla del Barroco como una justificación de la persona y el espíritu de toda una época, es necesario hacer referencia a lo que expresaba la critica de arte, Marta Traba quien afirmaba que todo lo que sucede en el barroco “es producto de esa pasión, de esa dislocación del clasicismo, de esa pérdida de la serenidad, de esa nueva ruptura entre el hombre y lo que lo rodea”. 

Notas relacionadas:
Caravaggio, el pintor maldito (I Parte) 
Pensar a Caravaggio, el pintor maldito (II Parte)

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