El espacio público en la época de la presencia virtual – Jacobo Sucari

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El espacio público en la época de la presencia virtual o la irrupción de lo real analógico en un mundo real digital.

“Con la extensión de la economía burguesa mercantil, el sombrío horizonte del mito es iluminado por el sol de la razón calculadora, cuya gélida luz nutre las semillas de la barbarie”. T.H. Adorno, La dialéctica de la razón.

1.- El espacio de intercambio ciudadano

El Ágora lugar de encuentro y debate:
La práctica urbana de reunirse en un espacio abierto a debatir sobre los asuntos de interés público en las incipientes ciudades- estado griegas, desde el siglo VII A.C. configuró un espacio con unas coordenadas propias y con ello abrió sitio al desarrollo de nuevas dinámicas en las formas del comercio y la política. En la forma de tratar los asuntos de la polis y contrastar intereses en conflicto.

El Ágora, eje del centro político urbano generalmente situado en la parte baja de las ciudades, marca una clara pauta de su sentir frente a la Acrópolis, fortaleza o palacio situada en lo alto que representaba al poder religioso y político.

Las maneras de habitar la parte baja del entramado político, el Ágora, sugería un intercambio horizontal de las relaciones ciudadanas que halla su opuesto en la fortaleza amurallada del poder. Desde entonces, tomar el castillo, romper los muros, ha sido la metáfora de la sublevación contra el poder.

La toma de la Bastilla, la Plaza de Octubre en Moscú, Tiannamen en Pekín, Tlatelolco en México marcan algunas de las épicas espaciales de las grandes revoluciones que encuentran en el referente espacial un punto de anclaje para el cambio mesiánico que busca quebrar el devenir lineal del tiempo y aspira a crear un tiempo nuevo.

Del Foro romano a la ciudadano anónimo
El Foro del ámbito romano, equivalente del Ágora griego, se presenta como espacio planificado en las nuevas ciudades donde se proyecta. Se diseña así un espacio de intercambio ciudadano que se cierra con pórticos y que con el paso del tiempo dará pié a la plaza pública y a nuestra idea comúnmente aceptada de que hay espacios abiertos, aunque diseñados, que son de uso común, y otros espacios privados, interiores, de uso particular.
La oralidad, forma predominante del intercambio en el espacio- Foro y en las sociedades donde la imagen-letra aún no ocupa el ámbito simbólico del orden lineal, se transforma necesariamente con el surgimiento de la imprenta durante el S. XV.

La nueva expansión y transversalidad que se crea a partir de la comunicación masiva de la palabra escrita superpone tangencialmente ese espacio íntimo y privado del sujeto, con el externo y público. El libro permite una distribución horizontal del pensamiento anteriormente reservada al habla que siempre había estado más cerca del canto y del rito, del gesto y la réplica.

El panfleto político, la poesía de exaltación nacionalista, las editoriales de periódicos y los manifiestos de intelectuales a la manera del „Yo acuso‰ de Zola, conmoverán al nuevo ciudadano, al burgués que accede así a entrever y juzgar los tejemanejes del poder.

El sujeto-uno se dirige así a la multitud no a través del discurso en la plaza pública, sino a partir de nuevos dispositivos técnicos que van a configurar el mayor cambio de la humanidad respecto de su capacidad de dar y recibir, respecto de su capacidad de hablantes. Sociedad de masas donde una boca es capaz de alimentar millones de oídos. La propaganda política se hace consustancial al ejercicio del poder y el control de los dispositivos de generación de sentido (prensa, radio, TV, cine) uno de los pilares prioritarios de sustento del poder.

Es en la ciudad de las luces de la Modernidad, en el París de Baudelaire, donde el sujeto anónimo que recorre las calles bulliciosas y masificadas de la ciudad ya no encuentra un centro espacial de intercambio social a la vieja usanza, sino que es el sujeto interior quien maneja su monólogo impresionista y extenuante. Leer más …

La ciudad como mapa. Representación, imagen, visualidades. Por: Lucrecia Piedrahita

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Dentro de mi trabajo curatorial para la beca del LIPAC, en la Universidad de Buenos Aires, avanzo la propuesta sobre la ciudad como tema y la obra del fotógrafo colombiano: Jose Alfredo Betancur.

Les comparto su obra y algunas de mis reflexiones.

LA CIUDAD COMO ESPACIO EXPOSITIVO
Por: Lucrecia Piedrahita.
Becaria LIPAC. UBA.

“En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa”. Ranciere.
“La imagen es lo que nos recuerda que no estamos solos en el mundo incluso si somos los más fuertes”.
(S. Daney)

La ciudad es un  ámbito de comunicación fundamental para entender los problemas que nos plantea la contemporaneidad. Es un objeto de interpretación, lugar de la diversidad, del encuentro entre el espacio público y el espacio privado; es un fenómeno espacial donde interactúan los sujetos de una colectividad, que tienen como funciones conocer y reconocer su espacio, palparlo como territorio, como sitio comunicacional, como escenario plural.

Conocer, estudiar y observar la ciudad es descubrir en ella nuevos sistemas de construcción para la mirada y sugerir otros planteamientos en la relación público / privado. En los múltiples territorios que definen la ciudad se desarrolla una entidad de una naturaleza nueva que comporta una comunicación y explicación de los actores sociales en el espacio urbano. La capacidad de percepción que se puede dar en el espacio urbano, amplía otras lecturas y propone problemas que conciernen a la representación visual: la “nueva escritura” que se descifra en  esos espacios contenedores y, a su vez, contenidos, traza líneas de sensaciones y de histerias, de gritos, luchas y acoplamientos.

Si hablamos de ciudad se hace necesario analizar el espacio público, concepto que nos conduce  a que se desarrollen nuevos canales comunicacionales entre todos los actores sociales de la colectividad, se conciban otras formas de pensamiento y se re-valore la concepción del hombre y su entorno. El espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.

La reflexión sobre ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación.

Una de las experiencias de las prácticas artísticas contemporáneas está en la búsqueda de un lenguaje preciso, personal, perfectamente comunicable, sin residuos de ambigüedad, obscuridad u arbitrio, riguroso en la definición y consecuente con los resultados demostrables en su obra o proceso. De igual manera el artista, entendido como un –constructor social- debe producir un trabajo que permita múltiples lecturas ante el ojo, la necesidad y la sensibilidad del espectador, donde su producción sea, cada vez que se expone, objeto de nuevas observaciones, nuevas reacciones y ante todo un documento actual.

La ciudad como mapa
Representación, imagen, visualidades

La idea de representación adquiere validez para definir la ciudad como espacio expositivo desde las prácticas artísticas, asimilándola como el conjunto de ideas y percepciones colectivas de orden político, económico, cultural, social u otro, que anima los grupos sociales y que estructura el imaginario colectivo y la visión del mundo de los mismos.
En los tránsitos de la representación ésta deviene imagen. En términos contundentes Serge Tisseron distingue entre “representaciones” e “imágenes” aduciendo que la representación es “un contenido sin cuerpo”, en cambio la imagen es una relación, es motriz, es socializante. Podría argumentarse que -la representación es planimétrica, la imagen posee un espesor sensorial y un contenido que funciona como cohesionador-.

Si trasladamos estos esquemas a la idea de la ciudad como mapa es necesario referenciar los conceptos que sobre la imagen han desarrollado algunos críticos y teóricos que ayudan a conceptuar desde este campo. Serge Daney, crítico de cine distingue entre lo visual, la imagen y las visibilidades. Entiende lo visual como lo óptico, nos conduce en términos de verificación óptica de cualquier procedimiento de poder (técnico, político, publicitario o poder militar).

Para Daney lo visual no tiene contracampo, no admite añadidos. Lo visual que predomina en la televisión, no remite a otro, sólo a si mismo, su esencia es la tautología. La imagen, en cambio, testimonia una alteridad. La imagen tiene lugar siempre en la frontera de dos campos de fuerza. Y las visibilidades no son más que imágenes sin significación.

Por su parte el director de cine francés Jean Luc Godard diferencia entre lo visual y lo visible y destaca que es en el lugar de lo visible donde se asienta la imagen. Y para Ranciere la imagen es siempre una relación, un desvío. Significa y muestra a la vez, es plural… “En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa (…) una imagen no es un icono que está ahí, un dato visual, una unidad visual. No es un cuadro ni un plano (…) la imagen es siempre una relación, un desvío, una separación entre una función de significación y una función de mostración, pero también una separación entre dos imágenes, entre la mostrada y otras que serían posibles. La imagen siempre es plural. La vida de las imágenes se hace con otras imágenes (…) Una imagen está muerta si está dada y se interrumpe. La imagen es siempre un intervalo o una expansión. Metamorfosis, desestabilización, trasformación. 
El poder de las imágenes, radica entre otras cosas, en su versatilidad y su ductibilidad. “Es irrompible porque es capaz de admitir todo cambio posible sin la menor resistencia (Luis Puelles). Podemos entonces concluir que la imagen es una frontera móvil y mutante y es un factor determinante de la producción simbólica y las prácticas artísticas contemporáneas. Por las imágenes y sus fisuras y escondites son muchos los artistas y colectivos que re-piensan el mundo y proyectan los sentidos del espacio en la ciudad como mapa.
Todo esto constituye lenguajes, formas de participación, estrategias de consenso y disenso, espacios de opinión pública que se asientan en la construcción del imaginario y que permiten levantar cartografías para identificar territorios en donde tenga cabida un mapa de la ciudad a partir de las micropolíticas al tránsito de la imaginación, entendida esta última, en términos de Hannah Arendt, como la facultad de hacer presente aquello que está ausente. Tanto Arendt como Kant plantean una  interpretación de la imaginación como facultad política, es decir, la imaginación es el puente entre la estética y la ética. (…) la imaginación es la facultad de tener intuiciones sin la presencia del objeto”. Es productiva cuando se trata de la artística. Es “la condición de la memoria”. Por lo tanto referenciarla temporal y espacialmente es otorgarle sus múltiples sentidos y de materializarla como facultad que tiene de dar cuerpo  a lo que está ausente, por ello la Geoimaginación es el aporte a este instrumento de análisis para llegar a un mapa interpretativo a través de las fotografías de José Alfredo Betancur.

Así entonces la imagen en el arte se entiende como una mirada  al mundo mismo, como un ensayo visual de las prácticas, acciones, contextos y actos que permite analizar la ciudad, el espacio urbano y sus producciones.

Nos dice Eduardo Pavlovsky: “la micropolítica propone otros territorios sociales existenciales, abiertos a la comunidad.  Es aquello que no pueden capturar los sistemas de representación – que no puede capturar fácilmente el Estado. Tiene que ver con lo resistencial y lo incapturable. Se maneja siempre fuera de los sistemas de representación habituales. Es lo que Deleuze define como acontecimientos o devenir. 

Por su parte el antropólogo Arjun Appadurai, abre un campo expandido para la imaginación y la entiende como un campo de prácticas sociales organizadas, es una forma de trabajo. Para Appadurai el trabajo de la imaginación colectiva es la materia prima sobre la que operan los individuos para proyectar sus vidas y la facultad “a través de la cual emergen nuevos modelos colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana”. La imaginación es una herramienta para enfrentarnos a los cambios económicos, sociales y políticos de la globalización. 

 “Por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”. Woody Allen.

El mundo asiste a una reforma mundial de las culturas y cada ciudadano establece conexiones culturales, comerciales y emocionales en medio de un mundo globalizado que no puede negarse; como se explica en un estudio “globalización es una realidad, no una elección”, frase que se sustenta en las palabras de la investigadora Erla Zwingle “Los bienes circulan.  La gente circula.  Las ideas circulan.  Y las culturas cambian.  La diferencia en la actualidad es la velocidad y la magnitud de estos cambios.  La televisión tardó 13 años en reunir 50 millones de usuarios, a internet le tomó solamente cinco”.

En medio de un mundo enfrentado por el terrorismo: atentado a las torres gemelas en Nueva York, invasión a Afganistán e Irak, hechos violentos con cifras de heridos y muertos en Madrid y Londres, el balance a futuro es poco alentador.  El primer mundo se enfrenta al terrorismo, el tercer mundo a una guerra de guerrillas lo que trae como consecuencia una avalancha de imágenes y mensajes que afectan la psiquis de la colectividad pues a los terroristas les interesa convertirse en foco de interés de la opinión pública.  El siglo XXI ve desfilar los descomunales ataques terroristas.  El blanco: ciudadanos desprevenidos, el lugar: la ciudad.

En medio de tantos desajustes la ciudad retoma un papel fundamental como objeto de interpretación y la violencia será un tema recurrente en los artistas.

El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”.

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Arte Público + Espacio Público

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El espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.

En la ciudad surge un paisaje de visión caleidoscópica, múltiple, fracturada y expansible que se integra o, más bien, hace parte de lo urbano. La cartografía es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos, elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano.

La ciudad constituye una categoría sociológicamente compleja, es el lugar donde se construye la memoria colectiva, es una suma de opuestos que configuran el espacio de representación donde interactúan los individuos de la colectividad. En cuanto a la forma urbana surge de dos clases de sistemas como lo ha explicado el urbanista Carlos Julio Calle: el sistema estructurante, constituido por lo público, cuya esencia es la calle, en sus diferentes formas y manifestaciones, y el sistema estructurado que establece lo privado, cuya representación es el barrio.

La ciudad es un centro de comunicación permanente, el lugar por excelencia donde se desarrolla y se vive el sentido de lo público. Es permanencia y sustancia etérea. Existe como concreción y materialización de las necesidades de los hombres, y, al mismo tiempo, se convierte en fantasma. Es distancia y tráfico, arraigo y desorientación para otros.
En ella coexisten símbolos de prestigio que se contraponen a los símbolos de estigma. Lugar de residencia y trabajo, de consumo y recreación. Es el observatorio de las rutinas diarias que cumplen los ciudadanos y que son conceptos claves que vinculan al individuo con sus diversas situaciones sociales.

El territorio urbano es la utopía de la ciudad para inmigrantes y los que migran internamente. En ella hay un choque de tiempos. Sin embargo, todos reclaman el derecho a la ciudad, una estructura hecha de calles, parques y avenidas. De secretos y escondites.

La reflexión sobre arte, ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación. El artista aparece  entonces como constructor social.

Hablamos de un arte público en el espacio público que transgrede los ordenes establecidos en la ciudad, y porqué digo, transgrede, porque el arte público ya no es más ese elemento decorativo que maquilla la ciudad, ni ese monumento que perdió su razón de ser, tal véz por esa ostentación emblemática o porque en un mundo saturado de símbolos, los héroes se bajaron de su pedestal para sentarse y observar como sus fuerzas se desvanecen. Hoy, el arte público debe establecer un diálogo directo con los ciudadanos, “afectarlo” dentro de su cotidianidad. 

Sobre esa evolución del arte público, José Luis Brea señala los cuatro rasgos que mejor caracterizan su evolución:

1. Ruptura con la lógica del monumento, con la semiótica bipartita del significante/significado, dominio de la representación/dominio de lo real, tendencia en cambio a una inmersión.

2. Ruptura con la lógica de la conmemoración. No se pretende construir el monumento en objeto de perduración en argumento de recuerdo, sino en testimonio efímero de la intensidad del tiempo ahora, del instante, de lo pasajero.

3. Ruptura con la lógica del espectáculo. Resistencia al cumplimiento de una función meramente emblemática y de legitimación de las formaciones sociales instituidas.

4 concentración en el esfuerzo de producción de un dominio público políticamente activo, de constitución de una esfera que permita la discusión razonada de los intereses compartidos y su conducción política.

El arte contemporáneo se convierte en un medio de comunicación visual que evidencia lenguajes y representaciones, a través del cual se hacen visibles procesos de identidad que señalan pautas de comportamiento, formas de pensar y actitudes de los actores sociales frente a lo público y lo privado. La manera de percepción del espectador frente a la obra de arte, cambia y genera relatos múltiples a niveles corporales, éticos, estéticos y dialógicos, lo que permite que se abran las posibilidades interpretativas de la obra como espacio significante y como lugar de encuentro de la actividad intersemiótica.

(Texto: La Bienal Internacional de Arte de Medellín 1997-1998. Por: Lucrecia Piedrahita, Directora de la Bienal)

Los pliegues de las formas

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Los Artistas Christo y Jeanne-Claude nacieron ambos a la misma hora el 13 de Junio de 1935, él en Gabrovo, Bulgaria como Christo Javacheff y ella en Casablanca, Marruecos como Jeanne-Claude Denat de Guillebon. Christo estudió el la Fine Arts Academy de Sofia entre 1953-56 y escapó de Praga al Este a principios de 1957. Jeanne-Claude fue educada en Francia y Suiza, y obtuvo grados académicos en filosofía y Latin de la University of Tunis. Se conocieron en Paris en 1958 cuando le encargaron a Christo un retrato de la madre de Jeanne-Claude. En 1964, ellos y su hijo a Cyril (hoy un connotado poeta, nacido en 1960) se mudaron a la ciudad de New York City, donde desde entonces viven y trabajan.
 
“Los trabajos temporales, ambientales y de gran escala (tanto rurales como urbanos) tienen elementos provenientes de la pintura, escultura, arquitectura y planificación urbana.
Surrounded Islands o Islas Rodeadas, Biscayne Bay, Greater Miami, Florida,1980-83. podría ser visto como enormes pinturas planas (lienzos con formas).
The Pont Neuf Wrapped o El Pont Neuf Envuelto , Paris, 1975-85. podría ser visto como una enorme escultura, en el sentido tradicional de drapeados y pliegues, sin embargo el puente, envuelto, remite necesariamente a un puente, y en ese sentido a una pieza de arquitectura. Los autos pasaban sobre el , los barcos por debajo, y el público cruzaba el puente, caminando sobre la tela.
The Umbrellas, o Los Paraguas Japan-USA, 1984-91. tiene que ver con planificación urbana. 3,100 paraguas, cada uno de dos pisos de alto, 59.3 metros cuadrados, deplegados en un radio total de 49 Km. en un ancho de 4 Km. a lo largo de calles y carreteras, adaycentes a establos, templos, iglesias, estaciones de servicio, colegios, habitaciones y ganado. Una vez que el proyecto de arte ha sido entendido como lo que realmente es, entonces el proceso que precede la conclusión es fácilmente complendido.
Nadie discute acerca de una pintura antes de que haya sido pintada. Pero la arquitectura y la planificación urbana siempre son discutidas antes de realizarse. La gente discute la posibilidad de un nuevo puente, una nueva carretera, un nuevo aeropuerto antes de que se construyan. Uno de los numerosos permisos a ser obtenidos en varias agencias de gobierno, además de los 25 rancheros en California y los 459 granjeros de campos de arroz Ibaraki, fue el libro de 200 páginas del Ministerio de Construcción en Tokyo. Ellos trabajaron por un año, junto con nuestros ingenieros, y finalmente otorgarnos un permiso para construir 1340 casas (lienzos con formas creando asentamientos como casas sin muros). Nuestros proyectos son conversados y discutidos, en sus pros y contras, antes de ser realizados. Para entender nuestro trabajo se debe tomar en cuenta lo inherente de cada proyecto. Sin embargo hay una diferencia importante entre nuestros proyectos de arte y la arquitectura o planificación urbana usuales, nosotros somos nuestros propios auspiciadores y pagamos nuestros trabajos de arte con nuestro propio dinero, jamás aceptamos concesiones o auspicios.”

fuente: http://www.ritnit.com

“El espacio público en tiempo de vacas flacas”

Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

 

SOBRE NÓMADA
Notas Curatoriales + Proyectos Colectivos
Lucrecia Piedrahita
Museóloga/Curadora/Analista de la Cultura

“El espacio público en tiempo de vacas flacas”
La ciudad como espacio expositivo 

El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”. Estas palabras de Allen sirven para introducir la reflexión que planteo: la ciudad como espacio expositivo. Es clave retomar al historiador de la arquitectura Lucius Burckhand quien dijo en una ocasión que la imagen de la ciudad que tiene un habitante es su propia imaginación, la imagen de una percepción producida por un proceso de aprendizaje en un entorno social. Si el historiador Burckhand hace la relación ciudad igual a imaginación, podemos hacer la relación espacio público igual a plazas, calles, parques como lugares siempre llenos de vida.  Para entender la ciudad como espacio expositivo es necesario hablar de espacio público y arte público, conceptos que necesariamente nos remiten a Pierre Bourdieu, quien considera el espacio como una construcción cultural y la cultura como un conglomerado de regiones espaciales, generándose una espiral en lo que ambos términos se soplan y acaban confundiéndose. Por su parte Hal Foster  define al artista como un etnógrafo, al afirmar que el nuevo artista etnógrafo es una especie de cartógrafo que traslada sobre el papel el espacio/cultura del “otro” según las coordenadas de la nueva teoría social, convirtiéndose la galería o sala de exposiciones en una verdadera sala de mapas en donde se despliega la epidermis cultural de aquel “otro” ante la mirada, entre curiosa y culpable del espectador occidental. Esto nos lleva a concluir que esa diferencia del artista como etnógrafo tiene validez mientras que el artista adopte la actitud del viajero etnógrafo, móvil y capaz de llevarse consigo las imágenes de su viaje. Hoy la relación arte/ciudad y espacio público está atravesada por múltiples significaciones, el espacio cobra sentido y valor político dentro del sistema simbólico general de la cultura. Igualmente es innegable el hecho de que la tecnología y los modos de vida derivados del capitalismo avanzado imponen una resignificación y una redistribución de valor del espacio, además las redes tecnológicas del capitalismo contemporáneo.  En ese espacio múltiple y fracturado que es la ciudad es en donde se inserta unas veces con inteligencia, otras con politiquería, el arte público. Los comercios del centro de las ciudades se trasladan cada vez más a centros comerciales, las plazas abiertas toman otros usos, se recubren y cierran. Se crean artificialmente espacios para el ocio que se transportan a mundos cerrados; las estaciones se transforman en galerías comerciales. En las ciudades  surgen ámbitos de los que se expulsa todos los fenómenos negativos de la vida urbana.

Hoy se evidencia en algunas ciudades de Colombia la pérdida de funciones del espacio público y ese vacío lo llena los ámbitos privatizados.  Si no hay unas políticas de gobierno que se preocupen por la recuperación de los espacios públicos, éstos pierden importancia como espacio de comunicación, se afean paulatinamente y acaban por ser refugio de grupos marginados.  Con un agravante y es que cuanto menos atractivo sea el espacio urbano clásico, tanto más se huirá de él y tanto mayor será la demanda de espacios cerrados protegidos o públicamente escenificados.

 

 

Museo: Lugar y Territorio (7)

La Historia del Arte todos los dias 4 Comentarios

La ciudad, espacio de exposiciones permanentes y temporales

El arte contemporáneo mantiene una estrecha relación con la ciudad. En muchas ocasiones el espacio urbano se convierte en materia artística por lo tanto se transforma en un vasto espacio narrativo. Lo importante es “mirar los cambios y las transformaciones en ese objeto opaco, polimorfo, apasionante y complejo” como  define Rosana Reguillo a la ciudad. 

 

 

La ciudad es un espacio fracturado. Es el lugar donde convergen miles de personas.  La cartografía del espacio urbano es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano.

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