Exposición en el Museo El Castillo. Ayuda Humanitaria. Obra de Male Correa

Arte y curaduría, Prácticas Artísticas Contemporáneas 2 Comentarios

  

Inventarios de la memoria

La obra de Male Correa

Por: Lucrecia Piedrahita. 

*Museóloga / Curadora / Candidata a Magíster en Pensamiento Estético Contemporáneo (México D.F)

Segunda poesía vertical

-1963-

(…)

Cada uno se va como puede,

unos con el pecho entreabierto,

otros con una sola mano,

unos con la cédula de identidad en el bolsillo, otros en el alma,

unos con la luna atornillada en la sangre

y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.

   (…)

Cada uno se va porque se va,

unos con alguien trasnochado entre las cejas,

otros sin haberse cruzado con nadie,

unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,

otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,

unos sin haber empezado a vivir

y otros sin haber empezado a vivir.

                                         

Pero todos se van con los pies atados,

unos por el camino que hicieron,

otros por el que no hicieron

y todos por el que nunca harán.

     (…)

Roberto Juarroz

El fuego se consume en el espacio  de lo doméstico. Los recuerdos de familia y las historias que tejen las afinidades interiores del alma se circunscriben a la esfera de lo privado, del oikos, de lo reservado. Allí instala la artista Male Corre su mirada y asume la imagen como una decisión pública. La imagen que posee un espesor sensorial, es frontera móvil y un factor determinante de la producción simbólica y de las prácticas artísticas contemporáneas.

En la obra de la artista el espacio es el contenedor de la totalidad de los objetos del afecto y del recuerdo de las comunidades desplazadas por la violencia: nevera, platos, cama, ropa, silla. Esta cultura material, subrayada en un elemento de uso cotidiano como el mantel del comedor, se hace topos – lugar, soporte, arquitectura, paisaje, materia, límite visual y entorno. Los espacios de fondo, los espacio/mantel son el espacio significante.

Este elemento estructural del espacio en la pintura denota la capacidad perceptiva con la que la artista reflexiona por el drama del desplazado. El desplazamiento es una ruptura profunda en las lógicas de la vida. Aprehender su historia es levantar una imagen como disposición al caos, re-elaboración del mundo interior, re-construcción de las ruinas de la morada del hombre; es reflexionar sobre la contemporaneidad como presencia ambigua, efímera y cambiante, en la que la conjugación de tiempo y espacio comunica y define la imagen; imagen dislocada de los individuos desarraigados que en busca de significación reinventan los códigos; es realizar una ardua labor de catarsis que recupere para el desplazado los múltiples sentidos –antropológicos, sociológicos y estéticos– del habitar la tierra después del paraíso y antes de la expulsión.

En 1951 se publicó un breve escrito, Bauen Wohnen Denken, Heidegger distingue, precisamente, entre construir (bauen) y vivir o habitar (wohnen). La idea de habitar relaciona íntimamente los conceptos de lugar y ser. Habitar, según Heidegger, es convertir el espacio físico, racionalmente constituido, en una representación material del “ser en la tierra”. Es decir, dotar de significado las categorías del ser y estar. En la relación significativa que se da entre el ser y el habitar un lugar, un espacio, se desarrolla un sentido de identidad y pertenencia, en el cual la función espacial posee unas características culturales, familiares, económicas, sociales, además de unos valores simbólicos que determinan esa relación. Al hacer cada individuo uso del espacio donde habita, construye una relación comprometida, activa y consciente con éste. El hombre habita y es habitado.

En la definición formal de las pinturas/dibujo de Male Correa se encuentra unas relaciones de continuidad y contigüidad de planos que conforman un paisaje final. Planimetría de las siluetas de las casas intervenidas con dibujo/pintura que señalan el paso del tiempo, las habitaciones desoladas, las ventanas que se insinúan por procesos de veladuras para dejar ver al fondo un paisaje de abundancia: frutas, animales, flores. Estos paisajes son metáforas de la abundancia, signos instalados en la vida social del ciudadano, imágenes que habitan simbólicamente el paisaje que existía antes de la huella de la barbarie.

Estos signos que nos habitan, habitan –simbólicamente- la cultura material de las comunidades desplazadas. Signos que somatizamos, signos que duelen, signos que nos proveen felicidad, signos que nombran, que marcan, signos que llegan antes que la palabra pronunciada cuando el olvido se instala.

En este juego de representación se plantea las relaciones entre la abstracción y la figuración, entre realidad e irrealidad. El espacio doméstico se transforma en helicóptero, los objetos que nos unen emotivamente a la casa rompen el espacio abierto para ser resguardados en otras periferias, otros horizontes, el juguete adquiere dimensiones habitables y es a su vez el regalo que llega. Todos, potentes indicadores de memoria que nos hacen re – cordar, volver a pasar la hebra, el cordel. Recordar viene de cordis (corazón), significa: volver a pasar por el corazón (-los antiguos griegos y romanos no ubicaban la mente en la cabeza, sino dentro del pecho-). Recordar sería volver a pasar por la mente para nunca perder sus nombres, los nombres de tantos ciudadanos sometidos al desplazamiento forzado.

En la muestra – Ayuda Humanitaria- Male Correa denuncia con sensibilidad e inteligencia el drama de quien lo ha perdido todo, del desplazado y sus cuerpos que callan; el suyo no es un silencio que no habla, sino que es un silencio que prohíbe que se hable en su nombre pero a través de las subjetividades precisas que caracterizan la obra de la artista se les restituye la palabra y el lenguaje plástico da cuenta de las estéticas políticas.  

 

“Todos, potentes indicadores de memoria que nos hacen re – cordar, volver a pasar la hebra, el cordel. Recordar viene de cordis (corazón), significa: volver a pasar por el corazón (-los antiguos griegos y romanos no ubicaban la mente en la cabeza, sino dentro del pecho-). Recordar sería volver a pasar por la mente para nunca perder sus nombres, los nombres de tantos ciudadanos sometidos al desplazamiento forzado.” (L.P) 

 

 

 

   

 

Male Correa es Diseñadora Gráfica de la Universidad Pontifica Bolivariana, con más de 10 años de formación en pintura, dibujo y grabado, con maestros como Luis Fernando Escobar, Federico Londoño, Antonio Martorell, José Antonio Suárez , Ángela María Restrepo y Oscar Jaramillo.
 
Desde 1998 ha participado en varias exposiciones: 7 individuales realizadas en el país y  24 colectivas en Colombia, Venezuela, Cuba, Estados Unidos, Suiza, Holanda, España, Inglaterra y Francia.

“Ayuda Humanitaria” se llevó a cabo bajo la curaduría de Lucrecia Piedrahíta y está compuesta por 20 obras; 15 pinturas y 5 dibujos en dimensiones desde 55 x 55 cm hasta 1.20 x 1.40 mt. Toda la serie se produce entre el 2009 y 2011.

Horarios de Visita
Lunes a viernes de 8:00 am a 12:00 m y 2:00 a 6:00 pm.
Sábados de 8:00 am a 1:00 pm.
Salón de Los Cipreses, ubicado en la Escuela de Artes del Museo El Castillo.
 
La exposición estará abierta al público hasta el 30 de abril de 2011.
 
Mayores Informes: 266 09 00
 

2 de diciembre, inauguración de la exposición: Memoria Decapitada. Estéticas del desarraigo

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El próximo 2 de diciembre se inaugura mi proyecto curatorial La Memoria Decapitada. Estéticas del Desarraigo. Será en el Claustro de San Agustín, en Bogotá a las 12 del día. Están todos muy invitados. La muestra estará abierta hasta el 2 de marzo de 2010. 

Recoger lo que la imaginación acumula

1999. Estudiar la ciudad. Recorrer la ciudad. “Según datos de organizaciones no gubernamentales que trabajan en los asentamientos, cada día llegan a Medellín entre 10 y 15 familias y se diseminan –de acuerdo a declaraciones de Planeación Municipal de Medellín– en todos los sectores donde hay barrios de invasión. Así, el Plan de Ordenamiento Territorial clasificó, para 1999, 52 asentamientos en los que los desplazados por la violencia se cruzan con las familias pobres residentes de antiguo que aprovechan la oportunidad para mezclarse con los desplazados y recibir así el tratamiento de víctimas de la violencia.”.

1999 – 2009. En Colombia, la guerra por el territorio y la violencia ha dejado, en los últimos treinta años, miles de colombianos deambulando por trochas, caminos y carreteras; cientos de familias que, en caravana, se dirigen a las cabeceras municipales buscando un refugio y queriendo mezclarse con la población para salvar sus vidas.

Por invitación del Vicerector de la Universidad Nacional, doctor Fernando Montenegro, se presenta la investigación: La memoria decapitada. Desplazamiento forzado en Colombia. Los componentes museográficos dan cuenta del fenómeno del desplazamiento en Colombia a través de fotografías, textos, dibujos, cartografías físicas y digitales, soporte audiovisual y la construcción colectiva del Catálogo de Voces y el Sobre Nómada, elementos diseñados  para el ejercicio curatorial que permitió la vinculación activa de intelectuales de diversas áreas, artistas, docentes y público abierto.

Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respete las leyes.

Memoria Decapitada, un formato investigativo de exposición que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa  para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria.

El documento que se entrega a ustedes amplía las miradas al desplazamiento y permite un diálogo cultural de múltiples aristas.

Mis agradecimientos sinceros para cada una de las personas que han participado en la investigación. A los intelectuales de altísima estatura académica y humana que asumieron con entusiasmo escribir para el Catálogo de Voces, a otras tantas personalidades con las que intercambié criterios y crucé miradas, a la Universidad Nacional de Colombia, a María Belén Sáez de Ibarra, a los artistas, curadores y el público que se motivó a dar su opinión, a detenerse en una imagen que le conectaba con recuerdos, estéticas sin razón y sin orden o tal vez con razón y con orden.

… En medio del drama del desplazado siempre habrá un espacio anclado, radicado, es la casa, el espacio de todos los tiempos.

Lucrecia Piedrahita Orrego
Museóloga
Medellín, noviembre 2009

Se acerca la inauguración de Memoria Decapitada

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El 2  de diciembre inauguro en el Claustro de San Agustín, en Bogotá, la investigación y curaduría de La Memoria Decapitada. Un trabajo de diez años de reflexiones, cruce de disciplinas y participación colectiva para analizar el sentido de la casa, específicamente en las comunidades desplazadas pro la violencia en Colombia.

Les comparto el texto que escribe el arquitecto Carlos Jiménez, una de las figuras más sobresalientes de la arquitectura en el escenario internacional.

Tres espejos, un mundo.
Costa Rica – Estados Unidos
Carlos Jiménez, Arquitecto, Profesor Rice University Houston. Miembro del jurado de los Premios Pritzker de Arquitectura.
 
Octubre del 2009 resultó ser un mes prometedor de viajes puesto que visité tres áreas distintas del mundo: San Francisco, California,  La Isla de San Andrés, Colombia y Mumbai, India, además de otras ciudades. Esta combinación improbable de lugares me brindó un oportuno y vasto telón de fondo para reflexionar sobre “La Memoria Decapitada”, la exposición convincente y oportuna  de Lucrecia Piedrahita. Porque en el fondo del llamado urgente de Piedrahita yace la pavorosa trayectoria de todos los desplazado de cada rincón de la tierra. Individuos que diariamente descargan sus resignadas aunque cargadas esperanzas  a lo largo de cada asentamiento improvisado imaginable.  Esta necesidad humana de reclamar cualquier espacio, aún cuando las circunstancias muestran lo contrario, es una necesidad tan profunda como el amor o la amistad. El deseo universal por hacerse a un lugar persiste aún cuando la memoria de ser desplazado permanece como una herida abierta y en carne viva para millones en todo el mundo.

Mis viajes comenzaron en San Francisco, donde el esplendor exuberante y ondulante no puede disipar el despliegue desgarrador de individuos catatónicos que duermen en las calles del centro de la ciudad. Bendecida por un clima benigno, la Ciudad de la Bahía  es como un cielo para los incontables persona sin hogar que encuentran confort en la familiaridad de un rincón entre un contenedor de basura y una pared, cualquier cosa puede ser un refugio de la crueldad de su destino. Rodeados  de sus pocas posesiones, a veces apiladas en un desvencijado carrito de compras, estos nómadas indigentes  trazan un mapa de otro tipo de Calle San Franciscana, una donde las brutales realidades de un sistema económico compulsivo muestran su otra cara raras veces anunciada. Y allí clava sus ojos como una rutina impávida para que todos lo ciudadanos la vean o hagan de cuenta que no está allí.

Poco después de regresar de San Francisco, viajé a la Isla de San Andrés. Al llegar a esta pequeña isla del Caribe  de tonos aguamarina centelleantes y alucinantes arrecifes de coral, pensé por un momento que si todas las comunidades desplazadas del mundo pudieran vivir en el paraíso se podrían curar en parte los estragos causados por la dislocación. Una comunidad compacta de isleños nativos, San Andrés da la impresión de ser un lugar que alguna vez vivió su gloria, o de una isla prematuramente desplazada de  su promesa por islas mas afluentes al Noreste. Ahora la isla parece marchitarse o brillar en medio de masas incesantes que llegan en busca de un turismo barato. Una antigua base lejana libre de impuestos en el Caribe, San Andrés se percibe como una comunidad desplazada, atrapada entre la insistente Nicaragua y una distante Colombia.

Edificios desvencijados y construcciones frágiles pueblan la isla como queriendo invitar la naturaleza a derribar sus formas invasivas y sordas. Hay este sentimiento incómodo de esperar que algo cambie, que algo suceda, que haya una salida. La sensación de esperar produce cierta resignación, una desesperación callada que aún las multitudes mas bulliciosas  que visitan la isla no pueden repeler. Pensé que San Andrés con toda su belleza natural era una especie de hogar inasequible, puesto que casi todo el que la visita quisiera vivir allí y sin embargo no pueden puesto que la isla puede solo sostener una cierta cantidad de habitantes.  Rebosarla implicaría ahogarse en el implacable mar de Corales.

Luego en mi itinerario  viaje al universo mágico y sorprendente de la India. No existen suficientes adjetivos para tejer los verdaderos colores y aromas de esta tierra singular.
 
 Algunas aproximaciones como intoxicante, fabulosa, aromática, hechizante, ineludible, fascinante… palidecen cuando se está en presencia de la India, en el momento de la India. Un momento que ha  propulsado el país más allá de su  poderío económico emergente a la vez que permanece sacudida por las crecientes barriadas de pobreza. Mumbai, la ciudad más grande de la India y claro centro cosmopolita, es también el hogar de Dharavi, el asentamiento improvisado más grande de Asia. La pobreza de Dharavi es dolorosa y parece insuperable, sus casas desvencijadas hablan colorida pero débilmente  de los miles de multitudes casi olvidadas. La democracia más grande del mundo debe sentirse sobrecogida por estas multitudes que no han aprendido aún a hablar como una voz colectiva pero se han unido en una desesperanza colectiva y enfrentan silenciosamente  rogando por la certeza de  un solo día en que se comprometan las víctimas urbanas actuales.
Estas pocas experiencias de mis viajes recientes encuentran eco en las múltiples experiencias capturadas en “La Memoria Decapitada”. No importa donde tengan lugar estas experiencias, si acontecen en un mundo más o menos desarrollado, la tragedia universal sigue siendo la misma. Sin embargo la chispa de la dignidad humana siempre se abre paso aún en las condiciones más desesperadas. ¿Cómo más explicar el orgullo de un hombre de 60 años que tiende su cama en las frías aceras de San Francisco a la vez que conserva alguna nobleza fundamental? O ¿Qué de aquella familia inolvidable en San Andrés que se reúne felizmente bajo la sombra de  una red de pesca acariciando un pedazo de tierra húmeda al frente de su desmoronada casa? O ¿Qué de los vívidos y penetrantes ojos de un huérfano de 6 años que vi soñando despierto justo afuera de uno de los notorios puestos de lavandería de Mumbai, un lugar donde los pobres desdichados habían estado trabajando arduamente desde las primeras horas de la mañana?. No importa a donde viajemos o donde estemos, habitamos el espacio de nuestra mirada fija común, y la indiferencia nunca ha sido una opción.

 Houston, Noviembre de 2009

PALABRAS SOBRE LA PÉRDIDA DEL LUGAR

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Javier Maderuelo, es uno de los intelectuales más sólidos del escenario actual. Es mi invitado al proyecto curatorial Memoria Decapitada que se inaugura el 2 de diciembre en Bogotá, en el Claustro de San Agustín.

Les comparto la reflexión sobre el sentido del lugar.  

PALABRAS SOBRE LA PÉRDIDA DEL LUGAR
       Dr. Javier Maderuelo
       Universidad de Alcalá

El hombre es un animal sedentario. La inteligencia, que es la característica que le separa del estado animal, aparece asociada al hecho de asentarse en un lugar y aprender a aprovechar los recursos que ofrece el suelo, generando el arte de la agricultura. La cultura del agro exige inteligencia y paciencia, un largo tiempo de espera, un posarse en el lugar desde que se prepara el suelo y se siembra hasta que se recoge la cosecha. Un largo tiempo y una esperanza renovada para volver a empezar año tras año.

El asiento, el asentamiento en el lugar que se cultiva no abarca sólo el tiempo de un ciclo anual sino que exige muchas vidas continuadas, una tras otra, hasta convertir un territorio inculto en suelo productivo, en culto y cultura.

Desde que las primitivas tribus nómadas se asentaron en los territorios, cada persona pertenece a un lugar en el que nace. Esta pertenencia la expresamos diciendo “yo soy de tal lugar”, enunciando entonces el topónimo que lo nombra. La frase “yo soy…” no indica que el lugar nos pertenece, que somos los propietarios de él, sino, al revés, que nosotros le pertenecemos al lugar.

En muchos casos esta pertenencia es física, el que ha nacido en un lugar no ha tenido en toda su vida la oportunidad de separarse de él más que unos pocos kilómetros, siendo entonces un esclavo del lugar.

Pero en no menos casos el hambre, el odio, la desesperación o la amenaza de una muerte cierta han hecho huir a las personas, a las familias y hasta a poblaciones enteras, abandonando el lugar al que pertenecían, el lugar en el que se asentaron sus ancestros, para generar migraciones que han llegado a recorrer continentes y a desplazarse durante siglos.
Sin duda son muchas las privaciones, el miedo, la angustia y la desolación que se viven al tener que salir huyendo pero, tal vez, no haya nada más terrible que haber roto los lazos con el lugar al que se pertenece y surgir entonces la añoranza por el alejamiento, la melancolía inconsolable del destierro.

Hay una palabra en portugués: morrinha, que en español se grafía “morriña”, que expresa fielmente la tristeza y melancolía que surge ante la nostalgia de la tierra natal abandonada. En origen, la palabra morrinha es un diminutivo del verbo morrer, es decir morir. Alejarse de la tierra natal es, por lo tanto, morir un poco.

En el idioma español disponemos de dos palabras relacionadas con la existencia que poseen diferente raíz etimológica. Me refiero a los verbos “estar” y “ser”. Estar hace referencia a la existencia de alguien en un lugar. Estar nos indica la situación, condición o modo actual de ser. Pero el “ser” se sitúa por encima la circunstancia de cada momento determinado. Uno está en un lugar o en otro, en miles de lugares a lo largo de la vida, pero sólo se “es” de un lugar y se es para siempre. Si alguien renuncia al lugar está renunciando a su ser. Ésta es la gran tragedia ontológica de los desplazados, ésta es la desolación de los “sin tierra”.
Algunas palabras nos indican mucho sobre el sentido de esa tragedia

Desarraigo. Mona Hatoum

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Una de las artistas más representativas del panorama artístico internacional, Mona Hatoum, encarna en su biografía las constantes que marcan la traumática experiencia del exilio: el desplazamiento y la destrucción de la idea tradicional que tenemos del “hogar”. Aunque palestina, nace en Beirut, ciudad a la que tuvieron que emigrar sus padres en 1948 abandonando Haifa y a la que, posteriormente, ella misma no puede regresar cuando, de viaje en Londres, estalla en 1975 la guerra civil libanesa. Tras unos primeros años en la Byam Shaw School of Art, pasa a la Slade School of Art, también en Londres, donde estudia con Stuart Brisley, una de sus primeras influencias, a comienzos de los años 80, cuando empieza a realizar performances y vídeo.

Tras un primer tiempo de experimentación formal en el que establece la que sería una relación duradera con el Minimalismo, su paso por la Slade la politiza llevándola a un terreno más conceptual en el que primaría su preocupación por el funcionamiento de las estructuras de poder. Es en este contexto en el que lleva a cabo la mayoría de sus performances cargadas a menudo de un denso contenido político. En un segundo momento, pero también dentro de esta primera etapa en la que su trabajo aparece marcado por acciones temporales, tiene lugar la elaboración de vídeos, entre los que nos encontramos con obras tan significativas como Measures of Distance (1988), que trata temas como la representación de estereotipos femeninos o las relaciones materno-filiales, dentro, eso sí, de un encuadre marcado por el sentimiento de pérdida y desorientación que trae consigo el exilio y la comunicación en el desplazamiento.

Su trabajo en los años 90 ha evolucionado hacia obras menos narrativas que permiten, por tanto, un mayor nivel asociativo. A través de las esculturas y las instalaciones, Hatoum realiza obras que parecen hacer referencia al Minimalismo, aunque tan sólo desde un punto de vista puramente formal y de utilización de materiales. En ellas hay una continua negociación con el cuerpo del espectador, al que implica física y emocionalmente en un espacio del que paradójicamente el cuerpo humano permanece ausente y que él/ella con su presencia está llamado a sustituir. Sus instalaciones nos trasladan, a menudo, a un espacio de fantasía en el que, como sucede en Corps étranger (1994), nos enfrentamos al poder metafórico del cuerpo en general a través de conceptos como lo público y lo privado en la imagen del cuerpo femenino.

En los últimos años, la ambivalencia simbólica que otorga a los objetos cotidianos ha ido tomando cada vez más peso en sus instalaciones. Todo aquello que en teoría nos resultaba conocido y acogedor, se metamorfosea en algo remoto y, a menudo, espeluznante. El “hogar”, en las obras de Hatoum, ya no puede proporcionarnos esa sensación de sosiego y refugio con el que antes lo asociábamos. Las alteraciones introducidas por la artista rompen constantemente esas expectativas. Ya sólo nos queda un espacio inquietante en el que pensar una nueva definición de “hogar”.
Fuente: http://www.ritnit.com/category/desarraigo/

La memoria decapitada

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A propósito de la exposición La Memoria Decapitada.
Investigación / Proyecto / Curaduría: Lucrecia Piedrahíta Orrego.
Claustro de San Agustín, Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. Octubre de 20099.
 
Sobre
LA MEMORIA DECAPITADA
investigación/instalación de Lucrecia Piedrahita
Por:
J.Martin Barbero
  
            La pregunta por el sentido de la presencia de los desplazados en la cotidianidad de nuestra ciudades -¿por qué están y qué hacen ahí-, es respondida mayoritariamente de dos maneras. Una, experta y dirigida a la minoría educada, que proporciona –a través de diarios y revistas- información sociopolítica y económica con estadísticas de cuántos son, de qué regiones  provienen, en que ciudades se reparten, etc.; que elabora análisis  acerca del conflicto [las guerras] que asola este país, sus causas y consecuencias; y promueve debates sobre lo exigido por la Corte Constitucional, los incumplimientos el gobierno nacional o local, etc.

La segunda manera de responder es la que emplean los medios –radio y televisión- que es la que llega la inmensa mayoría de los colombianos y que, mayoritariamente también, responde folclorizando esa presencia al  convertir a los desplazados en elementos del nuevo paisaje o amoblamiento urbano, poblado por montones de “desocupados” [gente sin empleo que se gana la vida haciendo acrobacias, rebusque u otras cosas raras, en los semáforos y demás cruces callejeros]. La primera produce, no solamente pero con frecuencia, un catastrofismo miedoso que, sumado a la sensación de caos urbano, está llevando a legitimar la polarización extrema que vive este país. La segunda, por el contrario, exorciza el miedo acostumbrándonos en tal manera a esa presencia que ya ni los oímos ni los vemos.

            Frente a esas dos maneras de dotar de algún sentido a la cada día mayor cantidad y presencia de los desplazados, la de Lucrecia Piedrahita –con su investigación/acción /instalación- inaugura otro camino y emplea unos medios muy diferentes. Pues se trata de responder a dos preguntas muy distintas a las que se hace tanto el común de la gente como los expertos en violencias y desplazamientos: ¿de qué son actores protagónicos los desplazados? y ¿cómo hablar de ellos sin acrecentar el miedo o aumentar la sordera, o mejor al revés: despertándonos del anestesiamiento colectivo y desestabilizando nuestra “buena” conciencia moral?.
            La pregunta por el ¿de qué son actores protagónicos los desplazados? es respondida por Lucrecia Piedrahita con lo mismo que Arjun Appadurai ha llamado imaginación social: aquella en base a la cual sobreviven física y culturalmente un número cada día mayor de poblaciones y comunidades humanas en el mundo; pues la imaginación ha dejado de ser propiedad exclusiva [y excluyente] de poetas y artistas para ser la matriz creativa en base a la cual los desarraigados y desposeídos reconstruyen su hábitat y su vida. De ahí que sólo una artista que investiga y una investigadora que crea con todo tipo de materias y espíritus, podía contarnos y ponernos a pensar en la capacidad de reinventar sus mundos de vida en base a la cual los desplazados retejen sus memorias, rehacen sus sensibilidades campesinas en un entorno suburbano, reutilizan sus pocas pertenencias a la vez como objetos útiles y como recuerdos vitales y reconstruyen sus “viejos” modos de habitar, sus casas, con los mas diversos tipos de deshechos modernos, etc, ect.

De eso son protagonistas los desplazados, de una creatividad, una osadía y una tenacidad sólo comparable a la de los más verdaderos artistas. De de eso es de lo que hablan, para quien sepa escuchar claro, no sólo sus relatos verbalizados sino también los materiales y los objetos con lo que rehacen sus vidas, las modalidades de sus asentamientos-alojamientos, los diseños de sus casas, o los remiendos de las nuevas ropas.

Y todo ello atravesado por una lucha a muerte  contra el estigma que los convierte en extranjeros  peligrosos de los que hay que desconfiar o en invisibles a los que sólo da cuerpo el miedo de los demás, de los otros. Una lucha en la que se valdrán de todas las artimañas [arte-con-mañas, o sea artes populares en su más pleno sentido] no sólo para sobrevivir en las condiciones más duras sino para ser tenidos en cuenta por los que mandan en la ciudad, para volverse sujetos con derechos, ciudadanos de una punta a lo otra de esa palabra.

Y arte-con-mañas es también la propuesta estética que permite a La memoria decapitada entretejer los más diversos materiales y lenguajes con los que hacer visible el rostro ausente de los desplazados –ausente por el borrado que de ese rostro operan tanto las cifras de la estadística como las pantallas de televisión- un rostro que es de-velado y ex-puesto mediante una enorme pluralidad de recursos, entre los nombraré sólo tres. Uno, la recolección y ensamblaje de la palabra viva que habita los relatos-historias a través de las cuales los desplazados cuentan, dan cuenta, del espesor experiencial del desarraigo.

Dos, la imagen fotográfica de las materialidades de deshecho con las hacen su vida, un tipo de imagen que golpea el ojo del espectador hasta que éste logra re-conocer lo que en verdad está viendo, lo que en la imagen se halla cifrado y necesita por tanto el desconcierto la mirada como umbral para acceder al mundo de vida del desplazado. Y tercero, las imágenes pintadas por los niños desplazados en las que los gruesos trazos del color trenzan también historias pero más del futuro que del pasado, componiendo íconos/jalones (y girones) de la memoria que habita ya el futuro, memoria reencarnada en esperanza e imaginación de vida nueva. Una nueva vida, nos dice Lucrecia Piedrahita, no sólo para ellos, los golpeados hasta lo insoportable, sino también para nosotros, los que miramos creyéndonos que lo hacemos desde afuera, cuando a lo que esos relatos y esas imágenes nos enfrentan es al desafío de re-conocernos parte activa, o al menos reactiva, de ese mundo-de-vida del desplazado y por tanto exigiéndonos tomar posición.
 
La museóloga Lucrecia Piedrahíta ha desarrollado, en los últimos nueve años, una investigación sobre la configuración de los asentamientos de desplazados en la ciudad de Medellín. Este trabajo ha permitido realizar una lectura diferente del desplazamiento: aquella que se sirve de los conceptos propios de la estética, la etnografía y la teoría de la comunicación para describir la relación que los desplazados “re-inventan” con el espacio; analizar la re-identificación de los individuos con sus lugares (sujeto-objeto); y las re-significaciones de las relaciones sociales (sujeto-sujeto). En esta ocasión El Claustro de San Agustín expondrá –La Memoria Decapitada- investigación que da cuenta del hombre, el espacio y sus lugares como objetos-retratos. Los componentes museográficos darán cuenta del fenómeno del Desplazamiento en Colombia, a través de fotografías, textos, dibujos, objetos recuperados, cartografías físicas y digitales, soporte audiovisual, página web y la participación colectiva del Sobre Nómada, un elemento diseñado para el ejercicio curatorial que permitirá la vinculación activa de artistas, intelectuales de diversas áreas, docentes y público abierto.

La Memoria Decapitada. Lucrecia Piedrahíta Orrego.  Investigación  publicada en diciembre de 2007 por el Instituto para el Desarrollo de Antioquia IDEA. Libro presentado en El Museo de Antioquia. Medellín, Colombia.

Imágenes sobrevivientes

Mirada Crítica Sin Comentarios

 

A propósito de Destierro y Reparación. Espacios alternativos de reflexión. Un proyecto del Museo de Antioquia, la Alcaldía de Medellín, la Corporación Región y Semana. Con el apoyo de instituciones del orden local, nacional e internacional  

La historia del siglo que apenas comienza es la de un tiempo histórico en el que la pérdida de la identidad, de la memoria, de las relaciones personales y sociales se fractura ante una realidad que desarraiga a sus propios vivos y a sus propios muertos.

 Sobre un mapa de traumas y ante una situación de crisis humanitaria del país un grupo de entidades culturales, lideradas por el Museo de Antioquia, instituciones académicas, gubernamentales, no gubernamentales, medios de comunicación, entre otras se unieron para desarrollar el proyecto Destierro y Reparación. Un espacio de construcción y crítica del pensamiento que indaga las causas del desplazamiento forzado en Colombia, piensa la tragedia personal e íntima de cada ciudadano que padece las consecuencias del destierro y pone en escena un diálogo desde las artes visuales.

Un proyecto que conjuga componentes académicos, culturales, expositivos y pedagógicos. Entre los eventos académicos cabe destacar el Foro Semana que contó con la participación del Director de la Revista Semana, Alejandro Santos quien de manera clara señaló el desplazamiento como un factor que rompe los nexos con la familia, con su entorno, con su casa y con sus lazos sociales.

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