¿Es público el arte público?* – Jaime Cuenca

Arte y curaduría, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

“Arte público” es una de esas expresiones que quieren decir más de lo que realmente dicen. Parece haberse encontrado en ella la demarcación perfecta para realizar uno de los viejos sueños del arte moderno: prescindir de las instituciones artísticas y dirigirse directamente al receptor. Evitando museos y galerías parece que la obra de arte puede ahorrarse la negociación con una densa red de compromisos políticos y económicos y trasladar su mensaje puro, no enturbiado, al centro mismo de la vida social. El artista recuperaría así la eficacia práctica que le hurtaban las instituciones y tendría al alcance de la mano la transformación de la sociedad por medios estéticos. El arte moderno se abandona periódicamente a esta ensoñación venerable desde hace algo más de un siglo, y la expresión “arte público” parece permitírselo hoy con singular eficacia; quizá porque en ella resuena el eco de su origen etimológico en el populus latino (pueblo).

No es mi intención negar la pertinencia histórica de muchas de las actuales propuestas de arte público: al contrario, considero que exploran una vía imprescindible que el arte de hoy no podría ignorar sin culpa. Lo que pretendo es alertar de la necesidad de discutir el concepto mismo, distinguiendo entre lo que quiere decir y lo que dice. Lo que con él quiere decirse tiene mucho que ver con la ensoñación que se ha descrito y es demasiado ingenuo; lo que con él se dice no está nada claro y es demasiado poco. Esta vaguedad semántica del concepto permite que muchas propuestas artísticas cumplan sin esfuerzo los difusos requisitos que este enuncia y puedan así legitimarse por virtud del sueño al que señala. Sólo sometiendo al concepto a una discusión seria pueden separarse las propuestas valiosas de aquellas que encubren sus carencias mediante esta turbia estrategia de legitimación. Es en esta necesaria tarea donde se enmarca el simposio “Going Public – Telling it as it is?”, celebrado en Bilbao (España) entre los días 22 y 24 del pasado mes de marzo.

El simposio, organizado por la ENPAP – European Network of Public Art Producers y coordinado por consonni, articuló un conjunto de diversos dispositivos artísticos aunados por la intención de reflexionar acerca del storytelling como forma de producción y recepción de obras de arte público. Esta reflexión se llevó a cabo por medio de unas conferencias performativas a cargo de varios artistas, pero también a través de propuestas que reclamaban para sí mismas la condición de arte público. Se trató de un ejercicio reflexivo desde la práctica; algo muy coherente, teniendo en cuenta que la ENPAP está constituida por seis organizaciones que pueden concebirse como productoras de arte público: BAC-Baltic Art Center (Visby, Suecia), consonni (Bilbao, España), Mossutställningar (Estocolmo, Suecia), Situations (Bristol, Reino Unido), SKOR-Foundation for Art and Public Domain (Ámsterdam, Países Bajos) y Vector Association (Iasi, Rumanía).

El primer día del simposio tuvieron lugar varias intervenciones artísticas en los medios, así como en distintos puntos de la ciudad. Martha Rosler y Phil Collins intervinieron en dos periódicos locales (El Correo y Berria), mientras que la televisión vasca emitió la película ElectroClass de María Ruido, producida por consonni. Por otro lado, el proyecto We could have had it all, de Itziar Barrio, pudo verse en el Teatro Arriaga y la plaza adyacente durante buena parte del día, y se hicieron dos pases de Boom, una performance ideada por Alex Reynolds para el escaparate de un videoclub en desuso. La presencia de estas propuestas en el simposio remite a una intención de definir el arte público de modo deíctico, esto es, señalando casos concretos. Habrán de tenerse en cuenta para comprobar la validez de los diversos ensayos de definición que vayan surgiendo. Antes siquiera de entrar a comentar el contenido concreto de estas intervenciones hay algo que salta a la vista, y es que todas se realizaron fuera de las instituciones tradicionales del mundo del arte. Podría afirmarse que es su sola localización la que las convierte en arte público, pero esta forma de caracterizar el concepto no está exenta de problemas. Señalaré dos.

En primer lugar, aun admitiendo que resulte útil referirse de modo unitario al arte que se localiza fuera de la red de museos y galerías, no está claro en qué sentido puede llamarse “público”. En cuanto opuesto a “privado”, “público” designa habitualmente una forma de propiedad. Aquí, sin embargo, esta referencia no hace sino enturbiar las cosas. Muchas de las obras expuestas en museos pertenecen al Estado y son por tanto de propiedad pública, sin que por ello sean descritas como arte público. En cuanto a las obras que se presentaron en el simposio, la cuestión misma de su propiedad parece fuera de lugar: ¿cómo podría alguien poseer el proyecto de Itziar Barrio o la propuesta de Alex Reynolds? De cualquier modo que esto se hiciera posible, está claro que hoy por hoy no hay ninguna administración pública que pueda considerarse dueña de tales obras. Otra opción sería preguntarse en términos marxistas por la propiedad, no de las obras mismas, sino de sus medios de producción. Estos fueron provistos por consonni en cuanto productora de las dos intervenciones mencionadas. Pues bien, tampoco aquí puede hablarse de propiedad pública, ya que jurídicamente consonni es una asociación sin ánimo de lucro de titularidad privada. La financiación sí provenía en buena parte de la administración pública, aunque no por completo: empresas privadas como El Correo o Berria colaboraron económicamente con el simposio renunciando a cobrar el espacio utilizado en sus diarios por Martha Rosler y Phil Collins.

Con todo, cuando se habla de “arte público” no parece pensarse tanto en la producción o en la financiación de la obra, sino en su localización: “arte público” sería el arte que se hace en el espacio público. Esta supuesta definición, claro, no hace sino ensanchar el problema, pues ¿qué significa realmente “espacio público”? Si lo entendiéramos como aquel espacio que no pertenece a ningún particular nos veríamos obligados a concluir que una de las propuestas del simposio no era arte público, ya que la performance ideada por Alex Reynolds tuvo lugar en un local comercial en desuso cedido temporalmente por su propietario. Estaríamos ante el mismo problema si entendiéramos, de modo aún más trivial, que “espacio público” es sinónimo de “espacio al aire libre”. No queda más opción que asumir que, en este contexto, “público” significa “fuera de una galería o de un museo”. Esto puede aceptarse por respetar una convención extendida, pero desde luego no hay ningún motivo claro que justifique un uso tan impropio del término.

El segundo problema que se presenta en este punto es que no todo el arte localizado fuera de las instituciones artísticas tradicionales puede incluirse dentro de lo que se entiende habitualmente como arte público. El ejemplo más claro es el del monumento. En efecto, los monumentos que llenan nuestras ciudades son obras de arte y se yerguen fuera de museos y galerías, al aire libre y en suelo de titularidad pública. Pese a reunir todos estos requisitos, los monumentos no son arte público en el sentido contemporáneo que aquí interesa. Si algo no hacen las organizaciones que integran la ENPAP es precisamente erigir monumentos. Más aún, cabe decir que buena parte de sus propuestas se caracterizan por ser conscientemente anti-monumentales. En la lectura inicial del simposio, Claire Doherty (Situations) afirma que las organizaciones involucradas tienden a desechar la producción de obras permanentes y fijas y a propiciar la organización de programas continuados que evolucionen en el tiempo (tales como series de encargos y residencias, por ejemplo). Aunque Doherty apunta a motivos de producción más bien incidentales, creo que esta tendencia revela algo más importante acerca de lo que se entiende por arte público.

Desde siempre, los poderes establecidos han hecho erigir monumentos en los que ponían el arte al servicio de su propia legitimación. Levantando monumentos en los lugares más prominentes del paisaje urbano lograban capitalizarlo en su beneficio por medios estéticos. No es hasta comienzos del XX cuando algunos artistas comienzan a sentirse incómodos con esta situación y a retar las formas clásicas de la escultura monumental: deformando la figura primero y dando luego el paso a la abstracción. Parecía que la escultura se resistiría así a su uso instrumental por parte de los poderes públicos; nada más lejos de la realidad, sin embargo. La escultura abstracta o de cualquier otro tipo se insertó sin problemas en la lógica del monumento y siguió funcionando con la misma eficacia. No hace falta una estatua del poderoso para que este se beneficie de una apropiación del paisaje urbano por medios estéticos, el mero énfasis aurático de una obra abstracta, privado de contenido, aporta hoy el prestigio suficiente al gobierno que la instala o el banco que la paga. La escultura pública, en fin, ha perdido en buena parte la capacidad de resistirse a estos procesos de capitalización del espacio común: o bien se somete a los mismos o bien deviene mobiliario urbano. Así, cuando la ENPAP afirma no reconocerse en la lógica del monumento, está contribuyendo a delinear con mayor exactitud lo que debe entenderse por arte público. Por esta vía quizá sea posible hacer decir al concepto algo más de lo que actualmente dice, así como moderar las ambiciones de lo que quiere decir. Pero hace falta un paso más para entender adónde conduce esto.

Decía arriba que no todo el arte que se localiza fuera de las instituciones artísticas tradicionales es arte público en el sentido que aquí importa. Los monumentos, por ejemplo, no se incluyen en esta categoría. Pues bien, es importante caer en la cuenta de que hay otro vasto conjunto de propuestas artísticas que caen fuera del concepto. Se trata de todas aquellas que se sirven de medios estéticos para maximizar un beneficio económico privado a partir del espacio urbano común. Esto puede suceder de varias maneras: los medios estéticos pueden convertirse en recurso publicitario para incrementar las ventas de un producto o servicio, o bien pueden contribuir al aumento del valor del suelo en el seno de una operación de regeneración urbanística, o bien manifestarse en la forma de un evento cultural que atraiga el turismo. En cualquiera de estos casos el arte sirve como un medio para “marketizar” el espacio común, es decir, convertirlo en una mercancía de cuyo intercambio se obtiene beneficio económico. En esta lógica, las propuestas artísticas deben contribuir a agilizar el flujo de consumidores hacia los centros de consumo o el de visitantes hacia los destinos turísticos o el de habitantes pudientes hacia un barrio recientemente regenerado, y deben incrementar por tanto, con estos flujos, la generación de réditos económicos para los inversores. Cuando una manifestación artística de cualquier tipo se subordina a estas intenciones –u otras similares–pasa a funcionar como un lubricante exótico de los dispositivos productores de capital. Esto tiene un nombre, y no es “arte público” sino marketing. Es evidente que las organizaciones que conforman la ENPAP no conciben su trabajo como marketing. Baste con recordar que, según Claire Doherty, el arte público debe estar comprometido con una agitación crítica del lugar y la comunidad en que se produce.

En definitiva, como se ha visto, la localización “espacio público” (entendida como “fuera de una galería o de un museo”) no basta para delimitar el arte público; hay al menos otras dos manifestaciones estéticas que la comparten: los monumentos y ciertas formas de marketing. Estas dos lógicas de intervención en el “espacio público” funcionan, en el fondo, de un modo muy similar: se apropian de lo común por medios estéticos para la producción de un capital político o económico. Usando la oportuna distinción que proponen Hardt y Negri, el marketing trabajaría para la esfera de lo privado y el monumento para la esfera de lo público, mientras que el arte que aquí se trata de delimitar se ocuparía de la categoría restante, la de lo común. Aparece así a las claras la engañosa carga que acompaña al adjetivo “público”. Se olvida que lo público refiere a una forma de propiedad tanto como lo privado y que, si bien la propiedad pública pertenece formalmente a todos, no deja de ser a menudo patrimonializada por los representantes de la ciudadanía. Son ellos quienes se benefician a título personal del prestigio que produce la lógica del monumento y lo convierten en capital político. En cuanto al marketing, claro está, busca por definición la producción de capital económico. En ambos casos se parte de algo común –el paisaje urbano, las relaciones sociales de un barrio o un lenguaje artístico, por ejemplo– que es apropiado por unos pocos en su beneficio. En estos tiempos en que los europeos ven cómo sus representantes desmantelan el Estado del bienestar, salta a la vista el entusiasmo con que lo público colabora en la apropiación de lo común por parte de particulares. “Público”, entonces, no debe ser el adjetivo para un arte que se oponga a las lógicas del monumento y del marketing. Éste será un arte de lo común.

Importan poco las etiquetas, en cualquier caso, mientras la intención sea clara. Pese al equívoco en el nombre, no cabe duda de que el arte al que se refiere la ENPAP, el que producen las organizaciones que la componen, es un arte que pretende resistir, en su propio terreno, las estrategias de apropiación de lo común. Creo que esta idea subyace a los ensayos de definición que se escucharon en Bilbao y, mejor aún, se ve encarnada en la práctica a través de los dos principales proyectos que marcaron el comienzo del simposio, el día 22 de marzo. De hecho, pueden verse en las propuestas de Itziar Barrio (We could have had it all) y de Alex Reynolds (Boom) sendas respuestas desde el arte de lo común a las otras dos lógicas de intervención estética: la del monumento y la del marketing. Itziar Barrio realizó una instalación audiovisual para el Teatro Arriaga y la plaza frente al teatro, partiendo de dos referentes en principio tan distintos como el movimiento de Occupy Wall Street y la cantante Adele. De esta le interesan sobre todo los momentos catárticos que logra en el público cuando tiende el micrófono hacia él, incitándole a cantar; del movimiento Occupy Wall Street toma la idea del people’s mic, que consiste en la repetición coral de las palabras del orador, dirigida a sortear la prohibición de dispositivos de ampliación del sonido. En los dos referentes del proyecto encontramos la presencia de una voz de lo común, que logra expresarse resistiendo los impedimentos políticos y el papel pasivo al que le empuja la industria del entretenimiento. La forma misma de la instalación recreaba una asamblea en la plaza, precisamente allí donde la lógica del monumento trata de ejercer su papel apropiador. Itziar Barrio es aquí consciente y voluntariamente anti-monumental. El proyecto entero puede entenderse, entonces, como una forma de resistencia estética frente a la capitalización política de la voz común por parte de unos pocos.

La propuesta de Alex Reynolds, por su parte, tenía lugar en el escaparate de un videoclub en desuso. En él se situaban tres foleys, esto es, profesionales que recrean sonidos para el cine. Con la ayuda de un extraño conjunto de utensilios, los foleys replicaban en el interior del local el sonido de las acciones que veían a través del escaparate. De este modo, el flujo de atención invertía su sentido habitual: por una vez era el interior lo que se interesaba por el exterior. Se responde así a ese tipo de acciones de marketing micro que, cada vez con mayor frecuencia, se sirven de medios artísticos (como DJs, actores, etc.) para tratar de reanimar la atención de un público urbano sobre estimulado e incitarle a comprar. La atención aquí se vuelca sobre los paseantes, que se convierten en efímeras estrellas de cine: sus acciones cotidianas, delimitadas por la pantalla formada por la luna del escaparate, aparecen como dignas, por sí mismas, de un trabajo de postproducción de sonido. La vida común de la ciudad recobra así su propia dignidad y es puesta en valor frente a las estrategias por las que el marketing trata de apropiarse de ella para sus propios fines.

Como se ve, la ENPAP no podía haber elegido mejor manera de abrir un simposio dedicado a la reflexión sobre el arte público. Las propuestas de Reynolds y Barrio no sólo encarnan a la perfección lo que el concepto puede decir (si se le somete a crítica), sino que contribuyen también a atemperar las ingenuas ambiciones de lo que suele querer decirse con él. Por el mero hecho de realizarse fuera de las instituciones artísticas tradicionales, el arte no se carga de inmediato de una mágica eficacia social. Creerlo así es no entender en absoluto la relación que artista y receptor están llamados a entablar a través de la obra. Si hay, de hecho, algunas formas de intervención estética cargadas de cierta mágica eficacia, estas serían la lógica del monumento y la del marketing. Lo que debe tratar de hacer un arte de lo común es precisamente arruinar esa magia, detener un automatismo de la conciencia estética que nos va expropiando de lo que es de todos. Un arte que abrace este empeño no será espectacular ni arrojará resultados inmediatos, pero es hoy más imprescindible que nunca.

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*A propósito del simposio “Going Public – Telling it as it is?” fue publicado originalmente en LatinArt, lo republicamos aquí, porque coincide con una serie de reflexiones que han llegado a la redacción sobre el tema.

Tomado de: http://salonkritik.net/10-11/2012/11/es_publico_el_arte_publico_jai.php#more

Encuentro de personas en la Arquitectura. Bienal de Arquitectura de Venecia, 2010. ORIGINAL: DLD

Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

    

Encuentro de personas en la Arquitectura. Bienal de Arquitectura de Venecia, 2010
ORIGINAL: DLD
Autor: Lukas Kubina

La Bienal de Arquitectura de Venecia hace un llamamiento a defender el espacio público. La versión 12 se inauguró el Domingo, 29 de agosto. La curadora, la arquitecta japonesa Kazuyo Sejima plantea la cuestión de cómo la gente puede encontrarse en la arquitectura. Junto con su compañero Nishizawa, su oficina Sanaa ganó el prestigioso Premio Pritzker 2010.

Es una Bienal que cuenta con un montón amigos DLD. Rehm Koolhaas fue galardonado con el León de Oro de la Bienal de Arquitectura para la obra de su vida y sus logros. El artista Thomas Demand se atreve a una instalación tridimensional. Él construye una fachada de la casa con paredes de tabique y brillo rojo globos de luz por las ventanas. El diseño es una reminiscencia de algo que ya no existe. La casa clavo “, una pequeña delicatessen china en la ciudad de Chongqing fue demolida a pesar que el propietario luchó contra las topadoras y el estado por tres años. Ahora será reconstruida, en el centro de Zurich. Junto con el arquitecto inglés Caruso St. John, Thomas ganó el concurso para el diseño de la Escher-Wyss-Platz. Ubicada justo debajo de un puente de la carretera, el lugar olvidado de Dios podría ser reforzada con el snack bar reconstruido.

¿Qué crea el espacio finalmente? El curador Hans Ulrich Obrist hace visible el espacio en conversaciones. En una maratón de entrevistas, que se puede seguir en las pantallas del Arsenal, ha hablado a todos los participantes de la exposición principal.

Es posible, encontrar información adicional en la página web oficial. A continuación vea los tres amigos DLD en un panel el DLD 2009 “A Black Mountain College for the 21st Century”, con Piero Golia y los compañeros penelistas, Carsten Höller, Bon Lauren y Maja Hoffmann:
PUBLICADO POR LABORATORIO DE PENSAMIENTO
 http://laboratoriodepensamiento.blogspot.com/2010/08/encuentro-de-personas-en-la.html

La Bienal de Venecia quiere olvidarse de la crisis

La Bienal de Venecia tratará de huir de la crisis económica y del arte como mercancía comercial en su 53 edición, gracias a la visión “no obsesionada con los objetos únicos” que le ha querido dar el comisario sueco Daniel Birnbaum.
Durante el acto de presentación de la cita, que estará abierta entre el 7 de junio y el 22 de noviembre bajo el lema ‘Fare Mondi’ (Crear Mundos), la crisis fue mencionada sólo dos veces, la primera de ellas cuando Birnbaum anunció que la Bienal “no reaccionará excepcionalmente” a la penuria económica global.
El comisario puso como ejemplo el arte de Yoko Ono, que será premiada este año con el León de Oro a su carrera, para describir una edición en la que la Bienal de Venecia estará “más cerca de otra economía” que huye de “los objetos preciosos”.

Eso sí, entre los artistas invitados habrá tanto figuras de reconocido prestigio como Miquel Barceló, dentro del pabellón español, como artistas de países recién llegados al circuito internacional del arte, como el indio Nikhil Chopra.
La proyección internacional de la muestra quedó patente durante la multitudinaria presentación con preguntas de los periodistas sobre la participación por vez primera de países como Irán e Israel.
El presidente, Paolo Baratta, explicó que la Bienal contará con la participación de 77 países, la más extensa de la historia de la muestra, y que en consecuencia se trata de un escaparate internacional, por lo que entes políticos y regiones que forman parte de países suelen querer participar.
Francesco Prosperetti, el director general del Parc, organismo oficial italiano encargado del arte y la arquitectura, volvió a mencionar la crisis económica durante su intervención y afirmó que la Bienal de Venecia también debe “soportar recortes en los gastos”.
No obstante, puso como ejemplo del esfuerzo hecho por la organización las varias ampliaciones de la estructura expositiva que se pondrán en marcha este año, a pesar de los escasos recursos.
Nuevo Palacio de Exposiciones

El primer gran cambio es la creación del nuevo palacio de exposiciones, llamado Área de los Jardines, que en palabras de Baratta supone “por primera vez en la historia de la Bienal una sede donde poder desarrollar actividades permanentes, de forma paralela a los festivales y las grandes exposiciones”.
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El poeta de la arquitectura

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El poeta de la arquitectura

Resulta imposible imaginar la arquitectura contemporánea sin las lecciones del gran teórico y maestro (de Mies, de Gropius) que fue el suizo-francés Le Corbusier. Lo que hoy vivimos con la mayor naturalidad, como pueden ser los ventanales inmensos dueños del paisaje circundante, o la rampa como vía de acceso, fueron ideas constructivas nacidas de una mente brillante e inquieta que dibujaba a mano alzada, sus colaboradores dicen que no hacía planos… los dictaba.

Detrás de esas búsquedas centradas en el uso del espacio en la relación con las necesidades del hombre -cuya mejor ejemplo es el Modulor, la proporción aúrea en arquitectura- está la poesía. Con “La mano abierta”, dibujada un 23 de agosto, curiosamente Pablo Atchugarry nació también un 23 de agosto, escribió: “La mano abierta para recibir/abierta para que todos vengan y tomen/ las herramientas en la mano/ las caricias de esa mano/ uno prueba la vida amasando con las manos/ la vista reside en el tacto/ a manos llenas he recibido/ a manos llenas doy”.

Palabras de poeta.

http://salonkritik.net/09-10/2010/01/_el_poeta_de_la_arquitectura.php

Originalmente en adn*cultura. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1224925

La casa de todos los tiempos. (Inauguración de Memoria Decapitada en Bogotá. Investigación / Proyecto / Curaduría: Lucrecia Piedrahita)

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LA CASA DE TODOS LOS TIEMPOS

Por: Lucrecia Pierahita

“La casa luchaba bravamente. Primero se quejó; los peores vendavales la atacaron por todas partes a la vez, con un odio bien claro y tales rugidos de rabia que, por momentos, el miedo me daba escalofríos. Pero ella se mantuvo. Desde el comienzo de la tempestad unos vientos gruñones la tomaron con el tejado. Trataron de arrancarlo, de deslomarlo, de hacerlo pedazos, de aspirarlo, pero abombó la espalda y se adhirió a la vieja armazón. Entonces llegaron otros vientos y precipitándose a ras del suelo embistieron las paredes. Todo se conmovió bajo el impetuoso choque, pero la casa flexible, doblegándose, resistió a la bestia. Estaba indudablemente adherida a la tierra de la isla por raíces inquebrantables, que daban a sus delgadas paredes de caña enlucida y tablas, una fuerza sobrenatural. Por mucho que insultaran las puertas y las contraventanas, que se pronunciaran terribles amenazas, trompeteando en la chimenea, el ser ya humano, donde yo refugiaba mi cuerpo, no cedió ni un ápice a la tempestad.

La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón. Aquella noche fue verdaderamente mi madre. Solo la tuve para guardarme y sostenerme. Estábamos solos.”. Gastón Bachelard 

Cuando los cientos de hombres y mujeres sometidos al desplazamiento forzado llegan a la ciudad, los trazos visibles del campo comienzan a desdibujárseles. El recuerdo de la tierra de donde provienen es persistente, pero es un lugar ajeno sobre el que se ha desatado el temor. La imagen propia se encuentra rota, y sólo es posible recuperarla cuando se construye la historia colectiva de los que han participado en los hechos.

Para los campesinos, el desarraigo significa el abandono de lo que les ha pertenecido por generaciones; la mutilación de su vínculo con la tierra, lo único que consideran propio. El campo es la herencia que han recogido y que nunca pensaron abandonar, porque es un legado que no acaba, dispuesto siempre a producir, a servirles de albergue. Es la casa de infancia, la casa de todos los tiempos.

El mundo de los desplazados es la autobiografía de cada uno de los individuos que sufre los rigores de una guerra que no da tregua para pensar. Una guerra que exige que se decapite la memoria; o se archive en los sobres de algunas cartas recibidas tiempo atrás; que se esconda en bolsas y se cubra con papeles en el fondo de una maleta que guardará herméticamente toda una historia familiar. Allí nadie la despierta, pues, si lo hace, todo lo que habría para contar espantaría y los entregaría al enemigo. Por eso es mejor callar, hundir también la voz en el fondo de esas maletas, echarle encima lo poco que les queda; tal vez así puedan algún día descifrar alfabetos que hoy no son entendibles.

Al romperse el nexo con la casa familiar se emprende un éxodo doloroso a través de un viaje que no da tiempo para elaborar el duelo. Los grupos de personas desplazadas llegan a la ciudad de Medellín con su mundo privado al descubierto. Están ahí, amontonados en las laderas de la urbe. Llegan como fugitivos, como extraños dentro de su propio país. La ciudad es un escenario nuevo para muchos de ellos. Una zona inconquistable. La ciudad es una sucesión ininterrumpida de geometrías que se expanden. En ella, las luces simulan un río incontenible que se derrama por entre el valle y las montañas. No lo controla la mirada. Tiene miles de afluentes, miles de cauces. Y es por entre esos miles de ríos de luz por donde caminan los desplazados para ir en búsqueda de afluentes más lejanos, de los que se pierden ya en las colinas. Cuando llegan a la ciudad, su identidad se hace visible. Cargan los rincones de las casas que han abandonado; sus fisionomías revelan los trabajos del campo, y sus rostros están cansados de repetirse que no será fácil hacerse a otro destino.

2 de diciembre, inauguración de la exposición: Memoria Decapitada. Estéticas del desarraigo

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El próximo 2 de diciembre se inaugura mi proyecto curatorial La Memoria Decapitada. Estéticas del Desarraigo. Será en el Claustro de San Agustín, en Bogotá a las 12 del día. Están todos muy invitados. La muestra estará abierta hasta el 2 de marzo de 2010. 

Recoger lo que la imaginación acumula

1999. Estudiar la ciudad. Recorrer la ciudad. “Según datos de organizaciones no gubernamentales que trabajan en los asentamientos, cada día llegan a Medellín entre 10 y 15 familias y se diseminan –de acuerdo a declaraciones de Planeación Municipal de Medellín– en todos los sectores donde hay barrios de invasión. Así, el Plan de Ordenamiento Territorial clasificó, para 1999, 52 asentamientos en los que los desplazados por la violencia se cruzan con las familias pobres residentes de antiguo que aprovechan la oportunidad para mezclarse con los desplazados y recibir así el tratamiento de víctimas de la violencia.”.

1999 – 2009. En Colombia, la guerra por el territorio y la violencia ha dejado, en los últimos treinta años, miles de colombianos deambulando por trochas, caminos y carreteras; cientos de familias que, en caravana, se dirigen a las cabeceras municipales buscando un refugio y queriendo mezclarse con la población para salvar sus vidas.

Por invitación del Vicerector de la Universidad Nacional, doctor Fernando Montenegro, se presenta la investigación: La memoria decapitada. Desplazamiento forzado en Colombia. Los componentes museográficos dan cuenta del fenómeno del desplazamiento en Colombia a través de fotografías, textos, dibujos, cartografías físicas y digitales, soporte audiovisual y la construcción colectiva del Catálogo de Voces y el Sobre Nómada, elementos diseñados  para el ejercicio curatorial que permitió la vinculación activa de intelectuales de diversas áreas, artistas, docentes y público abierto.

Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respete las leyes.

Memoria Decapitada, un formato investigativo de exposición que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa  para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria.

El documento que se entrega a ustedes amplía las miradas al desplazamiento y permite un diálogo cultural de múltiples aristas.

Mis agradecimientos sinceros para cada una de las personas que han participado en la investigación. A los intelectuales de altísima estatura académica y humana que asumieron con entusiasmo escribir para el Catálogo de Voces, a otras tantas personalidades con las que intercambié criterios y crucé miradas, a la Universidad Nacional de Colombia, a María Belén Sáez de Ibarra, a los artistas, curadores y el público que se motivó a dar su opinión, a detenerse en una imagen que le conectaba con recuerdos, estéticas sin razón y sin orden o tal vez con razón y con orden.

… En medio del drama del desplazado siempre habrá un espacio anclado, radicado, es la casa, el espacio de todos los tiempos.

Lucrecia Piedrahita Orrego
Museóloga
Medellín, noviembre 2009

La ciudad como mapa. Representación, imagen, visualidades. Por: Lucrecia Piedrahita

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Dentro de mi trabajo curatorial para la beca del LIPAC, en la Universidad de Buenos Aires, avanzo la propuesta sobre la ciudad como tema y la obra del fotógrafo colombiano: Jose Alfredo Betancur.

Les comparto su obra y algunas de mis reflexiones.

LA CIUDAD COMO ESPACIO EXPOSITIVO
Por: Lucrecia Piedrahita.
Becaria LIPAC. UBA.

“En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa”. Ranciere.
“La imagen es lo que nos recuerda que no estamos solos en el mundo incluso si somos los más fuertes”.
(S. Daney)

La ciudad es un  ámbito de comunicación fundamental para entender los problemas que nos plantea la contemporaneidad. Es un objeto de interpretación, lugar de la diversidad, del encuentro entre el espacio público y el espacio privado; es un fenómeno espacial donde interactúan los sujetos de una colectividad, que tienen como funciones conocer y reconocer su espacio, palparlo como territorio, como sitio comunicacional, como escenario plural.

Conocer, estudiar y observar la ciudad es descubrir en ella nuevos sistemas de construcción para la mirada y sugerir otros planteamientos en la relación público / privado. En los múltiples territorios que definen la ciudad se desarrolla una entidad de una naturaleza nueva que comporta una comunicación y explicación de los actores sociales en el espacio urbano. La capacidad de percepción que se puede dar en el espacio urbano, amplía otras lecturas y propone problemas que conciernen a la representación visual: la “nueva escritura” que se descifra en  esos espacios contenedores y, a su vez, contenidos, traza líneas de sensaciones y de histerias, de gritos, luchas y acoplamientos.

Si hablamos de ciudad se hace necesario analizar el espacio público, concepto que nos conduce  a que se desarrollen nuevos canales comunicacionales entre todos los actores sociales de la colectividad, se conciban otras formas de pensamiento y se re-valore la concepción del hombre y su entorno. El espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.

La reflexión sobre ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación.

Una de las experiencias de las prácticas artísticas contemporáneas está en la búsqueda de un lenguaje preciso, personal, perfectamente comunicable, sin residuos de ambigüedad, obscuridad u arbitrio, riguroso en la definición y consecuente con los resultados demostrables en su obra o proceso. De igual manera el artista, entendido como un –constructor social- debe producir un trabajo que permita múltiples lecturas ante el ojo, la necesidad y la sensibilidad del espectador, donde su producción sea, cada vez que se expone, objeto de nuevas observaciones, nuevas reacciones y ante todo un documento actual.

La ciudad como mapa
Representación, imagen, visualidades

La idea de representación adquiere validez para definir la ciudad como espacio expositivo desde las prácticas artísticas, asimilándola como el conjunto de ideas y percepciones colectivas de orden político, económico, cultural, social u otro, que anima los grupos sociales y que estructura el imaginario colectivo y la visión del mundo de los mismos.
En los tránsitos de la representación ésta deviene imagen. En términos contundentes Serge Tisseron distingue entre “representaciones” e “imágenes” aduciendo que la representación es “un contenido sin cuerpo”, en cambio la imagen es una relación, es motriz, es socializante. Podría argumentarse que -la representación es planimétrica, la imagen posee un espesor sensorial y un contenido que funciona como cohesionador-.

Si trasladamos estos esquemas a la idea de la ciudad como mapa es necesario referenciar los conceptos que sobre la imagen han desarrollado algunos críticos y teóricos que ayudan a conceptuar desde este campo. Serge Daney, crítico de cine distingue entre lo visual, la imagen y las visibilidades. Entiende lo visual como lo óptico, nos conduce en términos de verificación óptica de cualquier procedimiento de poder (técnico, político, publicitario o poder militar).

Para Daney lo visual no tiene contracampo, no admite añadidos. Lo visual que predomina en la televisión, no remite a otro, sólo a si mismo, su esencia es la tautología. La imagen, en cambio, testimonia una alteridad. La imagen tiene lugar siempre en la frontera de dos campos de fuerza. Y las visibilidades no son más que imágenes sin significación.

Por su parte el director de cine francés Jean Luc Godard diferencia entre lo visual y lo visible y destaca que es en el lugar de lo visible donde se asienta la imagen. Y para Ranciere la imagen es siempre una relación, un desvío. Significa y muestra a la vez, es plural… “En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa (…) una imagen no es un icono que está ahí, un dato visual, una unidad visual. No es un cuadro ni un plano (…) la imagen es siempre una relación, un desvío, una separación entre una función de significación y una función de mostración, pero también una separación entre dos imágenes, entre la mostrada y otras que serían posibles. La imagen siempre es plural. La vida de las imágenes se hace con otras imágenes (…) Una imagen está muerta si está dada y se interrumpe. La imagen es siempre un intervalo o una expansión. Metamorfosis, desestabilización, trasformación. 
El poder de las imágenes, radica entre otras cosas, en su versatilidad y su ductibilidad. “Es irrompible porque es capaz de admitir todo cambio posible sin la menor resistencia (Luis Puelles). Podemos entonces concluir que la imagen es una frontera móvil y mutante y es un factor determinante de la producción simbólica y las prácticas artísticas contemporáneas. Por las imágenes y sus fisuras y escondites son muchos los artistas y colectivos que re-piensan el mundo y proyectan los sentidos del espacio en la ciudad como mapa.
Todo esto constituye lenguajes, formas de participación, estrategias de consenso y disenso, espacios de opinión pública que se asientan en la construcción del imaginario y que permiten levantar cartografías para identificar territorios en donde tenga cabida un mapa de la ciudad a partir de las micropolíticas al tránsito de la imaginación, entendida esta última, en términos de Hannah Arendt, como la facultad de hacer presente aquello que está ausente. Tanto Arendt como Kant plantean una  interpretación de la imaginación como facultad política, es decir, la imaginación es el puente entre la estética y la ética. (…) la imaginación es la facultad de tener intuiciones sin la presencia del objeto”. Es productiva cuando se trata de la artística. Es “la condición de la memoria”. Por lo tanto referenciarla temporal y espacialmente es otorgarle sus múltiples sentidos y de materializarla como facultad que tiene de dar cuerpo  a lo que está ausente, por ello la Geoimaginación es el aporte a este instrumento de análisis para llegar a un mapa interpretativo a través de las fotografías de José Alfredo Betancur.

Así entonces la imagen en el arte se entiende como una mirada  al mundo mismo, como un ensayo visual de las prácticas, acciones, contextos y actos que permite analizar la ciudad, el espacio urbano y sus producciones.

Nos dice Eduardo Pavlovsky: “la micropolítica propone otros territorios sociales existenciales, abiertos a la comunidad.  Es aquello que no pueden capturar los sistemas de representación – que no puede capturar fácilmente el Estado. Tiene que ver con lo resistencial y lo incapturable. Se maneja siempre fuera de los sistemas de representación habituales. Es lo que Deleuze define como acontecimientos o devenir. 

Por su parte el antropólogo Arjun Appadurai, abre un campo expandido para la imaginación y la entiende como un campo de prácticas sociales organizadas, es una forma de trabajo. Para Appadurai el trabajo de la imaginación colectiva es la materia prima sobre la que operan los individuos para proyectar sus vidas y la facultad “a través de la cual emergen nuevos modelos colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana”. La imaginación es una herramienta para enfrentarnos a los cambios económicos, sociales y políticos de la globalización. 

 “Por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”. Woody Allen.

El mundo asiste a una reforma mundial de las culturas y cada ciudadano establece conexiones culturales, comerciales y emocionales en medio de un mundo globalizado que no puede negarse; como se explica en un estudio “globalización es una realidad, no una elección”, frase que se sustenta en las palabras de la investigadora Erla Zwingle “Los bienes circulan.  La gente circula.  Las ideas circulan.  Y las culturas cambian.  La diferencia en la actualidad es la velocidad y la magnitud de estos cambios.  La televisión tardó 13 años en reunir 50 millones de usuarios, a internet le tomó solamente cinco”.

En medio de un mundo enfrentado por el terrorismo: atentado a las torres gemelas en Nueva York, invasión a Afganistán e Irak, hechos violentos con cifras de heridos y muertos en Madrid y Londres, el balance a futuro es poco alentador.  El primer mundo se enfrenta al terrorismo, el tercer mundo a una guerra de guerrillas lo que trae como consecuencia una avalancha de imágenes y mensajes que afectan la psiquis de la colectividad pues a los terroristas les interesa convertirse en foco de interés de la opinión pública.  El siglo XXI ve desfilar los descomunales ataques terroristas.  El blanco: ciudadanos desprevenidos, el lugar: la ciudad.

En medio de tantos desajustes la ciudad retoma un papel fundamental como objeto de interpretación y la violencia será un tema recurrente en los artistas.

El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”.

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Bombay. Por Octavio Paz

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Las antípodas de ida y vuelta
…para no caer en los errores en que
estuvieron los antiguos Philósophos,
que creyeron no haber Antípodas.
Diccionario de autoridades
(Padre Alfonso de Ovalle)

“Bombay”
En 1951 vivía en París. Ocupaba un empleo modesto en la Embajada de México. Había llegado hacía seis años, en diciembre de 1945; la medianía de mi posición explica que no se me hubiese enviado, al cabo de dos o tres años, como es la costumbre diplomática, a un puesto en otra ciudad. Mis superiores se había olvidado de mí y yo, en mi interior, se lo agradecía. Trataba de escribir y, sobre todo, exploraba esa ciudad, que es tal vez el ejemplo más hermoso del genio de nuestra civilización: sólida sin pesadez, grande sin gigantismo, atada a la tierra pero con la voluntad de vuelo. Una ciudad en donde la mesura rige con el mismo imperio, suave e inquebrantable, los excesos del cuerpo y los de la cabeza. En sus momentos más afortunados —una plaza, una avenida, un conjunto de edificios— la tensión que la habita se resuelve en armonía. Placer para los ojos y para la mente.

Exploración y reconocimiento: en mis paseos y caminatas descubría lugares y barrios desconocidos pero también reconocía otros, no vistos sino leídos en novelas y poemas. París era, para mí, una ciudad, más que inventada, reconstruida por la memoria y por la imaginación. Frecuentaba a unos pocos amigos y amigas, franceses y de otras partes, en sus casas y, sobre todo, en cafés y bares. En París, como en otras ciudades latinas, se vive más en las calles que en las casas. Me unían a mis amigos afinidades artísticas e intelectuales. Vivía inmerso en la vida literaria de aquellos días, mezclada a ruidosos debates filosóficos y políticos. Pero mi secreta idea fija era la poesía: escribirla, pensarla, vivirla.

Agitado por muchos pensamientos, emociones y sentimientos contrarios, vivía intensamente cada momento que nunca se me ocurrió que aquel género de vida pudiera cambiar. El futuro, es decir: lo inesperado, se había esfumado casi totalmente.

Un día el embajador de México me llamó a su oficina y me mostró, sin decir palabra, un cable: se ordenaba mi traslado. La noticia me conturbó. Y más, me dolió. Era natural que se me enviase a otro sitio pero era triste dejar París. La razón de mi traslado: el gobierno de México había establecido relaciones con el de la India, que acababa de conquistar su Independencia (1947) y se proponía abrir una misión en Delhi. Saber que se me destinaba a ese país, me consoló un poco: ritos, templos, ciudades cuyos nombres evocaban historias insólitas, multitudes abigarradas y multicolores, mujeres de movimientos de felino y ojos obscuros y centelleantes, santos, mendigos… Esa misma mañana me enteré también de que la persona nombrada como embajador de la nueva misión era un hombre muy conocido e influyente: Emilio Portes Gil. En efecto, Portes Gil había sido presidente de México. El personal, además del embajador, estaría compuesto por un consejero, un segundo secretario (yo) y dos cancilleres.

¿Porqué me habían escogido a mí? Nadie me lo dijo y yo nunca pude saberlo. Sin embargo, no faltaron indiscretos que me dieron a entender que mi traslado obedecía a una sugerencia de Jaime Torres Bodet, entonces director general de la UNESCO, a Manuel Tello, Ministro de Relaciones Exteriores. Parece que a Torres Bodet le molestaban algunas de mis actividades literarias y que le había desplacido particularmente mi participación, con Albert Camus y María Casares, en un acto destinado a recordar la iniciación de la guerra de España (18 de julio de 1936), organizado por un grupo más o menos cercano a los anarquistas españoles. Aunque el gobierno de México no mantenía relaciones con el de Franco —al contrario, excepción única en la comunidad internacional, había un embajador mexicano acreditado ante el gobierno de la República Española en el exilio— a Torres Bodet le habían parecido “impropias” mi presencia en aquella reunión político-cultural y algunas de mis expresiones. Confieso que jamás pude verificar la verdad del asunto.

Me dolería calumniar a Torres Bodet. Nos separaron algunas diferencias pero siempre lo estimé, como pude mostrarlo en el ensayo que le dediqué a su memoria. Fue un mexicano eminente. Pero debo confesar también que el rumor no era implausible. Aparte de que nunca fui santo de la devoción del señor Tello, años después oí al mismo Torres Bodet hacer, en una comida, una curiosa referencia. Se hablaba de los escritores en la diplomacia y él, tras recordar los casos de Reyes y de Gorostiza en México, los de Claudel y Saint-John Perse en Francia, añadió: pero debe evitarse a toda costa que dos escritores coincidan en la misma embajada.

Me despedí de mis amigos. Henri Michaux me regaló una pequeña antología del poeta Kabir, Krishna Riboud un grabado de la diosa Gurga y Kostas Papaioannou un ejemplar del Bhagavad Gita. Este libro fue mi guía espiritual en el mundo de la India. A la mitad de mis preparativos de viaje, recibí una carta de México con instrucciones del embajador: me daba una cita en El Cairo para que desde ahí, con el resto del personal, abordásemos en Port-Said un barco polaco que nos llevaría a Bombay: el Battory. La noticia me extrañó: lo normal habría sido usar el avión directo de París a Delhi. Sin embargo, me alegré: echaría un vistazo a El Cairo, a su museo y a las pirámides, atravesaría el Mar Rojo y visitaría Adén antes de llegar a Bombay. Ya en El Cairo el señor Portes Gil nos dijo que había cambiado de opinión y que él llegaría a Delhi por la vía aérea. En realidad, según me enteré después, quería visitar algunos lugares de Egipto antes de emprender el vuelo hacia Delhi. En mi caso era demasiado tarde para cambiar de planes: había que esperar algún tiempo para que la compañía naviera accediese a reembolsar mi pasaje y yo no tenía dinero disponible para pagar el billete de avión. Decidí embarcarme en el Battory. Eran los últimos días del gobierno del rey Faruk, los disturbios eran frecuentes —poco después ocurrió el incendio del célebre hotel Sepherd— y la ruta entre El Cairo y Port-Said no era segura: la carretera había sido cortada varias veces. Viajé a Port-Said, en compañía de dos pasajeros más, en un automóvil que llevaba enarbolada la bandera polaca. Sea por esta circunstancia o por otra, el viaje transcurrió sin incidentes.

El Battory era un barco alemán dado a Polonia como compensación de guerra. La travesía fue placentera aunque la monotonía del paisaje al atravesar el Mar Rojo a veces oprime el ánimo: a derecha e izquierda se extienden unas tierras áridas y apenas onduladas. El mar era grisáceo y quieto. Pensé: también puede ser aburrida la naturaleza. La llegada a Adén rompió la monotonía. Una carretera pintoresca rodeada de altos peñascos blancos lleva del puerto propiamente dicho a la ciudad. Recorrí encantado los bazares ruidosos, atendidos por levantinos, indios y chinos. Me interné por las calles y callejuelas de las inmediaciones. Una multitud abigarrada y colorida, mujeres veladas y de ojos profundos como el agua de un pozo, rostros anónimos de transeúntes parecidos a los que se encuentran en todas las ciudades pero vestidos a la oriental, mendigos, gente atareada, grupos que reían y hablaban en voz alta y, entre todo aquel gentío, árabes silenciosos, de semblante noble y porte arrogante. Colgaba de sus cinturas, la vaina vacía de un puñal o una daga. Eran gente del desierto y la desarmaban antes de entrar a la ciudad. Solamente en Afganistán he visto un pueblo con semejante garbo y señorío.

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Se acerca la inauguración de Memoria Decapitada

Prácticas Artísticas Contemporáneas 2 Comentarios

El 2  de diciembre inauguro en el Claustro de San Agustín, en Bogotá, la investigación y curaduría de La Memoria Decapitada. Un trabajo de diez años de reflexiones, cruce de disciplinas y participación colectiva para analizar el sentido de la casa, específicamente en las comunidades desplazadas pro la violencia en Colombia.

Les comparto el texto que escribe el arquitecto Carlos Jiménez, una de las figuras más sobresalientes de la arquitectura en el escenario internacional.

Tres espejos, un mundo.
Costa Rica – Estados Unidos
Carlos Jiménez, Arquitecto, Profesor Rice University Houston. Miembro del jurado de los Premios Pritzker de Arquitectura.
 
Octubre del 2009 resultó ser un mes prometedor de viajes puesto que visité tres áreas distintas del mundo: San Francisco, California,  La Isla de San Andrés, Colombia y Mumbai, India, además de otras ciudades. Esta combinación improbable de lugares me brindó un oportuno y vasto telón de fondo para reflexionar sobre “La Memoria Decapitada”, la exposición convincente y oportuna  de Lucrecia Piedrahita. Porque en el fondo del llamado urgente de Piedrahita yace la pavorosa trayectoria de todos los desplazado de cada rincón de la tierra. Individuos que diariamente descargan sus resignadas aunque cargadas esperanzas  a lo largo de cada asentamiento improvisado imaginable.  Esta necesidad humana de reclamar cualquier espacio, aún cuando las circunstancias muestran lo contrario, es una necesidad tan profunda como el amor o la amistad. El deseo universal por hacerse a un lugar persiste aún cuando la memoria de ser desplazado permanece como una herida abierta y en carne viva para millones en todo el mundo.

Mis viajes comenzaron en San Francisco, donde el esplendor exuberante y ondulante no puede disipar el despliegue desgarrador de individuos catatónicos que duermen en las calles del centro de la ciudad. Bendecida por un clima benigno, la Ciudad de la Bahía  es como un cielo para los incontables persona sin hogar que encuentran confort en la familiaridad de un rincón entre un contenedor de basura y una pared, cualquier cosa puede ser un refugio de la crueldad de su destino. Rodeados  de sus pocas posesiones, a veces apiladas en un desvencijado carrito de compras, estos nómadas indigentes  trazan un mapa de otro tipo de Calle San Franciscana, una donde las brutales realidades de un sistema económico compulsivo muestran su otra cara raras veces anunciada. Y allí clava sus ojos como una rutina impávida para que todos lo ciudadanos la vean o hagan de cuenta que no está allí.

Poco después de regresar de San Francisco, viajé a la Isla de San Andrés. Al llegar a esta pequeña isla del Caribe  de tonos aguamarina centelleantes y alucinantes arrecifes de coral, pensé por un momento que si todas las comunidades desplazadas del mundo pudieran vivir en el paraíso se podrían curar en parte los estragos causados por la dislocación. Una comunidad compacta de isleños nativos, San Andrés da la impresión de ser un lugar que alguna vez vivió su gloria, o de una isla prematuramente desplazada de  su promesa por islas mas afluentes al Noreste. Ahora la isla parece marchitarse o brillar en medio de masas incesantes que llegan en busca de un turismo barato. Una antigua base lejana libre de impuestos en el Caribe, San Andrés se percibe como una comunidad desplazada, atrapada entre la insistente Nicaragua y una distante Colombia.

Edificios desvencijados y construcciones frágiles pueblan la isla como queriendo invitar la naturaleza a derribar sus formas invasivas y sordas. Hay este sentimiento incómodo de esperar que algo cambie, que algo suceda, que haya una salida. La sensación de esperar produce cierta resignación, una desesperación callada que aún las multitudes mas bulliciosas  que visitan la isla no pueden repeler. Pensé que San Andrés con toda su belleza natural era una especie de hogar inasequible, puesto que casi todo el que la visita quisiera vivir allí y sin embargo no pueden puesto que la isla puede solo sostener una cierta cantidad de habitantes.  Rebosarla implicaría ahogarse en el implacable mar de Corales.

Luego en mi itinerario  viaje al universo mágico y sorprendente de la India. No existen suficientes adjetivos para tejer los verdaderos colores y aromas de esta tierra singular.
 
 Algunas aproximaciones como intoxicante, fabulosa, aromática, hechizante, ineludible, fascinante… palidecen cuando se está en presencia de la India, en el momento de la India. Un momento que ha  propulsado el país más allá de su  poderío económico emergente a la vez que permanece sacudida por las crecientes barriadas de pobreza. Mumbai, la ciudad más grande de la India y claro centro cosmopolita, es también el hogar de Dharavi, el asentamiento improvisado más grande de Asia. La pobreza de Dharavi es dolorosa y parece insuperable, sus casas desvencijadas hablan colorida pero débilmente  de los miles de multitudes casi olvidadas. La democracia más grande del mundo debe sentirse sobrecogida por estas multitudes que no han aprendido aún a hablar como una voz colectiva pero se han unido en una desesperanza colectiva y enfrentan silenciosamente  rogando por la certeza de  un solo día en que se comprometan las víctimas urbanas actuales.
Estas pocas experiencias de mis viajes recientes encuentran eco en las múltiples experiencias capturadas en “La Memoria Decapitada”. No importa donde tengan lugar estas experiencias, si acontecen en un mundo más o menos desarrollado, la tragedia universal sigue siendo la misma. Sin embargo la chispa de la dignidad humana siempre se abre paso aún en las condiciones más desesperadas. ¿Cómo más explicar el orgullo de un hombre de 60 años que tiende su cama en las frías aceras de San Francisco a la vez que conserva alguna nobleza fundamental? O ¿Qué de aquella familia inolvidable en San Andrés que se reúne felizmente bajo la sombra de  una red de pesca acariciando un pedazo de tierra húmeda al frente de su desmoronada casa? O ¿Qué de los vívidos y penetrantes ojos de un huérfano de 6 años que vi soñando despierto justo afuera de uno de los notorios puestos de lavandería de Mumbai, un lugar donde los pobres desdichados habían estado trabajando arduamente desde las primeras horas de la mañana?. No importa a donde viajemos o donde estemos, habitamos el espacio de nuestra mirada fija común, y la indiferencia nunca ha sido una opción.

 Houston, Noviembre de 2009

La ciudad como laboratorio

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Una imagen de ciudad es la que nos presenta la web de IBM. Esta imagen me permite compartirles este texto que escribo.

Siglo XXI. El mundo asiste a una reforma mundial de las culturas y cada ciudadano establece conexiones culturales, comerciales y emocionales en medio de un mundo globalizado que no puede negarse; como se explica en un estudio “globalización es una realidad, no una elección”, frase que se sustenta en las palabras de la investigadora Erla Zwingle “Los bienes circulan.  La gente circula.  Las ideas circulan.  Y las culturas cambian.  La diferencia en la actualidad es la velocidad y la magnitud de estos cambios.  La televisión tardó 13 años en reunir 50 millones de usuarios, a internet le tomó solamente cinco”.

La ciudad es un  ámbito de comunicación fundamental para entender los problemas que nos plantea la contemporaneidad. Es un objeto de interpretación, lugar de la diversidad, del encuentro entre el espacio público y el espacio privado; es un fenómeno espacial donde interactúan los sujetos de una colectividad, que tienen como funciones conocer y reconocer su espacio, palparlo como territorio, como sitio comunicacional, como escenario pluralista, como lugar de sueños, posibilidades y frustraciones. La ciudad es centro político, suma de opuestos y mapa para leer el pulso de los múltiples mundos interiores. 

“Parafraseando a Castoriadis en su visión de lo social: la ciudad es lo que somos todos y lo que no es nadie, lo que jamás está ausente y casi jamás presente como tal, un no-ser más real que todo ser, aquello en lo cual estamos sumergidos, pero que jamás podemos aprehender en ‘persona’. Es una dimensión indefinida, incluso si está cerrada en cada instante; una estructura definida y al mismo tiempo cambiante, una articulación objetivable de categorías de individuos y aquello que, más allá de todas las articulaciones, sostiene su unidad. Es lo que no puede presentarse más que en y por la institución, pero que siempre es infinitamente más que institución, pues la fundamenta, crea, mantiene en existencia, altera y destruye. La ciudad es una creación muy particular: es una creación de creaciones que configura una forma espacial trabajada, construida y reconstruida a través del tiempo. En cuanto creación no es visible, sabemos de ella a través de una forma fragmentada, pero nunca en su totalidad. Como significación imaginaria: emerge, va saliendo del habitar producido por el hombre en un momento histórico de su desarrollo, en lo más profundo y escondido de su ser. Se manifiesta siempre semioculta, sumergida, sólo sale a la superficie a través de la fragmentación de su existencia: casas, calles, redes de servicios, infraestructuras y todo aquello que desde siempre le ha dado significado al hecho constructivo, la construcción de espacios materiales y espirituales: la arquitectura”. 

La ciudad reflexiona en su dinámica, movimiento, lugar, arte y tiempo. Unidades que activan el pensamiento y estimulan el presente cultural.