Les comparto los links para que revisen el Encuentro.
Una muestra colectiva que no podemos dejar de ver: Cultura Visual y Territorio. Jorge Gómez en el Museo El Castillo
mayo 26, 2010 Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin ComentariosCultura visual y territorio. Ciudad – Paisaje – Naturaleza es la muestra que se abrió al público el jueves 13 de mayo en el museo El Castillo.
La exposición colectiva “Cultura Visual y Territorio. Ciudad – Paisaje - Naturaleza” está en la Sala de Arte y el Salón de Los Torreones como preámbulo a la entrega de la primera etapa del proyecto de renovación de sus parques y jardines.
En la muestran participan los artistas: Alejandro Castaño, Aníbal Vallejo, Fredy Alzate, Fredy Serna, Gloria Escobar, Gloria Posada, Jesús Abad, John Jader Bedoya, Jorge Gómez, Juan Luis Mesa, Luis Fernando Escobar, Mauricio Gómez, Nadir Figueroa, Patricia Bravo y Yosman Botero.
Quiero destacar el trabajo del artista Jorge Gómez. Este es un recorrido por la obra de este grupo que conforma la muestra y que no podemos dejar de ver.
Les comparto un texto enviado por el artista Jorge Gómez.
Periódico El Colombiano. Artes Plásticas. Autor: Luis Fernando Valencia
Profesión: Crítico de arte. Nacionalidad: Colombiana.
CONTEXTO: El crítico de arte colombiano Luis Fernando Valencia, se refiere aquí a la obra del artista Jorge Gómez, en un interesante artículo que trasciende la obra en sí misma y se proyecta.
Jorge Gómez expuso recientemente en el Museo de Antioquia, donde ofreció un trabajo con algunas variantes de sus series anteriores, siempre con una técnica densa, fuerte, matérica, llena de contrastes. El artista, que ha destacado en su obra la labor de taller y que nos ha dejado ver en sus lienzos espacios íntimos, ofreció una mirad a su entorno desde una perspectiva muy particular. Sale de su taller en el campo y muestra una ciudad bastante solitaria y en perspectivas impensables, que aún así, le permiten al espectador identificar algunos escenarios. Luis Fernando Valencia destaca en este comentario la fuerza de la obra de Jorge Gómez, así como sus profundos significados y esa capacidad que tiene de no dejar nada en el vacío. Igualmente, el crítico se refiere a la pintura realista que en este caso no es mimética, pues en ella hay un gran despliegue de imaginación. Jorge Gómez lleva varias décadas dedicado al arte. Sus obras se han presentado en exposiciones colectivas e individuales, con una propuesta seria que se ha destacado en diferentes salones. Su vida está dedicada al arte.
Emboscada
A propósito de la obra del artista antioqueño Jorge Gómez
Cuando observamos una pintura de Jorge Gómez lo primero que salta a la vista es su generosidad matérica, el pigmento de color que parece desprenderse del lienzo. Y aún más, de cerca el material pictórico aparece como un volumen caótico en un viaje sin sentido, en una deriva casual. Pero una primera estrategia plástica que el pin¬tor ejecuta convierte el óleo en representa¬ción, es decir, ya no pertenece a un mundo inerte, sino a un vehiculo de significación.
Una segunda maniobra le quita a la re¬presentación su aspecto mimético, es decir su fidelidad a una realidad, y una tercera operación deja la obra en un estado autó¬nomo. Estamos frente a una pintura ya to¬talmente independiente de su punto de partida. De lo inerte a la significación, y de ésta a una realidad otra, a un estado pictóri¬co independiente del modelo inicial.
El espacio abandona ahora toda forma de efectismo y se erige con claridad meridiana: nada está puesto al azar, nada queda en el aire. Y hay algo que sorprende. El espacio dialoga con él mismo, sin perder nitidez pare¬ce ir elaborándose siguiendo su propia voluntad.
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Cultura Visual y Territorio. Ciudad – Paisaje – Naturaleza. Museo El Castillo
mayo 13, 2010 Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin ComentariosCultura visual y territorio. Ciudad – Paisaje – Naturaleza
Jueves 13 de mayo de 2010, 7:00 PM.
Está en el Museo El Castillo la exposición colectiva “Cultura Visual y Territorio. Ciudad – Paisaje - Naturaleza” en la Sala de Arte y el Salón de Los Torreones como preámbulo a la entrega de la primera etapa del proyecto de renovación de sus parques y jardines.
En la muestran participan los artistas: Alejandro Castaño, Aníbal Vallejo, Fredy Alzate, Fredy Serna, Gloria Escobar, Gloria Posada, Jesús Abad, John Jader Bedoya, Jorge Gómez, Juan Luis Mesa, Luis Fernando Escobar, Mauricio Gómez, Nadir Figueroa, Patricia Bravo y Yosman Botero.
Cultura Visual y Territorio. Ciudad – Paisaje – Naturaleza
Por: Lucrecia Piedrahíta, Museóloga – Curadora
“Describir es observar mutaciones”
Godard
Las relaciones entre el hombre y su entorno ambiental, social y cultural se reflejan en su manera de intervenir el espacio, de identificarse con un lugar, de marcar su territorialidad y desde estas correspondencias aparece el paisaje como un concepto construido y un cuerpo expandido que permite interpretaciones amplias en las relaciones entre ciudad, paisaje y naturaleza, miradas atravesadas por múltiples significaciones en donde el espacio cobra sentido y valor político dentro del sistema simbólico general de la cultura.
En la re-construcción de la cultura visual y el territorio como eje de las prácticas artísticas aparece el artista como un etnógrafo asimilando el trabajo de quien recorre un territorio y lo hace suyo y de quién asume la percepción como palabra clave de su oficio. En este sentido Hal Foster afirma que el nuevo artista etnógrafo es una especie de cartógrafo que traslada sobre el papel el espacio/cultura del “otro” según las coordenadas de la nueva teoría social, convirtiéndose la galería o sala de exposiciones en una verdadera sala de mapas en donde se despliega la epidermis cultural de aquel “otro” ante la mirada, entre curiosa y culpable del espectador occidental. Esto nos lleva a concluir que esa diferencia del artista como etnógrafo tiene validez mientras que el artista adopte la actitud del viajero etnógrafo, móvil y capaz de llevarse consigo las imágenes de su viaje.
El etnógrafo reconfigura la producción simbólica y restituye miradas nuevas en las relaciones presentes entre ciudad, paisaje y naturaleza.
La ciudad: la redención de la memoria por el desarraigo. Por: Fernando Viviescas M.
abril 11, 2010 Arte y curaduría Sin Comentarioshttp://memoriadecapitada.org/libro/intro.html
LA MEMORIA POR EL DESARRAIGO.
Por: Fernando Viviescas M.
W. G. Sebald lo demuestra en su trabajo “Sobre la historia natural de la destrucción”: la exposición descarnada pero responsable de la tragedia pasada puede ser una base de posibilidad para la construcción de futuro. El libro y el material de la exposición “La memoria decapitada –Espacio y estética en los asentamientos de desplazados en la ciudad de Medellín”, de Lucrecia Piedrahita Orrego, son una apuesta por el futuro en tanto evidencian la potencia creadora de la imaginación de los hombres y mujeres del presente. Queda claro después de examinar cuidadosamente la exhaustiva información que ha podido ir recolectando, examinando, cotejando y criticando durante el proceso investigativo que la investigadora lleva a cabo en Medellín.
Esta nitidez, sin embargo, no es evidente. Es necesario mirar en detalle y de manera crítica las fotografías y dibujos -los cuales, por su parte, no son apenas ilustraciones de lo que se va descubriendo en la lectura de los textos- y adentrarse comprometidamente en la argumentación, a veces histórica y otras interpretativa y reflexiva, para constatar que lo que parece ser una reseña rigurosa de uno de los procesos más devastadores y vergonzosos de nuestra contemporaneidad resulta ser, también, una exposición sistemática de la manera cómo los desplazados -hombres y mujeres de todas las edades, que son los damnificados concretos de esa poderosa explosión de brutalidad que han sido las guerras desatadas por el dominio del territorio de Colombia en las últimas décadas- logran asumir su destino y, con imaginación y creatividad, establecen -contra toda la adversidad mantenida por el estatus quo- no sólo las condiciones materiales donde reiniciar una existencia individual y colectiva sino el ámbito y la dinámica espirituales e intelectuales con los cuales esa vida se apoya en el arte y la poesía.
Dejándose llevar a profundidad por las gráficas y el texto, el lector constata que no termina allí el aporte que hace este impactante estudio. Constituye, tambien, una potente plataforma teórica y política para enfrentar los remanentes de la visión reaccionaria y los discursos conservadores que todavía determinan muchas posiciones ideológicas –de todas las vertientes y en todos los campos- contra las ciudades contemporáneas y deja constancia de la viabilidad de un mundo urbano –por lo demás inevitable- distinto al que ha prevalecido hasta ahora -en Colombia, por ejemplo- mantenido sobre la base de fomentar y profundizar relaciones socioeconómicas y políticas sobre las cuales se establecen fenómenos tan aberrantes como los que producen y determinan el desplazamiento forzado en nuestro país.
Los aportes de la Doctora Piedrahita dejan ver claramente cómo esas olas de desplazados que llegan a las urbes son el resultado más genuino del atraso y la violencia que han prevalecido en el campo colombiano hasta convertirlo en un ámbito imposible para la vida digna: creativa y autónoma, de la gran mayoría de los campesinos presentes y futuros. También permiten al investigador y al analista -y al ciudadano que se va haciendo cada vez más consciente de la construcción de su propio destino en conjunto con los aportes y miradas del OTRO: de las otras formas de imaginar y construir el mundo- constatar la enorme incapacidad para albergar y potenciar la vida individual y colectiva de las aglomeraciones urbanas que hemos construido hasta hoy bajo la égida de una sociedad dominada todavía por la premodernidad material y, sobretodo, intelectual.
Es hacia la superación de esa doble incapacidad –identificada ahora para dejarla atrás- hacia donde se dirige el despliegue potente y creador del trabajo, la imaginación y la inventiva de los millones de hombres y mujeres que, conscientes de que no existe vuelta atrás, optan por hacer parte de la marcha hacia el futuro –el que marca la dinámica de la ciudad contemporánea, que se abre como la forma dominante e ineludible de desenvolvimiento del futuro humano- y comienzan la construcción de su nuevo hábitat en los intersticios que ha dejado en la urbe el proceso de urbanización que caracterizó al siglo pasado.
Pero, como lo muestra rigurosa y bellamente el trabajo de Lucrecia Piedrahita, esa construcción -que es integral: desde los objetos más inmediatos de la cotidianidad hasta las dimensiones más estratégicas, como la educación de los niños y jóvenes- se emprende de la manera más decidida y responsable no solo con el grupo familiar sino que se integra -en el trabajo y en la organización de la población para la participación ciudadana- a la dinámica general de dotar a la Ciudad, y al país, de los elementos culturales y políticos con los cuales puedan insertarse tanto en la contemporaneidad globalizada como en el concierto de las sociedades políticamente civilizadas del mundo actual, superando la dominación secular de una violenta premodernidad.
Esta vocación decidida por la vida urbana: expresión moderna, esto es, consciente de la significación creadora del desarraigo -como lo demostró G. Simmel hace más de cien años en su reflexión sobre “Las grandes urbes y la vida del espíritu”- se explaya en la complejidad de la existencia y re-crea –es decir, vuelve a sacar de la nada- no solo la espacialidad para la unidad familiar sino que se introduce en la planeación del entorno barrial y comunal y salta al rescate de la dimensión estética para darle rienda suelta a la expresión artística, revolucionando no solo el espacio público sino la recuperación y resignificación del tiempo libre: del tiempo que se va liberando en la lucha contra la opresión secular excluyente y, pobremente, elitista.
Así: el poema y el relato, la música, la pintura, la escultura y la fotografía, el diseño, la arquitectura y el urbanismo y también la televisión y el video van dejando las constancias, trazan las huellas de la senda recorrida por los hombres y mujeres modernos contemporáneos que, contra toda la parafernalia de la prepotente tradición heredada (y todavía) dominante, parten de más allá de la nada para mostrar que es posible transformar un mundo que hace mucho tiempo dejó de tener sentido para la construcción de un futuro para recrear la vida.
Al asumir la Ciudad como la forma de vida hacia adelante, la imaginación desatada por el desarraigo redime la memoria decapitada al resignificar creativamente el rompimiento con el pasado. Y, al presentar rigurosa y bellamente esta dimensión de la contemporaneidad, el trabajo de Lucrecia Piedrahita se ubica como un referente para la discusión política y cultural de la Colombia actual y futura.
Bogotá, Agosto 27 de 2009.
Arte Público + Espacio Público
julio 14, 2009 Mirada Crítica Sin ComentariosEl espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.
En la ciudad surge un paisaje de visión caleidoscópica, múltiple, fracturada y expansible que se integra o, más bien, hace parte de lo urbano. La cartografía es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos, elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano.
La ciudad constituye una categoría sociológicamente compleja, es el lugar donde se construye la memoria colectiva, es una suma de opuestos que configuran el espacio de representación donde interactúan los individuos de la colectividad. En cuanto a la forma urbana surge de dos clases de sistemas como lo ha explicado el urbanista Carlos Julio Calle: el sistema estructurante, constituido por lo público, cuya esencia es la calle, en sus diferentes formas y manifestaciones, y el sistema estructurado que establece lo privado, cuya representación es el barrio.
La ciudad es un centro de comunicación permanente, el lugar por excelencia donde se desarrolla y se vive el sentido de lo público. Es permanencia y sustancia etérea. Existe como concreción y materialización de las necesidades de los hombres, y, al mismo tiempo, se convierte en fantasma. Es distancia y tráfico, arraigo y desorientación para otros.
En ella coexisten símbolos de prestigio que se contraponen a los símbolos de estigma. Lugar de residencia y trabajo, de consumo y recreación. Es el observatorio de las rutinas diarias que cumplen los ciudadanos y que son conceptos claves que vinculan al individuo con sus diversas situaciones sociales.
El territorio urbano es la utopía de la ciudad para inmigrantes y los que migran internamente. En ella hay un choque de tiempos. Sin embargo, todos reclaman el derecho a la ciudad, una estructura hecha de calles, parques y avenidas. De secretos y escondites.
La reflexión sobre arte, ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación. El artista aparece entonces como constructor social.
Hablamos de un arte público en el espacio público que transgrede los ordenes establecidos en la ciudad, y porqué digo, transgrede, porque el arte público ya no es más ese elemento decorativo que maquilla la ciudad, ni ese monumento que perdió su razón de ser, tal véz por esa ostentación emblemática o porque en un mundo saturado de símbolos, los héroes se bajaron de su pedestal para sentarse y observar como sus fuerzas se desvanecen. Hoy, el arte público debe establecer un diálogo directo con los ciudadanos, “afectarlo” dentro de su cotidianidad.
Sobre esa evolución del arte público, José Luis Brea señala los cuatro rasgos que mejor caracterizan su evolución:
1. Ruptura con la lógica del monumento, con la semiótica bipartita del significante/significado, dominio de la representación/dominio de lo real, tendencia en cambio a una inmersión.
2. Ruptura con la lógica de la conmemoración. No se pretende construir el monumento en objeto de perduración en argumento de recuerdo, sino en testimonio efímero de la intensidad del tiempo ahora, del instante, de lo pasajero.
3. Ruptura con la lógica del espectáculo. Resistencia al cumplimiento de una función meramente emblemática y de legitimación de las formaciones sociales instituidas.
4 concentración en el esfuerzo de producción de un dominio público políticamente activo, de constitución de una esfera que permita la discusión razonada de los intereses compartidos y su conducción política.
El arte contemporáneo se convierte en un medio de comunicación visual que evidencia lenguajes y representaciones, a través del cual se hacen visibles procesos de identidad que señalan pautas de comportamiento, formas de pensar y actitudes de los actores sociales frente a lo público y lo privado. La manera de percepción del espectador frente a la obra de arte, cambia y genera relatos múltiples a niveles corporales, éticos, estéticos y dialógicos, lo que permite que se abran las posibilidades interpretativas de la obra como espacio significante y como lugar de encuentro de la actividad intersemiótica.
(Texto: La Bienal Internacional de Arte de Medellín 1997-1998. Por: Lucrecia Piedrahita, Directora de la Bienal)
El espíritu de la luz
mayo 1, 2009 Arte y curaduría Sin Comentarios
“Cosas como la luz y el aire tienen sólo un significado cuando penetran en una casa en forma de fragmentos del mundo exterior. Las porciones aisladas de luz y aire reproducen la naturaleza entera.” Tadao Ando
Tadao Ando es el arquitecto japonés -autodidacta- que nos ha enseñado la fuerza del boceto de grafito como elemento fundacional para la arquitectura. Le he dedicado muchísimos programas en mi espacio de radio: Ciudad Solar.
Les comparto estos videos que dan cuenta de su apuesta por el silencio de las formas.
http://www.youtube.com/watch?v=yWp7vuilf68&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=w_VUZbuSP4s&NR=1
http://www.youtube.com/watch?v=kdMTM6AdrNE&feature=related
“El espacio público en tiempo de vacas flacas”
febrero 13, 2009 Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios
SOBRE NÓMADA
Notas Curatoriales + Proyectos Colectivos
Lucrecia Piedrahita
Museóloga/Curadora/Analista de la Cultura
“El espacio público en tiempo de vacas flacas”
La ciudad como espacio expositivo
El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible. El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”. Estas palabras de Allen sirven para introducir la reflexión que planteo: la ciudad como espacio expositivo. Es clave retomar al historiador de la arquitectura Lucius Burckhand quien dijo en una ocasión que la imagen de la ciudad que tiene un habitante es su propia imaginación, la imagen de una percepción producida por un proceso de aprendizaje en un entorno social. Si el historiador Burckhand hace la relación ciudad igual a imaginación, podemos hacer la relación espacio público igual a plazas, calles, parques como lugares siempre llenos de vida. Para entender la ciudad como espacio expositivo es necesario hablar de espacio público y arte público, conceptos que necesariamente nos remiten a Pierre Bourdieu, quien considera el espacio como una construcción cultural y la cultura como un conglomerado de regiones espaciales, generándose una espiral en lo que ambos términos se soplan y acaban confundiéndose. Por su parte Hal Foster define al artista como un etnógrafo, al afirmar que el nuevo artista etnógrafo es una especie de cartógrafo que traslada sobre el papel el espacio/cultura del “otro” según las coordenadas de la nueva teoría social, convirtiéndose la galería o sala de exposiciones en una verdadera sala de mapas en donde se despliega la epidermis cultural de aquel “otro” ante la mirada, entre curiosa y culpable del espectador occidental. Esto nos lleva a concluir que esa diferencia del artista como etnógrafo tiene validez mientras que el artista adopte la actitud del viajero etnógrafo, móvil y capaz de llevarse consigo las imágenes de su viaje. Hoy la relación arte/ciudad y espacio público está atravesada por múltiples significaciones, el espacio cobra sentido y valor político dentro del sistema simbólico general de la cultura. Igualmente es innegable el hecho de que la tecnología y los modos de vida derivados del capitalismo avanzado imponen una resignificación y una redistribución de valor del espacio, además las redes tecnológicas del capitalismo contemporáneo. En ese espacio múltiple y fracturado que es la ciudad es en donde se inserta unas veces con inteligencia, otras con politiquería, el arte público. Los comercios del centro de las ciudades se trasladan cada vez más a centros comerciales, las plazas abiertas toman otros usos, se recubren y cierran. Se crean artificialmente espacios para el ocio que se transportan a mundos cerrados; las estaciones se transforman en galerías comerciales. En las ciudades surgen ámbitos de los que se expulsa todos los fenómenos negativos de la vida urbana.
Hoy se evidencia en algunas ciudades de Colombia la pérdida de funciones del espacio público y ese vacío lo llena los ámbitos privatizados. Si no hay unas políticas de gobierno que se preocupen por la recuperación de los espacios públicos, éstos pierden importancia como espacio de comunicación, se afean paulatinamente y acaban por ser refugio de grupos marginados. Con un agravante y es que cuanto menos atractivo sea el espacio urbano clásico, tanto más se huirá de él y tanto mayor será la demanda de espacios cerrados protegidos o públicamente escenificados.
Pintura a secas. Jonathan Viner (Estados Unidos, 1976)
febrero 7, 2009 Prácticas Artísticas Contemporáneas Comentarios desactivados
Pintura a secas. Jonathan Viner (Estados Unidos, 1976)
Sin concesiones. Sin amaneramientos. Sin remordimientos.
2009 1+2+3+4+5+6+7+8+9+10+11+12
enero 3, 2009 Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios
Los mejores deseos para todos los lectores de Letras Anónimas.
Que en 2009 trabajemos por una mirada cada vez más consciente y selectiva
Museo: Lugar y Territorio (7)
agosto 23, 2008 La Historia del Arte todos los dias 4 ComentariosLa ciudad, espacio de exposiciones permanentes y temporales
El arte contemporáneo mantiene una estrecha relación con la ciudad. En muchas ocasiones el espacio urbano se convierte en materia artística por lo tanto se transforma en un vasto espacio narrativo. Lo importante es “mirar los cambios y las transformaciones en ese objeto opaco, polimorfo, apasionante y complejo” como define Rosana Reguillo a la ciudad.
La ciudad es un espacio fracturado. Es el lugar donde convergen miles de personas. La cartografía del espacio urbano es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano.

























































