La ciudad como mapa. Representación, imagen, visualidades. Por: Lucrecia Piedrahita
noviembre 13, 2009 Mirada Crítica 7 ComentariosDentro de mi trabajo curatorial para la beca del LIPAC, en la Universidad de Buenos Aires, avanzo la propuesta sobre la ciudad como tema y la obra del fotógrafo colombiano: Jose Alfredo Betancur.
Les comparto su obra y algunas de mis reflexiones.
LA CIUDAD COMO ESPACIO EXPOSITIVO
Por: Lucrecia Piedrahita.
Becaria LIPAC. UBA.
“En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa”. Ranciere.
“La imagen es lo que nos recuerda que no estamos solos en el mundo incluso si somos los más fuertes”.
(S. Daney)
La ciudad es un ámbito de comunicación fundamental para entender los problemas que nos plantea la contemporaneidad. Es un objeto de interpretación, lugar de la diversidad, del encuentro entre el espacio público y el espacio privado; es un fenómeno espacial donde interactúan los sujetos de una colectividad, que tienen como funciones conocer y reconocer su espacio, palparlo como territorio, como sitio comunicacional, como escenario plural.
Conocer, estudiar y observar la ciudad es descubrir en ella nuevos sistemas de construcción para la mirada y sugerir otros planteamientos en la relación público / privado. En los múltiples territorios que definen la ciudad se desarrolla una entidad de una naturaleza nueva que comporta una comunicación y explicación de los actores sociales en el espacio urbano. La capacidad de percepción que se puede dar en el espacio urbano, amplía otras lecturas y propone problemas que conciernen a la representación visual: la “nueva escritura” que se descifra en esos espacios contenedores y, a su vez, contenidos, traza líneas de sensaciones y de histerias, de gritos, luchas y acoplamientos.
Si hablamos de ciudad se hace necesario analizar el espacio público, concepto que nos conduce a que se desarrollen nuevos canales comunicacionales entre todos los actores sociales de la colectividad, se conciban otras formas de pensamiento y se re-valore la concepción del hombre y su entorno. El espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.
La reflexión sobre ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación.
Una de las experiencias de las prácticas artísticas contemporáneas está en la búsqueda de un lenguaje preciso, personal, perfectamente comunicable, sin residuos de ambigüedad, obscuridad u arbitrio, riguroso en la definición y consecuente con los resultados demostrables en su obra o proceso. De igual manera el artista, entendido como un –constructor social- debe producir un trabajo que permita múltiples lecturas ante el ojo, la necesidad y la sensibilidad del espectador, donde su producción sea, cada vez que se expone, objeto de nuevas observaciones, nuevas reacciones y ante todo un documento actual.
La ciudad como mapa
Representación, imagen, visualidades
La idea de representación adquiere validez para definir la ciudad como espacio expositivo desde las prácticas artísticas, asimilándola como el conjunto de ideas y percepciones colectivas de orden político, económico, cultural, social u otro, que anima los grupos sociales y que estructura el imaginario colectivo y la visión del mundo de los mismos.
En los tránsitos de la representación ésta deviene imagen. En términos contundentes Serge Tisseron distingue entre “representaciones” e “imágenes” aduciendo que la representación es “un contenido sin cuerpo”, en cambio la imagen es una relación, es motriz, es socializante. Podría argumentarse que -la representación es planimétrica, la imagen posee un espesor sensorial y un contenido que funciona como cohesionador-.
Si trasladamos estos esquemas a la idea de la ciudad como mapa es necesario referenciar los conceptos que sobre la imagen han desarrollado algunos críticos y teóricos que ayudan a conceptuar desde este campo. Serge Daney, crítico de cine distingue entre lo visual, la imagen y las visibilidades. Entiende lo visual como lo óptico, nos conduce en términos de verificación óptica de cualquier procedimiento de poder (técnico, político, publicitario o poder militar).
Para Daney lo visual no tiene contracampo, no admite añadidos. Lo visual que predomina en la televisión, no remite a otro, sólo a si mismo, su esencia es la tautología. La imagen, en cambio, testimonia una alteridad. La imagen tiene lugar siempre en la frontera de dos campos de fuerza. Y las visibilidades no son más que imágenes sin significación.
Por su parte el director de cine francés Jean Luc Godard diferencia entre lo visual y lo visible y destaca que es en el lugar de lo visible donde se asienta la imagen. Y para Ranciere la imagen es siempre una relación, un desvío. Significa y muestra a la vez, es plural… “En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa (…) una imagen no es un icono que está ahí, un dato visual, una unidad visual. No es un cuadro ni un plano (…) la imagen es siempre una relación, un desvío, una separación entre una función de significación y una función de mostración, pero también una separación entre dos imágenes, entre la mostrada y otras que serían posibles. La imagen siempre es plural. La vida de las imágenes se hace con otras imágenes (…) Una imagen está muerta si está dada y se interrumpe. La imagen es siempre un intervalo o una expansión. Metamorfosis, desestabilización, trasformación.
El poder de las imágenes, radica entre otras cosas, en su versatilidad y su ductibilidad. “Es irrompible porque es capaz de admitir todo cambio posible sin la menor resistencia (Luis Puelles). Podemos entonces concluir que la imagen es una frontera móvil y mutante y es un factor determinante de la producción simbólica y las prácticas artísticas contemporáneas. Por las imágenes y sus fisuras y escondites son muchos los artistas y colectivos que re-piensan el mundo y proyectan los sentidos del espacio en la ciudad como mapa.
Todo esto constituye lenguajes, formas de participación, estrategias de consenso y disenso, espacios de opinión pública que se asientan en la construcción del imaginario y que permiten levantar cartografías para identificar territorios en donde tenga cabida un mapa de la ciudad a partir de las micropolíticas al tránsito de la imaginación, entendida esta última, en términos de Hannah Arendt, como la facultad de hacer presente aquello que está ausente. Tanto Arendt como Kant plantean una interpretación de la imaginación como facultad política, es decir, la imaginación es el puente entre la estética y la ética. (…) la imaginación es la facultad de tener intuiciones sin la presencia del objeto”. Es productiva cuando se trata de la artística. Es “la condición de la memoria”. Por lo tanto referenciarla temporal y espacialmente es otorgarle sus múltiples sentidos y de materializarla como facultad que tiene de dar cuerpo a lo que está ausente, por ello la Geoimaginación es el aporte a este instrumento de análisis para llegar a un mapa interpretativo a través de las fotografías de José Alfredo Betancur.
Así entonces la imagen en el arte se entiende como una mirada al mundo mismo, como un ensayo visual de las prácticas, acciones, contextos y actos que permite analizar la ciudad, el espacio urbano y sus producciones.
Nos dice Eduardo Pavlovsky: “la micropolítica propone otros territorios sociales existenciales, abiertos a la comunidad. Es aquello que no pueden capturar los sistemas de representación – que no puede capturar fácilmente el Estado. Tiene que ver con lo resistencial y lo incapturable. Se maneja siempre fuera de los sistemas de representación habituales. Es lo que Deleuze define como acontecimientos o devenir.
Por su parte el antropólogo Arjun Appadurai, abre un campo expandido para la imaginación y la entiende como un campo de prácticas sociales organizadas, es una forma de trabajo. Para Appadurai el trabajo de la imaginación colectiva es la materia prima sobre la que operan los individuos para proyectar sus vidas y la facultad “a través de la cual emergen nuevos modelos colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana”. La imaginación es una herramienta para enfrentarnos a los cambios económicos, sociales y políticos de la globalización.
“Por supuesto que existe un mundo invisible. El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”. Woody Allen.
El mundo asiste a una reforma mundial de las culturas y cada ciudadano establece conexiones culturales, comerciales y emocionales en medio de un mundo globalizado que no puede negarse; como se explica en un estudio “globalización es una realidad, no una elección”, frase que se sustenta en las palabras de la investigadora Erla Zwingle “Los bienes circulan. La gente circula. Las ideas circulan. Y las culturas cambian. La diferencia en la actualidad es la velocidad y la magnitud de estos cambios. La televisión tardó 13 años en reunir 50 millones de usuarios, a internet le tomó solamente cinco”.
En medio de un mundo enfrentado por el terrorismo: atentado a las torres gemelas en Nueva York, invasión a Afganistán e Irak, hechos violentos con cifras de heridos y muertos en Madrid y Londres, el balance a futuro es poco alentador. El primer mundo se enfrenta al terrorismo, el tercer mundo a una guerra de guerrillas lo que trae como consecuencia una avalancha de imágenes y mensajes que afectan la psiquis de la colectividad pues a los terroristas les interesa convertirse en foco de interés de la opinión pública. El siglo XXI ve desfilar los descomunales ataques terroristas. El blanco: ciudadanos desprevenidos, el lugar: la ciudad.
En medio de tantos desajustes la ciudad retoma un papel fundamental como objeto de interpretación y la violencia será un tema recurrente en los artistas.
El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible. El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”.















































