Artes Plásticas en Antioquia 1950 – 2005
enero 25, 2010 La Historia del Arte todos los dias 1 ComentarioARTES PLÁSTICAS EN ANTIOQUIA 1950 – 2005
DE LA ESFERA GLOBAL AL ÁMBITO LOCAL
ZONAS DEL ARTE SIGLO XX – XXI
POR: LUCRECIA PIEDRAHÍTA ORREGO
Coordinadora Académica y Curadora
“Artes Plásticas en Antioquia”
MEDELLÍN
GENERACIÓN CINCUENTA: EL DISCURRIR DE UNA DÉCADA
“Verdad, en el arte es aquello cuyo contrario puede ser igualmente verdadero”.
Oscar Wilde.
En 2003 fui invitada por el IDEA, Instituto para el Desarrollo de Antioquia para liderar el proyecto -Artes Plásticas en Antioquia-. Asumí la Curaduría General y la Coordinación Académica y Cultural de un proyecto sin precedentes que dio cuenta de la Historia del Arte en Antioquia. El resultado fue -una construcción colectiva- para narrar, cronológicamente diez mil años de arte en Antioquia. Invité a un grupo de académicos, docentes, investigadores que trabajaron con compromiso para entregar un producto multimedial al finalizar 2005. Paralelamente tuve la dirección y curaduría de la serie de televisión -Íconos-que recogía toda la investigación de la multimedia y más adelante (2006-2007) compartí muchos apartes de la misma en mi programa de radio Ciudad Solar.
ESFERA NACIONAL
Contexto socio político:
Colombia accede a la década del cincuenta en medio de una trágica historia que marcará de dolor el territorio nacional… “Bogotá cortada en cruz sobre la carrera séptima y la de Jiménez por los rieles del tranvía; los cerros en reposo como telón de fondo inmovibles, un cielo encapotado y un enloquecedor frío sobre los hombres de vestidos cruzados y sombreros negros, ladeados y en el aire el hollín del tiempo pegado a sus respiraciones. Es mediodía del 9 de abril de 1948; la ciudad se desocupa, las gentes aceleran sus pasos para ir a almorzar. Hay cierta tranquilidad relativa, aunque el país había vivido una intensa oleada de violencia en algunos departamentos, un grupo de lustrabotas, especie de guardia personal de Gaitán al salir de su oficina, silban con cierto desgano al compás de sus manos que brillan los zapatos de los transeúntes.
“La ciudad ha cambiado de apariencia, al engalanarse para las fiestas sociales en homenaje a los muchos delegados a la Novena Conferencia Panamericana, mientras en cualquier rincón se escondía la miseria real de un pueblo que había encontrado en la voz, en el verbo encendido de Gaitán una posible redención social [...] A la una y diez minutos de la madrugada del 9 de abril Gaitán terminaba su emocionante defensa del teniente Jesús Cortés y pedía para él la absolución [...] Las dos y cinco de la mañana. El fallo fue absolutorio en un todo, de cuerpo con las tesis planteadas por Gaitán.
“Las barras sacaron al líder en hombros y él se encontró con la soledad de una ciudad que tanto amaba y que pocas horas después iba a cambiar en todo sentido por su muerte. La multitud que lo vitoreaba quedaba a sus espaldas. Plinio Mendoza Neira necesitaba hablar con Gaitán sobre alguna cosa urgente. Fue a su oficina… Gaitán recibía los últimos elogios de sus amigos. Había sido su más importante triunfo como penalista… Plinio Mendoza Neira sintió de pronto que Gaitán retrocedía en la [calle], tratando de cubrirse el rostro con las manos. Escuchó tres disparos consecutivos. Trató de ayudarlo. Gaitán, demudado, los ojos semiabiertos, un rictus amargo en los labios y los cabellos en desorden. Un hilillo de sangre corría bajo su cabeza”13.
Era el inicio del “Bogotazo” desencadenado el 9 de abril de 1948. El escritor Arturo Alape narra magistralmente la historia de una ciudad. La historia de unas ciudades y sus campos llenas de olor a muerte.
Los años cincuenta significaron un período de grave crisis institucional, catalogado como el más cruento del siglo XX. Fue un período de desestabilización, represión y violencia. “No era con fusiles ni con armas sofisticadas sino con machetes, cuchillos afilados, escopetas que ellos mismos fabricaban. En las fincas vimos pasar los muertos desplomados desde el lomo de los caballos. Éramos jóvenes que escuchamos el horror de los gritos y vimos arder las casas de tantos desprotegidos”14.
Entre 1950 y 1957 el país vio desfilar, en medio del estado de sitio a Laureano Gómez, Roberto Urdaneta, Gustavo Rojas Pinilla y los miembros de la Junta Militar: Rubén Piedrahíta, Gabriel París, Rafael Navas, Deogracias Fonseca y Luis E. Ordóñez. Se buscó el orden en medio del caos constitucional y por encima de la libertad. (Álvaro Tirado Mejía).
La década cerró en 1958 con la posesión de Alberto Lleras Camargo, primer presidente del Frente Nacional.
En medio de un período caracterizado por la violencia, el país trataba de vislumbrar un período de resurgimiento económico, apoyado en el volumen de las importaciones, el crecimiento agrícola global, los precios alcanzados por el café y el crecimiento de la industria. Sin embargo el país no podía ocultar otra cara: obreros y campesinos sin igualdad de oportunidades, más del 70% de la población era rural de la cual más de la mitad era analfabeta, y el 3% de los propietarios monopolizaban el 50% de la tierra. Sin embargo, “entre 1950 y 1962 se produjo una fuerte expansión de la matrícula universitaria, cercana al 100%, alcanzando para ese último año la nada despreciable cifra de 27.000 estudiantes a nivel nacional”15.
El país vivía una situación adversa. Era el momento en que la Revolución Cubana planteaba inquietudes en nuestro medio, revueltas, manifestaciones, pensamientos radicales, protestas estudiantiles y una situación socio-económica deteriorada recibía una nueva década, los años sesenta.
Pero desde la década de los 50 se formarían las guerrillas liberales que minarían la estabilidad del país, un país que vivía situaciones de guerra en puntos geográficos estratégicos y recurría al estado de sitio permanente.
La década de 1950 había iniciado con Laureano Gómez al poder, representante del partido conservador quien gobernaría entre 1950 y 1953. Período especialmente difícil para el país que vivió una época de represiones y atropellos. En 1953 el general del ejército Gustavo Rojas Pinilla, dio el golpe de estado en contra del gobierno de Laureano Gómez. De esta manera Rojas Pinilla gobernaría un país sumergido en la anarquía y con la necesidad imperante de eliminar las células guerrilleras que ya crecían en las zonas rurales. A la situación del país el gobierno de Rojas Pinilla sumaría hechos que desatarían un inconformismo nacional. El primer choque fuerte con la opinión pública, aunque todavía no con los partidos, fue motivado por la masacre de unos estudiantes que protestaban en la ciudad de Bogotá… Así mismo, el país vivía la mordaza de prensa desde las postrimerías del gobierno de Ospina Pérez, de suerte que Rojas se encontró con una situación dada… El 6 de marzo de 1954, se ordenó por decreto que todos los periódicos del país debían “ceñirse al relato de los hechos” y evitar la interpretación16.
Todas estas situaciones se sumaron para que en 1957 se convocara a un plebiscito nacional en contra del general Rojas Pinilla y el 10 de mayo renunció Rojas a favor de una Junta Militar de Gobierno y se abrió paso a una nueva reforma a la Constitución Nacional que daría como resultado la instauración del Frente Nacional en 1958 que clausuraba un ciclo importante de la historia del país y abría una “fórmula de alternación presidencial cada cuatro años y la obligatoria distribución paritaria de los puestos públicos, con la exclusión de toda fuerza política no matriculada en los dos partidos tradicionales”17. Por un período de dieciséis años los partidos liberal y conservador se alternaron el poder, mientras se daba la espalda a uno de los mayores detonantes de la violencia en Colombia: el problema agrario que fraguaba la descomposición de grupos campesinos con el surgimiento del bandolerismo. Expresión de la violencia que se transformaría con el paso del tiempo en movimientos subversivos, al margen de la ley.
Dentro del proceso modernizador Colombia se incorporaba a la economía mundial. En 1930 había subido el partido liberal, estableciendo el sufragio universal, promoviendo la participación política popular y se recuperaba la autonomía en asuntos educativos, pero las diferencias económicas y de mejores posibilidades para el sector obrero y el campesinado no permitían pensar en un verdadero sujeto político. Entre 1930 y 1958 se crearon las condiciones fundamentales para el desarrollo de un proceso modernizador y se reforzaron los postulados de éste: valoración de la iniciativa individual, afán de lucro, búsqueda del éxito, valoración del tiempo y movilidad territorial y social. En la segunda mitad del siglo XX, Colombia vivió las consecuencias de la violencia generadas a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Sin embargo a partir de 1960, el país luchaba por expandir sus servicios educativos de manera masiva, promover desarrollos básicos de infraestructura y ampliar los medios de comunicación que incorporarían elementos transnacionales en nuestra cultura.
TIEMPO DE ARTE EN COLOMBIA
En el campo del arte se fundó el Museo La Tertulia en Cali y en 1955 el Museo de Arte Moderno en Bogotá.
Los años 50 en Colombia contaron con la presencia oportuna para el arte, de la crítica y escritora Marta Traba, quien con su discurso puntual y riguroso, señaló los caminos que el arte nacional debía seguir para instalarse en la esfera internacional. Marta Traba despojó al arte colombiano del adormecimiento del arte de academia.
“Marta Traba está en todos los frentes de actividad cultural, funda revistas, promueve encuentros, dicta cátedras, da conferencias; con impaciencia y vehemencia desata polémicas en las cuales sólo existe la regla de oro de decir la verdad, su verdad, sin contemplaciones, ni concesiones, ni transacciones. Las instancias de sus convicciones estéticas no presentan un sólo episodio, menos aún trayecto alguno en el cual no esté vigente su imperativo categórico de levantar el orgullo colectivo, de afianzar la calidad del creador, su propia responsabilidad intransferible, jamás busca el aplauso. Le repugnaban las claudicaciones. Se diría que odiaba las aclamaciones, aún las del intimismo de sus discípulos. Rehuía los escenarios fáciles y se fascinaba ante las dificultades en las cuales levantaba siempre la bandera de su pedagogía. Su dialéctica ampliaba cada vez más el ámbito de su magisterio. Y siempre las certidumbres de sus convicciones, incluso en lo banal. Y la conciencia de estar caminando por los senderos del conocimiento.
“Hablaba con avidez. Escribía con persuasión. El crítico argentino Damián Bayón decía que Marta daba lo mejor de sí misma en la diatriba en caliente. Los folletos y separatas aparecían en sucesión ininterrumpida, en erupción, como salidos de un volcán: ‘recogía estudiantes heridos en las refriegas violentas de la época’, recuerda el poeta y amigo Juan Gustavo Cobo Borda”18.
Y será la crítica de arte argentina quien señale la importancia de un grupo de artistas a quienes se les atribuye como los verdaderos creadores de un arte moderno en Colombia: Eduardo Ramírez Villamizar, Alejandro Obregón, Fernando Botero, Edgar Negret, Enrique Grau, Guillermo Wiedemann y Carlos Rojas.
En ese momento Europa y Estados Unidos proponen nuevas corrientes artísticas: el expresionismo abstracto, la figuración simbólica, el cientismo, el informalismo: “durante los años cincuenta, Wols y Tobey comenzaron a hacer una pintura que partía de la base que el arte era sólo estructura y se pudo creer, en un principio, que no existía el segundo espíritu del arte, esto es, el mito. En medio de una embriaguez arrolladora de colores se celebró la liberación del arte del lastre de su carga literaria y mitológica. Era el comienzo de la pintura informal y la nueva geometría”19. “En América Latina, el expresionismo abstracto es una tendencia importada; pero de ella se tomó básicamente, la libertad para alejarse definitivamente del cuadro para el salón y sus obligaciones textuales, con el mundo circundante. Las ganancias se miden en técnicas, atmósferas, defensa cerrada de la autonomía del cuadro, imaginación a la escultura y formidable renacer de la gráfica”. Raramente se llegó a situaciones límites. La chatarra, que era una situación límite para la escultura, tuvo escasos interesados, entre ellos el mexicano Manuel Felguérez (n. 1928), particularmente en los murales para el teatro Diana, de la ciudad de México; la colombiana Feliza, Burztyn (1934-1982), quien sacudió el ambiente colombiano con diferentes series igualmente impactantes, en particular, Las histéricas de comienzos de los 60; y el venezolano Víctor Valera (n. 1927), que revaluó metales, herrumbre y remaches en un gran proyecto escultórico, abandonado cuando se incorporó al cientismo. A casi 30 años de distancia, la abstracción expresionista se aprecia como un gran estremecimiento y un salto al vacío. Posterior a la vanguardia nacional de la Argentina en los años 40 y contemporánea del concretismo de finales de los 50, fue la gran apuesta para incorporar el arte latinoamericano a un circuito internacional. Su tono intenso, sus características subterráneas, deben ser adecuadamente filiadas para establecer la diferencia entre una modernización refleja y una modernización condicionada”20.
La influencia de la abstracción expresionista, llega a Colombia. Será Alejandro Obregón quien reinterprete la atmósfera cromática característica de los países latinos, -pero también pasa a generaciones más jóvenes, donde se benefician Nirma Zárate y la brasileña María Tereza Negreiros, radicada en Colombia-21.
La tendencia geométrica tendrá en el escultor Edgar Negret su representación más elevada. “En 1953, el escultor colombiano Edgar Negret (n. 1920) presentó un conjunto de trece esculturas recientes en el que, aún ligado a sus inicios figurativos, ya se advertía su poder de síntesis y su confianza en la plancha de metal, que sería enseguida el soporte formal de su trabajo. Por su parte Eduardo Ramírez Villamizar (n. 1923) expuso en 1957, en el Salón de Arte Moderno del Banco de la República, pinturas cuya grave perfección y cuyo exacto equilibrio entre planos de color e incidentes internos de la forma ya tenían un acabado impecable. También en ese salón, Negret presentó un proyecto para escultura pública, Columna conmemorativa de masacre, que marca su primer interés por ubicar la obra en el conjunto urbano. Posteriormente, las obras de ambos artistas serían emplazadas en Bogotá.
“La pintura geométrica en Colombia tuvo un precursor solitario: Marco Ospina (1912-1983). Será preciso llegar a la generación nacida cerca de los años 30, formada por Omar Rayo (n. 1928), David Manzur (n. 1929) y Carlos Rojas (n. 1933), para reencontrar el gusto por combinaciones y síntesis de formas precisas”22. Dentro de la tendencia geométrica, Colombia tiene una artista severa que desentraña las poéticas de las líneas y el color, es Fanny Sanín. A propósito de su obra nos dice la crítica María Elvira Iriarte, “en su trabajo ha preferido las composiciones simples, claras, estructuradas preferencialmente con la línea recta. Muchos de sus cuadros obedecen a ejes de simetría verticales y horizontales que dominan la composición”23.
En su obra se podrá visualizar un amplio sentido expresivo, reflejado en la obra de arte como imagen del tiempo, y afirmar la idea de Octavio Paz: “lo que dice la obra de arte no es su contenido manifiesto, sino lo que dice sin decir, aquello que está detrás de las formas, los colores y las palabras”24.
La figuración simbólica tuvo en América Latina un amplio espectro. “A lo largo de los años 50 la furiosa revuelta contra las expresiones tradicionales operó, en la mayoría de los artistas figurativos, como un elemento estimulante que instigó a la salvación de la imagen. La vanguardia fue efectivamente, el realismo; su presentación fue plural; sólo guiados por un propósito orientador podríamos catalogar ese realismo general en realismo fantástico, realismo de síntesis, realismo expresionista e hiperrealismo”25.
En Colombia la figuración expresionista va a estar representada por Alejandro Obregón y Fernando Botero quien afirmó en 1958, al ganar el premio nacional de pintura del Salón Anual de Artistas Colombianos: “El auténtico vanguardismo es el realismo”. Y se ha visto con el paso del tiempo como ésta es una tesis inquebrantable en los postulados estéticos de Botero. El premio lo ganaba con la obra “Homenaje a Mantegna”. “La concepción del cuadro es profundamente original, tan antibarroca como anticlásica, tan antiexpresionista, como antiabstracta. Botero da vida a una forma figurativa que, apasionada unilateralmente por el color, no acepta sacrificarse a él y resiste, solidificada, a los impulsos de la pincelada lírica y violenta”26. “Enrique Grau, Juan Antonio Roda, Jorge Elías Triana y Carlos Granada trabajaron dentro de marcos más convencionales el exceso expresionista, que tuvo puntos óptimos en la serie de Felipes de Roda, las enormes figuras barrocas de Grau del mismo período y las posteriores agresiones de Granada, deudoras de Francis Bacon quien ejercerá viva influencia sobre la generación siguiente… Las mujeres hicieron una buena contribución al pluralismo expresionista… las colombianas Freda Sargent y Emma Reyes, en cuya obra paisajes, cabezas y frutas revisten un carácter totalizante”27 (Marta Traba).













































































