El último caso del Inspector
El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
en donde dos sombras desnudas se besan.
El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.
La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.
El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.
El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba.
La vida no le alcanzó a Luis Rogelio Nogueras para hacer todo lo que quería hacer. Sí, en cambio, para todo lo que tenía que hacer.
Dibujante, guonista, director de cine, poeta, ensayista, novelista, Luis Rogelio Rodríguez Noguera, también conocido como Wichy, el Rojo, nació en La Habana, Cuba, en 1944 y murió en la misma ciudad 44 años después, en 1985.
Inteligente, multifacético, ansioso por entender las realidades del mundo, Luis Rogelio publicó su primer libro de poemas en 1967, cuando ya trabajaba como cinematrografista. Se llamó Cabeza de zanahoria y fue premiado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el poderoso aparato burocrático que controla parte de la vida cultural de los cubanos. Desde entonces su presencia en la literatura cubana fue excepcional, estrella distante, a lo Silvio Rodríguez o Pablo Milanés.
Su obra más imprevista, casi impensable en la rígida cultura oficial, fue una novela policíaca, Y si muero mañana, publicada en 1977. ¡Cosa de locos! Una novela policíaca en la sociedad más policíaca de América Latina. Fue un éxito: lectores voraces y juguetones aprobaron con énfasis lo que la misma UNEAC había premidado como la mejor novela cubana de ese año.
Como guionista, quizá el trabajo más memorable de Luis Rogelio Nogueras haya sido El Brigadista, la hermosa epopeya sobre los adolescentes y jovenes que al inicio de la Revolución abandonaron las comodidades de sus hogares en las ciudades para irse al campo a alfabetizar campesinos y a compartir con ellos su vida diaria.
El Brigadista, con guión de Luis Rogelio Nogueras
El salero, la pulcritud estilistíca y la ironía de Wichy, el Rojo, sobresalen en el poema que publico hoy, El último caso del Inspector.
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