Noviembre 4th, 2009
Ya no es una intriga: casi nadie ignora que Los tres mosqueteros son cuatro: Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan. Y aún así, con esa triquiñuela coja, la obra de Alexandre Dumas sigue pescando lectores, incautos y felices.

-
Cuatro que parecen tres. O al revés.
Es una novela de aventuras, repleta de intrigas, tramas deshilvanadas o dispersas, duelos a espada, mosquetones, batallas campales, coches, conventos, traiciones, engaños, flores de lis, damas y caballeros, mujeres y mujerzuelas, una reina bonita pero medio boba, un rey bobo pero nada bonito y un cardenal inteligente pero perverso, aunque esto último suene paradójico.

-
Una novela de aventuras que aún nos estremece.
Me he tragado, no devorado, tragado sus casi 900 páginas para comprobar, otra vez -por si lo había olvidado- que en literatura más vale maña que fuerza. La habilidad, la maestría y el ingenio de Dumas abundan en cada capítulo. Quizás la trama febril haga que los personajes sean esquemáticos y que sus reflexiones parezcan ingenuas a los ojos del siglo 21. No importa. Es tal la frescura de la narración, es tal su riqueza, que uno perdona las truculencias y los diálogos algo acartonados. Todo vale para que D’Artagnan seduzca y consiga a Constance. Todo vale para que la malvada Milady de Winter sea juzgada y castigada con severidad. Todo vale para que estos cuatro farsantes nos hagan olvidar, aunque sea tan sólo por unos momentos, lo que somos y nos permitan ser otros.
Y lo juro aquí: el libro es mejor que cualquiera de sus versiones cinematográficas. Nada puede ni podrá contra la palabra escrita. A leer, pues, sin remordimientos.
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Setiembre 14th, 2009
I.
Tuareg
hombre azul
llévame
al desierto
para levantarme
con el sol
Quiero oír
el latido
de mi propio
corazón
Enséñame
a olisquear el aire
a aguzar la vista
a orientarme
por las estrellas
Enciende
para mí
el fuego de la leña
Llévame a pastar
y a beber
con tu rebaño
Caminemos
descalzos
sobre la arena
Dame
leche de camella
para mi sed
Tuareg
hombre azul
quiero
de tu tiempo
incontable
Hazme
yo misma
en tu tienda
al caer el sol
II.
Tuareg
hace frío
en el desierto
y todo
está oscuro
Eco
de la noche
abismal
mi corazón
se oye latir
en la tienda
Busco el calor
y me hago
cóncava
para encajar
en la tibia paz
que emana
de tu cuerpo
azulado
III.
Ya se asoman
los primeros
rayos de luz
pronto veremos
todos los colores
en el cielo
y oiremos
los cantos
de los pájaros
Ya se despiertan
los camellos
y las cabras
Ya los niños
susurran
con sus voces
almendradas
Pon a hervir
el agua
para el té
y cuéntame
qué has soñado
Anoche
te agitabas
y gemías
en el lecho
y nada que yo
dijera
te calmaba
Cuéntame
Tuareg
hombre azul
IV.
Dijo Tuareg
el hombre azul:
En mi sueño
el desierto
Teneré El Desolado
era más desolado
Una gran sequía
nos acosaba
Los animales
no tenían hierba
y enflaquecían
Morían
los ancianos
sin plantas
medicinales
Los niños
perdían
el brillo
de sus ojos
y la gracia
de sus cuerpos
En el cielo
se leía
la amenaza:
Borrada
será
de la faz
de la tierra
la raza
nómada
del desierto
V.
Me llamo
Amina
por fin
he cumplido
quince años
Con una calabaza
cuero de chivo
y crines de vaca
haré
mi primera
vihuela
de una cuerda
Aprenderé
a mover el arco
la subida
la bajada
los golpecitos
para marcar
el ritmo
Conoceré
la posición
de los dedos
y sus movimientos
A escondidas
me entrenaré
en dominar
el silencioso murmullo
de mi garganta
Mi cántico del alma
saldrá al fin
de la cárcel
del silencio

- Pilar Posada. La literatura, como la música, han sido sus modos de entender la vida. Ahora escribe cada día y, a veces, cada noche, para reencontrarse con los ángeles de la Poesía.
Pilar Posada. Poeta y música colombiana. Egresada del Instituto Orff, Escuela de Música y Artes Representativas Mozarteum, de Salzburgo. Especialista en Psicoanálisis con énfasis para Niños y Magister en Ciencias Sociales: Psicoanálisis, Cultura y Vínculo Social, Universidad de Antioquia.
Música: Cantos del Pacífico (con Claudia Gaviria). Los tres tambores. En coche va una niña, Canciones para chiquitines y Navidad Luna Lunera.
Autora de Cantar, tocar y jugar, recopilación de juegos musicales tradicionales colombianos, y de La ocuacuá, arreglos para voces e instrumental Orff.
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Junio 11th, 2009
No hay vida sin humor. Incluso, no hay inteligencia sin humor.
Nicanor Parra, el poeta chileno, maneja su sarcasmo. No es irónico: es vitriólico. No se burla de nosotros: nos acogota contra el espejo y nos hace ver las espinillas y las arrugas. Es portentoso para sacudirnos el alma. Dos ejemplos.
Quédate con tu Borges
él te ofrece el recuerdo de una flor amarilla
vista al anochecer
años antes que tú nacieras
interesante puchas que interesante
en cambio yo no te prometo nada
ni dinero ni sexo ni poesía
un yogur es lo + que podría ofrecerte

- Nicanor Parra: “Yo quiero hacer un ruido con los pies.
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.”
Me retracto de todo lo dicho
Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
quema este libro
No representa 1o que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.
Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.
Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.
Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho.
Ultranza es una bonita palabra que significa “a todo trance, resueltamente”. Es como decir “a muerte”. O sea, Nicanor Parra es y será mamagallista a muerte.
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Junio 8th, 2009
Mis dioses literarios me perdonen pero hay días en que me atosigo de leer ficción. No muchos, por fortuna. Dejo, entonces, la novela o los relatos que estoy leyendo y cojo un libro de ensayos, crítica o historia. Otras veces quisiera leer biografías pero aún no me atrevo: se necesita estar plenamente satisfecho con tu propia vida para meterse con existencias ajenas. Mientras me llega ese momento leo Historia. Como esta “historia personal del pensamiento económico” escrita por Alain Minc. Se llama Los profetas de la felicidad y cuenta, con la desinhibición de una novela, el trasncurrir de la economía polìtica desde Santo Tomás de Aquino hasta Amayrta Sen.

- “La economía es una extraña religión que, a diferencia de las religiones reveladas, debe proveer cada día la prueba de la existencia de su dios.” Alain Minc
Los nombres de los grandes pensadores económicos parecen sonsacados de una obra de Canetti o de Updike. Son una fábula: Adam Smith, Malthus, David Ricardo, Jean-Baptiste Say, Marx, Schumpeter, Keynes, Hayek, Milton Friedman, John Rawls. Con un poco de imaginación uno alcanza hasta imaginarse un aparatoso romance homo entre Keynes y Schumpeter, por ejemplo. O una partida de póquer entre Marx, Hayek, John Rawls y Malthus. Detrás de cada personaje hay un pensamiento con una fuerza faústica o prometeica. Son catapultas que le perforan el cielo de las necesidades humanas y lo tachonan con sus profecías, falsas o verdaderas, inciertas o inverosímiles.

- Los profetas de la felicidad, Paidós, Argentina, 1ª edición, 2005. (207 páginas)
Alain Minc es uno de los ensayistas franceses más polémicos de los últimos tiempos. Acostumbrado al combate periodístico por sus posiciones políticas, cercanas a Sarkozy, ha tenido que enfrentar lìos con la justicia. A finales de 2001, por ejemplo, fue condenado a pagar una cuantiosa multa por, según un tribunal de París, haber plagiado una biografía de Spinoza. Poco me importan sus antecedentes judiciales. La claridad y la elegancia de su prosa le han de servir como redención.
Al final del libro, sobresale una “lección egoísta”, perfecta para cualquier novelista: “improvisar, improvisar un poco más y seguir improvisando.” O sea, un final feliz.
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Junio 5th, 2009
En mayo de 1989, hace ya 20 años, la colección literaria de la Fundación Simón y Lola Guberek publicó su volumen 28, un libro de 230 páginas que habría de cambiar mi rumbo como escritor. Se llamaba (¡se llama!) Para subir al cielo y era (¡es!) la colección de 7 de los mejores cuentos de un escritor de 36 años casi desconocido, mejor dicho ninguneado en Medellín y Colombia: Carlos José Restrepo López.
Era su primer libro pero dada la solidez de los textos parecía más bien la culminación de una obra largamente trabajada con talento, poder y carisma. Con voces distintas según la necesidad de cada historia, Para subir al cielo repasa con potente voz lo que ha sido, es y, quizás, será la vida (provinciana) de Medellín, esta ciudad que se cree más de lo que es y que, por paradoja, es más de lo que se cree.

- “Durante seis años ejercí el delicado oficio del fracaso. No había tiempo qué perder, ya que la edad me había sometido”
El estilo de Carlos José entremezcla la pulcritud de una Jane Austen con la escrupulosidad de un Marcel Proust y la divagación fantasiosa de un Jorge Luis Borges. Y no exagero, carajo. Digo lo que se siente al leer estas páginas, manchadas ya por la pátina de los lustros pero resplandecientes aún a la luz de las cosas que se publican hoy en Colombia.
Tal vez los titulos de algunos cuentos sirvan para dar somero testimonio de lo dicho: Mil torres de marfil. He aquí el hombre. El susto de su vida. El de Anserma. Surfing.
Y si hace falta, transcribo el primer párrafo del cuento que más me gustó y más me gusta, Cristina Sanín, un relato desgarrador sobre una vida desgarrada (sic): “Conocí a Cristina Sanín, o a su simulacro, da lo mismo, hace más de treinta años. Procuré alguna vez depararle un destino feliz. No fue posible”.
Hay que subir al cielo, pues.
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Junio 3rd, 2009
Son los más perseguidos. Los más odiados. La envidia los rodea y los corroe. Zancadillas y codazos y puntapiés los rodean por doquier. Sin querer queriendo, ellos mismos cavan sus propias tumbas. Escupen para arriba y la llovizna del rencor o de los celos les embadurna el aura. Se besan y se besan y se besan y no se hallan. Son y no son. Son los amantes. Como en este poema inmortal de Jorge Gaitán Durán.
Amantes
Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
Desconocidos que se estrechan a tientas,
Cicatrices con que el rencoroso deseo
Señala a los que sin descanso se aman;
El tedio, la sospecha invenncible nos ata
En su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
Dos astros sanguinarios, dos dinastías
Que hambrientas se disputan un reino,
Queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
Nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
Con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
El abrazo que en el mundo son los que se aman
Mil veces morimos cada día.
Jorge Gaitán Durán (1925 - 1962)
Gaitán Durán nació en Pamplona, Norte de Santander, Colombia, en 1925. Murió en un accidente de aviación en Pointe-á-Pitre, en 1962.
Poeta, ensayista, dramaturgo, cuentista y periodista, fue fundador de la mítica revista Mito, en 1955, junto con Hernando Valencia Goelkel.
Publicó El libertino (1954), Amantes (1958), Si mañana despierto (1961).
Octavio Paz dijo que era “uno de los espíritus más despiertos y originales de la nueva literatura latinoamericana”.
.
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Mayo 31st, 2009
Si leer es un placer sensual, releer es un exquisito vicio solitario.
Hoy en día poca gente se atreve a volver sobre los libros que ha leído. Es como si al hacerlo traicionaran un supuesto pacto con lo contemporáneo, con lo que está de moda o al día. Y, tal vez, por ese miedo a darle la espalda a “lo politícamente correcto”, ciertas personas le huyen o le tienen pereza a la relectura.
A mí, en cambio, releer me está gustando cada vez más y más y más. Sin abandonar el goce por las lecturas nuevas, siempre insólitas e imprevistas, releer se me ha vuelto una costumbre renovadora, mero renacentismo a principios del siglo 21.

-
Releer es como ver detrás del espejo: es hallar la esencia de lo que hemos leído y creído…
Al releer atravieso el espejo y me encuentro (y reencuentro) con la materia que me ha formado como lector, como ser pensante o, al menos, como individuo que intenta pensar por sí mismo. Y nada mejor que volver a aquellos libros que alguna vez me escandalizaron o me señalaron caminos desconocidos e inexplorados. Por ejemplo, las novelas de los escritores del boom latinoamericano. ¡Qué delicia!
Son tantas. Todas distintas, todas emocionantes, todas añoradas. En estos días he releído La hojarasca, de Gabriel García Márquez, y de golpe y porrazo he vuelto a ver una de las palabras más hermosas del español, invento del amo de Macondo: incomploruto. Estoy releyendo también La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, tan vilipendiado y ofendido por la autocracia chavista. Y Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, clásico insuperable de mis lecturas y mis escrituras. A la espera está una novela que no es de un autor del boom pero que tiene su magia y su carisma, Tomás Eloy Martínez, y su Santa Evita, sobre el amor y la sombra del coronel Juan Domingo Perón.
Hoy, por ejemplo, empecé a releer Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos, una novela monumental en cantidad y calidad, perfecta para entender el ethos o la razón del Poder, sobre todo cuando el subcontinente americano parece teñirse de democracias autistas.
Te lo digo con sinceridad: si ya leíste, ahora te toca releer. Verás que no es lo mismo. ¡Es superior!
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Abril 20th, 2009
Uno de los personajes más entrañables del cuentista y novelista brasileño Rubem Fonseca es Paulo Mandrake, abogado criminalista.
Aunque su apellido se debió inspirar, supongo, en Mandrake, el mago, la tira cómica creada por Lee Falk, el mismo que se inventó El Fantasma, las diferencias entre el ilusionista y el abogado son insondables.

- Mandrake, el mago, y El fantasma son dos de las tiras cómicas màs famosas. Es probable que Rubem Fonseca haya usado el nombre de Mandrake para su gran personaje literario. ¿Homenaje o ironía?
Mandrake, el de Fonseca, es un hombre de carne y hueso, multifacético, un tanto cínico y desconfiado. No obstante su sarcasmo, cree la inexplicable diversidad de la especie humana. Si hubiera sido mujer, habría sido ninfómana. Cree en el amor como quien cree en la internet o en la erupción de un volcán, o sea, como maravillas más frecuentes de lo que la gente se imagina. Sólo que no acepta el amor eterno. ¡Peor para él! Es un bon vivant, enamoradizo, fanático del tabaco fino y de los vinos portugueses. Buen amante, a juzgar por sus compañeras, empecinadas en no dejarlo partir, en mantenerlo encadenado a deseos y caprichos. Lo mejor de su catadura, sin embargo, es la confianza en el triunfo de la Justicia, pues pese a moverse siempre siempre por la cuerda floja de la Ley, Mandrake no cede ni al halago ni a la represión.

- Rubem Fonseca, el extraordinario e inimitable escritor brasileño, creador de Mandrake, abogado criminalista, honesto, incorruptible, casi un ninfómano al revés.
Mandrake es escéptico por naturaleza. En este sentido, se parece un tanto a Gustavo Flavio, otro personaje de Fonseca, protagonista de la novela Bufo & Spallanzani: “El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje no puede ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador), ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión. No queremos poner orden en el caos, como suponen algunos teóricos, ni siquiera hacer el caos comprensible. Dudamos de todo siempre, incluso de la lógica. El escritor tiene que ser escéptico. Tiene que estar contra la moral y las buenas costumbres. Propercio puede haber tenido el pudor de contar ciertas cosas que sus ojos vieron, pero sabía que la poesía busca su mejor materia en las ‘malas costumbres’. La poesía, el arte en fin, trasciende los criterios de utilidad y nocividad, incluso los de comprensibilidad. Todo lenguaje muy inteligente es mentiroso”.
Y esta última frase parece ser una punzada contra el mismo Mandrake, cuyo pasión por las mujeres es equiparable a su gusto por la inteligencia. Incoherente, como casi todo ser vivo, Mandrake tiene fuerza y carisma y encanto, virtudes suficientes para leerlo y recrearlo en nuestras mentes como maestro de la finura y el hedonismo.
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Abril 16th, 2009
Endecha
Estábamos perdidos
cuando nos encontramos
en aquel retraso de aeropuerto.
Yo estaba lleno de noche y de frío,
aunque había pasado tres días
en el “San Francisco”,
con una muchacha de nalgas redondas.
Tu creíste que yo era un camionero.
Admiraste la vulgaridad de mi estilo
y me amaste por ello.
-No lo era.-
Yo creí que tú eras una princesa,
que arrastraba hasta mí su aburrimiento.
-Y es verdad.-
Como es verdad que seguimos estando perdidos.
Yo, por no poder soportar la realeza,
tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.

- Mario Rivero (Envigado, 1935 - Bogotá, 2009)
Señor K
Franz Kafka
novelista checo
vendedor de seguros de vida
—Compañía de Accidentes de Trabajo
del Reino de Bohemia—
al cruzar los pasillos
de una notaría
y ver legajos empolvados
pensé en usted
Sentí que los días trabajan
discreta y taciturnamente
sobre nosotros
imaginé un espejo
y vi una arruga en mi frente
y una mosca
en la nariz del notario
A la memoria de Mario Rivero (1935 - 2009)
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Abril 13th, 2009
Los personajes de García Márquez no sólo hablan como dioses en El amor en los tiempos del cólera. Ese prodigio se repite con esplendor en El general en su laberinto, que recrea la escapada del Libertador Simón Bolívar hacia Santa Marta y la libertad.
10. La gloria es minúscula. José Palacios, el servidor más antiguo del general, arregla su equipaje: “dos mudas de ropa interior muy usadas, dos camisas de quitar y poner, la casaca de guerra con una doble fila de botones que se suponían forjados con el oro de Atahualpa, el gorro de seda para dormir y una caperuza colorada que el mariscal Sucre le había traído de Bolivia. (…) El resto era tan escaso, que todo cupo embutido en un morral de soldado. Cuando él lo vio, listo para salir a la sala donde lo aguardaba la comitiva oficial, dijo: “Nunca hubiéramos creído, mi querido José, que tanta gloria cupiera dentro de un zapato”. (pág. 38)

- El general en su laberinto. Primera edición, marzo 6 de 1989, 700.000 ejemplares. Editorial La Oveja Negra, Colombia.
9. Lo que seremos. Camino a Honda (”un aire de vidrio líquido”) el general se retrasa para cabalgar junto al coronel Wilson. Había sido su edecán “en la batalla de Junín, y fue él quien llevó el borrador de la Constitución de Bolivia a lomo de mula por una cornisa de trescienta sesenta leguas desde Chuquisaca.” Cuando están a punto de terminar el tramo más abrupto de la cornisa escalofriante que lleva al valle del Magdalena, el general Bolívar y el coronel Wilson entablan el siguiente diálogo: “¿Cómo estará Londres?. / El coronel Wilson miró el sol, casi en el centro del cielo, y dijo: ‘Mal, general’. / Él no se sorprendió, sino que volvió a preguntar con la misma voz: ‘¿Y eso por qué?’ / ‘Porque allá son las seis de la tarde, que es la peor hora de Londres’, dijo Wilson. ‘Además, debe estar cayendo una lluvia sucia y muerta, como agua de sapos, porque la primavera es nuestra estación siniestra’. / ‘No me diga que ha derrotado a la nostalgia’, dijo él. / ‘Al contrario: la nostalgia me ha derrotado a mí’, dijo Wilson. ‘Ya no le opongo la menor resistencia’. / ‘Entonces, ¿quiere o no quiere volver?’ / ‘Ya no sé nada, mi general’, dijo Wilson. ‘Estoy a merced de un destino que no es el mío’. / Él lo miró directo a los ojos, y dijo asombrado: ‘Eso tendría que decirlo yo’. (pág. 72)
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