Si no viene

Diciembre 3rd, 2009

Si no viene
si no llega
déjalo estar

Ello está allí, siempre
Como convocatoria

Si no viene
espera
La canción de la luna tiene su tiempo
               De Cielo, tu arco grande

 

La palabra de la tierra
Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas
 
Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
         la palabra de la tierra
               De Cielo, tu arco grande

 

La primera trama
Yo no sabía que la casa de la infancia
                        me hiriera después
y que sus gasas, sus cortinajes, sus ropajes
                        se apegaban acumulados
                        a mi piel interior.
 
Yo no sabía que debía rasgar esas vestiduras
                        y dejar hilachas
                                   pedazos
                                              entre el vivir
Yo no sabía
                        que había que hacer, y deshacer
                                   como a un tejido
                                                           fiel
                        a una primera y única trama
            De Casa de agua y de sombra

 

Hanni Ossot. Poeta venezolana, 1946 – 2002
Nació y murió en Caracas. Además de poeta, fue ensayista y traductora. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, obtuvo el Premio de Poesía de la Bienal “J. A. Ramos Sucre”, en 1972, y el Premio Nacional de Poesía del Consejo Nacional de Cultura, en 1998.

Espacios para decir lo mismo, 1974 / Espacios en disolución, 1976 / Espacios de ausencia y luz, 1982 / Hasta que llegue el día y huyan las sombras, 1983 / Plegarias y penumbras, 1986 / Cielo, tu arco grande, 1989 / Casa de agua y de sombra, 1992 / El circo roto. Poemas 1990 – 1993 / El reino donde la noche se abre, 1987

¡Dulce jueves!

 

Escuche en 95.9 Cámara FM (Medellín)
La punta del iceberg
Miércoles, 9 de la noche. Repetición: en la madrugada del viernes, 12:30 a.m.

Más vale maña que fuerza

Noviembre 4th, 2009

Ya no es una intriga: casi nadie ignora que Los tres mosqueteros son cuatro: Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan. Y aún así, con esa triquiñuela coja, la obra de Alexandre Dumas sigue pescando lectores, incautos y felices.

Athos, Porthos, Aramis y D'Artagan: cuatro que parecen tres. O al revés
Cuatro que parecen tres. O al revés.

Es una novela de aventuras, repleta de intrigas, tramas deshilvanadas o dispersas, duelos a espada, mosquetones, batallas campales, coches, conventos, traiciones, engaños, flores de lis, damas y caballeros, mujeres y mujerzuelas, una reina bonita pero medio boba, un rey bobo pero nada bonito y un cardenal inteligente pero perverso, aunque esto último suene paradójico.

Una novela de aventuras que aún nos estremece
Una novela de aventuras que aún nos estremece.

Me he tragado, no devorado, tragado sus casi 900 páginas para comprobar, otra vez -por si lo había olvidado- que en literatura más vale maña que fuerza. La habilidad, la maestría y el ingenio de Dumas abundan en cada capítulo. Quizás la trama febril haga que los personajes sean esquemáticos y que sus reflexiones parezcan ingenuas a los ojos del siglo 21. No importa. Es tal la frescura de la narración, es tal su riqueza, que uno perdona las truculencias y los diálogos algo acartonados. Todo vale para que D’Artagnan seduzca y consiga a Constance. Todo vale para que la malvada Milady de Winter sea juzgada y castigada con severidad. Todo vale para que estos cuatro farsantes nos hagan olvidar, aunque sea tan sólo por unos momentos, lo que somos y nos permitan ser otros.

Y lo juro aquí: el libro es mejor que cualquiera de sus versiones cinematográficas. Nada puede ni podrá contra la palabra escrita. A leer, pues, sin remordimientos.

Tuareg, hombre azul

Setiembre 14th, 2009

I.

Tuareg

hombre azul

llévame

al desierto

para levantarme

con el sol

Quiero oír

el latido

de mi propio

corazón

Enséñame

a olisquear el aire

a aguzar la vista

a orientarme

por las estrellas

Enciende

para mí

el fuego de la leña

Llévame a pastar

y a beber

con tu rebaño

Caminemos

descalzos

sobre la arena

Dame

leche de camella

para mi sed

Tuareg

hombre azul

quiero

de tu tiempo

incontable

Hazme

yo misma

en tu tienda

al caer el sol

II.

Tuareg

hace frío

en el desierto

y todo

está oscuro

Eco

de la noche

abismal

mi corazón

se oye latir

en la tienda

Busco el calor

y me hago

cóncava

para encajar

en la tibia paz

que emana

de tu cuerpo

azulado

III.

Ya se asoman

los primeros

rayos de luz

pronto veremos

todos los colores

en el cielo

y oiremos

los cantos

de los pájaros

Ya se despiertan

los camellos

y las cabras

Ya los niños

susurran

con sus voces

almendradas

Pon a hervir

el agua

para el té

y cuéntame

qué has soñado

Anoche

te agitabas

y gemías

en el lecho

y nada que yo

dijera

te calmaba

Cuéntame

Tuareg

hombre azul

IV.

Dijo Tuareg

el hombre azul:

En mi sueño

el desierto

Teneré El Desolado

era más desolado

Una gran sequía

nos acosaba

Los animales

no tenían hierba

y enflaquecían

Morían

los ancianos

sin plantas

medicinales

Los niños

perdían

el brillo

de sus ojos

y la gracia

de sus cuerpos

En el cielo

se leía

la amenaza:

Borrada

será

de la faz

de la tierra

la raza

nómada

del desierto

V.

Me llamo

Amina

por fin

he cumplido

quince años

Con una calabaza

cuero de chivo

y crines de vaca

haré

mi primera

vihuela

de una cuerda

Aprenderé

a mover el arco

la subida

la bajada

los golpecitos

para marcar

el ritmo

Conoceré

la posición

de los dedos

y sus movimientos

A escondidas

me entrenaré

en dominar

el silencioso murmullo

de mi garganta

Mi cántico del alma

saldrá al fin

de la cárcel

del silencio

Pilar Posada. La litaratura, como la música, han sido sus modos de entender la vida. Ahora escribe cada día y, a veces, cada noche, para reencontrarse con los ángeles de la Poesía.
Pilar Posada. La literatura, como la música, han sido sus modos de entender la vida. Ahora escribe cada día y, a veces, cada noche, para reencontrarse con los ángeles de la Poesía.

Pilar Posada. Poeta y música colombiana. Egresada del Instituto Orff, Escuela de Música y Artes Representativas Mozarteum, de Salzburgo. Especialista en Psicoanálisis con énfasis para Niños y Magister en Ciencias Sociales: Psicoanálisis, Cultura y Vínculo Social, Universidad de Antioquia.

Música: Cantos del Pacífico (con Claudia Gaviria). Los tres tambores. En coche va una niña, Canciones para chiquitines y Navidad Luna Lunera.

Autora de Cantar, tocar y jugar, recopilación de juegos musicales tradicionales colombianos, y de La ocuacuá, arreglos para voces e instrumental Orff.

Parra, Nicanor: mamagallista a ultranza

Junio 11th, 2009

No hay vida sin humor. Incluso, no hay inteligencia sin humor.

Nicanor Parra, el poeta chileno, maneja su sarcasmo. No es irónico: es vitriólico. No se burla de nosotros: nos acogota contra el espejo y nos hace ver las espinillas y las arrugas. Es portentoso para sacudirnos el alma. Dos ejemplos.

Quédate con tu Borges

él te ofrece el recuerdo de una flor amarilla
vista al anochecer
años antes que tú nacieras
interesante puchas que interesante
en cambio yo no te prometo nada
ni dinero ni sexo ni poesía
un yogur es lo + que podría ofrecerte

Nicanor Parra
Nicanor Parra: Yo quiero hacer un ruido con los pies.
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.”

Me retracto de todo lo dicho

Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
quema este libro
No representa 1o que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho.

Ultranza es una bonita palabra que significa “a todo trance, resueltamente”. Es como decir “a muerte”. O sea, Nicanor Parra es y será mamagallista a muerte.

La felicidad de los profetas

Junio 8th, 2009

Mis dioses literarios me perdonen pero hay días en que me atosigo de leer ficción. No muchos, por fortuna. Dejo, entonces, la novela o los relatos que estoy leyendo y cojo un libro de ensayos, crítica o historia. Otras veces quisiera leer biografías pero aún no me atrevo: se necesita estar plenamente satisfecho con tu propia vida para meterse con existencias ajenas. Mientras me llega ese momento leo Historia. Como esta “historia personal del pensamiento económico” escrita por Alain Minc. Se llama Los profetas de la felicidad y cuenta, con la desinhibición de una novela, el trasncurrir de la economía polìtica desde Santo Tomás de Aquino hasta Amayrta Sen.

Alain Minc
“La economía es una extraña religión que, a diferencia de las religiones reveladas, debe proveer cada día la prueba de la existencia de su dios.”  Alain Minc

Los nombres de los grandes pensadores económicos parecen sonsacados de una obra de Canetti o de Updike. Son una fábula: Adam Smith, Malthus, David Ricardo, Jean-Baptiste Say, Marx, Schumpeter, Keynes, Hayek, Milton Friedman, John Rawls. Con un poco de imaginación uno alcanza hasta imaginarse un aparatoso romance homo entre Keynes y Schumpeter, por ejemplo. O una partida de póquer entre Marx, Hayek, John Rawls y Malthus. Detrás de cada personaje hay un pensamiento con una fuerza faústica o prometeica. Son catapultas que le perforan el cielo de las necesidades humanas y lo tachonan con sus profecías, falsas o verdaderas, inciertas o inverosímiles.

Los profetas de la felicidad
Los profetas de la felicidad, Paidós, Argentina, 1ª edición, 2005. (207 páginas)

Alain Minc es uno de los ensayistas franceses más polémicos de los últimos tiempos. Acostumbrado al combate periodístico por sus posiciones políticas, cercanas a Sarkozy, ha tenido que enfrentar lìos con la justicia. A finales de 2001, por ejemplo, fue condenado a pagar una cuantiosa multa por, según un tribunal de París, haber plagiado una biografía de Spinoza. Poco me importan sus antecedentes judiciales. La claridad y la elegancia de su prosa le han de servir como redención.

Al final del libro, sobresale una “lección egoísta”, perfecta para cualquier novelista: “improvisar, improvisar un poco más y seguir improvisando.” O sea, un final feliz.

Para subir al cielo

Junio 5th, 2009

En mayo de 1989, hace ya 20 años, la colección literaria de la Fundación Simón y Lola Guberek publicó su volumen 28, un libro de 230 páginas que habría de cambiar mi rumbo como escritor. Se llamaba (¡se llama!) Para subir al cielo y era (¡es!) la colección de 7 de los mejores cuentos de un escritor de 36 años casi desconocido, mejor dicho ninguneado en Medellín y Colombia: Carlos José Restrepo López.

Era su primer libro pero dada la solidez de los textos parecía más bien la culminación de una obra largamente trabajada con talento, poder y carisma. Con voces distintas según la necesidad de cada historia, Para subir al cielo repasa con potente voz lo que ha sido, es y, quizás, será la vida (provinciana) de Medellín, esta ciudad que se cree más de lo que es y que, por paradoja, es más de lo que se cree.

"Durante seis años ejercí el delicado oficio del fracaso. No había tiempo qué perder, ya que la edad me había sometido."
“Durante seis años ejercí el delicado oficio del fracaso. No había tiempo qué perder, ya que la edad me había sometido”

El estilo de Carlos José entremezcla la pulcritud de una Jane Austen con la escrupulosidad de un Marcel Proust y la divagación fantasiosa de un Jorge Luis Borges. Y no exagero, carajo. Digo lo que se siente al leer estas páginas, manchadas ya por la pátina de los lustros pero resplandecientes aún a la luz de las cosas que se publican hoy en Colombia.

Tal vez los titulos de algunos cuentos sirvan para dar somero testimonio de lo dicho: Mil torres de marfil. He aquí el hombre. El susto de su vida. El de Anserma. Surfing.

Y si hace falta, transcribo el primer párrafo del cuento que más me gustó y más me gusta, Cristina Sanín, un relato desgarrador sobre una vida desgarrada (sic): “Conocí a Cristina Sanín, o a su simulacro, da lo mismo, hace más de treinta años. Procuré alguna vez depararle un destino feliz. No fue posible”.

Hay que subir al cielo, pues.

¡Ay, los amantes!

Junio 3rd, 2009

Son los más perseguidos. Los más odiados. La envidia los rodea y los corroe. Zancadillas y codazos y puntapiés los rodean por doquier. Sin querer queriendo, ellos mismos cavan sus propias tumbas. Escupen para arriba y la llovizna del rencor o de los celos les embadurna el aura. Se besan y se besan y se besan y no se hallan. Son y no son. Son los amantes. Como en este poema inmortal de Jorge Gaitán Durán.

Amantes

Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
Desconocidos que se estrechan a tientas,
Cicatrices con que el rencoroso deseo
Señala a los que sin descanso se aman;
El tedio, la sospecha invenncible nos ata
En su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
Dos astros sanguinarios, dos dinastías
Que hambrientas se disputan un reino,
Queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
Nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
Con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
El abrazo que en el mundo son los que se aman
Mil veces morimos cada día.

Jorge Gaitán Durán (1925 - 1962)

Jorge Gaitán Durán (1925 - 1962)

Gaitán Durán nació en Pamplona, Norte de Santander, Colombia, en 1925. Murió en un accidente de aviación en Pointe-á-Pitre, en 1962.
Poeta, ensayista, dramaturgo, cuentista y periodista, fue fundador de la mítica revista Mito, en 1955, junto con Hernando Valencia Goelkel.
Publicó El libertino (1954), Amantes (1958), Si mañana despierto (1961).
Octavio Paz dijo que era “uno de los espíritus más despiertos y originales de la nueva literatura latinoamericana”.

 

 

 

 

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El vicio de releer

Mayo 31st, 2009

Si leer es un placer sensual, releer es un exquisito vicio solitario.

Hoy en día poca gente se atreve a volver sobre los libros que ha leído. Es como si al hacerlo traicionaran un supuesto pacto con lo contemporáneo, con lo que está de moda o al día. Y, tal vez, por ese miedo a darle la espalda a “lo politícamente correcto”, ciertas personas le huyen o le tienen pereza a la relectura.

A mí, en cambio, releer me está gustando cada vez más y más y más. Sin abandonar el goce por las lecturas nuevas, siempre insólitas e imprevistas, releer se me ha vuelto una costumbre renovadora, mero renacentismo a principios del siglo 21.

Releer es como ver detrás del espejo: es hallar la esencia de lo que hemos leído y creído...
Releer es como ver detrás del espejo: es hallar la esencia de lo que hemos leído y creído…

Al releer atravieso el espejo y me encuentro (y reencuentro) con la materia que me ha formado como lector, como ser pensante o, al menos, como individuo que intenta pensar por sí mismo. Y nada mejor que volver a aquellos libros que alguna vez me escandalizaron o me señalaron caminos desconocidos e inexplorados. Por ejemplo, las novelas de los escritores del boom latinoamericano. ¡Qué delicia!

Son tantas. Todas distintas, todas emocionantes, todas añoradas. En estos días he releído La hojarasca, de Gabriel García Márquez, y de golpe y porrazo he vuelto a ver una de las palabras más hermosas del español, invento del amo de Macondo: incomploruto. Estoy releyendo también La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, tan vilipendiado y ofendido por la autocracia chavista. Y Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, clásico insuperable de mis lecturas y mis escrituras. A la espera está una novela que no es de un autor del boom pero que tiene su magia y su carisma, Tomás Eloy Martínez, y su Santa Evita, sobre el amor y la sombra del coronel Juan Domingo Perón.

Hoy, por ejemplo, empecé a releer Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos, una novela monumental en cantidad y calidad, perfecta para entender el ethos o la razón del Poder, sobre todo cuando el subcontinente americano parece teñirse de democracias autistas.

Te lo digo con sinceridad: si ya leíste, ahora te toca releer. Verás que no es lo mismo. ¡Es superior!

El Mandrake de Rubem Fonseca es más real que cualquier otro mago

Abril 20th, 2009

Uno de los personajes más entrañables del cuentista y novelista brasileño Rubem Fonseca es Paulo Mandrake, abogado criminalista.

Aunque su apellido se debió inspirar, supongo, en Mandrake, el mago, la tira cómica creada por Lee Falk, el mismo que se inventó El Fantasma, las diferencias entre el ilusionista y el abogado son insondables.

Mandrake, el mago, y El fantasma son dos de las tiras cómicas màs famosas. Es probable que Rubem Fonseca haya usado el nombre de Mandrake para su gran personaje literario. ¿Homenaje o ironía?
Mandrake, el mago, y El fantasma son dos de las tiras cómicas màs famosas. Es probable que Rubem Fonseca haya usado el nombre de Mandrake para su gran personaje literario. ¿Homenaje o ironía?

Mandrake, el de Fonseca, es un hombre de carne y hueso, multifacético, un tanto cínico y desconfiado. No obstante su sarcasmo, cree la inexplicable diversidad de la especie humana. Si hubiera sido mujer, habría sido ninfómana. Cree en el amor como quien cree en la internet o en la erupción de un volcán, o sea, como maravillas más frecuentes de lo que la gente se imagina. Sólo que no acepta el amor eterno. ¡Peor para él! Es un bon vivant, enamoradizo, fanático del tabaco fino y de los vinos portugueses. Buen amante, a juzgar por sus compañeras, empecinadas en no dejarlo partir, en mantenerlo encadenado a deseos y caprichos. Lo mejor de su catadura, sin embargo, es la confianza en el triunfo de la Justicia, pues pese a moverse siempre siempre por la cuerda floja de la Ley, Mandrake no cede ni al halago ni a la represión.

Rubem Fonseca, el extraordinario e inimitable escritor brasileño, creador de Mandrake. abogado criminalista, honesto, incorruptible, casi ninfómano.
Rubem Fonseca, el extraordinario e inimitable escritor brasileño, creador de Mandrake, abogado criminalista, honesto, incorruptible, casi un ninfómano al revés.

Mandrake es escéptico por naturaleza. En este sentido, se parece un tanto a Gustavo Flavio, otro personaje de Fonseca, protagonista de la novela Bufo & Spallanzani: “El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje no puede ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador), ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión. No queremos poner orden en el caos, como suponen algunos teóricos, ni siquiera hacer el caos comprensible. Dudamos de todo siempre, incluso de la lógica. El escritor tiene que ser escéptico. Tiene que estar contra la moral y las buenas costumbres. Propercio puede haber tenido el pudor de contar ciertas cosas que sus ojos vieron, pero sabía que la poesía busca su mejor materia en las ‘malas costumbres’. La poesía, el arte en fin, trasciende los criterios de utilidad y nocividad, incluso los de comprensibilidad. Todo lenguaje muy inteligente es mentiroso”.

Y esta última frase parece ser una punzada contra el mismo Mandrake, cuyo pasión por las mujeres es equiparable a su gusto por la inteligencia. Incoherente, como casi todo ser vivo, Mandrake tiene fuerza y carisma y encanto, virtudes suficientes para leerlo y recrearlo en nuestras mentes como maestro de la finura y el hedonismo.

Dos poemas de Mario Rivero

Abril 16th, 2009

Endecha

Estábamos perdidos
cuando nos encontramos
en aquel retraso de aeropuerto.

Yo estaba lleno de noche y de frío,
aunque había pasado tres días
en el “San Francisco”,
con una muchacha de nalgas redondas.

Tu creíste que yo era un camionero.
Admiraste la vulgaridad de mi estilo
y me amaste por ello.
-No lo era.-

Yo creí que tú eras una princesa,
que arrastraba hasta mí su aburrimiento.
-Y es verdad.-

Como es verdad que seguimos estando perdidos.
Yo, por no poder soportar la realeza,
tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.

Mario Rivero (Envigado, 1935 - Bogotá, 2009)
Mario Rivero (Envigado, 1935 - Bogotá, 2009)

Señor K

Franz Kafka
novelista checo
vendedor de seguros de vida
—Compañía de Accidentes de Trabajo
del Reino de Bohemia—
al cruzar los pasillos
de una notaría
y ver legajos empolvados
pensé en usted
Sentí que los días trabajan
discreta y taciturnamente
sobre nosotros
imaginé un espejo
y vi una arruga en mi frente
y una mosca
en la nariz del notario

A la memoria de Mario Rivero (1935 - 2009)