Economía y energía: el retorno de la biomasa

Autor: Giovanny Cardona Montoya

La revolución industrial es un fenómeno relativamente reciente de la humanidad. Esta inició en la segunda mitad del siglo XVIII y tuvo como una de sus características principales el uso del carbón. Con aquella, terminaron siglos dominados por el uso de la tracción humana, la tracción animal y la leña para la calefacción. Nació la era de los combustibles fósiles.Según BP, los combustibles fósiles reinan desde finales del siglo XVIII. Pero, la leña tuvo el poder durante milenios. http://www.bp.com/en/global/corporate/about-bp/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

 

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, la hegemonía de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) ha entrado en crisis. Y esta crisis está marcada básicamente por dos razones: el calentamiento global, resultado, entre otros, del uso desmedido del petróleo y el carbón; y el agotamiento de las fuentes no renovables de energía.

Agotamiento del petróleo: ¿cuento chino?

Aunque es difícil predecir cuánto petróleo aún acumula el planeta, por años ha hecho carrera la tesis de que hemos consumido aproximadamente el 50% de sus reservas. Por ello, aunque el petróleo tiene uso desde hace más de un siglo, debemos tener en cuenta que su consumo ha tenido un crecimiento exponencial. La expansión del mercado de vehículos y de fibras sintéticas ha hecho que año tras año el consumo se multiplique. En consecuencia, los pronósticos hablan de reservas sólo para algunas décadas.

Sin embargo, esta afirmación debe ser matizada, teniendo en cuenta algunos tecnicismos:

- el agotamiento es relativo ya que hay pozos que no son rentables de explotar a cierto precio, por lo tanto, ese combustible puede ser extraido en algún momento en el que el mercado ofrezca un precio más elevado;

- el desarrollo tecnológico busca, entre otros, producir máquinas que sean más económicas en lo que respecta al consumo de energía;

- la aparición del fracking, como técnica de explotación, tiende a incrementar las reservas mundiales, ya que se obtiene un combustible con el que no se contaba -el que sale al explotar las rocas-: el gas de esquisto.

¿Y qué hay de las demás fuentes de energía?

Aunque el agotamiento de recursos no renovables es un factor importante, el tema ambiental es una de las principales causas por las que el hombre debe buscar alternativas. La emisión de gases de efecto invernadero, responsable del calentamiento global, está asociada a la industria extractiva de petróleo y carbón, lo mismo que a su uso desmesurado.

Este mapa nos muestra los grandes responsables de la emisión de gases de efecto invernadero. En dicha lista se evidencia el protagonismo de los mayores productores y consumidores de petróleo (color morado y tamaño de la circunferencia).

 

Desde hace 80 años, la energía nuclear interesa a los gobiernos, aunque, la verdad sea dicha, ha sido la guerra el principal estímulo para desarrollarla. Sin embargo, los riesgos conexos derivados de posibles accidentes, desestimulan las inversiones en la misma. De hecho, Alemania, una de las mayores economías del planeta, ha decidido apagar sus reactores y se ha convertido en un adalid mundial por el desmonte de esta fuente de energía.

Aunque se han logrado avances con la energía solar y la eólica, la verdad es que en términos de viabilidad económica se ha avanzado poco. En cambio, la energía eléctrica, con sus diferentes fuentes (agua, carbón, gas) sigue teniendo una importancia significativa en la balanza energética global. Incluso, se evidencia que su participación en el mercado de vehículos se hará notoria en las próximas décadas.

Dentro de las fuentes alternativas de energía, la biomasa y la hidroeléctica aparecen como las de mayor preponderancia.

 

Por último, la producción de biocombustibles (alcohol carburante) parece ser una de las alternativas que más se abre camino, especialmente para menguar la dependencia del petróleo en la industria del transporte. Mezclar un porcentaje de alcohol carburante con gasolina parece ser uno de los avances más sostenibles en el mediano plazo.

Sin embargo, las preocupaciones por la seguridad alimentaria del planeta han encendido las alertas sobre el temor de que el agro se convierta en un productor de combustibles en lugar de comida.  Teniendo en cuenta que la frontera agrícola mundial se reduce y que la población mundial no dejará de crecer hasta mediados del siglo XXI, la alarma no se debe tomar a la ligera.

La biomasa…en lugar de conclusión.

Por último es necesario resaltar la importancia potencial de esta fuente de energía. Por siglos, el planeta dependió de la leña y del carbón vegetal. Hoy, las señales de mercado indican que hay que retomar esta alternativa. La ciencia y la tecnología ya han avanzado para desarrollar calderas que funcionen con biomasa y que tengan utilidad tanto en las empresas como en el sector domiciliario (calefacción de vivienda y calentamiento de agua).

Desarrollar el mercado de la biomasa puede ser una verdadera alternativa para frenar el calentamiento global, ya que los residuos vegetales no producen gases más allá de los que ya absorvieron en su ciclo vital, y sería una alternativa para reducir el consumo de combustibles fósiles que, parece, tendrán una segunda ola de expansión con el fracking, hecho que preocupa seriamente a los ambientalistas.

 

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Crisis en la Federación de Cafeteros: momento para decisiones cruciales.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

La génesis de la crisis cafetería colombiana data de 1989: el final de Pacto Internacional del Café y el comienzo de un mercado regulado por la libre oferta y la libre demanda. Este artículo no es una apología al proteccionismo pero, para Colombia, todo comenzó con la ruptura de dicho Pacto.

El Pacto Cafetero, firmado y renovado en varias ocasiones por los miembros de la Organización Internacional del Café, OIC, aseguraba una oferta regulada y unos precios relativamente estables, lo que garantizaba abastecimiento para consumidores e ingresos para países exportadores. La razón por la que surgió este pacto es la crónica sobreoferta que ha caracterizado al mercado desde la década de 1930.

Sin embargo, más que la ruptura del Pacto, lo que realmente nos colocó en crisis fue la forma como nuestras instituciones enfrentaron el reto. Si bien es cierto que el precio cayó abruptamente en la última década del siglo pasado, la situación ha cambiado desde 2005. O sea, los precios mundiales se han recuperado; sin embargo, la importancia de Colombia en los mercados mundiales sigue a la baja.

El origen de nuestra crisis.

Por más de medio siglo, Colombia fue el segundo productor mundial del grano, su participación giraba alrededor del 15-16%, después de Brasil, primer caficultor del mundo. Con la caída del Pacto Cafetero, los precios internacionales se desplomaron y Colombia comenzó la curva descendente en la producción y en la participación en el mercado mundial.

La posición inicial de las instituciones colombianas fue la de pleno optimismo. Entre 1989 y 1992, el Fondo Nacional del Café sirvió de dique de contención para evitar que los agricultores sufrieran las consecuencias de la caída de los precios internacionales. Adicionalmente, existía una parroquial convicción de que los “suaves colombianos” tenían una valoración especial en el mercado y que, en consecuencia, seríamos ganadores con el libre mercado.

Sin embargo, la caída en los precios internacionales también se sintió en el mercado de “suaves” y los recursos del Fondo Nacional del Café “tocaron fondo”. Nuestros caficultores comenzaron a vivir una pobreza jamás conocida. Si bien es normal pensar que los pequeños campesinos son pobres en Colombia, lo que comenzó en la última década de 1990 con los caficultores, ha sido una tragedia.

Pero, si bien con la ruptura del Pacto Cafetero el mercado mundial cambió y alteró el orden existente por más de medio siglo, las consecuencias de lo que vivimos también encuentra su explicación en la forma como la dirigencia ha entendido el problema.

Un nuevo mercado, nuevos competidores.

Para empezar a entender la situación actual, hay que aclarar que el mercado mundial del grano se lo reparten casi en su totalidad, los suaves y las robustas. Los primeros son producidos por Colombia y los centroamericanos con participación de otros países de la región y del planeta. Las robustas eran fundamentalmente de países africanos y asiáticos.

Una segunda aclaración necesaria es que el mercado mundial es un oligopsonio con pocos compradores del grano que imponen las reglas (PyG, Nestlé, Jacobs, Dole, entre otros); a la vez que es un oligopolio, ya que estas firmas controlan gran parte de las ventas mundiales de café tostado, molido y envasado.

Las dos aclaraciones nos llevan a entender varios puntos relevantes:

-          El mercado mundial consume más robustas que arábicas (suaves). O sea, lo que más se comercializa es un café barato de menor calidad, y no el colombiano que goza de una “prima adicional” en el mercado;

-          Las grandes tostadoras no le venden a los consumidores finales, café de un origen determinado sino mezclas que combinan, en promedio, 70% de robustas y 30% de suave (arábicas);

-          Las mezclas representan la mayor parte del mercado mundial; los cafés gourmet –en los que trabajan diversos emprendedores colombianos, empezando por Juan Valdez- son sólo una pequeña parte de la torta.

El otro punto relevante es que mientras el café pasó de ser la principal fuente de divisas del país a un producto de segundo rango (menos del 10% frente al 50% del petróleo), las familias y regiones que siguen siendo dependientes del grano, no disminuyen. Adicionalmente, Colombia ha caído en el escalafón mundial, ya que Brasil, Vietnam e Indonesia han incrementado su producción y participación en el mercado.

Los nuevos retos

Con la renuncia del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros se ha abierto el debate: ¿Qué política debemos aplicar para sacar adelante al sector? Antes que pensar en quién debe ser la cabeza del gremio, es necesario definir una nueva visión de futuro para el sector. Algunas de las ideas que se están ventilando son las siguientes:

-          Faltan estrategias para elevar la productividad del cultivo y de la cosecha del grano. Aunque los precios internacionales se han recuperado por factores ambientales (cambios en el clima y reducción de la frontera agrícola mundial), y algunos indicadores cambiarios como la actual devaluación benefician a los exportadores, la verdad es que nuestra caficultura es costosa si se le compara con los nuevos grandes competidores asiáticos.

-          La estrategia de posicionar cafés colombianos de alta calidad (gourmet) es coherente con un mundo centrado en la ventaja competitiva, pero es necesario revisar nuestra descendiente participación en el mercado de mezclas.

-          Colombia debe definir si va a permitir o no el cultivo de robustas. La renuncia a participar en este mercado es una de las explicaciones de por qué nos hallamos relegados en los mercados mundiales del grano.

-          La estrategia de cafés gourmet y de posicionamiento de marcas, como el caso de Juan Valdez, debe potenciarse. Como emprendimientos son un éxito, pero en términos macroeconómicos aún no se destacan en nuestra balanza comercial. Exportar con valor agregado es un propósito al que no se debe renunciar.

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Comercio exterior: “la pata coja” de la economía colombiana.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Hace un cuarto de siglo Colombia cambió su modelo de desarrollo económico: de un estructuralismo proteccionista, respaldado con políticas económicas keynesianas se pasó a un modelo de apertura económica apoyado en un régimen monetarista centrado en el control de la inflación.

Características y resultados del modelo de Apertura Económica.

Después de 25 años,evidentemente el país ha cambiado. La clase media y los estratos altos disfrutan de ciudades cada vez más modernas, con una ampliación y perfeccionamiento de la oferta de servicios personales, además del acceso a bienes importados, con precios de talla internacional. Se acabaron los tiempos en los que el acceso a tecnología avanzada era costoso o implicaba viajes a países más avanzados. Hoy en Colombia, se compra un computador o un dispositivo móvil a los precios más bajos del continente.

Este modelo económico se caracteriza por la reducción de barreras aduaneras al comercio, la firma de acuerdos comerciales y una tasa de cambio que poco ha hecho por la competitividad de nuestros productos. Si bien, la inflación ha bajado en dos décadas, la tasa de cambio nominal revaluada y la baja productividad, se han traducido en una marcada pérdida de competitividad de la agricultura y las manufacturas colombianas.

La consecuencia económica más evidente ha sido el cambio en la estructura de las exportaciones de nuestro país. Hace un cuarto de siglo, Colombia tenía una oferta exportable más diversificada que la actual. Antes de esta crisis, los hidrocarburos representaban 2/3 partes de las exportaciones, llegando el petróleo a representar el 50% de las mismas. Hoy somos una economía monoexportadora, mucho más dependiente que en la década de 1990 cuando el café aún era el principal producto.

El café y las llamadas exportaciones menores (flores, bananos, textiles, confecciones, principalmente) han perdido participación en la balanza comercial. Adicionalmente, con la crisis de relaciones comerciales en el mercado andino, muchas industrias manufactureras y el sector rural, han perdido un mercado que era relevante. Colombia era un proveedor importante de comida, confecciones, electrodomésticos y vehículos a Venezuela. Todo esto es tiempo pasado.

Gráfico: Estructura de las exportaciones Colombianas por regiones y décadas

La crisis del modelo.

Hace un par de años comenzaron a sonar las alarmas sobre el bajo nivel de reservas colombianas de petróleo. O sea, la principal fuente con la que hemos financiado nuestro modelo consumista y de servicios, se agota. En consecuencia, los datos sobre reservas comprobadas de petróleo ya advertian el riesgo de no contar en el futuro con suficientes divisas para financiar este tren de gasto.

Sin embargo, lo que ha sucedido con el precio del petróleo en el último año ha adelantado la crisis. Si el crudo ha bajado de precio hasta un 50%, entonces la balanza comercial puede sufrir un gran deterioro, puesto que el petróleo representaba el 50% de los ingresos en exportaciones. En consecuencia, exportando las mismas cantidades de crudo que en los últimos años, pero a precios muy bajos, el déficit comercial se agudizará.

Si observamos la balanza de pagos que elabora El Banco de La República, notaremos que la balanza comercial de los últimos años  se ha caracterizado por déficits poco significativos, ya que los buenos precios y el incremento en las exportaciones de hidrocarburos financiaron el crecimiento de las importaciones. Sin embargo, el modelo económico señala que muchas de las importaciones son bienes de consumo, ya que no se está trabajando en la modernización de sectores como el agro y la industria manufacturera.

Pero, la dependencia de la minería en general y del petróleo en particular nos colocan en otros riesgos mayores: el deterioro general de la cuenta corriente y de la cuenta de capitales. Si bien la balanza comercial no ha sido fuertemente deficitaria, la cuenta corriente sí lo ha sido, particularmente por el pago de intereses de deuda externa y por la repatriación de utilidades de las compañías multinacionales que, estando en el país, trasladan sus ganancias a Europa y Norteamérica.

Ahora, la industria petrolera es altamente dependiente de la Inversión Extranjera Directa (IED); de hecho es el principal rubro de ingreso de capitales extranjeros al país. En consecuencia, si los precios del crudo permanecen bajos, los capitales extranjeros no llegarán, ya que no es rentable explorar y explotar pozos, para vender el producto a un precio tan bajo.

Consecuencia: avanzamos hacia una crisis cambiaria, o sea, agotamiento de divisas.

Colombia o Alicia en el país de las maravillas.

Algunos analistas, pero especialmente funcionarios gubernamentales, se ilusionaron con el hecho de que el peso se ha devaluado, lo que podría incrementar otras exportaciones y reducir el volúmen de las importaciones. Pero eso es un sueño.

El primer hecho los ha cogido por sorpresa, y no debería. Las importaciones no caen a la velocidad esperada, continuan ahondando el déficit. Esperar un cambio en la estructura de las importaciones en el corto plazo, era una ilusión. Con el auge de la construcción, el deterioro de las industrias tranzables y el creciente consumo doméstico, las importaciones demorarán en reaccionar.

El segundo hecho era esperable. El alza en la cotización nominal del dólar no garantiza que las empresas manufactureras o agroindustriales puedan aumentar sus ventas. La baja participación relativa de otros productos exportadores durante estos años, no es una casualidad, tiene que ver con la perdida de competitividad de nuestras industrias.

En consecuencia, para que una empresa productora de bienes industriales aumente sus exportaciones es necesario realizar actividades de inteligencia comercial, negociación, reajustes en los procesos productivos, etc. Así que no esperemos el milagro en el corto plazo.

Moraleja:

No podemos demorar más las decisiones. Este país tiene que dar un viraje a sus políticas comerciales y de desarrollo económico. Es necesario estimular la producción nacional y colocar algunas barreras a las importaciones. Hemos firmado TLC que hasta ahora sólo se traducen en más importaciones; si queremos aprovechar los mercados internacionales en el futuro, es necesario mirar hacia adentro, ordenar la casa y re-construir los sectores manufacturero y agropecuario.

Bienvenidas las inversiones en investigación y desarrollo tecnológico, los programas para estimular el emprendimiento, los esfuerzos para ampliar cobertura educativa y mejorar la insfraestructura; pero ahora, inevitablemente, hay que acompañar estas políticas con medidas comerciales coherentes que desaceleren las importaciones y estimulen la producción nacional de tranzables.

No se trata de decir si es malo o bueno hacer una apertura económica, se trata es de reconocer que nosotros si la hemos hecho muy mal.

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El dólar comienza a zigzaguear: ¿hacia dónde va?

 

Por: Giovanny Cardona Montoya

¡Como si fuera ayer!

Quienes vivimos parte de nuestra vida en una Colombia anterior a la apertura económica, que ya lleva un cuarto de siglo, recordamos el estatuto cambiario 444 de 1967. Este, que rigió hasta 1991, nos acostumbró al crawling peg que hacía que el peso se devaluara gradual y nominalmente alrededor de las tendencias inflacionarias. Pero, esos ya parecen tiempos muy remotos.

Lo que ha pasado después de las leyes 7a y 9a de 1991, ha sido muy diferente. Particularmente desde 2002, cuando el dólar llegó a tocar el listón de los 3 mil pesos, comenzó un proceso de revaluaciones, nominales y reales, que con escasas excepciones nos acompañó hasta 2014.

(Nota aclaratoria: la revaluación nominal se evidencia cuando el precio del dólar ha bajado, y la real cuando el precio del dólar se mantuvo bajo a pesar de que nuestra inflación era más alta que la de nuestros mercados principales: Estados Unidos y Unión Europea).

¿De qué dependerá el precio del dólar en el futuro cercano?

Desde el segundo semestre de 2014 el precio del dólar ha venido en alza, lo que en principio se explica por la caída en los ingresos de exportaciones por cuenta de los bajos precios internacionales del petróleo. Sin embargo, para pronosticar el valor futuro de la divisa, no es suficiente este indicador. Veamos:

1. Factores económicos que bajan el precio del petróleo.

Sobre este punto ya hemos hablado varias veces en este blog (1) (2). La crisis de 2008 aún deja secuelas; mientras Europa no consolide su recuperación y Japón continúe estancado, los mercados emergentes no pueden asegurar en el largo plazo un ritmo acelerado de la locomotora de la economía mundial.

El caso más evidente es China, que ha venido enfriando sus calderas, instalándose en unas tasas de crecimiento cercanas al 7%, muy por debajo de sus históricas del 10-11%. Este ritmo lento, acompañado de un mayor autoabastecimiento norteamericano y de exploraciones de combustibles no convencionales por la técnica de fracking, cambia la ecuación del mercado de petróleo, conllevando una relativa sobreoferta y una consecuente caída en el precio.

2. Factores geopolíticos que afectan el precio del petróleo.

Por más que se hable de incremento en el autoabastecimiento norteamericano y de la desaceleración del la economía china, es evidente que la caída en los precios del petróleo ha sucedido muy rápido: más de 50% en unos cuantos meses. La velocidad y la profundidad de la caída dan pie a suponer que algo de geopolítica y de especulación bursátil hay en esta dinámica.

En los últimos años se han agudizado las relaciones conflictivas de Estados Unidos con Irán, Rusia y Venezuela. En el caso de Irán, Arabia Saudita es un aliado estratégico de las potencias nucleares de Occidente, ya que quiere frenar la expansión chiita en el Medio Oriente; con respecto a Rusia, la Unión Europea también es incondicional, ya que está en juego el posible acuerdo comercial con Ucrania.

Estos tres países tienen un patrón común: grandes reservas de hidrocarburos y una alta dependencia de la exportación de los mismos. Ello permite lanzar la hipótesis de que los bajos precios del petróleo pueden responder a una estrategia consciente de Occidente y de Arabia Saudita para ahogar o, al menos, presionar, a sus gobiernos.

En el caso de Rusia, el tema tiene que ver con el futuro de la unidad de Ucrania; en el de Irán están en juego, su programa nuclear y su influencia teocrática sobre movimientos fundamentalistas de la región; ello explicaría la actitud reacia de Arabia Saudita a reducir la producción de la OPEP para detener la caída en el precio. Con Venezuela el conflicto se deriva del modelo económico antineoliberal del chavismo.

En consecuencia, es posible que el acuerdo nuclear al que están llegando las potencias occidentales e Irán, y el nuevo escenario que se genera en América con el ingreso de Cuba al sistema interamericano, acompasado de un discurso menos rígido de Estados Unidos hacia Venezuela, pueden ser factores que inclinen levemente la balanza hacia una recuperación del los precios del petróleo. Quedaría pendiente la evolución de los sucesos en Ucrania.

3. La balanza de pagos colombiana y el mercado de capitales.

El vaso conductor más claro que nos trae de los escenarios mundiales a la devaluación del peso, es el comportamiento de la balanza de pagos. El primer indicador es la caída en los flujos de ingresos corrientes por la alta dependencia de las exportaciones petroleras. La segunda fuente de devaluación podría ser la reducción de inversión extranjera directa (IED), desmotivada por los mismos argumentos: no es rentable invertir en exploración y explotación de un petróleo que se vende a tan bajo precio. La IED llega a Colombia fundamentalmente a esta industria.

Adicionalmente, la cuenta corriente de la balanza de pagos colombiana tiene un componente deficitario muy fuerte, el de servicios factoriales. Desde la crisis de 2008, esta cuenta ha agudizado su déficit, ya que las grandes firmas europeas y norteamericanas trajeron sus capitales a los mercados emergentes para seguir generando ganancias, pero éstas se repatrian a sus matrices para sostenerlas.

En consecuencia, si en el corto plazo no se consolida la llegada de IED, ya sea para obras de infraestructura o por la privatización del algunas empresas, si no se diversifica la oferta exportadora -lo que dificilmente sucederá en el corto plazo- y si las multinacionales no desaceleran su proceso de repatriación de utilidades, el dólar se mantendrá costoso en el mercado colombiano.

Sin embargo, hay una variable adicional que no se puede descuidar: la tasa de interés. Tanto en Estados Unidos como en Colombia se tiene en la mira este indicador. La Reserva Federal ha dejado de estimular su economía norteamericana con tasas de interés bajas y hay ciertos indicios de que en el segundo semestre comenzará a elevarlas para controlar el consumo.

El caso es que en Colombia, la situación monetaria también se halla tensa por las mismas razones. La fuerte devaluación, algunos problemas climáticos que afectan la agricultura y los paros de transportadores, tienen a la inflación de 12 meses por encima de la meta establecida. Es probable que el Banco de La República en el segundo semestre también se anime por una medida en esta dirección.

La evolución de las tasas de interés no sólo alteraría las decisiones de inversión y de consumo, sino que, además, provocaría migraciones de capitales golondrina en una u otra dirección: Norte o Sur.

Reflexión final:

La mayoría de analistas considera que el mercado de combustibles ya tocó fondo, por lo tanto, el precio del dólar habría encontrado su techo de corto plazo (2600-2650 pesos); adicionalmente, nadie pronostica una fuerte recuperación del precio del petróleo, de ahí que se considera que la divisa hallará su equilibrio el resto de año entre 2250 y 2500.

Sin embargo, las variables económicas y políticas señaladas aún no son claramente predecibles, por lo tanto, pronosticar el precio del dólar más allá de un par de meses, no parece ser muy viable. La geopolítica y las tasas de interés mandarán señales en los próximos meses; tal vez, entonces, podramos enunciar una hipótesis de tipo de cambio hacia finales del año y el año 2016.

 

 

 

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El dilema del Banco de La República: ¿estimular el crecimiento o controlar la inflación?

 

Autor: Giovanny Cardona Montoya

A pesar de que los profesores de  economía acostumbramos a nuestros alumnos a utilizar la categoría en latín ceteris paribus, la realidad económica no lo hace. En otras palabras, si una variable se mueve las demás no permanecen constantes, fluctúan.

Incluso, en economía hay un fenómeno más interesante y es que si una variable va en una dirección, con el tiempo puede moverse en sentido contrario. Así, si la banca central sube las tasas de interés para controlar la inflación, desestimulando el consumo, en el mediano plazo puede suceder lo contrario: se elevan los costos de producción y, en consecuencia, sube la inflación. O sea, una cosa son los efectos director e inmediatos y otra muy diferente las consecuencias de mediano y de largo plazo.

¿Qué pasa en la economía colombiana?

Con el comportamiento de los precios mundiales  de combustibles, la economía colombiana sufre una consecuencia recesiva: caen los ingresos por exportaciones de su principal producto de exportaciones: el petróleo. El pronóstico indica que los ingresos por exportaciones pueden caer en un 25%, ya que el petróleo ha sido 54% de las ventas al exterior en los últimos años, y porque el precio ha caído un 50%, aproximadamente.

Esta situación puede afectar el crecimiento económico, las finanzas de ecopetrol y las rentas del gobierno. Sin embargo, como el mercado tiende a ajustarse, entonces, el precio del dólar ha subido, debido a la incertidumbre sobre posibles ingresos de divisas en el transcurso del año: menos dólares por exportaciones y por Inversión Extranjera Directa (IED).

Ahora, esta situación (el dólar ha subido de 1800 a 2500 COP) mejora los indicadores financeros de ecopetrol, puesto que esta devaluación compensa parcialmente las pérdidas de la empresa por la caída en el precio internacional del crudo.

Adicionalmente, hay una expectativa positiva con esta devaluación. Las ventas de otros bienes, como las exportaciones menores, saldrían beneficiadas ya que nuestros productos se harán relativamente más baratos en los mercados globales. Sin embargo, este beneficio que podrá evidenciarse en las cuentas de los empresarios, no tiene que traducirse en un crecimiento significativo de las exportaciones, puesto que las capacidades instaladas y las estrategias de internacionalización no cambian en el corto plazo.

¿Qué debe hacer el Banco de La República?

A primera vista, todo indicaría que lo saludable sería que Banrepública mantuviera las tasas de interés bajas para estimular el crecimiento y compensar la caída en ingresos por cuenta corriente y en las finanzas del Estado. Sin embargo, la devaluación tiene otras consecuencias: inflación. Colombia es un país que depende en gran medida de importaciones de bienes de consumo, no sólo con valor agregado sino, incluso, alimentos. En consecuencia, con esta fuerte y repentina devaluación el abastecimiento de bienes importados comenzará a encarecerse y podríamos comenzar a sentir efectos inflacionarios.

En consecuencia, el Banco de La República se halla ante un dilema mayor. Con una expectativa de crecimiento desacelerado  como la que se ha tenido desde que inició el año, (por debajo del 4%) lo lógico sería que el ente monetario mantuviera unas tasas de interés bajas que estimularan la inversión y conservaran saludable el consumo doméstico. Pero con los efectos inflacionarios de la devaluación, es probable que al banco central no le quede otra salida que desacelerar más el precario crecimiento y tal vez en el segundo semestre se anime a elevar las tasas de referencia.

Moraleja en lugar de conclusiones:

la mayoría de los profesores de administración nos han enseñado que ninguna empresa debe colocar todos los huevos en una misma canastas, esto es, debe diversificar su portafolio y no depender de un sólo mercado. Parece que el modelo neoliberal que nos guía no aplica la misma receta a nivel macroeconómico: las exportaciones colombianas dependen en 3/4 partes de los hidrocarburos, siendo el petróleo más del 50% del total.

Ahora estamos pagando las consecuencias de nuestra desindustrialización y del abandono del campo. Si tuviéramos un mercado doméstico más fuerte y una oferta de bienes y servicios más amplia y con valor agregado, los efectos de la actual crisis global de combustibles fósiles, serían menos dolorosos.

El gobierno y los empresarios tienen que aprender de esta lección; seguramente tendremos que tragarnos el sapo de las medidas antiinflacionarias en el segundo semestre, pero para el mediano y largo plazo el país tiene que pensar en una economía menos dependiente de los combustibles fósiles, más industrializada y diversa.

 

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