Mateo Moreno

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Aúnque parezca que me gusta andar en dos llantas, me gusta andar en una sola mucho más.

Yo siempre creí haber nacido en el país equivocado. Ni el fútbol, ni la religión, ni la política son temas que se discuten en la mesa de mi casa.  Claro que son inevitables debido a la influencia que tiene sobre el movimiento de este país. Tampoco hablamos de motos porque sería hartísimo, pero sí hablamos de lo bello que es este país una vez expongo mis historias del recorrido por él.

Por más que haya intentado zafarme del motociclismo como elemento de la cotidianidad, no he podido. Hoy le debo a estos vehículos toda mi vida, porque de ellos he comido, he sufrido y he vivido mis más gratas experiencias.

Las motos han estado en mi familia desde los años 70 de manera intermitente. Con la  edad se me permitió tomar las  riendas del tema, mientras  los vecinos gritaban por sus ventanas ” Mateo apagá esa moto“,  y poco a poco se convirtieron en mi pan de cada día. Entre el raspón aquel, el golpe de allí y unas cuantas caídas, un día aprendí. Contaba mis marcas en la piel como si fueran trofeos adquiridos en el viejo oeste.

Esto no ayudó para nada mientras trataba de convencer a mis amigos del barrio que formáramos un club de motorizados. La respuesta en tono burlón – arremedando a sus padres -, era la misma: “mientras usted viva bajo este techo no tendrá una moto“.

La novia de momento, debía salir caminando de su casa luego de haber acordado que la recogería en la esquina: Nunca supe cuáles eran sus respuestas una vez llegaban a casa. Nunca supe cómo justificaban el enredo de su pelo y el olor a mecha e’ globo.

Soy  amante del motociclismo más puro y en su más grande esencia. A través de este blog espero compartir el aprecio que le tengo al cabalgar de un motor de Harley cuando está en neutra, al rugir de un motor de R1 cross-plane cuando se lleva por la recta del autódromo a todo régimen, del sonido de un motor 2 tiempos cuando es llevado al límite por los obstáculos de una pista de motocross.

Nací Medellín y me unté de Envigado, estudie a medias y jugué fútbol en el colegio, aunque en el inicio lo contradiga. Estudié Diseño Industrial y casi no termino por estar montando en moto y regresé a terminar gracias a ellas.

Hoy comparto mi vida con mi amada esposa Catalina y mi hija María del Mar, quien es la luz de mi ojos y quien, desde ya,  esta heredando mi legado.