No hay otra cosa más que resignarse a esperar. La moto ha pasado la noche enterrada en el desierto. Creo que todavía está allí.
Ayer hubiera dado lo que fuera para que se la robaran. A unos forajidos del desierto les hubiera quedado bien, si es que son capaces de sacarla de donde yo no pude.
Triste además, porque fueron doce horas de penalización. Doce horas no las descuenta uno ni en veinte rallyes.
Con todo el espíritu mañanero, de esos de recién bañado listo pa´ lo que sea le digo a mí Manager, Mecánico, Traductor y Amigo:
–enfrentar los 150 kilómetros de hoy, en solo dunas, no es como una muy buena idea, después de los vivido ayer- – Si la moto la traen acá y está en condiciones de correr, yo salgo sin importar la penalización-
Que tanta arena le cabrá a esa moto, debe estar pesando cuatro veces más de lo normal.
Siquiera la moto no llegó. No hubiera tenido una excusa verdadera para no correr.
El señor Peng me explica mientras protesta él solo, que la moto no ha llegado. En el tramo de las dunas de ayer 44 tripulaciones se han perdido, atrancado o enterrado. – Vaya usted a saber con exactitud que les pasó – Los carros de rescate no han sido capaces de sacar todos los necesitados. Tampoco quedó claro cuántos carros o cuantas motos.
No siendo más disfrutaré de las dunas con otros ojos. Con ropa de civil, una cámara y unas gafas me propuse ir a montar en camello, por lo menos ellos no se pegan. Que se ranchen es una cosa, pero no se pegan.
En la noche de la etapa 6 que me la pase en vano, fue la Premiación. Un restaurante como pocos en el mundo que he podido conocer. Con las instalaciones más impresionantes. Era como un bosque encantado metido en una enorme caja de cristal. Los salones comedores eran dentro de troncos, piedras y arboles simulados estos formaban a su vez un enorme jardín lleno de corredores.
Esa noche el equipo Qingqi se ha llevado el primer puesto entre todos los equipos de la categoría motos. El mejor de los nuestros ocupó la 4 posición. El fue el único el cual pudo sortear la Gran Duna.
Yo por mi lado disfruté de las delicias que sirven en este lugar. Es el primer restaurante del paseo donde el aseo y la limpieza brillan por su presencia. Una muñequita, o eso parece, parada en la puerta de nuestro comedor, vigila incansablemente cualquier orden que sea emitida por alguno de los presentes en esa mesa.
Mientras ruño, lo que creo que es carne sana, llaman mi nombre y ni cuenta me di. Con señas, como es de costumbre el Director del equipo me avisa y me señala el podio. Es el momento de subir.
No he logrado una casilla de reconocimiento pero por lo menos obtuve una placa que reconocía mi acto heroico de sobrevivir al desierto.
Qué gran experiencia que la vida me ha dado. Montar estas tierras fue un gran regalo para un motociclista. Debo agradecer enormemente a las empresas que participaron de este osado proyecto. Debo abuchear enormemente a aquella Federación nuestra, local, relacionada, que nada hizo al respecto y para nada le importó.
Este desierto está cargado de historias. Ciudades, caminos y monasterios con fechas de fundación muy anteriores a la aparición de Jesucristo. El Budismo entró a China por esta Ruta, y religiones como el Maniqueísmo, Cristiandad, Zoroastrismo y el Islam han dejado su huella en la arena. Miles de templos Budistas todavía permanecen. En su interior se siguen alabando a los mismos personajes que hace 3000 años. Algunos de estos templos son los mejor preservados y afortunados de sobrevivir guerras, ladrones, mercaderes y su sepultura por parte de la arena del desierto. Qué triste no haber tenido un ratico libre para dedicar unos minutos de turismo regular.
La Ruta de la Seda y sus innumerables historias ya tiene una más que contar. El día en que un Colombiano trato de reírse del desierto del Taklimakan.
La moto tardo tres noches más para salir de sus vacaciones en la playa. Yo me encontraba como 8000kilometos de allí. Mi manubrio, mis monturas, mi soporte de navegación y todas esas otras cosas que hacen que la moto se digna moto de carreras, se han quedado en China. Espero que los viejos amigos que hice no le entren como aves de rapiña a mis cositas y que el equipo algún día me las envíe.
No hay otra cosa más que resignarse a esperar. La moto ha pasado la noche enterrada en el desierto. Creo que todavía está allí.
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Ayer hubiera dado lo que fuera para que se la robaran. A unos forajidos del desierto les hubiera quedado bien, si es que son capaces de sacarla de donde yo no pude.
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Triste además porque fueron doce horas de penalización. Doce horas no las descuenta uno ni en veinte rallyes. Definitivamente el mundo de las carreras da muchas vueltas. En la mañana de la etapa 5 ocupaba la primera posición de la categoría y para la tarde ya no estaba ni dentro de los primeros 10.
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Buena talla
Con todo el espíritu mañanero, de esos de recién bañado listo pa’ lo que sea le digo a mi manager, mecánico, traductor y amigo:
– Enfrentar los 150 kilómetros de hoy, en solo dunas, no es como una muy buena idea, después de los vivido ayer. Si la moto la traen acá y está en condiciones de correr, yo salgo sin importar la penalización-
Qué tanta arena le cabrá a esa moto, debe estar pesando cuatro veces más de lo normal.
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Siquiera la moto no llegó. No hubiera tenido una excusa verdadera para no correr. El señor Peng me explica mientras protesta él solo, que la moto no ha llegado. En el tramo de las dunas de ayer 44 tripulaciones se han perdido, atrancado o enterrado.
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– Vaya usted a saber con exactitud qué les pasó – Los carros de rescate no han sido capaces de sacar a todos los necesitados. Tampoco quedó claro cuántos carros o cuántas motos.
No siendo más, disfrutaré de las dunas con otros ojos. Con ropa de civil, una cámara y unas gafas. Me propuse ir a montar en camello, por lo menos ellos no se pegan. Que se ranchen es una cosa, pero no se pegan.
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En la noche de la etapa 6 que me la pase en vano, fue la premiación. El lugar, un restaurante como pocos en el mundo, con las instalaciones más impresionantes. Era como un bosque encantado metido en una enorme caja de cristal. Los salones comedores eran dentro de troncos, piedras y árboles simulados que a su vez formaban un enorme jardín lleno de corredores.
Esa noche el equipo Qingqi se ha llevado el primer puesto entre todos los equipos de la categoría motos. El mejor de los nuestros ocupó la 4ta posición. El fue el único que pudo sortear la Gran Duna.
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Yo por mi lado, disfruté de las delicias que sirven en este lugar. Es el primer restaurante del paseo donde el aseo y la limpieza brillan por su presencia. Una muñequita, o eso parece, parada en la puerta de nuestro comedor, vigila incansablemente cualquier orden que sea emitida por alguno de los presentes en esa mesa.
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Mientras ruño, lo que creo que es carne sana, pronuncian mi nombre y ni cuenta me di. Con señas, como es la costumbre, el Director del equipo me avisa y me indica que pase al podio. Es el momento de subir.
No he logrado una casilla de reconocimiento pero por lo menos obtuve una placa que reconocía mi acto heróico de sobrevivir al desierto.
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Se acordaron de mi
Qué gran experiencia que me ha dado la vida. Montar estas tierras fue un gran regalo para un motociclista.
Debo agradecer enormemente a las empresas que participaron de este osado proyecto. Debo abuchear enormemente a aquella Federación nuestra, local, relacionada, que nada hizo al respecto y a la que nada le importó.
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Este desierto está cargado de historias. Ciudades, caminos y monasterios con fechas de fundación muy anteriores a la aparición de Jesucristo.
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¿Qué será esto? Poste de bien dotado
El Budismo entró a China por esta Ruta, y religiones como el Maniqueísmo, Cristiandad, Zoroastrismo y el Islam han dejado su huella en la arena. Miles de templos Budistas todavía permanecen.
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En su interior se siguen alabando a los mismos personajes que hace 3000 años. Algunos de estos templos son los mejor preservados y afortunados de sobrevivir guerras, ladrones, mercaderes y su sepultura por parte de la arena del desierto. Qué triste no haber tenido un ratico libre para dedicar más tiempo al turismo regular. -Pero sí me encontré este inquietante compañero bien dotado-.
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La Ruta de la Seda y sus innumerables historias ya tiene una más que contar. El día en que un colombiano trató de reírse del desierto del Taklimakan. La moto tardó tres noches más para salir de sus vacaciones en la playa. Yo me encontraba como a 8000 kilómetos de allí cuando por fin llegó.
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Mi manubrio, mis monturas, mi soporte de navegación y todas esas otras cosas que hacen que la moto se convierta en una digna moto de carreras se han quedado en China. Espero que los viejos amigos que hice no le entren como aves de rapiña a mis cositas y que el equipo algún día me las envíe.

Espero que entiendan a qué me refiero cuando hablo de arena.
Gracias nuevamente a los patrocinadores que hicieron esto posible y gracias a los lectores, por que tuve con quien descargar todas estas historias.
Mi aventura del rally en China acaba acá, pero no mi blog, espero que me sigan visitando.