Pedro Alvarez le ve futuro al DIM moderno luego de verlo hace 15 días cuando estuvo de visita en la capital antioqueña.

Ver a Pedro Campero Álvarez con el DIM era apreciar en escena a esos volantes recuperadores recios, temperamentales y seguros en el quite. Era de la corte de los Chicho Pérez, Barrabás Gómez, Eduardo Pimentel y Choronta Restrepo.Por dichas cualidades fue que el dirigente Fredy Pineda aprovechó su ascendencia para acercarlo de Arco Zaragoza al Independiente Medellín en 1988. Lo recibió el formador Arturo Villegas y en dos años, con la ventaja de su participación en las selecciones de Antioquia, ya lo tenía listo para que Óscar Aristizábal le corrigiera los últimos detalles antes de que Jaime Rodríguez diera el visto bueno para su debut con el conjunto escarlata en la Copa Mustang hoy Liga Postobón.

Eso fue en 1991 cuando apenas tenía 21 años y la primera condición para aspirar al profesionalismo era pasar por una Selección de Antioquia. Por fortuna estuve con Jairo Ríos en la Juvenil y después fui campeón con la Sub23; era una época linda en la que la camiseta del departamento representaba un momento sublime”.

Tuvo varias palomitas hasta que llegó el Día de la Madre y en esa ocasión Campero le dedicó el partido a su progenitora Carmen Vargas, quien con su padre Hernando, un hincha enfermo del DIM, lo mantienen al tanto del acontecer del club y fueron claves en la consolidación como futbolista en una década fructífera que incluyó cinco años con el Medellín, cuatro en Nacional y el paso por Junior, Once Caldas y la MLS de Estados Unidos.

Cuando el Campero llegó al Medallo se encontró con jugadores que venían de los procesos formativos del departamento y tuvieron peso. Óscar Pareja, Pelusa Pérez, Carlos Jiménez, Diego Osorio, Óscar Restrepo, Danobis Muñoz y Carlos Castro fueron algunos de los encargados de respaldar al volante que hoy considera que la falta de experiencia fue uno de los elementos que incidió en que no fueran campeones, ya que el talento les sobraba.

Los técnicos nos inculcaban el juego frontal, poco por los costados y mucha velocidad. No fuimos campeones por no manejar los ritmos del campeonato, ya que hacíamos un gran desgaste en la primera etapa del año y al final se nos acababa la gasolina; venían las lesiones, carecíamos de una nómina extensa y los de mayor fondo dosificaban sus fuerzas y nos marcaban diferencia en el remate del año”.

Durante los cinco años que estuvo en el conjunto rojo de Antioquia su familia no dejó de acompañarlo. Sin embargo, asegura que su papá prendió empujado, porque “cuando escuchó en la radio que un muchacho iba a debutar me dijo: ‘usted es el Álvarez del que están hablando esos periodistas’. Le respondí que sí y a partir de ahí siempre estuvo pendiente de mi carrera”.

Jamás olvidará a sus técnicos rojos, por ello cree que Óscar Aristizábal, Jaime Rodríguez, Hugo Gallego, Nelson Gallego y Luis Agusto García también tienen que ver con el éxito del Medellín. Según él, están al mismo nivel de Juan José Peláez, Víctor Luna, Pedro Sarmiento y Leonel Álvarez, a los que considera los más exitosos de la institución. “Todos ellos tienen dos cualidades que los hace más especiales: saben formar jugadores y le dieron grandeza al DIM”.

Pedro Álvarez todavía se lamenta de “no haber conseguido la estrella en 1993, cuando nos bañábamos de gloria dando la vuelta olímpica en el Atanasio; esa fue una anécdota dolorosa que jamás se olvidará por lo extraño que fue el juego en Barranquilla”.

Aún piensa que fueron más las vivencias positivas que las negativas, ya que “así muchas veces nos haya faltado cinco para el peso”, el Medellín de su tiempo puso en aprietos al América, Millonarios, Santa Fe, Cali y a muchos elencos que hacían más inversiones.

En este centenario siento demasiado orgullo al ser recordado por la hinchada del equipo, por lo que viví, eso fue importante para mi vida. Gracias al fútbol me quedaron grandes amigos como Gustavo Gallo Jaramillo, quien me mantiene al tanto de la evolución del elenco y de la manera cariñosa como 20 años de mi experiencia en el DIM todavía hablan maravillas de lo que hicimos para que el club generara alegrías y reforzara su estructura para llegar como un grande de Colombia a sus 100 años de vida”.

Hace poco habló con su otro amigo, Édgar Pánzer Carvajal, asistente técnico del plantel hasta abril de 2013, y coincidieron en que con la hinchada “fiel, apasionada, masiva, incondicional y exigente” el Medellín tendrá razones para seguir buscando más estrellas que lo ratifiquen como uno de los históricos en Colombia. Para ello le sugiere a los nuevos directivos no “cometer los errores del pasado para que tengamos más participación internacional y jugadores de élite como Luis Amaranto Perea y Mauricio Molina”.

Campero se hizo hincha del Medallo escuchando por radio las proezas de Ponciano Castro, Jorge Olaechea y Eduardo Malásquez; tampoco olvida el “toque de balón que tenían Carlos Pibe Valderrama, Óscar Pareja y Julio César Uribe” y sí que menos los goles de Rubén Darío Hernández, la seguridad en el arco de Luis Barbat y la agresividad de Eduardo Pimentel y Chicho Pérez. La fogosidad, gambeta y velocidad de Carlos Castro Castro y Henry Zambrano también las mantiene al día.

Superar las adversidades no ha sido fácil para el DIM, pero la pujanza de los paisas fue fundamental para que se mantenga. Eso es lo que cree Pedro Álvarez, quien hoy desde Orlando (allá vive desde 2003) sueña con dirigir algún día al conjunto escarlata para que sus hijos Andrés, Felipe y Nicolás aprecien de cerca el “sentimiento y el corazón que mueven a esta institución hace 100 años”.