Los mismos directivos no se ponen de acuerdo y se hacen quedar mal en el fútbol colombiano.

Así es el fútbol colombiano, cuando los resultados internacionales de los equipos parecen mejorar y la Selección empieza a convencer aparece un escándalo que nos devuelve a la normalidad: jugadores pensando sólo en la plata y sin sentido de pertenencia, directivos de poca gestión o tratando siempre de acomodarse para esquivar los impuestos, hinchas inconformes y poca proyección.

Esa frase del presidente Fernando Salazar “los jugadores de hoy son una prostitutas vestidas con uniforme de fútbol” fue muy pesada, de mal gusto e irrespetuosa para los que viven de la pelota, pero sirvió para ratificar la doble moral y la falta de unión que reina entre los que responden por el deporte más popular de este país.

Porque así como no le quedó bien hablar mal de los deportistas al mayor accionista del onceno dorado, tampoco es válido que un directivo viole los “códigos de camerino” haciendo públicas conversaciones de una asamblea que sólo deben quedar entre los responsables de los equipos. Si el colega de Salazar le entregó lo confidencial a un medio de comunicación es porque tampoco le duele el fútbol nacional  y sólo buscaba “vengarse” por razones que sólo el sabe y que merecen ser investigadas por la Dimayor y la Federación Colombiana.

La idea en este artículo no es validar la salida en falso de Fernando Salazar, pero debe conducir a la reflexión a futbolistas, técnicos y dirigentes, porque no tiene presentación que en pleno siglo XXI, cuando los ingresos por mercadeo y venta de derechos son millonarios, algunos jugadores se presten para hacer contratos con sueldos irrisorios, con la disculpa de que los ingresos por publicidad no hacen parte de la nómina, olvidando que cuando tienen problemas de invalidez (caso Arley Dinas, Diego Cortés y Luis Fernando Montoya) es donde llegan los arrepentimientos.

Eso, más el veto de jugadores (que sí existe en Colombia y he sido testigo de ellos en mis 17 años de periodismo deportivo; también dicho por varios deportistas que lo han sufrido), porque hacen respetar sus derechos, la manera desleal como los directivos intentar llevarse los deportistas sin terminar los contratos y los continuos pagos atrasados, porque en Colombia si seis conjuntos de los 36 pagan a tiempo son muchos, hacen que nuestro balompié en vez de progresar de un paso atrás. 

Es en este momento en el que recuerdo las entrevistas con Humberto Turrón Álvarez y Alfredo Di Stefano, ídolos para siempre. Turrón me dijo el año pasado “yo jugaba por amor, a veces ni me pagaban y eso era secundario, porque me interesaba era sudar la camiseta”. Y sentado en su oficina del estadio Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid, Di Stéfano recordó también en el 2012 que “en mi época en Argentina, Colombia y España derrochábamos sentido de pertenencia y lo único que nos preocupaba era agradarle a la gente jugando bien al fútbol“.

Eso para decir que en la actualidad y en Colombia lo único que desvela a jugadores y directivos es la plata. Por ello tantos escándalos y contradicciones que ratifican que nuestro fútbol todavía no es profesional y cada día retrocede, pese a que tenemos representantes en las principales ligas del mundo.