Humberto Alvarez tiene problema en uno de sus ojos.

Humberto Turrón Álvarez prefiere contar más los años que le faltan por vivir que los que ya pasaron. Sin embargo, espera que la sociedad a la que él divirtió con la pelota durante tres lustros no lo olvide.

Mientras las cicatrices físicas que le dejó el fútbol compiten con las satisfacciones que sintió al ser capitán de Atlético Nacional 13 años y por restarle protagonismo a leyendas como José Manuel Moreno y Alfredo Di Stéfano, Turrón lamenta su duro presente.

Con plegarias y veladoras anhela que la Virgen de la Medalla Milagrosa y la Virgen de Guadalupe lo iluminen para encontrar la manera de continuar  colaborándole a su gente y no “seguir viviendo del aire”.

A sus 83 años de edad le toca generar ingresos como sea. Su esposa, Ángela Londoño, “tiene problemas, porque vive con un riñón hace 20 años”. Y su hijo John, uno de los pocos que le ayudaba en la casa, “está quedando medio, pues por culpa de la diabetes le cortaron cuatro dedos del pie derecho y en el izquierdo le quedan apenas dos”.

Humberto es el más aliviado de la familia, pese a que  perdió el 90 por ciento de la visión por el ojo derecho debido a una operación, que no lo dejó satisfecho, y a que sus rodillas le pasan factura por haber jugado muchas veces infiltrado, dizque “para mantenerme como el mejor 10 de Colombia”. En esa época logró el primer título con Nacional -1954- y compitió con los más grandes del mundo.

Ahora que le toca tomar pastillas todo el día y se asombra cuando va a la farmacia y le cobran 2.000 pesos por cada una, Humberto recuerda su frase de batalla desde que se retiró hace medio siglo y que según él le dijo Dios: “Turrón ahí te mando para que diviertas al público pero no vas a ganar plata”.

Esa fue “la mayor embarrada que me hizo el Creador, porque hasta me tocó pagar 700 pesos por jugar en la época de la natillera”. Hoy lamenta igualmente que el fútbol no le haya dado algo más. “Me dio poco, mientras yo le di todo lo mío”.

Rodrigo Fonnegra, ex técnico del DIM y exdivisiones menores de Nacional, es uno de los amigos de Turrón.

Y aunque sabe que de la gloria nadie vive se emociona al recordar la vez que Alfredo Di Stéfano dijo, en Europa, que “en Colombia había uno mejor que él y se llamaba Turrón”. El mismo que jugó en Nacional e Independiente Medellín, los dos equipos tradionales de Antioquia y el que estuvo en los planes del fútbol italiano, español y brasileño.

Humberto espera que ese pasado dorado le sirva para que sus últimos años sean menos traumáticos. De eso se encarga su amigo Rodrigo Fonnegra, quien le abrió una cuenta en el Banco de Occidente (405844424), para que la familia del fútbol le colabore con algunos aportes que hagan más fácil su existencia.

Mientras sus amigos se acuerdan de él, Turrón Alvarez le agradece a uno de sus nietos por la colaboración económica que les presta y tratar de entretenerse mirando los archivos de prensa que colecciona hace 50 años en los que recibe elogios y aparece liderando la transformación del fútbol colombiano. Se emociona con “las flores que recibía”, pero vuelve y lamenta porque “el fútbol no me dejó plata, pese a las cosas buenas que tenía, pues era un 10 con más técnica y goles que el Pibe Valderrama”, a quien dice que le daría hasta 70 tantos de ventaja para medir su capacidad.