Según el más reciente Informe Global de Competitividad 2011-2012, la salud y la educación primaria constituyen uno de los doce pilares que determinan el nivel de productividad y competitividad de los países. En este informe, Colombia se ubica en el puesto 68 a nivel mundial y en el octavo lugar en Latinoamérica, después de países como Chile, Brasil y México; en el ítem de salud y educación primaria, ocupa los lugares 78 y sexto, a nivel mundial y latinoamericano, respetivamente. Los países con mejores y peores niveles de competitividad a nivel mundial son Suiza y Chad, respectivamente, y a nivel latinoamericano, Chile y Haití, respectivamente. El capital salud explica en buena medida estos resultados.
Trabajadores más sanos son también obreros más productivos, mayor productividad se traduce en más bienes y servicios producidos a más bajo costo; se hace más eficiente el proceso de producción, situación que a su vez, hace que la empresa, región o país sea más competitivo.
Michael Grossman (profesor de la Universidad de Nueva York) entiende la salud como un bien de capital durable que combinado con otros, se destina a la producción de bienes y servicios. A medida que las personas envejecen su estado de salud tiende a deteriorarse, lo que significa que se va depreciando con la edad (de ahí que pueda ser considerado como capital). La buena salud o un buen estado de salud son demandados por razones de consumo y de inversión: los individuos demandan buena salud porque esta es bienestar per se; y además lo hacen porque gozar de una buena salud determina la cantidad disponible de tiempo para propósitos productivos, así como el número de días saludables para trabajar y generar ingresos. En este sentido, la demanda por servicios de salud es una demanda derivada de otra demanda más fundamental para los individuos, que es la de gozar de un buen estado de salud.
La inversión total en capital salud por parte de un individuo depende de insumos directos como el tiempo de los consumidores, bienes de mercado, servicios médicos, medicamentos, alimentos, dietas, planes de actividad física, entre otros, que se pueden traducir en inversiones positivas o negativas en capital salud. Y factores como la educación, pueden cambiar la eficiencia del proceso de producción de salud, tal y como la tecnología, por ejemplo, cambia la eficiencia del proceso de producción de un bien cualquiera.
Si bien este análisis parece referirse a agentes económicos individuales, varias de sus predicciones y recomendaciones son válidas en contextos regionales y nacionales. Por ejemplo, una población con un estado de salud deficiente puede ver reducidos sus ingresos, bien sea porque disminuye su productividad, o porque reduce su participación en el mercado laboral; es de esperarse además, que un país con un nivel de capital salud más alto (con una esperanza de vida más alta), o uno que realice más inversiones en salud (como vacunación), será más productivo y por ende más competitivo que uno que no lo haga. Para ilustrar este punto pueden considerarse la tabla y el gráfico presentados: los países con los mayores niveles de competitividad tienen esperanzas de vida al nacer más altas y coberturas de vacunación de difteria-tétanos-tosferina (DTP3) más elevadas también. La conclusión es clara, los países más competitivos cuentan con mayores niveles de capital salud y realizan mas acciones para aumentarlo. El Estado entonces, tiene un papel fundamental en la meta de construir un país saludable y competitivo.
Competitividad e indicadores de salud en algunos países
Fuente: World Economic Forum: The Global Competitiveness Report 2011–2012; OMS: Global Health Observatory 2009.
Este artículo constituye una actualización del artículo “La competitividad debe tener buena salud” publicado el 31 de agosto de 2011 en el periodico El Colombiano.
Sara Atehortúa
Docente Departamento de Economía, coordinadora Grupo de Economía de la Salud –GES–
Universidad de Antioquia.




1 comment
Carolina Franco says:
may 2, 2012
Encuentro muy interesante este artículo, ya que considero que la posibilidad que tiene una empresa o incluso un país de ser competitivo comienza desde la capacidad y disposición que tienen sus miembros para la realización de sus labores, pues la maquinaria puede reemplazarse cuando presenta una avería, pero el capital humano hace un aporte valioso en el desarrollo de cualquier economía, y no puede ser sustituido fácilmente. En Colombia es necesario hacer hincapié en un tema tan importante como la salud de las personas, no solo mirándolas como trabajadores, sino también como madres y padres que deben estar capacitadas para cuidar a sus hijos o estudiantes que deben formarse para luego poder contribuir al desarrollo de su región. Todas las personas desde sus diferentes roles hacen aportes al alcance de la competitividad y el cuidado de su salud es importante en todas las etapas de su vida.
Por otro lado, quiero resaltar un aspecto delicado que compete al tema de la salud y el trabajo. En Colombia la jornada laboral para muchos trabajadores es larga , pesada y en muchos casos puede ir considerablemente más allá de las 48 horas semanales, bien sea porque las personas necesitan conseguir ingresos (que no logran con un solo empleo o con el tiempo laboral legal) que les permitan sostener a su familia, o porque en su lugar de trabajo lo requieran (en muchas ocasiones las empresas someten a los empleados a extensas jornadas de trabajo para evitar tener que contratar más personal). Lamentablemente, los efectos que trae este exceso de carga laboral se ven reflejados de manera directa en la salud de las personas, afectándolas no solo física sino emocionalmente y conllevando a su vez a ausentismo laboral (otro problema que afecta a las empresas colombianas) y a menos productividad por parte de los trabajadores que ven su salud afectada. Frente a este asunto, por una lado, el gobierno debería exigir un cumplimiento mas estricto y más controlado de los planes de salud ocupacional de las empresas y la normatividad relacionada, así como también promover el conocimiento de sus derechos y deberes a trabajadores y empresarios. Por otro lado se debe atacar la informalidad de los trabajos y sus salarios, permitiendo que las personas de bajos recursos puedan acceder a trabajos dignos que les den una remuneración mas equitativa.