La competitividad es un término cuya acepción ha sufrido un cambio vertiginoso en los últimos treinta años, en su génesis se refería exclusivamente a la habilidad de las compañías para producir productos y servicios de calidad superior, a un costo inferior frente a sus competidores nacionales e internacionales.
Sin embargo, desde finales del siglo XX, por el influjo de la teoría de sistemas, comenzó a hacer carrera una concepción más amplia de la competitividad, que alude al conjunto de condiciones que ofrecen los territorios para el desarrollo de los negocios; en consecuencia, la discusión en torno a la estrategia corporativa y la configuración interna de los recursos y capacidades de las compañías, fue desplazada notoriamente por otras preocupaciones, centradas en la calidad de las instituciones, la educación primaria y la salud, la infraestructura, el mercado financiero, el desempeño gubernamental, la innovación, entre otras.
Frente a ello, son varias las voces que sugieren moderar esta mirada generalista, que suele quedarse en las ramas, y retomar el enfoque de antaño, el de Porter en los años ochenta, según Mintzberg por la siguiente razón: las que compiten son las empresas, las que se enfrentan unas contra otras en la denominada arena competitiva, son las compañías; por consiguiente, si se quiere aumentar la competitividad es menester privilegiar la búsqueda de estrategias y prácticas concretas que mejoren la eficiencia interna y la innovación en productos y procesos, lo cual es un asunto que atañe en gran medida al Management.
Y en esta materia, las compañías latinoamericanas están bastante rezagadas frente a sus homólogas en el mundo, así se evidencia en el más reciente estudio de Bain & Company, titulado Management Tools and Trends 2011, el cual presenta una radiografía de las prácticas gerenciales más usadas por las empresas en Asia, Europa, Norteamérica y Latinoamérica.
El hallazgo más importante indica que en el resto del mundo, los modelos de gestión se enfocan principalmente en la explotación de los activos intangibles de las compañías, especialmente del conocimiento de las personas y del capital relacional, lo cual se evidencia en el uso intensivo de herramientas como el CRM, Core Competencies, Gestión del Conocimiento, Innovación Abierta, y Social Media Programs.
Lo cual contrasta con la realidad de las compañías latinoaméricas, donde predomina el Outsourcing, la Planeación Estratégica, el Balanced Scorecard, y la Gestión de la Calidad, que demuestra el fuerte arraigo de las ideas clásicas del Management, centradas en la estandarización, el control, y la optimización de lo tangible, como el tímido acercamiento a la praxis contemporánea; lo cual supone una clara desventaja frente al resto del mundo.
En suma, la discusión en torno a los modelos de gestión, corresponde a uno de los tantos factores internos que determinan la competitividad de las empresas, y demuestra que este otro enfoque de la competitividad no se ha agotado, por el contrario, es un terreno fértil para el florecimiento de nuevas y revolucionarias ideas.
José Enrique Arias
Universidad de Antioquia


3 comments
P_Agredo says:
abr 6, 2012
Me parece interesante el estudio de Brain & Company que se menciona y los resultados que se obtuvieron; me llama la atención (partiendo de las conclusiones de este estudio) que en la época en que estamos, todavía Latinoamérica no le esté dando la importancia que requieren las nuevas corrientes de administración o modelos de gestión para el ejercicio en las empresas.
Creo que dentro de los activos intangibles que se mencionan en el artículo hay una corriente encaminada por el lado del mercadeo que es fundamental y de gran importancia para marcar un punto de partida en la diferenciación y ventaja competitiva a nivel mundial. Esta práctica es del endomarketing.
El endomarketing se resume en algo simple, es la incorporación de todos los conocimientos del mercadeo a la gestión y la organización interna de la empresa. Es el mercadeo interno, donde los protagonistas ya no son los clientes sino los empleados.
Una premisa que puede ser la mas importante partiendo del endomarketing es, que empleados felices y motivados con su labor, generan clientes satisfechos. Es así como desde el mercadeo interno se pueden lograr buenos resultados en el mercadeo externo.
Creo que desde el marketing, (no solo desde el endomarketing) se puede apuntar al desarrollo y la competitividad de las empresas del país a nivel mundial mediante el proceso de adaptación y cambio de la cultura organizacional que se logrará con tiempo y calma en las empresas colombianas.
Susana says:
abr 24, 2012
Respecto a las afirmaciones de José Enrique Arias, pienso que no debería ser tan tajante su creencia de regresar a los antiguos esquemas de medición de la competitividad. Si bien las empresas son las que se guerrean una posición cada vez más alta en el ranking de la competitividad, no puede desconocerse que esto sucede en un medio en el cual hay, por ejemplo, legislaciones que con su permanencia y continuidad generan un marco jurídico que haga sostenible el desempeño de una compañía en el tiempo, o factores tan determinantes como la situación climática o invernal, que simplemente por el hecho de que sucedan, generan oportunidades para unas compañías que antes podían estar relegadas a un desarrollo plano y amenazas para otras que bien podían estar en uno de sus mejores momentos de mercado. Esto, obviamente, no es una camisa de fuerza. Simplemente es mantener abierta la discusión en torno a que las diferentes teorías mantienen un buen grado de razón desde el punto de vista que se les mire. Recordemos que toda moneda tiene dos caras, opuestas la una de la otra. Por esta razón no debemos polarizar las posiciones.
Natalia Vargas A says:
abr 26, 2012
En relación con lo planteado por José Enrique Arias quisiera resaltar los siguientes aspectos:
Competitividad no significa la búsqueda de productos o procesos de mejor calidad, se debe centrar en la calidad de las instituciones como tal y en la búsqueda de la socialización del conocimiento como máximo valor.
Alcanzar el desarrollo competitivo, ahora, tiene un gran significado centrado en facilitar un mayor valor para los territorios, mediante la creación de alianzas entre todos los actores involucrados, donde lo prioritario, sea la inversión en el talento humano y el diseño de estrategias que logren el mayor grado de conciencia en la población.
En la medida en que las personas sean más capacitadas y autónomas se podrá tener un mayor grado de ciudadanía y de participación para el desarrollo humano sostenible. En este nuevo escenario, la organización de las empresas productoras de bienes y servicios debe centrar sus esfuerzos en alcanzar el máximo nivel de desarrollo humano de sus trabajadores y de las poblaciones a las que sirven, mediante la optimización de los bienes de producción y acudiendo al diseño de redes integradas de servicios (de salud y de educación) que pongan al alcance de las personas el mayor número de oportunidades para su bienestar, lo más cerca posible al lugar donde viven. Lo anterior implica un cambio en el paradigma de las empresas que centran su gestión en la COMPETENCIA, invitándolas a centrar su mirada en la COOPERACIÓN y COORDINACIÓN entre ellas para alcanzar una mejor competitividad y poder satisfacer las reales necesidades de las personas.
Desde la perspectiva de desarrollo de las regiones es importante comprender que los esfuerzos se deben centrar en la sumatoria de fuerzas de todos los involucrados en los diferentes sectores de la sociedad: el fortalecimiento de las empresas, la infraestructura, los recursos de la información, los incentivos a la innovación y un fuerte ejercicio de la autoridad por parte del gobierno para lograr la alineación de todos los actores a estos objetivos superiores y para que los valores que se aportan desde cada uno de los involucrados, contribuyan al desarrollo autónomo de los territorios.