Tengo que confesar que desde que soy periodista internacional unas elecciones nunca me habían tenido tan dudosa como las de Venezuela. Nadie sabe lo que puede pasar este domingo en el país vecino, pero muchos cruzan los dedos por un cambio.
No se sabe si, tras 14 años de hegemonía chavista, aquellos que están cansados de las trabas cambiarias, las expropiaciones y el control de los precios podrán prevalecer y otorgale la victoria a su único candidato.
No se sabe si el chavismo respetará el resultado en caso de ser derrotado, tampoco se sabe si las elecciones serán realmente transparentes e incluso se habla de la posibilidad de una guerra civil.
Ni siquiera las encuestas, en muchos casos fraudulentas y usadas como instrumento de campaña, nos han dado luces sobre quién es el favorito para ser el próximo presidente del país vecino.
Sin embargo, si hay algo de lo que hemos sido testigos, es de la valentía de los venezolanos que piden un cambio. Aquellos que se reunieron por millones en las calles de Caracas para pedir otros caminos que saquen a su país del rezago económico en el que se sumerge cada vez más.
Aquellos que viajarán más de 28 horas para poder votar porque su gobierno les cerró el consulado en el que usualmente ejercían su derecho desde el exterior y aquellos que están cansados de la inseguridad en sus calles y se ven obligados a huir de la criminalidad día tras día.
Venezuela tiene todo el potencial para ser líder en la región pero necesita de un buen administrador de los recursos y no un repartidor de subsidios que busca protagonismo.
Controlar la inseguridad, optimizar la explotación de petróleo y transformar el manejo de los recursos son temas que podrían devolverle la competitividad al país y que este fin de semana estarán en juego.
Ojalá el miedo y la incertidumbre que hoy reina en las calles del país vecino no venza a los ciudadanos a la hora de sufragar porque ese voto, sin duda, marcará lo que será tal vez una nueva senda para Venezuela. Un país que tristemente hoy vemos en los últimos lugares de los rankings mundiales de competitividad, seguridad, crecimiento y desigualdad y que si no cambia de rumbo seguirá dirigiendose hacia un futuro incierto.