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	<title>Diario del Caminante</title>
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	<pubDate>Wed, 01 May 2013 21:28:03 +0000</pubDate>
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		<title>Perdido …y sin patrocinio! (cuarta y última entrega)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 May 2013 21:06:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Caminatas]]></category>

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		<description><![CDATA[Lea aquí la primera entrega&#8230;
Lea aquí la segunda entrega&#8230;
Lea aquí la tercera entrega&#8230;
Tan pronto estaba decidido que al amanecer salíamos rumbo a Güicán, con eficiencia militar Luz Dari y Carlos, en lo suyo, organizando todo. Carlos rodeó los cuatro caballos, les arregló las herraduras y preparó las monturas. Mientras tanto Luz Dari preparaba la cena: cordero frito, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1456">primera entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1423">segunda entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1442">tercera entrega&#8230;</a></p>
<p>Tan pronto estaba decidido que al amanecer salíamos rumbo a Güicán, con eficiencia militar Luz Dari y Carlos, en lo suyo, organizando todo. Carlos rodeó los cuatro caballos, les arregló las herraduras y preparó las monturas. Mientras tanto Luz Dari preparaba la cena: cordero frito, y organizaba la ropa. Con una luz de minero que yo tenía iluminamos el rancho donde estaba la cocina. Con hambre atrasada comí demasiada carne. ¡Increíble! ¡Solamente seis días después supe que estaba perdido desde el principio!</p>
<p>Antes de acostarme le mostré a Carlos la cruz del sur, que la noche anterior tanto ánimo me dio. Como era la primera noche que podía dormir tranquilo, sin pesadillas ni remordimientos, caí en un profundo sueño mezcla de alivio y alegría. A las seis en punto me despertó Carlos y en tiempo record ya tenía todo empacado en mi mochila. Carlos trajo los caballos ensillados.</p>
<p>A mí me tocó Pluma Roja, un alazán quemado cabos negros de crin rebelde y altiva mirada. Con el brazo izquierdo le abracé el cuello y con el derecho le hice cosquillas atrás de la orejas. Lo miré a los ojos y comencé a hablarle… que yo montaba a caballo desde los cinco años cuando me fracturé mi primer codo… que aún monto a caballo en los llanos… que prácticamente los conocía y quería desde siempre… que nos quedaba el tramo más difícil y peligroso y que de él dependía que llegara sano y salvo… que prometía no forzarlo y que le ayudaría en los pasos difíciles… seguía acariciándole y me miró fijamente, estoy seguro que me entendió todo.</p>
<div id="attachment_1466" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1466" title="Familia" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/familia.jpg" alt="Familia" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">La Familia: Luz Dari, Alberto Valenzuela, Juan Carlos y Lionel</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><span id="more-1456"></span></p>
<p>Ya tenía el pie en el estribo izquierdo y me dice Carlos: “Don Alberto, hasta el Avellanal las mulas cobran tanto, hasta aquí $30 000 de más, estamos?” ¡Que habilidad negociadora¡ No estaba en plan de negociar nada, me alojó y alimentó… ¡claro que acepté! La noche anterior no me concretó cifras y ya con el pie en el estribo, me dispara la cifra. Carlos debería estar presente en la negociación del TLC, ¡les daba tres vueltas a nuestros economistas¡</p>
<p>Y así, ya todo listo a las seis y treinta y cinco de la mañana del domingo 20 de enero, ¡rumbo a Siberia parte la caravana¡ Era un tropa de cuatro bestias enjalmadas. Punteando Luz Dari en “Copete” con Carlos Lionel retozando en su regazo, con el fiel Kaiser al lado. Seguía yo en “Pluma Roja”. Cerraba la formación Carlos en un caballo oscuro llevando de cabestro un pony con mi mochila. Cerramos el broche y arrancamos. “Despacito y buena letra” nos dice Carlos. Comienza un penoso ascenso por una trocha de herradura violenta. Acariciaba y le daba ánimos a Pluma Roja, atrás venía Carlos con las dos bestias de la cola, la suya y el pony con mi equipo.</p>
<p>La montaña me volvió a sonreír… recuperé la capacidad de asombro ante toda esa oferta de paisajes… “Mirad todos esos campos… que por nada nos ofrecen su extendida cosecha de belleza” como el verso de Aurelio Arturo. Estaba con buena compañía, subiendo paso a paso, con gente conocedora de la región. Carlos, con la seguridad de un conocedor del camino, nos ordenaba cuando apearnos y cabestrear las bestias. Era necesario hablarles constantemente, porque si no se pasman. Pero era una subida violenta y peligrosa y reconocí varios pasos difíciles. Lentamente entendí el colosal error de navegación que cometí involuntariamente por falta de señalización, en seguir hasta el río Ratoncito. Por esa misma ruta hace años tres caminantes de la Universidad Nacional se perdieron, dos de ellos llegaron a los 42 días a Tame Arauca y uno de ellos murió al vadear un río. El episodio fue documentado posteriormente por Discovery Channel.</p>
<p>Seguimos remontando, paso a paso, el penoso camino de herradura. Cada uno en silencio, absorto en sus pensamientos, unos de alegría, otros de tristeza… pero el común denominador era agradecimiento al Dios de los aventureros por la suerte de haber encontrado a Carlos Correa en su finca, “Dios protege a sus locos…” Llegamos al pie de una cascada majestuosa que acaricia una gran laja de piedra y que su vapor salpicado forma diminutos arcos iris.</p>
<p>-Aquí es la desviación para el Valle de los Cojines- me dice Carlos. Y ahí sí, hacia el verdadero sur, se veía el imponente valle y al fondo una pequeña media luna en la parte superior del boquerón, el Boquerón del Castillo… el cual yo busqué delirantemente por casi una semana. Contradiciendo una regla de la montaña, el camino más trillado era el que descendía al Río Ratoncito y yo le seguí. Seguramente me distraje, no elevé la vista a mi mano derecha y en esos momentos de “englobe” que tenemos en la montaña… simplemente seguí. Pero debería haber un letrero en esa “Ye” porque el caminito que desciende hacia el Valle de Los Cojines es en ese tramo casi imperceptible en comparación al más trillado. Muchos grupos de caminantes han cometido este error.</p>
<div id="attachment_1461" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1461" title="Subiendo al Boquerón de la Sierra" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/subiendolasierra.jpg" alt="Subiendo al Boquerón de la Sierra" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Subiendo al Boquerón de la Sierra</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Llega la caravana a Cueva Larga y nos bajamos de los caballos para que descansaran. Carlos no los dejaba tomar agua porque era demasiado fría. Reanudamos la marcha y reconocí todos los pasos. Llegamos al fin a La Laguna El Avellanal y solamente quedaba una carpa iglú y continuamos de largo. Y de nuevo el gran queso del Boquerón de la Sierra con su diminuta media luna esta vez desde su costado sur. Acaricié a “Pluma Roja” y le dije: -Ahora sí se nos pone la chicha de a peso-, pero el fuerte caballo criado en estas montañas remontaba de forma segura y ligera la morrena y culebreando a diestra y siniestra todos llegamos al Boquerón de la Sierra por su costado sur. Carlos nos ordenó bajarnos de las bestias y tomó algunas fotos y allá hacia el norte reconocí la morrena cerca de la Laguna de la Isla y la tenue cicatriz que era el camino que nos llevaría al siguiente Boquerón: el Alto de Frailes. La siguiente hora fue llevando las bestias al cabestro y solamente al final de esta pendiente nos subimos de nuevo y ya cuando estábamos bajando me dice Carlos: -allá vienen subiendo dos mulas…-</p>
<div id="attachment_1459" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1459" title="islaregreso" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/islaregreso.jpg" alt="islaregreso" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">Bajando a la Laguna de La Isla</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Continuamos otra media hora con el monótono bamboleo de las bestias, frenando a cada paso en bajada y de nuevo Carlos dice: -esa es Candonga, la mula de rescate de Parques y ese es mi hermano Pastor… no sé quién es el otro que viene atrás-</p>
<p>Lentamente las dos caravanas se fueron uniendo hasta que nos vimos con claridad los unos a los otros. Pastor el hermano de Carlos y el encargado de los rescates en la alta montaña me dio su mano derecha y yo le di mi izquierda y no la solté por varios segundos… en ese instante me desplomé y comencé a llorar… los hombres también saben llorar, reza un bolero… toda la angustia, tensión y cansancio acumulados por nueve días y el estar consciente que efectivamente se había desplegado una operación de rescate. Mis ángeles de la retaguardia no habían fallado.</p>
<div id="attachment_1465" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1465" title="Pastor Correa" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/pastorcorrea.jpg" alt="Pastor Correa" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">Alberto Valenzuela (izq) Pastor Correa (der)</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Yo venía ya bajando con Carlos pero si no lo hubiera encontrado, Pastor con Candonga me hubieran encontrado, posiblemente ese mismo día en algún punto entre el Río Ratoncito y Cueva Larga, subiendo muy despacio pero vivo y muy, muy cansado y débil. Como rescatistas expertos en la montaña estaban siguiendo la ruta perfecta.</p>
<p>A los pocos minutos detrás de una curva en el camino llega el otro jinete con una chompa de montañista color verde y lentamente se acerca al grupo. Claramente no era un paramuno sino Javier de la Cuadra, con quién había hablado fugazmente el La Laguna el Avellanal el domingo 13 de enero cuando lo conocí con su amigo Hugo y habíamos convenido un fugaz “santo y seña”; si yo no daba señales de vida el viernes 18 de enero Javier prendería las alarmas.</p>
<p>-Gusto en verlo porque yo temía lo peor… pero yo no me iba a ir de la montaña hasta encontrarlo- Le extendí una mano agradecida, la verdadera solidaridad del montanismo natural con humanismo, una breve conversación de montañistas al pie de la Laguna El Avellanal, un fugaz “santo y seña”, fue todo lo que pasó… pero fue suficiente.</p>
<p>Al ser sábado 19 de enero y ver que yo no aparecía, ni por norte ni por el sur, Javier se puso de acuerdo con Alfredo Correa y con Los Bomberos de Güicán, organizaron el inicio de la ORB (Operación de Rescate y Búsqueda). Ese sábado, Pastor y Javier llegaron a las tres de la mañana a la Parada de Romero donde ya estaban las mulas enjalmadas. Llevaban provisiones para tres días, porque según me confesó Javier después, temían lo peor.</p>
<p>Decidimos que yo me montara en Candonga y Pastor en Pluma Roja, para que llegara más rápido al Boquerón de Cardenillos donde había señal de celular y poder a avisar cuanto antes para detener lo operación de rescate desplegada por el Valle de Lagunillas y lo más importante: llamar a mi casa…</p>
<div id="attachment_1462" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1462 " title="Caravana" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/caravana.jpg" alt="Caravana" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">Caravana: Alberto, Juan Carlos, Luz Dari y Lionel</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Me regalaron unos enlatados que devoré y en un pradito más adelante todos nos bajamos y Luz Darí sacó una bolsa con la carne de cordero frito de la noche anterior, que yo devoraba con hambre canina. Poco a poco fui entendiendo toda la trama casi mágica que se estaba tejiendo mientras yo estaba angustiado muy adentro de la sierra por el Valle del Ratoncito… Me acordé de Rasputín y le comenté a Javier porque ese sí que necesitaba un rescate, si es que estaba vivo… -Parece que ya salió de la Sierra, por un punto llamado El Mosco-.</p>
<p>Ya Pastor se nos perdió de vista tragando kilómetros con Pluma Roja. Calculábamos que hacia las once de la mañana ya hubiera remontado Cardenillos y logrado comunicación telefónica. Seguimos la marcha, aunque ya habíamos coronado el paso más alto no se podía cantar victoria. Nos encontramos varios montañistas alemanes y polacos con deslumbrantes equipos de senderismo, sin la apariencia de un perdido sin patrocinio.</p>
<p>Comenzamos el último repecho, Candonga era más lenta y dura de silla que Pluma Roja… tenía que ucharla constantemente y agarrarme de la crin en las subidas empinadas. Atrás venía Javier cerrando la formación y tomando fotos… ¡yo era un perdido sin patrocinio pero con fotógrafo profesional a bordo!</p>
<p>Llegamos al Alto de Frailes; sólo nos restaba un boquerón para salir de la sierra, el de Cardenillos. Abajo, la Laguna Grande de los Verdes hacia honor a su nombre bajo el fuerte sol. Al llegar a su playa sólo allí Carlos permitió abrevar las bestias, el agua era menos gélida que los chorros que bajan directamente de los deshielos. Un leve viento erizaba las aguas, era un viento nor-oriente… el mismo viento que llega repotenciado al Lago de Tota que yo conocía tan bien… a unos 300 kilómetros al sur. Tanqueé mi cantimplora y me la rocié encima al estilo de la champaña de los corredores de autos… mi personal “pole-position”, el regreso a la vida, la victoria de una derrota. “La derrota tiene una especial dignidad que no tiene la ruidosa victoria”, como dijo Borges. De nuevo la caravana reanuda su andar subiendo por el lado derecho de la pendiente, totalmente distinto a la ruta que utilicé para bajar. Luego de varios zig-zags violentos llegamos al Alto de Cardenillos, la despedida oficial de la montaña. Seguimos bajando en silencio y Carlos se me acerca y pasa su celular para que yo pudiera hacer mi primera llamada a mi casa. Me contestaron, se me trabó la voz pero sin más detalles les dije que estaba bien… bien cansado y desgastado pero contento. Mi temor era que los de Parques hubieran llamado antes para dar una falsa alarma, pero como después me enteré los de Parques se enteraron por Javier y Alfredo que yo no llegaba. Si no fuera por ellos, la oficina de Parques ni se hubiera enterado de mi situación.</p>
<div id="attachment_1460" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1460 " title="Champana" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/champana.jpg" alt="Champana" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">&quot;Champaña para la Victoria&quot; sobre &quot;Candonga&quot;</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>A lo lejos divisamos la camioneta del Cuerpo de Bomberos de Güicán que Javier organizó para que nos esperara en la parada de Romero. Cubrimos el carreteable en una hora y nos bajamos con alivio y alegría cerca de la camioneta. Miré el reloj, gastamos ocho horas desde que coloqué el pie en el estribo de Pluma Roja, incluyendo las paradas. Por mi cuenta, hubiera gastado mínimo tres jornadas. ¿Cómo se les ocurre a las autoridades prohibir la entrada de caballos al parque?, si no es con caballos ¿cómo rescatan oportunamente a un caminante que, no era mi caso, estuviera malherido?</p>
<div id="attachment_1464" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1464" title="Bomberos" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/bomberos.jpg" alt="Bomberos" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">Los bomberos rescatistas de Güicán</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Bajé la mochila del pony y la pasé a la camioneta. Abracé con genuino afecto y agradecimiento por su serenidad y fortaleza en la dura jornada a Candonga, Carlos, Luz Dari, Kaiser y Carlos Lionel, que a sus ocho años ya se perfilaba como un fuerte paramuno.</p>
<p>Mientras tanto mi fotógrafo profesional documentaba la escena. Al arreglar cuentas con Carlos le di algo más para que les comprara, por mi cuenta, un bulto de melaza a Pluma Roja y a Candonga, ¡se la habían ganado!</p>
<p>Y le di la última mirada a la montaña. Atrás quedaba su silencio, sus muchos senderos y su irresponsable conciencia de poder. Desde este ángulo no se ven los glaciares sólo un camino casi bucólico, fácil y bien demarcado que va reptando por las colinas hasta llegar a Cardenillos. Fácil… es sólo seguir el más trillado. Fácil en apariencia… pero sólo en apariencia.</p>
<p>Posdata:</p>
<p>Esa tarde a las cinco llegamos al Cocuy y dejé la mochila en el hotel, donde ya estaban preocupados por mi ausencia. Javier fue a su hotel a descansar un poco, al fin de cuentas su jornada comenzó a las tres de la mañana y fue de unas diez horas en mula. Yo me fui con los dos bomberos de Güicán a la tienda Bellavista, a tomarme una anhelada cerveza. -Sírvame otro aguardiente Doña Rosario, que este primer trago me supo a gloria-, como el bambuco.</p>
<p>Como a las dos horas llegó la directora de la Cruz Roja para hacerme una evaluación física y sicológica. Ya iba en mi sexta cerveza y consideró que no era necesario, más bien se tomó una. Luego llegó Alfredo y se alegró mucho de verme -no todo el mundo ha aguantado lo que le tocó-, me dijo.</p>
<p>A la mañana siguiente, intentando reacoplarme a la realidad, me tocó acoplé a la fuerza porque me tenían la mala noticia que hacía una semana, cuando yo estaba acampando con Rasputín en las orillas del Ratoncito, el Lunes 14 de Enero, me pegaron un robo tremendo en la cabaña de Iza, como nunca me habían robado en la vida. Fue un robo con “sevicia y alevosía”. Me robaron lo que pudieron, menos mi equipo de montaña, hay que sacarle lo positivo a todo.</p>
<p>Mientras unos boyacenses me ayudaban otros me robaban descaradamente. El ying y el yang de la vida. Pero aun así sigo queriendo a Boyacá y su gente, pero con más reservas, cautela y prevención. Ese mismo día, lunes 21 de enero, fui hacia el mediodía a la oficina de Parques, fue una reunión patética donde queda palpable la ineptitud de sus funcionarios. Cuando le dije al director que si no fuera por Javier y Alfredo podrían pasar meses y ellos no tendrían ni idea de mi paradero, me contestó que la función de ellos no es rescatar caminantes, que eso le corresponde a la Defensa Civil. -Entonces los montañistas deben registrarse en la Defensa Civil y ustedes quédense en las oficinas cuidando osos- le dije.</p>
<p>Un guarda parques criado en la montaña me dijo que el boquerón al cual yo llegué se llama el Boquerón de Rancherías y la quebrada de las piedras coloradas se llama la quebrada Campohermoso. Él es de los pocos que han ido hasta allá y fue la ruta que siguieron los caminantes de la Nacional hace unos siete años, donde dos llegaron a Tame, Arauca a los 42 días y uno murió al ser arrastrado por un río crecido. Definitivamente perderse sin patrocinio en Colombia es un gran riesgo. La vuelta total de la sierra, cuando “no hay novedad en el frente”, es de unos 48 kilómetros. Según mi GPS yo caminé hasta la casa de Carlos Correa, sin contar el regreso en mula, 56 kilómetros.</p>
<p><span> </span>Todos los guarda parques quedaron en silencio. No soy el primero que sigue por el camino al río Ratoncito. Como quizás lo hubiese hecho mi bisabuelo José María Samper Brush, que en 1907 trajo el movimiento Boy-Scout a Colombia, junto con Javier diseñamos y dejé pago un letrero para que lo colocaran donde yo me desvié, porque la temporada aún no había terminado y otros podrían perderse. El director aceptó enfrente de 15 personas que yo me encargaba del letrero y ellos, los de Parques, en clavarlo en la montaña. El letrero estuvo listo en un tiempo record de seis días, en una carpintería del Cocuy. ¡Es el primer carpintero boyacense que me ha cumplido!</p>
<p><span> </span>Hace dos días hablé con Juan Carlos Correa ,acababa de llegar de la finca con su familia. La norma de no entrar bestias al parque se está cumpliendo, pero ellos, los paramunos no la están obedeciendo. Le mandé de regalo una lámpara de minero que compré en Sogamoso y una copia de la película “Tocando el Vacío”. La lámpara le fue especialmente útil. También me contó que a Rasputín lo vieron en la plaza de Güicán, inclusive lo han fotografiado, pero cuando ve ejército se repliega a la montaña. A Juan Carlos le “raqueteó” su cabaña, el ejército y Parques saben de la presencia de este peligroso personaje, pero no hacen nada. Le pregunté por el letrero… hace pocos días él repitió la ruta que hicimos juntos y después de 30 días de que el letrero estuviera listo, los de Parques Naturales aún no lo han instalado. Deben estar esperando a que se pierdan más caminantes. Porque a la mañana siguiente, a las cuatro, cuando ya estaba preparando mi regreso a Iza, en la recepción del hotel había una parejita de alemanes lista a su gran aventura al estilo Lonely Planet: “El Cocuy Trek”. Parecían Hansel y Gretel iniciando una caminada en los Alpes Suizos. Me inspiraron ternura. Sólo les dije: “Please be careful”.</p>
<p>Socaire, Iza</p>
<p>25 de Febrero 2013</p>
<p>ITINERARIO DE LA MONTAÑA:</p>
<p>1.<span> </span>Enero 9 miércoles: Kanwara- Romero</p>
<p>2.<span> </span>Enero 10 jueves: Romero-Verdes</p>
<p>3.<span> </span>Enero 11 viernes: Verdes-“Repisa delante de Frailes”</p>
<p>4.<span> </span>Enero 12 Sábado: Repisa- Morrena Laguna Isla</p>
<p>5.<span> </span>Enero 13 Domingo: Laguna Isla-Avellanal</p>
<p>6.<span> </span>Enero 14 Lunes: Avellanal- Ratoncito (Casa zinc) wrong turn.</p>
<p>7.<span> </span>Enero 15 Martes: Casa Zinc- Quebrada Campohermoso</p>
<p>8.<span> </span>Enero 16 Miércoles: Campohermoso-Valle Frailejones</p>
<p>9.<span> </span>Enero 17 Jueves: Valle Frailejones- Boquerón de Rancherías</p>
<p>10.<span> </span>Enero 18 Viernes: Boquerón Rancherías- Piedra Entreríos</p>
<p>11.<span> </span>Enero 19 Sábado: Piedra Entreríos- Carlos Correa</p>
<p>12.<span> </span>Enero 20 Domingo: Salida en mulas a Güicán</p>
<p>Alberto Valenzuela Rocha</p>
<div id="attachment_1458" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1458" title="El letrero" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/letrero.jpg" alt="Letrero" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">El Letrero Foto: Roberto Ariano</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>&#8220;El autor de la narración me informó que finalmente durante la primera semana de Marzo del 2013 el letrero fué clavado en el sendero que se aparta al Valle de Los Cojines abajo de Cueva Larga para que ningún otro grupo de caminantes cometa el error de seguir por el Río Ratoncito. Quedó colocado justo a tiempo para la temporada de Semana Santa, donde entraron a las Sierra muchos caminantes. Esto se logró gracias a los buenos oficios de los guardaparques Roberto Ariano y Pastor Correa.&#8221;</p>
<p><a href="http://ecoglobalexpeditions.com/">www.ecoglobalexpeditions.com</a></p>
<p><a href="http://ecoglobalexpeditions.com/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1469" title="www.ecoglobalexpeditions.com" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/05/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="www.ecoglobalexpeditions.com" width="150" height="150" /></a></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Perdido …y sin patrocinio! (tercera entrega)</title>
		<link>http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1442</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2013 04:27:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Cocuy]]></category>

		<category><![CDATA[-- Historias de Caminantes]]></category>

		<category><![CDATA[Perdido y sin patrocinio en el Cocuy]]></category>

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		<description><![CDATA[Lea aquí la primera entrega&#8230;
Lea aquí la segunda entrega&#8230;
Lea aquí la cuarta entrega&#8230;
Era jueves y si mañana no daba señales de vida, en teoría Javier prendía las alarmas. Eran dos ángeles de la retaguardia, Javier y Alfredo, los únicos dos seres humanos que tenían una noción aproximada de mi recorrido. El último que me vio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1413">primera entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1423">segunda entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1456">cuarta entrega&#8230;</a></p>
<p>Era jueves y si mañana no daba señales de vida, en teoría Javier prendía las alarmas. Eran dos ángeles de la retaguardia, Javier y Alfredo, los únicos dos seres humanos que tenían una noción aproximada de mi recorrido. El último que me vio fue Javier, abajo de Cueva Larga el lunes pasado. Pero como todos los ángeles podrían o no podrían existir.</p>
<p>Aún no me daba por vencido, me quité la mochila y baje varios cientos de metros boquerón abajo con el ánimo de encontrar un rastro, una sombra de una trilla, para lo cual cada día era más experto. Ahora el valle estaba cubierto por un manto de nubes, asemejando un lago espeso y denso que subía cuesta arriba y en cuestión de minutos dejaría sin visibilidad todo el Boquerón al cual bauticé el “Boquerón de las Pieles” porque a pocos metros de la cima había un cambuche con por lo menos cien cueros de oveja secándose.</p>
<div id="attachment_1444" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1444" title="Ovejas" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/ovejas.jpg" alt="Ovejas" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Ovejas de la Sierra</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p><span id="more-1442"></span></p>
<p>Me senté desolado encima de la mochila. Quería llorar de la desesperación pero ni eso podía. Son sorprendentes los actos estúpidos y casi ridículos que se hacen bajo presión. Fisiológicamente a mí la tensión me produce una sed rampante. Llevaba casi cuarenta minutos sin caminar, solo deambulando en la cima del boquerón, como un poseso… hablando solo, invocando a las almas que ya se fueron… y sin embargo la sed era tremenda. Pité con el pito de montaña, que ridiculez… quién diablos me oiría? Solamente me contestó una oveja con su lejano balido desde las profundidades del valle.</p>
<p>Saqué una copia de un diario de un caminante que publicó en Internet, donde día por día describía las etapas. Leyendo con calma la descripción del ascenso del Boquerón del Castillo, decía que en su ascenso habían varios mojones, que estaban bien señalizados, que había un letrero y que al pie de la bajada estaba La Laguna del Pañuelo. Y en ese momento, sólo en ese momento, acepté que estaba equivocado, perdido hace cuatro días, que mi delirio de buscar el sur, el Dorado del sur, fue una total y rotunda equivocación. Luego fui presa de una extraña euforia, la euforia de la derrota y la absoluta certeza, más allá de cualquier sombra de duda, que estaba perdido. Una euforia que me inyectó una oleada de vigor indescriptible ya a las seis de la tarde. Armé la carpa en un tiempo record, en el punto más alto de Boquerón cerca de unos tímidos descoles de agua. Ya no tenía que engañarme con un mapa inútil ni hablarle a la brújula, es más rompí el mapa y lo arroje al viento… ya tenía clara y definida la única misión precisa que tenía en cinco días: DEVOLVERME CUANTO ANTES. Ya no era jugar al niño explorador buscando un quimérico sur y el espejismo de un boquerón, ni formular teorías geográficas para autoconvencerme. Mañana cuando levantara el campamento era la primera vez en cinco días que a las ocho de la mañana tendría absolutamente claro lo que tendría que hacer, sin titubeos ni vacilaciones.</p>
<div id="attachment_1443" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1443" title="Valle de Los Cojines" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/vallecojinesdesdecastillo.jpg" alt="Valle de Los Cojines" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Valle de los Cojines desde el Boquerón del Castillo</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>La montaña en ese instante se convirtió en un campo de batalla y yo en el estratega para vencer y regresar. Era una batalla de tú a tú, un Quijote contra los molinos. Inventarié las provisiones: medio lomo de trucha, tortillas integrales, cereal, leche en polvo, panela, barras de cereal y maní. Para unos dos días, calculé. ¿Estaba herido? No. ¿Tenía miedo y angustia? Sí. ¿Me sentía bien físicamente? Sí. ¿El equipo está respondiendo? Sí. Entonces, ¿cuál es el problema? Me preguntaba. Y bastante animado, casi eufórico, me enrosqué en el saco de dormir en el lugar más expuesto y alto en una semana en la sierra. No podía dormir por una extraña alegría de estar perdido, por la emoción de haber sido derrotado en franca lid… libré una batalla de cinco días.</p>
<p>Por lo menos era una certeza con la cual contar en casi una semana de devaneos geográficos. Tuve que colocarme toda la ropa que tenía en capas porque el congelamiento era inminente, pero mi fiel carpa aguantaba los embates del viento. Prendí el viejo transistor y exactamente a la diez de la noche del Jueves 17 de Enero del 2013, la cadena Caracol transmitía en directo vía teléfono satelital al montañista discapacitado Nelson Cardona hablando con el presidente de la república: “Señor presidente, aquí le habla Nelson Cardona desde la cima del Monte Vison en la Antártida… para que vea lo que los colombianos somos capaces, y aquí está ondeando el pabellón tricolor, al regreso a casa le haremos una visita personal a Palacio”. El presidente le contestó. ¡Nelson desde la Antártida hablando con el presidente en Bogotá y yo escuchándolos a 4.500 metros de altitud en una carpa en algún lugar de la sierra del Cocuy! Con lágrimas de emoción, como un mensaje divino, una inyección de ánimo como colombiano: yo podía e iba a regresar sano y salvo. Si Nelson Cardona era colombiano pues yo también. Si él llegó al Monte Vison con un pie artificial pues yo, con todo completo, regresaría a Güicán así sea arrastrándome. También me acordé de aquella tremenda película basada en hechos reales: “Tocando el Vacío”, que todo montañista ha visto y que narra la increíble historia de dos montañistas salvajes ingleses escalando el Siula Grande en el Perú, donde uno de ellos con una rodilla hecha pedazos, ya dado por muerto, regresa al campamento base, literalmente arrastrándose.</p>
<p>Y en esta íntima confesión de alegrarme que estaba perdido, me di cuenta de mi verdadero status: ¡perdido y … sin patrocinio! Y además completamente solo… como Jeofat en el desierto del Negev o Moisés en el Monte Sinaí.</p>
<p>Nelson tenía un patrocinio el verraco: teléfono satelital, rastreo geográfico en tiempo real, cámara satelital, uniforme, como siete compañeros de expedición, tricolor abordo, full equipo y provisiones, apoyo en tierra, campamento base, transporte garantizado, página de amigos en Facebook, Twitter, pagina web… en fin, en todo lo que se ha convertido el montañismo moderno: una gran logística comercial y de mercadeo y farándula, con debida y costosa difusión en los medios, con delicados cálculos costo-beneficio, estratégicas ruedas de prensa antes y después, contratos publicitarios, entrevistas por televisión, etc…</p>
<p>Yo en cambio, era un “pobre huevón” que quien sabe cuándo siguió por un camino equivocado y llevaba casi una semana deambulando por unos caminos solitarios donde dos, solamente dos personas en todo el planeta, mis ángeles de la retaguardia: Alfredo y Javier, sabían o tenían una noción de donde yo podría estar. Mis “hombres en Estambul” ¡Qué diferencia!</p>
<p>Al fin amaneció y como el Quijote: estaba listo a librar “fiera y desigual batalla” con el orgullo de saber que era un perdido sin patrocino, con este nuevo rango de batalla que me auto-condecoré. Me acomodé la raída mochila y el cortavientos viejo que deberían parecer del lejos como “una bandera a la permanente derrota”… tal como la vela del Viejo y el Mar. Desde lo alto del “Boquerón de las Pieles” con los binóculos planeé la estrategia de la primera batalla del día: descender este boquerón por una ruta más corta y menos desgastante que la del día anterior. Debería rodear un gran bosque de frailejones y buscar la bajada sin tener que escalar la morrena, donde un águila de páramo voló para mí. Así lo hice y con pasos rápidos y vigorosos pasé por el lado derecho de la “Laguna del Engaño”. Ya había afinado la vista para detectar los caminos más cortos y hasta cierto punto le había perdido respeto y miedo a la montaña. Al fin de cuentas era una batalla, no una caminata ecoturística o amigable ambientalmente. Llegué al fondo del camino que había recorrido la mañana anterior y desde un alto vi el “oasis del arca de Noé”, lo alineé con la brújula y marqué su rumbo. Reconocí el trayecto, bajé por el sendero y llegué al lugar donde había acampado. En lugar de irme por todo el centro de ese vallecito agreste y cenagoso, lo vadeé por su margen derecha, donde había un sendero trillado por el ganado y al fin llegué al arca de Noé, con los mismos caballos, ovejas, vacas y mulas y la misma casa sin Noé… Miré el reloj y supe que gasté sólo dos horas desde el boquerón. Crucé el puente de cemento, que lo recordaba muy bien, y seguí la trilla del ganado, me alcancé a confundir un par de minutos, pero la quebrada era mi guía, siempre a su margen izquierda. Ahora sólo me interesaba el norte del regreso, no el sur del engaño.</p>
<p>Ya bien adelante reconocí la inmensa cicatriz geológica entre dos lomos de montaña, y después de subirla vi la inmensa piedra “entre-ríos”. Desde ese punto marqué su rumbo en la brújula para luego vadear con cuidado los dos brazuelos hasta quedar de nuevo en la gran cuña que se formaban en su medio y seguí mi rastro. Para a eso de las cuatro y media estaba al pie de la gran piedra negra. En una jornada fuerte de siete horas, cubrí el trayecto que a la ida gasté dos días. El tiempo estaba cambiando y una bruma espesa y traicionera comenzó a invadir el lugar. Sin titubeos monté campamento y con los últimos rayos de luz traté de identificar el camino que había recorrido hacía cuatro días. Rezaba para que a la mañana siguiente la montaña me mandara alguna señal. La gran piedra daba algo de seguridad, por lo menos mentalmente. Y antes de acostarme, como una señal que estaba esperando, apareció en el firmamento la cruz del sur con sus cuatro estrellas, orgullosa y apartada, exactamente por donde yo había arrancado aquella mañana. En su eje mayor, el vertical, las estrellas son Gacrux y Acrux y en su eje menor, el horizontal, son Hadar y Rigil Kentaurus.</p>
<div id="attachment_1445" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1445" title="Bruma" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/bruma.jpg" alt="Bruma" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Bruma en la Sierra</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Había ganado la primera batalla pero ya era Viernes 18 de Enero y si Javier cumplía su fugaz promesa de montañista con sentido común, ya había prendido las alarmas. El día siguiente era decisivo, si no encontraba a alguien ya la situación podría volverse impredecible y azarosa. ¿Cómo se organizaba un rescate? ¿Quién lo coordina? ¿Por dónde comienzan, por el norte o por el sur? Con todas esas dudas acechando y muy intranquilo traté de dormir.</p>
<p>Ya en este momento no tenía miedo, ni dolor, ni angustia, sino un sentimiento muy humano: simplemente hartera y aburrimiento. Qué hartera tener que volver a armar y desarmar la carpa, enrollar y desenrollar el saco de dormir, qué hartera dormir a pedazos, qué aburrimiento de día… volver a volear pata mínimo ocho horas, tomar agua, picar maní y barras de cereal, mirar la brújula… ya le había perdido todo el encanto a la montaña… la curva anímica estaba en su mínimo, pero tenía que seguir porque simplemente no había llegado todavía a ningún lugar, hasta ahora solamente recorrí mis pasos. La emoción de una aventura se redujo a la obligación de regresar vivo.</p>
<p>Como oyendo mis plegarias, muy temprano salí de la carpa y entre dos filos de montaña, como un diamante gigante y brillante, la cima del Ritacuba Blanco al pie de la Laguna Avellanal. Marqué su rumbo con la brújula, hábito que se me estaba convirtiendo en un reflejo incondicionado. Perfectamente al norte de la estrella del sur. Tenía solamente las sandalias y la ropa con que dormí y me escalofrié con la fría mañana y evalué mi posición geográfica. Ya era sábado y si se había organizado una operación de rescate hoy comenzaría. Miré hacia el norte y por el mismo costado de la quebrada donde estaba mi carpa detecté un leve rastro de camino que remontaba una cima sin vadear la quebrada, que fue lo que hice hace seis días en mi delirante búsqueda del sur equivocado. Fue cuando me encontré con Rasputín dibujando los perfiles de la Sierra. ¿Qué será de Rasputín? Me pregunté. Afortunadamente nadie me contestó.</p>
<div id="attachment_1448" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img class="size-full wp-image-1448" title="En la carpa" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/enlacarpa2.jpg" alt="En la carpa" width="450" height="600" /><p class="wp-caption-text">En la carpa</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>En sandalias decidí seguir por ese camino. Efectivamente era un camino trillado con subidas y bajadas pero tenía el pálpito que me permitiría remontar la garganta de la quebrada y llegar al valle donde estaba la casa de zinc que Rasputín asaltó. Si esto fuera así me evitaba devolverme por el otro sendero confuso y largo que había recorrido días antes. Pero si no se podía, por ejemplo por una cascada o un precipicio, significaba devolverme. Seguí caminando en sandalias y ya la carpa era un diminuto punto rojo contrastando con la gran piedra negra. No perdía las esperanzas de ver algún caminante. Ese camino descendía a un pequeño valle para luego seguir por unos matorrales. Paré un momento, ya había perdido de vista la piedra negra. Si el camino me permitía llegar al valle, ¡aleluya! Pero si no, significaba regresar y buscar el camino original y posiblemente ya sería demasiado tarde en el día.</p>
<p>Una voz muy adentro y muy clara me decía: “Hágale Alberto, mándese por aquí… póngale fe maestro… pa’lante casanareño” Era el todo por el todo y me la jugué. Regresé eufórico hacia el campamento, como si hubiese encontrado un tesoro. El sol aún no lograba invadir ni calentar mi campamento y decidí tomármela con calma porque la decisión estaba en firme. Lentamente me preparé un buen y último desayuno porque sólo me quedaba un pedazo de panela. Ya el sol caía sobre la carpa y aproveché para secar todo el equipo y la ropa. Hacía nueve días no me bañaba, me quité la ropa que me cubría el torso y con las gélidas aguas me bañé el torso y la cabeza… reconfortante. Me acordé de una película llamada El Salario del Miedo donde a tres convictos franceses en Afganistán les prometen la libertad si consiguen transportar en tres camiones una carga de dinamita por unos caminos peligrosísimos. Con cada bamboleo del camión se corría el riesgo de que explotara. Llevaban varios días por las trochas y uno de los camioneros se orilla cerca de una quebrada para afeitarse. Sus dos compañeros le preguntan por qué se afeita y les contesta: ”Para llegar limpio a la eternidad”. A la siguiente curva explotó el camión. Si algo pasaba y me encontraban, que por lo menos yo estuviera medio bañado.</p>
<p>Era tarde, tardísimo para mis horarios de la montaña: diez y media. Si este camino no servía estaría de regreso en la piedra negra a las dos o tres de la tarde y solamente hasta mañana podría buscar la ruta alterna y ya sería Domingo.</p>
<p>Con fortaleza, serenidad y actitud positiva comencé mi apuesta contra la montaña. En 45 minutos llegué hasta donde había caminado en sandalias y crucé el pequeño pastizal. El camino siguió y era cada vez más trillado con bosque alto-andino a lado y lado.  Cruzando varios riachuelos vi un sobre viejo de Frutiño, bebida muy usada por los paramunos y allá en la distancia vi una mancha anaranjada en medio de la maleza. Con los binóculos vi que era el techo de zinc oxidado de la casa que Rasputín asaltó hace siete noches. Faltaba aún un buen tramo pero todo indicaba que esta trocha me llevaría sin problema y efectivamente al poco tiempo llegué al pie del corral de piedra. Lo había logrado, le gané la apuesta a la montaña y ya estaba al otro lado del valle… era mediodía, sorpresivamente muy buen rendimiento y cada vez más cerca, como sonriéndome, la imponente cima del Ritacuba Blanco. No tenía con quien celebrar, pero como decía Serrat: “quien habla solo espera hablar con Dios algún día”.</p>
<p>El ánimo estaba volando pero los huesitos y la carnita no tanto. Una cosa era llegar al valle y otra distinta subir a la Laguna Avellanal, por lo menos ochocientos metros de desnivel. Por lo menos dos jornadas, calculé. Los escaladores ya se habrían ido, por lo tanto no habría arrieros con mulas. Remontar el violento Boquerón de la Sierra y llegar a la Laguna Grande de los Verdes, luego a Cardenillos y Kanwara. Con un pedazo de panela y agua. Total cuatro jornadas como mínimo. No era un caso de muerte, era simple cansancio orgánico y muscular de un organismo con 54 ruedas a cuestas, sería un proceso más mental que físico, sería la obligación irreductible de regresar, no habría goce ni disfrute, sería el reflejo incondicionado de sobrevivencia, “de nueve a cuatro a mi paso”.</p>
<p>Vadeé por la quebrada que cruzó Rasputín furtivamente y siguiendo por la margen derecha de la quebrada comencé mi aproximación a las faldas del Ritacuba. Cada 45 minutos tenía que bajarme la mochila para aliviar la espalda. Saqué el último lomo de trucha con un pedazo de tortilla, porque el hambre era atroz. Bordeaba el valle, luego volvía al cauce del río y así avanzaba ya navegando por instrumentos sin mayor motivación salvo continuar y que el destino barajara sus cartas: “Cambio mi vida, juego mi vida… de todos modos la llevo perdida”.</p>
<p>Una monótona hartera que se repetía cada día. Un sentido de vacío y de cierto complejo de culpa de estar haciendo el ridículo ante mí mismo y ante mi familia, mis hermanos, mi mamá… ¡el niño explorador del 54 años que nunca creció perdido en unas montañas de mierda hace una semana! Mi angustia no era por mí, sino por lo que los míos estarían sufriendo por mi culpa.</p>
<p>Absorto en estos lúgubres y corrosivos pensamientos reconocí el cultivo de cebollas en un corral cerca de la casa de paja abandonada que había pasado hacia ocho días. Y en su jardín vi ¡ropa colgando al sol! ¡No puede ser, hay gente! Grité con todas mis fuerzas y salió un gran perro negro y grande y de la penumbra de la casa y un campesino boyacense con sombrero negro alón, machete en mano… ¡en ese instante supe que estaba a salvo!</p>
<p>Hacía nueve días no veía ni hablaba con un ser humano, llevaba un monólogo demasiado largo… mi único interlocutor era la brújula. Luego salieron una mujer y un pequeño niño. Dejé la mochila debajo del techo, me senté sobre una piedra y les pedí un plato de comida caliente… Aún no lo creía y comencé a hablar -más que un perdido cuando aparece- con Juan Carlos Correa el dueño de la finca. Mientras tanto Luz Dari su mujer preparaba el almuerzo y Carlos Lionel el hijito retozaba con Kaiser el perro negro que me venteó.</p>
<p>Era sábado 19 de enero pasadas las dos de la tarde y le pregunté si había escuchado de una operación de rescate planeándose. “No, mi hermano Pastor trabaja en Parques y ya me hubiera informado”. Sin embargo Carlos sintonizó una emisora del Cocuy por si escuchábamos alguna novedad.</p>
<p>-El Lunes pasado-, continuó Juan Carlos, -yo bajaba con la familia a la finca a eso de las tres de la tarde con todo empacado para quedarme unos quince días y debajo de Cueva Larga un caminante subía y me dijo que un loco había bajado por el camino equivocado, que si lo encontraba le dijera que tenía que devolverse. Cuando llegué a la finca ya era tarde pero al siguiente día madrugué para seguir su rastro don Alberto, pero cuando llegué ya se había ido-. Pensé que el “loco” era Rasputín. -Juan Carlos, yo tengo cara de loco? -No, no tiene cara de loco-. -Entonces ese loco debe ser un peruano con facha de indigente que anda trasteando un costal- le dije.</p>
<p>-No porque yo no me lo encontré y el caminante me dijo que el loco tenía una chompa roja-. Comenzaba a entender la película, con seguridad el caminante era Javier que vio que yo me desvié por donde no era, trató de alcanzarme pero no pudo. Subiendo de nuevo al Avellanal se encontró con Juan Carlos y le recomendó que buscara a un loco que había bajado por la trilla equivocada. Y Juan Carlos siguió mi rastro el martes pero cuando llegó yo ya había remontado la colina y estaba al otro extremo del valle, cuando me encontré con el artista Rasputín. Juan Carlos es pastor de ovejas y es capaz de seguirle el rastro a una oveja que lleva dos días perdida en la montaña y encontrarla. Entonces se devolvió a su cabaña y se olvidó del “loco”, pero con la tranquilidad de conciencia del buen samaritano, del montañero genuinamente bueno, de intentar ayudar a un caminante que tomó el camino equivocado.</p>
<p>Luz Dari me trajo un platado de caldo de papa con carne de cordero, comencé a comer con modales de camionero naufrago, era la primera comida realmente buena en nueve días. Afortunadamente mi mamá no me estaba viendo. Le pregunté a Carlos si él creía en milagros. -¿Por casualidad tiene una cerveza?- No la tenía: dos milagros en un solo día era mucho pedir.</p>
<p>-Luz Dari, usted tiene un lindo rostro boyacense-, lo cual era cierto y se sonrojó. -Yo tengo buenas bestias, mañana lo pongo en Güicán en ocho o nueve horas máximo- me dijo Carlos. -Claro, mañana salimos, antes de que comience un rescate… y para avisar a los míos que estoy bien… ¿cuánto vale? le dije. -Tranquilo, don Alberto… eso lo arreglamos- me sonrío con malicia indígena.</p>
<p>Hablamos de muchos temas, su historia personal, la relación con Parques la cual no estaba en su mejor momento por una orden perentoria de Parques que a partir del 1 de febrero se prohibía la entrada de caballos al parque natural. Los caballos y las mulas, es decir el acarreo de turistas y cargas por diferentes rutas constituye una importante fuente de ingresos para las familias paramunas. Juan Carlos es guía y porteador certificado por Parques y tiene bastantes “bestias”, ovejas y ganado.</p>
<p>-Juan, yo no encontré los famosos cojines, ¿será que se secaron en toda la quebrada El Avellanal? ¿Dónde quedan? yo caminé, la recorrí toda hasta la casa de piedra y no ví los cojines- le dije.</p>
<p>-¿Cuál quebrada Avellanal?- me contestó. -Pues ésta, por la que yo llegué a su casa- le dije. -No, ésta no es la quebrada El Avellanal, éste es el río Ratoncito, la desviación para el Valle de los Cojines queda debajo de la cascada después de Cueva Larga-.</p>
<div id="attachment_1449" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1449" title="Cascada Ratoncito" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/ratoncito.jpg" alt="Cascada Ratoncito" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Cascada del río Ratoncito</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Ahí lo comprendí todo, mi confusión geográfica, la difícil interpretación del mapa, mis descabellados delirios y auto-engaños de orientación, mi obstinada búsqueda del sur… ¡Con razón! Exactamente como estar cinco días sobre la carrera séptima, buscando una dirección de La Caracas, jurando que estaba en La Caracas. ¡Nada podría cuadrar!</p>
<p><a href="http://ecoglobalexpeditions.com/">www.ecoglobalexpeditions.com</a></p>
<p><a href="http://ecoglobalexpeditions.com/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1471" title="www.ecoblobalexpeditions.com" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="www.ecoblobalexpeditions.com" width="150" height="150" /></a></p>
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		<title>Perdido &#8230;y sin patrocinio! (segunda entrega)</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 20:03:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Cocuy]]></category>

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		<description><![CDATA[Lea aquí la primera entrega&#8230;
Lea aquí la tercera entrega&#8230;
Lea aquí la cuarta entrega&#8230;
Fue una noche en que me recosté varias horas pero dormí muy poco, preludio a las noches por venir. Sin embargo, ya más descansado y con los primeros rayos de luz, identifiqué el camino de ayer que unos pequeños mojones iban señalando. Subí desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1413">primera entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1442">tercera entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1456">cuarta entrega&#8230;</a></p>
<p>Fue una noche en que me recosté varias horas pero dormí muy poco, preludio a las noches por venir. Sin embargo, ya más descansado y con los primeros rayos de luz, identifiqué el camino de ayer que unos pequeños mojones iban señalando. Subí desde la terraza donde acampé, como persiguiendo huellas de un animal furtivo seguí los mojoncitos y sí… encontré el trazo del camino que remontaba toda esa morrena hasta el Boquerón de la Sierra. Caminaba a un ritmo lento, descansaba, un sorbo de agua muy medido… y poco a poco subía la inmensa tajada de queso buscando la diminuta media luna… el último repecho es muy inclinado y observé los perfiles de unos caminantes en la cima del boquerón. Eran los intrépidos fotógrafos extranjeros de la lujosa camioneta que llegó a la Parada de Romero cuando yo comenzaba.</p>
<div id="attachment_1425" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1425" title="Boquerón de la Sierra" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/boquerondelasierra.jpg" alt="Boquerón de la Sierra" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Boquerón de la Sierra</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p><span id="more-1423"></span></p>
<p>Finalmente llegué… un mojón muy alto y el letrero… 4.650 metros de altitud, era el paso más alto de la sierra. Si hubiese decidido continuar ayer por la tarde, el descenso por la morrena hasta la Laguna el Avellanal hubiera sido casi a oscuras y sin agua. El sendero baja por una morrena inestable y paso a paso llegué a las orillas de la laguna. Ya en sus orillas habían dos carpas grandes tipo iglú. Descargué mi morral y siendo temprano, antes del mediodía completando ya cuatro noches, decidí no seguir más por ese día e instalé la carpa en un círculo que caminantes anteriores habían hecho con piedras. Me merecía una buena sopa caliente y un pedazo de trucha…</p>
<div id="attachment_1426" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1426" title="Laguna del Avellanal" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/avellanaldesdelasierra.jpg" alt="Laguna del Avellanal" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Laguna del Avellanal desde el Boquerón de La Sierra</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>El entorno paisajístico es sobrecogedor. La pared norte del Ritacuba Blanco, la pared de escalada natural más grande de Colombia y los picos vecinos el Ritacuba Norte y el Negro. Los escaladores denominan esta parte el “Cañón de los Cóndores”. El azul casi artificial contrastando con el fulgor de las nieves perpetuas. Podría haber continuado hasta Cueva Larga a una hora de camino pero decidí que esta etapa fuera relajada… ya no tenía la angustia de la noche anterior, había remontado el paso más alto de vuelta y ya no había marcha atrás… era llegar o llegar, pero la montaña te da sorpresas, sorpresas te da la montaña.</p>
<div id="attachment_1427" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1427 " title="Campamento en la Laguna del Avellanal" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/campamentoavellanal.jpg" alt="campamentoavellanal" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Campamento en la Laguna del Avellanal</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>La carpa iglú era el campamento base de unos conocidos escaladores quienes transportan todo en mulas y se instalan unas dos semanas, para escalar la pared norte del Ritacuba. Transcurrió perezosamente la tarde, traté de medio bañarme la cara en la laguna mientras caminaba por sus orillas viendo reflejadas en sus aguas los picos que la rodeaban. El inevitable ocio productivo que induce la montaña, donde las tareas cotidianas se absorben el tiempo… instalé la carpa, limpié su piso para desenrollar el saco de dormir, ordené las provisiones, preparé la estufa y las ollas… la simple cotidianeidad de un caminante en su montaña. Cerca del iglú de los escaladores un caminante instaló una raída carpa azul. Se llamaba François y era francés y también estaba haciendo la vuelta en mi mismo sentido. Pero en la montaña se respeta la autonomía que es distinto a la soledad. Quien camina solo es porque así lo quiere, así lo disfruta. Simplemente le dije a François que íbamos en el mismo sentido y que mañana, posiblemente nos encontraríamos durante el recorrido. Con uno de los escaladores preparamos una gran ollada de agua de panela, yo agregué varios sobres de mate de coca y con François nos quedamos hablando sobre sus viajes por Colombia, guiado por la infalible biblia de los mochileros extranjeros: La guía Lonely Planet donde se descifra el “gringo trail” o ruta de los gringos… el rosario de sus paradas típicas: Salento, Villa de Leyva, Barichara, San Gil, etc… y para mi espanto ya estaba incluido el “Cocuy-Guican trek”.</p>
<div id="attachment_1428" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1428 " title="Pared del Ritacuba Blanco" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/paredritacuba.jpg" alt="paredritacuba" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Pared del Ritacuba Blanco</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Y así pasó casi toda la tarde y a eso de las cuatro aparecieron en el campamento otros dos montañistas, bastante más jóvenes que yo. Nos saludamos con la fría pero cordial manera de dos extraños que se conocen en un lugar, pero que con el sólo hecho de encontrarse en estas montañas, ya tienen algo en común. Les sugerí que colocaran su carpa a pocos metros de la mía.</p>
<p>Venían dando la vuelta en sentido contrario, según me dijeron, y tuvieron la energía para escalar el Pan de Azúcar cerca del Púlpito del Diablo, por el extremo sur de la sierra. Javier, uno de ellos que después de varios días en la montaña tenía la apariencia de árabe andariego, me pregunta: “Hace cuanto que es montañista?” “No Javier, yo no soy montañista… montañistas son ustedes… que escalan el Pan de Azúcar y tiene la energía para dar toda la vuelta… yo he subido al Tolima, al Pan de Azúcar, al Ruiz pero en grupos organizados… yo simplemente soy un caminante de las montañas”. Y así comenzó una espontánea conversación del porqué estábamos en estas montañas. Javier tenía una potente cámara, era un fotógrafo free-lance, guía profesional de montaña, exalumno de Colegio Champagnat y estaba produciendo un video de las historias de vida que el azar le lanzara durante el recorrido. Yo le comenté que en diciembre le había dicho a mi mamá que a los 54 años de vida la expresión -año entrante- no existe y que tras aplazar varios años este sendero, la vuelta a la sierra, este año sí lo iba a hacer y punto. Y ella me había contestado: “Me parece muy bien, mijo”.</p>
<p>Como Javier era fotógrafo comprometido madrugó mucho la mañana siguiente para captar los reflejos de las montañas sobre la superficie estática y helada de la Laguna. “Buenos días Alberto… ayer lo oí toser bastante… está bien?” Efectivamente desde el 2 de enero tuve un comienzo de gripa en Iza, pero ya estaba más o menos bien. Ellos se iban a quedar todo ese día tomado fotos para continuar al otro día hacia Guicán. Me dieron información muy valiosa del camino que me encontraría hacia adelante, explicándome etapa por etapa. La innata generosidad de un montañista. Era domingo 13 de enero y Javier me dice: Alberto, el jueves llega adonde los Herrera. “Deme un día de gabela, si el viernes no llego prenda las alarmas”, le contesté. “Y nos emborrachamos en el Cocuy el sábado”. Va pa’esa. Javier era muy amigo de Alfredo Correa, el guía que me dejó en las cabañas y estaba alojado en su casa. Dos personas que se conocían entre sí, el azar me los puso en mi camino. Y sabían de forma distinta cual era mi ruta en la montaña.</p>
<p>François el francés ya había tomado su camino y yo ya tenía el morral acomodado, a “son de mar, listo para zarpar”, cuando aparece deambulando por el campamento un extraño personaje, de carpa en carpa. Se nos acercó a pedir comida y Javier le dio dos sobres de sopa. Desarrapado, sucio, una desordenada melena, hablador y pulseando sobre el hombro un costal. No podía ser montañista y no nos dimos cuenta por cual lado apareció súbitamente. Podía ser Da Vinci, Kant, Sócrates o Mozart por dentro, pero por fuera tenía empaque de indigente. Y olor. Lo bauticé Rasputín y era peruano pero nacido en Bolivia, o al revés. Este Rasputín aymara llevaba deambulando por la sierra completamente solo con su costal a cuestas varios días. Javier había oído hablar de él, por los lados del Valle de Lagunillas. Decía que era artista y a todos les mostraba sus bocetos en un cuaderno. Con espanto pensé que tendría que aguantármelo los cuatro días restantes hasta el Cocuy, porque iba en el mismo sentido. Era impertinente, hablador y desesperante. Mendigando comida siempre. ”Javier, distráigalo y demórelo aquí porque yo no me aguanto a este personaje atrás mío por cinco días”. “Hágale, fresco!” Y mientras Javier hablaba con Rasputín, remonté un pequeño alto atrás del campamento, encontré el sendero y dándole la espalda al Ritacuba Blanco, emprendí el camino hacia el siguiente paso de la sierra, el Boquerón del Castillo. “Por la tarde, Alberto, usted remonta el Boquerón del Castillo y a las tres baja a la Laguna del Pañuelo para acampar allí”, fueron sus últimas palabras mientras el artista Rasputín le mostraba sus bocetos.</p>
<p>En la montaña siempre hay que seguir el sendero más trillado, dicen los antiguos. Aquí, después del Avellanal y rumbo a Cueva Larga, es en mi sentir el primer sorbo directo o corrientazo de la sensación de estar en la Sierra Nevada. No hay marcha atrás y el sendero se va adivinando a la derecha de la quebrada Avellanal. Hay más vegetación, el bosque andino ameniza la jornada, no las morrenas áridas y agrestes del tramo anterior. Siga el camino más trillado… me decía. Después de una hora de marcha llegué a Cueva Larga, donde un gran espolón de roca forma un techo oblicuo, ideal para acampar. Los tunebos lo usan como una parada obligatoria. Ya bien abajo llegan Javier y Hugo, que sin equipo bajaban como gacelas. Aprovecharon la jornada de descanso para fotografiar con toda la calma las cascadas que se forman, descolgándose de los descoles de la Laguna Avellanal. Recuerdo que subía otro grupo de caminantes. Javier tomaba fotos, avanzaba, seguía. Me confirmó que Rasputín se había quedado en el campamento de los escaladores. Ya podrían ser las once de la mañana y en un momento de distracción no volví a ver a Javier.</p>
<div id="attachment_1429" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1429 " title="Cueva Larga" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/cuevalarga.jpg" alt="cuevalarga" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Cueva Larga</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Seguí en mi cuento por el camino más trillado, siguiendo el rumbo de la cascada. El camino era cada vez más empinado hacia abajo. Se llega a un tramo completamente erosionado, donde tocaba vadear la quebrada varias veces. Me quité el cortavientos por el calor de la media mañana. La bajada termina para dar paso a un valle surcado por la quebrada, con rastrojo a lado y lado. ”El Valle de los Cojines” me dije, pero la verdad no veía los mentados cojines. Decidí buscar el rumbo por la margen izquierda aguas abajo y veo una casa de paja en medio de un corral de piedra. Grité pero no había un alma. Tenían un pequeño cultivo de cebolla larga y mordisqueé unas hojas. A las dos horas llegué al otro extremo de este valle y la quebrada se perdía en medio de una garganta de piedra, como el cuello de una botella. Debía franquearla para seguir el rumbo de la quebrada aguas abajo. Había dos opciones. Por la derecha había otra casa de pastores de techo de zinc con corral pero sin gente. Me baje el morral e inspeccioné el bosque atrás de la casa pero no encontré rastro. Luego vadeé el río para intentar por el lado izquierdo, volví a bajarme el morral y estaba vez exploré la quebrada aguas abajo por la margen izquierda con la mira de franquear el estrecho paso. Pero la quebrada se cerraba más entre las rocas, hasta formarse una pequeña cascada. No, este no es el camino me decía. Ya eran las cinco de la tarde y vi una delatora cicatriz en medio de los matorrales que subía hacia la izquierda y pensando con el deseo me dije: esta trochita me permitiría sobrepasar la cascada para seguir el camino… y decidí armar la carpa un poco confundido porque Javier no me describió este cuello de botella, al contrario me dijo que “por copas” yo estaría a las tres en La Laguna del Pañuelo, al otro lado del Boquerón del Castillo. Y ya eran casi las cinco. Ya estaba cerrando la carpa, cuando entre claro y oscuro llega Rasputín, como una aparición, con su costal a cuestas.</p>
<div id="attachment_1430" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1430 " title="Cascada Quebrada Avellanal" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/cascadaavellanal.jpg" alt="cascadaavellanal" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Cascada Quebrada Avellanal</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Quedé paralizado de la sorpresa y le contesté el saludo lo más seco posible, lo cual no me cuesta ningún trabajo. “Tienes alguito de comidita?” me dijo. “Mire, como ya le dije, yo tengo las provisiones justas, pero tenga esta barra de cereal y por favor déjeme solo que estoy mal del estómago y necesito dormir”. Acto seguido cerré la carpa, Rasputín dejó su costal a cinco metros de la carpa y caminó en dirección a la casa de teja de zinc, ya era de noche… pero hacia allá salió. Desde la carpa prendí mi transistor para distraerme y dejé a la mano un facón argentino, por si acaso.</p>
<p>A la mañana siguiente, ya con la mente más clara, volví a divisar el tenue camino que me permitiría remontar la garganta de la quebrada. Ni rastro de Rasputín y su costal. Efectivamente el camino me permitió remontar el cuello de botella, pero notaba que aunque era un sendero bien demarcado, se usaba muy poco. Demasiado solo para ser el famoso “Cocuy trek”. Sin embargo, mapas y brújula en mano, con el mayor sentido común posible, buscando el rastro más trillado, volví a la continuación geológica del valle que recorrí el día anterior, pero si era el valle de los cojines… no los vi por ningún lado… Ahí comenzó un proceso de duda metódica: interprete el mapa, busque el sur, calcule el rumbo de la quebrada… y al final cuando de nuevo se retoma la continuación del valle: Rasputín. Había recorrido por la noche el sendero que yo acababa de andar. . . y con un costal a cuestas!</p>
<p>Confieso que en esta ocasión, no es que me haya alegrado pero tenía con quien compartir mi evidente confusión geográfica. Se había quitado unas ordinarias botas de cuero, las dejó secando al sol y boca abajo con un lápiz y un cuaderno dibujaba los perfiles de la montaña… “esto es el Edén… esa nube no me está dejando pintar la cima del Ritacuba, ves que esa montaña tiene forma de león?”. Qué pasmosa tranquilidad la de este personaje!</p>
<div id="attachment_1431" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1431 " title="Valle de los Cojines" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/vallecojines.jpg" alt="vallecojines" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Valle de los Cojines, al fondo el Boquerón de la Sierra y a la izquierda el Ritacuba Blanco</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Aún no he alcanzado el ideal estado de meditación y desprendimiento espiritual de los monjes tibetanos, veo la montaña como una actividad de reto personal con metas alcanzables y en general, para disfrutarla. Obviamente proporciona momentos de introspección y tranquilidad pero siempre en contacto con nuestra realidad, buena o mala. Soy incapaz de quedarme observando una misma cumbre, por más deslumbrante que sea por horas y horas en una pasividad y estado de meditación propia de almas mucho más evolucionadas que la mía, y sin duda más puras. Me falta mucho para alcanzar el nirvana de los budistas o el prana de la montaña. Soy de una “estupidez normal”.</p>
<p>Me senté sobre la mochila en una gran planicie que forma la unión de dos quebradas junto a una gran piedra negra. Junto a mí, como en otro planeta, Rasputín absorto en sus dibujos. Sin darme cuenta era mi situación tan surrealista, inesperada, sorpresiva y absurda que era ridícula. Dos de la tarde, en un punto desconocido de la Sierra del Cocuy, en una evidente confusión geográfica en medio de dos quebradas, con un GPS en una mano, la brújula magnética en la otra, sobre el piso un mapa absolutamente inútil de la ruta, al lado de un Rasputín indoamericano, sin saber qué hacer ni para dónde ir. Estaba en una trampa, mi propia trampa, yo mismo la busqué.</p>
<div id="attachment_1432" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1432 " title="Valle de los Cojines" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/vallecojines1.jpg" alt="vallecojines1" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Valle de los Cojines, al fondo el Boquerón del Castillo</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>En la montaña hay que tomar decisiones, buenas o malas pero tomarlas y rápidamente. Aún tenía dos o tres horas de luz y no pensaba aplastarme a esperar una iluminación divina. Volví a prender el GPS y le puse el waypoint Boquerón del Castillo, el maldito Boquerón del Castillo. Si uno camina rumbo oriente, cualquier desviación hacia la derecha es el sur, el bello sur que era mi destino. Cerca de donde estábamos caía una quebrada de piedras rojas que venía del sur. El GPS me indicaba que por esa quebrada estábamos a 6 km del Boquerón del Castillo. Por lo tanto esa quebrada eran los descoles de la laguna del Rincón, debería haber un camino y en breve estaríamos en el boquerón ¡Claro, como no me di cuenta antes!. Le dije a Rasputín mi nueva teoría geográfica y que yo arrancaba, pero ya es ya. Salí con toda la energía del caso rezando para que Rasputín se quedara pero no, preparó sus bártulos y se fue detrás. Remonté por casi dos horas el río de las piedras coloradas y aunque el rumbo sí era sur, no había camino. Era saltando de piedra en piedra, y Rasputín atrás haciendo malabares con su costal al hombro. ¡Qué pesadilla!, ¿cómo hago para deshacerme de este personaje?, me decía.</p>
<p>Hacia las cuatro logré alejarme de Rasputín y vi un lugar, aunque rodeado de piedras, donde podía con dificultad armar la carpa. No había comido nada en todo el día y como Rasputín estaba a unos cien metros, furtivamente saqué del morral un trozo de trucha y con un pan armé un sánduche y me lo comí a toda prisa, como si fuera robado, para que Rasputín no me viera comiendo. Inevitablemente llegó el personaje y le di una barra de cereal y comenzó a preparar su cambuche, debajo de un matorral. Tenga siempre a la mano el facón, me decía.</p>
<p>Llegó la noche y con ella mi preocupación de pasarla con este personaje, que si bien parecía inofensivo, nunca se sabe. Le entendí que salió caminando de un pueblo pesquero en el litoral peruano hace un año y no llevaba pasaporte. Calenté una sopa de sobre y comenzó a sacar de su costal papas, aceite, sal, harina y panela: ¡la multiplicación de los panes! &#8220;Anoche cuando dormías crucé el río, llegué a la casa que estaba cerrada con alambres, pero como yo soy metalúrgico pues la abrí y saqué lo que pude&#8221;. Raqueteó la casa! Prendió una hoguera y como una hora después me ofreció una sopa de papas robadas.</p>
<p>Imposible que este sea el camino, pensaba. Geográficamente si era rumbo sur, pero una quebrada, no un sendero! Casi no dormí midiendo con serenidad mi situación. Y con un ojo entreabierto como “gavilán de gallera”, vigilando cualquier movimiento de Rasputín. Con el primer fulgor de luz, comencé a desarmar la carpa y Rasputín profundo envuelto con un plástico negro. Con mi ruido lo desperté y le pasé un agua de panela caliente. Entre sus bártulos vi que tenía una ajada biblia negra y le dije: &#8220;Compadre, saque esa biblia y leamos el Salmo 91 porque estamos jodidos!&#8221; Y en voz alta nos leímos todo el salmo con ferviente devoción.</p>
<div id="attachment_1434" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1434" title="Laguna del Rincón" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/lagunarincon.jpg" alt="Laguna del Rincón" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Laguna del Rincón</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Repotenciado con esta inyección de fe, decidí devolverme a la gran piedra donde se juntan las dos quebradas, para volver a analizar qué rumbo seguir. Porque por esta quebrada de piedras coloradas definitivamente no era. Rasputín seguía pereceando, me acomodé el morral, le deseé suerte y preocupado pero contento de estar solo de nuevo, recorrí mis pasos hacia la gran piedra entre-ríos… No lo volví a ver jamás!</p>
<p>En medio de la gran libertad que nos proporciona las montañas, mientras me devolvía de piedra en piedra sin la sombra de Rasputín procuraba con serenidad evaluar mi situación, consciente de una evidente confusión geográfica, o en lenguaje claro, estaba perdido. Ni rastros de otros caminantes, muchas de las indicaciones que me dio Javier no las encontraba, el tiempo de recorrido no coincidía… Por lo menos estaba solo sin la siniestra presencia de Rasputín y las decisiones que tomare serían de mi exclusiva responsabilidad. Por otra parte físicamente me sentía sorprendentemente bien, el territorio era desconocido y hasta cierto punto me lo estaba gozando. Se estaba tejiendo en las redes del destino alguna “historia para contar”.</p>
<p>Llegué a la piedra entre-ríos y volví a extender el mapa de juguete. Con la brújula determiné que la quebrada, la cual había logrado franquear por su margen izquierda, corría al oriente. Esto no coincidía con el mapa porque la supuesta quebrada Avellanal corría hacia el sur sin desvíos hasta el pie del bendito Boquerón del Castillo. En mi delirio decidí que la quebrada donde yo estaba si era la quebrada Avellanal, sólo que tenía un tramo, una curva que se desviaba temporalmente hacia el oriente y luego volvería al disciplinado sur. Además, allá a los lejos entre dos lomos de montaña, como dos gigantescas ballenas apareándose, entre una fractura geológica, tenía que haber una quebrada. Así tenía que ser! Mi propia capacidad de persuasión me asombró y salí más convencido que nunca que esa ruta me llevaría al Boquerón del Castillo. Y salí con el mismo delirio casi irracional conque Álvaro Núñez Cabeza de Vaca exploraba los pantanos de la Florida en busca de la fuente de la eterna juventud o Hernando Pizarro deambulaba por las selvas peruanas buscando el país de la canela. A buen paso llegué a un punto donde tocaba vadear la confluencia de dos quebradas para pasar a la orilla derecha, donde estaba la cicatriz geológica que yo exigía que fuera el sendero correcto. Le hablaba a la brújula, que obstinadamente seguía marcado el oriente, con leves devaneos hacia el sur. Nunca en mi vida había estado tan pendiente de una brújula! Logré alcanzar la orilla derecha y seguí por un sendero que me llevaba a la mitad de las dos ballenas de piedra. Y sí… cada vez más el sur, pero… ni un alma. Con pavor me imaginaba que en cualquier curva se me apareciera Rasputín con su costal de biblias viejas y papas robadas… El sendero se encuentra con una inmensa cárcava, que espantado pensé que era infranqueable, pero tenía su pasadero y al dejarla atrás el rumbo era cada vez más al sur… Ya menos tenso aprecié la majestuosidad de este tramo. Una gran quebrada rodaba desaforada a unirse allá abajo con la otra quebrada de la piedra entre-ríos en medio de una tupida vegetación alto andina. A estas horas, exceptuando a Rasputín, hacía cuatro días que no veía un ser humano. Deseaba que apareciera alguien, el que fuera… si eran guerrilleros, qué mejores guías! Les entregaba mi equipo y pedía un fusil para sumarme a su causa en el acto!</p>
<div id="attachment_1435" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1435" title="Cojines" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/cojines.jpg" alt="Cojines" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Cojines del Valle de los Cojines</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>El sur era cada vez más evidente y en mi delirio geográfico yo estaba feliz. Luego este camino finaliza y allá un oasis en medio de tanta roca. Un inmenso potrero ondulado, una pirca de piedra, un rancho rodeado de un inmenso bosque de paloblanco. Toda el arca de Noé pero sin Noé… ovejas, burros, vacas, caballos. Descansé la mochila y tuve la tentación de armar allí el campamento pero era demasiado temprano. Como era alto y abierto, intenté una llamada por celular para llamar a Alfredo, porque ya tenía mis dudas… Nadie me había comentado que yo encontraría en el camino una finca como esta. Inútil la comunicación. Pero con mi delirio del sur, desde este punto seguí imaginando caminos. Efectivamente se formaba un valle de frailejones medio cenagoso y emprendí camino. Resultó un tramo desgastante en medio de chuscales y frailejones de mi tamaño, en ocasiones abriendo trocha con mis bastones, me hacía falta un machete.</p>
<p>Detecté ya al final de la tarde una isla de prado rodeada de unas quebradas y rompiendo maleza, a la brava llegué entre claro y oscuro a montar campamento. Ya no estaba disfrutando la rutina de la montaña, tenía serias dudas de dónde estaba y aumentaba mi preocupación pues ya era miércoles. Tenía dos días para llegar al sur, al Cocuy y era evidente que no lo lograría. Según la fugaz pero sincera conversación entre montañistas con Javier, si yo no daba señales de vida el viernes, se iniciaría una búsqueda. Pero, quien me garantizaría esto? Javier y Hugo terminarían la vuelta y podrían haberse ido. Estaban en todo su derecho. Y Alfredo escasamente sabía mi nombre y que me dejó a la una de la tarde del miércoles 9 de enero en las cabañas Kanwara. Hoy completaba una semana en la montaña, plazo “amplio y suficiente” para concluir el sendero. Y los de Parques? Me registré y anotaron un número de teléfono para avisar en caso de emergencia. Pero cuando me registré, a propósito no dije exactamente adonde iba con el temor de que me exigieran un guía. Cada noche era una mezcla entre sentimientos de culpa, pesadillas, sueños fugaces y una aprensión en lo que podría convertirse esta situación.</p>
<p>Pero con una extraña calma, mientras desmontaba la carpa vi hacia el sur, mi delirante sur, un camino evidente que sobrepasaba una colina. Sin la menor duda tomé este camino y me tranquilizaba que la brújula, esta vez obediente, marcara al sur. Este sendero bordeaba una gran colina y caía hacia una quebrada para cruzarla y seguir subiendo. Con los binóculos planeé esta ruta y al cruzar la quebrada, rastreé el tenue camino. Comenzó una subida violenta, casi para verdaderos escaladores, pero me mantenía fiel al sur, siempre al sur. Paré en medio de la pendiente y enfrente mío vi volando una gran águila de páramo que aprovechaba las térmicas ascendentes. Un espectáculo de acrobacias áreas. Decidí guardar mi angustia y disfrutarlo. Curioso! Esa águila estaba feliz en su territorio, no estaba perdida ni angustiada, simplemente feliz! Sin duda esta ruta no figuraba en la guía Lonely Planet.</p>
<div id="attachment_1433" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1433 " title="Águila de Páramo" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/04/aguila.jpg" alt="aguila" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Águila de Páramo sobre el glaciar del Castillo</p></div>
<p style="text-align: center;">
<p>Posiblemente yo no daría la vuelta, pero si realmente estaba perdido, lo cual aún no aceptaba, estaba recorriendo unos tramos desconocidos y desafiantes para la mayoría de los caminantes, observando cascadas alucinantes, picos desconocidos y águilas acrobáticas. Caminé otra hora, me senté debajo de unos frailejones a tanquear mis cantimploras y al pararme aparece como un espejismo, un gran espejo de agua, una laguna. Y con mis binóculos vi hacia el sur una gran tajada de queso con una pequeña media luna. Era un boquerón, el Boquerón del Castillo y esta laguna era la del Rincón! Geográficamente según el mapa todo coincidía… una gran laguna en la base de un boquerón, no era sino remontarlo y en la bajada vería las lagunas del Pañuelo, lo había logrado! Mi delirante teoría de navegante de montañas habían servido! Con los binóculos planeé la subida y paso a paso comenzó el ascenso al Boquerón del Castillo, mi Boquerón del Castillo.</p>
<p>Doscientos metros… paso a paso. Cien metros… llegué. Busqué por todos lados el letrero de Parques que señalara mi victoria en la montaña. Pero nada. Un escalofrío punzante e hiriente me estremeció. Un sabor amargo a derrota, a una cruda soledad, a una mordaz impotencia. Sabor a engaño, a estafa, a atraco. ¡Carajo! -me decía- “este tiene que ser el Boquerón del Castillo… el letrero se lo robaron!”</p>
<p>Abajo debe quedar la laguna del Pañuelo, pero en su lugar un descenso lúgubre y larguísimo hacia un valle interminable con unos charcos dispersos que se reflejaban con los últimos rayos del sol. Una inmensa soledad de bosques tupidos y eternos, sin ningún camino ni trilla visible. Saqué la brújula y sí… ese valle era puro al sur, pero la tendencia visual del drenaje de esa cuenca era, desde la altura del boquerón, hacia la izquierda, o sea hacia el oriente, hacia el Casanare… En una extraña mezcla de decepción, rabia, incertidumbre y pánico prendí el celular, con la poca carga que tenía, pensando que a esa altura, unos 4.500 metros, habría señal. Efectivamente marcaba buena señal pero las llamadas que le hice a Alfredo Correa para que me dijera donde carajos estaba, no salían. La poca carga se terminó de tajo, pero antes memoricé el número y como no tenía con qué escribir lo tallé con navaja en una taza amarilla de plástico.</p>
<p>Estaba listo, perdido e incomunicado. Alcancé a imaginarme la ridícula escena de un helicóptero rescatándome! No sea pendejo, me decía… eso sólo ocurre en países desarrollados… aquí los pocos helicópteros se usan para la guerra o los petroleros… aquí el rescate es a pata o en mulas!</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
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		<title>Perdido &#8230;y sin patrocinio! (primera entrega)</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Mar 2013 22:52:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Historias de Caminantes]]></category>

		<category><![CDATA[-- Cocuy]]></category>

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		<description><![CDATA[Los próximos cuatro posts los dedicaré a publicar la crónica de la aventura que vivió este enero mi amigo caminante Alberto Valenzuela en su travesía por la Sierra Nevada del Cocuy, espero la disfruten.
Lea aquí la segunda entrega&#8230;
Lea aquí la tercera entrega&#8230;
Lea aquí la cuarta entrega&#8230;
“La montaña -esta verdad debe ser confesada- no tiene generosidad. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>Los próximos cuatro posts los dedicaré a publicar la crónica de la aventura que vivió este enero mi amigo caminante Alberto Valenzuela en su travesía por la Sierra Nevada del Cocuy, espero la disfruten.</h4>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1423">segunda entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1442">tercera entrega&#8230;</a></p>
<p>Lea aquí la <a href="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1456">cuarta entrega&#8230;</a></p>
<p>“La montaña -esta verdad debe ser confesada- no tiene generosidad. Ninguna muestra de cualidades humanas -coraje, templanza, resistencia, fé- nunca se ha sabido que toquen su irresponsable conciencia del poder. ”</p>
<p style="text-align: right;">Joseph Conrad.</p>
<p style="text-align: left;">Este escritor nacido en Polonia, aprendió a hablar inglés a los 19 años y aún así es de los grandes novelistas en esa lengua, ganador de un Nobel. Se desempeñó como oficial de la marina mercante británica, su vida real fue más audaz que muchas novelas. Toda su narrativa se centra en temas del mar, y en la frase transcrita, originalmente en lugar de “la montaña” dice “el mar”. La cambié, porque el significado es perfectamente aplicable a la montaña.</p>
<p style="text-align: left;">Recosté el morral de montaña sobre una piedra en el prado de las cabañas, al pie del Ritacuba Blanco. Venía con Alfredo, un guía de montaña que había conocido esa mañana en el hotel en El Cocuy. Esa madrugada, parecía el pueblo un bazar persa, muy distinto al pueblo somnoliento que conocí en varias ocasiones anteriores. Se agolpaban varios guías turísticos ofreciendo sus servicios para transportar a los viajeros al “nevado”.</p>
<p style="text-align: left;"><span id="more-1413"></span></p>
<p>Alfredo me propuso que, primero llevaría a unos turistas al Alto de la Cueva, y luego por un carreteable me dejaría en las cabañas al pie del Ritacuba. El es el hijo mayor de Pastor Correa, legendario guía de montaña que varias generaciones de montañistas han conocido. Fue el primer guía que orientó al padre del montañismo colombiano, Erwin Kraus, en sus expediciones pioneras a la Sierra Nevada del Cocuy en los años 30 del siglo pasado. Como su padre, servicial sin ser exagerado, amable y positivo. “Yo lo rescato de la sierra, donde sea, don Alberto”, fueron sus alentadoras palabras de despedida en las cabañas y su camioneta blanca se perdió por el carreteable rumbo al Cocuy.</p>
<p>Era muy temprano en la tarde y no tenían almuerzo. Pedí un jugo y me encontré con una montañista amiga que venía de una caminada larga. Le contesté con evasivas sobre mi plan en la sierra, levanté el morral, me lo acomodé en la espalda y por un pequeño sendero atrás de las cabañas, lentamente remonté la colina por un carreteable, hasta perderlas de vista. Era bueno encontrarme de nuevo caminando en medio de estas montañas, dejando todo atrás con aquel placer de alejarse con la silenciosa complicidad de la aventura.</p>
<p>Por esos mismos caminos de piedra, cielo y recuerdos, hace años me encontré con tres jóvenes U’was o Tunebos. Silenciosos y distantes llevaban quince días caminando por estos, sus territorios, desde Pamplona hasta unos cabildos en las planicies araucanas. Ataviados únicamente con ponchos de hilo, botas pantaneras y escasas provisiones, los acompañé cuatro horas hasta el Boquerón de Cardenillos hasta que desaparecieron de mi vista llegando a la Laguna Grande de los Verdes. Caminaban como gacelas con aquella serena e innata fortaleza que solamente la proporciona una adaptación de muchas generaciones a este entorno, sencillo y arisco. Verdaderos estrategas de la permanente escases. Una lección de humildad en la montaña que siempre me acompañará.</p>
<p>Es un carreteable en plena montaña. Parece que algún alcalde con ideas brillantes hace años quiso unir al municipio de Guicán con Saravena Arauca cruzando todo el territorio U’wa. Este primer tramo de la vuelta desde las cabañas Kanwara hasta al Boquerón de los Frailes es rumbo sur. Usualmente el ejército se acampa por estos sitios, pero no estaban. A las tres de la tarde llegué a donde termina este carretable, La Parada de Romero que no es más que un corral ovejero abandonado. Habían tres vehículos parqueados e instalé mi primer campamento, rodeado de un pequeño valle cenagoso por donde se veía el camino trillado que lleva al primer boquerón de la sierra, el Alto de Cardenillos.</p>
<div id="attachment_1415" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1415" title="paradaderomero" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/paradaderomero.jpg" alt="Cabras y pastores en la Parada de Romero" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Cabras y pastores en la Parada de Romero</p></div>
<p>Las reglas de la montaña son claras, sencillas y directas. Hay que cumplirlas en el momento, primando el sentido común, como acampar antes del atardecer, ojalá con una fuente de agua cercana. Ya se sentía aquel frío penetrante y limpio de la montaña, prendí el viejo transistor y enroscado en el saco de dormir, fui conciliando la primera noche a 3.900 metros de altitud. Fue una caminata corta y lenta para aclimatarme y estar atento a cualquier síntoma del mal de montaña. Hace 28 años, cuando visité estas montañas por primera vez, llegando de Los Llanos subí al Púlpito del Diablo “de una” y ya regresando por la tarde a La Esperanza, “de una” me dio el “soroche”. Aprendí la importancia de aclimatarse y desde entonces en varias salidas y ascensos exigentes, no lo he vuelto a padecer.</p>
<p>Muy temprano quise calentarme mi primera agua de panela y la cuchara apareció tiesa en medio de la olla con hielo. La letra menuda de la montaña. Ya tenía la mochila acomodada cuando llega un lujoso vehículo y se bajan cuatro intrépidos caminantes, aparentemente extranjeros exhibiendo sus lujosos equipos de senderismo y de fotografía… ” en fin, cuanto exige Moratín en su poema La Caza”.</p>
<p>Siguieron su camino sin hablarme… El carreteable se desvanece hasta convertirse en un camino de herradura contorneando las colinas y pequeños valles y se comienza al ascenso a Cardenillos. Recuerdo que los U’was, súbitamente se apartaron del sendero y guiados por la brújula mágica de su instinto llegaron a los mojones del boquerón por unos atajos invisibles… pero estaba sin los U’was. Toda la ecuación de una caminada en la montaña se modifica con el peso a sus espaldas. Los intrépidos senderistas extranjeros mandaron sus cargas con mulas hasta la Laguna Avellanal, por lo tanto tenían el lujo de parar cuando quisieran pero yo tenía que encontrar mi propio paso durante varios días y me esperaban varios pasos de montañas exigentes. Otra pareja de extranjeros me alcanzó, blandiendo con un ritmo muy natural dos bastones de caminar, no uno como yo. Decidí imitarlos, aprendí a manejarlos y este detalle fue clave durante las siguientes jornadas, sobre todo por una lesión latente en el tobillo derecho… cada paso debía ser con sumo cuidado. Además dos bastones bien utilizados, pueden ser unas elementales armas de defensa.</p>
<div id="attachment_1416" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1416" title="pasocardenillos" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/pasocardenillos.jpg" alt="El paisaje desde el paso Cardenillos" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">El paisaje desde el paso Cardenillos</p></div>
<p>Finalmente, allá donde se desvanecía el horizonte se veía la Laguna de los Verdes desde El Cardenillo. Bajaban y subían mulas cargadas y vacías, los arrieros detrás. Baje en línea recta, zigzagueando y un poco antes de la última repisa de piedra antes de un valle formado por el riachuelo que desemboca en la laguna. Cerca de una quebrada y encerrado por una muralla de piedras, monté el campamento. Con los binóculos vi que los extranjeros montaron el suyo sobre el costado occidental de la laguna. Una vez armada la carpa, cargue las cantimploras de agua y sumergí mis tobillos desnudos en el agua fría de la quebrada. Bajaba un arriero con cinco mulas vacías y me confirmó que siguiendo los rastros de sus mulas encontraría una bajada segura, a la orilla de la laguna, a la siguiente jornada.</p>
<div id="attachment_1417" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1417" title="verdes" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/verdes.jpg" alt="La Laguna Grande de Los Verdes desde el Paso de los Frailes" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">La Laguna Grande de Los Verdes desde el Paso de los Frailes</p></div>
<p>Al dejar atrás el Boquerón de Cardenillos es el último punto donde hay comunicación confiable y así se lo dijo un arriero cuando remontó ese boquerón a sus dos viajeros “esde este punto no hay más comunicación por celular, sino con la naturaleza”. En pleno verano en la Sierra, las temperaturas al amanecer son bajísimas y encima de la carpa aparece escarcha, siempre se empacaba en la mochila algo humedecida. Dos noches a 4.000 metros sin síntomas de soroche o edemas. Básicamente respetaba mi ritmo de adaptación y al pasar los primeros tres días en esta altitud es menor la probabilidad de un mal de montaña. El equipo, especialmente la carpa, era excelente. De fabricación sueca, esas dos primeras noches aprecié su calidad y simplicidad de diseño, era un verdadero refugio y en general el saco de dormir, la estufa… todo funcionando bien y lo más importante, mi tobillo derecho que era mi Espada de Damocles en esta travesía. Solamente tenía elementales nociones de primeros auxilios, pero ya completaba una jornada caminando con dos bastones y especialmente en las bajadas me protegían los tobillos y las rodillas.</p>
<div id="attachment_1418" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1418" title="verdes1" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/verdes1.jpg" alt="Laguna Grande de Los Verdes, al fondo el camino que ascienda hacia el paso de los Frailes" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Laguna Grande de Los Verdes, al fondo el camino que ascienda hacia el paso de los Frailes</p></div>
<p>Vi a los dos extranjeros tarde -tipo diez de la mañana del otro día- levantar su campamento y yo estaba bien arriba del sendero que me llevaría al segundo boquerón -Frailes- y desde esa altura la Laguna de los Verdes, se ve como una inmensa amiba que en su extremo norte hace metástasis y origina otra pequeña laguna. Un leve viento norte erizaba un poco sus aguas y las diminutas olas morían sobre una playa de arena de la laguna madre. La bajada hasta la Laguna no fue tan fácil, ya estaba aprendiendo a descifrar los laberintos y muchas opciones para llegar al valle y lo importante que era, en la montaña, descifrar los caminos desde la parte alta, ojalá bien lejos y para ello eran muy útiles los binóculos.</p>
<p>Ya sobre el Alto del Fraile, el sendero hace un quiebre definitivo para enfrentar un rumbo sur. Para mí mucho más útil una buena brújula magnética que una cámara de fotografía. Hace tiempo le perdí la mística a la fotografía, soy de la escuela de los Cronistas de Indias. Una buena narración vale más que mil imágenes.</p>
<p>Tenía la ruta, día por día grabada en el GPS, bajada por internet pero hasta ahora no tenía necesidad de prenderlo. Con el mapa casi que escolar que le entregan al caminante en la oficina de Parques Naturales me defendía. Qué pensarían los U’was de tanta carajada que uno sube a la montaña?</p>
<p>Desde este punto ya se observa la casi infinita sucesión y rosario de cumbres nevadas. Es la silenciosa bienvenida a la verdadera montaña donde el caminante -que no ha alquilado mulas- solamente depende de sí mismo. El sendero agreste desciende de manera brusca sobre rocas grandes e incómodas para caminar. Las flexiones totales de las rodillas eran desgastantes y bajar era más demorado y penoso que subir. Una contradictoria paradoja de la montaña. Pero el desgaste físico era progresivo y latente y siempre estaba atento a llenar ambas cantimploras, porque ya las quebradas de agua corriente no eran tan abundantes como en el valle de Cardenillos; esta era otra vertiente de la Sierra, sin suelo como tal sino roca expuesta y escasa vegetación.</p>
<p>Varias caravanas de mulas subían hacia Cardenillos y también montañistas con un paso endemoniado. Eran españoles y colombianos que venían de escalar las paredes del Ritacuba. Otro cuento muy distinto al mío en la montaña, soy un simple caminante. Un poco pasado el mediodía llegué a un plan provocativo para montar el campamento, pero un grupo de escaladores paisas me animaron a que caminara otra hora para avanzar en la ruta, donde había otro lugar de campamento igual de bueno y con agua cerca. El camino sobre estas rocas era lento y desgastante pero les hice caso y al resguardo de una pequeña saliente me instalé, y ya como de rutina tenía todo listo, me calenté una sopa y le agregué trozos de una de las tres truchas ahumadas que había comprado en Aquitania, para toda la caminata, como única fuente de proteína. No soy experto en nutrición de montaña pero por simple sentido común no debe ser bueno comer en exceso y según mi propia experiencia en anteriores salidas, el mejor alimento en la montaña después de cinco o siete horas de esfuerzo es dormir bien unas diez horas. ”De nueve a cuatro a mi paso”, era la rutina de caminada diaria que trataba de cumplir.</p>
<p>A la siguiente jornada ya comienzan los juegos de la mente… si podré? cuantos días reales faltan? Y ahí si comienza una subida violenta sin caminos definidos y respetando mi creciente debilidad era necesario parar y descansar con frecuencia. Transcurrió toda esa mañana y noté una debilidad en mi rendimiento en la montaña… paciencia y saliva, me decía. El mapa señalaba que el próximo paso era el Boquerón de la Sierra y que a sus pies está La Laguna el Avellanal. Ocasionalmente algún mojón indicaba el tenue camino pero el avanzar esa tarde fue penoso y lento. Luego de una subida exigente apareció un letrero de Parques, caído como casi todos… tenía que ser el Boquerón de la Sierra… pero no… era la señal de la Laguna de la Isla, muy debajo de donde yo estaba y para alcanzarla era por una morrena inestable y lejana. Miré hacia el sur hacia donde debía seguir el rumbo y el camino estaba totalmente encapsulado por una gran pared de morrena, ofensivamente alta y allá muy lejos y muy arriba una diminuta media luna, como el primer y tímido mordisco de un pequeño ratón a un gran queso. Si ese era el Boquerón de la Sierra, desde mi ángulo visual no divisaba ninguna leve cicatriz que fuera el camino. Alcancé a dudar que fuera el camino y siendo relativamente temprano -tres de la tarde- me desplomé sicológicamente. Afortunadamente tenía una cantimplora con agua y bastante desmoralizado y vencido, entre un espacio inclinado con piedras, armé la carpa la cual quedó escorada hacia un lado, no comí nada para tasar el agua que tenía y aquella fue la primera noche que supe lo que es la sensación de intentar dormir a 4.000 metros de altitud con incertidumbre y los primeros asomos de angustia, al no saber si estaba en el camino correcto… Angustia, la cual es un producto netamente urbano y cotidiano, sentimiento que no llevaba en mi morral y que no esperaba encontrar precisamente en el lugar donde menos angustia debía sentir… en la montaña.</p>
<div id="attachment_1419" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1419" title="isla" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/isla.jpg" alt="Laguna de la Isla" width="600" height="450" /><p class="wp-caption-text">Laguna de la Isla</p></div>
<p>Una cosa es recostarse diez o doce horas y otra bien distinta es dormir. Las horas se arrastraban y entre las pesadillas y la incipiente angustia y la “pensadera” de la situación, se medio dormía sólo en enviones de una o dos horas máximo. Y la inefable pregunta que tarde o temprano todo aventurero se ha hecho… ”Qué carajos estoy haciendo aquí? quién me mandó?… por qué se pone esos retos estúpidos a estas horas de la vida? Y vuelve la autocantaleta: YO SE LO ADVERTI. Eran dos personas dentro de uno, la sensata, cómoda y cobarde y la otra que enfrentaba una realidad incierta pero latente tratando de dormir en una carpa escorada sobre una morrena árida a 4.000 metros en la Sierra del Cocuy.</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
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<p><a href="http://ecoglobalexpeditions.com/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1477" title="www.ecoglobalexpeditions.com" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/03/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="www.ecoglobalexpeditions.com" width="150" height="150" /></a></p>
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		<title>Parque Nacional Canaima y Santo del Ángel</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2013 16:50:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Actividades para Aventureros]]></category>

		<category><![CDATA[-- Parque Canaima y Salto del Ángel]]></category>

		<category><![CDATA[Caminatas]]></category>

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		<description><![CDATA[Parque Nacional Canaima
El Parque Nacional Canaima es un parque nacional ubicado al suroeste del río Orinoco, en el Estado Bolívar, Venezuela. Fue instaurado el 12 de junio de 1962 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1994.
Se extiende sobre 30.000 km² hasta la frontera con Guyana y Brasil, por su tamaño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><strong><span>Parque Nacional Canaima</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>El Parque Nacional Canaima es un parque nacional ubicado al suroeste del río Orinoco, en el Estado Bolívar, Venezuela. Fue instaurado el 12 de junio de 1962 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1994.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Se extiende sobre 30.000 km² hasta la frontera con Guyana y Brasil, por su tamaño es considerado el sexto parque nacional más grande del mundo. Cerca de 65 % del parque está ocupado por mesetas de roca llamadas tepuyes. Sus acantilados escarpados y sus caídas de agua (incluyendo el Salto Ángel, que es la caída de agua más elevada del mundo, con 979 m) forman paisajes espectaculares.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1402" title="canaima1" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima1.jpg" alt="canaima1" width="600" height="253" /></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><span id="more-1396"></span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Canaima: Patrimonio de la Humanidad</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>En 1994 el Parque Nacional Canaima fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por ser una reserva natural que cuenta con relieves abruptos especiales y únicos en todo el mundo, los tepuy, que son especies de mesetas de millones de años de antigüedad, con paredes verticales y cimas casi planas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Los tepuyes más conocidos son el Monte Roraima, el más alto y fácil de escalar de todo el parque, y el Auyan-tepui, el más visitado, pues en este se encuentra la catarata o caída de agua más alta del mundo, el Salto Ángel.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Se dice que los tepuy son rocas areniscas y datan del período en que América y África formaban un super continente. A este tipo de relieve se le conoce comúnmente como Macizo Guayanés.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>El parque es hogar del pueblo pemón. Estos tienen una relación con los tepuy, y creen en que son el hogar de los espíritus &#8220;Mawari&#8221;.</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Ambiente natural</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>Esta región al igual que otras regiones geológicas continentales, fue sometida a varios períodos de levantamientos y hundimientos tectónicos de manera que ciertas áreas del escudo quedaron más expuestas que otras a la erosión. Esto determinó la presencia de grandes macizos de arenisca que aparecen aislados, llamados tepuyes en la lengua de los indígenas que habitan la región. La mayoría de los tepuyes alcanzan alturas que varían entre los 2.000 - 2.700 msnm; sobresaliendo el Auyantepuy, el cual presenta una inclinación de su superficie que en el borde meridional supera los 2.400 metros, mientras que el borde septentrional alcanza 1.600 metros, su superficie es de aproximadamente 700 Km2. En este tepuy nace el Kerepakupai-merú o mundialmente conocido como el Salto Angel, el más alto del mundo, con una caída libre de agua de 979 metros. También destacan los tepuyes Iglú-tepuy, Chimantá - tepuy y Acopán-tepui y el Salto Kukenán, segundo en altura a nivel mundial.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1404" title="canaima21" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima21.jpg" alt="canaima21" width="600" height="398" /><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Fauna</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>Canaima posee una fauna muy variada, la cual está distribuida a lo largo del parque de acuerdo a múltiples factores ambientales como la altura y el tipo de vegetación. Entre las especies que podemos encontrar están:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Armadillo gigante (Priodontes maximus)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Perro de agua gigante (Pteronura brasiliensis)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Puma (Puma concolor)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Jaguar (Panthera onca)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Pereza de dos dedos (Choloepus didactylus)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Mono viuda (Pithecia pithecia)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Mono capuchino del Orinoco (Chiropotes satanas)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Roedor endémico del tepuy Roraima (Podoxymys roraimae)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Marsupial endémico del tepuy (Marmosa tyleriana)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Águila harpía (Harpya harpija)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Guacamaya enana (Ara nobilis)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Cotorra morada (Pionus fuscus)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Sapito minero (Dendrobates leucomelas)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Iguana Caribeña (Iguana delicatissima)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Colibrí (Trochilinae)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Diversas especies de Tucan (Género Ramphastidae).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Serpiente Cuaima-Piña (Lachesis muta)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1406" title="canaima4" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima4.jpg" alt="canaima4" width="600" height="450" /><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Puntos de atracción turística</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Sector occidental</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Laguna de Canaima</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto El Sapo y El Sapito</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto del Yuri</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Rápidos de Mayupa</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Pozo de la Felicidad (Saró Marú)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Isla Orquídea</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Isla Ratón</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>El Salto Ángel o Kerepakupai Vená</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>El Auyantepuy</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Poblado Indígena de Kavac </span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Cueva Uruyén</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Poblado Indígena de Kamarata</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad Indígena de Wareipa</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto el Encanto</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad indígena Avak</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Playa Roberto</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad Indígena Kanwaripa</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Río Caroní</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Aldea Indígena La Maloca</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Kukenán ( en el Tepuy Kukenán o Matawí )</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Sector oriental</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>La Piedra de La Virgen</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto El Danto</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>La Arenaria</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Monumento al Soldado Pionero</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Río Aponwao I</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Balneario Tarotá</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Quebrada Toroncito</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Toron merú</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Karuay</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Chinak merú ( salto Aponwao )</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Parupa</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Anotén</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Chivatón</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Misión de Kavanayen</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Rápidos de Kamoirán</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Salto Kama merú</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Arapán merú (Quebrada de Pacheco)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Río Soruapa o Woimeri</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad Indígena San Francisco de Yuruaní</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Kako Parú o Quebrada de Jaspe</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Urué merú</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Puente Río Kukenán</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad Indígena Paraitepui de Roraima</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Comunidad indígena Wonkén</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>·</span><span> </span><span>Monte Roraima</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1405" title="canaima3" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima3.jpg" alt="canaima3" width="600" height="339" /><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Recomendaciones Para el Visitante</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>Por la fragilidad del terreno es necesario respetar las vías ya trazadas y no abrir nuevas trochas o picas lo cual genera grandes impactos al ambiente. Disponga la basura en los sitios indicados. Al acampar en áreas despobladas es importante contar con botiquín de primeros auxilios donde se incluya suero antiofídico. Tomar las debidas precauciones al bañarse en los ríos. Utilice cocinillas y lámparas de gas. Use detergentes o jabones biodegradables. Trate de ir acompañado, llevar repelente y vacunarse antes de viajar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Salto Ángel</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>El Salto Ángel (Kerepakupai Vená en pemón, que significa «salto del lugar más profundo») es el salto de agua más alto del mundo, con una altura de 979 m (807 m de caída ininterrumpida).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>El nombre con el que es conocido internacionalmente, Salto Ángel, fue sugerido por un venezolano en honor al aviador estadounidense Jimmie Angel, que en el año 1937 corroboró más formalmente la existencia y ubicación exacta de la caída al sobrevolarla en su avioneta y más tarde posarse en su cima, dándole con esto repercusión mundial. En el siglo XXI, fue una de las 28 finalistas en la elección de las Siete maravillas naturales del mundo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1407" title="canaima5" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima5.jpg" alt="canaima5" width="600" height="349" /><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Exploración</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>Este salto era conocido por los indígenas de la región, pero su «descubrimiento» oficial sigue siendo materia de discusión. Algunos historiadores se lo atribuyen a Fernando de Berrío, explorador y gobernador español de los siglos XVI y XVII, 3 y otros a Ernesto Sánchez, explorador que en 1910 notificó el hallazgo al Ministerio de Minas e Hidrocarburos en Caracas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Otros son el capitán de la Armada venezolana de origen español, Félix Cardona Puig, quien, en 1927, junto a Mundó Freixas, explorador también de origen español, divisó el gran salto de agua en el macizo del Auyantepuy. Los artículos y mapas de Cardona atrajeron la curiosidad y el espíritu de aventura del aviador estadounidense Jimmie Angel, quien se puso en contacto con Cardona para hacer varias visitas al salto en 1937. El 21 de mayo de 1937, Cardona acompañó a Jimmie Angel a sobrevolar el salto. En septiembre de ese mismo año Jimmie Angel insiste en aterrizar en la cima del Auyantepuy, propósito que logra abruptamente, incrustando la avioneta en el suelo. Las noticias del accidente, que afortunadamente no dejó víctimas, motivaron que el gran salto fuese bautizado como Salto Ángel, y así se le conoce desde entonces.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>El primer explorador en llegar al río que alimenta las cataratas, en zona habitada por los pemones, fue el letón Aleksandrs Laime. Hizo la ascensión del Auyan-tepui en 1955. Dio al río el nombre de uno de los más hermosos ríos de Letonia, el río Gauja. Si bien el nombre indígena de las caídas ya rara vez se utiliza, el nombre pemón del río, Kerep, sigue siendo ampliamente utilizado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Laime también fue el primer europeo en recorrer un sendero que conduce desde el río Churun a la base de las cataratas. En el camino hay un punto geográfico comúnmente utilizado para fotografiar las caídas. Es llamado &#8220;Mirador Laime&#8221; en su honor. Este camino es utilizado ahora por la mayoría de los turistas desde el campamento de Isla Ratón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>La altura de las cataratas se determinó por una investigación de la National Geographic Society llevada a cabo por la periodista Ruth Robertson en 1949.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Un libro de Lucas Dickinson, Cuatro ángeles, relató el éxito de la primera subida hasta el Auyantepui de cara a la parte superior de las cataratas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1408" title="canaima6" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/canaima6.jpg" alt="canaima6" width="600" height="450" /><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span>Turismo</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span>El Salto Ángel es una de las mayores atracciones turísticas de Venezuela, pero incluso en la actualidad, un viaje a las cataratas no es un asunto simple, debido a que la zona se encuentra aislada por la espesa selva, y los tepuyes hacen peligrosa la navegación aérea. Se puede llegar a la región mediante un vuelo en avioneta desde Caracas o Ciudad Bolívar, para llegar a un campamento en Canaima. Otros turistas prefieren llegar a las cataratas por medios más naturales, cruzando la selva por las vías acuáticas hasta llegar a la base del salto.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>El Salto Ángel también es conocido erróneamente como Churún-Merú (cuando debería ser Kerepakupai Vená), nombre que corresponde en realidad a otra catarata que se encuentra en el mismo Tepuy, de unos 400 m de altura.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>En Santa Elena de Uairén, Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar hay operadores turísticos que realizan excursiones por tierra, agua y aire (en avioneta o helicóptero), para observar el Auyantepuy y sus numerosos saltos de agua. Las excursiones por tierra y agua se realizan desde el campamento Canaima y duran unas 13 horas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Los viajes al Salto Ángel tienen lugar de junio a diciembre, cuando los ríos tienen la profundidad suficiente para soportar las curiaras de madera (canoas) utilizadas por los indígenas de etnia pemón. Durante la estación seca (de diciembre a marzo) hay menos caudal de agua que lo que se aprecia en algunas fotos. El escurridizo salto no puede ser visto en días nublados, por lo que los visitantes no tienen ninguna garantía de poder verlo en su plenitud.</span></p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal"><span><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com"><img class="size-thumbnail wp-image-1409 alignnone" title="ecogloballogo1" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2013/01/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="ecogloballogo1" width="150" height="150" /></a><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Mi viaje a San Agustín desde Quito</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2012 21:31:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- San Agustín]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto: Blanka Pesinova
Blanka nació en la antigua Checoslovaquia, en la bella ciudad de Praga. La conocí cuando vivió en Bogotá siendo la esposa del embajador de Bélgica en Colombia. Incansable caminante y viajera, vivió en Inglaterra, Australia, Filipinas, Suiza (donde le tomó gusto a caminar por las montañas), Bélgica, Ecuador, Yugoslavia, Holanda, Siria y por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">Texto: Blanka Pesinova</span></span></p>
<p><em>Blanka nació en la antigua Checoslovaquia, en la bella ciudad de Praga. La conocí cuando vivió en Bogotá siendo la esposa del embajador de Bélgica en Colombia. Incansable caminante y viajera, vivió en Inglaterra, Australia, Filipinas, Suiza (donde le tomó gusto a caminar por las montañas), Bélgica, Ecuador, Yugoslavia, Holanda, Siria y por supuesto Colombia, donde viajó y conocio más que muchos de nosotros que nacimos y vivimos aquí, y donde tuve el gusto, muchas veces, de ser su guía.</em></p>
<p class="MsoBodyText" style="TEXT-ALIGN: left; LINE-HEIGHT: normal; MARGIN: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">En marzo de 1996, diez años antes de que nos mudáramos<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>a Colombia, había venido a Bogotá desde Quito, donde estábamos viviendo entonces. ¿Razón? Había leído todos los libros de Erich von Daniken, un suizo, que afirmaba, que nuestra civilización nos llegó de otro mundo del universo. En uno de ellos, “<em>La estrategia de los dioses</em>”, habla de San Agustín y sus estatuas, como uno de los testimonios para su teoría.</span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="TEXT-ALIGN: left; LINE-HEIGHT: normal; MARGIN: 0cm 0cm 0pt"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="text-align: center; line-height: normal; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoBodyText" style="text-align: center; line-height: normal; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><img class="size-medium wp-image-1377 aligncenter" title="dscn6693" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6693-300x225.jpg" alt="dscn6693" width="300" height="225" /></span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="text-align: center; line-height: normal; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; line-height: normal; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><span style="text-indent: 35.4pt; text-align: left;"><span id="more-1376"></span>Tan pronto como llegué a Bogotá, pedí a mis amigos que me organizaran el viaje. Se sorprendieron mucho; en el libro fue mencionado un aeropuerto cerca de San Agustín, que ya no está en uso y hubo que viajar por tierra desde Neiva, unas cuatro horas. No obstante, me complacieron – eran suecos, y ellos no discuten mucho. En la mañana temprano, me subí al avión hasta Neiva, donde me esperaba un guía. “Vamos a tomar un tinto, mientras esperamos el bus.”</span><span style="mso-spacerun: yes;"> </span><span style="text-indent: 35.4pt; text-align: left;">“Esto no empieza bien”, me dije: Primero, el tinto, a las ocho de la mañana? (Para mí, tinto significaba vino&#8230;). Segundo, cuál bus? Tenía entendido que viajaría en un carro privado! Tras haber chequeado con la agencia de viajes en Bogotá, el guía tomo un taxi. Íbamos por una carretera estrecha, buena y sin tráfico por el valle del Magdalena que nos brindaba paisajes bonitos de las Cordilleras Central y Oriental y de vez en cuando los meandros del río; el paisaje espectacular. El tiempo pasaba rápido - el guía, un estudiante de antropología era erudito y hasta había leído los libros de Daniken; conversamos rico.</span><span style="mso-spacerun: yes;"> </span><span style="text-indent: 35.4pt; text-align: left;">Al llegar, rechacé la idea del almuerzo y siesta para ahorrar tiempo y nos bajamos del taxi a la entrada del Parque. El guía se mostró cortes y ofreció traer mi maleta. Caminamos por todo el parque y yo trataba de verificar los hechos mencionados en el libro: el aspecto extraño de las estatuas: sus piernas son muy cortas, o no tienen, visten solo un especie de traje de baño o un velo lumbar, sus cabezas son desproporcionadamente grandes y muchas lucen algo que se puede considerar, según Daniken, cascos de astronautas con antenas. Sus rasgos faciales son también extraños – bocas con labios gruesos y colmillos intimidantes, aunque sus ojos enormes de varias formas no tienen la mirada amenazante, sino más bien sorprendida. Varias estatuas, parecidas a un águila, tenían a una serpiente en su pico y</span><span style="mso-spacerun: yes;"> </span><span style="text-indent: 35.4pt; text-align: left;">garras. Según el guía, un símbolo de la victoria del espíritu sobre lo material. Hay tumbas guardadas por “guerreros”, pero parece que nunca se hubieran descubierto ningunos huesos, y no se sabe ni la edad ni el objetivo de las estatuas y tumbas. En su totalidad son a la vez variadas y de carácter esquemático.</span></span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="line-height: normal; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoBodyText" style="text-align: center; line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><img class="size-medium wp-image-1379 aligncenter" title="dscn6681" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6681-300x225.jpg" alt="dscn6681" width="300" height="225" /></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">Caminamos hasta la cumbre con la vista maravillosa de las dos cordilleras. El sitio tenía una atmosfera palpable de la antigüedad y de la santidad.<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>Duramos cuatro horas caminando y salimos cuando ya se había oscurecido. Nos encontramos encerrados en el Parque.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: center; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><img class="size-medium wp-image-1380 aligncenter" title="dscn6836" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6836-300x225.jpg" alt="dscn6836" width="300" height="225" /> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">El único huésped en el hotel fui yo. Nadé un poco en la piscina con agua helada y no estaba muy feliz al encontrar el agua de la ducha también fría&#8230;Me calenté con un whisky doble&#8230;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: center; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><img class="size-medium wp-image-1381 aligncenter" title="dscn6718" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6718-300x225.jpg" alt="dscn6718" width="300" height="225" /></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">El día siguiente, pude escoger entre montar a caballo y ver solo un par de tumbas, o irme en un jeep y visitar varias. Aunque solo había montado unas pocas veces en el Ecuador, decidí montar a caballo, lo que me pareció más aventuroso. Llegó otro guía, un indígena guapo, vestido con un poncho de colores vivos con una trenza larga de pelo negro. Trotábamos sobre una carretera tapada por un paisaje pacífico, entre campos verdes y casitas humildes que, además de las miles de flores y la vegetación exuberante en sus alrededores, tenían las paredes colgadas con flores, lo que les daba un aspecto alegre. De pronto, mi guía se desvió a la derecha y tomó un sendero casi imperceptible en medio de una pradera. Se me detuvo el corazón: ¿Y qué si terminábamos en un campamento de la guerrilla? Yo no sabía mucho de esos problemas en Colombia, pero si me había enterado de una confrontación reciente entre la guerrilla y el ejército, que resultó con la muerte de dos caminantes jóvenes de los cuatros que la guerrilla tenía secuestrados. Pero no, al final de una hora no nos esperaba nada más siniestro que la tumba, y un tinto en la casita del guardia. En este sitio se podían observar los restos de la policromía e imaginarse como solían parecer todas las estatuas originalmente. Después, seguimos hasta un mirador de donde se veía, en un valle profundo, la estrecha y brillante cinta del “joven” Magdalena, que nace por aquí a unos tres días de cabalgata, como me dijo el guía. El sol estaba ya ocultándose y<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>detrás de las nubes esponjadas enviaba rayos como en las pinturas románticas del cielo bíblico.<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>“Cómo creer, que la gente<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>pudiese andar matándose entre sí, en medio de tanta belleza y tranquilidad?”, me dije. Hubiera podido quedarme muchas horas más, pero había que volver. Como el guía no pudo conseguir un taxi para llevarnos a Neiva, alquiló un carro privado, un Chevrolet muy viejo. A mitad de camino hubo un ruido en el<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>motor y el carro ya no dio ni un paso más. El conductor comprobó, que se le había caído una pieza pequeña pero esencial. Me senté en la sombra de un árbol solitario para fumar un cigarrillo, mientras que ellos paraban cada vehículo que pasaba, para poder saber si tenían la pieza de repuesto; no eran numerosos, pero se detuvieron todos, lo que me sorprendió, por la supuesta presencia de la guerrilla. Por supuesto, nadie tuvo la pieza y el tiempo corría. Finalmente, detuvieron un taxi y el conductor, que ya tenía tres personas adentro, nos dejó subir (el guía indígena aprovechó el viaje gratis a Neiva). Gracias a su amabilidad (que, como he podido averiguar desde entonces, es tan típica para el pueblo colombiano), no perdí el avión para Bogotá.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><span style="mso-spacerun: yes;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1382" title="dscn6829" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6829-300x225.jpg" alt="dscn6829" width="300" height="225" /></span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;">Mis anfitriones mostraron un gran alivio al ver que había vuelto sana y salva de mi “gran aventura colombiana.”<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>Eran dos días inolvidables, y grande es mi dicha, que después de todos estos años, ahora pueda seguir con más aventuras en este país hermoso y variado.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: center; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1383" title="dscn6892" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/dscn6892-300x225.jpg" alt="dscn6892" width="300" height="225" /></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center; margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: left; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-family: &quot;Arial&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES-CO;" lang="ES-CO"><span style="font-size: small;"><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-1392" title="Ecoglobal Expeditions" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/12/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="Ecoglobal Expeditions" width="150" height="150" /></a></span></span></p>
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		<title>Recomendaciones para viajar solos</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Nov 2012 02:11:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Actividades para Aventureros]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas personas acostumbran viajar en solitario, ya sea porque gustan de las vivencias estando solos o porque simplemente no tienen una compañía con quien vacacionar. Psicológicamente, muchos estudios arrojan la importancia de viajar solos, con el fin de conocerse y adquirir confianza en sí mismo. Aquí algunas recomendaciones&#8230;

1. Planifica tu viaje con anticipación. Viajar en solitario requiere [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="ES">Muchas personas acostumbran viajar en solitario, ya sea porque gustan de las vivencias estando solos o porque simplemente no tienen una compañía con quien vacacionar. </span>Psicológicamente, muchos estudios arrojan la importancia de viajar solos, con el fin de conocerse y adquirir confianza en sí mismo. Aquí algunas recomendaciones&#8230;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1371" title="Solo" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/solo.jpg" alt="Solo" width="600" height="450" /><span id="more-1367"></span></p>
<p>1. Planifica tu viaje con anticipación. Viajar en solitario requiere mayor atención a tus cosas personales, a guiarte con mapas y recurrir a guías turísticas u oficinas de turismo, para conocer la información detallada del destino que estás próximo a conocer. Recuerda: eres tú solo en medio de un espacio desconocido.</p>
<p>2. Toma un seguro médico. Viajar con asistencia médica, sea en grupo o solo es muy importante.</p>
<p>3. Si viajas a lugares solitarios y remotos en plan de escalar o acampar, es importante que tengas presente el llevar un celular o dispositivo móvil con minutos o internet disponible y carga eléctrica completa. Esto te puede salvar en un momento de peligro.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1372" title="solo1" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/solo1.jpg" alt="solo1" width="600" height="450" /></p>
<p>4. Si eres una persona sociable que viaja en busca de nuevos amigos, averigua los lugares más concurridos donde puedas interactuar con las personas.</p>
<p>5. Antes de viajar, investiga con tu proveedor turístico sobre los planes que actualmente hacen especialmente para los turistas solitarios. Puedes disfrutar de cruceros e incluso de tours a lugares donde podrás conocer más personas e interactuar.</p>
<p>6. La mayoría de los viajeros solos son mochileros que gozan de experiencias extremas y que están acostumbrados a hacer este tipo de actividad sin compañía. Si eres este tipo de viajero, contacta con grupos de personas que hagan tu mismo recorrido y hospédate en hostales o lugares especiales para personas de tu edad.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1373" title="solo2" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/solo2.jpg" alt="solo2" width="600" height="450" /></p>
<p>7. Para que tu viaje sea económico como viajero solo, puedes hacerlo en transporte público, en rutas de buses urbanos, en tren, bicicleta o moto y pedir a tu agencia de viajes un tiquete económico, como por ejemplo, las tarifas para estudiantes.</p>
<p>8. Como viajero solitario puedes tener como distracción un iPad o dispositivo para escuchar música, un computador  e incluso viajar con tu mascota.</p>
<p><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com">www.ecoglobalexpeditions.com</a></p>
<p><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com"><img class="size-thumbnail wp-image-1374 alignleft" title="ecogloballogo1" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="ecogloballogo1" width="150" height="150" /></a></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Recomendaciones Ecológicas para Viajar y Vivir!!</title>
		<link>http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/?p=1359</link>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2012 21:23:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Caminatas]]></category>

		<category><![CDATA[Ecología]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1354 aligncenter" title="consumo-agua" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/consumo-agua.jpg" alt="consumo-agua" width="383" height="480" /></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1353 aligncenter" title="bicicleta" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/bicicleta.jpg" alt="bicicleta" width="719" height="465" /></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1352 aligncenter" title="anatomia" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/anatomia.jpg" alt="anatomia" width="670" height="919" /></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1351 aligncenter" title="ahorro-agua" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/ahorro-agua.jpg" alt="ahorro-agua" width="819" height="960" /></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1358 aligncenter" title="soy-ecolombiano" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/soy-ecolombiano.jpg" alt="soy-ecolombiano" width="618" height="466" /></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-1357 aligncenter" title="rutas" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/11/rutas.jpg" alt="rutas" width="302" height="453" /></p>
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		<title>El &#8220;Sendero Panche&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Oct 2012 21:18:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[-- Sendero Panche]]></category>

		<category><![CDATA[Caminatas]]></category>

		<category><![CDATA[Caminatas ecológicas]]></category>

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		<description><![CDATA[En el municipio de Sasaima Cundinamarca, entre bosques y cañadas, discurre el &#8220;Sendero Panche&#8221;, antiguo camino utilizado por los indígenas Muiscas y Panches para transportar de un lugar a otro sus productos. Esta era una vía que comunicaba entre si a las diferentes comarcas gobernadas por el Cacique Cacaima.

Cuenta la historia que con la llegada de los españoles, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el municipio de Sasaima Cundinamarca, entre bosques y cañadas, discurre el &#8220;Sendero Panche&#8221;, antiguo camino <span>utilizado por los indígenas Muiscas y P</span><span>anches</span><span> para transportar de un lugar a otro sus productos. </span>Esta era una vía que comunicaba entre si a las diferentes comarcas gobernadas por el Cacique Cacaima.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1337" title="Sendero Panche" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/panche3.jpg" alt="Sendero Panche" width="600" height="450" /></p>
<p><span><span id="more-1336"></span>Cuenta la historia que con la llegada de los españoles, los Nativos Panches construyeron fuertes de seguridad desde Sasaima hasta Tibacuy, desde estos sitios vigilaban el movimiento ibérico y se guarnecían de la caballería y de la jaurías de perros asesinos, también construyeron algunas rancherías en estas alturas y en sus caminos labraron huecos y en sus fondos colocaban púas de filosos maderos que camuflaban taponando las bocas de estos con hojarasca y tierra para que en ellos cayeran los desconocedores y sus enemigos. </span></p>
<p><span><img class="aligncenter size-full wp-image-1338" title="Sendero Panche" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/panche2.jpg" alt="Sendero Panche" width="600" height="450" /><br />
</span></p>
<div><span></p>
<div>En un recodo del sendero se encuentra la &#8220;Caverna del Indio&#8221;, donde según la leyenda los aborígenes sepultaban a sus antepasados que se hubiesen distinguido en la guerra y en las jerarquías sociales. Según sus creencias, pensaban que sus difuntos, por estar enterrados en las alturas, sus espíritus desde allí vigilaban y protegían sus cosechas y sus pueblos. Cuentan las leyendas y sus mitos que el interior de la cueva es atravesada por una corriente de aguas cristalinas rondada por una serpiente enorme y de presencia descomunal, con dos cabezas alargadas y una lengua que serpentea a todos lados, su espina dorsal es surcada por una gran cresta, su cuerpo termina con una cola en forma de látigo y su ápice termina en lanza. La tarea de esta enorme serpiente es el vigilar un gran tesoro dejado por los aborígenes en el interior de la caverna.</div>
<div><img class="aligncenter size-full wp-image-1339" title="Sendero Panche" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/panche5.jpg" alt="Sendero Panche" width="450" height="600" /></div>
<div>
<div>Más abajo se encuentra la cascada San Luis, formada por la quebrada del mismo nombre. En una estribación rocosa de unos 30 mts de altura se desprende esta caída que golpea sobre el piso rocoso, formando una moya de tibias y cristalinas aguas, empotrada en medio de lajas y árboles de diferente altura por donde escasamente penetran los rayos solares.</div>
<div><img class="aligncenter size-full wp-image-1340" title="Sendero Panche" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/panche1.jpg" alt="Sendero Panche" width="600" height="450" /></div>
</div>
<div>En este territorio ancestral se aprecia también el Alto de la Cruz. Peña que se divisa desde el casco urbano de Sasaima y en cuya cúspide se encuentra erigida una cruz, es un lugar de romería y de contemplación, desde allí se visualiza la panorámica urbana y se observa gran parte de las veredas del municipio y sus multicolores tonalidades verdes que ofrece la naturaleza al contemplar el infinito.</div>
<div><img class="aligncenter size-full wp-image-1341" title="Sendero Panche" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/panche4.jpg" alt="Sendero Panche" width="600" height="450" /></div>
<div></div>
<div><a href="www.ecoblobalexpeditions.com">www.ecoblobalexpeditions.com</a></div>
<div></div>
<div><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com"><img class="alignnone size-thumbnail wp-image-1342" title="www.ecoglobalexpeditions.com" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/10/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="www.ecoglobalexpeditions.com" width="150" height="150" /></a></div>
<p></span></div>
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		<title>Cinco paisajes ÚNICOS!! Y están en Colombia!!</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Sep 2012 19:40:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Caminante</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Caminatas]]></category>

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		<description><![CDATA[Cinco paisajes únicos! Están en Colombia,  pero no son aptos para quienes ven noticieros todas las noches&#8230; y andan psicosiados creyendo que viven en el país más peligroso del mundo&#8230; Son sólo para los privilegiados que  saben que en Colombia es posible, a pesar de las noticias y con toda la seguridad, visitar estos rincones increíbles!
Caño Cristales [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cinco paisajes únicos! Están en Colombia,  pero no son aptos para quienes ven noticieros todas las noches&#8230; y andan psicosiados creyendo que viven en el país más peligroso del mundo&#8230; Son sólo para los privilegiados que  saben que en Colombia es posible, a pesar de las noticias y con toda la seguridad, visitar estos rincones increíbles!</p>
<h2>Caño Cristales en la Serranía de La Macarena, el río más bello del MUNDO!</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1328" title="Caño Cristales" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/cano-cristales-600mpx.jpg" alt="Caño Cristales" width="600" height="450" /></p>
<h2>Cerros de Mavecure o Mavicure en el Guainía, &#8220;Tierra de Grandes Aguas&#8221;</h2>
<div id="attachment_1329" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><img class="size-full wp-image-1329" title="Cerros de Mavecure" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/cerros-de-mavecure-by-laura-zamorano-600mpx.jpg" alt="Los Cerros de Mavecure como los vio la exploradora Laura Zamorano" width="600" height="381" /><p class="wp-caption-text">Los Cerros de Mavecure como los vio la exploradora Laura Zamorano</p></div>
<h2>Dunas o médanos en el centro de la Serranía de la Macuira en la Alta Guajira, un desierto en medio del oasis y no al revés&#8230;</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1334" title="Dunas de La Macuira" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/dunas-de-la-macuira-600mpx1.jpg" alt="Dunas de La Macuira" width="600" height="450" /></p>
<h2>Sierra Nevada del Cocuy, Güicán y Chita en Boyacá, se nos van los glaciares, hay que ir YA!</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1331" title="Nevado del Cocuy" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/cocuy-600mpx.jpg" alt="Nevado del Cocuy" width="600" height="450" /></p>
<h2>Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga en nuestro Pacífico, muy cerca de Buenaventura, Ladrilleros, Juanchaco y la Vara, el mejor sitio de Colombia para avistar Ballenas Yubarta en kayaks!!</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1332" title="Bahía Málaga" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/bania-malaga-600mpx.jpg" alt="Bahía Málaga" width="600" height="450" /></p>
<p>&#8230;fui, voy y seguiré yendo&#8230; y aquí sigo vivo!! pero sobre todo feliz de haber conocido algunos de los lugares más espectaculares de LA TIERRA!!</p>
<p><a href="http://www.ecoglobalexpeditions.com"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1324" title="www.ecoglobalexpeditions.com" src="http://www.ecbloguer.com/diariodelcaminante/wp-content/uploads/2012/09/ecogloballogo1-150x150.jpg" alt="www.ecoglobalexpeditions.com" width="150" height="150" /></a></p>
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