Crónica de una expedición sin “pero” Ciudad Perdida Teizhuna (abril 26-mayo 2 de 2014) con Ecoglobal Expeditions PARTE 3

Setiembre 15th, 2014

Durante el ascenso pudimos observar los restos de una mapaná que como nos explicó Juanca estaba “engüevada” lo que la hace más peligrosa: uno de los huevos estaba intacto, un poco más grande que el de una codorniz.

Cuando terminábamos el descanso y el rato de silencio, Juanca nos informó que teníamos suerte por varias razones: el Mamo Romualdo estaba allí y había aceptado recibirnos, hablar con nosotros y entregarnos la aseguranza.  El Mamo nos atendió un buen rato y nos explicó que el nombre de la Ciudad es Teizhuna y que era un lugar de energía positiva para ellos; nos dijo de qué forma la observación de la madera del poporo le permitía leer lo que iba a ocurrir; nos mostró, por ejemplo, que había cambiado de color, lo que indicaba que iba a empezar el período de lluvias.  Nos dijo algo muy importante y es que para ellos, “cuando no pegue la cal con la hoja de coca quiere decir que el mundo se va a acabar”.  Nos impusieron la aseguranza a cada uno y terminó nuestra conversación.

Ciudad Perdida

El ascenso de las 1.200 escalinatas no nos pareció tan fuerte como lo imaginábamos; no ocurrió lo mismo con el descenso, pues en muchos de los escaños a duras penas cabe un pie pequeño, de lado.  Al menos Argelia, Chila y yo tuvimos muy buena ayuda de todos los Juanes (Juanca, Juan Botero y Juan “Ecoglobal Expeditions”).

Llegamos al campamento con la alegría de “lo logramos”.  Nos esperaba un reconfortante almuerzo de pasta con “hogao”; durante el mismo, Chila manifestó que a partir de ese momento –es decir para ese día- necesitaría una mula; el descenso de los 1200 escalones había pasado factura;  Juanca le advirtió que solo se conseguiría para el día siguiente y no desde el inicio de la jornada.

Emprendimos el retorno para llegar al campamento MUMAKE.

La acomodación era en camarotes; Juan “Ecoglobal Expeditions” consiguió  para él una hamaca y la colgó cerca

Juan Botero le obsequió a Chila un masaje en los pies y me prometió uno para el día siguiente, promesa que cumplió.  Verdaderamente reconfortante y restablecedor.

Ciudad Perdida

Tuve una mala noche; dormí dos horas.  Hacía mucho calor que luego atribuí al material de espuma de las colchonetas para concluir que en estos lugares lo mejor para dormir es una hamaca bien colgada.  Como a las 3:30  hice levantar a Chila; no había estrellas en el firmamento pero vimos fuego en la cocina; sin embargo, Pocho y William no estaban porque habían vuelto a sus hamacas; así las cosas, Chila se acostó nuevamente a dormir plácidamente y yo quedé librada a mi suerte.  Como ya empezaba el retorno no había de qué preocuparse.

La mejor decisión fue haber regresado en dos etapas.  Esa mañana, los jóvenes, salvo una pareja (Claudia –suiza- y su novio –australiano-) partieron a las 6:30 para llegar ese día a Santa Marta.  Nosotros desayunamos sin prisa y fuimos al río a tomar un baño largo, a nadar un poco y a dejarnos llevar por la corriente en una piscina natural.  En el río cristalino se veían pequeños peces y nos acompañaron dos jóvenes indígenas quienes disfrutaban el agua con la naturalidad que da el que la sientan suya.  Una indígena lavaba su ropa y  cuál sería nuestra sorpresa al verla usar los detergentes que habíamos evitado llevar.  ¿Cuánto tiempo durarán estos ríos tan cristalinos como hoy?

Ciudad Perdida

Día 4: Ese trayecto tiene un fuerte descenso, un ascenso largo y otro descenso larguísimo.  La caminata, obviamente era más pausada y tuve el tiempo suficiente para detenerme simplemente a contemplar el paisaje, los árboles, tomar fotos a los letreros que había visto en el día dos, todo eso sin caerme.

Nos detuvimos en un pequeño poblado donde había mujeres tejedoras y compramos mochilas koguis, tejidas en fique.  En el entretanto, una indígena estaba hilando paciente y silenciosamente una madeja, que ensartaba en el dedo gordo del pie; tomaba varios hilos y los enrollaba con los dedos de la mano usando como apoyo la pierna.  Argelia y yo compramos mochilas –en otro viaje ella me enseñó que cada que se compra el producto hecho por una mujer hay una familia que come varios días-  Juan Botero, otra que, curiosamente, tenía la letra jota.  El color de las rayas de estas mochilas se obtiene con tintes extraídos de plantas y árboles.

Chila iba más adelante en la mula, llevada de cabestro por el indígena Lisímaco; olvidaba decir que el precio no fue barato y no obstante, al poco rato, pretendía dejarla al haberse bajado para cruzar un puente colgante. Obviamente, ella le exigió que la llevara al campamento.

Ciudad Perdida

Fue un día delicioso.  Llegamos al campamento de Alfredo muy temprano, como a las 3 de la tarde.  Almorzamos, creo que fríjoles con salchicha; me disponía a tomar una siesta, previo un baño largo, cuando me percaté de que tenía pegada a mi estómago una garrapata que me dio trabajo arrancar: salí gritando, pues nunca me había pasado y María del Mar, de 11 años, recién llegada donde Alfredo, experta en detectarlas, me quitó como 6;  ahí cundió la alarma y estuvimos todos esculcándonos –Argelia dijo que como buenos descendientes de los chimpancés-.  Cecilia, muy precavida y dulce para estos animales había llevado un insecticida especial que al principio rociaba en nuestras hamacas con algo de pudor, pero a partir de este momento toda la ropa fue fumigada.  Creo que un poco más y nos intoxicamos.  Así las cosas, el tiempo se pasó y a las cinco de la tarde fuimos a visitar la casa de Libardo, también santandereano y hermano de Alfredo, que vive allí desde hace 30 años; cultiva café y cacao en forma totalmente orgánica; nos explicó todo su proceso y nos preparó deliciosas tazas de chocolate y café.  Regresamos a dormir temprano.

Esa tarde Chila estuvo conversando con la esposa de Alfredo y supo que eran santandereanos y habían emigrado hace 30 años, desplazados por la violencia.

Ciudad Perdida

Día 5: desayunamos tarde unos deliciosos huevos con tostadas, mantequilla y mermelada.

El descenso lo hice con Argelia, mientras conversábamos, analizando muchas de las experiencias vividas, ella exponiendo su aproximación sociológica; incluso nos deteníamos para profundizar en algún aspecto, tomar fotos, comentar las impresiones sobre el paisaje, dejar salir a flote la nostalgia que implica el regreso, de tal suerte que cuando llegamos a la piscina natural en la quebrada Rumichaca todos los demás llevaban un buen rato allí.  Hicimos lo propio y disfrutamos las cascadas que masajean la espalda y el cuerpo.  Chila había seguido de largo hacia Machete Pelao en la mula, que esta vez había contratado con Jesús, casi un niño.

Llegamos a Machete Pelao a disfrutar del delicioso almuerzo que había sido ordenado desde el día de la partida.  Todos habíamos pedido pescado frito con patacones y arroz con coco; fue un cierre perfecto, acompañado de cervezas bien frías, mientras escuchábamos en un establecimiento cercano a un recreacionista que trataba de animar una fiesta para los niños pues se celebraba su día.  La música era reguetón y trataba de ser gracioso de la forma más absurda apelando, supuestamente, a palabras en otros idiomas.

Ciudad Perdida

Culminamos esta parte de la expedición con lo que bien podría llamarse una “colombianada”; la buseta que nos llevaría a Taganga no tenía reversa y en un lugar de la carretera tomó un buen rato que el carro que iba subiendo creyera la versión;  cuál sería mi sorpresa al percatarme de que era cierto, pues cuando fuimos al hotel Rancho Relax a dejar a unos turistas, los hombres debieron bajarse para empujar; las carcajadas nuestras todavía deben escucharse en los alrededores.

Cerca de las 5 llegamos al hostal en Taganga; Argelia, Chila y yo tiramos al piso la ropa para separarla en una bolsa con el fin de que posibles garrapatas no se pegaran a las prendas con las que regresaríamos.  Descansamos un poco, nos bañamos con el fin de salir a “nuestra última cena” que no teníamos duda sería donde Patricia.  Yesid muy amable fue a hacer los arreglos previos pero especialmente a encargar el vino blanco que nos ofreció y que esta vez sí podíamos tomar sin restricciones.

Ciudad Perdida

Estábamos todavía arreglando la ropa cuando por fin (!) Juan se hizo presente con el regalo que había “calentado” durante todo el viaje; estamos mal acostumbrados porque siempre tiene un obsequio al inicio, bien sea una cantimplora, o un mug; esta vez era una camiseta con la foto de las terrazas y con esta bella inscripción, que bien podría servir de cierre a este relato:

“… Yo visité Teizhuna, caminé cinco días entre la selva, crucé ríos torrentosos, ascendí más de 1.000 metros y dormí bajo los árboles y las estrellas…”

Era indudable que ese sería el uniforme para la cena.  Casi todos comimos deliciosas cazuelas de mariscos, Argelia anillos de calamar, y Yesid repitió langosta.  Pedimos entradas de cuyas salsas “no dejamos ni el pegado”.  Tomamos unas cuatro botellas de vino; la conversación fue tan agradable como el viaje mismo; Jesús, “nuestro nuevo mejor amigo”, hizo gala de su sensibilidad, y nos dijo cosas hermosas a todos, en una palabra nos abrió su corazón.

Ciudad Perdida

Regresamos a nuestras ciudades de origen al día siguiente después del medio día, no sin antes haber caminado un poco por Taganga –unos más, otros menos- para calmar lo que llamamos “el síndrome de abstinencia”.

El regreso produce nostalgia que solo se atempera con el grato recuerdo de haber compartido esta experiencia con compañeros maravillosos con quienes se generan lazos que aseguran que de manera natural uno seguirá encontrando en estos caminos. Y aunque Juan “Ecoglobal Expeditions” es modesto, me tomo la vocería de todos para hacerle un reconocimiento muy especial, porque como dijo Jesús en un bello escrito que nos envió es un vigilante que de manera silenciosa está siempre presente.

Colofón

Para terminar, nada mejor que una cita tomada del libro Apaporis – Viaje a la última selva de Alfredo Molano y María Constanza Ramírez.  Ed. Planeta, 2002, p. 57

Nada une más que los viajes. En todo camino transitado por varias personas a la vez, asoma un compañerismo a toda prueba, que vive en formas no ajenas a la melancolía.  No en vano el camino de Santiago de Compostela fue el eje sobre el que se construyó el espíritu de Europa a decir de Göethe.  Caminar es conocer, pero también conocerse y compartir limitaciones.  De ahí que todo viaje deje vivo un sueño de cofradía.

Ciudad Perdida

Clemencia Hoyos Hurtado

Medellín, mayo 4-11 de 2014

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Crónica de una expedición sin “pero” Ciudad Perdida Teizhuna (abril 26-mayo 2 de 2014) con Ecoglobal Expeditions PARTE 2

Agosto 21st, 2014

Durante la comida se planeaba el día siguiente; la ruta para los días 2 y 3 era:

Ciudad Perdida

Es decir: el día dos consistía en una caminata de 4 horas saliendo desde el campamento de Alfredo para pernoctar en el de Gabriel; como se aprecia en el esquema, el perfil era lo que se denomina columpios –ascensos y descensos pronunciados-.  Lo que inicialmente sería el día 3, también con ascensos y descensos, llegaría al campamento Paraíso Teizhuna.

Ciudad Perdida

El día 4 era la visita a Ciudad Perdida y el comienzo del descenso; el día 5 sería el regreso -estimado en 7 horas.  En el regreso hay más descensos que ascensos, pero todos coincidíamos en que no sería tan fácil pues aquello que es un alivio al subir, para las rodillas puede ser una tortura al bajar; además, en el regreso hay  unos ascensos muy exigentes.

Todo parece indicar que como caminantes nos desempeñamos muy dignamente, pues la propuesta de Juanca y de Juan “Ecoglobal Expeditions” fue unir las jornadas de los días 2 y 3, para luego bajar en dos etapas, disfrutando más el paisaje, bañándonos en el río, etc.  Todos, sin hacer ninguna consideración, aceptamos de inmediato, máxime que en ese momento se tienen todas las energías y el deseo de lograr cuanto antes el sueño de llegar a Ciudad Perdida Teizhuna.

Ciudad Perdida

Con esa decisión, no quedaba más que ir a dormir en la hamaca, tomar un par de dolex y con algún ungüento masajearse pies y rodillas.  Nos ubicamos en una esquina del campamento en la que había una única cama que la tomó Argelia en consideración a una lesión en la columna; gracias al toldillo - como dijo Cecilia- su cama lucía como “un el tálamo nupcial con baldoquines tipo colonial”.

De los hostales, el de Alfredo me pareció el más confortable: las hamacas estaban colgadas a la altura perfecta, la cobija adecuada para la temperatura fresca de la noche; yo, que no soy tolerante con el frío, usé una camiseta de algodón y otra térmica que me cubriera únicamente la espalda  pues en el Salto Ángel en Venezuela, aprendí –después de una noche de total insomnio- que el frío en una hamaca se cuela por la espalda y hay que protegerla para combatirlo; antes pensaba que era poniendo la cobija sobre el cuerpo; así las cosas, la noche fue perfecta para mí; dormí hasta las 3:30 a.m, casi 7 horas.

Ciudad Perdida

Esa noche no fue tan placentera para Yesid pues una vez se acostó en su hamaca empezó a roncar y yo me acerqué y lo desperté.  Al día siguiente manifestó que no había podido conciliar el sueño, de tal suerte durante toda la noche escuchó el ronquido de Argelia.  A partir de la segunda noche, con toda razón, siempre armó rancho aparte!!

Se nos advirtió que, en la mañana, antes de usar cualquier prenda que estuviese colgada en las cuerdas o de calzar las botas era necesario sacudirlas para no tener la desagradable sorpresa de ser picado por un escorpión –alacrán- que son bastante frecuentes en estos climas. Para prevenir, lo mejor es colgar las botas en las hamacas.  Por fortuna durante todo el viaje no hubo ninguna picadura qué lamentar.

Día dos: Desperté, y qué agradable sorpresa encontrar que Cecilia ya estaba levantada contemplando el cielo: estrellado como el que más y gracias a la total ausencia de contaminación lumínica pudimos observar durante un rato la Vía Láctea, mientras se escuchaban las chicharras y se veían los cocuyos (de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, cocuyo es un americanismo y lo define como “insecto coleóptero de América tropical, parecido a la luciérnaga, que despide de noche una luz azulada”).  Al mismo tiempo se levantaron Pocho y William a prender el fuego en la cocina para preparar el desayuno.  Como dos perdidas que encuentran una casa amable, allí nos instalamos.  Cecilia se desempeña muy bien y ayudó a pelar piña, papaya y melón que nunca faltaron como fruta para el desayuno.  Yo ayudé en lo que los paisas llamamos “dentrodería”: lavar y secar platos y limpiar los tablones de las mesas del comedor: es mi especialidad.  Ese día el desayuno fue la tradicional arepa de huevo costeña.

ciudadperdida

Es bueno detenerse un poco en describir cómo es la “vida” en un campamento, máxime cuando cada noche se está en uno diferente.  Argelia documentó con fotos el día a día.  Lo primero que hacíamos era “invadir” las cuerdas para extender la ropa, bien sea porque estuviese húmeda (en cada sitio se encuentran lavaderos) o mojada por la transpiración después de las intensas jornadas en un clima cálido y húmedo.  Además, como las pocas pertenencias estaban en bolsas plásticas, para encontrar algo había que sacar todo pues  siempre había algo extraviando: el cepillo de dientes, la seda dental, unas medias, en fin…  En síntesis, es una función de empacar y desempacar que, al menos a las mujeres, nos toma generalmente mucho tiempo.  Rápidamente pasamos a una sola bolsa.  Al principio uno es muy recatado al vestirse y desvestirse y después va dejando el pudor en aras de la efectividad.  Claro que en algunos campamentos pudimos hacer una especie de “vestier” utilizando los “pareos” – es el equivalente femenino de un poncho- y que, dicho sea de paso, nunca debe faltar en el equipaje porque sirve para todo, no ocupa espacio y es supremamente liviano.

Ciudad Perdida

A las 6:30 a.m. partimos para la doble jornada.  Había que empeñarse a fondo, y tratar de ser eficientes pues el río debía atravesarse en varias ocasiones y había que cambiar las botas por los zapatos de agua.  A las tres mujeres nos tomaba nuestro tiempo esta labor, especialmente al calzar nuevamente las botas, pues secábamos juiciosamente los pies y usábamos  talco para evitar los hongos.  Cómo sería el asunto que, al regreso, Juanca, con mucho sentido práctico, decidió pasarnos a las tres “a caballo”; para él era cuestión de 35 segundos: qué eficiencia! Que fortaleza!

El camino tenía unas partes difíciles que incluso han sido intervenidas con cemento; supongo que, cuando Blanka en su relato -publicado en Ecoglobal Expeditions-  habla de precipicios se refería a estos pasos estrechos que por fortuna ya no son peligrosos.  Atravesamos un puente colgante y pasamos por un poblado indígena muy pequeño –Mutanshi-.

Ese día el cielo estaba azul, y pudimos disfrutar de una mejor vista de las montañas de la Sierra y de la selva y el trayecto no resultaba agobiante porque ya nos encontrábamos en terrenos no deforestados.

En el “premio de montaña” de ese día nos esperaban unas deliciosas naranjas partidas en 4 cascos, presentadas de una manera muy bella: en una especie de mesa hecha con troncos, estaban servidas sobre hojas de plátano que sirven mantel y otras las cubrían.  Ese día Juan Botero y Yesid se habían adelantado, por lo cual no se percataron del premio de montaña.  Yesid creo que lo lamentó hasta el final pues el primer día preguntó que si para el desayuno habría jugo de naranja: vana ilusión.

Ciudad Perdida

Paramos en un sitio indígena en el que hubiésemos pernoctado de no ser por la doble jornada.  Al llegar allí ya estaba listo el almuerzo que consistió en una deliciosa sopa de legumbres con mucho apio y un arroz verde, color que se lo daba la cebolla larga, finamente picada.  Era una alimentación nutritiva y liviana a la vez, adecuada para la segunda parte de la jornada (que correspondía al día 3) y estaba acorde con el carácter vegetariano de alguno de los jóvenes del grupo que iba a la par nuestra.

Como aparece en la guía, el perfil del día 3 es: ascenso, descenso y ascenso, cada uno de una hora.

Ciudad Perdida

A medida que se avanza se encuentran avisos hechos por los pobladores en los cuales hay información sobre la fauna: oso hormiguero, tucán, mapaná, coral, escorpión… con una caligrafía elemental y bastante pintorescos por su ortografía; otros avisos anuncian qué porcentaje del camino se lleva: 25%, 50%, 75%.  Están hechos como para levantar el ánimo pues realmente no dan cuenta del esfuerzo físico que falta para lograr la meta.

La verdad es que, durante esta jornada, a duras penas contemplaba el paisaje mientras descansaba; tomé pocas fotos lo cual me ha hecho difícil recordar muchos detalles.  Observé gran cantidad de helechos, anturios, heliconias y bromelias.  Me llamó mucho la atención una heliconia desconocida y que luego identifiqué como la heliconia mariae o tacana, en el libro Savia Caribe ya citado.

Ciudad Perdida

Rápidamente empiezan a observarse vestigios de la civilización tayrona: algunos caminos construidos con lajas de piedras y desviaciones con escalones con las mismas características de los 1.200 que marcan el final del ascenso a Ciudad Perdida.  Se aprecian también restos de muros de contención y de manejo de aguas lluvias lo que muestra el grado de desarrollo de esta civilización perdida en el tiempo y especialmente del trabajo de ingeniería.  Juanca nos iba conduciendo y mostrándonos entre otras cosas, los daños hechos por los guaqueros.

Llegamos a pernoctar al campamento Paraíso Teizhuna, operado por los Koguis.  Obviamente estábamos cansados, pero tampoco exhaustos. Nuestro guía Juanca había escogido para nosotros un lugar más privado, en un segundo piso, bastante privilegiado pues estaba junto a los baños.  Había camas para todos y carpas individuales. Jesús y Juan Botero escogieron sendas carpas; Jesús reclamaba una “mechuda” porque decía que había alquilado la suite por un mes. Yesid fue al dormitorio general con hamacas y Juan Ecoglobal Expeditions guindó una en este segundo piso.  Pudimos tomar un merecido aunque corto baño en el río y flotar en esa deliciosa agua fría, pura y cristalina.

Ciudad Perdida

Día 3: ascenso a Ciudad Perdida Teizhuna.  La gran expectativa es llegar a los 1.200 escalones; el día anterior Jesús hacía chistes diciendo: si somos 6, entonces cada uno sube doscientos.

Salimos temprano después de haber tomado, como siempre, un abundante desayuno: ese día fueron empanadas de atún con un ají delicioso que William preparó con esmero; el éxito fue total pues lo comimos casi que a cucharadas.

Salimos a las 6:30 a.m.  El día no podía ser mejor; un cielo de azul intenso; el sol era tolerable porque en ese punto la vegetación está intacta.  Se podían apreciar cientos de palmas de tagua y de árboles que siempre nos acompañaron: zambo cedros, bongas, caracolíes, laureles, entre otros.  Además, pudimos escuchar monos aulladores;  como quien dice, el esplendor de la selva.

Ciudad Perdida

Esta caminata, aunque parece corta (2 kms) tarda unas 2 o 3 horas; la primera parte, después de dejar el campamento, es difícil pues hay unos pasos de mucho cuidado donde es necesario apoyarse contra la roca; abajo está el río Buritaca.  Se requiere concentración. Después de ascender los 1200 escalones se llega a la magia, al misterio.  Allí hay varios emplazamientos de lo que seguramente fueron viviendas, antes de llegar a lo que se llaman las terrazas que están en la parte más alta que son la zona central de la ciudad y que constituía el lugar donde se concentraba el poder político.

Juanca nos dio todas las explicaciones sobre una piedra que se encuentra en las terrazas y que representa la Sierra Nevada, con el surco que indica el lugar donde se acaba la nieve, los ríos que bajan de ella, la ubicación de Teizhuna; como él mismo nos lo dijo, para los arqueólogos se trata de una mera coincidencia; no así con la piedra en la que hay acuerdo en que se trata del mapa de la Ciudad y que aparece fotografiada en las publicaciones.

Ciudad Perdida

Sobra decir que el lugar invita al silencio y a la quietud, máxime que tuvimos el privilegio de estar solos durante un buen tiempo.  Una vez tomamos las fotos clásicas en la terraza, que no por ello dejan de ser emocionantes (yo pensaba que solo se lograban en una vista aérea) nos sentamos a descansar y acordamos quedarnos en silencio un rato largo.

Como se señala en todas descripciones arqueológicas Teizhuna es un complejo de construcciones, caminos empedrados, escaleras y muros intercomunicados por una serie de terrazas y plataformas sobre las cuales se construyeron los centros ceremoniales, casas y sitios de almacenamiento de víveres.

Ciudad Perdida

Hay una anécdota que no puedo pasar por alto y que tal vez fue lo que más risa nos produjo en esta expedición: ante el requerimiento de Juan “Ecoglobal Expeditions” para que Jesús se hiciera invisible para tomar una foto de las terrazas, éste efectivamente desapareció, y en un brote de genialidad reapareció al instante a modo de fantasma: caló el sombrero con las gafas en el bastón que le servía de apoyo.  Quedó registro fotográfico.

Ciudad Perdida

CONTINUARÁ…

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Crónica de una expedición sin “pero”: Ciudad Perdida Teizhuna (Abril 26-Mayo 2 de 2014) con Ecoglobal Expeditions

Julio 24th, 2014

Ítaca, el inmortal poema de Constantino Cavafis (1863-1933), pone en contexto éste y otros viajes.


Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

Pide que el camino sea largo,

Lleno de aventuras, lleno de experiencias.


No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

Ni al colérico Poseidón,

Seres tales jamás hallarás en tu camino,

Si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción

Que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

Ni al salvaje Poseidón encontrarás

Si no los llevas dentro de tu alma,

Si no los yergue tu alma ante ti.


Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

En que llegues -¡con qué placer y alegría!

A puertos nunca vistos antes.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

Y atracar, viejo ya, en la isla,

Enriquecido de cuanto ganaste en el camino

Sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

Entenderás ya qué significan las Ítacas.


Vivo en Medellín y empiezo este relato, dos días después de haber regresado de la expedición a la Ciudad Perdida Teizhuna; el ambiente es propicio para plasmar las emociones, pues en lugar de los torrenciales aguaceros de esta época, hace una tarde espléndida y un cachito de luna se encuentra en la parte alta del firmamento.


Como nos lo dijo el Mamo Romualdo, a quien tuvimos el privilegio de escuchar, y recibir de sus manos la “aseguranza”, Ciudad Perdida es el nombre que los blancos le hemos dado a un lugar que realmente se llama Teizhuna. La “aseguranza” es un hilo delgado con cuatro chaquiras pequeñas en el centro y algo parecido a un ritual la entrega a su esposa quien, casi que con reverencia, la ata a la muñeca del visitante.


Tal como estaba previsto en el itinerario, llegamos a Santa Marta el día Sábado 27 de Abril al medio día y nos dirijimos a Taganga al Hostal Pelikan en el cual pasaríamos la noche. Cuatro de los caminantes – las hermanas Argelia y Cecilia Londoño, Yesid Castro y yo- y, Juan “Ecoglobal Expeditions”, llegamos relativamente temprano; nos instalamos sin prisa; mientras esperábamos a Juan Botero y Jesús Gómez, los otros compañeros, Yesid – como una fina atención que quería hacernos a todos- fue a buscar langostas y, efectivamente, compró cuatro o cinco, muy grandes; y en compañía de Juan encontró el lugar en el cual aceptaron prepararlas: Patricia es la dueña y chef de uno de los kioscos ubicados en la playa, y con muy buen sentido del servicio las preparó de una manera exquisita, acompañadas de patacones y el mejor arroz con coco que uno pueda comer: si mal no recuerdo, es el zumo de dos cocos por una libra y media de arroz. Literalmente, nos chupamos los dedos y con piedras quebramos las tenazas de las langostas con el fin de que no quedara absolutamente nada dentro de su “corporeidad”. Este preámbulo era apenas el augurio de la maravillosa experiencia que seguiría posteriormente.


Ciudad Perdida

Para evitar el tráfico de las avenidas principales, el conductor del taxi que nos llevó del aeropuerto a Taganga nos llevó por un barrio de casas de un solo piso, lleno de árboles de mango dulce que en esta época están repletos de frutos que en junio serán la delicia de transeúntes y aves. También observamos bongas gigantescas, por lo menos centenarias. No faltaban los lugareños sentados en el antejardín o en los parques del barrio con los famosos parlantes costeños preparándose para la parranda que va de sábado a domingo.


Cinco de los caminantes ya nos conocíamos, bien fuera en las expediciones a los cerros de Mavecure, al desierto de la Tatacoa, al Salto Ángel en Venezuela, a la Sierra Nevada del Cocuy –siempre con Ecoglobal Expeditions-. El sexto, Jesús Gómez, era el “nuevo” y fue la gran revelación: el número uno en chispa humorística, sentido práctico, aire descomplicado y mirada estética para lograr extraordinarias fotos y captar momentos únicos.


Una vez concluida la cena, fuimos a dormir, no sin antes haber aliviado la carga de los morrales con el fin de dejar en el Hostal una muda limpia para el regreso a nuestras ciudades y lo que para ese momento ya se consideraba superfluo. Aunque esta vez mi morral solo pesaba 5 kilos, incluido uno de frutos secos, bocadillos, etc., me percaté de que podía ser más liviano, de tal suerte que mi equipaje para el ascenso cupo en una bolsa plástica de supermercado, no muy grande. Lo propio hizo Argelia; así las cosas, las dos pudimos llevar un solo morral; a las bolsas plásticas las bautizamos como “el clóset”, de tal manera que durante la travesía ya nos reíamos diciendo “pasáme mi closet que se me perdió…”. Cecilia hizo lo mismo y sus cosas a duras penas ocuparon la mitad del morral. Ni qué decir de las pertenencias de Jesús: en una mirada femenina, no llevaba ni lo “necesario”, pero en el camino se vio que era suficiente.



Ciudad Perdida

Día 1: nos recogió la buseta y fuimos a un lugar en el centro de Santa Marta a esperar durante un rato largo a nuestro guía local: Juan Carlos Castro “Juanca”; mientras tanto tuvimos tiempo de deambular por los alrededores y conocer la iglesia; perdimos la espera pues Juanca se incorporó al grupo en “Machete Pelao”, dos horas después. En la buseta iban otros turistas extranjeros –y dos compañeros muy importantes, encargados de la cocina: Pocho (Jesús Abril) y William. Con mucha complacencia, observamos la cantidad y variedad de mercado que se empacaba en cajas de cartón para ser transportado en las mulas. Cuál no sería mi sorpresa al ver que también había huevos –creo que en los cinco días solamente se quebró uno-. Mientras se adelantaba esta tarea, vimos llegar en mula a una turista extranjera que regresaba hecha un nazareno; estaba en chanclas y sus pies eran una sola llaga, algunas cubiertas con microporo y otras sangrantes y expuestas; no me imagino qué clase de zapatos habría usado; por eso creo que lo mejor es andar siempre “con las botas puestas”.


Ciudad Perdida


Para ese entonces, Argelia, Chila y yo teníamos decidido que bajaríamos en mula para cuidar nuestras rodillas. Con muy buen criterio, como se vio después, Juanca nos aconsejó no apresurarnos, esperar el ascenso y tomar la decisión al regreso, porque había manera de establecer comunicación a través de los radio teléfonos con las comunidades indígenas, asunto que nos sorprendió: todos los indígenas varones mayores llevan colgados un radio teléfono y un transistor (seguramente los jóvenes no saben de qué estoy hablando.


En el trayecto hacia Machete Pelao, en la distancia sobresalía un árbol que en algunos momentos parecía de color amarillo y en otros naranja. Hubo una parada y pude tomar una foto que tal vez es la que más aprecio, aparte de la obligada en Ciudad Perdida haciendo la V de la victoria. Después, encontramos en el camino lo que creíamos eran las “flores”: son de color beige, tienen 5 “pétalos” y una forma tal que puede sostenerse sobre su eje, apoyada en los mismos “pétalos”. El nombre del árbol es bonga. Sin embargo, después de consultar el libro bellamente editado por el Grupo Argos, Savia Caribe y que es el Tomo I de una colección denominada Inventario botánico de Colombia, encontré que este árbol conocido como bonga, es una ceiba pentandra. En la pag. 145 hay dos fotos del árbol: una de color verde y la otra amarilla y las acompaña el siguiente texto:


“Dos ceibas en dos tiempos distintos. La ‘vestida’ de verde ya tiene hojas adultas, mientras la de color amarillo… apenas está empezando a vestirse. Ambas terminarán sin hojas en un proceso en el que en su momento tendrán flores de color blanco. Esto sucede una vez cada año”.


Ciudad Perdida

Retomo el hilo. Cada uno de los caminantes, excepto Juan “Ecoglobal Expeditions”, llevaba únicamente su morral pequeño con el agua, el vestido de baño, la toalla de secado rápido y los zapatos de agua. Habíamos contratado una o dos mulas para llevar el resto del equipaje.


Allí, en Machete Pelao, el almuerzo consistió en deliciosos y livianos sánduches de jamón y queso, con verduras estéticamente servidas, para que cada uno armara el suyo. Además, se nos presentó el recorrido, día por día, con los perfiles de cada uno de ellos y tuvimos 20 minutos para reposar un poco y comenzar el primer ascenso con una duración aproximada de 5 horas.


Ciudad Perdida


Viajar a pie durante 3 o 4 días, según el ritmo de los caminantes, y deteniéndose solo para pernoctar, es parte de la ceremonia. El camino comienza por lugares cuyas laderas han sido deforestadas por los campesinos; sin embargo, cada que se mira el horizonte se observan la selva y el bosque de la Sierra, dependiendo de la altura sobre el nivel del mar; no logramos ver la nieve pero para eso está nuestra imaginación. Me caía cada que apartaba la vista del camino para mirar un árbol, bien fuera un zambo cedro, un caracolí o una bonga o para avistar un pájaro; por fortuna, siempre encontraba la mano amiga de Juanca nuestro guía local, o la siempre presta de Juan “Ecoglobal Expeditions”.


El recorrido se hace en medio la selva húmeda tropical, que es la que se presenta hasta que se llega a 1000 o 1200 msnm; a partir de esa altura empieza el bosque andino (cfr. http://www.parquesnacionales.gov.co/PNN/portel/libreria/php/decide.php?patron=01.201203; consultado mayo 4 de 2014).


La distancia para llegar a Ciudad Perdida Teizhuna es de 24 kms; con el regreso, en total son 48 kms en cinco días. Podría decirse que no es una distancia muy larga, pero hay que contar el tiempo para descansar, comer un tentempié –generalmente fruta- almorzar, tomar una que otra foto, observar árboles y plantas; además el camino tiene ascensos y descensos importantes y cuando de cruzar el río se trata hay que usar los zapatos de agua, secar los pies y calzar nuevamente las botas.


Ciudad Perdida

Una vez se sale de Machete Pelao, la caminata discurre por un pequeño ascenso bordeando la quebrada Rumichaca; antes de iniciar un ascenso de una hora, a la mano izquierda hay una piscina natural que disfrutamos al regreso. Después de ese ascenso de una hora se llega a un merecido descanso en un mirador; sigue un descenso, se pasa por el campamento de Adán y se continúa hasta el campamento de Alfredo, para pernoctar.


Ciudad Perdida

Este recorrido lo vivimos de la siguiente manera: éramos dos grupos que avanzábamos de esta forma: Juanca, de Magic Tours, Juan “Ecoglobal Expeditions” y las hermanas Argelia y Cecilia Londoño, Juan Botero, Yesid Castro, Jesús Gómez y yo; promediando la edad podemos decir que somos personas de 60 años –excepto los dos Juanes. El otro grupo, eran jóvenes de diferentes nacionalidades y cuyo idioma común era inglés. Nosotros salíamos primero y creo que una media hora después partían ellos (supongo que en consideración a la edad). Dicho grupo tenía un guía local y otro que hacía de traductor y también de guía, pues conocía bien el camino.


Juan “Ecoglobal Expeditions” nos había advertido que la jornada más difícil era la primera porque el ascenso de una hora había que abordarlo después del medio día lo cual agotaba bastante; sin embargo, puede decirse que siempre hizo el clima apropiado y esa tarde no fue la excepción: estaba nublada pero sin lluvia. La loma es verdaderamente exigente pues no tiene ningún respiro y como jocosamente decía Jesús en este viaje a pie, a la pregunta de cuánto falta, la respuesta siempre era: 15 minutos. En ese tramo nos sobrepasó el grupo de jóvenes; finalmente llegamos al primer “premio de montaña” donde nos esperaban deliciosos apetitosos y jugosos trozos de sandía, o patilla como se le dice en la región de la Costa.


Ciudad Perdida

El paisaje más cercano, es decir el que bordea el camino, no es el más alentador: se aprecia gran deforestación y además muchas áreas estaban preparadas esperando las lluvias para sembrar los productos que se cultivan allí, en especial café, fríjol, cacao y maíz.


Avanzábamos rápido, en parte, porque nuestro compañero Juan Botero marcaba siempre el paso, siguiendo –palabras suyas- su pulsión de caminar, caminar y nunca detenerse.


Llegamos al campamento alrededor de las 6 de la tarde y tuvimos una grata sorpresa pues había duchas, lavamanos y sanitarios; las hamacas, con cobijas y toldillos impecables y “guindadas” a la altura perfecta.


Nos aprestamos a tomar una ducha, antes de que los mosquitos de esa hora de la tarde hicieran su agosto, para ponernos ropa fresca y limpia –generalmente es aquella con la que se duerme- y proceder a comer.


Ciudad Perdida

Empieza aquí la sorpresa positiva con la alimentación, la que ya se había anunciado con los sánduches bien servidos antes de iniciar el ascenso; en efecto, Pocho y William, nuestros “auxiliares culinarios” siempre iban adelante, de tal manera que cuando llegábamos a los campamentos la alimentación estaba preparada. Esa primera noche nos sirvieron una deliciosa bandeja de sudado de pollo con papas, arroz y la ensalada que nunca faltó. Las porciones eran para más que abundantes de tal manera que acordé con ellos –lo mismo hicieron Cecilia y Argelia- que sirviesen cantidades menores. Sin embargo, también aprendimos que especialmente Juan “Ecoglobal Expeditions” recibía parte de nuestras viandas, convirtiéndose en una especie de “biodigestor”.

Continuará…

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Caño Cristales en la Serranía de la Macarena

Junio 26th, 2014

Hace unos 20 ó 25 años Andrés Hurtado, quien además de ser hermano Marista es periodista, ecologista, viajero, explorador y aventurero, dio a conocer al mundo un lugar maravilloso en medio de la selva de la Serranía de la Macarena en el departamento del Meta, se trataba de “un río de colores” como sacado del paraíso!! Los pobladores de la zona, la mayoría de ellos indígenas y colonos, lo llamaban “Caño Cristales” (para ellos un caño es un río de menor tamaño).

Caño Cristales

En esa época, finales de los 80 e inicios de los 90, muchos viajeros y grupos de ecoturismo comenzaron a visitarlo y mucha gente comenzó a maravillarse con su belleza, haciendo de este lugar un destino cada vez más famoso. Luego a finales de los 90 no se pudo volver por la situación de orden público, porque estos territorios quedaron enmarcados dentro de la zona de distensión.

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Los 10 Parques Naturales Nacionales más visitados en 2013

Mayo 20th, 2014

Muchas y muchos prefieren Miami!!!! Otros preferimos los lugares salvajes más espectaculares de Colombia - “entre gustos no hay disgustos…”

Miami

Miami Foto Steve Shadt

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El Faro del Catatumbo

Abril 21st, 2014


Siempre me he sentido atraído por un fenómeno meteorológico espectacular, fascinante y misterioso. Se trata del “Faro del Catatumbo” o “Relampago del Catatumbo” en Venezuela, límites con Colombia. No lo he ido a ver pero espero hacerlo pronto!!

Es un fenómeno que se produce gracias a las numerosas tormentas eléctricas en la Cuenca del Lago Maracaibo en Venezuela. El origen está en el efecto orográfico de las cordilleras que encierran y frenan a los vientos del noreste produciéndose nubes de gran desarrollo vertical. Sin embargo se concentra principalmente en la Cuenca Inferior del río Catatumbo, de donde procede su nombre y la mejor época para observarlo transcurre entre los meses de Abril y Noviembre desde las 20:00 horas hasta la madrugada; es decir, alrededor de 240 noches al año.

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5 Lugares espectaculares para visitar en Colombia

Abril 10th, 2014

Todos los días nos llegan fotos de lugares maravillosos en todo el mundo (por ejemplo estas: http://www.numaniaticos.com/lugares-surrealistas-para-visitar/) y resulta que estamos sentados sobre los diamantes (como dice el cuento) y no me saquen la disculpa de que el orden público no deja ir allí, estas fotos las tomé yo y sigo vivo.

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El mundo subacuático de Caño Cristales en el Meta. Las Macarenias clavígeras con sus 5 colores, las plantas que adornan el río más hermoso del MUNDO!

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Cascadas de la Sierpe en el Parque Nacional Natural Uramba Banía Málaga, un salto de agua de más de 100 metros que cae directo desde la selva hasta el mar!

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No señora, no es el Sahara ni el Gobi, son las dunas de Taroa muy cerca de Punta Gallinas en nuestra Guajira

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Para filmar Avatar, James Cameron se inspiró en las Montañas Hallelujah en Hunan, Parque Zhangjiajie (China) (busca fotos de estas montañas en google). Pues estas que ves aquí están al otro lado del mundo!! En Norte de Santander (Colombia), Área Natural Única Los Estoraques!!

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Esta foto no tiene photoshop (ni ninguna de las anteriores), esos colores son reales y únicos!. Atardecer en Puerto Nariño Amazonas (Colombia)

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Caño Cristales Territorio de Paz!

Noviembre 20th, 2013

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No señores, los integrantes del rally que iban para Caño Cristales no los paró la guerrilla en Caño Cristales!!!!! Por Dios!!!! Qué van a hacer las empresas de turismo en Colombia con los noticieros, los periódicos y los ignorantes que no conocen la geografía de nuestro país? y con los exagerados que hacen suposiciones irresponsables? (y con los chismosos!!)

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El turismo comunitario se convierte en fuente de empleo y mejores ingresos

Agosto 29th, 2013

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San Basilio de Palenque- Bolívar; 02/08/2013-. Al menos 150 familias del Palenque de San Basilio, a pocos kilómetros de Cartagena, se han visto beneficiadas con experiencias de turismo comunitario en esa población. Así quedó evidenciado durante el IV Encuentro Nacional que sobre el tema se realizó el pasado jueves, 1 de agosto, en el denominado “primer pueblo libre de América”.

Ministerio de Comercio Industria y Turismo realizó encuentro en San Basilio de PalenqueComunidades asentadas en zonas de bajos ingresos encuentran alternativa para mejorar su calidad de vida, con respeto a sus tradiciones y su cultura.

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Caminatas de talla mundial

Julio 20th, 2013

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Si te gusta balancearte en las crestas de las montañas, o prefieres un ameno paseo por la playa, encontramos las mejores maravillas que la Tierra tiene para ofrecer. Ponte las botas…

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