Nueva reflexión sobre este asunto, con énfasis en la formación y capacitación de los periodistas y el uso del lenguaje. A la observación del lector José Horacio Ramírez G., sobre la presunción de inocencia y el manejo que los periodistas le damos a este derecho fundamental, se suman tres inquietudes recibidas la semana pasada. Julio Rubén Restrepo V. dice en su comunicación: “estoy de acuerdo con su escrito y deseo que también hable de la falta de conocimiento jurídico de quienes presentan las noticias en prensa, radio y televisión porque me asombra la confusión de términos empleados…”. Azael Carvajal Martínez, profesor y autor del libro Los periodistas y el derecho a la información, dice que a los estudiantes de su cátedra de Legislación y ética, llamó la atención la última columna y plantea un interrogante pertinente sobre el uso del lenguaje en la información judicial: “…qué podría suceder cuando el emisor, que es el periodista, quien usa un lenguaje inadecuado, como en los asuntos penales y confunde términos como indiciado, con imputador, o con acusado, o con absuelto, o con condenado…”, expresa en su mensaje. También, añado a la reflexión el comentario de Margarita Montes, quien expresa: “Claro que no suplanta al juez y precisamente la presunción de inocencia es una de nuestros postulados mas importantes, ya que la culpabilidad no la decreta el periodista, sino el juez, y con las apreciaciones a priori y carentes de razonamiento lógico jurídico, el periodista que ya ni tarjeta profesional necesitan acusan, deshonran, y someten al escarnio publico a las personas, llegando a veces a exponer la vida de las personas. Todo esto es violatorio del debido proceso…”. La calidad periodística está relacionada directamente con la formación de los periodistas. En este caso que comento, es vital una preparación académica que mejore las competencias de quienes tienen la responsabilidad de la información judicial. Ojalá los periodistas tuvieran, además, un título profesional de derecho, sería lo ideal. La formación del periodista debe contemplar el conocimiento del código penal y de procedimiento, los tipos penales, el sistema judicial acusatorio, la organización judicial del país y completa claridad de la terminología jurídica, de tal manera que los textos periodísticos sobresalgan por la propiedad, precisión y sencillez. Y qué decir del lenguaje. Es necesario alentar la sensibilidad por la crítica y la autocrítica. Cada palabra tiene carga retórica que puede distorsión la verdad y causar efectos dañinos en las personas. Con frecuencia vemos términos y frases, construidas alegremente. “Ladrón” “asesino”, “escapero” “secuestrador” “vacuna”, “país de corruptos”, “falsos positivos”, “secretario de inseguridad ciudadana, “el cadáver del occiso”, “humanizar la guerra”, y otras muchas palabras que son epítetos, hipérboles, metáforas, personificaciones, juegos de palabras, incorrecciones e ironías que abundan en la información judicial. Y qué decir de los eufemismos como “amigo de lo ajeno”, en vez ladrón; “indelicadeza”, por peculado; “limpieza social”, por homicidio de indigentes; “contenidos para adultos, en vez de pornografía, y decenas de expresiones impropias que pueden llegar a ocultar o soslayar los hechos.