Reflexión sobre las fotografías de actos violentos y tragedias que publican con frecuencia los periódicos.
El jueves pasado en uno de los auditorios de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Fundación Universitaria Luis Amigó se abrió un interesante debate sobre las imágenes “fuertes”, por su crudeza, que con frecuencia aparecen en los periódicos y en la televisión. Uno de los asistentes al acto académico preguntó: “¿Dónde queda el respeto por la dignidad de las personas y por los lectores cuando publican esas fotografías de tragedias y de actos terroristas o de violencia?”. Henry Agudelo Cano, Editor Fotográfico de EL COLOMBIANO dice: “Un reportero grafico se define por la rapidez y la inmediatez para conseguir una noticia de manera visual y, a la vez, sentirse fortalecido por no alejar al lector con sus imágenes, aunque sean violentas. Al contrario, buscamos, que él se vea complacido y bien documentado con fotografías que generen un alto contenido de información, creatividad, sutileza y de características artísticas y documentales.”. Y añade: “Registrar el suceso más grande o violento, sin ir más allá de mostrar la verdad, sin ser tan crueles. Una imagen del tsunami de Indonesia es la fiel representación de todas mis palabra, allí murieron 230 mil personas. Un hombre, con una madre aferrada al piso, arañando la impotencia y mostrando parte del cuerpo de uno de los fallecidos (una mano), fue la imagen de prensa más reconocida”. Estoy muy de acuerdo con estos conceptos. El periodismo tiene la misión de informar sobre lo que acontece. De buscar la verdad de los hechos por duros y crueles que sean. No hay opción ni alternativa a la de publicar escenas que incluso puedan provocar la reacción de los lectores. Es necesario resolver, antes de publicar, varios interrogantes que plantean el derecho a la información, el derecho a la intimidad y el respeto a las audiencias. Los fundamentos periodísticos, éticos y las normas legales ponen límites: no exceder el interés informativo y no violar la intimidad, el buen nombre y la dignidad de las personas. Tampoco, perturbar la sensibilidad de los lectores. Si se trata de un acontecimiento relevante, un plano general es suficiente para informar, no es del caso apelar al primerísimo plano para hacerlo. Es preciso que el fotógrafo piense en estas reflexiones desde el mismo momento que capta las imágenes. Es el primer paso para observar la responsabilidad social del periodismo. Además del criterio ético están algunas disposiciones legales que vale la pena tener en cuenta. Publicar fotografías de testigos de crímenes puede entorpecer la investigación. Están restringidas las imágenes de menores de edad y es deber garantizar la presunción de inocencia. Publicar fotografías de violencia y sexo es la acción preferida y fácil del periodismo sensacionalista, cuyo objetivo comercial exacerba la curiosidad, y estimula los sentidos, olvidando los principios éticos y desafiando, de paso, las normas legales. Provocar primero miedo, angustia, odio, llanto u otra emoción, que informar, es el propósito del periodismo amarillista. No obstante, el impacto de los hechos en la sala de redacción, la premura y otras variables pueden llevar a tomar decisiones en caliente que contrarían las normas establecidas en los manuales de periodismo.

