Varios lectores expresaron sus opiniones sobre las dos últimas columnas y señalaron nuevas incorrecciones.
Cleóbulo Sabogal Cárdenas, Jefe de Información y Divulgación de la Academia Colombiana de la Lengua, dice:
“A propósito de su artículo de ayer y de los correos de los lectores en que advierten de los gazapos que se van en el diario, quiero contarle que desde hace varias semanas veo un error de sintaxis todos los días, que aún no lo corrigen y, por lo visto, ningún lector se ha percatado de él. Se trata del subtítulo: Ellos dieron de qué hablar en la jornada”.
Añade: “La locución verbal correcta es dar que hablar, es decir, sin preposición y sin tilde en la palabra que. Por eso, deben escribir siempre: Ellos dieron que hablar en la jornada”.
Además, señala Sabogal: “Otras locuciones de construcción parecida y registradas en el diccionario académico son dar que decir, dar que hacer, dar que pensar y dar que sentir…” .
El error se corrigió el jueves, pero nuevamente se repitió en la edición siguiente.
Los errores e incorrecciones que acusan los lectores, llegan por distintos canales, no solo por el de la Defensoría del lector, pero quizá falta más comunicación y mejor control.
Jack Hart Don Fry, periodista y entrenador de redacción del Instituto Poynter, sostiene que “uno de los puntos claves de la teoría de gerencia moderna es que usted construye calidad al comienzo del proceso, en vez de inspeccionarlo al final”.
Significa que el error lo debe detectar y corregir el propio periodista, y en segunda instancia, el respectivo editor del área. Los correctores son fundamentales para la consulta y la orientación.
Se recomienda que la comunicación para mejorar la calidad de la escritura sea fluida y carente de prejuicios. Dicen los maestros que el editor debe concentrarse en el texto más que en su autor, para que el ego no se sienta amenazado. El diálogo enriquece el aprendizaje de todos.
Pienso que se requiere una política de calidad de la escritura que se establezcan métodos y estrategias coherentes que logren la meta de cero errores. Y además, que se publique una sección de correcciones, como lo he reiterado en diversas oportunidades, para aclarar y enmendar las faltas más protuberantes.
Con respecto a los métodos, el periodista y profesor Terry O’Connor aconseja una segunda lectura del texto, modificado en su forma, para que engañe al cerebro: “cambia la resolución de la pantalla, el ancho de la página, el color de la letra de fondo o todo al mismo tiempo”, para que aparezca como otro texto y el ojo pueda ver los errores. Y Bob Doran, periodista de BBC y entrenador de periodistas, recomienda: “Léelo en voz alta tu mismo y te darás cuenta”.
El lector Luis Alfredo Molina sugiere que un corrector lea muy temprano el periódico, señale y corrija los errores, para que todos aprendamos de este ejercicio.
Los lectores nos llaman a emprender acciones que detengan el deterioro de la calidad periodística.

