Todo cambio implica renuncias y nuevas condiciones. Una invitación a los lectores a apreciar los nuevos atributos de EL COLOMBIANO.

Víctor León Zuluaga Salazar
En los últimos días recibí nuevos mensajes de aplauso y acogida a los cambios efectuados por EL COLOMBIANO a partir del pasado 6 de febrero, tal como lo expresé en la columna anterior. En la reflexión de hoy me voy a referir a voces inconformes por estos cambios.

La lectora Marta Lucía Gómez de Arango manifiesta: “Un saludo cariñoso de felicitación por los 100 del periódico y por los cambios, que en general son buenos, pero…Creo que perderán lectores. La razón: el cuadernillo pegado. Ya me tengo que ir para la oficina sin leerlo y así me quedo”. 

Y agrega: “Por qué? Porque antes se compartían las secciones. Las secciones se repartían y luego se intercambiaban. Todos leíamos al mismo tiempo. Otra ventaja: Leer al mismo tiempo favorece el comentario, el diálogo, orienta a otros a leer lo que a uno le llamó la atención. Ojalá encuentren la solución para separar las secciones y que los lectores podamos compartirlas, por lo menos en la casa.

Otra observación. El lector Mario Valencia A. escribe: “Felicitaciones por  el aniversario 100 que acaba de cumplir nuestro periódico. Los cambios del periódico en su formato son excelentes, pues se acomodan a los formatos actuales de la prensa internacional.

Lo único que no estamos de acuerdo (tanto en la oficina como en la familia), es que ya no podemos compartir EL COLOMBIANO, en su momento de lectura, pues como ya no viene por secciones y separado, pues viene junto y grapado, no se puede compartir. Lástima pues en familia se podía compartir, mientras el papá leía la sección primera, el hijo leía la página deportiva , la esposa otra y la hija pequeña otra. Será que se podrá hacer algo”.

El cambio de formato universal o sábana por berlinés o europeo es desde el punto de vista la presentación el más drástico. Algunos lectores me han escrito en el mismo sentido de las dos comunicaciones que publico en esta columna. Sin embargo las manifestaciones de acogida han sido muy promisorias:,

 “Es moderno, pero no pierde peso”. “El nuevo formato con las grapas permite enfrentarse al periódico de una manera más intima”. “Desbaratado y arrugado no motiva a leer”. Estas voces fueron escuchadas en los grupos de lectores reunidos para investigar las reacciones del público lector.

EL COLOMBIANO fue sometido a un laboratorio, Ecolab, para construirlo de acuerdo con el talento de periodistas y diseñadotes, y con el apoyo de ciencias como sociología, antropología y mercadeo. Y por supuesto, con el control de los lectores, a través de diversas técnicas.

No todos los lectores apoyan el cambio, pero si miramos los atributos del nuevo formato, seguramente terminarán aceptándolo. Esas cualidades se resumen en un periódico ágil, ordenado, cosido, que permite una lectora más íntima y personalizada.

Pero no paran. Ahora hay más opinión, más análisis y contextualización, más ilustración y mejor tratamiento de la infografía y de la fotografía.

Pienso, en resumen, que las sumas de los atributos son mayores.

Sobre este tema queda pendiente una reflexión más.