Estas publicaciones pueden desencadenar nuevos casos por la imitación de la conducta suicida, según estudios realizados por investigadores. La lectora María Helena Guzmán pide que le aclaren por qué EL COLOMBIANO no publicó la noticia sobre el presunto suicidio de un estudiante. Dice, “…busqué la información sobre el caso del estudiante de la Universidad de Antioquia que aparentemente se suicidó, y no la encontré. Esta información me interesa porque estoy a cargo de una sobrina que estudia en la Universidad y me preocupa lo que pasa….”. Es pertinente la observación de la lectora sobre la prudencia que guarda el periódico en torno a casos como el que relata. El numeral 3.4 del capítulo sobre Principios éticos generales, del Manual de estilo y redacción dice: “EL COLOMBIANO tratará con suma delicadeza y prudencia los casos de suicidio por consideración con la propia persona, para con los sentimientos de su familia y para con la sociedad, a la que se debe evitar el riesgo, que por imitación se ponga en peligro la vida de las personas”. Esta consideración es común a los medios de comunicación responsables, que informan cuando se trata de un hecho relevante, o que se refieren con prudencia al fenómeno social, no el caso particular, para evitar consecuencias mayores. Algunos estudios adelantados en diversos países consideran como estimulantes las informaciones publicadas, especialmente cuando abundan en métodos, detalles y circunstancias. La Organización Mundial de la Salud, OMS, monitorea esta causa de muerte. Señala que cada año se registra un millón de suicidios y que la cuarta parte corresponde a jóvenes menores de 25 años. Lo peor es que la cifra tiende a crecer hasta el punto que se pronostica millón y medio de suicidios en el año 2020, lo que ha motivado la adopción de políticas integrales para prevenirlos. Dentro de las acciones se contemplan directrices para los periodistas y medios de comunicación que coadyuven en campañas de orientación a la sociedad. Entre las recomendaciones a los periodistas figuran la observación de los principios de veracidad y responsabilidad, la consulta a fuentes serias, el análisis riguroso de las estadísticas, y en general, informar apropiada, cuidadosa y útilmente. Vale decir que los medios de comunicación, además de asumir con prudencia esta información, deben apoyar a las instituciones idóneas que trabajan para evitar, o al menos disminuir, esta conducta que adquiere carácter de epidemia social. Aparte de estas consideraciones es pertinente hacer una nueva reflexión sobre el periodismo sensacionalista que exacerba al lector con narraciones y descripciones que van más allá de la información para buscar el estímulo de los sentidos y el morbo. De esta manera manipulan al lector aportando elementos que soslayan el respecto de las personas y, que en otros términos, violan los derechos humanos y las garantías fundamentales que otorgan la Constitución y las leyes.