El pasado, de Asghar Farhadi

Crítica de cine Sin Comentarios

O el futuro de una familia

Oswaldo Osorio


Alguien decía que la angustia es exceso de pasado. Y en esta película, como su título lo indica (también en el original: Le Passé), el pasado es el responsable de muchas de las angustias y tristezas de sus personajes, porque se trata de un intrincado drama en el que, sin discriminar entre niños, jóvenes o adultos, todos se ven agobiados por serios problemas de la cotidianidad y de la vida en familia. Y con este marial el director de Una separación (2011) de nuevo nos entrega un filme lúcido, complejo y contundente.

Todo empieza cuando Ahmad regresa adonde su ex esposa, quien tiene dos hijas, a tramitar el divorcio entre ambos. Allí se encuentra con que ella está comprometida con un hombre que tiene un hijo y su ex esposa en un hospital. En este cuadro de personajes y situaciones Amhad llega no solo a firmar unos papeles, sino que será una surte de juez de paz, un mediador en una serie de sutiles pero intensos conflictos que bullen silenciosos en ese hogar a punto de estallar.

Como en Una separación, en esta cinta el director iraní utiliza un esquema que aún sorprende y que puede ser su marca distintiva, y es que estos dramas cotidianos y realistas, en los que se pone de relieve la construcción y relaciones entre personajes, así como un fuerte despliegue de emociones y sentimientos, son tratados con la lógica de un thriller, es decir, son relatos donde el espectador, muy dosificadamente, va descubriendo los sucesos e intenciones de los personajes, con lo que su trama se sostiene sobre la expectativa, la tensión y las sorpresas permanentes.

En esta historia se ponen en juego distintas situaciones, que van desde el descontento de la hija mayor por la nueva familia en formación, pasando por las dudas que tiene la pareja por la conveniencia de esa unión, hasta un sentimiento de culpa casi generalizado pero por distintas razones en cada personaje. Así mismo, el miedo al fracaso de las relaciones, a las pérdidas y las ausencias (es decir, al futuro) también está presente en las motivaciones de los personajes y sus acciones.

Son tantos y tan intensos los conflictos, que solo es posible desarrollarlos por partes, de ahí una singular y afortunada características de este relato, y es que va desplazando el protagonismo y la mirada de un personaje a otro, de un conflicto a otro. Por eso es imposible saber la dirección que tomará la historia a cada momento y ésta es una razón más para agradecer ese tono de “thriller sin suspenso” que maneja tan hábilmente Farhadi.

Pero como todo buen thriller, si bien no hay aquí un crimen de por medio, este elemento es reemplazado por las decisiones éticas de los personajes y las sutilezas de los secretos y las mentiras, aunque dichas desprovistas de mezquindad. El resultado de todo esto es, entonces, una historia cargada de realismo y choque de sentimientos, un relato estimulante en su construcción y un logrado estudio de personajes.

Demental, de David Bohórquez

Cine colombiano, Crítica de cine Sin Comentarios

Muerte en el lago

Oswaldo Osorio


El thriller es el único género que ha mantenido su práctica y vigencia durante más de setenta años en la industria del cine. Por eso es tan difícil hacer uno que realmente sorprenda o diga algo diferente. En Colombia se ha recurrido a él con cierta frecuencia, sin que se pueda venir a la memoria muchos títulos sobresalientes (Ajuste de cuentas, El rey, Perro come perro, El páramo), porque el thriller colombiano lo determinan dos opciones: tratar con dificultad de adaptar el género al contexto del país o apelar a las fórmulas de Hollywood y ofrecer más de lo mismo.

Este thriller del joven director David Bohórquez parece tener un poco de estas opciones, logrando con mayor fortuna la primera, su adaptación al país, pero con las fórmulas resulta menos interesante, empezando porque, como otras cintas nacionales (El páramo, Secretos), sugiere primero un esquema de cine de horror (pues insinúan la existencia de una casa con fantasmas), pero termina siendo un thriller sicológico, donde la trama depende de unos crímenes y el desequilibrio mental de unos personajes.

El filme cuenta la historia de una joven escritora obsesionada con unas muertes que sucedieron hace años y viaja al lugar donde ocurrieron junto con los descendientes del supuesto asesino. Su trama está cargada de elementos que buscan crear tensión y suspenso, pero por momentos mucho de eso se antoja forzado y gratuito (la referencia bibliográfica de la leyenda, el encuentro entre las dos mujeres). Hay que esperar hasta el final para darse cuenta de que todo encaja, aunque ya es tarde para la desorientación previa del espectador.

En este sentido es el guion a lo que más reparos se le pueden poner. Especialmente tiene dos aspectos cuestionables: el primero, es el uso de los flash forwards, pues cuando un relato como estos tiene que adelantar intensos momentos de la historia, generalmente es porque no confía en su capacidad de sostener la atención del público hasta que lleguen estas situaciones fuertes. Con esto imponen artificialmente el suspenso y desaprovechan la sorpresa final o su llegada por medio de un crescendo dramático.

El segundo, es que se trata de uno de esos thrillers en que no se tiene nada claro en el transcurso de la historia y solo al final un personaje tiene que explicar lo que pasó, atar cabos y llenar vacíos. Adicionalmente, el final de la película da una sensación de quedar en punta o que faltó información.

Por otro lado, es una película que llama la atención en su narrativa visual y en su puesta en escena, pues se trata de un filme concebido con profesionalismo y precisión, con una singular pero bien lograda combinación entre el efectismo propio de un thriller y el naturalismo de una puesta en escena que consigue una convincente espontaneidad en las situaciones y las actuaciones. Lo que sí queda claro es que estamos ante un director con talento que podría crear películas importantes con un material más depurado.

En definitiva, se trata de una propuesta llamativa en la forma en que asume los recursos del thriller, en especial en su envoltura visual y narrativa, pero de fondo, la construcción de su historia y los recursos internos usados por el relato, resultan menos eficaces, en especial si se le compara con todos esos thrillers que se han hecho y con el efecto que produce en el espectador, lo cual es lo más importante en este género.

Ida, de Pawel Pawlikowski

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Dos mujeres y un pasado

Oswaldo Osorio


Antes de abandonar el mundo, es necesario darle una última mirada por lo menos. Aunque en el caso de la protagonista de esta película, esa última mirada también es su primera mirada. Antes de tomar sus votos, y luego de estar toda su vida en un convento, Ida es impelida a que conozca a su única familiar. Y así inicia un viaje en distintas direcciones, hacia su pasado, su identidad, los lazos familiares, las dudas vocacionales y los asuntos terrenales.

Si bien el filme, de forma sosegada y sugerente, aborda todos esos niveles argumentales, el hilo conductor es la relación entre Ida y su tía, quien es una jueza en la Polonia comunista de los años sesenta. Esta relación, a su vez, está articulada en un viaje que tiene como objeto buscar el lugar donde están enterrados los padres de Ida. Como casi todos los viajes del cine, este no solo es un viaje físico, sino sobre todo emocional y dramático.

Es un relato tranquilo y por momentos contemplativo, que casi de principio a fin está movido por el contrapunto entre las personalidades de estas dos mujeres, una joven y la otra ya mayor, una definida por la inocencia y la espiritualidad y la otra con una vida trasegada, mundana y combativa. Pero las une la sangre y el dolor en común de haber perdido a sus seres queridos y, consecuentemente, el hecho de ambas ser la única persona que tienen en el mundo.

Entonces la evolución de esta relación aparece en el primer plano del relato, con sus dramas, la emotividad y el constante descubrimiento de una frente a la otra. De fondo está ese reproche que las protagonistas, y el filme en sí mismo, nunca dejan de hacer contra esa vergonzante historia en que muchos católicos fueron verdugos (o cómplices de la persecución) de la comunidad judía durante la guerra. Este drama de fondo hace que la película tenga un permanente tono de pérdida y tristeza.

También de fondo está el drama de cada una de estas mujeres. Con la tía es un drama reprimido del que solo se alcanza a descubrir su verdadera naturaleza cuando encuentran la tumba, y luego una honda tristeza se apodera de ella hasta lo irremediable. Ida, por su parte, tiene que lidiar con su orfandad filial y de raíces, así como con las dudas sobre su vocación, que son confrontadas por las atractivas posibilidades que le ofrece ese mundo que acaba de conocer.

Con una pantalla cuadrada en su formato, una bella y evocadora fotografía en blanco y negro y unos encuadres que inteligentemente buscan tanto enfatizar el drama como un cuidado de lo estético, esta película resulta una pieza inteligente y sugerente, que con sensibilidad y contundencia habla de una época oscura, unos sentimientos profundos y retrata a dos mujeres que eran lejanas y desconocidas pero que terminaron siendo una sola.

Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson

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La mística del trabajo

Oswaldo Osorio


El cine es imagen, acción, personajes, construcción de universos y el planteamiento de una idea ética y/o humanista de fondo, todo lo cual debería ser llevado con profundidad, equilibrio e inteligencia. Son pocos los cineastas que alcanzan esto con cada una de sus películas. Wes Anderson (salvo por su ópera prima) es uno de ellos, así lo demuestra con esta cinta, un bello, divertido y estimulante relato sobre un hombre y su asistente, un fascinante lugar y todos los que tienen que ver con él.

Gustave H., conserje de un espléndido hotel, trata de zafarse de la acusación de un crimen que no cometió, con la ayuda del botones del hotel, Zero, quien hace de incondicional escudero. Con eso se puede resumir el argumento y conflicto esenciales de este filme. Pero estos elementos casi que son una excusa en el cine de Anderson, quien siempre se muestra más interesado en los procesos, los detalles, el aspecto y el funcionamiento de las cosas y los espacios.

Estos asuntos que le interesan se ven mucho más enfáticos en esta película en relación con las demás, lo cual demuestra un alto grado de perfeccionamiento y estilización en su ya estilizada obra. Los personajes se multiplicaron, junto con las reglas y condiciones del modus operandi de ellos, en especial de su protagonista. Con esto el autor construye un universo con su lógica propia, no solo en la concepción de sus personajes y la relación entre ellos, sino también en su funcionamiento.

Y la idea de fondo, de este y casi todos sus filmes, parece señalar hacia un compromiso apasionado, profesional y casi místico para con el trabajo o cualquier empresa que emprendan sus protagonistas: Actividades extracurriculares en Rushmore, la venganza contra un tiburón en Vida acuática o ser el perfecto conserje de un hotel como aquí. Con esto, se desprende una ética, ante la tradición y artesanía del oficio en cuestión, ante los colegas y ante la vida misma. Desde una pequeña tarea hasta el desempeño laboral general, todo está signado tanto por una firme filosofía como por la precisión y sofisticación en su ejecución.

Y aunque el argumento, el conflicto y la idea de fondo han podido ser sintetizados aquí con cierta facilidad, otros aspectos son mucho más complejos, como la relación entre personajes, la intrincada trama y la minuciosa y fascinante construcción de ese universo, que resultan de tal riqueza, sofisticación y originalidad que terminan llevándose todo el protagonismo, algo que en el fondo bien puede considerarse un problema, pues el público recuerda de sus películas más fácil su puesta en escena que las historias que cuenta y lo que quiere decir con ellas. De todas formas, los escenarios, locaciones, decorados y caracterización de personajes son concebidos por este director con gran inventiva, ingenio y sentido estético, así como con una intrínseca conexión entre ellos, lo cual le da un carácter único a sus películas.

Tal vez los grandes ausentes de Gran Hotel Budapest (2014) son el amor y el desamor, que si bien están en pequeñas dosis, lo que predomina es esa poética de la camaradería, el colegaje y la ética, más que de un trabajo, de un oficio. Y con esa esencia este director, inconfundible y siempre estimulante, crea uno de los relatos más divertidos, vistosos y entretenidos de los últimos tiempos.

Sueño de libertad, de Annemarie Jacir

Crítica de cine Sin Comentarios

Tal vez por esto, tal vez por aquello

Oswaldo Osorio


Justo en la semana de los bombardeos de Israel contra la Franja de Gaza, veo esta película que da cuenta del momento en que ese país impone con mayor fuerza su supremacía en la región, luego de la Guerra de los seis días en 1967. Los protagonistas de esta cinta son los refugiados de entonces en ese conflicto. Por eso resulta desalentador ver cómo la situación, en lugar de solucionarse, ha empeorado.

En esos años, tal vez podría interpretarse de la película, que muchos palestinos pensaban como el niño protagonista, Tarek: que aún tenían casa, que podrían regresar o que, probablemente, no faltaba mucho para que eso pasara.  Porque lo que mueve esta cinta es que Tarek está empecinado en regresar a su casa, encontrar a su padre y restablecer su familia.

Solo en eso se va todo el relato, por lo que resulta más bien simple y por momentos tedioso dada su inmovilidad. Es cierto que en medio ocurre la estadía de él y su madre en el campo de entrenamiento, pero también es más lo anecdótico que sucede allí que la contribución al conflicto central.

O bien, puede ser que la intención de esa estadía en el campo de entrenamiento era dar puntadas y contexto al conflicto político, con detalles como las prácticas de adiestramiento, la mentalidad de esos guerreros de la libertad y sus líderes, o la cotidianidad de aquellos soldados sin cuartel ni nación. Si es así, de todas formas no queda muy claro en el disperso relato.

Aún así, todo ese segmento del campo de entrenamiento, que es más de la mitad de la película, si bien por momentos resulta agradable y desenfadado, está desprovisto de toda intensidad argumental y dramática. Tal vez estaba pensado también para acrecentar el tiempo de espera ante el anhelado regreso, y con esto la ansiedad del niño, pero igual también queda la duda y por eso es desafortunado el efecto en las expectativas que se puedan tener de la historia.

El inesperado final, por su parte, es igual de irregular, puesto que resulta un poco forzado e inverosímil, pero al mismo tiempo, es una imagen poderosa y desconcertante, imponiéndose tal vez la segunda opción, por su fuerza poética y su significado como alegato político. De todas formas, por todos estos “tal vez” es una película que promete más de lo que termina entregando.

Jersey Boys, de Clint Eastwood

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La familia lo es todo

Oswaldo Osorio


La buena música, las biografías y una narración clásica siempre van a ser elementos muy atractivos para el público y material para una sólida y entrañable película, sobre todo si detrás de ella está, como en este caso, la figura casi infalible de un director como Clint Eastwood. Y efectivamente, con estos tres elementos el veterano cineasta crea un filme convincente en su relato, emotivo en su historia y encantador para los melómanos.

La cinta está basada en un exitoso musical del mismo nombre sobre la vida y carrera de la popular agrupación de los años sesenta The Four Seasons, y en especial de su vocalista líder Frakie Valli. En ese sentido tiene toda la estructura convencional de cualquier biopic (biografía cinematográfica), que en este caso es la variante de ascenso – caída -renacimiento. Nada que no se haya visto en otras películas sobre otros músicos. Hay una especialmente bien lograda con una banda muy similar y del mismo periodo: The Five Heartbeats (Robert Townsend, 1991), una agrupación de música soul que, aunque ficticia, tomó como modelo a varias conocidas formaciones.

Y aunque la trama de Jersey Boys (2014) es conocida, en este filme la sumatoria de los elementos mencionados antes, más el oficio de Eastwood, hacen la diferencia. Por eso, a pesar del esquema recurrente, los lugares comunes y hasta ciertos personajes estereotipados, todo está concebido y unido orgánicamente con el pulso firme al que nos tiene acostumbrados este director, con la eficacia de las actuaciones, la contundencia en la puesta en escena y ese conocimiento de cómo debe ser la narración en cada pasaje de la película.

Aunque parezca que en primer plano está ese conflicto propio del esquema, esto es, el contrapunto entre el éxito y los problemas del mundo del espectáculo y la vida personal, el relato pone su énfasis en la personalidad de Frankie Valli y lo determinante de la procedencia de la banda. De manera que ese contrapunto siempre está condicionado por la nobleza (y hasta ingenuidad) del protagonista, así como por la idiosincrasia de unos hombres de procedencia italiana que viven en New Jersey y tienen alguna relación con la mafia. Resulta especialmente divertido al principio, y luego decisivo, esa facilidad con que pasan del mundo de la delincuencia al del espectáculo.

Entonces la familia está siempre primero (la de sangre y la del barrio). Es por eso una historia de camaradería y estrechos lazos entre los personajes, quienes pasan del barrio a los más populares programas de la televisión nacional. Y el relato se cuida de no ser complaciente con este sueño americano, el cual deja en un segundo plano para concentrarse en los dramas éticos y afectivos de los personajes.

Para sostener este énfasis en los personajes y sus puntos de vista, Eastwood echa mano de un recurso que ya estaba sugerido por el musical del que proviene el filme, y es darle un toque documental o testimonial al relato, por medio del cual cada personaje comenta frente a la cámara su posición acerca de lo que sucede, enriqueciendo así la historia con otros hechos y observaciones.

Si bien parece una película de encargo, porque no tiene ese universo y los temas que han definido el mejor cine de este director imprescindible, definitivamente es su estilo sólido, seguro y reposado el que marca la diferencia en una película que pudo haber sido como cualquier otra biografía musical. Se trata de una clase de cine clásico, como todos los filmes de Clint Eastwood, pero también un regalo para los fanáticos de esta banda fundamental de la historia del pop.

Encerrada, de Víctor García

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La niña en la caja

Oswaldo Osorio


Es difícil decir algo diferente cuando una película no dice nada nuevo. Eso ocurre muy frecuentemente con el cine que apela a los géneros cinematográficos, más aún cuando se trata de uno de los géneros más recurrentes y esquemáticos como es el horror, un género que, además, tiene una particularidad que lo diferencia de los demás, y es que es el que más fácilmente se desgasta de cara al público.

Este desgaste significa que cuando es usado un esquema o un recurso en muchas películas, estos pierden eficacia frente al público, algo muy problemático si se tiene en cuenta que lo que define a este género es que su construcción está pensada en función de los efectos constantes que debe producir en los espectadores, de manera que si el esquema y los recursos son ya muy conocidos, esos efectos disminuirán considerablemente.

Esta película cuenta la historia de una familia que viaja de Bogotá a Medellín (por una trocha, como siempre ve el cine de afuera las vías colombianas) y, luego de un accidente, se refugian en medio de una tormenta en un hotel que fuera clausurado hace décadas, el cual guarda un secreto que los afectará a todo ellos.

Sin adelantar mucho más en la trama, y para poder avanzar en este texto, es necesario decir que a los dos esquemas a los que recurre este filme es el la casa encantada y la posesión demoniaca. De ahí en adelante todo el relato es una sucesión de reconocidos recursos que hacen parte de estos esquemas: creación de ambientes sombríos y derruidos, el dueño misterioso que guarda un secreto, sobresaltos, ancestrales maldiciones y muertes diseminadas a lo largo del metraje.

La película, a pesar de ser rodada en Colombia y con algunos actores secundarios en el reparto, es una producción de Estados Unidos con actores de Hollywood y realizada por un director español con un gran recorrido en el cine internacional, especialmente con películas de este género. Es por esto mismo que la película tiene todas las características del cine de horror de Hollywood, un cine de muy buena factura, afinados efectos y una narrativa calculada y precisa para conseguir los efectos buscados en el espectador.

No obstante, lo conocidos y transitados de estos dos esquemas le quita mucha de la fuerza que podría tener la película, a lo cual se le suma el hecho de que lo que más causa efecto en este género es la naturaleza sobrenatural o inexplicable de la amenaza, sin embargo, en esta historia, por vía de la posesión demoniaca, esa amenaza se traslada a los personajes, con todas sus limitaciones físicas, disminuyendo dicha amenaza y con esto la intensidad del conflicto, así como el consecuente miedo que debería producir.

De manera que que no solo se trata de otra película más de horror como tantas se han hecho, sino una que no solo calza unos esquemas conocidos, sino que no les adicionada nada para marcar la diferencia, además, por la manera como concibieron la historia, parece más un thriller que una película de horror, y se sabe que el thriller llega solo a la tensión y al suspenso, pero el espectador del horror lo que quiere es sentir miedo, o cuando menos, algunos sustos.

La religiosa, de Guillaume Nicloux

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No al matrimonio con Dios

Por: Oswaldo Osorio


Basada en una obra de Diderot, con el atractivo de la ambientación de época y un seductor personaje que afronta un conflicto fuerte y envolvente ¿Qué podría salir mal en esta película?, pues su desarrollo, la concepción de personajes y un fallido recurso narrativo. Estos problemas terminan por echar a perder una cinta prometedora en sus componentes, tornándola en un filme predecible, tedioso durante largos segmentos y siempre escudado en su vestuario, ambientación y locaciones.

A mediados del siglo XVIII una joven, en contra de su voluntad, es enviada por su familia a un convento. Durante todo el relato ella hará lo posible por salir de esa adversa y, al parecer, insalvable situación. Es un conflicto con gran fuerza, sin duda, no obstante, la película empieza por el final, adelantándole al espectador que ella se encuentra a salvo y cómodamente en el mejor lugar donde nunca podría haber estado.

Es decir, con este recurso narrativo se echa a perder toda la fuerza del conflicto y desestima un poco la empatía que se tiene por la protagonista, arrebatándole a la historia desde el principio la tensión propia de todo conflicto, eso por no hablar de la expectativa por el destino de la heroína. Es difícil adivinar las razones por las que este y otros directores apelan tan frecuentemente a este recurso. Tal vez en algunas películas tenga alguna utilidad, pero en esta las consecuencias son del todo adversas.

La historia está claramente dividida en tres grandes momentos, que corresponden a tres diferentes estancias de Suzanne en los conventos, las cuales, haciendo una asociación más o menos simple, podría decirse que son el purgatorio, el infierno y el cielo, esto de acuerdo con el grado de padecimiento o confort que experimentó ella en aquellos claustros, lo cual, consecuentemente, se refleja en el grado de intensidad del conflicto, que naturalmente varía en cada caso.

Pero precisamente en ese conflicto y la facilidad con que generalmente se resuelve todo es donde está el principal problema de esta cinta, pues además del avance que hacen del destino último de la protagonista, aun en su peor momento, cuando se encuentra en el “infierno” de su segunda estancia. en aquel convento en que la someten a todo tipo de vejámenes, la poca intensidad dramática de tal situación adversa y la forma sencilla y sin traumatismos como se soluciona su problema resultan tan simplonas y como decepcionantes.

Por otro lado, los personajes son construidos con un facilismo desalentador, solo hay que ver a las tres superioras, monumentos al estereotipo: la bondadosa anciana, la mala de telenovela y la loca intensa. Aunque el personaje central es un poco más interesante, por sus dudas, sus problemas en relación con su entorno y en general su desorientación, pero justamente esa desorientación y sus cambios repentinos de carácter y de decisiones, hacen inconsistente y tedioso el desarrollo de la historia, pues termina reduciéndose a las idas y venidas de esta joven con ese conflicto puesto en el papel pero pobremente materializado en la pantalla.

Al filo del mañana, de Doug Liman

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Siempre el mismo día

Oswaldo Osorio

El loop temporal es una variante argumental del esquema de viajes en el tiempo que tiene la particularidad de reiniciar el tiempo una y otra vez, de distintas formas, ya sea repitiendo una rutina, al despertar cada día o con la muerte. Es una trama recurrente desde hace décadas en la literatura de ciencia ficción, pues permite no solo crear envolventes historias, sino también reflexionar sobre asuntos serios, como las consecuencias de las acciones, el futuro, el destino y hasta el sentido de la vida.

El más célebre ejemplo es El día de la marmota (1993), que ya ha alcanzado el estatus de película de culto. Esta cinta protagonizada por Bill Murray ilustra muy bien la forma en que el loop temporal es la perfecta excusa para abordar cualquier reflexión existencial. En especial funciona eficazmente para sintetizar y acelerar la transformación de un personaje por vía de la experiencia. En este caso esa experiencia, que no tarda años sino numerosos bucles de ese loop, da cuenta de esa transformación en razón de la purificación del espíritu, el conocimiento y la redención.

Hay otras películas como El efecto mariposa ( 2004), un thriller sicológico cargado de dilemas éticos y traumas emocionales; 8 minutos antes de morir (2011), un thriller de acción que además pone en juego asuntos ideológicos y existenciales; y Una cuestión de tiempo (2013), una bella comedia romántica en la que se reflexiona sobre el amor, la familia, la experiencia y el destino.

Sin embargo, Al filo del mañana (2014), que está basada en una novela de manga de Hiroshi Sakurazaka, infortunadamente no tiene los alcances de estas películas citadas en relación con las ideas y los temas que supieron derivar del esquema. En esta no hay tal reflexión sobre el amor, la muerte, el futuro o la vida, como bien lo pudo haber hecho según los ejemplos citados y la historia que desarrolla. Tal vez sea la vertiginosidad con que fue concebido el relato, que no le da tiempo de detenerse más que a explicar y hacer avanzar la trama, todo lo demás es puro cine de acción.

Es buen cine de acción, claro, como casi todo proyecto en el que está involucrado Tom Cruise, y con el atractivo adicional propio del cine de ciencia ficción, pero en últimas es solo una “película de trámite”, es decir, un título más en la carrera de esta estrella de Hollywood, un producto de consumo más de la uniforme cartelera y dos horas más de entretenimiento para el espectador que luego pronto se olvidarán, pues fue una película que no supo aprovechar las mencionadas posibilidades que brinda el esquema y solo deja una molesta sensación de deja vu, donde creemos recordar que fue mejor cuando sucedió las otras veces que la hemos visto.

X-Men: Días del futuro pasado, de Bryan Singer

Crítica de cine 1 Comentario

X-Men: Días del futuro pasado, de Bryan Singer

Más que una película de acción

Por: Oswaldo Osorio


Las sagas de súper héroes son las gallinas de los huevos de oro de la actual industria del cine. Incluso con prácticas absurdas que no respetan tiempos y continuidades (como ocurrió, por ejemplo, con el Hombre araña), solo se preocupan por sacar una película tras otra sin mucho que las diferencie, salvo el aumento en publicidad y en productos de merchandise.

Batman y los X-Men son las franquicias más explotadas en términos de secuelas, precuelas y capítulos nuevos que a veces no tienen mucha relación con los demás. No obstante, esta nueva entrega de los X-Men hace su mejor esfuerzo por conectar las películas originales (las tres como grupo y las dos de Wolverine) con la última estrenada (X-Men: primera generación, 2011), entre las cuales había una diferencia de décadas, a pesar de tratarse de los mismos personajes. Incluso se preocupa por corregir contradicciones argumentales que había entre las unas y la otra.

La posibilidad de un viaje en el tiempo de la consciencia de Logan es el pasadizo que une el relato ubicado en 1973 con el oscuro y amenazante futuro en el que sobreviven los X-Men adultos. Con esta excusa argumental es posible no solo crear un complejo y entretenido argumento, sino también ahondar en las relaciones que hay entre los tres personajes más fuertes: Magneto, Charles Xavier y Mystique.

Estas relaciones van más allá de simples discrepancias de caracteres, pues el origen de sus diferencias es nada menos que la definición misma de lo que debería ser la ética de los X-Men y su actitud frente al mundo. Optar por la paz o la guerra sin cuartel entre humanos y mutantes, usar la fuerza y la venganza o procurar por la tolerancia y convivencia pacífica entre las dos especies, esas son las dos grandes opciones que dividen a los protagonistas y con ellos a todos los mutantes que toman uno u otro partido.

Y es que hay que recordar que, de fondo, el universo de ficción de los X-Men sostiene la alegoría de la tolerancia o intolerancia a los que son diferentes como la base de un mundo en paz o en conflicto. Además, a estas discrepancias éticas y existenciales se suman los matices de las emociones y sentimientos más propios de su parte humana, entonces la confrontación entre ellos alcanza unos niveles de complejidad que sobrepasan la simple lucha entre el bien y el mal o entre la fuerza y la tolerancia. Es por eso que aquí las secuencias de diálogos y de desarrollo de la trama, a diferencia de casi todas las demás películas de súper héroes, no pierden interés e intensidad en comparación con las secuencias de acción.

En cuanto a estas secuencias de acción,  bueno, en realidad es una película que no tiene ni más ni menos de lo que tienen las demás cintas de su tipo. Estamos en un momento en que la tecnología digital permite hacer absolutamente todo lo imaginable, es por eso que ya la diferencia, aun con estas películas, la debe hacer es la originalidad de la historia, la construcción de personajes y las ideas que de fondo pongan en juego, y se puede decir que esta película tiene todo eso.

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