CORTO RECOMENDADO: El almuerzo

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La teoría del todo, de James Marsh

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Aplicando el esquema

Íñigo Montoya


El esperado biopic sobre el célebre científico Stephen Hawking resultó ser ni más ni menos que eso, un biopic. Es decir, como casi todas las biografías cinematográficas, esta se ciñó a las reglas del género: elegir dos fulgurantes momentos de la vida del biografiado en cuestión para empezar y terminar, mezclar en un rítmico equilibrio la vida personal con la profesional, en lo posible no ser controversial y poner en escena los aspectos más llamativos (aunque no sean los que mejor la definan) de esa vida que están contando.

Con esto no necesariamente estoy denostando esta película, pues para eso son los esquemas, para aplicarlos de la mejor forma posible, y en esta ocasión así se hizo. Es una cinta bien contada, informativa o emotiva cuando lo tiene que ser. Es una buena película para las grandes audiencias que quieren ver cine con “contenido” pero tampoco pensar demasiado.

Es como una buena película de televisión para domingo por la tarde, que se hizo con lo que había: los esquemas de un género y un personaje que se prestaba para contar una agradable fábula sobre un hombre sobresaliente con una historia de superación.

La película pudo hacer algo más intenso y complejo si le ponía un mayor énfasis a otros aspectos, por ejemplo: a los dos triángulos amorosos que apenas si fueron tímidamente insinuados, pero en últimas optó por no contrariar a ninguno de sus protagonistas, que aún viven, y crear un relato de esos que tanto les gusta a los que otorgan los premios Oscar.

Dos días y una noche, de Jean-Pierre y Luc Dardenne

Crítica de cine Sin Comentarios

Por la solidaridad

Oswaldo Osorio


Una mujer con problemas emocionales, en el contexto de una Europa en crisis, es el punto de partida de los hermanos Dardene para crear otra de sus reveladoras historias, de sólidos personajes y con ese realismo cargado de gran elocuencia que los caracteriza. Se trata de un duro drama en el que se pone a prueba las capacidades de una actriz (Marion Cotillard), la solidaridad de la gente y la vigencia de dos de los cineastas más importantes de las últimas décadas.

Nacidos en Bélgica pero con buena parte de su obra realizada en Francia, los Dardenne llevan tres décadas dando lecciones de lo que es el realismo en el cine, un realismo eficaz narrativamente, con economía de recursos, de gran fuerza en la construcción de personajes y complejo a la hora de explorar las honduras de las emociones, así como los contextos sociales y culturales. Todo esto se puede constatar en películas como Rosetta (1999), El hijo (2002), El niño de la bicicleta (2011) y en general en toda su filmografía, compuesta por tan solo diez títulos (además de tres documentales).

Dos días y una noche se refiere al fin de semana que tiene de plazo una mujer, quien es madre de dos hijos, para visitar a sus dieciséis colegas y convencerlos de que voten para que ella conserve su trabajo en lugar de recibir una prima de mil euros. Es una situación extrema y un poco rebuscada, hay que decirlo, pero esto se pasa por alto cuando luego se entiende que es solo una excusa para hacer un minucioso estudio de personajes y reflexionar sobre la ética, la solidaridad y la situación social y económica de Francia.

Apenas saliendo de un estado depresivo, esta mujer, con el apoyo de su marido, tiene que afrontar esta dura tarea de la que depende el sostenimiento de su familia. Su delicada situación emocional hace que su estado de ánimo fluctúe ante tan dura y, por momentos, vergonzosa empresa. Toda la fuerza dramática del relato recae sobre este personaje y la convincente interpretación de la Cotillard, mientras que ese fluctuante estado dicta los distintos ritmos narrativos y emocionales por los que atraviesa la película.

Así mismo, cada visita a un colega funge como un giro diferente en lo que parecía un argumento condenado a ser monótono. Aunque en principio solo hay dos opciones, apoyarla a ella o elegir el bono, vemos luego cómo se abre todo un universo de posibilidades y sentimientos de acuerdo con la posición de cada uno de ellos: culpa, agresión, compasión, recriminación, compromiso social, egoísmo, fraternidad, impotencia, en fin, toda una serie de matices que le permite a los Dardenne trascender lo que parecía una trama simple hacia un complejo retrato y reflexión de la condición humana y una situación social específica.

Es una fortuna que aún lleguen a nuestra cartelera las películas de esta dupla de cineastas, porque representan lo mejor del cine mundial y siempre contienen dos de las principales virtudes del cine: el realismo y el humanismo.

Dos minutos de horror – Cortometraje

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Balance cine colombiano en 2014

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Las cifras mal, el cine bien

Oswaldo Osorio


Al año con más estrenos nacionales de la historia las cifras no le favorecen. La única cifra positiva son esos 28 títulos que se pudieron ver en las salas del país. Aunque es un dato que tiene sus atenuantes, como que una tercera parte son coproducciones, que algunas solo se vieron en una o dos ciudades o que la mayoría apenas duraron una semana exhibidas, cuando no menos.

El saldo rojo está en el comparativo entre ese buen número de estrenos y los espectadores que fueron a verlos, pues si bien el cine nacional representó el diez por ciento de todas las películas estrenadas durante el 2014, escasamente sobrepasó el cuatro por ciento en espectadores y taquilla. Ese poco respaldo del público es consecuencia, principalmente, de dos factores: la indolencia y falta de compromiso de los exhibidores para darle más tiempo en salas al cine nacional, y la insuficiente promoción de estas películas, ya sea por falta de recursos o por la indiferencia de los medios para hacerles eco, otros indolentes con el cine del país.

Pero más allá del lamentable hecho de que los filmes de mejor nivel no superaron los cinco o diez mil espectadores, una mirada cualitativa y que tenga en cuenta otras variables puede arrojar un panorama más optimista y esperanzador: Fue un buen año por la participación y galardones en festivales, por la saludable variedad de sus contenidos, por su progresiva dinamización como industria y por el aumento en general del nivel en su factura y en particular de algunos títulos y directores destacados. Hay que aclarar que estas reflexiones solo cobijan los largometrajes de ficción, porque si se tuviera en cuenta también al documental y el cortometraje, el balance en cuanto a cantidad y calidad sería más positivo aún, aunque resultaría todo lo contrario en lo referido a divulgación y consumo por parte del público.

Para simplificar un poco las cosas en función de una visión panorámica, se puede dividir el grueso de producción en tres grupos bien definidos y en los que se reparten los títulos casi proporcionalmente: las comedias populares y el cine de género, por un lado; el cine de autor, por otro; y las coproducciones. Leer más …

El cine del Reino Unido

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Más allá de James Bond y Harry Potter

Oswaldo Osorio


La historia del cine del Reino Unido no ha sido fácil, más bien han sido pocos sus buenos o significativos momentos, sobre todo si se tiene en cuenta que es una potencia económica y cultural, lo cual generalmente tiene su correlación en el éxito y nivel de una cinematografía. Es una historia de subidas y bajadas, determinada por aspectos como su fluctuante posición entre el cine de Europa y de Estados Unidos, la dependencia del apoyo estatal y la fuga de talentos hacia Hollywood.

Compitió por ser el país donde se inventara el cine, pero aunque allí se vieron las primeras imágenes en movimiento, terminaron por ser superadas en su técnica por el kinestoscopio primero y luego por el cinematógrafo. Un nuevo golpe recibió en los años veinte, cuando lo que parecía ser una prometedora industria, terminó retrocediendo ante el ímpetu internacional del cine alemán y estadounidense.

Solo lograría una significativa recuperación cuando, a finales de esa misma década, se creó una ley que obligaba a las salas a exhibir un veinte por ciento de cine nacional, lo cual se tradujo en un importante aumento de la producción durante el siguiente decenio. Y como complemento a este buen momento de la industria, se presentó el que sería el primer hito de esta cinematografía: La escuela documental británica, con John Grierson como su principal representante. Este movimiento, con su interés por los problemas sociales y el contexto inmediato, redefinió la concepción del documental a nivel mundial, que andaba un poco obnubilado con culturas y lugares exóticos.

Este periodo favorable fue aprovechado por productores como Alexander Korda y Arthur Rank, pero a pesar de algunos buenos resultados, tanto en la taquilla como en la calidad de las películas, cuando sobrevino la Segunda Guerra Mundial, la base de talentos que sostenía la industria, empezando por Alfred Hitchcock y el mismo Korda, terminaron recalando en Hollywood, dejando al país bajo los bombardeos alemanes y solo preocupado por producir cine de propaganda contra los nazis. Apenas quedaron algunas islas en el cine de estas islas, como las películas de David Lean o Carol Reed y el trabajo  del más célebre actor shakespereano, Lawrence Olivier.

Un nuevo cine

En la posguerra, la productora Rank fue la gran protagonista de la industria del Reino Unido, pero a partir de mediados de los años cincuenta tendría que compartir ese protagonismo con otra productora y un importante movimiento cinematográfico. La productora era Hammer Films, la cual inició un exitoso ciclo de cine de horror que se extendería casi por dos décadas y lanzaría como estrellas internacionales a los actores Christopher Lee y Peter Cushing y al director Terence Fisher.

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Las películas recomendadas del 2014

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Las listas siempre son personales, es un inventario de gustos y obsesiones más o menos cruzado por la formación y el conocimiento. Además, condicionada por distintos factores, como en este caso, que solo han sido tenidos en cuenta los títulos estrenados durante 2014 en Colombia. Quedan por fuera de consideración todas esas películas que todavía no han recalado en el país o que nunca lo harán, como Adiós al lenguaje, Birdman, Dune, Under the skin, entre muchas otras. Una lista es solo una guía para aquellos que comparten el gusto de quien la hizo.

Oswaldo Osorio

1. Boyhood, de Richard Linklater

Una película como la vida, tanto en términos del universo de emociones y relaciones que retrata como en ese transcurrir del río del tiempo. Una paciente y audaz propuesta narrativa que le da una nueva perspectiva al espectador de la forma en que se puede hacer el cine.

2. Interestelar, de Cristopher Nolan

Una épica espacial no vista desde el clásico filme de Kubrick. De nuevo este director consigue el equilibrio entre un cautivador relato de gran inventiva visual con unos temas y reflexiones que exceden la mera anécdota.

3. La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche

Un diario íntimo y minucioso, logrado a partir de esa fascinante cercanía que el director consigue con el personaje y la actriz. El naturalismo puesto al servicio de la cotidianidad, el amor y el desamor.

4. The Grandmaster, de Wong Kar-Wai

Este innovador director regresa con una vistosa historia de artes marciales, ungida de toda la poesía de la imagen y el movimiento, pero sin olvidar esos melancólicos y entrañables personajes presentes en todas sus películas.

5. Jardín de amapolas, de Juan Carlos Melo

Con sencillez y contundencia esta película propone otra mirada al conflicto colombiano y a quienes lo padecen en el campo.

6. Ida, de Pawel Pawlikowski

Una cinta bella y sensible que da cuenta del viaje de una novicia a su pasado, su identidad, los lazos familiares, las dudas vocacionales y los asuntos terrenales.

7. Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson

Esta película es el culmen estilístico de un director que ha sabido forjar una marca y un universo particulares.

8. Primicia mortal, de Dan Gilory

Un singular thriller conducido por un fascinante personaje, una rara mezcla entre entusiasta y sicópata, que pone en evidencia el sensacionalismo de los medios.

9. La increíble vida de Walter Mitty, de Ben Stiller

Parece solo un relato aleccionador y comercial, pero si bien hay algo de esto, lo consiguen con ingenio, encanto y un acertado manejo de los recursos cinematográficos.

10. El pasado, de Asghar Farhadi

Un intrincado drama en el que, sin discriminar entre niños, jóvenes o adultos, todos se ven agobiados por serios problemas de la cotidianidad y de la vida en familia. Un filme lúcido, complejo y contundente.

Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba

Crítica de cine Sin Comentarios

Libres y sin miedo

Oswaldo Osorio


Hay muchas cosas que tienen un gran poder liberador: la educación, la música y la carretera son tres de ellas y están presentes en esta bella película. Con la sensibilidad que caracteriza a este director español para construir personajes y crear diálogos elocuentes y entrañables, transcurre esta historia sobre el encuentro de tres personas y sus pequeñas o grandes batallas contra un entorno que se muestra siempre hostil ante seres como ellos.

Un profesor de inglés que quiere conocer a John Lennon, quien rueda una película en Almería; un adolescente que huye de las pequeñas tiranías de su hogar; y una joven embarazada que busca conservar a su hijo y no ser señalada por la puritana sociedad franquista. Este trío se encuentra en la carretera y establece una amistad de la que aprenderán mucho, sobre todo los dos más jóvenes.

Si bien el centro del relato es la relación entre los tres personajes, es el contrapunto entre lo que son o lo que quieren ser frente a los condicionamientos de una sociedad regida por el miedo lo que motiva buena parte de la historia. Es 1966 y el régimen del General Franco tiene agarrada por el cuello a toda España, en especial a quienes no comparten sus estrictos valores regidos por la moral católica y militar, entre los que están, por supuesto, madres solteras, jóvenes de cabello largo y profesores libertarios.

Los une el deseo de mantenerse firmes en conservar lo que son o conseguir lo que quieren, aun ante las presiones externas. Esto se traduce en tener libertad y autodeterminación en una sociedad intolerante y represiva. Lanzarse a la carretera ya es un primer paso para obtenerlo. Pero lo que lo hace posible es ese encuentro entre ellos, sobre todo porque cuentan con la formación de aquel profesor bonachón y amante de The Beatles. Es él quien le da la base ética y el ejemplo a ese deseo (lástima ese gesto de venganza del final, que es del todo inconsecuente con el personaje y la película).

Aunque la excusa argumental es la anécdota del hombrecito que quiere conocer a John Lennon, lo esencial del relato está en desarrollar la relación que se establece entre los tres protagonistas. Por eso es más una película de personajes y diálogos: unos personajes sólidos y honestos, que saben representar con claridad unas emociones y estados de ánimo, aun si estos son ambiguos, y unos diálogos ingeniosos, divertidos y significativos, que tejen con firmeza esa relación.

De nuevo David Trueba demuestra que es uno de los más relevantes directores de España. Esta bonita y amable película da fe de ello. Sin pirotecnias visuales o narrativas ni rebuscadas tramas, solo con el encuentro de tres personas pone de manifiesto un mundo de sentimientos que se rebelaron, sutil pero firmemente, contra el miedo en una época oscura.

Climas, de Enrica Pérez

Crítica de cine Sin Comentarios

Caliente, frío y templado

Oswaldo Osorio


Tres historias, tres mujeres y tres regresos, de eso se trata esta película peruana coproducida con Colombia. Desarrolladas en tres regiones y climas del Perú, a pesar de tener temas muy distintas cada una, sin duda se evidencia un mismo tono y estilo, el tono es el de un relato que quiere hablar de emociones humanas pero de forma sugerida y el estilo es una mirada atenta a los sentimientos de unos personajes, enfatizados por las particularidades de sus entornos traducidas visualmente en luz y encuadres.

La construcción de las tres historias tienen la misma lógica: son protagonizadas cada una por una mujer y algo en su vida cambia por el regreso de un hombre, ya sea un tío, un exnovio o un hijo. Este regreso desata una serie de nuevos sentimientos o recupera otros ya olvidados, y las transforma, de manera momentánea o definitiva.

La primera historia es la de una adolescente en pleno despertar sexual. Con la llegada de su tío esas pulsiones se incrementan y comienza un juego de acercamiento y seducción entre ambos que la directora logra con naturalidad y verosimilitud. Todo ese juego va dirigido al inevitable encuentro final, una escena con una tremenda fuerza que pone de manifiesto una serie de sentimientos opuestos y ambiguos. Un solo plano para dar cuenta de un momento crucial en la vida de una joven, el cual da fin a la historia pero inicia la vida de ella.

El segundo relato es sobre una mujer que tiene dificultades para quedar embarazada. El frío y gris paisaje sirve de contexto propicio para su siempre opaco estado de ánimo. El espectador sospecha que algo le ha pasado a esta mujer, que algo le falta, que algo hay roto en ella. El secreto se revela cuando se reencuentra con un hombre con quien al parecer compartió un momento importante de su vida. Es la menos interesante de las tres historias, pero de todas formas, al final, da cuenta de manera contundente ese sentimiento de pérdida que embarga a la pareja y las severas consecuencias que este ha tenido para sus vidas.

Finalmente, una mujer que vive en la sierra recupera a su hijo tras algunos años de estar encarcelado. Es el relato más parco a la hora de hablar de esos sentimientos y relaciones que hay entre los personajes, y aún así, es el más claro de todos. La relación de una madre con el hijo “calavera” se pone aquí de manifiesto con esos poderosos e invisibles hilos que los une, poniendo en evidencia la universalidad de ese sentimiento. El desenlace es el esperado, el inevitable, pero eso solo reconfirma unas contantes propias de la naturaleza humana, que nos son mostradas aquí de forma elocuente y sutil.

Jardín de amapolas, de Juan Carlos Melo

Cine colombiano, Crítica de cine Sin Comentarios

El paraíso perdido

Oswaldo Osorio


Desde su título, esta película encierra una paradoja: la posible belleza de un jardín de flores frente a la violencia que representa este tipo de cultivo para un país tan golpeado por el conflicto. Además, no se trata solo de otra película sobre la violencia y el narcotráfico, es un preciso y contundente relato que revela el drama de quienes se ven afectados por el conflicto que vive Colombia y las fuerzas que están en juego.

Proveniente de una ciudad y región (Ipiales, Nariño) que poco ha tenido que ver con el cine nacional, es un filme que, tal vez por esta misma razón, evidencia una mirada diferente, como más limpia y descontaminada. Y con estas características nos cuenta la historia de un hombre y su hijo que son desplazados de su tierra, por lo cual el padre se ve obligado a trabajar en una “cocina” de heroína.

Pero el relato lo orienta la mirada del niño y su relación con una nueva amiga. Juntos proponen ese punto de vista inocente e inquieto característico de la infancia, pero que renueva la mirada sobre el conflicto y sobre esas fuerzas que se baten en torno suyo: los narcotraficantes, los grupos armados, que siempre son protagonistas en las zonas con cultivos ilícitos, y la población civil, que indefectiblemente tiene que cumplir el rol de las víctimas.

Lo que más llama la atención de esta película es el tono que consigue para contar su historia y desarrollar a sus personajes. La simpleza como virtud y la naturalidad como elemento que otorga verosimilitud son las bases de un relato que acerca al espectador a la intimidad y visión del mundo de estos personajes, una visión que, a pesar del contexto amenazante, mantiene cierta inocencia y sosiego.

Al espectador, mientras tanto, menos inocente en su mirada y con la información adicional por el acceso total que tiene a toda la trama, le es arrebatado ese sosiego casi desde el principio, y su seguimiento del relato es un camino hacia lo que parece será una ineludible tragedia, un choque de esas fuerzas en las que, forzosamente, los más débiles se llevarán la peor parte.

Este tono es complementado por una concepción visual que sabe equilibrar la sencillez y espontaneidad del relato con la belleza y poética de unos momentos emotivos y del mismo paisaje, además del uso de otros recursos que saben muy bien manejar esa contraposición entre el sosiego y la tensión que mecen la historia de principio a fin.

Es la ópera prima del Juan Carlos Melo, es también el primer largometraje realizado en aquellas tierras, y aunque aborda unos temas ya recurrentes en el cine colombiano, por la forma como fue concebida esta película, pareciera que es también la primera vez que vemos el conflicto colombiano desde este punto de vista, fresco, entrañable y revelador.

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