Cómo nadar en un océano en el espacio

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Si usted estuviera en Europa podría probar la sal del mar, pero no es tarea fácil. Es que se trata de Europa, la luna de Júpiter cuyas existencias de agua están más que comprobadas, no de manera directa sino por las naves que han pasado por esa región.

Bajo la superficie de ese satélite joviano yace un mar de agua salada. Ahora, el famoso astrónomo Mike Brown, junto a Kevin Hand del Jet Propulsion Laboratory de la Nasa han encontrado evidencias que que ese océano líquido puede estar filtrando agua a la congelada superficie europea.

Brown es reconocido por haber contribuido de manera indirecta a la degradación de Plutón como planeta, al haber hallado un objeto de tamaño parecido en el cinturón de Kuiper, más allá de la órbita de Neptuno.

El hallazgo de ese flujo oceánico provino del análisis de datos de la misión Galileo de la Nasa, que exploró ese sistema varios años hasta 2003, información que sugiere un intercambio químico entre el océano y la superficie, haciendo ese depósito de agua un medio más rico en química. El estudio aparecerá en el Astronomical Journal.

“Tenemos evidencia de que el océano de Europa no está aislado, que intercambia químicos con la superficie”, dijo Brown, profesor en Caltech. “Eso significa que podría estar entrando energía al océano, lo que es importante en términos de las posibilidades para la vida. Además que si usted desea saber qué hay en el océano, solo tiene que ir a la superficie y rasguñarla”.

“El hielo superficial nos proporciona una ventana hacia un océano potencialmente habitable debajo”, según Hand.

Desde los días de la misión Galileo, cuando la nave mostró que Europa estaba cubierta con una capa de hielo, los científicos han debatido sobre la composición de la superficie. El espectrómetro de infrarrojos de la sonda no pudo entregar los suficientes detalles para identificar los elementos presentes en la superficie.

Ahora, con instrumentos desde la Tierra, Brown y Hand identificaron un rasgo espectroscrópico que revela la presencia de una sal de magnesio, un mineral llamado epsomita, que solo se pudo originar en el océano debajo.

Detectan cometas en otros sistemas planetarios

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No solo nuestro Sistema Solar tiene cometas, sino que estos viajeros del tiempo podrían existir en otros sistemas planetarios, de acuerdo con revelaciones del telescopio espacial europeo Herschel.

El instrumento descubrió extensos cinturones de cometas alrededor de dos sistemas planetarios que poseen planetas hasta del tamaño de Neptuno.

Los cometas, como en nuestro caso, podrían estar irrigando el agua, fuente de vida, en algunos de esos planetas.

En un estudio anterior del Herschel, científicos habían hallado que el cinturón de polvo alrededor de la estrella Fomalhaut debía ser mantenido por colisiones entre cometas.

El nuevo estudio sugiere que los sistemas GJ 581 y 61 Vir tienen grandes cantidades de restos cometarios. El telescopio detectó señales de polvo frío a -200° C en cantidades que significan que esos sistemas deben tener al menos 10 veces más cometas que el cinturón de Kuiper en nuestro Sistema Solar.

GJ 581, o Gliese 581, es una estrella enana tipo M, el tipo más común de estrellas en la galaxia. Se ha demostrado que posee al menos 4 planetas, incluido uno en la zona habitable, en el que podría existir agua líquida.

Y se han confirmado dos planetas alrededor de 61 Vir, una estrella tipo G, solo un poco menos masiva que nuestro Sol.

Los planetas en esos sistemas son súper Tierras, con de 2 a 18 veces la masa de la Tierra.

Para sorpresa, no hay evidencias de planetas tipo Júpiter ni Saturno.

Se cree que el juego gravitacional entre Júpiter y Saturno en nuestro Sistema es responsable de haber alterado el una vez muy poblado cinturón de Kuiper, enviando una gran cantidad de cometas hacia los planetas interiores en un evento cataclísmico que duró varios millones de años.

Los nuevos hallazgos muestran cinturones tipo Kuiper mucho más densos con planetas menos masivos, expresó Mark Wyatt, de la Universidad de Cambridge, líder del paper sobre Vir 61.

Los cometas, se cree hoy, fueron vitales para la Tierra al depositar enormes cantidades de agua en ella. ¿Será igual en esos lejanos mundos?

Gliese 581 se halla a unos 20,5 años luz de nosotros; Vir 61 está a unos 27,8 años luz; y Fomalhaut a unos 25 años luz.

En el gráfico de la ESA se observa cómo serían esos cinturones densamente poblados con cometas.

Estrella se come un gran planeta

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Un planeta algo mayor que Júpiter en el que el año solo duara un día de los neustros, está siendo devorado por su estrella, reveló una observacion del telescopio espacial Hubble.

Se trata de WASP-12b, un planeta detectado en 2008 que orbita muy cerca a su sol, lo que ha producido una nube de gas muy caliente de casi 3 veces el radio de Júpiter, nube que alimenta la estrella.

Parte del gas está yendo hacia el medio itnerestelar, creando una capa alrededor de la estrella.

Esa capa es delgada y a duras penas advertida en luz visible, pero las nuevas observaciones se realizaron con el filtro cercano al ultravioleta. Los astrónomos descubrieron que un elemento es la nube es magnesio, que es muy eficiente al absorber la luz cercana al ultravioleta. Estas longitudes de onda son muy sensibles a la presencia de gas tenue, dentro del cual la estrella aparece completamente invisible.

Una estructura de estas no ahbía sido observada antes, dijo Carole Haswell, de The Open University, quien condujo el estudio que será publicado en The Astrophysical Journal.

Dibujo cortesía Nasa

Hallan planetas en estrellas como el Sol

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Una nueva especie de planetas que giran alrededor de estrellas iguales a nuestro Sol en cúmulos de estrellas muy congestionados fue revelado por astrónomos que trabajan con fondos de la Nasa.

Aunque no se trata de planetas habitables, el hallazgo sugiere que en ambientes de alta densidad estelar sí pueden formarse. Y si alguien habitara allí tendría unas noches con muchísimas más estrellas que las que vemos nosotros.

Los planetas hallados son del tipo Júpiter, muy masivos, gaseosos e hirvientes al residir muy cerca de sus estrellas madres. Cada Júpiter caliente, como se les conoce en términos de Astronomía orbitan un sol como nuestro Sol en el cúmulo Beehive, también llamado Praesepe o del Pesebre, una colección de unas 1.000 estrellas que parecen en enjambre alrededor de un centro común.

Praesepe es un cúmulo abierto, o agrupación de estrellas nacidas alrededor del mismo tiempo a partir de la misma nube gigante de material, por lo que son asimismo semejantes en composición química. A diferencia de la mayoría de estrellas, que se dispersan pronto tras su nacimiento, estas estrellas jóvenes permanecen muy juntas por una atracción gravitacional mutua.

“Estamos detectando más y más planetas que pueden prosperar en ambientes diversos y extremos como estos en cúmulos cercanos”, dijo Mario R. Perez, del programa de Astrofísica de la Nasa del Programa Origins of Solar Systems. “Nuestras galaxia contiene más de 1.000 de esos cúmulos abiertos que pueden tener las condiciones físicas para albergar muchos de esos planetas gigantes”.

Los dos planetas nuevos son Pr0201b y Pr0211b. El nombre de la estrella seguido de una b es la convención estándar para designar planetas.

“Son las primeras b en Beehive”, según Sam Quinn, egresado de Astronomía en Georgia State University, cabeza del grupo que describió los hallazgos publicados en el Astrophysical Journal Letters.

Para el descubrimiento, junto a David Latham del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, usaron el telescopio Tillinghast de 1,5 metros en Arizona.

En otros cúmulos se han hallado planetas, pero no en estrellas como nuestro Sol.

La relativa juventud de estas estrellas hace que estos dos planetas sean dos de los más jóvenes detectados hasta hoy.

Dibujo cortesía Nasa/JPL-Caltech

Así morirán Júpiter y… la Tierra

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Júpiter. conocido por su alta radiación y espectaculares tormentas atmosféricas, es un planeta relativamente fresco en comparación con mundos de similar tamaño, según los astrónomos. Pero esto no será para siempre.

En algunos miles de millones de años, nuestro Sol, al entrar en su fase de gigante roja (como se ve en el dibujo) se expandirá unas 100 veces su tamaño actual, recortando su distancia al gran planeta de 765 a unos 500 millones de kilómetros, lo que hará que Júpiter brille como una parrilla de estufa.

Esto sugiere un nuevo estudio presentado en The Astrophysical Journal.

Una vez el Sol agote su combustible de hidrógeno, la expansión aumentará la temperatura de la superficie del planeta a más de 1.000 K, no como la plétora de Júpiteres calientes en otros sitios de la galaxia conocidos por orbitar sus estrellas en solo horas.

Bueno, ¿y qué nos pasará en la Tierra? Al expandirse el Sol 100 veces su tamaño presente y con la Tierra en su órbita actual, el Sol la absorberá.

Ese es un punto no olvidado en el estudio de David Spiegel, astrofísico del Institute for Advanced Study in Princeton, New Jersey.

“Mi apuesta es que la Tierra será tragada por el Sol, pero Júpiter no”.

Dibujo del Sol en su fase de gigante rojo, M Weiss-Nasa

Un mellizo muy raro

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Qué mellizo tan extraño. Eso es lo que parece ser un sistema solar lejano que se parece al nuestro, pero con unas cosas bien raras.

Llamado GJ676A, el sistema posee dos planetas rocosos que orbitan muy cerca a su estrella madre y dos gigantes gaseosos más lejos. Es decir, está dispuesto como nuestro Sistema Solar, en donde los planetas rocosos están cerca al Sol y los otros más retirados. Pero en GJ676A todo es más grande.

El planeta rocoso más pequeño tiene al menos 4 veces la masa de la Tierra, mientras que el gaseoso más grande es 5 veces el tamaño de Júpiter.

No es el único sistema solar lejano. El HD10180 tiene al menos 7 a 9 planetas, aunque todos son gigantes gaseosos relativamente cercanos a su estrella.

Los gaseosos de GJ676A tardan unos 4.000 días en cumplir una órbita, dijo Guillem Anglada Escudé, autor líder del estudio, de la Universidad Gottingen en Alemania. Los rocosos por su lado tienen una órbita muy cercana a la estrella. Esto llevó a los investigadores a compararlo con nuestro sistema.

Los planetas rocosos fueron detectados mediante una nueva técnica.

Dibujo de un sistema planetario.

26 nuevos planetas en 11 soles

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Cero y van dos: súmele a la cada vez más nutrida lista. La misión Kepler de la Nasa descubrió 11 nuevos sistemas planetarios que albergan 26 planetas confirmados.

Con estos descubrimientos casi que se dobla el número de planetas verificados de la misión Kepler y triplica el número de estrellas conocidas por tener más de un planeta que transita (pasa delante de ella vista desde el Kepler).

Los planetas orbitan cerca de sus estrellas y tienen un tamaño que va de 1,5 radios terrestre a más grandes que Júpiter. 15 tienen un tamaño entre la Tierra y Neptuno, pero se requerirán más estudios para determinar si son rocosos como nuestro planeta o poseen gruesas atmósferas gaseosas como Neptuno.

Estos planetas orbitan su estrella cada 6 a 143 días. Todas están más cerca a su estrella madre de lo que Venus está del Sol.

“Antes de Kepler, conocíamos unos 500 exoplanetas en todo el cielo”, dijo Doug Hudgins, científico de la misión. “Ahora, en solo 2 años mirando un parche del cielo no más largo que el puño de una mano, Kepler descubrió más de 60 planetas y 2.300 candidatos a planeta. Esto nos indica que nuestra galaxia está cargada con planetas de todos los tamaños y órbitas”.

Kepler identifica los candidatos al medir una y otra vez el cambio en el brillo de más de 150.000 estrellas para detectar cuando el planeta pasa por delante de su sol. Ese paso induce una pequeña sombra hacia la Tierra y la nave.

La confirmación de esa pequeña disminución en el brillo estelar requiere observaciones adicionales y un análisis exigente, explicó Eric Ford, profesor de Astronomía en la Universidad de Florida y autor de uno de los papers que confirmó el hallazgo de dos de esos planetas.

Cada uno de los nuevos sistemas planetarios contienen de 2 a 5 planetas. En sistemas planetarios tan estrechos, el jalón gravitacional de los planetas entre sí hace que uno acelere y otro desacelere a través de su recorrido orbital, lo que puede ser verificado sin extensas observaciones desde la superficie terrestre.

5 de los sistemas contienen un par de planetas en los que el planeta interior orbita la estrella dos veces por cada giro del planeta exterior. Cuatro contienen un par en el que el planeta exterior circula 2 veces la estrella por cada 3 del interior.

El sistema con más planetas de este nuevo hallazgo es Kepler 33, una estrella más vieja y masiva que nuestro Sol: alberga 5 planetas con tamaños de 1,5 el de la Tierra hasta 5 Tierras, todos situados más cerca a su estrella que cualquier planeta de nuestro sistema está con relación al Sol.

Imagen que ilustra sobre los sistemas y la ubicación de los planetas por tránsito cortesía Nasa Ames/Dan Fabrycky, University of California, Santa Cruz

Habría más de 100.000 millones de planetas

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Tras seis años de búsqueda en los que se cartografiaron millones de estrellas en la Vía Láctea para calcular el número de exoplanetas permitió concluir que antes que escasos son comunes y debe haber al menos 100.000 millones.

En promedio cada estrella en la Vía Láctea tiene un planeta. Los métodos más usados para la detección sugerían que del 17 al 30 por ciento de las estrellas tipo Sol poseen un planeta. ¿Pero y con otros métodos?

Arnaud Cassan y colegas usaron la técnica de microlentes gravitacionales para sondear la existencia de planetas orbitando a entre 0,5 y 10 veces la distancia Tierra-Sol, hallando que alrededor de un 17% de las estrellas albergan planetas tipo Júpiter, un 52% poseen planetas tipo Neptuno y cerca del 62% de las estrellas poseen súper-Tierras.

La investigación apareció publicada en Nature y fue realizada por un equipo internacional de astrónomos, entre ellos 3 del equipo del Observatorio Europeo austral (ESO), que empleó la técnica de microlentes gravitacionales.

Hasta el momento, luego de 16 años de búsqueda, se han encontrado algo más de 700 planetas confirmados, habiéndose iniciado el estudio de los espectros y las atmósferas. Hay más de 1.000 en proceso de confirmación.

La técnica usada ha sido el tránsito y la atracción gravitacional, pero con la de microlentes gravitacionales se puede detectar un rango más amplio de masas y planetas más alejados de sus estrellas.

Para Arnaud Cassan (del Instituto de Astrofísica de París), “estos datos muestran que los planetas son más comunes que las estrellas en nuestra galaxia. También encontramos que los planetas más ligeros, como las súper-Tierras o los Neptunos fríos, deben ser más comunes que los planetas pesados.”

Con esa técnica se detectan exoplanetas por el modo en que el campo gravitacional de su estrella anfitriona, combinado con el de los posibles planetas, actúa como una lente, magnificando la luz de la estrella de fondo. Si la estrella que actúa como una lente tiene un planeta en su órbita, el planeta puede contribuir a la hora de detectar el efecto de iluminación de la estrella de fondo.

Las microlentes son herramientas poderosas, con el potencial de detectar exoplanetas que, de otra manera, podrían no haber sido descubiertos jamás. Pero, para utilizar la técnica de microlente y ver algo, se requiere de un alineamiento poco común entre una estrella de fondo y otra que haga de lente. Y, para detector un planeta durante el acontecimiento, también se necesita una coincidencia adicional de alineamiento de la órbita del propio planeta.

Pese a que, por todos estos motivos, sea una tarea difícil encontrar un planeta utilizando esta técnica de microlentes, los datos de estos seis años utilizados en los análisis permitieron la detección de tres exoplanetas: una súper-Tierra, y planetas con masas comparables a las de Neptuno y Júpiter.

Al detectar estos tres planetas, o los astrónomos fueron muy afortunados o, sencillamente, los planetas son tan abundantes en la Vía Láctea que era algo prácticamente inevitable.

Los astrónomos combinaron la información relacionada con estas tres detecciones positivas de exoplanetas con otras siete detecciones llevadas a cabo antes, así como con un número de no detecciones en los datos obtenidos durante seis años.

El cartografiado era sensible a la detección de planetas que estuvieran a una distancia de su estrella de entre 75 millones de kilómetros y 1.500 millones de kilómetros (en el Sistema Solar este rango incluye todos los planetas desde Venus a Saturno) y con rangos de masas que van de cinco veces la masa de la Tierra hasta diez veces la de Júpiter.

La combinación de los resultados sugiere firmemente que el porcentaje de planetas alrededor de estrellas es mayor que uno. Más que la excepción, son la norma.

“Antes creíamos que la Tierra podría ser única en nuestra galaxia. Pero ahora parece que, literalmente, hay miles de millones de planetas con masas similares a la de la Tierra orbitando estrellas en la Vía Láctea,” concluye Daniel Kubas, coautor de este artículo.

Nota: Una súper-Tierra tiene una masa de entre dos y diez veces la masa de la Tierra. Hasta ahora se ha publicado el hallazgo de doce planetas utilizando las microlentes con varias estrategias observacionales.

Fuente: ESO-Nature

Cortesía imagen: ESO

Descubren planetas que murieron como morirá la Tierra

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Un día relativamente lejano, el Sol se expandirá, en su agonía, tragándose varios planetas, que como la Tierra quedarán como rocas chamuscadas.

Astrónomos descubrieron dos planetas del tamaño de la tierra que están, literalmente, fritos. Su estrella madre, en las fases finales de su existencia, se convirtió en una gigante roja que creció varias veces su tamaño original y los abrasó debido a que circulaban en órbitas cercanas.

El descubrimiento fue publicado ayer en la revista Nature y revela lo que será nuestro destino.

Cuando el Sol, en unos 5.000 millones de años, se convierta en una gigante roja inflada al agotar casi todo su combustible, se tragará los planetas rocosos más cercanos, como Mercurio, Venus, la Tierra y Marte.

Sometidos a ese infierno, no quedará nadie para contarlo, si es que lo hubiere entonces.

Los planetas descubiertos no solo sobrevivieron la inmersión en el fuego estelar, sino que probablemente le ayudaron a su estrella a desprenderse del caliente material de los días finales.

“Si un planeta como la Tierra quedara 1.000 millones de años en ese ambiente, se evaporaría. Solo planetas más grandes como Saturno y Júpiter podrían sobrevivir”, explicó Elizabeth Green, del Observatorio de la Universidad de Arizona.

Los dos planetas, llamados KOI 55.01 y KOI 55.02, orbitaban muy cerca a su estrella, habiendo quedado inmersos en la envoltura estelar de la fase roja, pero sobrevivieron. Esos planetas tenían un radio de 0,76 y 0,87 veces el radio terrestre.

La estrella madre, KOI 55, es lo que los astrónomos llaman una estrella subenana B: consiste en el núcleo expuesto de una gigante roja que ha perdido casi toda su envoltura. De hecho, se cree que los planetas pudieron haber participado en el aumento de la pérdida de masa de la estrella necesario para la formación de esta clase de estrellas.

Dibujo cortesía S. Charpinet.

La estrella que quiere planeta cocinado

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Una estrella a 880 años luz de la Tierra está bombardeando su planeta con una cantidad de rayos X cientos de miles de veces más intensos que los que nuestro planeta recibe del Sol, según datos del observatorio espacial Chandra de la Nasa.

Esa enorme cantidad de energía irradiada sugiere que se están evaporando 5 millones de toneladas de materia del planeta cada segundo. Una idea de que no todos los planetas tienen una vida fácil.

El planeta, CoRoT-2b, tiene unas 3 veces la masa de Júpiter (1.000 veces la de la Tierra) y orbita su estrella CoRoT-2a a más o menos 10 veces la distancia Tierra-Luna.

El nombre de los dos cuerpos se debe al satélite francés que los descubrió en 2008.

“Este planeta está siendo freído por su estrella”, dijo Sebastian Schroeter, de la Universidad de Hamburgo en Alemania. “Lo que parece aún más extraño es que el planeta puede estar afectando el comportamiento de la estrella que lo destruye”.

Los datos del Chandra sugieren que ese sistema tiene de 200 a 300 millones de años, o sea que la estrella está plenamente formada. Las observaciones dicen que se trata de una estrella muy activa, lo que es común en las estrellas jóvenes.

Pero como el planeta está tan cerca de ella, puede estar acelerando la rotación de ese sol. Su planeta es el que la mantiene tan activa, aunque en este caso signifique su extinción.

En la imagen real se ve a la izquierda el sistema y a la derecha un dibujo de cómo deben estar sucediendo los violentos hechos allí. Cortesía Chandra.

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