Detectan la más lejana explosión cósmica

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Pero sí que está bien lejos: el telescopio espacial Hubble detectó la supernova más lejana hallada hasta ahora, la UDS10Wil, llamada SN Wilson, que explotó hace 10.000 millones de años.

Se trata del tipo de supernovas Ia, muy importantes para los astrónomos porque suministran un nivel constante de brillo que puede ser utilizado para medir la expansión del espacio, aparte de aportar pistas sobre la naturaleza de la elusiva energía oscura.

“Esta distancia récord abre una ventana hacia el universo primigenio, ofreciendo una mirada a la forma como explotaban esas estrellas”, indicó David O. Jones, autor del artículo sobre el descubrimiento.

Hallar supernovas remotas entrega un método potente para medir la acelerada expansión del universo. El equipo de Adam Riess, cabeza del estudio, también en la Universidad John Hopkins, ha descubierto más de 100 supernovas de toda las clases y distancias, mirando en el tiempo desde hace 2.400 millones de años hasta más de 10.000 millones. En esos descubrimientos se han identificado 8 supernovas tipo Ia, incluyendo la Wilson, que explotó hace más de 9.000 millones de años.

La SN Wilson es solo 4% más distante que la que tenía el récord, con lo que se logra ir 350 millones de años más lejos en el tiempo. La otra había sido anunciada hace solo tres meses.

Al encontrar supernovas Ia tan pronto en el desarrollo del universo, los astrónomos pueden distinguir dos modelos de explosión. En uno, la explosión es provocada por una fusión de dos estrellas enanas blancas, en el otro, una enana blanca se alimenta gradualmente de su compañera, una estrella normal, y explota cuando acreta mucha masa.

La evidencia preliminar muestra un marcado descenso en la tasa de supernovas Ia entre hace unos 7.500 millones de años y 10.000 millones, lo que favorece el modelo de la fusión de las enanas blancas dado que predice que la mayoría de las estrellas en el universo son muy jóvenes para convertirse en supernovas Ia.

En la imagen cortesía Nasa, la supernova detectada y su posición.

Hallan el planeta más raro

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Un mundo raro, pero bien extraño, fue encontrado gracias al telescopio espacial Hubble: una clase desconocida hasta ahora de planeta, lleno de agua oculta por una atmósfera gaseosa. Más pequeño que Urano, es mayor que la Tierra.

Se trata del planeta GJ 1214b, detectado por un grupo de astrónomos encabezado por Zachory Berta, del Harvard Smithsonian Center for Astrophysics.

“No es como ningún otro planeta que conozcamos. Una gran parte de su masa está compuesta de agua”, dijo.

El planeta fue detectado en 2009. Es una super Tierra con 2,7 veces el diámetro terrestre y 7 veces más peso. Orbita una estrella enana roja cada 38 horas a una distancia de 2 millones de kilómetros, con lo que su temperatura es de unos 230 grados centígrados.

En 2010, Jacob Bean y colegas, de aquel centro, reportaron la medición de la atmósfera de GJ 1214b, hallando que estaba compuesto más que todo de agua. Sus observaciones, sin embargo, podían explicarse por la presencia de un manto neblinoso.

Berta y colegas, incluido Derek Homeier, del ENS en Lión, Francia, usaron una de las cámaras del Hubble para estudiar el planeta cuando cruzara delante de su estrella madre. En ese tránsito, la luz de la estrella es filtrada a través de la atmósfera planetaria, entregando pistas sobre la mezcla de gases.

Fue así como detectaron que el manto que lo envuelve es de vapor.

Al conocer la masa y tamaño, se calcula su densidad, de solo 2 gramos por metro cúbico. El agua tiene una densidad de 1 gramo por metro cúbico, mientras la de la Tierra es de 5,5. Esto sugiere que ese mundo tiene más agua que nuestro planeta y es menos rocoso.

Se cree que el planeta debió formarse más lejos de su estrella y migró hacia el interior del sistema en algún momento de su historia.

GJ 1214b se encuentra en la constelación del Ofiuco a 40 años luz de nosotros, un gran candidato para ser estudiado en el futuro inmediato.

Dibujo cortesía Nasa-ESA-D. Aguilar (CfA)

¡Felicidades!

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¡Feliz Navidad para todos!

 

 

El Ángel de Nieve de la Navidad es lo que parece verse en esta foto del telescopio espacial Hubble. Es un pedazo de región donde se presenta una activa formación estelar, o sea el nacimiento de estrellas, apropiado para este día, hacia la constelación del Cisne, a 2.000 años luz de la Tierra.

Toda la acción que se aprecia se debe a la formación de una estrella, S106 IR en el centro de la imagen.

La fotografía da la sensación de quietud e inmensa paz, pero en ese sitio del universo se están sucediendo violentísimas reacciones: la superestrella, más grande que nuestro Sol, envía al espacio dos poderosos chorros de material. Es una estrella que tendrá una vida corta y terminará como una supernova.

Foto cortesía Nasa-ESA

Plutón revela su química

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Sobre la superficie de Plutón se encuentran moléculas de hidrocarburo y o nitrilo, las que le darían el característico color rojizo, revelaron científicos en un artículo en el Astronomical Journal.

El descubrimiento se logró con el Espectrógrafo de Orígenes Cósmicos a bordo del telescopio espacial Hubble.

Esos químicos pueden ser producidos por la interacción de la luz solar o rayos cómicos con los hielos de la superficie del planeta menor, incluyendo metano, monóxido de carbono y nitrógeno.

Los investigadores, del Southwest Research Institute y Nebraska Wesleyan University, fueron encabezados por Alan Stern.

El grupo descubrió además evidencias de cambios en el espectro ultravioleta de Plutón al comparar con mediciones del Hubble en los 90. Esas modificaciones pueden estar relacionadas con terrenos distintos vistos en las observaciones o con otros efectos como cambios en la superficie por un aumento en la presión atmosférica.

Foto del Hubble, cortesía Nasa

Un agujero negro tragándose la materia

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En su camino hacia lo desconocido astrónomos detectaron materia que cae hacia un agujero negro gracias al telescopio espacial Hubble de la Nasa y la ESA.

Con el efecto de lente gravitacional de las estrellas en una galaxia lejana, el grupo midió el tamaño del disco alrededor del agujero y estudió los colores –o sea la temperatura- de diferentes partes de ese disco.

Las observaciones tienen una precisión equivalente a determinar un grano de arena en la superficie de la Luna.

Si bien los agujeros negros son invisibles en sí mismos, las fuerzas que provocan originan cierto fenómeno brillante en el universo: los cuásares u objetos cuasi estelares, discos resplandecientes de materia que orbitan agujeros negros supermasivos, calentando y emitiendo radiación muy brillante.

“El disco de acreción de un cuásar tiene un tamaño típico de unos cuantos años luz o alrededor de 100.00 millones de kilómetros, pero se hallan a cientos de millones de años luz de distancia. Esto sugiere que su tamaño aparente vistos desde la Tierra es tan pequeño que quizás nunca exista un telescopio tan poderoso para conocer su estructura de manera directa”, según José Muñoz, líder del grupo.

Para estudiar este cuásar el grupo usó las estrellas en una galaxia como manera de ampliar la luz de distintos puntos del disco gracias a los efectos gravitacionales, obteniendo una información detallada de su color.

Así, observaron un grupo de cuásares que son aumentados por el cambio de alineación de otras galaxias en el fondo, produciendo varias imágenes del cuásar.

Pudieron determinar que el disco tiene de 4 a 11 días-luz, unos 100.000 a 300.000 millones de kilómetros. Aunque la incertidumbre de la medición es notoria, es un logro de todas maneras.

Las propiedades físicas de los cuásares no son bien entendidas por la ciencia.

Nota: la gravedad dobla la estructura del espacio-tiempo y por ende desvía los rayos de luz.Cuando el alineamiento es el adecuado, con un objeto detrás del otro, la gravedad del objeto de adelante dobla la luz como un lente, un proceso llamado lente gravitacional. Típicamente producen múltiples imágenes distorsionadas de objetos distantes. El efecto más dramático de estos lentes gravitacionales son la amplificación y distorsión de la luz de galaxias lejanas cuando pasa a través de grupos masivos de galaxias. Las estrellas individuales también pueden amplificar la luz, aunque este efecto, microlente, es menos notable.

En la foto, el disco alrededor del agujero negro. Cortesía Nasa/ESA.

Una mirada al centro de nuestra galaxia

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Este mosaico de imágenes en infrarrojo captadas por el telescopio Hubble representa la mejor vista jamás tomada del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Revela una nueva población de estrellas masivas y nuevos detalles de estructuras ionizadas en el gas que gira alrededor del centro, de unos 300 por 115 años luz. Un laboratorio para ver cómo nacen las estrellas masivas e influyen en su ambiente en regiones que a menudo registran violentas acciones nucleares. La región inferior izquierda muestra pilares de gases esculpidos por los vientos de estrellas masivas de la nube del Quíntuplo. Al centro de la imagen, gas ionizado rodea el supermasivo agujero negro que vive en el centro de la galaxia y está confinado en una espiral brillante.

Homenaje a Neptuno: la estrella que era planeta

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Hoy miércoles Neptuno llegó a la misma posición del espacio en la que estaba hace exactamente 165 años, cuando fue descubierto. Y para conmemorar tal acontecimiento, el telescopio espacial Hubble tomó varias imágenes del lejano planeta.

Este gran cuerpo azul-verdoso es el planeta más lejano del Sistema Solar y fue descubierto por el astrónomo Johan Galle el 23 de septiembre de 1846. En ese momento, se dobló el tamaño del Sistema Solar.

Neptuno se encuentra a 4.500 millones de kilómetros del Sol, 30 veces más lejos que la Tierra y completa una órbita cada 165 años más o menos.

Las fotos del Hubble fueron tomadas durante el periodo de rotación del planeta, de casi 16 horas, el 25 y 26 de junio pasado.

Las fotos dejan ver que tiene más nubes que hace pocos años, cuando la mayoría estaban en el hemisferio sur. Se aprecian nubes altas en ambos hemisferios.

Neptuno experimenta estaciones, como la Tierra dada su inclinación de 29 grados, pero en ese mundo cada estación no dura tres meses sino ¡40 años!

En estos momentos es verano en el sur e invierno en el norte.

La absorción de la luz roja por el metano en la atmósfera le concede al planeta su color agua distintivo. Las nubes aparecen rosadas porque están reflejando cerca de la luz infrarroja.

Neptuno fue hallado en su momento gracias a Urano, el séptimo planeta desde el Sol. William Herschel y su hermana Carolina lo encontraron en 1781, 55 años antes que fuera ubicado Neptuno. Herschel notó que la órbita de Urano no cuadraba con la teoría de la gravedad de Newton. En 1821, al estudiar Urano el astrónomo francés Alexis Bouvard especuló que otro planeta lo estaba jalado, alterando su movimiento.

Veinte años después, Urbain Le Verrier, francés, y el inglés Couch Adams, matemáticos y astrónomos, predijeron de manera independiente la ubicación del misterioso planeta. Le Verrier envió su predicción al alemán John Galle, del Observatorio de Berlín, quien en el curso de dos noches seguidas en 1846 encontró a Neptuno a menos de un grado de la posición estimada por Le Verrier.

Galle no fue el primero en verlo, pese a todo. En diciembre de 1612 mientras observaba Júpiter y sus lunas con su telescopio, Galileo Galilei anotó a Neptuno en su cuaderno, pero… como una estrella. En enero de 1613 advirtió que esa estrella parecía haberse movido en relación con las otras estrellas, pero nunca identificó ese objeto como un planeta.

Neptuno no se puede ver a simple vista. Se requiere unos binoculares o un pequeño telescopio. Se halla ahora en Acuario, cerca a los límites con Capricornio.

Foto cortesía Hubble.

Descubren galaxia de comienzos del universo: es el objeto más remoto jamás hallado

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El hecho no tiene precedentes y se logró con el Very Large Telescope en el norte de Chile.

A través de un análisis metódico del débil brillo de la galaxia, descubrieron que esa luz fue emitida cuando el universo tenía sólo 600 millones de años.

Son las primeras observaciones confirmadas de una galaxia cuya luz despeja la opaca niebla de hidrógeno que llenaba el cosmos en esa época, de acuerdo con un reporte del European Southern Observatory que opera el VLT.

El hallazgo será presentado este jueves 21 en la revista Nature.

Mediante el VLT se confirmó, dijo Matt Lehnert, del Observatorio de París, que la galaxia detectada previamente por el Hubble es el objeto más remoto identificado hasta ahora. Lehnert fue el autor principal del artículo.

No es fácil detectar y estudiar esas galaxias. Cuando nos llega a la Tierra la débil luz, que inicialmente fue muy brillante, se ve muy tenue y pequeña. Esa luz se sitúa en la parte infrarroja del espectro porque su longitud de onda se ha estirado producto de la expansió del universo, un efecto conocido como corrimiento al rojo.

Es más difícil aún si se considera que en esa temprana época, apenas 600 millones de años después del Big Bang, el universo no era completamente transparente y gran parte estaba lleno de una niebla de hidrógeno que absorbía la intensa luz utlravioleta de las galaxias jóvenes.

Ese periodo de niebla es conocido como la era de reionización.

Pese a esto, el Hubble con una poderosa cámara descubrió en 2009 varios candidatos que podían ser galaxias de esa era. Para la confirmación fue necesario usar espectrógrafos en telescopios muy grandes en tierra, capaces de medir el corrmiento al rojo de la luz de la galaxia, que fue lo que se logró ahora.

Un hecho sorpresivo sobre el descubrimiento es que el brillo de la galaxia, UDFy-38135539 no parece ser lo suficientemente fuerte para despejar por sí solo la niebla de hidrógeno. „Tiene que haber otras galaxias, probablemente más débiles y menos masivas, compañeras cercanas, que también ayudaron a hacer transparente el espacio alrededor d ela galaxia. Sin esta ayuda adicional, la luz de la galaxia, sin improtar cuán brillante sea, habría quedado atrapado en la niebla de hidrógeno y no habríamos podido detectarla“, dijo Mark Swinbank, coautor.

La foto es del Hubble.

Descubren la estrella más enorme

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Menos mal no anda en nuestro vecindario, pues gigantes así se creía no podían existir. Una estrella con 300 veces la masa del Sol.
Sí, un equipo de astrónomos liderado por Paul Crowther, profesor de astrofísica de la Universidad de Sheffield, empleó el Very Large Telescope e información del Hubble para estudiar en detalle dos cúmulos de estrellas, NGC 3603 y RMC 136a.
El primero es una fábrica estelar de intensa formación de estrellas, a 22.000 años luz. El segundo, más conocido como R136, es un cúmulo con estrellas jóvenes, calientes y masivas a 165.000 años luz en la Gran Nube de Magallanes, nuestra vecina galaxia.
El equipo encontró estrellas con temperaturas superficiales sobre los 40.000 grados: unas siete veces más calientes que nuestro Sol, algunas decenas de veces más grandes y varios millones de veces más brillantes.
Una comparación con modelos revela que varias de estas lejanas estrellas nacieron con masas superiores a las 150 masas solares y la R136a1 es la más masiva que se haya descubierto a la fecha con unas 265 masas solares y un peso al nacer de 320 veces la masa del Sol.
Para darnos una idea: el Sol tiene 332.950 veces la masa de la Tierra.
Estas estrellas pierden peso a través de vientos poderosos y desafían las creencias y evidencias acumladas hasta ahora de que la máxima masa de una estrella no podría superar las 150 masas solares.
En NGC 3603 también se encontraron dos estrellas con masas cercanas a las 150 masas solares cuando nacieron.
Mientras más masiva una estrella, menos vive. Crowther explicó que R136a1 está en una edad mediana, algo más del millón de años (en comparación nuestro Sol tiene algo más de 4.500 millones de años) y ha perdido una quinta parte de su masa o más de 50 masas solares.
Si esta estrella remplazara al Sol en nuestro Sistema Solar, lo sobrepasaría tanto como el Sol sobrepasa hoy la Luna llena. Su masa haría que el año de la Tierra durara tres semanas y la radiación ultravioleta sería tan fuerte que no podría haber vida acá.
Menos mal anda lejos.
Dibujo que compara varias estrellas, cortesía ESO

Un paisaje para nada calmado

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Un vecindario tumultuoso. Esta foto del telescopio Hubble parecen los fuegos artificiales de una fiesta decembrina. Pero no. Se observa al centro un cúmulo de estrellas rodeado por nubes de gas y polvo interestelar, material en bruto para la formación de otras estrellas.
Esta nebulosa está situada a 20.000 años luz hacia la constelación Carina. El cúmulo se conoce como NGC 3603.
No se trata de una pose para la foto de tranquilos habitantes de esa región. La radiación ultravioleta y los violentos vientos estelares han abierto un boquete en la nube de gas y polvo, lo que permite ver sin problemas la agrupación de jóvenes y calientes estrellas.
La mayoría de estrellas nació alrededor del mismo tiempo, pero difieren en tamaño, masa, temperatura y color. El curso de la vida de una estrella es determinado por su masa, por lo que un cúmulo de determinada edad contiene estrellas en varias etapas de sus vidas, dando una oportunidad para análisis detallados de los ciclos de vida estelares. NGC 3603 contiene además varias de las estrellas más masivas conocidas. Estrellas que viven rápido y mueren pronto, quemando su combustible de hidrógeno aceleradamente y terminando sus vidas en explosiones de supernova.
Los cúmulos como este proveen pistas para entender el origen de la formación de estrellas masivas en el primigenio y distante universo. Los astrónomos los utilizan además para estudiar distantes estallidos que ocurren cuando chocan las galaxias, desencadenando una frenética formación de estrellas.
La imagen fue captada en agosto y diciembre de 2009.

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