Mis 10 noticias científicas de la semana

Antropología, Arqueología, Astronomía, Genética, Medicina, Psicología, Salud, biología 1 Comentario

1. La madre distingue el llanto por hambre

El cerebro de las mujeres parece dispuesto para responder al llanto de un bebé que tiene hambre, según un estudio publicado por los Institutos de Salud de Estados Unidos. Al analizar imágenes cerebrales de voluntarios, hombres y mujeres, se encontró que los patrones cerebrales de ellas cambian al sentir el llanto de un bebé, lo que no se nota en los hombres aunque estos también tratan de ayudar al pequeño. Y cuando era por hambre, la situación era más marcada en las mujeres. El estudio apareció en NeuroReport.

2. Una galaxia vecina tímida

A solo 5 a 6 millones de años de la Vía Láctea fue detectada una pequeña galaxia, Leo P, que parece no haber sido modificada por ningún choque intergaláctico y que presenta muchas estrellas jóvenes que siguen naciendo. La galaxia no había sido vista antes y no interactúa con la nuestra ni con Andrómeda, las grandes del vecindario. El estudio fue publicado en The Astrophysical Journal.

3. Nada detiene la extinción de las abejas

Los apicultores perdieron el 31% de sus abejas entre fines de 2012 y comienzos de 2013 en el invierno del norte, el doble de lo que se puede atribuir a causas naturales. Desde hace años el número de las poblaciones de estos insectos, esenciales para la polinización y por ende para la producción de alimentos, viene a la baja, creando verdadera alarma, dijo un análisis de Brandon Keim en Wired.

4. Y hubo una poderosa explosión

Testigos extraídos del fondo del mar hablan de una poderosa explosión. Son microorganismos amantes del hierro en los que se detectaron rastros de un isótopo radiactivo del hierro que provino de la explosión de una supernova en el vecindario en nuestra región de la galaxia hace 2.200 millones de años. En ese entonces ya existía vida en nuestros océanos. El estudio fue divulgado por científicos del Technische Universitaet Muenchen (TUM).

5. Una próstata marcada

Científicos de la Clínica Mayo obtuvieron la licencia tecnológica para aprovechar el hallazgo de unos biomarcadores del cáncer de próstata agresivo, con lo cual los médicos tendrán un elemento importante para el tratamiento de pacientes en todo el mundo. Se espera que esté pronto en el mercado según un boletín de esa organización.

6. Se le fueron las luces a Kepler

El telescopio espacial Kepler que ha revolucionado la búsqueda de planetas extrasolares entró inesperada mente en modo seguro, para la autoprotección. ¿Qué ocurrió? No se sabe, pero luego los especialistas de la misión realizaron los procedimientos para la reactivación y procedieron a la descarga mensual de datos, que estaba prevista para unos días después. Se considera que se perdieron 5 días de datos.

7. Europeos son uno solo

En la práctica todos los europeos de hoy descienden de un conjunto común de ancestros que vivieron hace cerca de 1.000 años, alrededor de la época en la que los vikingos realizaban sus viajes y los normandos conquistaban tierras, de acuerdo con un estudio publicado en Plos Biology. Esa podría ser también la historia de la mayoría de la gente del planeta, descender de unos pocos que no vivieron sino hace cientos de años.

8. Pasamos la barrera que no deberíamos

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, CO2, cruzó la barrera de las 400 partes por millón, la más alta en al menos 3 millones de años, lo que evidencia que pese a todas las negociaciones, compromisos y renuencias, el planeta sigue su carrera hacia el calentamiento, una carrera a la que lo ha sometido el hombre. El dato lo entregó el Observatorio de Mauna Loa, que mantiene un monitoreo constante.

9. La Tierra y la Luna unidas por el agua

Científicos utilizaron un equipo especializado de iones para estudiar la relación de hidrógeno-deuterio en rocas de la Luna y la Tierra, para llegar a una conclusión: el agua lunar no llegó por medio de cometas sino que estaba presenta en nuestro planeta cuando se produjo la enorme colisión que envió material de la Tierra para crear la Luna hace 4.500 millones de años, según el estudio publicado en Science.

10. El bicho de Justiniano

Al analizar ADN de restos de esqueletos del siglo 6 después de Cristo se encontró que la famosa peste que hubo en la época del emperador bizantino Justiniano (482-565), la que se presentó en la década de 540 y que fue llamada la plaga de Justiniano, la que minó su reinado y su salud también aunque se recuperó, fue causada por la bacteria Yersinia pestis, la misma que provocó la muerte negra y otras epidemias de los siglos 14 a 17. El estudio fue presentado en Plos Pathogens.

Hallan galaxia vecina que no se había dejado pillar

Astronomía, Física, General Sin Comentarios

A veces resulta más fácil conocer personas lejanas que los propios vecinos. Y con el telescopio espacial Hubble se han hallado galaxias formadas apenas 400 millones de años tras el Big Bang.

El asunto es que a tan solo 5 o 6 millones de años luz fue encontrada una vecina, la galaxia Leo P, según publicación en The Astronomical Journal. Lo extraño es que parece que no ha interactuado con otras galaxias, como sí lo hacen muchas otras.

Se trata de un entre la casi docena de galaxias que no andan en enjambre alrededor de la Vía Láctea ni de su masiva hermana Andrómeda, que han sido muy observadas para conocer sus galaxias acompañantes.

Pero galaxias que andan solas como Leo P son difíciles de hallar porque son débiles y distantes. Esta parece haber llevado una vida serena, sin los disturbios que provocan los jalones de otra galaxia. “Es producto de un ambiente sedado, lejos de grandes galaxias”, en palabras de Ricardo Giovanelli de Cornell University, uno de los astrónomos que participó en el descubrimiento.

Primero se encontró una nube de hidrógeno con el radiotelescopio de Arecibo y luego se confirmó con telescopios ópticos en el Kitt Peak National Observatory en Arizona, que identificó estrellas individuales en la galaxia.

Mientras nuestra galaxia posee miles de millones de galaxias, Leo P posee unos cientos de miles, aunque se detectó que está activa produciendo más: se hallaron brillantes estrellas azules y una región de gas ionizado que indica la presencia de una estrella joven luminosa

La galaxia se encuentra hacia Leo y la P indica prístina, pues ha sido poco tocada por otras galaxias. En su hallazgo, se indicó, se contó con suerte de que tuviera estrellas azules brillantes, pues si no hubiera pasado desapercibida.

En la foto, la galaxia.

Habría muchas Tierras aquí cerquitica

Astronomía, General, Geología, biología Sin Comentarios

A solo 13 años luz podría estar el planeta tipo Tierra más cercano a nosotros, revelaron astrónomos del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (CfA) que usaron datos del telescopio espacial Kepler de la Nasa.

Los científicos encontraron 3 candidatos a planetas como el nuestro orbitando estrellas enanas rojas, que son mayoría en la galaxia.

“Pensábamos que tendríamos que buscar en distancias lejanas para encotnrar un planeta tipo Tierra. Ahora entendemos que otra Tierra está quizás en nuestro propio patio, esperando ser descubierta”, dijo Courney Dressing, líder del grupo.

Las enanas rojas son más pequeñas, frías y débiles que nuestro Sol. En promedio son solo 1/3 del tamaño del Sol y 1/1000 de brillantes. Ninguna es visible al ojo desnudo.

A pesar de su oscuridad, estas estrellas son buenos sitios para buscar otra Tierra. De 4 estrellas en nuestra galaxia, 3 son enanas rojas, siendo al menos 75.000 millones. Al ser más pequeña, ver un planeta en tránsitop por delante de alguna indicaría que es más pequeño también y como debería estar más cercano para estar en la zona habitable y recibir calor suficiente de la débil estrella, es más probable un tránsito desde nuestro punto de vista.

Del objetivo del telescopio Kepler de identificar estrellas con planetas en una pequeña región del espacio, alrededor de 150.000 estrellas, Dressing calculó tamaños y temperaturas y encontró que la mayoría son más pequeñas y frías de lo pensado.

Identificó 95 candidatos a planeta orbitando enanas rojas. Esto implica que al menos 60% de tales estrellas tienen planetas más pequeños que Neptuno, pero la mayoría no tienen el tamaño ni la temperatura para ser considerados Tierras. 3 candidatos sí lo parecen, lo que indica que 6% de todas las enanas rojas podrían tener una Tierra.

“Ahora conocemos la tasa de ocurrencia de planetas habitables alrededor de las estrellas más comunes en la galaxia”, dijo David Charbonneau (CfA), coautor del estudio.

“Esa tasa implia que será más fácil buscar vida más allá del Sistema Solar de lo que creíamos”.

Nuestro Sol está rodeado de un enjambre de enanas rojas. Cerca del 75% de las estrellas más cercanas con de esas enanas. Como 6% de ellas deberían tener planetas habitables, el mundo tipo Tierra más cercano probablemente esté a unos 13 años luz.

Tal mundo podría ser distinto al nuestro. Al orbitar tan cerca a la estrella podría estar unido tormentosamente, pero eso no prohíbe la existencia de vida pues una atmósfera gruesa y un océano profundo podría transportar el calor alrededor del planeta. Y como las enanas rojas emiten fuertes llamaradas de luz ultravioleta, una atmósfera podría proteger la vida en la superficie para que evolucionara.

Y como las enanas rojas viven más que estrellas como el Sol, surge la posibilidad de que el planeta tuviera vida más antigua que la nuestra y de pronto más evolucionada.

Los 3 candidatos a planetas en la zona habitable identificados en el estudio son KOI (Kepler Objetc of Interest) 1422.02 con un 90% el tamaño de la Tierra y una órbita de 20 días; KOI 2626.01 con 1,4 veces el tamaño terrestre y órbita de 38 días; y KOI 854.01, de 1,7 veces el tamaño de la Tierra en uina órbita de 56 días. Todos están situados a entre 300 y 600 años luz.

Los resultados del estudio serán publicados en The Astrophysical Journal.

En el dibujo de David Aguilar del CfA, un planeta con dos lunas orbitando alrededor de una enana roja.

Hallan otro agujero negro hacia el centro de la galaxia

Astronomía 2 Comentarios

Hacia el centro de nuestra Vía Láctea yace un objeto no visto antes: otro agujero negro, detectado hace pocos días por el satélite Switf de la Nasa.

La sonda detectó un aumento de energía en forma de rayos X de una fuente en dirección al centro de la galaxia, situada entre las constelaciones Escorpión y Sagitario.

La explosión fue producida por un objeto estrambótico poco conocido, una nova de rayos X, anuncio de la existencia de un agujero negro de masa desconocida.

“Las novas brillantes de rayos X son tan escasas que son un evento que sucede una vez en una misión y esta es la primera que ve el Switf”, dijo Neil Gehrels, principal investigador de la misión en el Centro Goddard. “Es algo que habíamos estado esperando”.

Una nova de rayos X es una fuente de corta duración de rayos X que aparece de repente, alcanza su pico de emisión en unos días y luego se desvanece por meses. El estallido surge cuando un torrente de gas repentinamente se dirige hacia uno de los objetos más compactos, una estrella de neutrones o un agujero negro.

El aumento rápido de brillo en la fuente activó el telescopio de estallidos del Swift dos veces en la mañana del 16 de septiembre y una vez más al día siguiente.

La nova fue denominada Switf J1745-26 por las coordenadas en el cielo. Está situada a pocos grados del centro de la galaxia hacia la constelación Sagitario. Y aunque no se estableció la distancia exacta, los científicos creen que está a entre 20.000 y 30.000 años luz en la parte interna de la Vía Láctea.

La nova lanzó un pico en de rayos X con energías sobre los 10.000 electronvoltios o varias miles de veces la de la luz visible, el 18 de septiembre, cuando alcanzó una intensidad semejante a la de la Nebulosa del Cangrejo, un remanente de una supernova que sirve como calibrador para los observatorios de altas energías y es considerada una de las fuentes más brillantes más allá del Sistema Solar a esas energías.

“El patrón que estamos viendo se observa en las novas de rayos X en las que el objeto central es un agujero negro. Una vez esos rayos se debiliten esperamos medir su masa y confirmar el estatus de agujero negro”, dijo el astrofísico Boris Sbarufatti, del Observatorio Brera en Italia, quien trabaja con el equipo del Swift.

Dibujo de la nova y el agujero negro, cortesía Nasa

Nuestra galaxia tiene un enorme halo

Astronomía Sin Comentarios

Aunque estamos inmersos en nuestra galaxia la Vía Láctea, es posible mirar cómo es esta. Sí: el telescopio espacial Chandra reveló que nuestra galaxia está envuelta por un enorme halo cuya masa es comparable a la masa de todas las estrellas en ella.

Si este tamaño se confirma, podría explicar lo que se conoce el problema de la materia bariónica extraviada en la Vía Láctea.

Los bariones son partículas, como los protones y neutrotes, que constituyen más del 99,9% de la masa de átomos en el cosmos. Las mediciones de halos de galaxias muy distantes indican que la materia bariónica presente cuando el universo tenía solo unos pocos miles de millones de años representaban 1/6 de la masa y densidad de la materia negra que no se puede observar. Hoy, 10.000 millones de años después, un censo de los bariones presentes en las estrellas y el gas en nuestra galaxia y otras cercanas muestra una diferencia de al menos la mitad.

Enn un estudio, un equipo de 5 astrónomos usaron datos de Chandra para observar lejanas fuentes de rayos X, que fueron absorbidos por los iones de oxígeno en el vecindario de la galaxia, determinado que la temperatura del halo era de 1 a 2,5 millones de grados Kelvin, unos cientos de veces más caliente que la superficie del Sol.

Al medir la cantidad de absorción de los iones de oxígeno, concluyeron que la masa del gas en el halo equivale a la masa de más de 10.000 millones de soles, quizás hasta 60.000 millones de soles.

El estudio fue publicado en The Astrophysical Journal.

Imagen del halo que rodea nuestra galaxia. Aparecen la Gran y la Pequeña Nube de Magallanes

Hallan planetas en estrellas como el Sol

Astronomía 1 Comentario

Una nueva especie de planetas que giran alrededor de estrellas iguales a nuestro Sol en cúmulos de estrellas muy congestionados fue revelado por astrónomos que trabajan con fondos de la Nasa.

Aunque no se trata de planetas habitables, el hallazgo sugiere que en ambientes de alta densidad estelar sí pueden formarse. Y si alguien habitara allí tendría unas noches con muchísimas más estrellas que las que vemos nosotros.

Los planetas hallados son del tipo Júpiter, muy masivos, gaseosos e hirvientes al residir muy cerca de sus estrellas madres. Cada Júpiter caliente, como se les conoce en términos de Astronomía orbitan un sol como nuestro Sol en el cúmulo Beehive, también llamado Praesepe o del Pesebre, una colección de unas 1.000 estrellas que parecen en enjambre alrededor de un centro común.

Praesepe es un cúmulo abierto, o agrupación de estrellas nacidas alrededor del mismo tiempo a partir de la misma nube gigante de material, por lo que son asimismo semejantes en composición química. A diferencia de la mayoría de estrellas, que se dispersan pronto tras su nacimiento, estas estrellas jóvenes permanecen muy juntas por una atracción gravitacional mutua.

“Estamos detectando más y más planetas que pueden prosperar en ambientes diversos y extremos como estos en cúmulos cercanos”, dijo Mario R. Perez, del programa de Astrofísica de la Nasa del Programa Origins of Solar Systems. “Nuestras galaxia contiene más de 1.000 de esos cúmulos abiertos que pueden tener las condiciones físicas para albergar muchos de esos planetas gigantes”.

Los dos planetas nuevos son Pr0201b y Pr0211b. El nombre de la estrella seguido de una b es la convención estándar para designar planetas.

“Son las primeras b en Beehive”, según Sam Quinn, egresado de Astronomía en Georgia State University, cabeza del grupo que describió los hallazgos publicados en el Astrophysical Journal Letters.

Para el descubrimiento, junto a David Latham del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, usaron el telescopio Tillinghast de 1,5 metros en Arizona.

En otros cúmulos se han hallado planetas, pero no en estrellas como nuestro Sol.

La relativa juventud de estas estrellas hace que estos dos planetas sean dos de los más jóvenes detectados hasta hoy.

Dibujo cortesía Nasa/JPL-Caltech

Una mirada a la casa del monstruo

Astronomía Sin Comentarios

Una nueva mirada a la casa del monstruo se pudo dar con el Wide Field Imager del Observatorio Europeo en el Sur.

Se trata de Centaurus A, también conocida como NGC 5128, una galaxia elíptica muy peculiar con un supermasivo agujero negro en su corazón. A solo 12 millones de años luz de nosotros, emite la más poderosa emisión de radio conocida.

Se cree que su brillante núcleo, la poderosa emisión de ondas de radio y los chorros de materia son producidos por un agujero negro que posee una masa 100 millones de veces la de nuestro Sol. ¡Todo un monstruo!

La materia de las densas zonas centrales de la galaxia liberan grandes cantidades de energía que caen hacia el agujero negro.

En la imagen se aprecia la naturaleza elíptica de la galaxia, con una forma elongada de las partes externas más tenues. El resplandor que ocupa buena parte de la foto proviene de cientos de millones de estrellas frías y viejas. Pero a diferencia de la mayoría de las galaxias elípticas, la suave forma de Centaurus A es rota por una amplia banda de material que oscurece el centro galáctico.

Es una banda que alberga enormes cantidades de gas, polvo y estrellas jóvenes. Grupos de estas estrellas se aprecian hacia el lado superior derecho y hacia el borde inferior izquierdo de la banda junto con el resplandor rojizo de nubes de hidrógeno donde se forman estrellas.

Estos rasgos sugieren que Centaurus A es el resultado de la fusión de dos galaxias. La banda polvorienta es quizás el resto de una galaxia espiral en el proceso de ser destrozada por la fuerza gravitacional de la enorme galaxia elíptica.

Esta galaxia se encuentra en dirección a la sureña constelación del Centauro.

Foto cortesía ESO

Nuestra galaxia está inundada de planetas

Astronomía Sin Comentarios

A quienes creen en Ovnis la boca se les hace agua, pero también a los que ven más allá. En nuestra galaxia, la Vía Láctea, debe haber miles de millones de planetas rocosos, muchos habitables que giran alrededor de estrellas enanas rojas.

Eso sugiere un nuevo estudio. De esa clase de planetas sólo se ha descubierto un puñado, pues no son fáciles de detectar.

Pero en un sondeo de 102 estrellas enanas rojas, que son débiles, frías y menos masivas pero que viven más que el Sol, que se cree conforman hasta el 80% de los soles en la galaxia, astrónomos hallaron 9 planetas del tipo Supertierras, que pesan de 1 a 10 veces el nuestro. Dos de ellos se encuentran en la llamada zona habitable, aquella en donde las temperaturas permiten la existencia de agua en estado líquido.

Si se extrapolan los resultados, se puede inferir la existencia de decenas de millones de esa clase de planetas en la Vía Láctea y unos 100 deben estar en el vecindario del Sol.

“Nuestras observaciones significan que cerca del 40% de todas las enanas rojas tienen una Supertierra orbitando en la zona habitable”, expresó Xavier Bonfils, del Observatoire des Sciences de l’Univers de Grenoble en Francia

“Como las enanas rojas son tan comunes –hay alrededor de 160.000 millones de ellas en la Vía Láctea según dijo- esto nos conduce al sorprendente dato de que hay decenas de miles de millones de estos planetas solo en nuestra galaxia”.

Los dos planetas en zona habitable fueron descubiertos alrededor de las estrellas Gliese 581 y Gliese 667 C. Este último planeta es el segundo de tres mundos que hay en esa estrella y parece estar justo en la mitad de la zona habitable. Aunque tiene 4 veces la masa de la Tierra, puede ser considerado un mellizo.

Dibujo de cómo luciría una de las super Tierras, cortesía ESO-L. Calcada

Habría más de 100.000 millones de planetas

Astronomía 1 Comentario

Tras seis años de búsqueda en los que se cartografiaron millones de estrellas en la Vía Láctea para calcular el número de exoplanetas permitió concluir que antes que escasos son comunes y debe haber al menos 100.000 millones.

En promedio cada estrella en la Vía Láctea tiene un planeta. Los métodos más usados para la detección sugerían que del 17 al 30 por ciento de las estrellas tipo Sol poseen un planeta. ¿Pero y con otros métodos?

Arnaud Cassan y colegas usaron la técnica de microlentes gravitacionales para sondear la existencia de planetas orbitando a entre 0,5 y 10 veces la distancia Tierra-Sol, hallando que alrededor de un 17% de las estrellas albergan planetas tipo Júpiter, un 52% poseen planetas tipo Neptuno y cerca del 62% de las estrellas poseen súper-Tierras.

La investigación apareció publicada en Nature y fue realizada por un equipo internacional de astrónomos, entre ellos 3 del equipo del Observatorio Europeo austral (ESO), que empleó la técnica de microlentes gravitacionales.

Hasta el momento, luego de 16 años de búsqueda, se han encontrado algo más de 700 planetas confirmados, habiéndose iniciado el estudio de los espectros y las atmósferas. Hay más de 1.000 en proceso de confirmación.

La técnica usada ha sido el tránsito y la atracción gravitacional, pero con la de microlentes gravitacionales se puede detectar un rango más amplio de masas y planetas más alejados de sus estrellas.

Para Arnaud Cassan (del Instituto de Astrofísica de París), “estos datos muestran que los planetas son más comunes que las estrellas en nuestra galaxia. También encontramos que los planetas más ligeros, como las súper-Tierras o los Neptunos fríos, deben ser más comunes que los planetas pesados.”

Con esa técnica se detectan exoplanetas por el modo en que el campo gravitacional de su estrella anfitriona, combinado con el de los posibles planetas, actúa como una lente, magnificando la luz de la estrella de fondo. Si la estrella que actúa como una lente tiene un planeta en su órbita, el planeta puede contribuir a la hora de detectar el efecto de iluminación de la estrella de fondo.

Las microlentes son herramientas poderosas, con el potencial de detectar exoplanetas que, de otra manera, podrían no haber sido descubiertos jamás. Pero, para utilizar la técnica de microlente y ver algo, se requiere de un alineamiento poco común entre una estrella de fondo y otra que haga de lente. Y, para detector un planeta durante el acontecimiento, también se necesita una coincidencia adicional de alineamiento de la órbita del propio planeta.

Pese a que, por todos estos motivos, sea una tarea difícil encontrar un planeta utilizando esta técnica de microlentes, los datos de estos seis años utilizados en los análisis permitieron la detección de tres exoplanetas: una súper-Tierra, y planetas con masas comparables a las de Neptuno y Júpiter.

Al detectar estos tres planetas, o los astrónomos fueron muy afortunados o, sencillamente, los planetas son tan abundantes en la Vía Láctea que era algo prácticamente inevitable.

Los astrónomos combinaron la información relacionada con estas tres detecciones positivas de exoplanetas con otras siete detecciones llevadas a cabo antes, así como con un número de no detecciones en los datos obtenidos durante seis años.

El cartografiado era sensible a la detección de planetas que estuvieran a una distancia de su estrella de entre 75 millones de kilómetros y 1.500 millones de kilómetros (en el Sistema Solar este rango incluye todos los planetas desde Venus a Saturno) y con rangos de masas que van de cinco veces la masa de la Tierra hasta diez veces la de Júpiter.

La combinación de los resultados sugiere firmemente que el porcentaje de planetas alrededor de estrellas es mayor que uno. Más que la excepción, son la norma.

“Antes creíamos que la Tierra podría ser única en nuestra galaxia. Pero ahora parece que, literalmente, hay miles de millones de planetas con masas similares a la de la Tierra orbitando estrellas en la Vía Láctea,” concluye Daniel Kubas, coautor de este artículo.

Nota: Una súper-Tierra tiene una masa de entre dos y diez veces la masa de la Tierra. Hasta ahora se ha publicado el hallazgo de doce planetas utilizando las microlentes con varias estrategias observacionales.

Fuente: ESO-Nature

Cortesía imagen: ESO

Supernova en el vecindario

Astronomía Sin Comentarios

La supernova más cercana a la Tierra fue detectada por astrónomos en la Tierra: a tan solo 21 millones de años luz, su luz fue captada solo 11 horas después de haber explotado.

Aunque la detección no se sale de lo normal, esta supernova ayudó a confirmar un modelo sobre la ocurrencia de esta clase de fenómenos.

Lo que provoca una explosión de supernova Ia como esta es una estrella inactiva que contiene ya en su fase final la masa del Sol en el tamaño de la Tierra y que comienza a halar material de una estrella acompañante. La masa adicional hace que se desencadene una explosión termonuclear que hace que la pequeña estrella adquiera un resplandor increíble.

La supernova SN2011 se presentó en la galaxia Pinwheel.

“Hasta ahora las enanas blancas estaban implicadas en esas explosiones solo teóricamente”, dijo Andy Howell, astrónomo en Las Cumbres, California, citado por Nature.

La estrella que explotó era una enana blanca compuesta más que todo de carbono y oxígeno.

Esta clase de supernovas son usadas para probar la expansión del universo. Este año el Nobel de Física fue para dos científicos que usaron estas explosiones para descubrir que la expansión cósmica se está acelerando y no reduciendo como se conjeturaba antes.

En la imagen de BJ Fulton (LCOGT), PTF & the Space Telescope Science Institute se aprecia el sitio donde se presentó la supernova, comparando con una imagen previa.

« Anteriores