Una cara de matón no siempre es real

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Nos ha pasado a todos: vemos alguien que viene con cara de pocos amigos y, dependiendo del sitio u hora, sentimos cierto susto. O ese rostro no nos parece de fiar.

Pero un estudio encabezado por Mireia Esparza, del Departamento de Biología de la Universidad de Barcelona y publicado en Plos One no halló evidencias significativas de la asociación entre la forma del rostro y la agresión en hombres.

La muestra contempló 5.000 individuos de 94 poblaciones humanas de diversas regiones del mundo.

El estudio suministra nuevos datos científicos para rechazar la hipótesis de la asociación entre la forma de la cara con conductas antisociales y criminales, que tuvo gran auge a mitad del siglo XIX y ha resurgido con fuerza en los últimos años.

Con la amplia muestra los investigadores pudieron tener un estimado global de la forma facial y desarrollar un análisis preciso considerando rasgos distinguibles. Los expertos se basaron en el estudio de la relación ancho vs. altura del rostro como posible predictor de conductas agresivas en poblaciones de hombres.

Para Esparza esa relación es un buen indicador de la forma del rostro y ha sido usado en estudios previos sobre el tema.

Los resultados del estudio apoyan conclusiones previas que no prueban la relación entre esa relación y la agresión. “Este estudio va más allá. La metodología usada está basada en medidas craneofaciales y coordenadas craneales en 2D y 3D, por lo que provee resultados más precisos que otros.