Grafitis en Aranjuez

Saliendo del Museo Pedro Nel Gómez, pueden observar ustedes, otra exposición muralista de un autor que desconozco y cuya obra conocí de manera fortuita, mientras buscaba una arepa para comer.

¿Una arepa? Sí. Salí de dar mi pasadita por el museo y me dispuse a conocer los alrededores para robarme algunos colores con mi cámara, pero el hambre también llamaba mi atención.

Tres cuadras de distancia fueron suficientes para encontrarme un puesto de arepas, que fueron la bendición de mi estómago y que comí con urgencia manifiesta. ¿A cómo las arepas? A doscientos. ¿Y con mantequilla? Doscientos cincuenta. Póngame a tostar una, con mantequilla.

Mi bolsillo no acogía más que 950 pesos colombianos, y tarjetas en un puesto de esos, no sirven. Algo le faltaba al buche, y era el chocolatico batido, calentado al carbón, como las arepas. No me atrevía a preguntar por el precio, porque depronto se pasaba de 700 que me quedaban, pero la transacción de charlas y sonrisas me hicieron el feliz de un chocolate caliente. De todas maneras, antes de marcharme, le deje los 700 pesos en el bolsillo de la señora.

¡Oigan, no saben ustedes a lo que me supo esa arepa del cielo, a esa hora que ya rayaba con la del almuerzo!

Imágenes tomadas en el barrio Aranjuez de Medellín. ¿Qué carga la burra del arriero?